Motivos para casarse o evitar hacerlo

10 may. 2009 - estigma hacia la solterona (expresado en figuras como la de Doña Rosita la ... nueva generación de menores más conscientes del valor de las.
1MB Größe 79 Downloads 198 vistas
INFORMACION GENERAL

Domingo 10 de mayo de 2009

I

25

VIDA EN PAREJA Y LA MAYORIA NO CREE EN LAS UNIONES LEGALES

Y MENORES DEMANDANTES

Motivos para casarse o evitar hacerlo

Niño: “El dinero no salía gratis del cajero”

Continuación de la Pág. 1, Col. 5 la estación cabecera desde donde salía el tren. Ahora, el matrimonio es una estación más, una instancia eventual que puede llegar o no en la vida de una pareja”, explica Susana Torrado, titular de la cátedra de Demografía de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Según la socióloga, las cifras del Registro Civil hablan de que en Buenos Aires continúa en crecimiento la cohabitación de prueba. “Las parejas que deciden irse a vivir juntas por primera vez no se casan. Quieren probar. Hoy, la mayoría de los jóvenes que se casa lo hace después de haber tenido un hijo. Ni antes del primero ni después del segundo”, apunta Torrado. Por otra parte, un estudio de la Universidad Austral indicó que el 26 por ciento de los argentinos definió el matrimonio como “una relación basada, principalmente, en el deseo de estar juntos y, por lo tanto, puede no ser permanente”; mientras que el 68 por ciento opinó que es “una relación basada en una entrega de amor comprometida y

Es cierto que cada vez se formalizan menos matrimonios, pero también la sociedad sigue eligiendo la vida en pareja que, en ese sentido, procurará ser permanente”. El mes pasado, en el Centro Cultural Las Moradas, de Tortuguitas, Luis Pérez Bahamonde dictó un curso llamado “Casarse... ¿para qué?”. “Es cierto que cada vez se formalizan menos matrimonios ante un registro civil, pero también que la sociedad sigue eligiendo la vida en pareja como formato. Esto nos hace seguir creyendo en la vigencia del casamiento”, apuntó el profesor. En el libro The Case for Marriage, publicado en Estados Unidos, las sociólogas Linda Waite y Maggie Gallagher, analizan por qué en ese país, aunque el índice de fracasos matrimoniales es muy alto, aun así casi el 90 por ciento de los que se divorcian o se separan continúa pensando que la boda abre un camino para toda la vida. ¿Por qué se da esta contradicción? La conclusión es que el matrimonio es lo más parecido a “sacar un seguro de vida de largo alcance”, dice. “Hoy son pocos los sectores que siguen sosteniendo ideales del amor romántico. La emancipación sexual femenina ha beneficiado el cambio de códigos en el amor. Como opuesto al amor romántico, se introduce

la noción de amor confluente. Las relaciones de amor se basan más en la idea de igualdad que en la complementariedad. Tienen presentes ideales democráticos, pues conciben el desarrollo personal como posible en vez del sacrificio por el otro”, detalla la socióloga Gabriela Gómez Rojas, investigadora del Instituto Gino Germani, de la Universidad de Buenos Aires. “El simbolismo de casarse, de asumir un contrato simbólico de lealtad y fidelidad, es un paso que muchas parejas no desean hacer frente a una autoridad externa, ya sea que se trate de una iglesia o del registro civil”, apunta Andrés Rascovsky, presidente de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA).

“Nos casamos porque queríamos pasar en limpio la relación. Creemos que casarse reafirma la posición de cada uno en la vida. Hoy estamos los dos con el mismo anillo y no hay nadie más en el mundo que tenga otro igual. Es como decirle al otro que no te lo tomás a la ligera. Habernos casado cambió un montón de cosas entre nosotros, por suerte, para bien”, dice ella.

MIGUEL ANGEL “No me quiero casar porque vivo muy bien solo, disfruto de mi pareja, pero cada uno en su casa. Así evito los roces que, tarde o temprano, se dan cuando uno convive. Mi experiencia me dice que el matrimonio o la convivencia aceleran el desenlace de cualquier relación. Indefectiblemente, ese estadio termina desgastando la pareja y, lo que es peor, precipita la ruptura.”

