Lilium - Goodreads

salones y establos. Y en los callejones más impíos y turbios de la ... heredado el oro de su cabello, ni a qué cielo le habían robado el azul de sus ojos. Charles ...
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Sofia Olguin, Diciembre 2013 Sitio web: http://nimphie.blogspot.com.es Contacto: [email protected] Facebook: Sofía Olguín (Nimphie Knox) Imagen de portada: Danny Choo Sitio web: http://www.flickr.com/photos/dannychoo/ Diseño de portada: Sofía Olguín Este libro electrónico ha sido puesto en descarga gratuita por su autora. Su distribución, impresión, reproducción y alojamiento en hosts diferentes del de origen están permitidos. No está permitido utilizar este libro con fines comerciales.

Muchas gracias por descargar este libro y por todo su apoyo! Espero que lo disfruten y que tengan unas muy felices fiestas de fin de ano. feliz cumple, victor! espero que nos sigamos leyendo por muchos anos mas! con mucho carino, sofia olguin

Lilium

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etrás de las cortinas de la mansión Mignorance, la ciudad de Tympanus dormitaba en trémulo silencio. Los señores ya se habían acostado, y en sus sueños reptaban fantasmas de gloria y fortuna. Las doncellas permanecían en vela, aguardando junto al tembloroso resplandor azul de las lámparas, que sus enamorados arrojaran una piedrecilla a su ventana. Los sirvientes terminaban de asear cocinas, salones y establos. Y en los callejones más impíos y turbios de la ciudad, las prostitutas, el opio y las profecías se vendían a los mejores postores. Sin embargo, cortinas adentro, el señor Mignorance no dormía. En su habitación, que él gustaba de mantener iluminada con velas de cera, todavía podían oírse el tibio rumor del fuego y el acero. Cuando el señor Mignorance acabó su creación de aquella noche, la luna ya se había colocado sobre el alféizar del balcón y espiaba, atentamente, las pintorescas ocurrencias de aquel excéntrico caballero. —Esto es para ti, querido —susurró, acercándose al lecho con el obsequio en las manos. Descorrió las cortinas. Lilium se arrebujó entre las sábanas y bostezó. Su larga cabellera rubia se despeñó por la almohada y se volcó sobre la pálida seda rosa de su camisón como una lluvia de oro. El joven se frotó los ojos y contempló, adormilado, la reciente creación de su amo.

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—Es un ruiseñor. Tal como el que viste en tus sueños… —susurró el señor Mignorance suavemente, atento a la reacción del joven. Lilium abrió los ojos al máximo y el hombre se regocijó al ver que, otra vez, su ingenio superaba con creces la imaginación de su pupilo. No era difícil complacer a Lilium. Día tras día, noches tras noche, Charles Mignorance colocaba entre sus manos un nuevo juguete que hacía las delicias del joven. Una mariposa mecánica de plata, una pecera con diminutos peces de metal que brillaban en la oscuridad, una bola de cristal como las de las adivinas, cuyo humo de colores emitía un zumbido suave, quejumbroso, como el de un fantasma que arrastra los pies sobre su tumba. Lilium se incorporó, ansioso, y un bretel de su camisón se deslizó delicadamente por su hombro pálido. Charles Mignorance sonrió. Con los dedos índice y pulgar de la mano izquierda (el noble inventor era zurdo) le dio cuerda al ruiseñor. En menos de un parpadeo, el avecilla escapó volando de su mano, desplegó unas largas alas de color azul zafiro y se posó en lo alto del armario. Luego, agitó su brillante cabeza hacia los lados y nuevamente remontó vuelo. Rodeó el tocador de Lilium, pasó junto a la enorme pecera donde un pulpo mecánico dormitaba, rodeado de su séquito de pececillos, y se posó en el balcón, junto a la gárgola-reloj. Lilium frunció los labios y Charles Mignorance sonrió, divertido. —Claro que canta, Lil —aseguró, adivinando sus pensamientos—. Pero es tarde. —Y le señaló con un gesto la gárgola-reloj, que marcaba las tres de la madrugada. Como siempre, Lilium se levantó primero que su amo. Se deslizó suavemente del lecho y apoyó sus pequeños pies sobre el suelo de madera. Se irguió y agitó la cabeza para desperezarse. Sus largos rizos dorados captaron los primeros rayos del sol, que a esas horas de la mañana recién comenzaban a resbalar por entre las cortinas http://nimphie.blogspot.com.es

