Entre el candidato derrotado y la alternativa ... - El Siglo de Europa

1 sept. 2016 - tificada. Al hilo de Cataluña enfati- zó una visión centralista del Estado y monopolista de la nación españo- la. Incluso se remontó a 1812 para.
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TRIBUNA Por José Antonio Pérez Tapias*

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la pasada sesión de investidura se llegaba con sobredosis de llamadas desde las derechas para estar “a la altura”. Por parte de un amplio espectro del Parlamento se vio, por el contrario, que lo que no se debía hacer era descender a las bajuras en que está el PP. Por dignidad democrática, entre otros motivos. Por ello, el resultado: 170 votos a favor del candidato Rajoy y 180 en contra. Por mucho que se adorne con irresponsable pragmatismo, el crédito de Rajoy es cero. Su aliado Rivera sorprendió al reconocer que ha perdido la credibilidad al apoyarle, añadiendo que lo hace por España. Uno y otro invocan el nombre de España en vano. Al entrar en materia, para justificar su política económica, Rajoy trató de engañar hablando de empleo. ¿No conoce la basura que son los contratos por horas o días que a diario se hacen en España? Es con ellos que se rebajan los índices de paro: trabajos de tal precariedad que en muchos casos no dan para salir de pobre. Y volvió a mentir al hablar, por ejemplo, de educación. Al PP no le interesa la igualdad en ese terreno. Ahí está la LOMCE, que no van a derogar. Por cierto, el candidato conservador pasó de puntillas por la violencia de género, a modo de burdo peaje a lo políticamente correcto. Confirmando lo esperado, el señor Rajoy se mantuvo en no querer saber nada de responsabilidad política por corrupción sistémica en el partido que dirige. Así, no hay manera de ganar credibilidad. Quien ha permitido la corrupción del PP

no puede liderar su erradicación. Para remate de su discurso, se engolfó en el culto a una soberanía mitificada. Al hilo de Cataluña enfatizó una visión centralista del Estado y monopolista de la nación española. Incluso se remontó a 1812 para justificar su concepción unitarista, haciendo que La Pepa se estremeciera. Y acabose su discurso sin apenas mención del pacto entre PP y Ciudadanos. La humillación a estos últimos siguió, pues, a su rendición, dejando para su líder la explicación de unos contenidos a los que el candidato popular no prestó atención alguna. Patético. Albert Rivera le devolvió el favor ubicando “entre lo malo y lo muy malo” al candidato que pretendía ser investido y del que se presentaba como aliado. La apoteosis del cinismo político reforzaba las razones para decir no a Rajoy con más motivos, las que se resumen en el rechazo a la economía neoliberal que defiende, la consagración de desigualdad que promueve, el autoritarismo que practica y el bloqueo centralista del Estado al que sigue aferrado. Entrando en escena el secretario general del PSOE, su discurso se volcó en el “no” a un desacreditado Rajoy, a la vez que dejaba caer que el PSOE está ahí como alternativa. Y eso afirmado al declarar que “España necesita un Gobierno, no un mal Gobierno”. Esto sería un Gobierno del Partido Popular. De ahí que Sánchez se empleara a fondo en una crítica al PP sin contemplaciones, empezando por su denuncia política del chantaje que Rajoy hace a la sociedad española bajo el dilema “o yo o el caos” –chantaje que tiene su

F. MORENO

Entre el candidato derrotado y la alternativa deseada

Es innegable que Rajoy, aunque se creciera después, quedó tocado con el discurso de Pedro Sánchez. Era una evidencia que la investidura iba a ser fallida por incompetencia e indignidad del candidato

plasmación en el cálculo para que unas hipotéticas terceras elecciones sean el 25 de diciembre–. Es innegable que Rajoy, aunque se creciera después, quedó tocado con el discurso de Pedro Sánchez. Era una evidencia que la investidura iba a ser fallida por incompetencia e indignidad del candidato. La bancada popular podía aplaudir cuanto quisiera para tapar la nula credibilidad de Rajoy. La responsabilidad por el bloqueo institucional era suya. El candidato, con la derrota en el bolsillo, trató de anotarse el crecimiento de la sociedad española, prescindiendo de que así ha sido a pesar de su Gobierno anterior. Y no hizo más que escabullirse ante la aplastante lista de causas contra el PP o miembros suyos por presunta corrupción. La conclusión del secretario general socialista fue: “Usted no cuenta con la mayoría necesaria para cumplir su amenaza de ser de nuevo presidente del gobierno”. El no del PSOE era también negativa a una abstención. Pedro Sánchez subrayó el hilo conductor que desde el pasado llega hasta ahora: el PSOE tiene “historia, memoria y programa” para defender lo que defiende hoy. Y haciéndolo, Pedro Sánchez ha elevado el listón de la autoexigencia del PSOE. Ser alternativa no es sólo para pasado mañana. Oponiéndose a la amenaza de que haya Gobierno del PP, queda obligado a intentar Gobierno alternativo también para hoy. Tras la crítica y rechazo de la indignidad de la derecha hace falta que se active al máximo la responsabilidad de las izquierdas. l *Miembro del Comité Federal del PSOE

nº 1166. 5–11 de septiembre de 2016

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