La iglesia

23 ago. 2014 - ral es hacia la degeneración, y a esto se lo denomina entropía. Para que algo se perfec- cione deben hacerse esfuerzos en ese sentido, por lo ...
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COMENTARIOS DE LA LECCIÓN DE ESCUELA SABÁTICA III Trimestre de 2014

Las enseñanzas de Jesús

Prof. Sikberto R. Marks Lección 8 23 de agosto de 2014

La iglesia Prof. Sikberto Renaldo Marks Versículo para Memorizar: “Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste” (Juan 17:20, 21).

Introducción Iglesia es el nombre actual del pueblo de Dios. Hubo un pueblo de Dios en todas las épocas. Eso comenzó con Adán y Eva, continuó con sus hijos, y se extendió hasta Noé, en tiempos del Diluvio. Con la entrada del pecado, se dieron dos grupos: el del pueblo de Dios y el de los hijos de los hombres. Aunque los hijos de Dios fueran pecadores, estaban buscando obedecer al Creador. Pero los hijos de los hombres se volvieron cada vez más malvados, hasta que Dios tuvo que destruirlos, pues su existencia amenazaba la vida del remanente fiel. Luego de Noé, unos 400 años después, Dios llamó a Abrahán, e hizo de él su pueblo especial, que continuó en los israelitas y, más tarde, a los judíos. Este pueblo también dejó de existir como nación, y fue sustituido por la iglesia fundada por Jesús. Esta iglesia no es otra cosa que la continuidad de la antigua nación hebrea, y la de los hijos de Dios antes del Diluvio, descendientes de Adán y Eva. Hoy estamos en los tiempos finales. Es la iglesia la que cumplirá las últimas profecías, y a la que le fue encomendada el anuncio de la Segunda venida de Cristo, así como los judíos deberían haber proclamado la primera. Es grande la responsabilidad de la iglesia, es decir, nuestra responsabilidad. Cada uno debe hacerse cargo de ella.

El fundamento de la iglesia El Señor Jesucristo fundó el mundo, al crearlo. Fundó el pueblo de Israel, cuando escogió a Abrahán, y luego cuando constituyó un pueblo en Canaán. Y fue también Jesús quien se convirtió en el fundamento de la iglesia. Siempre estuvo al comando en la historia de la humanidad. Y será Él quien establecerá su reino eterno con los salvados de este mundo. Es el fundamento de los dos sistemas que albergaron el pueblo remanente en este planeta. Recursos Escuela Sabática ©

“’Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo’ (1 Corintios 3:11). ‘Sobre esta piedra --dijo Jesús,-- edificaré mi iglesia’ (Mateo 16:18). En la presencia de Dios y de todos los seres celestiales, en la presencia del invisible ejército del infierno, Cristo fundó su iglesia sobre la Roca viva. Esa Roca es él mismo, su propio cuerpo quebrantado y herido por nosotros. Contra la iglesia edificada sobre ese fundamento, no prevalecerán las puertas del infierno” (Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes, p. 381). Jesús, conversando con Pedro, el más dispuesto entre los discípulos, muchas veces precipitado y apresurado, le dijo que él era apenas una pequeña piedra, digamos, casi despreciable. Nunca se usaba en aquellos tiempos una piedra pequeña como cimiento de alguna edificación. Hoy se hace concreto (hormigón armado) con hierro, y se transforman las piedras pequeñas en un único bloque macizo. Pero en los tiempos antiguos, cuando no existía el recurso del cemento y del hierro en barras, la única manera de establecer un firme cimiento era usando grandes piedras, de forma regular, cortadas especialmente para ese fin. Existía la costumbre de colocar en cada rincón una piedra aún más grande, que sirviera de piedra angular, y parece que en el ángulo frontal derecho se colocaba la primera piedra, la que daba inicio a toda la construcción, llamada “piedra angular principal”. Era esa la que representaba a Jesucristo como la Piedra principal de la iglesia. Fue sobre esto que Jesús le explicó a Pedro: “También te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta Roca edificaré mi iglesia, y las puertas de la muerte no prevalecerán contra ella” (Mateo 16:18). Jesús es la Piedra principal. “Si es que habéis gustado que el Señor es bueno. Acercaos a Él. Piedra viva, reprobada por los hombres, pero elegida y preciosa para Dios. Vosotros también, como piedras vivas, estáis siendo edificados en un a casa espiritual, en un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, agradables a Dios por medio de Jesucristo. Por eso dice la Escritura: ‘Pongo en Sión la principal Piedra del ángulo, elegida, preciosa. El que crea en ella, no será defraudado’. Pero vosotros que creéis, Él es precioso. Para los incrédulos, ‘la Piedra que los edificadores desecharon, vino a ser la Piedra angular; piedra de tropiezo y roca de escándalo’. Tropiezan porque desobedecen la Palabra. Para eso fueron ordenados” (1 Pedro 2:3-8).