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del dormitorio. Lilium se volteó y se contempló al espejo. Suspiró. Su reflejo no le decía nada en absoluto. No sabía de quién había heredado el oro de su cabello, ni a qué cielo le habían robado el azul de sus ojos. Charles solía decirle que su boca era el paraíso, ¿de allí provenía él, entonces? ¿Lilium había nacido en el paraíso? Oh, seguramente era un bonito invento para ocultar la absurda realidad de que era un huérfano. Quizá lo había dejado allí mismo, en la entrada de la juguetería del famoso Charles Mignorance, como burlándose del futuro que el pequeño jamás podría tener. Lilium salió del dormitorio y entró en el baño. Canturreando una melodía que no recordaba dónde había oído, se lavó el cabello, se frotó las rodillas, refregó su espalda y luego, relajado por el vapor perfumado, dejó que la bañera se llenara de agua. Se quedó un rato allí, flotando sobre el agua fragante a jazmín, y repasó mentalmente las tareas del día. —Hoy no tenemos mucho que hacer —dijo en voz alta, y su cantarina voz rebotó por los azulejos, se deslizó entre las bocas de las gárgolas, flotó entre los pétalos de las flores artificiales que adornaban la ventana y cayó al agua, moribunda, como el suspiro de una ninfa herida. Lilium salió del agua, sacó el tapón de la bañera y comenzó a secarse el cabello. Tibios y luminosos sueños se entretejían en sus pensamientos, mientras el secador soplaba sobre su melena un viento caliente con aroma a fresas. Con un gruñido gutural, el secador escupió entre sus rizos una desagradable masa color rosa. Lilium soltó una grosería y arrancó aquella pegajosa porquería de su cabello. Miró el dorado secador con un profundo desagrado, como un niño mira a otro niño que le ha arrebatado su juguete favorito. Un invento de la competencia, por supuesto, de la compañía del taimado Jules Moon Fitzgerald. Si Charles hubiese fabricado aquel secador, jamás habría dejado que el aparatejo ensuciara su cabello. http://nimphie.blogspot.com.es

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Lilium abrió una ventana y se asomó apenas. Tympanus estaba cubierta por una densa niebla que parecía azúcar glasé. Lilium sonrió. Se imaginó alargando un dedo hasta la brillante catedral, arrancando sus torrecillas de chocolate y llevándoselas a la boca. No, hacía demasiado frío para bajar a la tienda con el cabello húmedo. Algo más animado, sacó de un cajón el frasco de perfume y lo vertió en el secador. —Me han contado una historia… —cantó, con los ojos cerrados y el cabello flotando a su alrededor como un encantamiento—, de nubes de algodón y cenizas de mar. Me han contado que el cielo suspira, si la luna se deja besar… Frunciendo su delicado ceño, Lilium tomó con la punta de los dedos un carmín rosa con sabor a miel. Con dos pinceladas, dio color a su boca y sonrió complacido al observar el resultado. —Oh, debo vestirme rápido. ¡Tengo que abrir la tienda! —Lilium tenía la extraña costumbre de hablar consigo mismo. Apresurado, tomó el vestido que había escogido para ese día y se deslizó rápidamente entre sus pliegues. De color rosa, tal como a Charles le gustaba. Casi todos los vestidos de Lilium eran rosados. Se acomodó los volados, los encajes, se colocó las medias y, finalmente, se calzó los zapatos y los guantes. El espejo del baño le devolvió su reflejo: una esbelta adolescente de ojos azules y cabello rubio, sospechosamente pálida, sospechosamente hermosa. Algo extraño había en ella, pero… ¿qué? Lilium bajó las escaleras a toda prisa. Los relojes de toda la mansión cantaban al mismo tiempo: eran las nueve de la mañana. Los viejos cucús salían de sus nidos y revoloteaban por los techos, llenando las alfombras de plumas. Uno de los pajarillos se posó en la cabeza de Lilium y, él asustado, lo apartó de un violento manotazo. El ave cayó al suelo y allí se deshizo, con un último chillido agónico, entre plumas y tuercas. Apenado, Lilium lo tomó entre sus manos, le dio un beso y lo guardó en el interior de su vestido. http://nimphie.blogspot.com.es

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JUGUETERIA EL MARAVILLOSO MUNDO DE MIGNORANCE El Paraíso de la Magia y la Aventura Mascotas – Muñecos – Juegos de Mesa – Rodados – Voladores – Navíos y submarinos Horario de Atención: Lunes a Sábados de 9 a 18 hs. Atendido por sus dueños Con una risita divertida, Lilium cambió el cartel de «Cerrado» a «Abierto». Se volteó. Ante él, una jungla de luces y colores brillaba, parpadeaba, susurraba y se escondía entre ojos de vidrio y plumas de pavo real. Allí arriba, sobre una montaña de cajas, dormitaban los muñecos de tamaño natural, con la cabeza caída sobre el hombro y un silbido ronco saliendo por entre sus labios de cereza. Sus vientres abultados subían y bajaban, y algunos, seguramente los que tenían la facultad de soñar, sacudían apenas sus manos y piernas. —¡A despertarse, dormilones! —chilló Lilium a todo pulmón. Los gatos abrieron los ojos y agitaron malhumorados sus colas de metal y pelo sintético. Los papagayos de plata comenzaron a batir sus alas, las bicicletas hicieron girar sus ruedas y las cajas musicales llenaron el salón de cientos de melodías distintas. Lilium se cubrió las orejas con las manos. —¡Sileeeeencio! —gritó. Todas las mañanas eran lo mismo. Los monos trepaban por las ventanas y Lilium tuvo que subirse a una escalera para obligar a uno de ellos a bajar. Lo llevó hasta la acera, donde lo dejó en penitencia, haciendo malabares y piruetas para atraer a los niños que pasaban por allí de la mano de sus padres o institutrices. En sus ratos libres, le había enseñado al mono a hacer reverencias, y las damas se sostenían http://nimphie.blogspot.com.es