FLORENCIA Y LISANDRO “Quería darle un marco de formalidad a la relación, principalmente pensando en el futuro y en la llegada

ANA PANTALEONI EL PAIS

Los mismos argumentos Las razones que llevan a una pareja a querer casarse suelen ser las mismas que a otras las lleva a querer evitarlo. Así lo explica Cristina Castillo, docente del Centro Dos, especialista en pareja y familia. Claro que depende de la perspectiva desde la que se mire. “Las parejas se casan por convicciones: por razones religiosas o porque ideológicamente ambos creen en la institución del matrimonio. Lo importante es que nunca sea una decisión movida por una moda, por las ganas de dar un gran festejo o impulsados porque todos los amigos de los novios ya se han casado. Tiene que ser una necesidad de los dos miembros de la pareja. Cuando se casan porque uno de los dos cede ante las presiones del otro, ese matrimonio tiene fecha de vencimiento”, apunta Castillo. En cambio, señala que muchos se casan para “formalizar su relación”, para pasar en limpio su pareja o para cumplir con el sueño de constituir una familia. “Para algunos, esa instancia de convertirse en familia sobreviene con la llegada de un hijo, sin la necesidad de casarse”, agrega Castillo. Con respecto a los motivos y convicciones, un apartado del estudio que realizó el Centro de Opinión de la Universidad Nacional de La Matanza detalla que el 53 por ciento de los entrevistados manifestó que quienes se casan lo hacen para fortalecer el compromiso de la pareja; el 18%, por los derechos que se adquieren, y el 17 por ciento toma la decisión sólo por un mandato social. En la vereda opuesta, aquellos que bregan por la soltería como estado civil permanente también dieron su opinión. El 35 por ciento de los que no creen en el matrimonio admitió no casarse, por comodidad; el 30 por ciento, por miedo al compromiso; el 12 por ciento, por cuestiones económicas y el 9 por ciento, por rebeldía contra el sistema.

Yo creo... Yo no... CARLA Y MATIAS

Nuevos patrones de conducta ante la crisis

de los hijos. Después, si me casaba por Iglesia o no, aunque siempre quise hacerlo, no era determinante. Si había diferencias religiosas, era negociable, pero el Registro Civil, no”, confiesa ella.

GISELLA Y NICOLAS “En casos de familias ensambladas, como la mía, casarse significa un mensaje muy claro y concreto hacia los terceros involucrados, que, en estos casos son los padres, los hijos y los ex de ambos lados. Además, el casamiento implica un cambio psicológico en cada uno, hecho que desestima aquella sensación de estar en pareja, pero con un pie afuera y otro adentro. Casarte es pensar a largo plazo.”

LORENA GRAFF “No me casaría porque no creo en el matrimonio. Prefiero optar por lo que yo considero un camino más difícil: elegir estar con alguien y poder elegirlo también todos los días de mi vida, sin la obligación social de tener un papel que certifique nada y que, además, condicione mi elección.”

Carla Korytko y Matías Cambiaso se casaron hace dos meses en una parroquia en Acassuso

MADRID.– “Les enseñaremos a vivir, a estirar el brazo menos que la manga. Habrá menos regalos, pero más fantasía.” El popular economista Leopoldo Abadía explica así lo que enseñará a sus nietos sobre la crisis económica, que también la sienten ellos en casa y en el colegio. ¿Existe una oportunidad? ¿Servirá la crisis para cambiar el patrón de consumismo infinito que ha marcado a las últimas generaciones de adolescentes de clase media y alta? “Esta es la expectativa que tenemos en el ámbito de la psicología, que la crisis económica sirva como modelo de aprendizaje de que los indicadores de bienes y marcas no pueden ser aspectos sobre los cuales el sujeto pivote su autoestima”, explica Marina Romeo, doctora en Psicología Social de la Universidad de Barcelona. Romeo proyecta la idea de que la satisfacción se vuelva menos material, es decir, erradicar el “yo soy más porque tengo esta marca”. La crisis puede ver nacer una nueva generación de menores más conscientes del valor de las cosas y en los que el deseo vuelva a tener un papel. El psicólogo Enrique García Huete explica que la crisis es una oportunidad para transformar el deseo en motivación y en esfuerzo.

Vivir con menos

Gisella, divorciada y casada actualmente con Nicolás

Florencia dijo sí y formalizó su relación

OPINION

De garantías, deseos y aspiraciones de monarcas ROXANA KREIMER PARA LA NACION La religión cristiana es la única que plantea la indisolubilidad del vínculo matrimonial. Un filósofo cristiano, Jean Guitton, juzgaba que esto significó un avance para los derechos de la mujer, porque implicaba que el hombre no podría abandonarla con tanta facilidad mientras los hijos fueran pequeños. Aun cuando esto haya sido cierto, sostener la indisolubilidad del vínculo cuando dos personas ya no son más felices viviendo juntas, no es algo que hoy parezca aceptable. Si antes se privilegiaba a la familia como estructura, hoy se privilegia a la pareja como relación y no por ello no se forman menos parejas que antes. Lo que sucede es que ahora muchísimas menos parejas se casan. Es que la identidad de la mujer ya no pasa por la estructura de la familia. Estar casada hoy ya no expresa un mensaje tan rotundo como antes. El estigma hacia la solterona (expresado en figuras como la de Doña Rosita la soltera) ha desaparecido. La sociedad tampoco estigmatiza más a la madre soltera ni a los padres que no legitiman su unión por medio del Registro Civil o por la religión. Por el contrario, cada vez más personas consideran que el Estado no tiene por qué inmiscuirse