La oración de Jesús por la unidad La oración de Jesús por la unidad tiene motivaciones esperadas. Los seres humanos tienden a la discordia y al sectarismo. Además, al ser humano le gusta el partidismo, defender incondicionalmente sus propios intereses, y pelearse. Alcanza con ver qué clase de películas más se comercializa. No son aquellas en las que ningún conflicto aparece, sino donde hay lucha, intriga, traiciones, polémicas, y violencia. Se necesita mucha oración para que exista armonía en algún lugar de este planeta. Esta tendencia la heredamos, y se inició en los albores de la acción del pecado en esta tierra, con la muerte de Abel a manos de Caín. “Cuando los rabinos supieron de la presencia de Jesús en la fiesta de Mateo, aprovecharon la oportunidad para acusarle. Pero decidieron obrar por medio de los discípulos. Despertando sus prejuicios, esperaban enajenarlos de su Maestro. Su recurso consistió en acusar a Cristo ante los discípulos, y a los discípulos ante Cristo, dirigiendo sus flechas adonde había más probabilidad de producir heridas. Así ha obrado Satanás desde Recursos Escuela Sabática ©

que manifestó desafecto en el cielo; y todos los que tratan de causar discordia y enajenamiento son impulsados por su espíritu” (El Deseado de todas las gentes, p. 240). ¿Qué cuestiones tenemos en la actualidad que más provocan la ausencia de armonía entre nosotros, pueblo de Dios? Según algunos estudiosos, la mayor polémica dentro de la iglesia es acerca del uso de tambores en la alabanza. En tiempos de David se escogieron los instrumentos para el uso en el Templo, y no había tambores. Elena G. de White advirtió contra la música bulliciosa junto a la danza, y destacó un instrumento que formaría parte de ellos, condenándolo: los tambores. Y pareciera que no podemos estar sin ellos. Desde la antigüedad fueron utilizados para llamar a los espíritus. No obstante, se está polemizando al respecto, bien cerca de la Segunda venida, tal como lo profetizó la sierva del Señor. Hay otros temas que son generadores de polémicas: el vegetarianismo (por increíble que parezca); la naturaleza del Espíritu Santo; la introducción de la mundanalidad en la iglesia; cuestiones personales, para las cuales pareciera que somos incapaces –en muchos casos– de dirimir sin que se ofendan otras personas; cuestiones familiares; cuestiones relacionadas con el poder, la autoridad y el control; y demás. Y la lista es pequeña, por lo que pudiera ser mayor. Sin embargo, esta lista en sí misma ya es objeto de preocupación, y de mucha oración. Para superar los problemas que genera esta lista, necesitamos mucha comunión con Dios, para ser humildes y tolerarnos unos a otros, amonestándonos en amor. Pero lo que más se ve en este tiempo, no son amonestaciones, las cuales apenas existen, sino liberalismo, el que está creciendo entre nosotros. Y éste genera otro problema que conduce a la desunión: de un lado están los liberales; en otro, los conservadores equilibrados; y más hacia el extremo, los conservadores radicales, o fanáticos. Y las polémicas se extienden. Fue a causa de esto que Jesús lo anticipó, y oró. Intercedió por la unidad entre Él y su Padre, pues si ellos no estaban unidos, los restantes jamás lo lograrían. Entonces intercedió por la unidad de los discípulos y apóstoles con Él, la que debería ser como la unión existente entre Él y su Padre. Y a continuación, pidió por la unidad de todos los que formarían parte de la iglesia. Nuestro testimonio será sólido, tendrá poder, si estamos unidos. “Es de suma importancia que los jóvenes comprendan que el pueblo de Cristo debe ser unido, pues esta unidad vincula a los hombres con Dios a través de áureos lazos de amor, e impone a cada uno la obligación de trabajar por sus semejantes. El Capitán de nuestra salvación murió por la humanidad para que los hombres pudieran estar unidos con Él y los unos con los otros. Como integrantes de la familia humana, somos partes individuales de un gran todo. Nadie puede volverse independiente de los demás. No debe haber disputas partidarias en la familia de Dios, pues el bienestar de cada uno es la felicidad de todos. No debe construirse ningún muro de separación entre el hombre y su prójimo. Cristo, como el gran Centro, debe unir a todos en uno” (Fundamentals of Christian Education, p. 479).

