Vivir en la villa. La lucha para escapar de la miseria y

Asoma la trompa de un auto, pero se detiene a media cuadra, al- ... están las pipetas de gas natural que. Macri no quiere conectar. Y mi auto no llega. Camino ...
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BUENOS AIRES

| Domingo 21 De septiembre De 2014

BUENOS AIRES Edición de hoy a cargo de Luis Moreiro | www.lanacion.com/buenosaires

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El Elefante Blanco de Ciudad Oculta iba a ser el hospital más grande de América latina; hoy, el hogar derruido de más de 300 personas

Vivir en la villa. La lucha para escapar de la miseria y del olvido Texto Agustina Mac Mullen | Foto Ricardo Pristupluk

C

ada vez que un vecino de la planta baja tira la cadena de su inodoro, Pablo Arébalo, desde el subsuelo, ve cómo caen los restos de materia fecal o de orina que se filtran por el techo de su habitación. Así, este joven de 16 años debe convivir con un olor repugnante, en un cuadrado de tres metros por tres donde sólo entra una cama de dos cuerpos, un televisor y algo de ropa en un rincón. Allí vive con su mujer embarazada, de 18 años, y su bebé de pocos meses. Pablo recaló en la peor pieza que le podría haber tocado en la casa de su mamá, Julia Pacheco, de 36 años, quien vive en el edificio conocido como Elefante Blanco, en Villa Lugano, desde los ocho. La mujer tuvo otros nueve hijos que se asentaron con ella en una vivienda a la que le sobran problemas: está al lado de un basural; no tiene ventanas; el agua gotea por el techo; hay filtraciones de las cloacas en el piso y miles de mosquitos al acecho, atraídos por el exceso de humedad que emana de las paredes. Pero lo que más le preocupa, dice, es la salud de sus hijos. “El más chiquito está con vómitos y muy decaído”, asegura. Pasaron más de dos años del éxito de la película de Pablo Trapero y todo sigue igual, o peor, en el Elefante Blanco, situado en el cruce de las avenidas Eva Perón y Piedrabuena. Al poner un pie en la entrada de la torre resurge esa realidad olvidada del edificio de 16 pisos a medio construir, que cobró una visibilidad fugaz cuando fue protagonista del film que reveló la historia de décadas de abandono. La construcción, que forma parte del predio de la Villa 15, también conocida como Ciudad Oculta, estaba destinada a ser el hospital más grande de América latina en 1935. Pero el proyecto fue abandonado por los sucesivos gobiernos y sus dos primeros pisos fueron ocupados por familias sin vivienda, algunas de ellas hace más de 30 años. Hoy, la construcción sigue siendo un monumento a la miseria, en donde 312 personas viven en viviendas precarias, construidas en los recove-

cos del inmueble que no tiene puertas ni ventanas. Una de ellas es Geraldina González, de 50 años, quien insiste en mostrar la decadencia de las dos habitaciones con baño donde vive con dos hijos, uno de 30 y otra de 16. “Mi hijo mayor es asmático y siempre está enfermo”, dice la mujer, mientras limpia con un lampazo un charco de agua que la lluvia de la madrugada dejó en el medio de su habitación. Cada vez que hay una tormenta, Geraldina se indigna porque sabe que tendrá horas de trabajo por delante para secar su casa. Sin embargo, asegura más le inquieta la electricidad. “Algunos cables están pelados y me da miedo quedarme pegada”, dice. Su vecina, Marcela Escobar, también tiene el piso de la casa lleno de agua por la lluvia y las paredes desbordan una profunda capa de moho. Por eso prende la estufa, para combatir el frío, y también el ventilador, para paliar la humedad. “Si no ventilo la pieza, nos ahogamos con el hedor que largan las paredes mojadas” dice, mientras mata algunos mosquitos con la palma de su mano. “No quiero que le piquen la cara a mi hijo porque le dejan marcas y después no los dejan entrar al colegio. Creen que es varicela; a la hija de una amiga le pasó”, agrega, indignada. Detrás de ella, llama la atención la puerta de un placard casi verde,

Limpieza en el subsuelo ^b^b^ Las tareas de limpieza del subsuelo avanzan desde agosto. Allí trabajan siete operarios –cuatro son vecinos del asentamiento–. La jueza en lo contencioso administrativo porteño, Elena Liberatori, le ordenó al gobierno porteño a revertir el incumplimiento de una cautelar que prevé obras en la torre de 16 pisos.

