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na y a la que, fuera del área, afecta a su desenvolvimiento. Mundo Nuevo Revista de Estudios Latinoamericanos es una publi- cación cuatrimestral del Instituto y, si bien difunde los resultados de sus propias investigaciones y actividades académicas, acoge con beneplácito los aportes científicos que le sean enviados en ...
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ISSN 0379-6922

REVISTA

DE

ESTUDIOS LATINOAMERICANOS

L E T R A A L CU UE O Z D E A N T E S E NV EL E

Instituto de Altos Estudios de América Latina UNIVERSIDAD SIMÓN BOLÍVAR Caracas, Venezuela. Año VI, Nº 15 (Julio-Diciembre) 2014

DATOS DE LA PORTADA

Nombre del mapa: Año de ejecución: Original: Dimensiones:

AMERICAE SIVE NOVI DESCRIPTIO 1570 Gabrado en cobre 35,3 x 48,4 cm

Mapa elaborado por el cartógrafo holandés ABRAHAM ORTILIUS (1527-1598) pertenece a su obra; Theatrum Orbis Terrarum. considerado como el primer “Atlas Moderno” editada por primera ver en 1570. De 1571 a 1598 tuvo varias reediciones. El mapa reproducido en la portada de la revista “Mundo nuevo” posiblemente fue tomado de la edición de 1587 titulada: Treasurus Geographicus, ya que si observamos el extremo derecho inferior de cualquier número de dicha revista leemos la fecha de 1587.

R evista

de

Estudios L atinoamericanos

Es una idea grandiosa pretender formar de todo el Mundo Nuevo una sola nación con un solo vínculo que ligue sus partes entre sí y con el todo Simón Bolívar

UNIVERSIDAD SIMÓN BOLÍVAR INSTITUTO DE ALTOS ESTUDIOS DE AMÉRICA LATINA Caracas, Venezuela. Año VI, Nº 15 (Julio-Diciembre) 2014

UNIVERSIDAD SIMÓN BOLÍVAR

FUNDACIÓN BICENTENARIO DE SIMÓN BOLÍVAR

Rector: Enrique Planchart Vicerrector académico: Rafael Escalona Vicerrector administrativo: William Colmenares Secretario: Cristian Puig

DIVISIÓN DE CIENCIAS SOCIALES Y HUMANIDADES

Directora: Sandra Pinardi INSTITUTO DE ALTOS ESTUDIOS DE AMÉRICA LATINA

Director: Héctor Maldonado Lira

Centros adscritos al IAEAL: Centro de Estudios Estratégicos (CEE) Centro Latinoamericano de Estudios de Seguridad (CLES) Centro de Investigaciones Críticas y socioculturales (CICS) Centro de Estudios de Género (CEG) Centro de Estudios e Investigaciones para la Integración Regional (CENIR)

Junta Directiva: Enrique Planchart Guillermo Álvarez Héctor Maldonado Lira María de la Fe López Guillermo Aveledo Oscar Vallés Aníbal Romero

“MUNDO NUEVO” REVISTA DE ESTUDIOS LATINOAMERICANOS

Director: Héctor Maldonado Lira Consejo Editorial: Eleonora Cróquer (Venezuela) Makram Haluani (Venezuela) Christine Hunefeldt (EE.UU.) Francine Jácome (Venezuela) Alberto Navas (Venezuela) Orlando Pérez (EE.UU.) Sandra Ornés (Venezuela) Alfredo Ramos (Venezuela) Carlos Romero (Venezuela) Andrés Serbin (Argentina) José E. Übeda-Portugés (España) Edgard Yerena (Venezuela) Coordinación Editorial: Daniela Díaz Larralde

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de

Estudios L atinoamericanos

Luis Alberto La construcción del Estado Cuartel en Venezuela Buttó (1999-2014) Jo-ann Peña El Estado Cuartel, el enemigo interno y el asedio Angulo ciudadano en Venezuela (1999-2006) José Raimundo El giro ideológico de la Fuerza Armada Nacional Porras Pérez Bolivariana: la concepción marxista-leninista de guerra revolucionaria y el nuevo pensamiento militar venezolano Rosaura Guerra El “Hombre Nuevo” nace en la escuela: Pineda el Programa de Instrucción Premilitar y la formación de milicianos en la Revolución Bolivariana Alejandro Gámez Venezuela siglo XXI: la democracia acuartelada Morales Alejandro El imaginario pretoriano: cultura política y sistemas Cardozo Uzcátegui de representación en el Estado Cuartel (1952-1958)

UNIVERSIDAD SIMÓN BOLÍVAR INSTITUTO DE ALTOS ESTUDIOS DE AMÉRICA LATINA Caracas, Venezuela. Año VI, Nº 15 (Julio-Diciembre) 2014

El Instituto de Altos Estudios de América Latina de la Universidad Simón Bolívar realiza actividades de investigación, docencia y extensión referidas a la realidad de América Latina y a la que, fuera del área, afecta a su desenvolvimiento. Mundo Nuevo Revista de Estudios Latinoamericanos es una publicación cuatrimestral del Instituto y, si bien difunde los resultados de sus propias investigaciones y actividades académicas, acoge con beneplácito los aportes científicos que le sean enviados en forma de artículos o notas. Las opiniones en ellos vertidas no comprometen necesariamente la del Instituto. La correspondencia deberá dirigirse a: Instituto de Altos Estudios de América Latina. Universidad Simón Bolívar. Campus universitario. Edificio Básico II. 3º piso. Oficina CB2-235. Los artículos en su versión electrónica deben ser enviados al siguiente correo: [email protected] Para cualquier información adicional puede comunicarse a los teléfonos: 02129064857, 9064853. Dirección electrónica: www.iaeal.usb.ve. Director IAEAL: [email protected] Mundo Nuevo: [email protected] Secretaria: [email protected] Sistemas, logística y comunicaciones electrónicas: [email protected] Revisión de textos en inglés: Dra. Marina Meza S., Departamento de Idiomas. Diseño y Diagramación: Luis Müller. Todos los artículos publicados en Mundo Nuevo Revista de Estudios Latinoamericanos han sido sometidos a arbitraje conforme a sus normas internas. Incluida en los Índices REVENCYT y LATINDEX. Edición financiada por la Fundación Bicentenario de Simón Bolívar Depósito Legal: P.P. 78-0075

