V Laboratorio de Escritura Teatral

Esta obra está basada en los testimonios reales de sobrevivientes del conflicto armado colombiano recabados durante el año 2017 en los departamentos de ...
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Mariela perdona

CLAUDIA TOBO

Nadie podrá ser sometido a pena cruel, trato inhumano o desaparición forzada. Artículo 2 de la Constitución colombiana Nadie podrá llevar por encima de su corazón a nadie, ni hacerle mal en su persona, aunque piense y diga diferente. Pedazo diez-dos. Traducción de los indígenas Wayuu del norte de Colombia

Mis abuelos crecieron con la guerra entre liberales y conservadores en los años cincuenta. Mis padres lo hicieron con el fortalecimiento entre guerrillas y nuevos grupos armados en los setenta. Mi hermana y yo nos sentábamos de pequeñas, en los noventa, a esperar la paz frente a la televisión, esa paz siempre esquiva y difícil. La paz era como la Selección de fútbol; cada vez jugaba mejor, lo hacía como nunca y, sin embargo, perdía como siempre. Nuestros hijos y nietos vendrán a un mundo complejo y lleno de injusticias, pero quizá sea más fácil explicarles que no hay pueblos condenados, siempre que estos se empeñen en un mundo mejor. Sueño con que la guerra en Colombia les sea un relato pasado y triste, que tan solo tengan que recordar para que no se repita. A los que soñaron la paz sin haberla visto jamás.

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Personajes* MARIELA JULIA MIRELLA LILIANA * Todos los personajes son interpretados por la misma actriz.

Nota aclaratoria Esta obra está basada en los testimonios reales de sobrevivientes del conflicto armado colombiano recabados durante el año 2017 en los departamentos de Boyacá, Caldas y Cundinamarca. Los nombres de los personajes y el de las poblaciones es ficticio. Agradezco muy especialmente a todos aquellos que han prestado generosamente su historia para hacer de este relato un compendio de diversas realidades. Sus nombres no aparecen en este texto por petición expresa, y como medida de respeto y seguridad a su integridad personal. El texto emitido por la voz en off esta extraído de los informes publicados por las diferentes organizaciones nacionales e internacionales presentes en el país y de la información manejada por diversos medios de comunicación.

Sobre el espacio escénico La acción transcurre delante de las ruinas de la que fue la casa de Mariela Navas en Quebradaalta, Antioquia. Este fue su hogar hasta que el fuego cruzado entre guerrilla y paramilitares en el año 2012 la obligara a salir huyendo junto con su marido y sus dos hijos. Se trata de un pueblo de clima cálido, y un 70 por ciento de sus construcciones están en ruinas como consecuencia de los múltiples ataques y enfrentamientos durante los últimos años del conflicto armado. Aún hay cascotes de bala y agujeros de metralla en buena parte de los muros. Es un día soleado y de calor húmedo, difícil de soportar.

¿ME HACEN EL FAVOR? Mariela se encuentra rodeada de las ruinas de la que fue su casa. Se ven algunos sacos de cemento, una pala y una carretilla. En el centro hay un par de sillas viejas, una mesa cubierta por un mantel de flores, un termo y algunas tazas. VOZ EN OFF.— (Voz femenina en tono periodístico. Mientras tanto, Mariela saluda dando la mano a los asistentes) Los diálogos de paz entre el gobierno del presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, las FARC, se llevaron a cabo en Oslo y en La Habana. Tuvieron como resultado la firma del Acuerdo para la Terminación definitiva del conflicto en Bogotá el 24 de noviembre de 2016. Colombia ha padecido más de cincuenta años de guerra y ocho millones de víctimas. MARIELA.— (Mientras continúa dando la mano a los asistentes) Buenas tardes. Mucho gusto, mi nombre es Mariela Navas. Encantada, para servirles, ustedes como si estuvieran en su casa. Bienvenidos a Quebradaalta, Antioquia. ¿Ya habían estado antes por acá? Yo pensé que ya no venían. La doctora de la alcaldía sí me dijo el día (menciona la fecha de la función) y me apunté bien la fecha para que no se me fuera a olvidar. Me parecía que faltaba mucho tiempo y, miren, ya los tengo acá. Yo ando estos días con la cabeza en otro sitio... ¿Saben qué pensé? Se me voltió el calendario y esta gente vino algún día que yo no estaba. Estoy muy contenta de tenerlos por acá. (A la vez que habla, toma el termo, sirve unos cuantos cafés y los pone sobre la bandeja) Cuando yo vivía en Bogotá venía mucho extranjero al barrio, dizque por un

