Florece en la fe

indocumentados que luchan al cruzar unas cuarenta millas de desierto, ... Un día de verano, la temperatura en el desierto de Arizona había llegado a los ciento ...
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Florece en la fe Serie de reflexiones sobre mayordomía Propio 26 - Lucas 6:20-31

Domingo de Todos los Santos, 3 de noviembre de 2013

A cualquiera que te pida algo, dáselo, y al que te quite lo que es tuyo, no se lo reclames. Hagan ustedes con los demás como quieren que los demás hagan con ustedes.

E

n este día de Todos los Santos, Jesús nos habla de las cuatro bendiciones, y las contrasta con cuatro penas o maldiciones. Las bendiciones son para los pobres, los hambrientos, los que lloran, y los marginalizados. Para los que no somos ni pobres, ni hambrientos, ni tristes, ni marginalizados, cuando escuchamos las maldiciones, tal vez nos sintamos que estamos siendo reprendidos o regañados. Pero no es un regaño, sino que Jesús quiere despertarnos a la realidad de vivir en el Reino de Dios.

J

esús desea que tengamos más presentes en nuestra mente y corazón a los necesitados, y que vivamos nuestra fe más plenamente en santidad de vida. Seguir a Jesús puede ser duro. A veces podemos sentir que Jesús nos pide más de lo que podemos dar. Sin embargo, el ejemplo de los santos tanto en el pasado como en el presente nos recuerdan y nos animan a ser más audaces en nuestra fe.

D

aniel Groody, un sacerdote católico romano y profesor universitario con muchos años de experiencia trabajando en América Latina, cuenta una historia de los inmigrantes indocumentados que luchan al cruzar unas cuarenta millas de desierto, montañas y áreas peligrosas al pasar la frontera entre México y los Estados Unidos. Un día de verano, la temperatura en el desierto de Arizona había llegado a los ciento veinte grados. Los Samaritanos, una organización caritativa, mandaron a voluntarios que ofrecían agua y alimento a los inmigrantes cruzando a través de este peligroso terreno.

L

os voluntarios de Samaritanos se encontraron con un grupo de unos veinte inmigrantes. Les preguntaron si necesitaban agua o comida. Los inmigrantes, sin saber quién eran estos voluntarios, pero muy conscientes de los peligros del desierto caluroso, respondieron que no tenían comida, pero que sí tenían un poco de agua, y que la podrían compartir con los voluntarios si la necesitaban.

E

stos inmigrantes sabían lo que era pasar necesidad, y reconocían también la necesidad de otros cuando se les presentaba. No pensaron dos veces si compartir o no la poca agua que les quedaba. En compartir esta agua, honraron la santidad de vida que Dios había dado como si fuera la suya propia. En compartir esta agua, recurso tan escaso en el calor del desierto y fuente de vida, ellos honraron la verdadera Fuente de Vida.

¿Q

ué es lo que nos enseñan estos inmigrantes, los pobres, los hambrientos, los tristes y los marginalizados? Ellos tuvieron fe suficiente para compartir aun en medio de su propia necesidad. ¿Qué es lo que podemos compartir de lo que tenemos? El ser audaces en nuestra fe requiere tener un entendimiento de que Dios nos hace responsables del bienestar de los demás. Seguir a Jesús significa ir a lugares donde existe el dolor y el sufrimiento. La Comunión de los Santos nos recuerda que no tenemos que tener miedo, que no debemos voltear la mirada y olvidar las necesidades del mundo, sino que es en el responder, y compartir, que somos bendecidos. • ¿En dónde se conecta nuestra fe con las necesidades del mundo? La Reverenda Ada Wong Nagata • ¿Cómo se profundiza Asociada de Ministerios Asiáticos nuestra fe cuando nos Iglesia de Nuestro Salvador mantenemos presentes a las Diócesis Episcopal de Los Ángeles necesidades de los demás? Convocante de Ministerios Episcopales • ¿Cómo encontramos Asiamericanos bendición en cuidar del Convocación China prójimo?

Preguntas para reflección

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