legitimando un acto tan privado como una unión amorosa. Los derechos sociales de los hijos y de los integrantes de las parejas heterosexuales y homosexuales deberían ser reconocidos, independientemente del estado civil de la persona. Sólo en la Edad Media tardía, la Iglesia empezó a legitimar las uniones de hecho. Al principio, las casaba en la puerta de la iglesia; luego, adentro; más tarde, el Estado se ocupó de esa legitimación. Así como las uniones privadas comenzaron, en un momento histórico dado, a ser legitimadas por la religión y por el Estado, en otro momento pueden dejar de serlo.

Compromiso interno También se considera que el compromiso debe provenir del interior de las personas. En ese sentido, si bien no me parece preocupante que las personas dejen de casarse, sí parece que a veces quieran comprometerse y formar pareja, sin darse a sí mismas el tiempo suficiente para conocerse o que esperen un flechazo que no siempre antecede a las relaciones amorosas muy intensas. El compromiso, el conocimiento y la intimidad con el otro no surgen por decreto; necesariamente requieren el paso del tiempo. En otras culturas en que los matrimonios son “arreglados” por los padres, se piensa que, si se dedica tiempo a la tarea de conocer al otro, con suerte surgirá el amor.

Esperan menos de entrada y, a veces, obtienen más que en nuestra cultura, para lo que no estamos proponiendo que reaparezcan los matrimonios arreglados. Es que a veces resulta problemático que se espere demasiado de entrada sin dar la oportunidad de que, a lo largo del tiempo, el compromiso sea construido lentamente. En el extremo opuesto, ¿por qué las parejas siguen casándose? Porque los cambios sociales son lentos y todavía el matrimonio tradicional sigue siendo una estructura social atractiva para muchas personas. También puede ocurrir que lo sea por razones económicas o porque, más allá de la legitimación estatal y religiosa, hay una voluntad de legitimar la unión ante la sociedad. Esta es la razón por la que muchos hacen la fiesta, pero no se casan ni por el Registro Civil ni por la Iglesia. Para algunas mujeres, en tanto, todavía sigue siendo muy fuerte la imagen simbólica del casamiento, heredera de los símbolos de la monarquía. La novia tiene vestido de reina, desfila sobre alfombras rojas como una soberana y baila valses como en los salones europeos. Eso, en parte, explicaría por qué todavía son capaces de pagar ellas solas 10.000 dólares por la celebración.

La autora es licenciada en filosofía y doctora en ciencias sociales

Vivir con menos. Esa parece ser la lección que deben aprender los escolares de clase acomodada y todos los demás. “La necesidad nos obliga a ser sobrios, aunque hay padres que todavía no abren los ojos de los niños para que vean lo que cuestan las cosas”, dice Nuria Chinchilla, directora del Centro Internacional Trabajo y Familia. “Los padres pueden aprovechar la crisis para educar a sus hijos y los adolescentes pueden aprender a vivir como siempre. No es obligatorio tener un MP3”, explica Abadía, sentado camino a Valencia para firmar libros. Su obra, La crisis Ninja y otros misterios de la economía actual, va por la novena edición. ¿Qué hay que contar al niño? “Todo el rollo que yo cuento no se lo contaría, aunque sí le diría que tenemos que plantearnos gastar menos; que es un momento en que las cosas en todo el mundo van peor, que en todos los países hay menos dinero”, dice Abadía. La mamá le enseña un precioso camisón que se acaba de comprar. Su hijo Pepe, de cinco años, que no para de oír en casa palabras, como alquiler, hipoteca, créditos o propiedad, le salta: “Mami, pero ¿es tuyo o es de alquiler?”. La crisis económica ha llegado a las aulas de las escuelas. Los niños la sienten, la dibujan, la escriben y la sufren. Si el tema no sale en casa, lo ven en la televisión o lo oyen en el patio del colegio, pero la mayoría la vive en el hogar. “Muchas veces, no pensamos que el niño forma parte del núcleo familiar. Los adultos, en ocasiones inconscientemente, los dejamos a un lado”, critica Encarna Salvador, secretaria general de la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos. Muchos niños ven que algún familiar está desempleado, que su padre o su madre se han quedado sin trabajo, o los dos. Todos los niños han oído que hay que apretarse el cinturón. © EL PAIS, SL