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proyecto de turismo solidario, porque el barrio muy bonito no era, para qué les voy a decir mentiras. Yo aprendí palabritas de los países de por allá; gu mornin, guten tag y ostras tío, que no entendí nunca lo que querían decir, pero yo las decía y esa gente se reía mucho conmigo. (Se dispone a repartir el café. Se detiene, vuelve a dejar la bandeja sobre la mesa y se sienta, avergonzada) Qué pena1 con ustedes, qué pena, ya la costumbre que al que viene a mi casa le doy tinto2. Nos prohibieron rotundamente ofrecerles cualquier cosa de comer o tomar por cuestiones de salud. Alguna vecina les hizo un jugo con agua sucia y se enfermaron. Qué pena, de verdad, yo les pido mil disculpas. Qué cosa tan maluca, uno llegar a una casa y que no le ofrezcan ni un café. Mas que fuera, les brindaba un juguito para esta calor tan berraca3. Ustedes no se llegan a imaginar lo importante que es para nosotros que ustedes nos vengan a visitar, porque se siente uno menos solo en este proceso y porque todos estamos con muchas dudas y mucha incertidumbre de qué es lo que va a pasar ahora. Este terrenito yo lo heredé de mi familia, pero tuvimos que huir en el año 2012 a Bogotá por enfrentamientos entre los grupos armados. Sobre esta parte que estamos ubicados ahora mismo (señala un perímetro sobre el suelo) estaba nuestra casita. Desafortunadamente, las granadas y las balas la dejaron en muy malas condiciones. La hemos estado luchando, pero la semana pasada ya dijeron unos señores ingenieros que había que demolerla. Por esa razón nos tocó tumbar lo poco que quedaba en pie y, mientras tanto, dormir en una carpa que nos prestó la Cruz Roja. ¿Si alcanzaron a dar más que fuera una vueltica por el pueblo? ¿Y por la zona veredal? No los voy a poner en el compromiso de que me digan cómo les pareció, tranquilos, que yo no soy tan rabona. El otro día conocí a una señorita de esas, a una guerrillera. Me le presenté, esa gente no le sostiene la mirada a uno. Solo me dijo bajito y como pa dentro: Expresión colombiana que significa “sentir apuro o vergüenza”. Se usa casi como una muletilla. 2 Café americano. 3 Alguien o algo genial, fuerte, fuera de serie. 1

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(Imita a la guerrillera) “Mucho gusto. Liliana”. (Deja de imitarla) Mirando al piso, como si uno no supiera. Mi mamá sí decía: “De las aguas mansas líbranos, Señor”... Pónganse cómodos. Tranquilos con los bolsos, que esto no es Bogotá. (Señala detrás de ella) Todo el terrenito de ahí para atrás eran plantaciones de café. Ahora mismo estamos arando para ver si en unos meses cultivamos otra vez. No es por dármelas, pero en esta región se da el café más rico del mundo. Me da mucha lástima no poder darles para que lo prueben. Otro día que ya les den permiso les hago una gallinita y los llevo a la Quebrada a bañarse, ese es un plan muy rico. Ya por la tarde me los traigo a la casita, que le voy a hacer un balcón bien lindo para ver el atardecer, los siento ahí y les brindo tintico hecho con mi propio café. ¿Sí les gusta ese plan? ¡Ay, Virgen santísima! (A una persona del público) ¿Qué hora tiene, si es tan amable? (Espera la respuesta) Yo me voy a aprovechar de su amabilidad, me hace el favor y me avisa cuando haya pasado una hora. Es que nos dijieron que las visitas eran de una hora, que no fuéramos intensos y que solo preguntáramos las cosas más urgentes. Permítanme un momentico. (Va por detrás de las ruinas y sale con algunos folletos informativos en la mano) Me da pena con ustedes ponerles trabajo, pero me dijieron que les podía consultar mis dudas y no los voy a engañar; casa no tengo, pero dudas sí tengo hartas. Mire, unos folleticos que nos trajeron el otro día. Es que están hechos para doctores o yo me volví boba, porque yo no entiendo nada. Mire, me trajeron este que dice: “¿Qué hacer si soy víctima del conflicto armado?”. Esto me lo trajo una señorita de la Unidad para la Atención y Reparación Integral de Víctimas. Les leo: “Son víctimas bajo el marco de la ley 1448 de 2011, aquellas personas que individual o colectivamente hayan sufrido un daño por hechos ocurridos a partir del 1º de enero de 1985 como consecuencia a las infracciones cometidas al derecho internacional humanitario”. Infracciones al derecho internacional humanitario. ¿Quiere decir que entra el asesinato de mi papi y la desaparición de mi hermano Nestor Orlando? (A una persona del público) ¿Usted qué cree, doctor? Y sigo, que