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LOS AUTORES Luis Alberto Buttó. Doctor en Historia. Magíster Scientiárum en Planificación del Desarrollo. Magíster en Comunicación de la Defensa y los Conflictos Armados. Historiador. ProfesorInvestigador / Jefe del Departamento de Ciencias Sociales (Universidad Simón Bolívar). Director del Centro Latinoamericano de Estudios de la Seguridad (Instituto de Altos Estudios de América Latina. Universidad Simón Bolívar). Alejandro Cardozo Uzcátegui. Doctor en Historia. Historiador. Politólogo. Profesor-Investigador (Universidad Simón Bolívar). Investigador adscrito al Centro Latinoamericano de Estudios de la Seguridad (Instituto de Altos Estudios de América Latina. Universidad Simón Bolívar). Alejandro Gámez MORALES. Candidato a Magíster en Ciencia Política. Internacionalista. Investigador adscrito al Consejo Venezolano de Relaciones Internacionales. Rosaura Guerra. Candidata a Magíster en Ciencia Política. Historiadora. Ayudante Académica adscrita al Grupo de Gestión Ambiental Urbana y Conflicto Socio-Político (Departamento de Planificación Urbana. Universidad Simón Bolívar). Jo-ann Peña Angulo. Magíster Scientiárum en Ciencias Políticas. Historiadora. Profesora-Investigadora y Directora del Archivo Histórico (Universidad de Los Andes). José Raimundo Porras. Teniente Coronel (Ej.) en situación de retiro. Candidato a Doctor en Ciencias Políticas. Magíster Scientiárum en Historia de Venezuela. Licenciado en Ciencias y Artes Militares. Diplomado en Estado Mayor.

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Editorial

Entre sus objetivos, el Instituto de Altos Estudios de América Latina (IAEAL) tiene como uno fundamental promover y difundir los resultados de las investigaciones desarrolladas por los profesores e investigadores de la Universidad Simón Bolívar. Concebimos la revista muy vinculada a las actividades de los Centros adscritos al mismo y sobre todo como instrumento para estimular su producción científica. En esta oportunidad publicamos un número monográfico titulado “El Estado Cuartel en Venezuela”, que contiene seis artículos en los cuales se debate la situación de la Venezuela contemporánea, producto de las investigaciones desarrolladas por miembros del Centro Latinoamericano de Estudios de Seguridad (CLES) del IAEAL. Nos parece muy oportuna la aparición de este monográfico de la revista Mundo Nuevo ya que nos permite ahondar, desde una perspectiva académica, en la comprensión de un fenómeno que está viviendo el país. Sobre todo en este año, cuando se van a elegir los nuevos parlamentarios de la Asamblea Nacional, se hace por demás conveniente ilustrar a los lectores, con el fundamento necesario, las opciones que estamos debatiendo. Nos queda claro que evidentemente el tema no se agota con el aporte que hacen los investigadores del CLES y por ello invitamos a continuar el riguroso análisis de nuestra situación para encontrar un rumbo adecuado al desarrollo democrático de nuestro país. Nos complace introducir la presentación de este número de la revista, coordinada por el profesor Luis Buttó, quien además ha escrito uno de los artículos que aparecen en el monográfico. Héctor Maldonado Lira. Ph.D. Director IAEAL

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Presentación

En 1941, Harold D. Lasswell hizo pública su propuesta teórica en torno a lo que denominó Estado Cuartel o Estado Guarnición: el sistema de gobierno donde los integrantes del sector militar se erigen élite dominante de la sociedad, dados el poder político y el poder económico adquiridos, razón por la cual pasan a controlar de manera directa o indirecta todo el andamiaje institucional del Estado; y donde la cosmovisión castrense expresada en la dicotomía bando aliado versus bando enemigo se constituye preponderante instrumental válido para dirimir los conflictos sociales y los conflictos por el acceso a las estructuras gubernamentales. Como soporte a sus argumentos, Lasswell explicó los indicadores claves utilizados para reconocer el fenómeno en cuestión y describió el proceso a través del cual este termina dando al traste con cualesquiera mecanismos inherentes al proceder democrático. Para el autor de marras, las posibilidades de construir el Estado Cuartel son similares tanto en el caso de las formaciones socioeconómicas basadas en la economía de mercado como en el de las signadas por la planificación económica centralizada. Si bien en su momento los argumentos de Lasswell pudieron haber lucido tremendistas, el tiempo acercó sus elucubraciones a la praxis cotidiana. Por ejemplo, en 1961, durante su mensaje de despedida de la presidencia norteamericana, Dwight D. Eisenhower advirtió los riesgos desatados sobre la sociedad democrática por la salida de cauce del poderío sumado por lo que denominó complejo militar-industrial. A partir de 1999, Venezuela ha experimentado un significativo proceso de cambios políticos, económicos y sociales que condujeron a la recomposición de las relaciones de poder. De una u otra forma, los miembros de la fuerza armada nacional han desempeñado papel protagónico en este sentido. Por esta razón, luce por demás pertinente, con base en el arsenal teórico disponible, preguntarse si las 11

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transformaciones señaladas conducen y/o pueden conducir a la edificación de un Estado Cuartel en el país más septentrional de América del Sur. En caso de encontrar respuesta afirmativa a esta primera interrogante, resulta imperativo determinar cuáles serían las características particulares del hecho constatado, en función de las especificidades del momento histórico vivido. Responder a tales erotemas fue el objetivo central de los ensayos incluidos en el presente número monográfico de Mundo Nuevo. El cometido se llevó a cabo desde diferentes ángulos y perspectivas. En líneas generales, los escritos hicieron énfasis en aspectos como la exégesis del sustento legal que ampara y/o posibilita la estructuración del Estado Cuartel en Venezuela; su influencia en la entronización de fenómenos asociados, verbigracia el pretorianismo y el militarismo; sus diversas manifestaciones materiales, simbólicas, morales e ideológicas; el impacto de la educación en la conformación de la mentalidad correspondiente; la formulación y diseño de la nueva doctrina de defensa nacional así derivada y la afectación global que el objeto estudiado puede tener sobre la vigencia de la democracia venezolana a corto, mediano y largo plazo. El eje transversal de los artículos estuvo determinado por el requerimiento de aportar opinión alternativa a servir de referencia para el debate necesario por darse al respecto en el seno de la sociedad civil. El contenido de esta edición de Mundo Nuevo es el primer resultado del proyecto de investigación intitulado “El Estado Cuartel en Venezuela”, desarrollado por el Centro Latinoamericano de Estudios de Seguridad (CLES). Como centro adscrito al Instituto de Altos Estudios de América Latina (IAEAL) de la Universidad Simón Bolívar, el CLES agradece profundamente el apoyo irrestricto brindado a la realización del referido proyecto de investigación por el Director del IAEAL, Dr. Héctor Maldonado Lira, en reconocimiento al hecho de que esta publicación solamente fue posible por dicho respaldo. Luis Alberto Buttó Director del CLES 12

MUNDO NUEVO. Caracas, Venezuela Año VI. N° 15. 2014, pp. 13-54

ESTUDIOS

Luis Alberto Buttó Universidad Simón Bolívar  [email protected]

