Las chicas del jazz se hacen escuchar

y Castilla. Piro alcanza el pico de su madurez como intérprete y le da nueva vida .... había adelantado cuál era su forma ... señaló una mayor carga de humor,.
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Espectáculos

Página 8/LA NACION

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Domingo 20 de junio de 2010

MUSICA/DANZA (Grabaciones)

(La compactera)

la página de los discos

DVD

Habitantes de mi tierra

Especial para los fans más fans de Harrison

Noticias del monte, Habitantes de mi tierra, Para cantarte mis coplas, Romance de abril, Juan Alonso, el hornero; Zamba triste, El sedero de la libertad y otros (Latitud Sur).

Orellana-Lucca

Si John Lennon tuvo su “fin de semana perdido”, George Harrison tuvo también su temporada “perdida”. Aunque en otro sentido. El documental A beatle in Benton, Illinois, que acaba de editar entre nosotros Leader Music, se dedica a investigar las dos semanas, en septiembre de 1963, en que Harrison estuvo en los Estados Unidos para visitar a su hermana Louise, que se había mudado allí poco antes. Su estadía en Benton, un pequeño pueblo de Illinois, es recordada aquí casi momento a momento. Y no es que haya mucho que recordar. El documental incluye entrevistas a los que estuvieron en contacto con el beatle, como dos de los integrantes del grupo local The Four Vests, con los que Harrison compartió algunos temas en dos shows de la banda (cuentan, además, los “yeites” de rock and roll y country que le pasaron, y los discos que compró en la disquería del pueblo) y con Marcia Rauback, quien asegura haber sido la primera en pasar un tema de los Beatles en los Estados Unidos en la radio (entonces la banda ya era conocida en Inglaterra, pero faltaban unos meses para la famosa presentación en el Ed Sullivan Show). Dice ella que Harrison fue a la radio y que el encuentro fue filmado, aunque no se vea aquí (no hay imágenes ni audio de entonces, vale aclarar). Queda además, la “epopeya” de un fan, Bob Bartel, impulsor del documental, para evitar que se demoliera la casa de Louise, un lugar que no duda en calificar de “histórico”. No es mucho lo que hay, como se ve, pero se lo exprime hasta tal punto que, por momentos, el documental parece una broma sobre el fanatismo.

Adriana Franco

Ligia Piro grabó con Juan Cruz de Urquiza

Barbie Martínez, un disco debut que sorprende ARCHIVO/NESPOLO

Las chicas del jazz se hacen escuchar Nuevas ediciones de Ligia Piro y Barbie Martínez; y los próximos estrenos de Raventos, Oliver, Eubel y Amed Este 2010 también pasará a la historia como el año en el que algunas mujeres argentinas levantaron la voz y se hicieron escuchar como nunca. Puede sonar a manifiesto feminista, pero en estas líneas, al menos, de lo que se trata es de un puñado de talentosas cantantes argentinas de jazz que irrumpieron hace años con una tímida fuerza, pero hoy se están consolidando como un fenómeno que excede la cuestión de género. Dos de las que mejor simbolizan este boom son una de las vocalistas más experimentadas de la escena jazzera local, Ligia Piro, que acaba de lanzar su cuarto disco, Strange Fruit, y una de las nuevas artistas que ya dejó de ser una promesa, Barbie Martínez, que editó hace pocos meses su sorprendente primer álbum, Swing!. Pero ellas no estarán solas en las bateas: para los próximos meses se esperan las novedades discográficas de Guadalupe Raventos, una de las principales figuras locales del jazz cantado (se llamará Lady y saldrá en octubre por Melopea); de Delfina Oliver, otra de nuestras estilizadas voces (Camino, una producción inde-

pendiente que aparecerá en agosto); de Eleonora Eubel, una de las más vanguardistas cantantes y compositoras (el CD ya está terminado, pero aún no tiene fecha de edición), y de otra artista original como Roxana Amed (Cinemateca finlandesa se llamará el álbum a dúo con el pianista Adrián Iaies, que se grabará el próximo fin de semana y se presentará en octubre). Strange Fruit, la nueva obra de Ligia Piro, es el fruto maduro de una artista que no para de crecer, en este caso asociada luminosamente con el trompetista Juan Cruz de Urquiza, a cargo de la producción artística, los arreglos y la dirección musical. Una tarea clave en cualquier proyecto artístico, pero en este caso de complicada factura porque aquí la hija de Susana Rinaldi no recorrió un camino previsible: la acompaña una sección de vientos de ocho integrantes, en un repertorio poco convencional. Es que hay standards de lo más emblemáticos, como la canción inmortalizada por Billie Holiday que da su nombre al disco, pero también una suerte de categoría de nuevo