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así leyendo en voz alta, como que lo entiendo mejor: “Así como el desplazamiento de personas al interior del territorio con ocasión a disturbios y tensiones interiores o violencia generalizada”. Tan bonito que suena así dicho. Entonces entro yo, porque no ven que nos tocó salir corriendo con mi marido y mis niños para Bogotá, porque esto parecía una carnicería. Ustedes no me van a creer, pero la madrugada que nos tocó salir corriendo dejé la nevera llena porque había estado haciendo quesito y mantequilla. Pero qué puede hacer uno, nos tocó salir corriendo con lo puesto y como marranos hacinados en un camión la madrugada del 5 de agosto de 2012. A mí esa fecha no se me va a olvidar en la vida. (Saca unos cuadrados de cartón en forma de abanico) Miren, por lo menos échense aire con estos abanicos porque el calor está pegando duro estos días. Qué pena con ustedes, les leo el último pedacito, porque es que no termino de entender qué me cubre. Pongan cuidado, les leo: “El cónyuge, compañero o compañera permanente”. Sagrario, mi marido, murió en Bogotá, pero no por violencia sino por pobreza... me le dio una neumonía. Y en este país, si uno no tiene plata a uno no lo atiende ningún médico, se me murió en el pasillo esperando a que le dieran cama en un hospital universitario. Ojalá que ahora todo esto cambie, porque siempre es como triste. Les sigo leyendo: “Parejas del mismo sexo”. Ayy, cómo así, entonces también los que son... mari... maripo... cómo es que se les dice, los homosesules, mi hijo me dijo que se dice así. (Pausa larga) Pues también, pobre gente, también son víctimas de todo esto. “Familiares en primer grado de consanguinidad: hijos y padres”. Ahí entra mi papi, que en paz descanse. Me lo mataron dizque por informante de la guerrilla, pero todavía estamos en el trámite para darle su cristiana sepultura. (Sigue leyendo) “De la misma forma, se consideran víctimas las personas que hayan sufrido un daño al intervenir para asistir a la víctima”. Yo me puedo acoger a esta, a mí me dieron duro en todas esas manifestaciones para recuperar a mi hermanito Nestor. Una vez me estuvieron siguiendo y me dijeron que dejara tanto cartelito y tanta pendejada, que se me iban a llevar al niño, pero

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no, mijitos, yo estaba decidida a buscar a mi hermano hasta el día que me muriera. (Saca un pañuelo y se limpia lágrimas que disfraza de agua que le sale de la nariz) No deja uno de sorprenderse en esta vida... La iluminación baja de intensidad evocando un amanecer. Mariela saca una maleta atada con una cuerda, que arrastra con dificultad por el espacio mientras se escucha la voz en off. VOZ EN OFF.— (Voz femenina en tono periodístico) “Zona veredal transitoria de normalización”. Es el nombre con el que se denomina a los espacios generados para el tránsito de los integrantes de las FARC a la vida civil. En dichas zonas los excombatientes entregan las armas, se desmovilizan y esperan un tiempo de unos seis meses para reincorporarse a la vida civil o ingresar a prisión si así lo dictamina la justicia. Se implementan 23 zonas veredales por toda Colombia, todas ellas próximas a la población civil pero con una distancia de seguridad de aproximadamente un kilómetro.