LA CONSTRUCCIÓN DEL ESTADO CUARTEL EN VENEZUELA (1999-2014)

Resumen: A partir de 1999, comenzó a conformarse en Venezuela una novedosa realidad institucional caracterizada, entre otros elementos, por la intervención militar en política –pretorianismo–, con la finalidad de que la fuerza armada nacional sirva de soporte para la construcción del modelo político conocido como Revolución Bolivariana y el modelo de acumulación y desarrollo denominado Socialismo del Siglo XXI. Este cuadro político-institucional apunta a la edificación del fenómeno denominado Estado Cuartel o Estado Guarnición. En el presente ensayo se pretende la exégesis de dicho proceso haciendo énfasis en las normas legales que lo soportan. Palabras clave: Venezuela, Fuerza Armada Nacional, Pretorianismo, Estado Cuartel. The Building of the Garrison State in Venezuela (1999-2014) Abstract: From 1999, it began to be built in Venezuela a new institutional reality characterized, inter alia, by the military intervention in politics (praetorianism) with the goal that the National Armed Force serves as support for the construction of the political model known as Bolivarian Revolution and the economic model called Socialism of the XXI Century. This political-institutional framework aims at the building of a garrison state. This essay does the exegesis of this process doing emphasis on legal standards that support it. Keywords: Venezuela, Venezuelan National Armed Forces, Praetorianism, Garrison State.

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In a world in which the scientist may also be a democratic citizen, sharing democratic respect for human personality, it is rational for the scientist to give priority to problems connected with the survival of the democratic society.1 Harold D. L asswell

1. Introducción La intervención militar en política fue una de las constantes históricas de mayor trascendencia en el siglo XX venezolano y lo sigue siendo en lo transcurrido de la nueva centuria. Dicha intervención, en todo caso y momento, no puede menos que considerarse abusiva e ilegítima, pues, para concretarla, elementos altamente politizados de la fuerza armada se prevalen del poder implícito representado en el monopolio de las armas de la República –en unos casos amenazando con usarlo, en otros usándolo sin más–, resquebrajando, en la práctica, el equilibrio a ser mantenido entre los actores involucrados en la contienda política, tal como reza el modelo ideal del sistema democrático liberal representativo. Para comprender, en su justa dimensión, la expresión, causales y efectos de dicha constante histórica, es perentorio remitirse al fenómeno del pretorianismo, vocablo en buena medida polisémico, pero que, en la mayoría de los textos dedicados a su estudio, muestra coordenadas conceptuales coincidentes. La Academia de la Lengua Española lo caracteriza de la siguiente forma: “in1

“En un mundo en el que el científico también puede ser un ciudadano democrático, compartiendo el respeto democrático por la persona humana, es racional para el científico dar prioridad a los problemas relacionados con la supervivencia de la sociedad democrática” (Harold D. Lasswell, “The Garrison State”, en The American Journal of Sociology, number 4, Chicago: 1941, p. 456. Traducción libre).

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fluencia política abusiva ejercida por algún grupo militar”. De manera más acotada, es definido como la “intervención de los militares en política”2; es decir, el proceso de estructuración de todo aquel sistema político en el cual la institución armada “play a direct or indirect role in the political process”3, en virtud de: “an actual or threatened use of force”4. Como resultado directo y nada deseable, y en lapsos de no siempre significativa extensión, la presencia del pretorianismo conlleva la alteración del sistema democrático al colocar en entredicho uno de sus baluartes fundamentales: “la (...) supremacía de los civiles en la gerencia política de la sociedad moderna 5; lo genéricamente conocido como control civil o control civil democrático6. A largo plazo, la prolongación temporal 2

Samuel P. Huntingto, El orden político en las sociedades en cambio, Buenos Aires: Paidós, 1991, p. 177.

3

Max G. Manwaring, “Guerrillas, narcotics and terrorism: old menaces in a new world”, en Richard L. Millett and Michael Gold-Biss (editors), Beyond praetorianism. The Latin America Military in Transition, USA: North-South Center Press. University of Miami, 1996, p. 53. Traducción libre: “juega un papel directo o indirecto en los procesos políticos”.

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Amos Perlmutter, Political Roles and Military Rulers, Londres: Frank Cass and Co. Ltd., 1981, p. 9. Traducción libre: “de la amenaza o del uso real de la fuerza”.

5

Domingo Irwin, “El control civil y la democracia (conceptos teóricos básicos)”, en Domingo Irwin y Frédérique Langue (coordinadores), Militares y Sociedad en Venezuela, Caracas: Universidad Católica Andrés Bello, 2003, p. 31.

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En cuanto a la aparente ambigüedad detectada entre los términos “control civil” y “control civil democrático”, téngase en cuenta que “En la literatura especializada es práctica de uso común hablar de ‘control civil’ a secas, pero, pese a lucir contradictorio, la sola concreción de control civil no expresa en grado alguno la vigencia de la democracia liberal, habida cuenta de que en países sometidos a regímenes autoritarios y/o totalitarios, el control civil puede ser realidad indiscutida, pues, en todo caso, es apenas suficiente que la oficialidad esté claramente subordinada al sector civil gobernante agrupado en el partido político que de manera férrea controla la sociedad. El asunto radica en que en estos regímenes (paralelamente a la existencia de control civil) se conculcan las libertades civiles y políticas inherentes al desempeño de la ciudadanía

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y cualitativa del pretorianismo en una sociedad determinada conduce a la estructuración de la desafortunada “situación política en la cual el sector militar de una sociedad dada por una suerte de metástasis invade ésta, llegando a dominar todos los aspectos fundamentales de la vida social” 7; lo cual en términos estrictamente académicos es tipificado como militarismo. En otras palabras, el militarismo es la fase superior del pretorianismo en tanto y en cuanto el fortalecimiento y permanencia en el tiempo de realidades pretorianas echa las bases sobre las que se asientan la conformación de sociedades militarizadas, aquellas donde los hombres y mujeres de uniforme se erigen en la élite dominante. En ambientes político-institucionales débiles y/o con significativos grados de atraso –caso de la sociedad venezolana desde el nacimiento de la república independiente–, el pretorianismo encuentra caldo de cultivo idóneo para manifestarse y allí donde lo hace la democracia deviene mera entelequia, en el sentido irónico de la voz. La actuación militar en política es, ciertamente, el mejor descriptor de la utilización arbitraria del peso social acumulado por la fuerza armada, originado en el poder de fuego concentrado. Por tal motivo, la ecuación se muestra absolutamente clara en la relación de las dos vay con base en esa realidad es una contradicción hablar de cualesquiera elementos democráticos. Así, aunque luzca una tautología, el control civil a prevalecer en un sistema democrático liberal ha de ser el ejercido por los representantes del pueblo escogidos en libérrimos y competitivos comicios, que además se comporten de manera democrática en el ejercicio del gobierno, pues en caso contrario perderían por mal desempeño la legitimidad requerida”. Ver Luis Alberto Buttó, “Relaciones civiles y militares, información y democracia en América Latina”, en Mañongo, núm. 41, Valencia (Venezuela): 2013, p. 183. 7

Domingo Irwin, “Usos y abusos del militarismo y el pretorianismo en la historia y la política: unos comentarios generales sobre su uso en la literatura política venezolana de la segunda mitad del siglo XX venezolano”, en Hernán Castillo, Manuel Donís y Domingo Irwin (compiladores), Militares y civiles. Balance y perspectivas de las relaciones civiles-militares venezolanas en la segunda mitad del siglo XX, Caracas: Universidad Católica Andrés Bello, 2001, p. 249.