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el pecho con las manos cuando el juguete se quitaba su pequeño bonete y se inclinaba ante ellas. Miró la hora. Justo a la nueve y cuarto, entró la muchacha de la cafetería de la esquina trayendo la bandeja de su desayuno. Un enjambre de pequeños zeppelines la siguió y uno de los monos le hizo una pomposa reverencia. —Su desayuno, señorita Mignorance —dijo la muchacha, apoyando la bandeja sobre el mostrador. —Su desayuno, señorita Mignorance, su desayuno señorita Mignorance —la imitaron los papagayos desde sus jaulas. Lilium le sonrió, le dio el dinero y le dijo que se quedara con el cambio. La muchacha salió de la juguetería a toda prisa. A las diez en punto, la campanilla de la tienda volvió a sonar. Lilium asomó los ojos por encima del libro que estaba leyendo, Las rarezas del cuerpo humano, y esbozó una sonrisa. La elegante dama buscaba un regalo para agasajar a su sobrina en su décimo cumpleaños. Lilium la guió por entre los laberintos llenos de muñecas rubias y ojos grandes como perlas, le mostró mariposas a cuerda que volaban hasta lo alto del techo, y peludos y simpáticos osos parlanchines, que bailaban agitando sus gordos traseros y batiendo palmas. Nada convencía a la refinada dama. Observaba todo con alborozado deleite, pero nada le parecía lo suficientemente bueno. Se llevaba las gafas a su empolvado rostro, alargaba el cuello hasta la cabeza de los muñecos, y fruncía los labios, indecisa. Lilium comenzaba a ponerse nervioso. No le gustaban esa clase de clientes. Usualmente, eran los niños los que decidían. Correteaban entre las galerías como torbellinos y deseaban llevarse absolutamente todo. Que un tigre en miniatura. Que un rompecabezas mágico. Que la casa encantada de la princesa Vivianne. Los padres sudaban bajo sus altísimas galeras y Lilium sonreía con cortesía cuando alargaban hacia su enguantada mano el fajo de billetes. http://nimphie.blogspot.com.es

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—Verás, querida —suspiró la dama, abatida—. Los juguetes de tu tío son maravillosos —la gente creía que Lilium era la sobrina de Charles Mignorance—, pero me parece que él ha olvidado que existen niños que… oh… cómo explicarlo, querida… niños que… —Lilium se inclinó hacia la dama y ella estiró su cuello de jirafa hacia él—: niños que han nacido sin la buena fortuna de poder observar estos prodigios. Lilium ahogó un delicado gemido de consternación. Sonrió, apenado, bajando la mirada. Luego, alzó su rubia cabeza y susurró educadamente: —Haberlo dicho antes, mi querida señora. Lilium llevó a la dama hasta el rincón de los libros. Eligió un enorme volumen forrado en piel y lo soltó a la altura de su pecho. El libro quedó flotando en el aire y Lilium tomó la mano de la señora, para mostrarle cómo funcionaba el producto. —Es El Maravilloso Libro de Kolkanor —explicó Lilium y antes de abrirlo, susurró—: Le sugiero que cierre los ojos. Hizo que la señora acariciara la cubierta: el libro ronroneó y se agitó, como un gato satisfecho. Cuando lo abrió, un coro de pajarillos comenzó a cantar y un aroma a pasto húmedo y flores silvestres rodeó a la dama como un misterioso velo. —En una aldea perdida en los valles de Kolkanor, siempre era primavera… —comenzó a narrar el libro con una suave voz que, extrañamente, era muy similar a la de Lilium. Unos minutos más tarde, la dama salía de la tienda feliz y complacida. Lilium la observó subirse a su coche, darle la orden a su chófer y contemplar la fachada de la juguetería con una agradecida sonrisa. Los minutos se sucedieron como un collar de perlas y de la tienda entraron y salieron varias personas; salieron, obviamente, con los bolsillos mucho menos abultados. Lilium vendió una caja musical, una muñeca bailarina, dos monos mecánicos, una bicicleta y una enorme cometa que simulaba ser un terrorífico murciélago. http://nimphie.blogspot.com.es

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Al mediodía bajó a la tienda el creador de todos aquellos prodigios, tal como había dicho la dama. Sorprendió a Lilium mientras hacía el inventario de los juguetes voladores: lo tomó por los hombros y el joven ahogó un grito y casi se desbarrancó escaleras abajo. —¡Charlie! —se quejó Lilium, agitando sus puños sobre la camisa de su amo—. ¡No hagas eso! El señor Mignorance rió, divertido con su reacción. Aferró a Lilium de la cintura y lo estrechó contra su cuerpo. Escondidos detrás de una torre de osos de peluche, ningún transeúnte que pasaba por la calle los vio mientras se besaban. Charles enredó entre sus dedos los rizos de Lilium y deslizó las manos por entre los pliegues de su vestido. Acarició con fruición la suave piel de sus muslos y el joven exhaló un débil suspiro de anhelo. —¿Has almorzado, cariño? —le preguntó Charles. Pidieron un exquisito plato hindú y bebieron vino blanco. Luego tomaron café y saborearon bombones de chocolate. Afortunadamente, ningún cliente interrumpió su almuerzo. —Charlie, mi secador de pelo se ha estropeado —dijo Lilium, mientras el caballero levantaba los platos. El hombre hizo un gesto de desagrado. No le gustaba meter en su mansión los productos de la competencia, pero él sencillamente carecía del talento para crear cosas útiles. Su pasión era el entretenimiento, la diversión, la magia, la maravilla, hacer realidad los sueños más alocados de los niños… o incluso de algunos adultos, pensó observando a Lilium. —Veré si puedo repararlo más tarde, cielo… ¿Has revisado el correo? Oh, Lilium lo había olvidado. A media mañana había llegado una dama muy elegante a buscar un juguete para su sobrina. Detalle de color: la criatura era ciega y la dama no lo había mencionado. Lilium le mostraba osos, muñecas, bailarinas a cuerda, títeres de madera, ranas saltarinas, carruseles musicales, gatitos que maullaban… nada http://nimphie.blogspot.com.es