EL DÍA QUE VOLVIMOS MARIELA.— (Se detiene con su maleta en una de las esquinas del escenario) Estamos a 15 de diciembre de 2016. Me subo con mi hija Tatianita, porque Wilmer, mi hijo mayor, dijo que venía después. Yo no podía esperar más para estar en mi casa. Éramos hartos en el bus y todos con hartas maletas; yo traje diez, y eso que dejé coroticos4 en Bogotá. Pero es que nosotros ya teníamos allá hasta un negocio: “Arepas5 La Paisita”, se llama. Nos costó mucho trabajo sacarlo adelante pero ya estaba montado. Se lo alquilé a una vecina mía, doña Leo. Ella llegó hace muchos años a Bogotá y la verdad es que se portó conmigo como la hermana que yo nunca tuve. Lo que lloró esa señora, Ay, no no no no, cuando yo le dije que me venía otra vez para el pueblo. Ojalá alguno llore así por mí cuando yo me muera, con eso les digo todo. Ese bus andaba a paso de tortuga, porque venía muy pesado. Todo el mundo va dormido o callado. Cada uno pensando en lo que se le viene. Van unos del pueblo de al lado que también son desplazados y no se les ocurre otra cosa que sacar una botella de aguardiente y brindarle de copita a cada uno... Se ponen a cantar y se le viene a uno la vida encima, tan maluca a veces, ¿no? Canta la canción “Mi pueblo natal” del grupo Niche. Nos bajamos del bus y, mientras los niños juegan, me pongo a caminar sola por el pueblo; bueno, más bien lo que queda, porque lo petardiaron el 10 de marzo del año 2010. Era domingo y todo Objetos personales. Pan de maíz típico de Colombia y que en Antioquia es parte fundamental de la dieta. 4 5

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el pueblo estaba en misa. Aquí me casé con mi marido Sagrario. Él estaba tan elegante ese día; yo también estaba lo más de bonita, los zapatos me quedaban chiquitos y caminaba raro, pero estaba bien bonita. El vestido me lo regalaron mi mamá y mis tías. Sueña despierta y recrea la salida de la iglesia. Luego corta abruptamente el recuerdo para seguir con la narración. Tomaron el pueblo y tiraron cilindros de gas en la iglesia, que estaba llena de gente. Los que estaban en misa y los que corrieron para escapar de las explosiones, no les importó nada. De mi familia cayó harta gente. (Largo silencio) Sigo caminando un buen rato y, ya saliendo del pueblo, me parece ver a mi Sagrario que va caminando. El pobre se murió soñando con volver acá; yo fui berraca y me adapté a Bogotá, pero él no. (Se toma la cara entre las manos) “Mijo, ¿usted sabe que yo lo quiero mucho? No sabe, papi, cómo me gustaría caminar de nuevo por aquí con usted”. En aquel árbol nos dimos el primer beso, yo más bien se lo di a él porque era más tímido... pobrecito. Yo llegué corriendo a mi casa a contarle a mi mamá, que me dio una cachetada y me dijo: “Mucho cuidadito, Mariela, mantenga ese corral bien cerrado”. Él me regalaba paletas de fresa los domingos, y me leía unos poemas de Neruda, de un librito que compró en Medellín. Y rápido nos fuimos soltando y entrando en confianza y en las cosas de la juventud. Una de mis tías me decía: “Cuidadito, mija, que los besos a su edad son como las casas de dos pisos: todo lo que se hace arriba se siente abajo”. Harta razón tenía, porque me casé embarazada... Yo sí soy boquisuelta. (Dirigiéndose a una persona del público) Señora, usted se está poniendo muy roja, y yo sin poder brindarles un jugo o algo para esta calor tan horrible. (Corre por el escenario buscando, hasta que encuentra un pequeño paraguas que le acerca a la misma mujer) Mire, mi señora, tápese con esto, que usted se nos va a chamuscar con este sol. (Mariela reacciona en consecuencia a lo que haga la mujer con el paraguas) Es que ustedes son más blanquitos, por eso es que se queman más