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riables contenidas: intervención militar en política es igual a pretorianismo. En consecuencia, la intervención militar en política es una inaceptable anomalía institucional pues expresa la más censurable desviación de la misión y funciones de la fuerza armada consagradas por la historia y establecidas en el aparato legal correspondiente. O sea, sin mediar impertinentes y/u ociosas disquisiciones al respecto, bien puede afirmarse que la intervención castrense en política –pretorianismo– y la democracia son fenómenos antitéticos. En Venezuela, de 1999 en adelante, una vez juramentado el primero de los sucesivos gobiernos del Partido Socialista Unido de Venezuela –PSUV, previamente denominado Movimiento Quinta República o MVR por sus siglas–, se inició un sostenido y progresivo proceso de legalización de la intervención militar en política. Para decirlo con ribetes retóricos, el pretorianismo se vistió de atuendos cosidos con espuria legalidad. A partir de ese jalón histórico, la élite de origen golpista –es decir, la que organizó y ejecutó las fracasadas insurrecciones militares de febrero y noviembre de 1992–, enquistada en el Estado y el gobierno venezolanos, se dió a la ininterrumpida tarea de erigir la arquitectura legal requerida para que el pretorianismo campeara sin contratiempos y se constituyera en realidad cotidiana, con todas las implicaciones de este proceder; factores de riesgo para la supervivencia efectiva, que no meramente formal, del sistema democrático. En primer lugar, la politización de la institución militar adelantada con la finalidad expresa de construir, con base en ella, el soporte armado modélico para el proyecto político y el modelo de acumulación y desarrollo conocidos como Revolución Bolivariana y Socialismo del Siglo XXI, respectivamente. En segunda instancia, la posibilidad indiscutida de avanzar en el establecimiento de una formación económica-social militarizada resulta inmediata luego de que el pretorianismo actuante y militante derive a fases superiores de funcionamiento.

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Por último, una vez consolidada la militarización de la sociedad, y como expresión cabal de este proceso, conformar en todas sus dimensiones el fenómeno denominado Estado Cuartel o Estado Guarnición, entendido este, con base en los indicadores identificados por su proponente teórico, como un constructo en desarrollo –developmental construct– cuyo puerto de llegada es “a world which the specialist on violence are the most powerful group in society”8, lo cual evidencia la indiscutida “supremacy of the soldier”9 y propicia que los “Specialist on violence may run the state”10; razón por la cual, en última instancia, “All social change is translated into battle potential”11.

2. La licitud de la exaltación militar En la Constitución venezolana de 1961 se estableció que la fuerza armada era una institución apolítica, obediente y no deliberante, razón por la cual sus numerarios estaban imposibilitados de desarrollar algún tipo de acción política. Tal caracterización de la organización castrense fue el claro producto de la conciencia sostenida por el legislador de entonces de lo asaz inconveniente para la estabilidad del sistema democrático de permitir cualesquiera posibilidades de que los militares interviniesen en política. Al respecto, la Constitución de 1961 puntualizó lo siguiente: Las Fuerzas Armadas Nacionales forman una institución apolítica obediente y no deliberante, organizada por el Estado para asegurar la defensa nacional, la estabilidad de las instituciones democráticas y el respeto a la Constitución y a las leyes, cuyo acatamiento estará siempre por encima de 8

Harold D. Lasswell, op. cit., p. 455. Traducción libre: “un mundo en el cual los especialistas de la violencia son el grupo más importante de la sociedad”.

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Ibíd. Traducción libre: “supremacía del soldado”.

10 Ibíd., p. 457. Traducción libre: “los especialistas de la violencia puedan manejar el Estado”. 11 Ibíd., p. 458. Traducción libre: “todo cambio social se traduce en batalla potencial”.

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cualquier otra obligación. Las Fuerzas Armadas Nacionales estarán al servicio de la República, y en ningún caso al de una persona o parcialidad política12.

En contraposición a la disposición anterior, la Constitución redactada en 1999 –en vigencia a partir de su publicación definitiva en Gaceta Oficial en marzo de 2000– por la Asamblea Nacional Constituyente conformada con abrumadora mayoría oficialista –representantes del MVR o de partidos aliados a este agrupados en el denominado Polo Patriótico– dio el paso inicial de la politización del sector militar desarrollada en Venezuela a partir de ese momento. Las bases de tal proceso están especificadas en lo allí estipulado en relación con la fuerza armada nacional. Entre otras especificaciones, en el capítulo III, artículo 328 de dicha Constitución, deliberadamente se obviaron los adjetivos “obediente” y “apolítica”, definitorios de la institución castrense según la óptica de los constituyentes firmantes en 1961. Por otro lado, se eliminó sin rubor alguno la prohibición a los integrantes de la fuerza armada a deliberar en materia política. De hecho, en juego de palabras que a la luz de los acontecimientos históricos subsiguientes evidenció cateto maquiavelismo, la nueva Constitución se limitó a establecer que los integrantes de la organización armada no tendrían “militancia política”. Así las cosas, al omitirse el carácter obediente y apolítico de la fuerza armada nacional y la prohibición de sus integrantes a deliberar, se institucionalizó la posibilidad de que estos pudiesen expresarse en materia política sin por ello ser objeto de sanción disciplinaria o pena legal alguna, habida cuenta de que al estar permitida la actuación de este tenor su concreción en la práctica cotidiana no implica incurrir en falta o delito. A la letra, el artículo 328 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela reza: 12 Constitución de la República de Venezuela, Gaceta Oficial de la República de Venezuela, N° 662 (Extraordinario), 23 de enero de 1961.

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La Fuerza Armada Nacional constituye una institución esencialmente profesional, sin militancia política, organizada por el Estado para garantizar la independencia y soberanía de la Nación, y asegurar la integridad del espacio geográfico mediante la defensa militar, la cooperación en el mantenimiento del orden interno y la participación activa en el desarrollo nacional, de acuerdo con esta Constitución y con la ley13.

