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LOS SIETE SELLOS DE APOCALIPSIS vs. LA GRAN BLASFEMIA Por Rogelio Erasmo Pérez Díaz Acabo de ver un documental titulado “Los siete sellos del Apocalipsis”. A pesar de que “aclara” es “un documental sobre el último libro de la Biblia”, tan sólo se limita a poner en entredicho la fiabilidad de la Palabra de Dios. Desde el mismo comienzo trata de desvirtuar las Escrituras y se ven comentarios diversos acerca de Juan, Daniel y las profecías bíblicas. Todo en un tono que es muy dañino, porque desde una aparente posición de “imparcialidad” el narrador pone en duda la veracidad de la Palabra de Dios, apoyándose ¡ironías!, en el cumplimiento, al pie de la letra, de todo lo que en ella se dice. Pero el clímax de la desfachatez llega a la mitad del material, cuando un señor, que se auto titula “ateo”, pone en duda el derecho que le asiste a Dios, en la persona del Hijo, de juzgar, cito: “con mano dura a la humanidad” y dice, entre otras muchas cosas desatinadas que “el Jesús fiero, guerrerista, ensangrentado y vengador del libro de Apocalipsis no es, para nada, el mismo Jesucristo de los Evangelios”. Dejemos algo en claro, señor conductor: el que usted no pueda entenderlo no resta, ni mucho menos, credibilidad al asunto. Jesucristo tiene más derecho a juzgar al mundo que el que tuvo el mundo de juzgarlo y condenarlo a él, sencillamente, porque él lo creó y, hasta donde sé, la creación siempre queda sujeta al Creador. Por otra parte, él era sin culpa, y nosotros (todos, incluidos usted y yo) somos culpables en una magnitud inimaginable. Aunque es muy probable que esto usted tampoco pueda entenderlo. Por otra parte, Juan no era, como usted afirma, una persona con “abundante sabiduría para manipular los sentimientos humanos y hacer que adoptaran su religión utilizando para ello un falso sueño, manejado a su antojo”. Para usted admitir la existencia de Juan el Apóstol tiene que aceptar lo que dice la Biblia de él, aunque no acepte lo que él mismo haya escrito, pues no existe otra literatura de la época en que se hable del Apóstol. Y, según la Biblia, Juan era hijo de Zebedeo y Salomé y hermano de Jacobo, fue pescador hasta que Cristo lo llamó a seguirlo. Según la tradición, Juan fue el más joven de los apóstoles, y el más recordado. A Juan el apóstol se atribuyen cinco libros del Nuevo Testamento: el Evangelio de Juan, las tres epístolas de Juan y el Apocalipsis. De los doce apóstoles, Juan, Pedro y Jacobo (o Santiago), fueron los más íntimos de Cristo. Los tres estuvieron con él en la resurrección de la hija de Jairo, en el monte de los Olivos, en Getsemaní, etc., pero sólo Juan estuvo junto a la cruz cuando el Señor fue crucificado, y fue allí que Jesús le encomendó a su madre María, a quien Juan cuidó hasta que ella murió. Juan pasó sus últimos años en Éfeso, en donde, según parece, escribió su Evangelio. Columna de la Iglesia de Jerusalén, fue exiliado a la isla de Patmos, en donde escribió el Apocalipsis. Referencias: Marcos 3:17; 14:33; Lucas 5:10; Hechos, 3, etc. Respecto a cómo fue que Juan siguió a Jesús, hay un dato curioso, que tal vez algunos no entiendan: casi todos los discípulos siguieron a Jesús a un simple llamado de éste. No hicieron muchas preguntas, no pidieron explicaciones, tan solo Jesús les dijo “síganme” y ellos le siguieron espontáneamente. Pareciera que estaban esperando a que tal cosa sucediera. Así acaeció con dos parejas de hermanos (pescadores los cuatro): Simón, Andrés, Jacobo y Juan. Jesús tan solo les dijo: “Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres.” (Marcos 1:17) y ellos de inmediato partieron con él. Basado en ello supongo que debiera usted preguntarse, ¿por obra de qué artificio (pues usted no cree en milagros) un rudo pescador, quien a su vez era el más joven de los apóstoles, se pudo haber convertido en un “excelente comunicador que manipula y maneja a su gusto al auditorio”? Bueno, eso no es un gran cambio en la vida de Juan comparado con los que arriba le he enumerado (pero usted no cree en milagros). Yo sí creo en milagros, estimado “erudito anti bíblico”. O, para ser exactos, en los milagros de Dios. Es por ello que creo, sin dudar siquiera un momento, que un sencillo, rudo y poco instruido pescador aparezca, repentinamente,

como el “discípulo amado” de Jesús, o haya escrito cinco de los libros del Nuevo Testamento y acompañado a Jesucristo, junto con Pedro y Santiago, en los eventos más importantes de su vida en la tierra. Acá también se pudiera cuestionar (de su parte, por supuesto), además de la credibilidad de la profecía apocalíptica, la valentía de un humilde y escurridizo pescador, el cual, cuando los demás discípulos huyeron despavoridos, fue capaz de presenciar la crucifixión del Hijo de Dios. A usted le falta imaginación para creer lo que dice la Biblia pero, extrañamente, supone que todo el deterioro que sufre el mundo, el cual va “in crescendo”, puede ser atribuido tan solo a la casualidad Y para eso sí ¡se necesita mucha, pero mucha más imaginación! Este escrito es una contribución de la agrupación para eclesiástica cubana: Ministerio CRISTIANOS UNIDOS. Puede comunicarse con MCU al correo: [email protected] Usado con permiso ObreroFiel.com – Se permite reproducir este material siempre y cuando no se venda.