La provisión de Cristo para la unidad ¿Qué significa este título: “Provisión para la unidad”? Significa el ofrecimiento de recursos para que exista unidad en la iglesia. O las condiciones necesarias para que, si se aplican, la unidad de la iglesia se logre y consolide. Recursos Escuela Sabática ©

¿Y qué provisión es esta? Está presente en la oración de Jesús: Nosotros, ligados a Él; Él, ligado a nosotros, así como existe el vínculo de amor entre Él y su Padre. “Vosotros en mí, y yo en vosotros” (Juan 14:20). Esta unidad involucra la fidelidad. Consiste en seguir la Palabra escrita de Jesús, la Biblia. Debemos vivir en concordancia con los escritos de la biblia, y esto es fidelidad a Dios. Y el principio básico de la Palabra de Dios es el amor, demostrado por Jesús en la cruz. Llegamos, por lo tanto, al “nuevo mandamiento”: amarnos los unos a los otros así como Jesús nos ama, que es más que amar a los demás como nos amamos a nosotros mismos. En síntesis, la unidad deriva del amor puesto en práctica. Debemos tener cuidado en cuanto al amor. Por mundo se ha extendido la idea de que Dios nos ama tanta, que perdona todo. Y más aún, algo que no requiere fidelidad. Y este es un peligro fatal, pues en eso consiste el liberalismo. Muchos cristianos viven de manera bastante libera, pensando que el perdón de Dios es otorgado fácilmente, porque Él ama a todos. Pero no funciona así la cosa. Y si así fuera, el reino de Dios sería un lugar en el que la desobediencia a Dios no generaría problemas, lo que es una incoherencia. La unidad está garantizada cuando actuamos como Jesús actuó, o sea, amando hasta incluso los enemigos. Los seguidores de Jesús siguen a su Maestro, amando a todas las personas, incluso cuando no haya correspondencia. Es el amor lo que vincula a las personas entre sí. En la iglesia, jamás debería ocurrir que un hermano odie a otro. Podemos llegar hasta estar en desacuerdo en algunos puntos, pero eso no significa que debamos ofendernos u odiarnos. Podemos debatir temas y tener puntos de vista diferentes, pero no es así como se quebranta la unidad. Exige madurez psicológica, y ese debate es el camino para perfeccionarnos. Pero lo que no podemos, es tener odio hacia otro hermano. Estar ligados entre nosotros, así como Jesús lo está con nosotros, significa que resolvamos los problemas que surjan sin que se generen ofensas ni resentimientos. Entonces no debemos ofender a otros. Pero si éstos, a su vez, tampoco debieran sentirse ofendidos, cuando se dice o se hace algo que no corresponda a lo que piensan o defienden. Cuando surgen diferentes ideas entre los hermanos (esto podría ser incluso deseable), debemos “soportarnos los unos a los otros” (Colosenses 3:23), pero sin ofendernos jamás.