Vale decir, a partir de la entrada en vigencia de esta Constitución –coloquial y erróneamente bautizada “bolivariana” por los seguidores del movimiento político dominante en Venezuela a partir de 1999, ya que lo bolivariano es la República y no la Constitución, y en algún momento vilipendiada por el propio presidente Chávez al presentarla como la “bicha”–, los militares venezolanos no tienen cortapisas para asumir posturas y conductas políticas, siempre y cuando la acción desarrollada en este sentido no pase por el tamiz de adherirse a organización partidista reconocida. Con esto último se salvaguardó el prurito de las formalidades legales cuyo incumplimiento podría hacer lucir exagerado y/o desfachatado a los ojos de la opinión pública nacional e internacional el nuevo derecho conquistado por los funcionarios mencionados. En concreto, se reconoció el carácter político de la fuerza armada nacional y de sus integrantes amparándose en el tropo de la no militancia formal en partidos políticos. En otros términos, a partir de ese hito histórico, constitucionalmente hablando, los militares venezolanos pueden ser activistas o simpatizantes de la corriente política que tengan a bien valorar positivamente en tanto y cuanto no se inscriban como militantes o cuadros de la tolda política correspondiente. Desde entonces, el liderazgo en usufructo del poder político venezolano ha sido insistente y por demás diáfano en explicar la diferenciación que atañe a los miembros de la fuerza armada al reconocérsele su condición de actores políticos independientemente de que no lleguen a ser militantes de algún partido. En 13 Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela, N° 5.453 (Extraordinario), 24 de marzo de 2000.

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este sentido, el fallecido presidente Chávez dio por descontado que la institución militar es un “recurso político del Estado”14 y así tiene que ser entendida y utilizada al lanzar la erotema de “¿por qué los militares tienen que ser apolíticos?”15, la cual se respondió de la siguiente manera: “Nadie ha dicho que entre los militares funcionará un partido, pero es que no podemos confundir política con politiquería”16. En su opinión, los militares no deben asumir unívocamente las nociones “político” y “militante partidista” ya que desarrollar a plenitud la primera condición en lo absoluto implica recorrer el camino de la segunda, razón por la cual todos los uniformados deben sentirse y actuar como elementos políticos pues no solo en ciertas y determinadas circunstancias los soldados “pueden” ser políticos, sino que en todo momento de hecho lo “son”17. Es decir, la compenetración con el proyecto político puesto sobre la mesa no es ni por asomo opcional. La obligación a tales efectos es inherente y sustancial. La síntesis de tal concepción la plasmó en estos términos: Es absolutamente falso eso de que el militar es apolítico (...) Todo comandante de unidad, en todos los niveles está obligado a repetir desde el alma y a levantar bien en alto la bandera con esa consigna: Patria, Socialismo o Muerte (...) Quienes en la Fuerza Armada comenzaron hace varios años a levantar aquella figura del institucionalismo, “no, yo soy institucional”; sencillamente, era una manera, fue una manera de enmascararse (...) Si alguno se siente incómodo por eso, pues tramite su baja18. 14 María Daniela Espinoza, “Bajo el signo del militar-político y el ciudadano-soldado”, en El Universal, Caracas, 24 de febrero de 2008, p. 1-4. 15 Ibíd. 16 Ibíd. 17 Hugo Rafael Chávez Frías. Salutación de Fin de Año del Presidente de la República Bolivariana de Venezuela a la Fuerza Armada Nacional, Caracas, Venezolana de Televisión [transmisión de TV], 28 de diciembre de 2006. 18 Hugo Rafael Chávez Frías. Discurso pronunciado en el acto de entrega de préstamos hipotecarios a personal de la Fuerza Armada Nacional, Caracas, Venezolana de Televisión [transmisión de TV], 2 de abril de 2007.

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En consecuencia, dado el respaldo constitucional obtenido, los uniformados venezolanos están, verbigracia, en plena libertad de proponer, aupar, respaldar, impulsar, implantar y/o defender el proyecto político y el modelo de acumulación y desarrollo que consideren beneficioso para los supremos intereses de la patria; intereses que, sin lugar a dudas, estarán definidos como tales en el particular diagnóstico, evaluación e interpretación de la realidad nacional emanado intramuros los cuarteles. Igualmente, pueden denostar, rechazar y/u oponerse al proyecto político y al modelo de acumulación y desarrollo catalogado por la institución armada pernicioso al bienestar y la estabilidad nacional. Precisamente, conductas de este tipo fueron asumidas sin tapujo alguno por integrantes del estamento militar desde la entronización de la otrora élite golpista de 1992 en el entramado del Estado y del gobierno venezolanos acaecida en enero de 1999 como resultado de los comicios electorales efectuados un mes antes, proceso que se mantiene en el tiempo hasta el momento de escribir estos párrafos. Hoy en día, los documentos oficiales de la fuerza armada nacional estipulan que dicha organización es “bolivariana”, “revolucionaria”, “antiimperialista”, “socialista” y “chavista”, adjetivos que, desde abril de 2012 y según lo ordenado directamente por el Alto Mando, son de uso obligatorio de todos los uniformados nacionales en el saludo que deben ofrecerse de manera cotidiana. En todas sus apariciones públicas los militares venezolanos recalcan con estas palabras su identificación política19. Desde el fallecimiento del presidente Chávez en 2013 al saludo militar se le agregó la frase “Chávez vive, la lucha sigue”, coda de la expresión “Patria, Socialismo o Muerte”, utilizada durante varios años en cerril copia de la terminología institucional cubana y posteriormente modificada por la de “Independencia 19 “Nuevo saludo militar: Bolivariano, Revolucionario, Antiimperialista, Socialista y Chavista”, en PRIMICIA.COM. Disponible en: http://www. primicia.com.ve/index.php/nacion/item/13150-nuevo-saludo-militarbolivariano-revolucionario-antiimperialista-socialista-y-chavista.html, 1 de abril de 2011. (Consultado el 2 de junio de 2012).

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y Patria Socialista. Viviremos y Venceremos” al conocerse oficialmente la grave enfermedad que a la larga acabó con la vida del personaje de marras. Fue en este contexto que, en 2011, el para entonces jefe del Comando Estratégico Operacional (máxima instancia operativa de la fuerza armada venezolana, solo subordinada a la comandancia en jefe), declaró lo siguiente, con clara conciencia del mensaje implícito y de los destinatarios a quienes estaba dirigido: La Fuerza Armada Nacional no tiene lealtades a medias sino completas hacia un pueblo, un proyecto de vida y un Comandante en Jefe. Nos casamos con este proyecto de país (...) Para muchos hay algunos líderes militares que no les son convenientes y [dicen] que hay que sacarlos del camino (...) Los ataques están en la agenda de la oposición. El elemento Fuerza Armada históricamente ha sido utilizado para de alguna manera derrocar gobiernos. Ellos actúan apoyados por terceros países y eso afecta el nacionalismo. La hipótesis [de un gobierno de la oposición] es difícil, sería vender al país, eso no lo va a aceptar la gente, la FAN no, y el pueblo menos20.

