El patrimonio cultural extinguido por la delincuencia

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Las Bordadoras de Huechuraba:

El patrimonio cultural extinguido por la delincuencia Por más de un cuarto de siglo, las artesanas fueron artistas ícono de la comuna de Huechuraba. En su mejor momento, los talleres de bordado ubicados en la población El Barrero, alcanzaron a ser más de 50, pero luego de la radicación de viviendas sociales y la llegada de personas provenientes de diferentes poblaciones al sector, el lugar se vio afectado por la delincuencia y el narcotráfico. Hoy, quedan solo dos talleres que preservan la antigua tradición artesanal. Por Cristóbal Fuenzalida Cincinnati

En su época de oro, los talleres de bordado repartidos por la población El Barrero alcanzaron a ser más de cincuenta, producían ropa para grandes tiendas, presentaban sus creaciones en Exponovios e incluso parte de sus obras artesanales llegaron a vestir a los hijos de la princesa de Gales, Lady Diana. Este exitoso proyecto, era apoyado por la Municipalidad de Huechuraba y por el aporte de privados que ayudaron desde sus inicios a este grupo de mujeres artesanas. En 2000, el Servicio de Vivienda y Urbanización (Serviu), entregó un proyecto que radicó a más de 800 personas en viviendas sociales que se instalaron en el sector de Las Canteras perteneciente a la población El Barrero. Los locatarios de aquellas viviendas, provenían de muchos lugares que los vecinos de El Barrero denominaban “conflictivos”, por lo que luego de su llegada, el barrio cambió abruptamente y se vivieron enfrentamientos entre los vecinos antiguos y nuevos, además de los robos y el narcotráfico que comenzaron a hacerse notar cada vez más en la población que antes era reconocida por su valor patrimonial intangible. Hace cinco años, ocurrió el hecho que terminaría por destruir el proyecto del “Pueblito de Las Bordadoras de Huechuraba”. En ese entonces, las artesanas sufrían de constantes robos por los mismos vecinos de la población, pero hubo uno que acabó con la ilusión de concretar un proyecto cultural en la zona, un robo que hizo que muchas bordadoras tomaran la decisión de cerrar definitivamente sus talleres. Carmen Gloria Benítez, una de las fundadoras del proyecto y la segunda presidenta de la Fundación Bordadoras de Huechuraba, estaba esperando un camión que venía desde Santos Dumont a buscar un encargo de 600 prendas. El chofer, como ya era costumbre, llegaba en la mañana, retiraba los encargos, pagaba y se iba. Tres cuadras más adelante, en el cruce de El Salto con Av. El Bosque de Santiago, un grupo de desconocidos se subió al vehículo, encañonó al conductor y se logró llevar el camión con toda la mercadería. Minutos más tarde, el chofer contactó a Benítez y le explicó que sus prendas no llegaron a destino. Después de unas semanas y de algunas investigaciones realizadas por Carabineros, Carmen Gloria se enteró que el grupo que había asaltado al chofer, era de la población de El Barrero, sus vecinos. Ocurrido este hecho, la artesana decidió cerrar su taller, pues con las prendas y la maquinaria robada, significaba mucha inversión el comenzar de nuevo, en lugar de reabrir, prefirió apoyar a su hija con una peluquería. Este hecho se replicó en muchas bordadoras que también decidieron cerrar sus talleres por los robos y porque la fama del lugar ya no era la misma, ya no atraían al público que cautivaron hace unos años atrás, ya no eran “El Pueblito de las Bordadoras”.