standard que no proviene del jazz, como la rockera “Message in a Bottle”, de Sting; el clásico bolero “Noche de ronda” y esa obra maestra de nuestro folklore llamada “Debajo del sauce solo”, de Valladares y Castilla. Piro alcanza el pico de su madurez como intérprete y le da nueva vida a estos temas, que tampoco suenan fáciles, sino tejidos en una trama que sostienen un gran trompetista como Urquiza y sus siete magníficos: Richard Nant en trompeta, Juan Scalona y Juan Canosa en trombón, y Ramiro Flores, Ricardo Cavalli, Gustavo Musso y Víctor Skorupski en saxo. Nada sería igual, claro está, sin el aporte decisivo de Diego Schissi en piano, Carlos Alvarez en contrabajo y Daniel “Pipi” Piazzolla en batería. La complejidad de Strange Fruit tiene su contracara en Swing!, la ópera prima de Barbie Martínez. No parece un primer disco de una cantante tan joven, en el que suelen predominar los tanteos, las indefiniciones, las obsesiones, antes que ciertos logros en la dirección de un lenguaje propio.

Los jóvenes creadores y cantores conocidos por su grupo Presagio trazan en su nuevo disco Habitantes de mi tierra, un recorrido por el legado de los músicos quichuistas y el porvenir autoral de la nueva generación: un buen termómetro de la música santiagueña actual. Hijos de la nueva canción creada por Jacinto Piedra, Peteco Carabajal y Horacio Banegas en los ochenta, este dúo incorpora el mensaje, el baile y el terruño. El sonido criollo y sachero del bandoneón y el bombo se entremezcla con un audio más contemporáneo. Orrellana y Lucca mantienen esa sensibilidad para generar nuevos hits dentro del repertorio joven de la música de raíz con chacareras como “Para cantarte mis coplas”; o zambas como “Romance de abril”, una de las especialidades del grupo.

Gabriel Plaza Manzi por Caracol Caracol

Aquí no hay un intento de innovación en sí mismo, aunque sí en materia de una relectura propia y virtuosa de once temas y un bonus track que se enrolan en esa categoría de “standards de jazz que sabemos todos”. Barbie maneja su voz como si no lo hiciera, con una naturalidad que conmueve y unos recursos notables, aplicados a contramano de las inseguridades de cualquier debutante. Hay que escucharla superar el desafío de la compleja “Dat Dere”, de Bobby Timmons, y cómo contagia sensualidad en un blues incandescente como “Don’t Touch Me”. El otro secreto de este muy buen disco son los músicos: el pianista Miguel Marengo es una revelación a fuerza de creatividad, mientras que invitados como Carlos Lastra, en saxo; Pedro Rossi, en guitarra, y el legendario Angel Sucheras, en piano, son el complemento ideal para un voz en ascenso dentro de una escena poblada, por suerte, de tantas buenas voces femeninas que se hacen escuchar en el revitalizado jazz nacional.

Lo primero que sobresale en este disco es el repertorio y la calidad artística alcanzada por el autor de los temas: Homero Manzi, uno de los más grandes letristas de la música popular argentina del siglo XX. Aquí están esos clásicos inoxidables que escribió con compositores como Troilo, Demare, Dames y Lipesker, entre otros. Y si muchos de estos tangos suenan como ideales para tardes de lluvia, esa presunción se confirma cuando son escuchados en la voz de Caracol, cálida y asentada sobre la parte baja de su registro. Aunque no todas las versiones adquieran el mismo vuelo (hay varios altibajos en este disco) Roberto “Caracol” Paviotti crea buena química con su pianista y arreglador musical, Tato Finocchi, y con el resto de los músicos. Con un estilo que mezcla el perfil de cantor con el de decidor, Caracol saborea con placer cada palabra de estos magníficos tangos.

Ricardo Carpena

Mauro Apicella

Barrio de tango, Malena, Fuimos, Milonga triste, Tal vez será su voz; Che, bandoneón; Fruta amarga, Gota de lluvia, El último organito (Edición independiente).