La porfía pueril e improductiva de interpretar los acontecimientos históricos del presente con base en esquemas teóricoconceptuales cuyos alcances resultaron ideales en el pasado, y la malaventurada miopía analítica que tal proceder sempiternamente arrastra tras de sí, ha llevado a que durante los 15 años sumados por el ejercicio del autollamado gobierno bolivariano (para el instante en que se evacúan estas apreciaciones) un sinfín de analistas políticos y grupos opuestos a dicho régimen persistan en denunciar como anticonstitucional la intromisión militar en política desarrollada sin ambages en el período mencionado. Desde la óptica del presente escrito es obvio que, al pronunciarse en tal sentido, estos círculos de pensamiento evi20 José Luis Carrillo, “En las FF.AA. nos casamos con el proyecto de país del Comandante Hugo Chávez [entrevista al general Henry Rangel Silva]”, en Noticias 24, Disponible en: http://www.noticias24. com/actualidad/noticia/179689/venezuela-adquirio-tanques-t72btr-80-y-btp3-y-misiles-para-defender-las-costas, 2011. (Consultado el 30 de junio de 2011).

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dencian abandono del imprescindible trabajo de exégesis de la Carta Magna aprobada en referéndum en diciembre de 1999, o por lo menos explicitan haberla glosado sin la acuciosidad requerida, por lo que en consecuencia la paráfrasis ejecutada concluyó en el sentido equivocado de las proposiciones sometidas a estudio. Dicho de otra forma, el esfuerzo intelectual desplegado en la dirección señalada adolece de la errada creencia de que la Constitución de 1961 está en plena vigencia y no fue derogada por la vigente desde 2000. El yerro del entendido expuesto se evidenció, verbigracia, en la solicitud de amparo constitucional interpuesta por ante la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) el 28 de marzo de 2014 por los representantes del denominado Frente Institucional Militar, conformado por oficiales en situación de retiro manifiestamente opuestos al gobierno, mediante la cual solicitaron a ese cuerpo colegiado: una ación (sic) de amparo que suspenda de manera inmediata y definitiva el acto inconstitucional continuado y arbitrario emanado del ministro de la defensa y los mandos militares, de incluir e involucrar a la fan (sic) en el debate político, con el que violan los artículos 328 y 330 de la constitución acto con el que además se obliga a los integrantes de la fan como personas naturales a violar dichos artículos, lo cual constituye la violación de los derechos que tienen todos los militares en servicio activo de mantenerse al margen de “participar en actos de propaganda, militancia o proselitismo político” (art. 330 crbv) (sic), todo lo cual viola los derechos difusos que emanan de la norma expuesta; y además de constituir un delito por parte de los diferentes comandos de dicha fan que acaten y ordenen en su nivel de mando la tal violación de los artículos 328 y 330, cometen delitos dentro de la gama de: instigación a delinquir, delitos contra las libertades políticas, delitos contra los deberes y el honor militar, delitos de usurpación y abuso de autoridad; siendo obvio, que los subalternos al acatar la orden de su superior, actuando en los parámetros de la obediencia, la disciplina y la subordinación, entendidos como “pilares fundamentales” en el mismo artículo 328, cometen el mismo delito, “sin que les

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sirvan de excusas órdenes superiores” a tenor de lo contemplado en el artículo 25 de la misma Constitución21.

Más allá del hecho de que si las órdenes cuestionadas fuesen ilegales los subordinados a quienes van dirigidas jamás estarían obligados a acatarlas y, por el contrario, tendrían la obligación ética (deontología militar de por medio) de denunciarlas, en tanto y cuanto la Constitución venezolana niega cualquier valor a la obediencia debida (también conocida como obediencia jerárquica)22, lo cual con suma precisión destacaron los solicitantes del amparo constitucional en cuestión, el quid del problema radica en que tales instrucciones no son ilegales pues los jefes militares de cuya autoridad emanan y los subordinados prestos a cumplirlas a gusto y sin dilación, actúan al respecto con base en las prerrogativas políticas otorgadas en el articulado constitucional redactado por diputados constituyentes, en su mayoría oficiales, partícipes en las intentonas golpistas de febrero y noviembre de 1992; o civiles de mentalidad, espíritu y proceder pretoriano, en aquel momento desempañando el apocado papel de cagatintas afanados en justificar las mencionadas tropelías a partir de su irracional animadversión a la democracia liberal representativa implantada en Venezuela a partir de 1958. Articulado mediante el cual, los agavillados para azuzar, aupar y/o ejecutar la arremetida armada contra el orden democrático (quizás el más deleznable de los actos políticos en 21 Despacho de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, Expediente Nº 14-0313, 11 de junio de 2014. Disponible en: http://www.tsj. gov.ve/decisiones/scon/junio/165491-651-11614-2014-14-0313.html (Consultado el 15 de septiembre de 2014). 22 Al respecto, el artículo 25 de la Constitución es sumamente claro al establecer que: “Todo acto dictado en ejercicio del Poder Público que viole o menoscabe los derechos garantizados por esta Constitución y la ley es nulo, y los funcionarios públicos y funcionarias públicas que lo ordenen o ejecuten incurren en responsabilidad penal, civil y administrativa, según los casos, sin que les sirvan de excusa órdenes superiores”. Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela, Nº 5.453 (Extraordinario), 24 de marzo de 2000.

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tiempos de modernidad) blindaron la futura militarización de la sociedad venezolana. Por esta razón, el TSJ pudo responder con propiedad en los términos siguientes a los peticionarios del amparo traído a colación: para aquellos asuntos como los planteados en la presente acción de amparo, también resulta válido atender a las líneas generales que por el Ejecutivo Nacional hayan sido establecidas en el Plan de Desarrollo Económico y Social de la Nación (hoy en día reconocido como el Plan de la Patria 2013-2019), y que, además, se encuentra debidamente aprobado por el órgano del Poder Legislativo Nacional para su implementación en toda la República durante el ejercicio del mandato por el cual fue electo (...) De esta manera, con fundamento en la normativa antes señalada, se puede afirmar que los mensajes que pueden ser difundidos por la Fuerza Armada Nacional Bolivariana a través del empleo de un saludo o una consigna militar en nada trastoca el orden jurídico que rige para las instituciones y demás autoridades de las cuales depende esta institución militar. (...) No obstante, sobre el tema planteado bien cabe acotar, o aclarar para este caso en particular, que la participación de los integrantes de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana en actos con fines políticos no constituye un menoscabo a su profesionalidad, sino un baluarte de participación democrática y protagónica que, para los efectos de la República Bolivariana de Venezuela, sin discriminación alguna, representa el derecho que tiene todo ciudadano, en el cual un miembro militar en situación de actividad no está excluido de ello por concentrar su ciudadanía, de participar libremente en los asuntos políticos y en la formación, ejecución y control de la gestión pública –siguiendo lo consagrado en el artículo 62 de la Constitución de la República de Venezuela–, así como también, el ejercicio de este derecho se erige como un acto progresivo de consolidación de la unión cívico-militar, máxime cuando su participación se encuentra debidamente autorizada por la superioridad orgánica de la institución que de ellos se apresta 23.