Un gran obstáculo para la unidad ¿Cómo podríamos identificar al mayor obstáculo para la unidad en la iglesia? Está en el mundo de las ideas, o del pensamiento. Nosotros, seres humanos pecadores, fácilmente elaboramos conceptos equivocados sobre otras personas. Primero nos fascina. Luego se lo contamos a otros, y esos conceptos se esparcen, y se transforman en chismes. En algunos casos, los conceptos son correctos, pero mal conducidos, también se convierten en chismes, y el chismerío contribuye a la desunión en la iglesia, y es eso justamente lo que Satanás desea. Este es el gran obstáculo para la unidad, aunque existen muchos otros más. La lección aborda la crítica, y en cuanto a este tema, debemos tener cuidado. Es evidente que nosotros, la mayoría, no sabemos lo que es la crítica, pues puede ser destructiva, así como constructiva. Sin críticas constructivas, ningún sistema se perfecciona, aunque con la crítica destructiva, las organizaciones se debilitan y se desvían de sus objetivos, tendiendo a fracasar en sus metas. Recursos Escuela Sabática ©

La crítica constructiva también puede ser denominada evaluación. Necesitamos evaluar todo lo que hacemos, para mejorar los procedimientos. Sin evaluación, la tendencia natural es hacia la degeneración, y a esto se lo denomina entropía. Para que algo se perfeccione deben hacerse esfuerzos en ese sentido, por lo que debe existir una evaluación de cómo se hacen las cosas hasta ese momento, y esto es crítica constructiva. Sólo así tendremos informaciones para planificar y hacer más eficaces las cosas. Lo que el autor de la Lección destaca no es la crítica constructiva, sino aquella que contribuye a generar obstáculos para la unidad en la iglesia. Afirma que la fuerza más poderosa para lograr ese efecto es juzgar mal a los demás, o hablar de manera tal que genere grande incomodidad. Aunque algo sea cierto, la manera de abordarlo puede producir desunión entre unos y otros, y como consecuencia, divisiones en la iglesia. Esto es verdad, basta observarlo sin que haga falta ninguna precisión científica. La orientación bíblica es clara acerca de cómo proceder en caso de que se genere un problema de parte de algún miembro de la iglesia. Deseamos destacar las recomendaciones del autor acerca de cómo evitar que algún tema polémico se transforme en un campo de batalla. En primer lugar, verificar si las cosas son ciertas. Para eso, por ejemplo, hay que escuchar y considerar siempre las dos versiones, si no existieran más que dos. En segundo lugar, si lo que se va a decir, o a hacer, es constructivo o –como afirma el autor– “edificante”. Eso puede aludir a si el resultado contribuirá a mejorías o a resolver el problema. En tercer lugar, hay que proceder siempre de manera amante, esto quiere decir, con empatía, sintiéndose tal como el otro se sentiría. Con esta receta, simple, pero eficaz, creo que es fácil de ser utilizada, pero como estamos en el ámbito conflictivo de este mundo, y nosotros mismos somos pecadores, necesitamos orar siempre para no olvidar esta receta, y las cosas terminan en las confrontaciones y el así llamado combate dialéctico.