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la complacía. Hasta que Lilium le mostró aquel libro de cuentos… ese que… —¿Charlie, me estás oyendo? Charles estaba de pie en medio de la juguetería y un silencio sepulcral parecía haber arropado a todos los juguetes, que siempre estaban armando alboroto. —Me han elegido, Lil —susurró el señor Mignorance con un hilo de voz. Entre sus manos temblorosas se agitaba una hoja de papel. Lilium agitó sus largas pestañas, sin comprender. —¡Me han elegido para diseñar el parque de diversiones de Tympanus! Esa tarde cerraron la tienda un rato antes. Charles quería festejar el evento y destapó su mejor champaña. A la medianoche, todas las luces de la mansión Mignorance estaban apagadas… todas menos las velas de cera de los aposentos de sus residentes. —¡Te ves tan bonito! —farfulló Charles, pintándole a Lilium los mofletes de un fuerte color rojo. Lilium se miró al espejo y estalló en carcajadas. Tenía el cabello revuelto y el vestido a medio sacar. Su broche de corazón estaba en el suelo, uno de sus zapatos dormía en el balcón y el otro, en un lugar inverosímil: flotaba en el retrete como un pez muerto en un lago. Y Charles no estaba mejor: tenía las mejillas encendidas por el alcohol, el moño de la corbata coronándole la cabeza y la camisa manchada con mouse de chocolate. Sin duda, aquella pintoresca pareja sabía festejar. Lilium se subió a la cama e hizo una reverencia muy parecida a la de los monos de juguete. Charles aplaudió y le tironeó del vestido. Lilium cayó pesadamente sobre el colchón y de un manotazo arrancó de cuajo las cortinas del dosel. Estallaron en una risa escandalosa. http://nimphie.blogspot.com.es

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—Ven acá… —susurró Charles, agitando los brazos para alcanzar a Lilium. Lo arrinconó contra la pared y le subió el vestido. El joven echó la cabeza hacia atrás y Charles acarició con la punta de los dedos la delicada y blanca piel de su cuello. —Deberemos cerrar la tienda este fin de semana —le dijo Charles al oído—. Iremos a visitar el sitio donde se construirá el parque de diversiones, tenemos dos boletos de tren reservados para el viernes por la noche… —Charles… ¿qué sueñas para el futuro? —le preguntó Lilium más tarde, cuando acabaron de hacer el amor. El señor Mignorance frunció el ceño. La leve borrachera ya se había disipado y ahora observaban en silencio el techo de la cama. La cortina rota estaba en el suelo y los pequeños artilugios de Charles emitían débiles destellos en medio de la penumbra. El ruiseñor estaba en el balcón, parado sobre la gárgola-reloj, mirando hacia la ciudad como si se avergonzara de llevar sus mecánicos ojos hacia las personas que descansaban sobre el lecho. —¿A qué te refieres, Lil? Tengo todo lo que quiero. No puedo desear nada más. Lilium se volteó y lo miró a los ojos. Charles le sonrió y lo besó. Luego, apagó las velas y lo rodeó con los brazos, dispuesto a dormirse. Lilium permaneció despierto largo rato. —Tú sabes a lo que me refiero, amor mío —le dijo con tristeza, antes de caer dormido. La reunión con los propietarios de El Mágico Mundo de Tympanus resultó todo un éxito. Luego de dos horas de amena charla e intercambio de ideas, el contrato que legaba a Charles Edmond Mignorance el diseño de las atracciones del parque de Tympanus se firmó sin ningún contratiempo. Eran hombres exigentes y deseaban http://nimphie.blogspot.com.es

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que la ciudad tuviera un parque de diversiones a su altura. Por eso habían elegido a tal noble artista del juguete para crear su maravillo mundo de fantasía. A sus órdenes quedaría un distinguido y reputado equipo de ingenieros, quienes se encargarían de la fabricación de carruseles, unicornios voladores, montañas rusas y demás fantásticas creaciones de Charles Mignorance. Los caballeros adularon el incomparable talento de Charles y no se recataron al revelar que siempre compraban regalos para sus hijos en su juguetería. ¿Quién era la hermosa y cortés doncella que atendía a los clientes? El señor era demasiado joven para ser padre de una muchacha de su edad, ¿o acaso el caballero había decidido internarse en la noble y espinosa tarea de la paternidad cuando era apenas un adolescente? —Oh, no, Lilium es mi sobrina, mi sobrina… —se había apresurado a mentir Charles, incómodo y nervioso. —Lilium, qué nombre tan delicioso para una flor tan exquisita —había exclamado Jules Moon Fitzgerald alzando una de sus puntiagudas cejas. Aparta tus sucios pensamientos de mi Lilium, bastardo, pensó Charles, sin dejar caer la sonrisa… Lilium bostezó y alargó los brazos, desperezándose. Corrió las cortinas y observó el paisaje. Ya estaban llegando al centro de Tympanus. El tren atravesaba el puente Stramonium, que unía el despampanante centro de la ciudad con la no tan glamorosa periferia. Lilium abrió la ventanilla y observó con los ojos entornados cómo las lujosas mansiones y centros comerciales resplandecían como luciérnagas. Esbozó una sonrisa divertida: a lo lejos se podía ver uno de los dirigibles de Charles. El globo flotaba remolonamente sobre las terrazas de las cafeterías e invitaba a cualquiera que osara mirarlo a visitar El Maravilloso Mundo de Mignorance, Paraíso de la Magia y la Aventura. Aunque había mucha niebla, desde el tren se podía leer bastante bien el mensaje del globo. http://nimphie.blogspot.com.es

