UN LUGAR PARA TI EN

Hoy, en la aldea Cuvier en Haití, la Her- mana Nchubiri trata de prevenir que otras personas pasen hambre, pero también aprende de ellos: “Haití es una gran ...
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UN LUGAR PARA TI EN

HAITI “La primera vez que vine, supe que era donde tenía que estar”, dice la Hermana de Maryknoll Susan Nchubiri, asignada a misión en Haití en octubre del 2013. Cuando lo visitó por primera vez en mayo de ese mismo año, dice, le asombró el nivel de necesidad en este país de 10 millones de personas donde un 80 por ciento de la población vive en la pobreza. Nchubiri ya conocía los efectos del hambre y la falta de necesidades básicas; ella creció en Kenya, donde un 43 por ciento de 44 millones de personas vive en la pobreza. Su familia sobrevivió escasez de alimentos y sequías a través de la agricultura y la suerte de vivir cerca de un pequeño río. Otros no fueron tan afortunados. “No me gusta recordar esas épocas, porque tuve compañeros de escuela que murieron de hambre”, recuerda. Originaria de Meru, Kenya, la Hermana Nchubiri se convirtió en Hermana de Maryknoll en 2004, después de ver “el amor y el compromiso de una Hermana de Maryknoll que trabajaba en los barrios más pobres de Nairobi”, dice. Hoy, en la aldea Cuvier en Haití, la Hermana Nchubiri trata de prevenir que otras personas pasen hambre, pero también aprende de ellos: “Haití es una gran escuela”, dice ella. “La gente me ha enseñado cómo apreciar las cosas de la vida y estar

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Niña sonríe en escuela primaria en La Tremblay, Haití. La escuela está a punto de cerrar por falta de recursos.

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Gabriela Romeri/Haití

Por Gabriela Romeri

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Gabriela Romeri/Haití

Susan Nchubiri, M.M./Haití Susan Nchubiri, M.M./Haití

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3 1, 2. La comunidad de Cuvier asiste en la primera siembra y cosecha de un programa cooperativo agrícola iniciado en Haití por la Hermana de Maryknoll Susan Nchubiri. 3. La Hermana Nchubiri (con lentes) visita mujer que participa en la cooperativa.

continuamente agradecida”. la cosecha para venderla en los mercaEn el pequeño pueblo de La Trem- dos locales, las Hermanas alquilaron dos blay, en las periferias al noreste de la acres de tierras cultivables a un costo capital haitiana de Port-au-Prince, la de 10,000 gourdes haitianos por año— aldea Cuvier es una comunidad de ca- equivalente a 205 dólares—y un tractor sas y chozas donde para labrar la las Hermanas deci- “Tuvimos una sequía prolongada tierra. En mary falta de electricidad para dieron echar raíces. zo la comunidad bombear el agua necesaría Aquí, Nchubiri code Cuvier salió menzó un proyecto a ayudarlas a para cultivar el huerto”. de micro-créditos plantar—princiagrícolas para una cooperativa de 16 palmente ocra y zepino, un tipo de vermadres solteras—el grupo más vulnera- dura. Después, el grupo de madres cuidó ble dentro de esta comunidad. el cultivo y juntaron fondos para pagar el Con la esperanza de que el grupo ali- agua necesaria para irrigar. mente a sus familias y les sobre algo de “Tuvimos una sequía prolongada y

falta de electricidad para bombear el agua necesaria para cultivar el huerto”, dice Nchubiri. “Las mujeres pagaron de su dinero para el agua y esperaron más de un mes en recibirla. Cómo nos gustaría tener nuestro propio tanque de agua”. Este mayo, cuando las plantas dieron sus primeros brotes, cosecharon sus primeras verduras. El éxito de este programa tiene un significado profundo para Nchubiri. Fue a través de la agricultura que sus padres alimentaron a su familia y también pagaron su educación. Ella creció siendo una “campesina”, dice Nchubiri,

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plantando habas, maíz, soja y café. Su primer idioma fue kimeru. En la escuela aprendió swahili e inglés, siguiendo sus estudios hasta recibir títulos en teología y trabajo social, antes de convertirse en Hermana de Maryknoll e ir en su primera misión a Hong Kong (2007-2011) donde aprendió cantonés. Ahora, Nchubiri está aprendiendo kreyol—el idioma predominante en Haití, junto con las Hermanas de Maryknoll Theresa Kastner, quien llegó en 2014, y Susan Wanzagi, quien llegó en 2015. Las tres Hermanas viven en La Tremblay con la Hermana de la Caridad Dianne Moore, una enwww.revistamaryknoll.org

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Cortesía de Susan Nchubiri, M.M.

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4 1. La Hermana de la Caridad Dianne Moore, enfermera, con niño que nació prematuro en Cuvier, Haití. 2. Niños de Cuvier juegan con sus visitas. 3. Contenedor usado como clinica de salud y aula escolar. 4. Nchubiri con sus amigos más pequeños de Cuvier.

fermera de Nueva Jersey. le falta electricidad y agua potable. Moore, quien había realizado viajes Moore descubrió la aldea Cuvier misioneros a Haití desde 1983, unió mientras caminaba por campos rurales sus fuerzas con la Hermana de la Ca- cerca a la única carretera semi-asfaltada ridad Janet Lehmann y la Hermana que pasa por La Tremblay. “Es tierra sade Maryknoll Elizabeth Knoerl para grada”, dice ella. “Es un privilegio estar desarrollar una mi“Ven y ve. Después, cuando en este lugar”. sión en Haití desEl año pasado, pués del terremoto te marches, te irás con un Catholic Relief Servidel 2010. Lehmann, corazón cambiado.Y si el ces le envió dos conteuna enfermera, aho- Señor te llama a quedarte nedores de transporra dirige el Programa por más tiempo, haremos te vacíos. Este año, de Enfermería de la la Hermana Moore espacio para ti”. Universidad Notre abrió una clínica de Dame en Jacmel, Haití. Knoerl se en- salud dentro de los contenedores para cuentra en Estados Unidos por asuntos ofrecer atención médica a la comunifamiliares. En La Tremblay, las Herma- dad rural. Moore y las Hermanas de nas alquilaron una “casa misionera”, que Maryknoll también enseñan inglés al igual que otras casas en Haití, a veces a los jóvenes de Cuvier dentro de los

contenedores, que también son usados como aulas. Hasta que llegaron las Hermanas, Jordany Bien-Aimé, un joven pastor bautista, fue la única persona que ofrecía educación y orientación religiosa a los 76 jóvenes en edad escolar de esta comunidad. Él construyó una pequeña escuela y lugar de oración de tres paredes, usando madera contrachapada, palos y un techo de lata. Los estudiantes vienen a veces sin zapatos o pantalones, apenas con una sola camisa. Sin embargo aprenden, a

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través del único pizarrón y la sincera dedicación de Bien-Aimé. Ahora, él trabaja junto a las Hermanas para levantar el bienestar de su comunidad. “Siempre oren por nosotros porque tenemos mucho que hacer”, dice. Hace poco, las Hermanas en Haití alquilaron la casa contigua con la esperanza de que un día sea un centro para futuros misioneros. Como dice la Hermana Moore: “Ven y ve. Después, cuando te marches, te irás con un corazón cambiado. Y si el Señor te llama a quedarte por más tiempo, haremos espacio para ti”.

Para ser una Hermana de Maryknoll llama a Maureen Hanahoe: 914-941-7575 ext.5612 www.maryknollsisters.org

[email protected]

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