la sociedad del conocimiento

18 feb. 2015 - primer orden, es decir, introdujo el conocimiento en la ecuación ... En Internet solo obtenemos datos dispersos, incompletos e inconexos.
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Miércoles, 18 de febrero de 2015

LA SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO

El término fue acuñado en 1969 por Peter Drucker para designar una idea concreta y perfectamente delimitada. Drucker estableció la relevancia del saber como factor económico de primer orden, es decir, introdujo el conocimiento en la ecuación económica. Dejó claro además, que lo relevante desde el punto de vista económico era su capacidad para generar riqueza. Hoy, cuarenta años después, el término ha trascendido del círculo especializado de los expertos en economía y se ha convertido en un lugar común. Los políticos lo insertan en sus discursos para teñirlos de optimismo, los actores del mundo económico lo recitan, y muchos ciudadanos de a pie lo interpretan como el futuro deseable. La Sociedad del Conocimiento se ha convertido en una nueva utopía. En una esperanza para tiempos desesperados. Es evidente que el origen inmediato del potencial utópico de la idea de una Sociedad del Conocimiento reside en su capacidad para proporcionarnos respuestas creíbles a la principal incertidumbre que nos plantea la dinámica del mundo actual: los efectos sobre la obsolescencia de muchas actividades que fueron, durante largo tiempo, el motor para generar los recursos que garantizaban nuestra prosperidad. Buena parte de lo planteado por Druker es hoy una realidad. La tecnología ha propiciado el surgimiento de una Sociedad de la Información, en la cual la acumulación de conocimiento se ha convertido en el elemento determinante para mantenerse a flote entre las turbulencias provocadas por una desbocada dinámica de cambio. Las TIC´s (Tecnologías de Información y Comunicaciones) en un período inferior a una década han transformado radicalmente nuestra forma de acceder a aquello que genéricamente se denomina “información”. Se nos persuade que a través de Internet tenemos acceso libre e instantáneo al conocimiento acumulado de toda la humanidad, y a todos los hechos que se producen en el orbe. El discurso actual da por sentado que las nuevas herramientas para manipular y acceder a la información nos van a convertir en personas más informadas, más productivas, con opinión propia, más independientes y más capaces de entender el mundo que nos rodea. Lamentablemente, esto es un error. En Internet solo obtenemos datos dispersos, incompletos e inconexos. La verdadera información, la que puede ser consumida con confiabilidad y garantía para ganar tiempo y precisión, se encuentra en la infranet, aquella sección de la web constituida por miles de sitios especializados

cuyos textos no pueden ser indexados (y encontrados) por las herramientas Google y otros buscadores, ya que sus contenidos se encuentran protegidos del libre acceso. La información de calidad localizada en la infranet no está disponible para consumo gratuito, porque dicha información debe ser construida a partir de la materia prima que son los datos dispersos. Sin importar de qué disciplina se trate, esta materia prima debe ser filtrada, capturada y seleccionada, para luego, con la participación de expertos, procesada, catalogada y validada. Pero hasta este punto solo se ha construido una tradicional biblioteca. El desafío mayor de los proveedores de información de calidad consiste en mantener bases de datos confiables y actualizadas. Esto significa detectar, registrar e incorporar los cambios que se producen diariamente, moviendo a recipientes históricos la documentación obsoleta, y a medida que aumenta la complejidad, proveer de nuevos métodos de búsqueda y vinculación entre los textos. En suma, la información de calidad es el resultado de un proceso sistemático y complejo de agregar valor a los “datos crudos”, y ella no está disponible libremente en Internet, sino bajo suscripción. Pero los resultados de utilizar información de calidad se pueden medir objetivamente, cuando se aumenta significativamente la productividad, ahorrando tiempo y ganando en precisión.

Leonardo Hernández Walker, MBA, MPA LEXIS S.A.

Gerente General  [email protected]