La restauración de la unidad Considerar este tema es muy apropiado para estas circunstancias, puesto que fácilmente hacemos cosas que rompen la unidad. Esto es algo común, por lo tanto debemos saber cómo restaurar la unidad en la iglesia, en la familiar, en el ámbito social, en el trabajo y en otros lugares, donde sea necesario. La falta de unidad, o sea, el conflicto, a su vez puede generar trastornos muy graves en una organización. Es cierto que una organización fragmentada tendrá menor sinergia y menor alineación en torno de sus objetivos, por lo que evidenciará un menor desempeño. Sea cual fuere la organización, sin armonía habrá menor productividad. ¿Qué podemos entonces llegar a pensar que suceda en la iglesia verdadera? ¿Cómo podrá tener el poder del Espíritu Santo si hay sectarismos internos, si hay chismes o divisiones, entre unos y otros? El problema de la falta de unidad puede ser grande pero, tal como lo presenta la Lección, la solución –en caso de que se desee– es simple, de fácil aplicación práctica. No hace falta tener mucha erudición, un analfabeto fácilmente podría aprender cómo resolver estos problemas. Alcanza, como base, con tener humildad y buena voluntad; sin estos requisitos previos ningún método logrará la solución. En primer lugar, siempre debemos estar en paz con Dios. Según Mateo 5:23 y 24, se requiere que, antes de recibir el perdón de Dios, debemos perdonar a quien nos haya ofendido. Este es un requisito normal en el reino de Dios. Esto quiere decir que, así como Recursos Escuela Sabática ©

Dios tomó la iniciativa para la reconciliación con nosotros, del mismo modo nosotros debemos buscar la reconciliación con quien nos haya ofendido. ¿Cómo debemos proceder para buscar la reconciliación con quien nos haya ofendido? Le corresponde al ofendido tomar la iniciativa, de acercarse hasta el hermano que ofendió, y hacer las paces. Esta recomendación no impide que el que haya ofendido tome esa iniciativa. En tal sentido, Mateo 18:15-18 determina que, en primera instancia, el ofendido hablará solo con el ofensor. Si se da la reconciliación, entonces nadie más se enterará del problema, o sólo lo sabrá los otros que han sido involucrados. De este modo, el malestar acaba allí mismo, y esto es muy bueno, pues, ¿de qué sirve que haya un montón de gente que sepa que haya habido una situación inconveniente entre dos o más personas, si ya hicieron las paces? No es ético, ni tampoco contribuye para algo, esparcir los errores de algunas personas, especialmente si esa persona se ha arrepentido. No obstante, puede suceder que la persona ofensora se resista a hacer las paces, y para eso pueden existir motivos y aclaraciones que hacer, o puede que sea sólo la mala voluntad de la persona que ofendió. En ese caso, el ofendido debe acercarse con una o dos personas, para regresar a intentar la reconciliación. Y si el problema no se resuelve, el motivo de la no resolución –tal como ya se ha afirmado– pueden ser varios, por lo que la situación puede ameritar que participen más personas. Si la mala voluntad persiste, entonces el problema debe ser llevado a la iglesia. Hay que tener en cuenta que no siempre la búsqueda de la solución llega hasta la iglesia, porque el ofensor es temeroso. Puede suceder, y esto con frecuencia, que aquél que se dice ofendido, sea la causa del problema, y de estar perjudicando de algún modo a quien se considera ofensor. O, por otra parte, la cuestión puede no haber quedado demasiado clara, ni bien explicada. Por lo que, antes de llevar la cuestión a la iglesia, aquellos dos o tres deban volver a tratar la cuestión en varias ocasiones, o tal vez sea necesaria la participación de más personas. La Biblia no es terminante, esto es, no impide que se lleven a cabo varias reuniones, a solas o entre varios, en la búsqueda de la solución. Esto proviene del sentido común. Lo que la Biblia dice es que, si quien ha ofendido permanece imperturbable, si no colabora en nada por la solución del problema, entonces se debe invitar a otros dos, o llevando el caso ante la iglesia, o considerando al causante del problema como una persona separada de la iglesia. Si el problema es difícil, o si el causante permaneciera con su corazón endurecido, el caso debe ser llevado a la junta y a la asamblea de la iglesia. Si ni siquiera en esta instancia el damnificador decide colaborar, si permanece en rebeldía, sólo entonces es que debemos tratarlo como quien no pertenece a la iglesia. Tal vez deba ser desvinculado de la lista de miembros, o tal vez no deba recibir un cargo en la iglesia.