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—La compañía Skull & DaVinci ha anunciado hoy… —comenzó a leer Charles, agitando con pompa las hojas del periódico. Lilium sacudió los hombros con coquetería y se inclinó hacia Charles para oírlo mejor—, que el famoso fabricante de juguetes Charles Mignorance, conocido internacionalmente por ser el mejor creador de mascotas mecánicas, será el encargado de diseñar las atracciones del parque de diversiones de Tympanus. Asimismo, el talentoso Jules Moon Fitzgerald… —Charles frunció la nariz—…proporcionará máquinas de refrescos, cafeteras, televisores… Charles aventó el periódico al suelo y Lilium sonrió con cautela. —Bueno, querido —suspiró el caballero, contemplando la densa niebla que rodeaba los picos de la catedral—. Supongo que a esto sabe la gloria. Pero cuando llegaron a la mansión, los esperaba, sin duda, un trago demasiado amargo. Un coche de la policía de Tympanus estaba aparcado junto a la tienda y había despertado a casi todos los juguetes. Los monos aplastaban sus hocicos contra el vidrio, asustados por la luz del coche patrulla; los zeppelines daban vueltas y vueltas en el techo, persiguiéndose; y las muñecas de tamaño natural estaban escondidas detrás de las pilas de osos de peluche. Los soldaditos se habían formado y apuntaban hacia el frente sus diminutos rifles. Un gordo y petiso policía contemplaba el panorama con evidente aprensión, mientras otro, alto y desgarbado, miraba fascinado a las princesas que le lanzaban besos desde el interior de sus castillos. —Parecen niñas de verdad, jefe —dijo el policía alto. —Dios me guarde… —exclamó el otro, santiguándose. Charles Mignorance le pagó al taxista, le dijo que se quedara con el cambio, y se bajó del coche de un salto. http://nimphie.blogspot.com.es

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—¿En qué puedo servirles, caballeros? ¿Desean algún juguete de mi tienda? Está cerrada, pero desde luego puedo permitirme abrir un momento para tan honrados servidores de la ley. —Señor Mignorance —saludaron los policías al mismo tiempo, sacándose sus boinas—. Señorita… Lilium inclinó la cabeza torpemente, nerviosa. Sus grandes ojos azules centelleaban como chispas bajo las farolas de la calle. —Lamentamos importunarlo en tan altas horas de la noche, sepa que no los habríamos molestado si no se tratara de una emergencia… El motivo de nuestra visita es… En ese momento, uno de los monos mecánicos golpeó el vidrio con la mano. Todos se giraron hacia él, sobresaltados. El policía gordo se balanceó sobre sus cortas piernas. —Sí —exclamó—. Exactamente. Invitaron a los policías a entrar. Lilium se apresuró a llenar la tetera de agua, hebras de té negro y azúcar (otra útil creación de Moon Fitzgerald) y sacó del aparador de la cocina una caja de galletas de jengibre. Minutos más tarde, la tetera comenzó a emitir un agudo silbido. Una fragancia a tierras exóticas salía por el pico, dibujando en el aire tibios arabescos de vapor. —Muchas gracias, señorita —agradecieron los policías, cuando Lilium sirvió el té. El policía gordo, que se había presentado como Lang, alargó la mano hasta la caja de galletas. Charles carraspeó con educación. —Señor Mignorance —dijo el policía delgado, que se había presentado como Twink—. ¿Qué puede decirnos sobre sus monos mecánicos? Charles alzó las cejas, sorprendido. —Pensé que no deseaban uno de mis juguetes… Lilium miraba a los tres hombres, intermitentemente. http://nimphie.blogspot.com.es

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—Verá, señor Mignorance —intervino el jefe Lang, luego de tragar la galleta—. Ayer por la noche tuvo lugar un crimen… —Terrible —finalizó Twink. —La hija de la distinguida Lady Noelia de Montrelance fue asesinada y… casualmente, el único testigo del hecho es uno de sus monos mecánicos. Lilium ahogó un pequeño grito. Charles Mignorance frunció el ceño y abrió la boca, incapaz de articular palabra. —Quisiéramos saber si acaso sus monos poseen alguna facultad… similar a la memoria… ya que lucen bastante… —Inteligentes —acabó Twink, otra vez. Charles Mignorance tomó un sorbo de té y se repantigó en su sofá, abatido. Suspiró. —La niña fue apuñalada y sabemos, por lo dicho por su madre, que era muy aficionada a ese… —Juguete. Charles chasqueó la lengua. El jefe Lang extrajo de su chaqueta un par de fotografías. Charles las contempló con horror y Lilium apartó la mirada, impresionado. En las fotos, el cuerpo de la desdichada niña yacía descuartizado sobre una alfombra persa. Sus órganos internos estaban desparramados sobre los volados de su vestido. Y en el fondo de la habitación, el mono mecánico, inmóvil, contemplaba la terrible escena con sus ojos vacíos. —Lo lamento, caballeros —dijo Charles—. Puede que mis monos luzcan inteligentes, pero no son más que máquinas, juguetes. —¿No podrían reconocer a quién mató a la niña? ¿Podrían servir en una rueda de reconocimiento? —El jefe Lang se inclinó hacia Charles—. Se sospecha del jardinero del palacio Montrelance. Es sabido que mantenía un… —Affaire… —… con Lady Noelia. Creemos que pudo haber sido una venganza. Charles Mignorance les devolvió la mirada, apenado. http://nimphie.blogspot.com.es

