La alquimia del sufrimiento

18 ene. 2009 - biliario estadounidense Steven Good y el directivo .... causa del ataque israelí han muerto hasta ... de aniquilar civiles israelíes, pero uno.
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ENFOQUES

I

Domingo 18 de enero de 2009

| Humor |

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Jerry Holbert / The Boston Herald, de EE.UU. “Por la crisis, los hijos están volviendo a la casa de sus padres” Brian Adcock / The Scotland on Sunday, de Escocia El conflicto en la Franja de Gaza. “No en mi nombre”

Patrick Chappatte / International Herald Tribune, de París, Francia –¡El consumo está en alza!

La dos

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| Perspectivas |

| Sin palabras por Nunö |

| Catalejo |

En Olivos se necesita otra alfombra

Síndrome de Acumulación Compulsiva

CLAUDIO A. JACQUELIN

HERNAN CASCIARI

Hay una regla de la política que no falla para entender lo que piensan, quieren o esperan los que mandan: cada vez que un presidente da un consejo para todos también se está dando ánimo o permiso a sí mismo. Por eso ya no quedan dudas de que, a pesar del ajuste de cinturón que la crisis impone a la administración y que casi lleva hasta el desmayo, la Presidenta ha resuelto permitirse algún desliz en materia de gastos. No por casualidad convocó a los argentinos a consumir con un fin trascendente: evitar despidos de trabajadores. Y como no es un secreto oficial que el shopping es un deporte que la entusiasma más que el jogging por los senderos que cada día se bifurcan más en Olivos, habrá que estar atentos a ver qué comprará en los próximos días para que no caiga el índice de ocupación a niveles que ni el prestigitador Moreno podría ocultar. Claro que desde hoy está en Cuba y como la abundancia no caracteriza a la isla, podrá distraerse de las prioridades de lo que debería comprar. Así que en un abuso de confianza, pero pensando en el interés general, nos permitimos un consejo: a su regreso busque una buena alfombra para Olivos, que sea, sobre todo, bien grande. Es que la que usted y don Néstor tienen ya no aguanta más. Y que conste que no es esta una metáfora sobre algunos oficialistas que después de tolerar con entusiasmo demasiados pisotones empiezan a alejarse más rápido que pilotos del Dakar. Estamos hablando de la alfombra que, con relativa eficiencia, ha venido cubriendo los problemas que no quería abordar. Mire, si no, cómo, casi un año después del comienzo de la batalla con el campo, todo vuelve a empezar. Los ruralistas amenazan con volver a las rutas y hasta el gobernador bonaerense, que se había ganado un lugar en su regazo por su manifiesto temor a las iras nestorianas, les da la razón a lo reclamos. Es que la alfombra está ahora raída también por la sequía. Pero si el ejemplo le parece muy parcial, mire cómo continúa complicando a su gobierno el bloqueo a Uruguay y la indigestión que le provocó a su esposo cuando los orientales, enojados por los cortes, le impidieron presidir la Unasur. Se entiende que por eso ahora diga que nunca estuvo de acuerdo con los cortes y que desarrolle gestiones secretas ante el gobierno de Tabaré Vázquez para tratar de que levanten el veto. Pero la alfombra también cubre poco en este caso y es difícil que del otro lado del río no vean lo que se pretende ocultar. Tal vez crea que son casos aislados y que no es prioritario hacer un cambio justo ahora cuando por la crisis hay en oferta hasta carteras de Vuitton en las que valdría más la pena gastarse unos pesos. Quizá, entonces, le convenga mirar un rato por la tele la ira de los consumidores por los tarifazos de luz y gas que la alfombra de subsidios postergó tanto tiempo, pero ya no logra contener. Tal vez ahora no dude en gastarse unos pesos en una nueva alfombra o, mejor, en usarlos para pagar a tiempo el costo de abordar los problemas que por tanto tiempo eludió afrontar.