23 Despacho de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, op. cit.

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En otro orden de ideas, en el mismo artículo 328 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela se definió a la fuerza armada como institución, entre otras funciones y objetivos, “organizada por el Estado para (...) la participación activa en el desarrollo nacional”24. Esto es, la fuerza armada es un órgano estatal constitucionalmente misionado para participar directamente en los esfuerzos conducentes a implantar en la sociedad venezolana el modelo de acumulación y desarrollo delineado bien en el texto constitucional, bien en los planes y programas de gobierno ideados, programados y ejecutados por la parcialidad dominante; por ende, protagonista principal en los asuntos conexos. En otras palabras, a partir de ese instante, la fuerza armada pasó a ser un organismo con capacidad y potestad para diseñar, ejecutar y/o imponer políticas públicas (en materia económica, social, cultural, científica, tecnológica y pare usted de contar) que, en la percepción de quienes ostenten el poder político nacional, resulten idóneas para incrementar los grados tangibles de desarrollo relativo y mejorar las condiciones de vida generales de la población. Para decirlo con la precisión requerida, al entrar en vigor el artículo mencionado la institución armada fue erigida constitucionalmente actor político con participación directa en el control de la maquinaria estatal y gubernamental, habida cuenta de que ejercer dicho control resume uno de los objetivos medulares de la acción política, pues la nula capacidad de influir sobre el proceso de toma de decisiones deriva de que la facción o grupo social afanado en estos menesteres se encuentre marginada de los centros de poder donde se cocinan y desde los cuales se llevan a cabo, valiéndose de los mecanismos y herramientas de los que dispone el Estado y el gobierno, aquellas decisiones que se traducen en políticas públicas. La sinopsis del asunto explicita claramente que, dado lo estipulado en su artículo 328, la Constitución vigente en Venezuela 24 Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela, Nº 5.453 (Extraordinario), 24 de marzo de 2000.

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desde 2000 posibilitó el hecho de que en el país desaparecieran cualesquiera ambages en torno a la potestad inmediata de los hombres y mujeres de uniforme de inmiscuirse en la dirección y conducción de los aparatos operativos del Estado y del gobierno. Y aquí el verbo inmiscuir es utilizado en stricto sensu: entremeterse, tomar parte en un asunto o negocio, especialmente cuando no hay razón o autoridad para ello. Téngase en cuenta que la inextricable ligazón planteada entre seguridad interna y desarrollo nacional, entendida la primera como proceso clave de la fuerza armada y el segundo como causal preponderante en la maximización de aquella, conforma uno de los postulados ideológicos, filosóficos y programáticos claves motivadores de la intervención militar en política signada por acciones populistas y radicales, bastante común en América Latina a partir de la década de los sesenta del siglo pasado y manifiesta en Venezuela desde los años noventa de la anterior centuria25.

25 Sobre el pretorianismo populista y radical latinoamericano, ver Luis Alberto Buttó, “Pretorianismo y Nuevo Profesionalismo Militar”, en Domingo Irwin, Luis Alberto Buttó y Frédérique Langue, Control Civil y Pretorianismo en Venezuela, Caracas: Universidad Católica Andrés Bello, 2006, pp. 97-137. Sobre el carácter populista y radical de la intervención militar en política en Venezuela a partir de los años noventa del siglo XX, consúltese Luis Alberto Buttó, “El Nuevo Profesionalismo Militar de Seguridad Interna y Desarrollo Nacional. Un ejercicio de reflexión académica como hipótesis para entender las relaciones civiles y militares en Venezuela contemporánea”, en Domingo Irwin y Frédérique Langue (coordinadores), op. cit., 2003, pp. 129-146. Véase también Luis Alberto Buttó, “Nuevo profesionalismo militar de seguridad interna y desarrollo nacional e intervención política de militares populistas y radicales en Venezuela”, en Domingo Irwin y Frédérique Langue (coordinadores), Militares y poder en Venezuela, Caracas: Universidad Católica Andrés Bello, 2005, pp. 139-177. Para profundizar en la relación fuerza armadaseguridad interna-desarrollo nacional como basamento ideológico de las insurrecciones militares en Venezuela contemporánea, revísese Luis Alberto Buttó, “El aparato ideológico del golpismo chavista”, en Alejandro Cardozo Uzcátegui y Luis Alberto Buttó (editores), El Incesto Republicano. Relaciones civiles y militares en Venezuela 1812-2012, Caracas: Editorial Nuevos Aires, 2013, pp. 183-218.

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El postulado del link entre seguridad interna y desarrollo nacional asomado en el artículo 328 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela fue desarrollado por extenso en la Ley Orgánica de Seguridad de la Nación (LOSN) promulgada en 2002. El contenido de esta ley clausuró toda rendija de duda sobre lo que traduce el vínculo seguridad interna-desarrollo nacional en la cotidianidad operativa de los órganos del Estado venezolano en términos del papel desempeñado por los integrantes de la fuerza armada. Al respecto, el segundo artículo de la LOSN delineó las coordenadas teóricas entre las cuales, a partir de ese momento, se entiende a todo efecto práctico la relación en cuestión: La seguridad de la Nación está fundamentada en el desarrollo integral, y es la condición, estado o situación que garantiza el goce y ejercicio de los derechos y garantías en los ámbitos económico, social, político, cultural, geográfico, ambiental y militar de los principios y valores constitucionales por la población, las instituciones y cada una de las personas que conforman el Estado y la sociedad, con proyección generacional, dentro de un sistema democrático, participativo y protagónico, libre de amenazas a su sobrevivencia, su soberanía y a la integridad de su territorio y demás espacios geográficos26.

Así pues, los cimientos de la seguridad nacional descansan en el desarrollo integral y este desiderátum, a tenor de lo dispuesto en el artículo 4° de la LOSN, implica lo siguiente en términos de la manifestación en hechos concretos de la operación de los diversos órganos estatales y gubernamentales: El desarrollo integral, a los fines de esta Ley, consiste en la ejecución de planes, programas, proyectos y procesos continuos de actividades y labores que, acordes con la política general del Estado y en concordancia con el ordenamiento jurídico vigente, se realicen con la finalidad de satisfacer las necesidades individuales y colectivas de la población, en los

26 Ley Orgánica de Seguridad de la Nación, Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela, número 37.594, 18 de diciembre de 2002.