JULIAN BONGIOVANNI

Los protagonistas estuvieron a la altura de la buena fama que tiene este ballet

Un Don Quijote para descubrir El Ballet Imperial Ruso presentó una particular versión de un clásico legendario Bueno ((( Ballet Imperial de Rusia. En Don Quijote. Música de Minkus; coreografía de Gediminas Taranda, sobre la original de Gorsky y Petipa. Teatro Coliseo.

Don Quijote es, además de un clásico del repertorio de ballet, una pieza que a 150 años de su première en el Bolshoi sigue siendo extraordinariamente atractiva. Y son varias las cualidades que tiene para que el gran público –no sólo el más avezado– encuentre irresistible cada ocasión de ver esta coreografía inspirada en el libro de Cervantes Saavedra, que constituye una obra maestra en sí misma. Por ejemplo: que su hilván narrativo traza una historia fácil de seguir; que el colorido español pone a bullir la sangre de los intérpretes y enciende trajes y escenografías; que es muy fluida la acción de un numeroso cuerpo de baile en escena; que el humor se cuela por las rendijas de los personajes; que tiene un pas de deux final que todo mortal ha aplaudido con ganas por lo menos una vez en su vida, con sus giros, saltos y variaciones. Por esto, Don Quijote es un ballet popular. Y por lo mismo es un desafío grande aggiornare este gran inoxidable. Anteanoche, en el Coliseo, el Ballet Imperial de Rusia –creado por Maya Plisetskaya hace 16 años– debutó en nuestro país subido a este caballito infalible. Trajo una tercera revisión

de su director, Gediminas Taranda, sobre el Don Quijote original (aunque el programa de mano se olvide de citar a Petipa, entre otras desatenciones varias del cuadernillo). Y vaya si las diferencias entre éste y aquél se hicieron notar. Fresco en la memoria de quienes, por última vez, vieron en octubre último en el mismo teatro una muy buena actuación del Ballet del Colón, los contrastes entre la versión de Zarko Prebil que se ve aquí desde 1980 y la del Ballet Imperial Ruso son numerosos.

Diferencias En diversas entrevistas –incluyendo la que publicó LA NACION el jueves– el ex bailarín y coreógrafo ya había adelantado cuál era su forma de remozar la tradición y volverla más “dinámica, alegre y colorida”. Anticipó la incorporación de nuevas danzas, una gitana y otra flamenca con castañuelas (que se vieron en los estructuralmente muy trastocados segundo y tercer acto). Incluso en sus declaraciones, se refirió a la incorporación de un fragmento operístico, con una cantante en vivo que, al menos en la función del viernes, no se apreció. También señaló una mayor carga de humor, dada por el subrayado en la pantomima de personajes como Lorenzo, el padre de Kitri (el hermano de Taranda arengó a la platea para que acompañara la acción con las palmas) y el afrancesado Camacho (curiosa su capa celeste alla bandera argentina).

Sin orquesta, sobre una grabación que sonó algo apagada, la coreografía corrió dinámica. En cuanto a lo formal, hay que decir que simplifica la original. El Ballet Imperial se hace fuerte en las danzas de conjunto, donde deja ver un unísono perfecto, pero pierde fuerza en otros pasajes, como el de los toreros, sin la energía característica a la hora del capeo. Otra curiosidad: en vez de cuchillos, aquí son vasos los que ellos ofrecen a la Mujer de la Calle (de gran presencia escénica, una de las mejores solistas de la noche) para su variación. También es para destacar la actuación de las dos amigas, expresivas y comprometidas con su rol. Los protagonistas (Maria Sokolnikova como Kitri y Nariman Behzhanov, Basilio) estuvieron a la altura de la buena fama que tiene este ballet. El, más compenetrado en el aspecto interpretativo que ella, a quien se vio en muy buena línea, liviana en los saltos y con generosas aberturas, pero distante del candor español. Del célebre grand pas de deux del tercer acto se advierte un cambio en su forma convencional. Taranda mecha entre las variaciones de los protagonistas una por cada Amiga. Por suerte, el aggiornamento general de la obra, que desdibuja los famosos equilibrios, respeta los deslumbrantes fouettés de ella y los grandes saltos de él, que al final, como siempre, la platea celebra por su virtuosismo técnico.

Constanza Bertolini