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31 ago. 2014 - de las afueras de París, Marsella y Li- lle, donde se sospecha que operan las redes de reclutamiento. En Lille vivía Mehdi Nemmouche,.
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| Domingo 31 De agosto De 2014

el Mundo Edición de hoy a cargo de Inés Capdevila | www.lanacion.com/mundo

Viene de tapa En shock, el gobierno de David Cameron lanzó una desesperada campaña para convencer a los miembros de la comunidad musulmana que denuncien a cualquier “aspirante a terrorista” que hallen entre sus amigos, vecinos o familiares. Además, endureció los controles a los que regresan de los países de conflicto. Scotland Yard tiene identificados a por lo menos 450 ciudadanos británicos, que salieron de los suburbios de la capital –el llamado “Londonistán”–, Birmingham y Manchester para combatir con los salafistas. En lo que va del año arrestó a 69 personas por delitos vinculados a la actividad de EI, el triple que en 2013, y cerró cerca de 800 páginas de Facebook y cuentas de Twitter. En total, son cerca de 1900 los jihadistas europeos en Siria e Irak. “El fundamentalismo está triunfando entre jóvenes que se sienten marginados, que no tienen objetivos en la vida, desempleados, que enfrentan un futuro incierto. A veces ni siquiera tiene que ver la religión, son conversos. Les están ofreciendo creer en algo, morir por Alá”, explica William Engdahl, analista geopolítico especializado en Medio Oriente. La delantera en la exportación de extremistas la lleva Francia, el país europeo con la mayor comunidad musulmana. La policía tiene marcados en rojo los barrios islamizados de las afueras de París, Marsella y Lille, donde se sospecha que operan las redes de reclutamiento. En Lille vivía Mehdi Nemmouche, francés, de 29 años, hasta que decidió cruzar Europa entera para pelear en la guerra civil siria. Volvió en silencio y en mayo pasado horrorizó al mundo cuando mató a sangre fría a cuatro personas en el Museo Judío de Bruselas. Fue atrapado seis días

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Los barrios marginales son el blanco de reclutamiento de grupos como Estado Islámico para pelear en Siria e Irak y sembrar peligro al volver a sus países

Semilleros de la Jihad. Los suburbios europeos exportan jóvenes milicianos Texto Martín Rodríguez Yebra (Corresponsal en España)

el de localizar a los que regresan, señala Dolores Delgado, fiscal antiterrorista de la Audiencia Nacional de Madrid. “En Siria la acción incluye entrenamiento militar, ideológico y religioso, lo que incrementa el riesgo de que quienes retornen busquen continuar la violencia en sus lugares de origen”, añade. Las agencias de inteligencia descartan que los nuevos reclutas estén orquestando una conspiración terrorista de alta sofisticación de la escala del 11 de Septiembre. Pero esto no los hace menos peligrosos. Lo que se espera de ellos, de hecho, es que actúen como lobos solitarios, un modus operandi difícil de detectar. España identificó, al menos, a 29 de sus ciudadanos entre los comandos que operan en Siria e Irak. La mayoría partió de las ciudades norafricanas de Ceuta y Melilla, de barrios como El Príncipe, superpoblados, con récord de desempleo y fracaso escolar. Pero el Ministerio del Interior detectó actividad jihadista en zonas céntricas de Madrid, Barcelona, Málaga y Huelva. “La irrupción de EI es resultado de muchos errores cometidos a lo largo del tiempo en la crisis siria –sostiene Haizam Amirah-Fernández, investigador principal sobre el Mundo Árabe del Real Instituto Elcano (RIE)–. Estos grupos cuentan con arraigo territorial, con recursos y gran poder de reclutamiento. Para enfrentarlos no alcanza con el enfoque clásico de la lucha antiterrorista; es necesario dar una batalla en el campo de las ideas.” La utopía regresiva del califato y las promesas de redención se revelan como el imán más potente de EI; justificaciones románticas del salvajismo con que conquista territorio en Siria e Irak. La propaganda del terror prendió

En esos territorios grises, la propaganda prende con fuerza incendiaria

El gobierno británico pidió denunciar a los posibles “aspirantes a terroristas”

Los reclutas suelen ser ciudadanos comunitarios de segunda generación

La delantera de la exportación de extremistas la tiene Francia

después, durante una inspección al azar cuando viajaba en un ómnibus que venía de Amsterdam. Llevaba consigo las armas asesinas: un pistola Magnum y un rifle de asalto. La capital belga es otra plataforma jihadista. Sobre todo, el barrio de Scharebeek, donde ya se vivieron revueltas por la resistencia de sus habitantes a cumplir con leyes nacionales, como la prohibición a que las mujeres usen velo integral en lugares públicos. En la vecina Holanda encendieron alarmas las escenas de protestas fundamentalistas con proclamas antisemitas y banderas negras de EI. Ocurrieron en La Haya, una ciudad en la que hay barrios enteros donde sectores radicales intentan aplicar la sharia (ley islámica) por sobre la ley local. Los jihadistas surgidos de los viveros europeos suelen ser jóvenes de entre 18 y 30 años, ciudadanos comunitarios de segunda generación, muy activos en las redes sociales. Según los expertos en contraterrorismo, los aspirantes se contactan por Internet con los “diseminadores”, líderes espirituales que les inculcan el extremismo y les facilitan el viaje a la zona de guerra. Las autoridades enfrentan el desafío de descubrir las redes de difusión y reclutamiento, pero también