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—Son máquinas, mis queridos caballeros. No poseen inteligencia. Pueden saltar, caminar, bailar, repetir un par de palabras. Pero sería muy descarado de mi parte decir que he creado un muñeco capaz de pensar. Lo siento. Le enviaré mis condolencias a Lady Noelia, pues la pérdida de un hijo debe ser lo más parecido a la propia muerte. Lilium alzó la mirada hacia Charles. Con timidez, tomó una galleta y la masticó en silencio. Moría la tarde y en su taller, ubicado en lo alto de la mansión, Charles Mignorance observó complacido el boceto que acababa de finalizar. Se trataba de un caballo alado, un pegaso, que sería parte del carrusel principal del parque de diversiones. Sería de un brillante metal azul claro, con ojos que pestañearían cuando los niños se subieran a su lomo, y con grandes alas de plumas blancas. Sonrió, con los ojos cerrados. Se imaginaba a Lilium arriba de uno de ellos, aguardando que el aparato remontara vuelo… Luego, cuando el mecánico animal se elevara por los aires, su cabello rubio ondearía con el viento… Charles abrió los ojos, buscó su pipa (otra torpe creación de Moon Fitzgerald) y colocó en su interior una pizquita de aquello que guardaba en un pequeño frasco de vidrio rojo. Apretó un botón, y los pequeños mecanismos de la pipa se pusieron en marcha. Comenzó a fumar… Un vago sentimiento de bienestar muy parecido al que sentía después de hacer el amor comenzó a diluirse en su interior. Su boca se llenó de un sabor entre picante y amargo. Su mente se relajó y sus pensamientos se hicieron más fluidos, más lánguidos, más líquidos. Como las sustancias de la pipa, sus pensamientos habían cambiado de estado. Mientras una agradable sensación de cosquilleo se iba abriendo paso por su cuerpo, como si miles de patitas de insecto masajearan su piel, Charles olvidó el odio que sentía por Moon Fitzgerald (y el que Moon Fitzgerald sentía por él), olvidó el asesinato de la desdichada http://nimphie.blogspot.com.es

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hija de Lady Noelia… incluso olvidó a Lilium, quien, a pesar del amor que le profesaba, no podía darle una hija… Se puso de pie y caminó hasta los amplios ventanales. Corrió las cortinas. Faltaban un par de semanas para la Navidad y los escaparates de las tiendas ya estaban adornados con guirnaldas de muérdago y acebo. Una fina capa de nieve se había depositado sobre los autos estacionados, como si una mano gigante los hubiera untado de crema batida. En la lejanía, Charles observó el rastro de humo que dejaba a su paso el tren de Tympanus. —Charlie… —interrumpió Lilium, asomando su rubia cabeza por la puerta del taller. El caballero se giró, complacido por que Lilium lo hubiese interrumpido en ese extraño momento de inexplicable melancolía. Miró la pipa con recelo. Luego, la arrojó al cesto de basura. No volvería a fumar en ningún vulgar aparatejo salido de la fábrica de Moon Fitzgerald. Encargaría una nueva pipa a China o la India, si era necesario. —Cariño… Ven acá. Lilium corrió hasta sus brazos. Era domingo, la tienda estaba cerrada, y Lilium se entretenía leyendo libros de biología o cuidando de las orquídeas del invernadero. —Olvidé mencionarlo —susurró Lilium, haciéndose lugar entre los brazos de Charles—. Ayer vinieron las Abuelitas de la Caridad, me preguntaron si podríamos donar juguetes viejos para los niños del orfanato. Distraído, Charles deslizó los dedos por el vientre de Lilium, que ese día vestía un sencillo vestidito blanco, más parecido a un camisón. —Claro que sí, Lil —susurró, jugueteando con los lazos del vestido—. Elige tú. Lleva lo que te plazca… —Charlie, ¿te encuentras bien? Estás algo… ido. Cuando el taller de Charles se llenaba de aquel humo de olor nauseabundo, Lilium sabía que era mejor dejarlo solo. http://nimphie.blogspot.com.es