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fácil. Perdonen la curiosidad, ¿ustedes ya fueron a la zona veredal? ¿Les brindaron algo? El día que llegaron todos esos guerrilleros, unos compañeros de ustedes nos dieron unas banderitas y fuimos a esperarlos a la entrada del pueblo. Toca perdonar, y allá estábamos como bobos bienmandados moviendo la marica banderita... A nosotros no nos esperó nadie. Solo nos esperaban estas ruinas y los recuerdos que se le amontonan a uno en la cabeza como en las películas. Los primeros días me parecía que de alguna esquina me salía mi papi arriando sus mulas. Cada vez que cojo el azadón veo a mi marido enseñando a arar al niño. Es raro, porque de lo bonito me acuerdo de día y de lo horrible solo cuando estoy dormida... Serán los fantasmas del pasado, como dicen en las novelas. Yo estoy dispuesta a perdonar, pero me da rabia que los reciban como a héroes, porque robar, acosar y matar no es de héroes.

AL TELÉFONO CON WILMER MARIELA.— Yo me hice una capacitación en panadería en Bogotá, pero allá todo es muy difícil porque, para ellos, el desplazado es un ladrón y un matón. Es que todo esto pesa mucho, contar lo libera a uno de todo este dolor tan horrible. Cuando unas personas me prestaron para montar mi puestico de arepas en Bogotá, no les conté nunca que era desplazada, porque no quiero que piense nadie que le estoy limosniando. ¿Saben qué me dijo la señora de una casa en la que limpiaba una vez que le pedí un préstamo? Me regaló una bolsa con mercado6. Y me da rabia porque yo tuve de todo, yo no soy una limosnera. Yo soy una berraca. Yo no soy ninguna pobrecita, ¿sí me entienden? Suena un teléfono. Qué pena con ustedes, ¿me permiten?, es que estoy esperando una llamada de mi hijo que está en Bogotá. Me demoro un minutico y ya. Contesta. ¿Qué hubo, mijo? (...) No lo escuché, muévase que no tiene cobertura. (...) ¿Almorzó? Ahí tiene arepitas y le dejé fríjoles cocinados. Frite un huevito y coma, que luego voy y lo encuentro más flaco que el perro de un ciego. (...) Ni mamá, ni mamá, hágame el favor y coma. ¿Por qué no había llamado? (...) ¿Cuándo es que se va a venir? Yo lo estoy necesitando acá. A mí no se hable así, güevón, 6

Alimentos.

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que yo no soy uno de sus amiguitos. (Tartamudeando porque su hijo no la deja hablar) Pero... pe... deje. Déjeme hablar, respete que yo soy su mamá. (...) Yo no le voy a acolitar que meta a esos marihuneros en la casa. (...) ¿Ah, no? Pues perdone, como todos esos son tan honestos... Tapando el teléfono y a público. Que mi Dios me dé paciencia, porque este muchacho es terco como una mula. Qué pena con ustedes. Vuelve a la conversación telefónica. No, papi, no se confunda, esa plata suya es mal habida y eso lo sabe todo el barrio. (...) A mí no me grite, pues. (Cuelga) A público. Yo esta batalla la estoy perdiendo. Yo la he luchado mucho, pero ya no puedo más. No se llegan a imaginar la de chancla que le he dado yo a este muchacho para que no se me torciera. Se la pasa con una panda de matones. Vuelve a sonar el teléfono. Contesta. ¿Para qué me llama? (...) Mire, maricón, yo soy su papá y su mamá. Si usted decide que se queda con esa gente, olvídese. Escúcheme bien, olvídese de que tiene familia. ¿Me escuchó? Yo sé perfectamente que me está escuchando. (Cuelga) A público. ¿Saben qué les digo? Y mientras le digo me pongo roja de la vergüenza que me da: antes mato a este pelado a chancla. Yo no parí hijos pa seguir alimentando esta guerra tan horrible. No me vale