La historia de las artesanas y cómo consiguieron su éxito La historia de las bordadoras de Huechuraba, comienza a fines de los años sesenta, cuando 400 familias compuestas por matrimonios jóvenes, supieron que había una toma de terrenos y comenzaron a llegar poco a poco a construirse pequeñas piezas por el sector. Entre los recién llegados se encontraba Carmen Gloria Benítez: “Un amigo de mi marido nos dijo que aquí había una toma y que probablemente podríamos tener un terreno. Nos vinimos sin nada, eché todas mis cosas en una camioneta y llegamos aquí, que era puro polvo. Mi marido ya había construido una pieza y ahí nos metimos con nuestro hijo de un año. Todas las familias que llegamos éramos jóvenes y casi todos nos habíamos criado en provincia, en el sur. Desde un principio fuimos muy unidos”. Unos años más tarde, en el año 1975, llegaron al sector “unas señoras del barrio alto lideradas por Josefina Errázuriz y María Teresa Elton. Su idea era ofrecernos la posibilidad de aprender técnicas de tejido”. Recuerda Nira Castro, dueña de uno de los talleres más antiguos, fundado en 1977, y uno de los escasos dos que continúan en El Barrero hasta el día de hoy. Con este impulso, las mujeres del sector comenzaron a hacer alfombras con modelos traídos de Brasil, las cuales tuvieron un gran éxito de ventas. Mes a mes, los talleres comenzaron a crecer cada vez más hasta formar un pueblo reconocido por artesanas expertas en bordado, dedicadas principalmente a la producción de lencería, artículos de casa, ropa y vestidos de niñas. Con la ayuda generada por el grupo de mujeres del barrio alto, las artesanas lograron establecer una labor ejemplar. Lo que diferenciaba a estas artistas de las otras bordadoras que cambiaron la artesanía por la productividad de la máquina, es que ellas aún continuaban con el trabajo tradicional, se esforzaban por preservar el bordado a mano, que sin duda, es lo que le daba mayor valor a sus productos. Desde sus inicios, las calles de El Barrero eran recorridas por las familias acomodadas que buscaban un vestido elegante para sus hijas o por las visitas de exportadores que vendían los exclusivos diseños de las artesanas a Estados Unidos, Inglaterra, España, Francia, Noruega, Dinamarca y Argentina. “Llegamos incluso a vestir a los hijos de la princesa Diana. Como las señoras Josefina y María Teresa viajaban mucho, en uno de sus viajes promocionaron nuestra artesanía a la realeza inglesa, fue ahí cuando se nos presentó la oportunidad de mandarle unos mamelucos y unos bombachos de regalo hechos a la medida para sus hijos Guillermo y Enrique. Todo esto para que nuestros diseños se promocionaran en el extranjero”, cuenta Carmen Gloria Benítez. El proyecto tomó fuerza, pasaron 15 años y las bordadoras comenzaron una a una a independizarse y manejar sus propios talleres. Aunque siempre se mantuvo la Fundación Bordadoras de Huechuraba, que dirigía la señora Carmen Gloria y que contaba con un gran apoyo de la Municipalidad de Huechuraba. Camilo Castro, Gestor Cultural del Departamento de Cultura de la misma municipalidad, menciona que “las artesanas recibían ayuda con cursos de capacitación, les enseñaban cómo vender, cómo tratar al público y además no se les cobraba patente”.

El conflicto con los nuevos vecinos y la delincuencia Hasta el 2005, la fundación estaba compuesta por 28 mujeres y cada una producía y vendía de forma independiente. Ese mismo año, el Servicio de Vivienda y Urbanización (Serviu), terminó de entregar la totalidad

de viviendas sociales que se habían construido en el sector de Las Canteras. Los locatarios que habitaron estos inmuebles provenían de diversos lugares, entre ellos, Lo Prado, Independencia, San Miguel, Colina y del campamento Patria Nueva ubicado en la Pincoya. Patricia Castillo, Coordinadora Ejecutiva del Registro Social de Hogares, fue una de las profesionales a cargo de la entrega de las viviendas sociales: “Fue complejo porque cuando comenzamos los trabajos, los vecinos de El Barrero impedían el desarrollo de la obra con protestas y pancartas en contra del proyecto, ya que ese sector lo usaban para recrearse y además argumentaban que el proyecto iba a traer gente mala al lugar”. Luego de que llegaran los nuevos vecinos a sus viviendas sociales definitivas, el ambiente en la población El Barrero se volvió tenso, pues aumentó el narcotráfico y los robos, pero además se comenzó a hablar de una división entre los de “abajo” (vecinos antiguos) y los de “arriba” (vecinos nuevos de Las Canteras). La gente se otorgó esos nombres porque Las Canteras está ubicado en los pies de un cerro y por ello están “más arriba” que los antiguos vecinos. Según la Ficha de Protección Social (FPS), actualizada en octubre de 2015, El Barrero tiene una población de 2.166 habitantes, de los cuales alrededor de 900 residen en el sector de Las Canteras. Con el paso del tiempo hasta ahora, el conflicto entre los dos sectores se ha solucionado bastante, pues los vecinos han aprendido a colaborarse y entre ellos identifican al reducido grupo de personas que cometen delitos. Según el Departamento de Estratificación Social de Huechuraba, el conflicto de división en la población, se ha ido solucionando con los años por políticas de unificación e instalación de áreas verdes en común que han desarrollado las diferentes alcaldías, pero Ercilia Melillán, Jefa del departamento mencionado, cree que “la mala fama que se hizo la población durante el periodo de división y los robos a los talleres de bordados que continuaban ocurriendo, terminaron por extinguir casi en su totalidad el arte de las Bordadoras de Huechuraba”. La gente comenzó a hablar de la delincuencia en el sector y el cierre de muchos talleres, lo que provocó la pérdida de sus principales compradores y la desmotivación de los pocos talleres que querían seguir, pues les habían robado varios de sus materiales y además casi no les quedaban clientes. “Esto no fue culpa de las personas que llegaron a los departamentos, de hecho, como pasa en todas las poblaciones, es muy poca la gente que se dedica a ensuciar el trabajo y esfuerzo de la mayoría que se saca la mugre. Son unos 20 los que echan a perder el trabajo de 500 familias. Yo considero que las autoridades tuvieron la culpa, ellos llegaron y pusieron estos departamentos que aumentaron al doble la cantidad de población, sin tomar las medidas pertinentes para mejorar la fiscalización policial y la seguridad en general”, opina Luis Briceño, dirigente de la Junta de Vecinos de El Barrero entre los años 2010 – 2012.