Viernes - Resumen y aplicación del estudio I.

Síntesis de los principales puntos de la lección 1. ¿Cuál es el principal enfoque? El fundamento de la iglesia es Cristo. Cristo es Dios, quien es Amor. El amor nunca separa, sino uno. Así, la iglesia debe ser un cuerpo de miembros unidos entre Recursos Escuela Sabática ©

sí, aunque sean personas diferentes en varios aspectos. La unidad de la iglesia está garantizada exclusivamente por el amor. Amarnos unos a otros, deriva en que seamos unidos entre nosotros. La unidad significa que siempre oraremos unos por los otros, deseando y haciendo el bien mutuamente. 2. ¿Cuáles son los tópicos relevantes? El fundamento de la iglesia, la Piedra angular, es Cristo. El Salvador oró por la unidad (Juan 17), y nosotros debemos contribuir para que la iglesia sea unida. Esto requiere acciones positivas, tales como mantener una buena relación unos con otros, y jamás actitudes que generen divisiones. 3. ¿Has descubierto otros puntos que podrías añadir? ________________________________________________________________ ________________________________________________________________ II. ¿Qué cosas importantes podemos aprender de esta lección? •

La unión genera fuerza, y nosotros debemos estar unidos en Cristo. Esto requiere desear lo bueno para otras personas, o ayudarlas a ser mejores. La falta de unidad debilita la iglesia, y abre las puertas para acciones negativas de Satanás. Una comunidad cristiana unida es mucho más útil para la gente, sea de la iglesia o de fuera de ella. El Espíritu Santo sólo se manifiesta en una iglesia que permanece unida, nunca en una donde existen discordias y peleas.

1. ¿Qué aspectos puedo agregar a partir de mi estudio? ________________________________________________________________ _________________________________________________________________ 2. ¿Qué medidas debemos tomar a partir de este estudio? Tal vez el primer recaudo sea el de orar por las personas que provocan desunión en la iglesia. Hablar con ellos, con un espíritu o anhelo de resolverla por el bien, ayuda mucho. El chisme es un instrumento de Satanás para derrotar los esfuerzos por la unidad. 3. ¿Qué es lo bueno en mi vida que me propongo a reforzar y lo malo para cambiar? _________________________________________________________________ _________________________________________________________________ 4. Comentario de Elena G. de White “De los primeros discípulos y de todos los que creerían en él por la palabra de ellos, Cristo dijo: ‘Y yo, la gloria que me diste les he dado; para que sean una cosa, como también nosotros somos una cosa. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean consumadamente una cosa; y que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado, como también a mí me has amado’ (Juan 17:22, 23)” (El ministerio de curación, p. 316). 5. Conclusión general Recursos Escuela Sabática ©

“Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos. Para que todos sean una cosa; como tú, oh Padre, en mí, Yo en ti, que también ellos sean en nosotros una cosa: para que el mundo crea que tú me enviaste’ (Juan 17:17-21), Esa oración de Cristo abarca a todos los que le habían de seguir hasta el fin del tiempo. Nuestro Salvador previó las pruebas y los peligros de su pueblo: no se olvidó de las disensiones y divisiones que distraerían y debilitarían a su iglesia. Él nos consideró con interés más profundo y compasión tierna que los que mueven el corazón de un padre terrenal hacia un hijo extraviado y afligido. Nos ordena que aprendamos de Él. Solicita nuestra confianza. Nos aconseja que abramos nuestro corazón para recibir su amor. Se ha comprometido a ser nuestro ayudador” (Testimonios selectos, tomo 4, p. 48). 6. ¿Cuál es el punto más relevante al que llegué mediante este estudio? _________________________________________________________________ _________________________________________________________________

Prof. Sikberto R. Marks Traducción: Rolando Chuquimia RECURSOS ESCUELA SABÁTICA © [email protected]

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