BARCELONA Han descubierto un nuevo trastorno, pariente directo del Síndrome de Diógenes (aquel que padecen quienes amontonan kilos y kilos de basura en casa) y primo hermano del Trastorno Obsesivo Compulsivo (la enfermedad que hizo popular Jack Nicholson en “Mejor imposible”). De la mezcla de estos dos males ha aparecido ahora el SAC, Síndrome de Acumulación Compulsiva, que consiste en guardar cosas por si algún día resultan necesarias. En este caso ya no se trata de traer al hogar porquería maloliente, ni de encender y apagar el interruptor de la luz, sino de conservar objetos inútiles con alguna historia personal detrás (un pétalo de rosa entre las páginas de un libro, o un boleto de colectivo del año 1966) y otros trastos inservibles que se quedan en los cajones por si alguna vez tenemos que consultarlos. Como si fuera poco, parece que un 4% de la población mundial ya está afectada, según ha publicado esta semana la revista científica American Journal of Psychiatry. No se especifica en el artículo, sin embargo, si este nuevo síndrome explica –además– la crisis económica y de valores que padece el mundo occidental, y que también, a simple vista, parece ser hija de esta nueva enfermedad. El directivo de la financiera que compró deuda incobrable de otra, por ejemplo, ¿padece del ya vetusto Síndrome de Diógenes o del flamante Síndrome de la Acumulación Compulsiva? El gerente del banco que dio créditos hipotecarios a potenciales morosos sin aval ni garantía, ¿sufre del viejo TOC o sufre del nuevo SAC? Según explican los doctores del Institute of Psychiatry de Londres (padres del descubrimiento), todos podemos sentir la necesidad de guardar objetos con un determinado valor sentimental. “El problema se produce” –dicen– “cuando esta necesidad dificulta nuestro día a día, cuando la acumulación hace impracticables los movimientos cotidianos y cuando nos sentimos avergonzados”. Quizás la ola de suicidios de altos ejecutivos y brokers en quiebra (el magnate inmobiliario estadounidense Steven Good y el directivo francés Thierry Magon fueron los últimos) explique también ese sentimiento de vergüenza que otorga la acumulación. El caso de Magon es paradigmático: había sido cofundador de la gestora de fondos Acces International, pero se cortó las venas en Navidad y su cuerpo fue hallado en su despacho de Nueva York; el hombre –en su afán de acumular– había perdido 1.400 millones de dólares con el fraude de Madoff. El “valor sentimental” de esa pérdida fue, quizás, demasiado para él. Y también para Pablo Sergio Silva, que se pegó un tiro en el pecho en medio de una sesión bursátil brasileña. O el broker hindú Amir Ali, que se colgó del ventilador de su casa antes de fin de año. O el quinto hombre más rico de Alemania, Adolf Merckle, que se arrojó al paso del tren en su pueblito de Blaubeuren. Quizá todos habían acumulado demasiados papeles inservibles y recuerdos sentimentales, todos habían perdido, de un día para el otro, sus pétalos de rosa, ya marchitos e inútiles, apretados entre las páginas de un libro.

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Cristina Kirchner y el campo

| Prisma |

La alquimia del sufrimiento ENRIQUE VALIENTE NOAILLES PARA LA NACION

La ofensiva israelí en el territorio de Gaza lleva más de tres semanas. Según se ha informado, a pesar de la prohibición que existe para que acceda la prensa, a causa del ataque israelí han muerto hasta el momento casi 300 niños y 75 mujeres, y alrededor de la mitad de los heridos tiene menos de 18 años. Cada parte opera con su lógica, y así como Israel ampara sus atrocidades en los cohetes lanzados por Hamas, otra atrocidad, las justificaciones mutuas se parecen cada vez más a excusas para desatar un odio contenido. Hamas ha demostrado no tener el menor miramiento a la hora de aniquilar civiles israelíes, pero uno esperaría de Israel, no indefensión, pero sí un estándar moral más alto para lidiar con esta situación. Cualquier método bélico masivo e indiscriminado de resolución de este conflicto supone suscribir implícitamente la noción de que la vida propia vale más que la ajena. Y es en esta miopía donde yace el germen de los exterminios, incluido el que sufrió el propio pueblo judío.

Porque, sin llegar al absurdo de acusar de nazis a los judíos, se podría pensar que Israel está hoy infligiendo a los palestinos situaciones parecidas a las que su pueblo ha sufrido en carne propia. No por azar molestaron en particular a los israelíes las declaraciones de Renato Martino, ministro de Justicia y Paz del Vaticano, quien comparó la Franja de Gaza con “un gran campo de concentración”. Uno imagina que un pueblo que ha sufrido lo inimaginable jamás provocaría en otro pueblo un sufrimiento parecido. Quien ha sufrido las condiciones de un gueto, ¿no debería quedar inmunizado para siempre de la tentación de provocárselo a otro? Sin embargo, la frialdad racional y sofisticada de la ofensiva, la desproporción de los recursos y armamentos, la solidez con que la opinión pública israelí avala el ataque, la ausencia de remordimientos frente a las bajas en la población civil árabe le dan un tinte siniestro a la situación, emparentada con las que sufrió alguna vez el pueblo judío. Es que la alquimia del sufrimiento es extraña y no siempre tiene el mismo desenlace. Hay quienes, ante un sufrimiento

propio, se tornan más piadosos hacia los demás, y desean evitar una situación similar en sus semejantes. Hay quienes, en el reverso de lo anterior, sueñan con infligir ese sufrimiento en carne ajena, como un modo de vengar la propia condición. Es el modelo del resentimiento: neutralizar el sufrimiento propio mediante su conversión en un veneno capaz de destruir a otro. Tal vez sea ingenuo esperar un mejor comportamiento de quien ha sufrido, porque no necesariamente el sufrimiento produce seres humanos mejores. Lo que sigue siendo un misterio monstruoso es que la gente se mate por un pedazo de tierra. O que se pretenda aniquilar a otro en nombre de un credo religioso: en nombre de Dios se han cometido algunos de los peores crímenes de la humanidad, generales de la ley que también comprenden al cristianismo. En todo caso, ambas partes han desperdiciado en los últimos años numerosas oportunidades para la paz. Hay veces en que el enemigo pasa a ser el sentido de la vida propia, y tal vez la guerra sacie esa hambre secreta. [email protected]

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