Los caballos pastan a las puertas de la inmensa mole; allí viven 312 personas privadas de todo que antes de llenarse de hongos fue marrón. Como Marcela, otras 100 familias ocupan dos pisos de uno de los dos módulos de la estructura de 16. El resto permanece vacío hace 79 años, es decir, más abandonado que la parte ocupada. En las puertas, cada uno puso lo que encontró o lo que pudo. Algunas son de chapa y otras de tela, pero la mayoría tienen rejas para prevenir los robos y también posibles accidentes. “Tenemos que cuidar que los chicos no se vayan sin permiso a jugar por el edificio. Como no hay puertas, pueden caerse”, dijo el vecino José Castillo. Como él, muchos temen que se repita la muerte de Nahuel Toledo, un chico de 12 años que cayó al vacío desde el piso 12, por el hueco de un ascensor, hace más de dos años. La lista de la decadencia en el edificio parece no terminar nunca. Los vecinos también dicen que ya no toman el agua del tanque porque en su interior hallaron palomas y ratas muertas. Además, en el subsuelo del edificio anegado por las cloacas construidas por los propios vecinos, crece sin control un basural. Allí flotan ventiladores rotos, colchones, heladeras viejas, pañales y restos de comida en estado de putrefacción. Esta situación es aprovechada por los roedores en pleno festín y también aumenta el caudal de mosquitos. El edificio fue el proyecto de muchos, pero hoy todavía es de las familias que viven ahí como Andrea Penayo. Esta vecina sueña con poder ver a su bebe gateando en el suelo de los pasillos de la construcción. “Nunca la dejo porque no quiero que se enferme”, dice la mujer.ß

Calle Itaquí, esquina Charrúa, donde se tuercen los destinos vivencias Gustavo Barco PArA LA NACION

Son las 7.30 de la mañana y despegamos en un vuelo privado que lleva a bordo al periodista más odiado y amado del país. Estoy en ese vuelo porque formo parte del equipo de producción de su programa de TV. Las medialunitas con jamón crudo y el capuchino saben más ricos en las alturas mientras la ventanilla con persiana americana deja entrar los rayos de un sol anaranjado. Pero a las 4 de la mañana, cuando estaba parado con mi valija en la esquina de mi barrio, en la villa Charrúa, o ex villa 12, en Villa Soldati, el glamour se iba escurriendo por los pluviales humeantes del cruce de las calles Itaquí y Charrúa, cerquita de la villa 1-11-14. En realidad, estaba ahí desde un rato antes, por si algún ratero atrevido quisiera “apretar” al remisero que debía pasar a buscarme. También porque como para que me pasen a buscar doy como referencia la dirección de la Iglesia de la Virgen de Copacabana –Itaquí 2140–, me da culpa que despierten a las monjitas a bocinazos. El auto no llega, y ya son las cuatro y cuarto. ¡Qué barrio…! Lo odio, lo amo. Más allá, a media cuadra, veo que sale de adentro de un container de basura un viejo amigo. De chico, a Beto lo buscaban los cazatalentos

del fútbol. Ahora, Beto busca entre los desperdicios algo para vender y comprarse el próximo paco. Esa mierda lo pierde. Y esa mierda cambió a mi barrio. ¿Sabés cómo esperábamos a las navidades o fiestas de Año Nuevo? En cada pasillo había un baile, amanecías con los vecinos bailando cuecas, huayños, rock & roll, cuarteto y hasta la bandita del barrio tocaba cumbias, viste, para foguearse. Hoy no se puede, todos adentro.

A Beto lo pierde esa mierda del paco. Y esa mierda cambió mi barrio A las doce, decís: “Salud, salud a la Pachamama”, y al sobre. Yo sigo con mi valija en la esquina. Asoma la trompa de un auto, pero se detiene a media cuadra, alguien baja y su silueta es devorada por la oscuridad del pasillo narco que todos conocemos muy bien; sí, y la cana también. Al rato sale, sube al auto y se va rumbo a la avenida Cruz. Empiezan a salir los primeros vecinos para el trabajo. “Buen día, buen día”. ¡Y el remís que no viene! Encima tengo el pelo mojado. Es que la garrafa estaba casi vacía. Fue un duchazo tibio, tirando a frío. Ojalá no me enferme.

Fiesta de puertas abiertas en la embajada de Francia para recorrer el Palacio Ortiz Basualdo primera vez en su historia. En el recorrido organizado por el ministerio de Cultura y Comunicación francés por el petit hotel de la rue Cimarosa –donde funciona la Embajada–, se expondrán obras de reconocidos artistas argentinos como Julio Le Parc, Marie Orensanz, Antonio Seguí, María Simón y Cristina Tallone. “La renovación del Palacio es, ante todo, el resultado de un proyecto ambicioso que los visitantes podrán apreciar durante su visita. Francia, consciente de la importancia de preservar esta joya del patrimonio francés y argentino, invirtió un capital importante con el fin de restaurar en profundidad los espacios interiores y exteriores del edificio”, explicó el embajador de Francia en la Argentina, Jean-Michel Casa. Los visitantes podrán acceder a los espacios más destacados del Palacio Ortiz Basualdo. Allí recorrer la entrada principal y el vestíbulo, la escalera de honor, el comedor, el