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Bajó a la juguetería. No deseaba despertar a los juguetes, así que decidió no encender las luces del salón. En su otra mano, Lilium arrastraba un carro con ruedas. Canturreaba entre dientes una melodía que, casualmente, tampoco recordaba dónde había oído. Una princesa Vivianne, una caja de soldaditos, un mono mecánico… Lilium fue tomando de las estanterías aquellos juguetes que ya estaban pasados de moda. Tampoco deseaba que la juguetería tuviera pérdidas importantes. Cuando hubo acabado, arrastró el carro hasta la puerta y miró hacia el exterior. ¿Era muy tarde, acaso? Faltaba un rato para que anocheciera y la iglesia no estaba muy lejos de allí. Iría caminando. Salió de la tienda pero, antes de que pudiera cerrar la puerta, uno de los zeppelines lo golpeó en la cabeza. —¡Mierda! —chilló Lilium. Dándose cuenta de que había dicho una grosería, se tapó la boca y miró a su alrededor. —¡Mierda, mierda! —repitieron los papagayos desde su jaula. —Vamos, sube —le dijo Lilium al zeppelín, que, contento, se lanzó al carro junto a los demás juguetes. Las calles del centro de Tympanus siempre estaban plenamente iluminadas. A veces, Lilium se escabullía de la mansión Mignorance como un fantasma y salía a recorrer las calles sin la compañía de Charles. Sospechaba que Charlie se daba cuenta, sin embargo, no decía ni preguntaba nada. Como fuera, Lilium no hacía ninguna travesura durante sus escapadas. En ocasiones, se compraba un altísimo cucurucho de frambuesa y lo lamía mientras miraba pasar la gente por la calle. O llegaba hasta el Callejón de los Artistas y contemplaba las obras de arte; y cuando algún taimado pintor le ofrecía posar para él, encantado con su hermoso rostro de muñeca, se negaba con cortesía, daba la media vuelta y emprendía el regreso a casa. http://nimphie.blogspot.com.es

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Esa noche sería diferente, pues debía ir a la iglesia a dejar los juguetes. No obstante, en su camino se detuvo junto a la fuente de la plaza, sacó una moneda del interior de su abrigo y la lanzó al agua, con un deseo murmurado balanceándose entre sus labios. La sirena de la fuente inclinó la cabeza, agradecida. En la iglesia, las ancianas recibieron los juguetes con suma alegría. Besaron a Lilium en ambas mejillas y le dijeron que Dios colmaría de bendiciones a su tío Charles. Un tanto incómodo ante tal fanatismo religioso (¿qué dirían aquellas señoras si vieran lo que Charles guardaba en su frasco de vidrio rojo? ¿Y si se enteraban de eso que hacían ella y su tío por las noches?). Lilium se despidió de las Abuelitas de la Caridad y salió de la iglesia a toda prisa. El veinticuatro de diciembre, la juguetería permanecería abierta todo el día. Padres, madres, tíos, padrinos, madrinas, hermanos y hermanas mayores… todos hacían fila en la puerta de la tienda para comprar el juguete que colocarían bajo el árbol de Navidad. Charles había diseñado un árbol musical que cantaba villancicos y los zeppelines dejaban caer sobre los clientes finos copos de nieve artificial, que se deshacían al hacer contacto con sus galeras y peinados. Obviamente, la fecha exigía que el propio Charles Mignorance atendiera a los clientes en persona, no solo para que los caballeros conocieran su rostro, sino porque el pobre Lilium no daba abasto con todo. Princesas Vivianne fueron envueltas en brillante papel de regalo, osos de peluche fueron encerrados en cajitas de cartón, castillos fueron desarmados para que las damas pudieran meterlos en sus coches… Sin embargo, nadie se llevaba los monos. El crimen de la hija de Lady Noelia todavía seguía en boca de todos y, aunque los monos mecánicos habían sido furor hacía tan solo un par de meses, http://nimphie.blogspot.com.es

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ahora, los pobres primates de pelo y metal observaban, consternados, cómo los demás juguetes salían de la tienda para encontrar el arropo de los brazos de un niño mientras ellos permanecían allí, solos y sin dueño. Si nadie los quería, serían una terrible pérdida para la tienda, pensaba Lilium. Incluso podía oír a los clientes cuchichear y mirarlos con recelo: —Querían que el mono testificara, ¿quién puede ser tan idiota? —Dicen que la mató el jardinero, pero algunos piensan que fue su propia madre… —Estaba abierta en canal y le faltaban algunos órganos… —Cielo —le susurró Charles en voz baja, cuando Lilium pasó junto a él a toda velocidad arrastrando un caballito. Eran las ocho y cuarto de la noche—. Anuncia que cerraremos en una hora, tenemos que vestirnos para ir a la fiesta. Charles y Lilium habían sido invitados al baile de Navidad que ofrecerían Skull & DaVinci. Si bien deberían encontrarse con el detestable Jules Moon Fitzgerald y su séquito de besatraseros igual de detestables, Charles no podía permitirse ausentarse a tal evento. Habría sido una terrible descortesía. Charles se despidió del último cliente y le dijo a Lilium que iría a darse una ducha rápida. Y Lilium estaba a punto de apagar la última luz del salón cuando vio a una muchacha parada allí, detrás de la puerta, contemplando los juguetes sin atreverse a entrar. —¿Qué se le ofrece, señora? Estoy a punto de cerrar. Lilium observó que en realidad no era tan joven como parecía. Llevaba un vestido raído y unos zapatos viejos que suplicaban por pasar a mejor vida. La mujer contempló a Lilium con evidente pena. —Oh… no… no, señorita. Solo miraba. —Sonrió con pesadumbre—. Oh, quizá… ¿Quizá el señor Mignorance tiene algún juguete viejo…? ¿Algún muñeco pasado de moda? http://nimphie.blogspot.com.es