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la excusa que porque tiene traumas. Yo también los tengo y no cogí armas para ponerme a matar gente. Toma el teléfono y marca. Se arrepiente y lo guarda de nuevo. Mi muchacho no sabe llorar, y eso es lo peor que le puede pasar a una persona, y más a un pelado tan joven. Todo se lo guarda y se vuelve odio y rabia. Yo sí le digo: “Mijo, usted odia tanto, y lo peor es que no sabe ni a quién”. Ustedes no se imaginan cuando se le cae cualquier cosita al piso: se sale de los chiros7, le pega puños y patadas a las cosas; a mí porque soy la mamá, que si no me pegaba. Llorar es muy sano. Yo lloro mucho, eso es muy terapéutico, como dicen los psicólogos que nos hacen actividades aquí en el pueblo. Yo me pongo la novela de por la noche o un vallenato bien sentido y lloro hasta que me quedo dormida. Llorar también lo limpia a uno de todo este dolor tan horrible.

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Expresión que significa “perder el control”.

LILIANA MARIELA.— Estos días estoy trabajando duro, porque los de la zona veredal me pidieron que les diera un curso de panadería. Estoy de profesora. ¿Cómo me les parece yo de profe? La verdad es que la platica la necesito para sacar adelante la casa. Lo bueno es que con tanta carrera todo el día, me estoy poniendo delgadita y bonita como miss Colombia. (Posa como una miss saludando al público) Tan creída Mariela, ¿no? Es que nos dijeron cómo se vivía con guerra, pero esto de la paz... Se siente uno como con traje de señora, con tanta ceremonia, tanto documento, tanto gringo mirando, y poder caminar por el pueblo sin miedo. Yo digo que la paz es como un hijo: por mucho que a uno le diga la mamá, la tía, la vecina, no vienen con manual. Le toca a uno adivinar cómo es que se las entiende pa criarlo y sacarlo adelante. Yo estoy enseñando a hacer pan a esa gente, quién hubiera dicho... Me dijieron que no se podía, pero yo de vez en cuando les pregunto. El otro día le pregunté a una de esas niñas que por qué se había metido a la guerrilla. Me contestó que porque la familia de ella era muy pobre, y que le habían dicho que le iban a enseñar a leer y escribir y ella quería estudiar. La semana pasada les enseñé a hacer galletas de Navidad y unas de ellas me dijieron que nunca las habían probado. Esa gente estuvo tan aislada, que a veces es como si vinieran de otro planeta. Mariela se pone una boina y continúa con el relato de la guerrillera. Poco a poco su forma de hablar y sus gestos se transforman. Cuando yo ingresé a la guerrilla, pues estaba joven. Yo ingresé porque había mucha necesidad de educación, de vivienda. Nos faltaban muchas cosas, entonces ingresé porque escuché que uno

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venía a portar un arma aquí para luchar por el pueblo. Yo empecé a trabajar en la milicia y luego a filas. Se quita la boina y juega con ella para evitar la mirada del público. Los valores se le pierden a uno allá. Me sigue ese fantasma a veces, el haber desaparecido a una persona y haberla... Las últimas palabras de esa señora fueron: “Entregue los restos a mis hijos, haga ese favor”. No le pude cumplir la promesa. Todos esos fantasmas lo siguen a uno, y uno no es un monstruo con tres cabezas. Después de un combate hay un silencio raro, es como un silencio que se queda dentro de uno. Por más que se sea es duro, porque está uno matando a alguien pobre como uno. Ustedes también son hermanos, pero en esta lucha nos tocó en bandos contrarios y, en combate, es usted o yo, no se puede uno ablandar. Nos matamos entre pobres porque las balas no les llegan a los de arriba. La selva es así, usted o yo.