El autor es periodista, Máster por LN/UTDT y productor de PPT

Con buen clima, llega la primavera

historia. Una multitud hizo largas filas

Tras quince meses de trabajos de restauración y refacciones, el emblemático Palacio Ortiz Basualdo, sede de la embajada de Francia en la Argentina desde 1939, abrió ayer sus puertas al público para mostrar sus renovados tesoros arquitectónicos. El interés que despertó entre los porteños y turistas quedó en evidencia ayer, cuando miles de personas aguardaban su turno, en una larga fila, para ingresar en el edificio de Cerrito y Arroyo, en retiro. Como parte de los festejos por las Jornadas Europeas del Patrimonio y de la Semana Francesa en Buenos Aires, Viví Francia, la construcción diseñada por el arquitecto francés Paul Pater en 1918 permanecerá abierta hoy, entre las 10 y las 17. Quienes deseen visitarla deberán presentar un DNI, pasaporte o tarjeta consular francesa. Al mismo tiempo, en París, la sede diplomática argentina en Francia se encuentra abierta al público por

La última vez el médico laboral me atendió en la puerta. Yo lo invitaba a pasar. “No, gracias, querido. ¿Qué tal la bronquitis? Firmame aquí. Chau, chau.” Al instante, el “doc” ya doblaba la esquina, donde están las pipetas de gas natural que Macri no quiere conectar. Y mi auto no llega. Camino en círculos. De la garita sobre Itaquí sale un gendarme. Andan nerviosos los verdes. Es que hace unas semanas pasó un flaco que andaba debiendo una muerte en el barrio. Un familiar del finado lo reconoció, peló el fierro y le metió un corchazo en la cabeza. Va a llegar la nueva venganza, por eso nadie sale a la vereda ni al pasillo. Ahora que lo pienso, estaba aquí mismo cuando Bergoglio dio una de sus últimas misas antes de convertirse en Francisco. Habló del amor y del odio. Vino caminando, saludó a los bailarines de la fiesta de la Virgen y se fue a tomar el 143. Aquí estaba parado hace 26 años, pensando en nada, cuando pasó Jorge Vargas, del centro cultural barrial, y me preguntó si quería probar con el taller de radio. Sí, en esta esquina, se torció mi destino hacia el periodismo. Ahí viene mi auto. Salimos de mi mundo. Aeropuerto. Despegamos. Tengo que mudarme. Clavo tres estornudos seguidos. Mastico bronca y las medialunitas con jamón. Odio a mi barrio, amo a mi barrio.ß

Los visitantes recorren el salón comedor con una mesa para 24 personas jardín de invierno, el salón de música, la sala de baile –también conocida como salón dorado–, la sala de billar o fumadero, y la biblioteca. La restauración, que se inició en marzo de 2013, fue la más completa que se haya realizado en la historia del palacio. Estuvo a cargo de un grupo de arquitectos franceses y argen-

tinos que efectuaron un cuidadoso trabajo en las fachadas con el fin de restaurar el revestimiento en símil piedra (enduido que imita a la piedra parisina). También se reintegraron ciertos elementos de decoración interior que habían desaparecido con el correr de los años. Al mismo tiempo los seis salones

soledad aznarez

de recepción, las dos rotondas, las escaleras y los pasillos fueron intervenidos para preservar los parquets, los mármoles, las boiseries, los dorados a la hoja y las molduras. Además se instaló una moderna cocina profesional en la planta baja, y se reforzó la seguridad y la accesibilidad del edificio.ß

picnic. Con 22° de temperatura y algunas nubes, el día de la primavera llegará con la calidez necesaria para que la gente pueda recibirla a pleno sol en la ciudad de Buenos Aires. El Servicio Meteorológico Nacional anuncia una mínima de 11° y la máxima que superará los 20°, con probables neblinas durante la mañana y cielo algo nublado por la tarde. Habrá un clima ideal para realizar actividades al aire libre como, por ejemplo, la bicicleteada que organiza la subsecretaría de Transporte porteña. Ésta comenzará a las 10 en rivadavia y Campichuelo y recorrerá diez kilómetros por el barrio de Caballito. Por esta razón la subsecretaría anunció que habrá cortes parciales, momentáneos y sucesivos en toda la zona. Quienes deseen participar se podrán inscribir en el lugar. Y las primeras 500 personas en llegar recibirán una remera y un ejemplar del manual del ciclista. Al finalizar la bicicleteada entre todos los participantes se sorteará una bicicleta y cuatro kits de seguridad.ß