incluso en algunas de las naciones más prósperas de Europa, como Austria, Dinamarca y Suecia, donde es más habitual que la radicalización ocurra en entornos carcelarios. También Alemania, un país con siete millones de musulmanes, pero con poca tradición de actividad extremista, se enfrenta al problema. El gobierno de Angela Merkel cifra en 350 los ciudadanos alemanes que se sumaron a la guerra civil siria. Uno de ellos es Deso Dogg, un famoso rapero nacido en las afueras de Berlín y que se convirtió al islam en 2010. Con atuendo militar y aferrado a un Kalashnikov, publica videos en YouTube en los que presenta la guerra santa como una causa justa. Su perfil legendario se potenció a partir de versiones nunca confirmadas de que había muerto en combate. “EI está jugando muy bien la carta de la propaganda”, opina el experto en seguridad Simon Palombi, del think tank Chatham House. Para él, el número de combatientes extranjeros en Siria no es mayor que en otras guerras: lo que cambia es el uso psicológico de esos datos. “El hecho de que fuera un británico quien asesinó a Foley es, sobre todo, una cuestión de propaganda, un intento de provocar la reacción del gobierno y de los medios para estar más tiempo en primer plano.”ß

ARCHIVO/IMAGEN TV

De Occidente a Siria e Irak Cientos de jóvenes dejan sus países convencidos de que la “guerra santa” es su camino En las guerras de Siria e Irak los espera la batalla, la muerte y el extremismo. Por ejemplo, el norteamericano Eric Harroun, que luce orgulloso su lanzacohetes y su Kalashnikov, luchó como jihadista en Siria y según su familia habría muerto la semana pasada. Y en Siria, un joven de doble nacionalidad holandesa y turca llamado Yilmaz se dedica a entrenar a combatientes extranjeros en las artes de la guerrilla y la insurgencia.

Petróleo y extorsión, los secretos detrás de la fortuna de EI Es uno de los grupos más ricos de la historia; tiene entre US$ 1300 y 2000 millones Adriana M. Riva LA NACION

Los talibanes en Afganistán recaudan unos 200 millones de dólares al año, gracias al contrabando de opio y otros recursos naturales; Al-Qaeda en el Magreb, alrededor de 100 millones, a través de rescates de secuestros; Boko Haram, en Nigeria, unas decenas de millones, de extorsiones e impuestos. Son fondos tan escabrosos como los grupos que los administran. Pero al lado de las arcas de Estado Islá-

mico (EI), una de las organizaciones terroristas más ricas del mundo, representan apenas un vuelto: según autoridades iraquíes, los activos de la insurgencia sunnita que hoy desvela a Occidente oscilan entre 1300 y 2000 millones de dólares, una cifra espeluznante que crece a medida que los extremistas expanden su califato islámico en Siria e Irak. “Los ataques [de Al-Qaeda] del 11 de septiembre de 2001 contra Estados Unidos costaron un millón de dólares. Hoy, estimamos que EI tiene varios miles de millones de dólares”, advirtió la semana pasada el ministro de Relaciones Exterior de Francia, Laurent Fabius. “Estamos, probablemente, ante el grupo terrorista más pudiente que jamás haya existido”, coincidió en señalar, hace

unos días, Matthew Levitt, ex subsecretario de Inteligencia y Análisis en el Departamento del Tesoro de Estados Unidos. En sus inicios, las donaciones de millonarios musulmanes procedentes de países sunnitas, como Arabia Saudita o Kuwait, mantuvieron a flote a los jihadistas de EI en su lucha contra los gobiernos chiitas de Damasco y Bagdad. Pero a medida que el grupo avanzó en sus conquistas, comenzó a tender redes económicas ilícitas en las regiones bajo su control para enriquecerse. Y en un país como Irak, uno de los principales productores de petróleo del mundo, el oro negro se convirtió en su bien más preciado. EI controla siete campos petroleros y dos refinerías en el norte de

Irak, así como seis campos petroleros y dos refinerías en Siria. Se trata de instalaciones con una capacidad productiva de entre 30.000 y 80.000 barriles de crudo por día. Según expertos, a través de intermediarios en Turquía y Siria, los militantes venden esos barriles a entre 25 y 60 dólares en el mercado negro (el precio internacional supera los 100 dólares por barril) y obtienen la módica suma de dos millones de dólares diarios. Aparte de los recursos petrolíferos, la elaborada economía de guerra de EI tiene otros tentáculos recaudadores, varios de los cuales fueron revelados semanas atrás por el diario británico The Guardian, que tuvo acceso a 160 memorias USB que le fueron confiscadas a un líder de EI por el ejército iraquí.

Según consta en esos archivos, los jihadistas recaudan millones con extorsiones, principalmente a minorías religiosas a cambio de su protección; el contrabando de armas; el cobro de peajes en las rutas que controlan; el pago de rescates de secuestros; la venta de materiales de fábricas desmanteladas; la recaudación de todo tipo de impuestos; el tráfico de obras arqueológicas de sitios sagrados... y la lista sigue. Consciente de la necesidad de no depender de una financiación externa, sino de sus propios recursos, EI apeló a estas fuentes de financiación desde sus inicios, cuando aún era parte de Al-Qaeda. El gran salto, sin embargo, llegó con la captura relámpago de Mosul, la segunda ciudad de Irak, en junio

pasado. Los islamistas saquearon entonces la sucursal del Banco Central y se hicieron con más de 400 millones de dólares, que terminó por consolidar su poderío económico. Hoy, con un territorio que se extiende desde Raqqa, en Siria, hasta Mosul, en Irak –una superficie más grande que Gran Bretaña–, donde viven unas ocho millones de personas, EI se financia por sus propios medios a una escala sorprendente. Esa autofinanciación plantea un desafío enorme a los gobiernos que intentan frenar su avance: al no estar tan integrado al sistema financiero internacional, EI no es vulnerable a sanciones, leyes contra el lavado de dinero y regulaciones bancarias. Y prueba de ello es que cada día se hace más rico.ß