Los libros del Infierno ven la luz

29 dic. 2007 - llaman “Armario del veneno”. Los italianos, por el con- trario, conservaron el mismo nombre en francés, Enfer, a pesar de la superioridad que ...
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LITERATURA | LETRAS MALDITAS

L’Amour fouetté, de Gaston Vincennes, con ilustraciones de Charles Avalanche

Una ilustración en la que se unen el erotismo y la política

Aguafuerte para La historia de Dom Bougre (1748)

IMÁGENES: GENTILEZA BNF

Los libros del Infierno ven la luz La Biblioteca Nacional de Francia exhibe por primera vez un fondo de obras eróticas que permanecieron ocultas por haber sido consideradas contrarias a las buenas costumbres. De Sade a Baudelaire, secretos tesoros literarios POR LUISA CORRADINI Para La Nacion - París, 2007

E

l infierno existe, pero no es el de Dante ni el de las Sagradas Escrituras. La Biblioteca Nacional de Francia (BNF) lo reveló este mes en una exposición que pasará a la historia por su audacia y su originalidad. En esa muestra, llamada “El Infierno en la Biblioteca. Eros en secreto”, la BNF presenta los tesoros de su departamento más sulfúreo y enigmático, un fondo que durante más de 150 años atizó la imaginación de intelectuales, periodistas e investigadores: todos los libros, estampas y grabados condenados al ostracismo por pornográficos, perseguidos por salaces y considerados contrarios a la moral y a las buenas costumbres. De Sade a Baudelaire, de Louÿs a Bataille, de las estampas libertinas a los daguerrotipos eróticos, ese “fondo secreto” es exhibido por primera vez al público, que ha respondido manifestando una auténtica fascinación. Hecho raro en Francia, el acceso a la muestra está prohibido a los menores de 16 años. Pero, ¿por qué el Infierno? Porque allí fueron a parar todas las publicaciones que por razones diversas consiguieron salvarse de ser devoradas por el fuego de la censura. Con el tiempo, el apelativo obtuvo sus letras de nobleza y terminó convirtiéndose en una signatura, esa señal

30 I adn I Sábado 29 de diciembre de 2007

con números y letras que se estampa en un libro para indicar su ubicación dentro de una biblioteca. La exposición comienza, justamente, con la definición del Infierno que aparece en el Gran Diccionario Universal del siglo XIX de Larousse (1870): “Sitio cerrado de una biblioteca donde se ponen los libros cuya lectura es considerada peligrosa”. Sus autores dan como ejemplo el Infierno de la Biblioteca Nacional. Los alemanes lo llaman “Armario del veneno”. Los italianos, por el contrario, conservaron el mismo nombre en francés, Enfer, a pesar de la superioridad que los sonetos de Pietro Aretino (1492-1556) confieren a ese país en materia de escritos lujuriosos. Breve precisión: el Infierno de la BNF no conserva obras heréticas o políticamente peligrosas. Contiene sexo, sexo y sexo. Únicamente sexo. ¿Por qué haber decidido montar esta exposición después de tantos años? “Porque este Infierno alimentó todos los fantasmas. Se lo vio como una suerte de sede de la censura o, por el contrario, como un boudoir galante, un sitio secreto donde se conservaba, lejos de la vista, lo obsceno y lo licencioso –explica Marie-Françoise Quignard, una de las curadoras de la exposición–. La verdad es que el Infierno de la BNF no es ni un boudoir ni una prisión, sino una signatura atribuida a ciertos volúmenes conservados en la reserva de libros raros”. El Infierno nació en el siglo XIX. La primera mención de un libro marcado con la palabra “enfer”, seguida de

un número, data de 1844. La decisión de crear ese sitio “no fue obra del poder político sino, sin duda, de los mismos bibliotecarios –explica Quignard–. Quizás porque la Biblioteca Nacional de aquella época se había transformado en un sitio público de lectura, llevados por el puritanismo, sus responsables querían evitar que ciertos libros osados terminaran en manos de todo el mundo”. En realidad se trataba de sacar de circulación, pero al mismo tiempo de conservar esas obras licenciosas. “Al principio, los libros prohibidos que habían escapado a la destrucción eran almacenados en las comisarías, los tribunales y los ministerios, donde eran objeto de tráficos diversos, de reventa o de destrucción. A veces se los cedía a los mismos libreros a quienes se los habían incautado. La preocupación patrimonial recién comenzó a ocupar a la policía y a la justicia a partir de 1850”, cuenta Quignard. Fueron justamente las confiscaciones las que alimentaron ese fondo, que en 1876 contaba con 620 libros y que hoy se enorgullece de proponer 2.000 referencias. En 1969, pocos meses después del “destape” de la rebelión juvenil de Mayo del 68, el Infierno de la BNF fue liquidado y los títulos “licenciosos” se incorporaron a las colecciones ordinarias. Si bien el lema “Está prohibido prohibir” tenía un verdadero encanto, las autoridades de la BNF comprendieron poco después que debían dar marcha atrás. “Por razones prácticas y por la necesidad de clasifi-