QUÉ PENA MOLESTARLOS MÁS MARIELA.— (A una persona del público) ¿Me da la hora, me hace el favor? (Espera a que le respondan) Pero ¿cómo va a ser tan tarde? ¿Usted sí tiene bien ese reloj? Dios mío, el tiempo vuela, y a mí con todo lo que me queda por preguntarles todavía. Mi difunto marido, que en paz descanse, siempre me regañaba por eso, me decía: “Cállese un ratico, mija, que usted no se calla ni debajo del agua”. Lo extraño tanto. Tengo varios trámites pendientes pero no entiendo todo lo que hay que presentar. Yo voy a las oficinas de la alcaldía, me angustio, me pongo grosera, y el otro día me sacó la policía. Me mamé8, allá esperé y esperé para una bolsita de cuadernos y lápices que les daban a los niños para el colegio. (Recordando) “Ni mierda, desde las seis de la mañana haciendo fila. Que esto no es caridad, siempre la misma rogadera para cualquier ayuda, que lo hacen sentir a uno como pidiendo limosna. Y usted, doctorcita, no me mire así, que ustedes sí viven rico y cobran bien. Deje de mirarme como a un perro, ¡malparida! ¿Usted cree que porque hay policía no la puedo agarrar de esas mechas? Yo no tengo nada que perder, usted sí”. (Retomando el relato) La cosa fue que me sacó la policía. Pero es que uno se cansa, llevamos tantos años rellenando formularios, esperando ayudas, lo tratan a uno como limosnero. Ya hay un día que uno se hace matar y todo le da igual. Esta pobreza cansa, cansa mucho, porque no somos limosneros ni hemos matado a nadie. (Coge un pequeño palo y empieza a dibujar en el aire) Miren, aquí más o menos estaba la habitación de la casa donde nací yo. Aquí nací, crecí con mi hermano y con mis papás. (Largo silencio) Lastimosamente hoy en día 8

En el sentido de “me cansé”.

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esto está así. (Largo silencio) Queda solo el recuerdo. Recuerdos buenos y malos, malos de todo lo que pasó y de cómo está ahora. Muchos buenos, la mayoría, porque yo aquí fui muy feliz, yo tuve una infancia muy tranquila y muy feliz. Todo esto es muy duro, yo no se lo deseo a nadie. Ojalá ninguna familia tuviera que pasar por cosas tan feas. Mi Dios es muy grande y yo poco a poco estoy sacando todo ese rencor que yo tenía. Yo le pido a mi Dios que perdone a toda esa gente. Yo nací y crecí aquí, tuve una niñez muy linda. Me da mucha pena con ustedes, pero voy a seguir con la preguntadera. Saca de nuevo uno de los folletos. Con permiso, les leo otro poquito: “¿Cuáles son los hechos victimizantes? Los hechos victimizantes contemplados por la ley 1448 de 2011 son: Homicidio”. Mi papi. “Desaparición forzada”. Mi hermano. “Secuestro”. Mi hermano otra vez... o eso creo, porque me enteré hace nada de una noticia muy dura... Más tardecito les cuento, no lo saben ni mis hijos. “Amenaza”. También. “Tortura”. Cómo demuestro yo que más no le hicieron a mi papi... Yo por lo de mi papi ¿a quién perdono?, ¿a quién? Si alguno de esos me hubiera dado la cara, pero no fue así. “Reclutamiento de niños y niñas”. No, y bendito sea mi Dios. “Delitos contra la integridad sexual”. (Pausa) Mejor les sigo leyendo. “Incapacidad permanente”. No, gracias a Dios. “Heridas leves”. Pues sí... “Afectación patrimonial de bienes”. Esa sí, porque cuando ya nos habíamos ido me tumbaron la casita a punta de bala. “Lesiones personales”. Pues sí, pero eso ya no se puede demostrar.

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Yo no quiero ponerme negativa porque yo soy muy echada palante, pero esto va a ser demorado. Con dos palas y unos ladrillos que nos están dando yo no reconstruyo mi casa. Tan bonita como la tenía. Yo me vine de Bogotá porque esta es mi tierra, pero uno llega aquí y, la verdad, vuelve a estar muy solo. Mi hijo Wilmer me dijo el otro día por teléfono: «Mamá, yo no sé para qué quiere volver a ese moridero”. Le colgué y me puse a llorar, porque a ratos siento que tiene razón.