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Lilium le dirigió a la muchacha una sonrisa de oreja a oreja. Los ojos de la joven mujer se iluminaron como piedras preciosas al ver a Lilium traer en brazos un gracioso mono mecánico. En el salón del palacio DaVinci, el licor y la música fluían como de una fuente encantada. Las risas escapaban de las bocas de las damas como palomas asustadas, las propuestas indecentes resbalaban por las barbas de los caballeros como astutos reptiles, las pipas quemaban resinas extraídas de plantas exóticas y las parejas se escabullían pasillos adentro, en busca de un lugar más cómodo donde consumar su pasión. Charles estaba un tanto nervioso. No le gustaba el ambiente de la fiesta, sentía que era un lugar inadecuado para un ser tan puro y hermoso como Lilium. Sin embargo, allí estaban, en uno de los balcones del salón, e irse antes del amanecer habría sido un insulto. Jules Moon Fitzgerald acechaba a las doncellas como una regordeta abeja sobre un campo de violetas. Si el descarado se atrevía a acercarse a Lilium, Charles no estaba seguro de poder mantener la compostura. Bebió de un trago toda la champaña al ver que el maldito se acercaba hacia ellos, sonriendo como una hiena. —Oh, mi querido Charles, ¿cómo has estado últimamente? Me contó una avecilla que recibiste una visita de la policía por culpa de uno de tus… juguetes. Charles parpadeó, confundido. —Oh, mi bellísima dama, perdone mi descortesía —le dijo a Lilium—, su hermosura debe de haberme cegado por un momento, ¿cómo lo está pasando? —Bien, hasta ahora, señor —exclamó Lilium, mordaz. Charles ahogó una risita. Moon Fitzgerald disimuló el temblor de su bigote. —Oh, pero tal hermosa dama puede pasarlo bien cuando quiera, de eso no me cabe la menor duda… —Lilium frunció la nariz al sentir el fétido aroma a alcohol que despedía su aliento. http://nimphie.blogspot.com.es

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—Deja a mi sobrina en paz o te meteré la pipa por el culo, Moon —amenazó Charles, que también estaba algo desinhibido por las drogas y el alcohol. —¿Oh, sí? ¿Qué harás? ¿Enviarás uno de tus monos a matarme? Charles abrió los ojos hasta que le dolieron. Lilium soltó la copa de champaña, que estalló en el suelo como una explosión. —¿Qué demo…? —Ajá… —Jules Moon Fitzgerald se acercó a ellos, con una malvada sonrisa dibujada en el rostro—. Tengo el poder necesario para hacer correr los rumores, Mignorance, no lo dudes. Y sabes que te ganaste un terrible enemigo cuando rechazaste trabajar para mí. Dicho eso, el hombre salió del balcón, dejando a la pareja muda de espanto. —¡Atención, damas y caballeros! —exclamó una voz, desde el salón. Francis DaVinci estaba allí, junto a su socio, William Skull. Ambos señores vestían sobrios trajes negro y sonreían a sus invitados con los ojos brillantes por el alcohol y demás sustancias. —En primer lugar, quisiéramos agradecerles nuevamente su presencia en mi humilde morada. ¡Tenemos una excelente noticia para darles! Como bien sabrán, hace unos meses firmamos con el talentoso Charles Mignorance, artista del juguete, el diseño del parque de diversiones de Tympanus. ¡Pues bien! Hace tan solo unos días, nuestro querido Charles nos ha presentado el proyecto terminado. Solo una palabra para describirlo, mis queridas señoras, mis honrados caballeros: ¡FABULOSO! Una oleada de aplausos sacudió el salón. Los escotes de las damas se balancearon cuando ellas sacudían los brazos y algunos señores, seguramente los más alcoholizados, olvidaron que tenían la pipa entre las manos y estas cayeron al suelo, donde se transformaron en un montón de chispas y metal. Charles y Lilium no reaccionaron a la ovación. Las palabras de Jules Moon Fitzgerald todavía resonaban en sus oídos. http://nimphie.blogspot.com.es

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No era usual que Lilium fumara junto a Charles, pero a veces el caballero consentía en que se colocaran juntos. Y sin duda, la amenaza de aquel bastardo era motivo suficiente para esa noche. Sumergidos en la bañera repleta de agua perfumada, Lilium y Charles se pasaban la pipa y dejaban que las sustancias los arrastraran a sitios más amenos. El humo del opio se mezclaba con el vapor del agua. Cuando hubieron acabado, se quedaron inmóviles y en silencio. Ninguno sabía qué decir. La superficie del agua estaba quieta como un espejo. Saboreando los restos de humo en su boca, Charles contempló los rizos mojados de Lilium, su cuello, su pecho sin pechos, su vientre… Oh, su vientre… Charles entornó los ojos. Lilium estaba a punto de quedarse dormido. Cuando su cabeza cayó inerte sobre su hombro, Charles salió del agua, lo tomó en brazos y se dirigió con él al taller. Lo colocó sobre una mesa y justo cuando se disponía a secarlo, un ruido seco se oyó desde la ventana. —Vamos, entra —le dijo Charles al mono mecánico. Cerró la ventana de un golpe y miró hacia la calle. Nadie. Por suerte—. Dame la bolsa, ¡dámela! Charles le arrancó al mono la bolsa de las manos. En su interior, una masa de carne humana todavía caliente rezumaba sangre y sueños perdidos. —Espero que esta vez no sea de una impúber —masculló, sacando el útero de la bolsa. ¿Qué tan difícil podría ser crear y ensamblar ese juguete? se preguntó Charles Mignorance, contemplando al Lilium dormido.

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