La actualidad y el futuro de la artesanía en la comuna de Huechuraba Hoy El Barrero cuenta con dos talleres de bordados, pero solo uno preserva la artesanía patrimonial de confeccionar los diseños a mano, su dueña es Nira Castro y su local se ubica en la calle Los Cipreses. “Yo no me he ido porque el tema me apasiona de verdad y admito que he tenido suerte con el tema de los robos. Las

clientas que tengo las cuido desde hace mucho tiempo y he incorporado algunas nuevas gracias al boca a boca”, cuenta la bordadora. Pero respecto al tema de ser la última bordadora auténtica, la artesana plantea dos teorías como las posibles causas a la extinción del bordado a mano en Huechuraba: “Creo que sin duda la primera causa está en el tema de la delincuencia y que las autoridades no supieron qué hacer en aquellos tiempos. No solo con los robos, sino también con la venta de drogas que ensució el nombre de nuestra población. Pero además, también creo que otro factor es la flojera de las jóvenes de hoy, yo he tenido muchas ayudantes que dejan el trabajo porque tienen dos hijos y por ello les dan bono de alimentación, subsidio por madre soltera y muchos más, finalmente se hacen como 250.000 pesos al mes con aportes del estado y con eso ellas se conforman, por eso no les interesa trabajarle a nadie”. Ha pasado mucho tiempo desde que un grupo de mujeres ABC1 decidió unirse y crear una fundación para ayudar a estas artesanas a rescatar el valor patrimonial de sus trabajos. El diagnóstico que hace Josefina Errázuriz, una de las fundadoras del proyecto, tiene directa relación con la Municipalidad de Huechuraba: “Hubo una falta de atención y no estuvieron alerta, en esencia, no tuvieron visión de futuro. Creo que simplemente fueron cortoplacistas, se preocuparon de la cosa cotidiana, doméstica y diaria, sin proyectar lo que ocurriría en 5 o 10 años. Ellos debieron haber intervenido frente al Serviu y desarrollar desde un comienzo un programa de integración, eso se debe hacer cuando se juntan dos comunidades con costumbres diferentes”. El análisis general de los actores involucrados culpa a las autoridades y su mala gestión o preparación para atender el conflicto, pero actualmente caben muchas dudas respecto al futuro de Las Bordadoras de Huechuraba, ¿no tienen más futuro que Nira Castro?, ¿la municipalidad ya cerró esa etapa y busca salvaguardar otro patrimonio intangible? Desde el Departamento de Cultura de la Municipalidad de Huechuraba, explican que la tradición del bordado en El Barrero ya se perdió. Las dos artesanas que quedan no tienen interés en impartir talleres y ya se cansaron de hacer exposiciones en su comuna, ya que durante los años que la municipalidad desarrolló ferias, estas no resultaron bien, pues la convocatoria no fue beneficiosa para las artesanas, había muy pocas ventas y eso hizo que comenzaran a pensar en un nicho específico para mostrar sus productos. Respecto a otros proyectos, Camilo Castro, Gestor Cultural del departamento mencionado, cuenta que: “Nosotros actualmente llevamos a cabo un proyecto cultural para rescatar la tradición del tejido de arpillera, encontramos a Marcela Aguilera, una mujer de la población La Pincoya que trabaja con este tejido y comenzamos a realizar talleres a muchas mujeres”. Antonino Pirozzi, Secretario General del Centro Internacional para la Conservación del Patrimonio, hace un minucioso análisis sobre un problema que cree, no solo afecta a esta comuna, sino a todo el país en general: “Llega un momento en el que te quedas sin espacio de maniobra, a estas alturas una búsqueda de colaboraciones es inútil, es inconducente. Ya es muy difícil reponer una cosa que ya está prácticamente muerta. Para las autoridades chilenas en general, el asunto cultural, la dimensión cultural de la vida de las personas no es un tema central, es una cuestión secundaria, accesoria, complementaria, nunca está en el eje el desarrollo cultural de las personas, ese es el problema de las autoridades: su ignorancia. La cultura es central, es importantísima, no solo por cuestiones identitarias que son fundamentales, sino también por la dimensión económica y social. A diferencia de cualquier otra especie que habita la tierra, nosotros somos el único ser cultural que existe, y, por lo mismo, no se nos puede privar de ella”, concluye el experto.

Recuadro: El tejido de arpillera se usa en la confección de ropa, tapicería y decoración. Sobre su superficie se puede realizar artesanía, bordados y pinturas. Violeta Parra realizó varias creaciones artísticas en bordado sobre arpillera.