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ámbitos económico, social, político, cultural, geográfico, ambiental y militar27.

En resumidas cuentas, la combinación del contenido del artículo 328 de la Constitución formalizada en 2000 con lo comprendido en los artículos 2 y 4 de la LOSN de 2002, edificó el escalón inicial a partir del cual la actuación política de los uniformados venezolanos pasó a ser acción legalmente permitida. Empero, la gravedad de los impactos generados sobre la institucionalidad castrense al implantarse estos cambios preceptivamente legales no se detuvo allí. Una vez superado el trance de los años 2002 y 2003 (deposición momentánea del presidente Chávez por facciones de la fuerza armada que desconocieron su autoridad durante los sucesos de abril del primer año señalado y desarrollo del paro petrolero de finales de ese año y principios del otro, el cual fue asumido con carácter insurreccional por buena parte de la gerencia y trabajadores del sector), la administración en ejercicio radicalizó su discurso y acción y mostró sin rodeos ni ambigüedades su disposición a edificar sólidamente su visión del estamento militar como soporte armado del proyecto político dominante. Para ello recurrió al Decreto con Rango, Valor y Fuerza de Ley Orgánica de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (LOFANB). El espíritu y los objetivos relacionados con la legalización de la intervención militar en política (pretorianismo o politización de la fuerza armada venezolana, como prefiera llamársele) contenidos en la Constitución y en la LOSN se desarrollaron a plenitud en la LOFANB, la cual, inicialmente, entró en vigor el 31 de julio de 2008, cuando fue publicada en Gaceta Oficial número 5.891 extraordinario. En su condición de ley-decreto, la LOFANB fue dictada directamente por el presidente de la república al amparo de la potestad concedida para actuar como poder legislativo en la Ley Habilitante emitida por la Asamblea Nacional en enero de 2007. Esta permisión facultó por 18 meses al primer mandatario para formular 68 textos legales (amén de la ley señalada) que abarcaron materias tan disímiles como participación popular, 27 Ibíd.

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ejercicio de la función pública, economía, ciencia y tecnología, ordenación territorial, energía, transformación del Estado, tributos internos, infraestructura, transporte y servicios, entre otras. Cabe destacar que la elaboración de las leyes expedidas durante ese período por el presidente-legislador se realizó en evidente ejercicio autocrático al no efectuar para ello consulta alguna a los restantes poderes o al colectivo nacional. Posteriormente, la LOFANB sufrió dos modificaciones. La primera, realizada por la Asamblea Nacional en octubre de 2009. La segunda, llevada a cabo por el presidente de la república (de nuevo habilitado para ello por la Asamblea Nacional al delegar en este funcionario su función esencial e inherente) en marzo de 2011. Esta versión es la que se encuentra en vigencia al momento de redactar el presente ensayo y, por consiguiente, es el instrumento legal sometido a análisis en los párrafos venideros, salvo en lo referido a la exposición de motivos, para lo cual se manejó la versión primigenia de 2008, pues dicho aparte de aquella ley se mantuvo prácticamente sin modificaciones en las sucesivas reformas. La parte introductoria de la LOFANB dejó en claro el punto de partida de todo cuanto en ella se normó: el deseo inmanente de proporcionar concreción práctica a la posibilidad de que los militares venezolanos interviniesen en política a fin de que pudieran, sin impedimento legal alguno, cumplir con dos tareas cuyo anhelo y expresión ya para ese entonces venían manifestando en los hechos. En primer lugar, identificarse y/o alinearse con el ideario motivador de las acciones de gobierno emprendidas por la parcialidad que en 1999 conquistó el poder político en el país. Segundo, justificar dicha identificación y/o alineación con base en el reconocimiento de la obligación ética e institucional desprendida de insoslayables mandatos legales. La innegable explicitud de tales objetivos puede constatarse de seguida: A raíz de la entrada en vigencia de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela en 1999 y siguiendo los postulados fundamentales de la misma, entre los que está, el de la refundación de la República y de todas y cada una de

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sus instituciones fundamentales del Estado, se dio inicio a la revisión y adecuación de las normas jurídicas que las rigen, estando entre las mismas, como una de las de mayor importancia, por su valiosa significación, la de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Lo anteriormente expuesto, hace obligante a la Fuerza Armada Nacional, adecuar toda su organización a las nuevas exigencias, con una visión geopolítica que transita el sendero hacia la estructuración del Estado Social, amante de la paz, defensora de los derechos humanos y solidaria con las naciones hermanas del Continente Americano, dentro del Ideario del Libertador Simón Bolívar. (...) En virtud de lo anteriormente transcrito y en base a los lineamientos filosóficos, doctrinarios y jurídicos que rigen la materia, asumiendo los retos de transformación estructural de la sociedad venezolana y consecuencialmente de la Fuerza Armada Nacional, encuentra fundamento el presente proyecto de Decreto con Rango, Valor y Fuerza de Ley de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, que tiene como objeto establecer los principios y las disposiciones que rigen su organización, funcionamiento y administración, dentro del marco de la corresponsabilidad entre el Estado y la sociedad, como fundamento de la seguridad de la Nación, consecuente con los fines supremos de preservar la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela y la República. (...) Como consecuencia de lo anteriormente expuesto y siguiendo el norte franco hacia la adecuación de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana a la nueva estructura jurídica y política del Estado, es menester e imperativo incluir en el nuevo texto legal, las disposiciones legislativas correspondientes a la profesión de los hombres y mujeres de armas, considerando en el mismo orden de ideas que el “ser militar”, traspasa con creces las fronteras del oficio propiamente dicho, convirtiéndose sin duda alguna en una forma de vida distinta, con exigencias marcadas en cuanto a múltiples esfuerzos y sacrificios, in-

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cluso de la propia vida si fuere el caso, que en sí mismo lleva intrínseco28.

Sin embargo, dejar clarificada la motivación central que impulsó al (los) autor(es) intelectual(es) de la ley de marras a promulgarla es insuficiente en función de entender su perniciosa secuela en el sostenimiento del orden democrático. En tal dirección se avista perentorio puntualizar el impacto inmediato dejado por su contenido en las relaciones civiles y militares al desbaratar uno de los principios fundamentales del control civil democrático, cual es que la condición de comandante en jefe de la fuerza armada la ejerza un funcionario civil sin posición operativa alguna legalmente establecida a lo interno de la jerarquizada pirámide de la institución armada, independientemente de que dicho personero sea la máxima voz en la cadena de mando. Y es que en la LOFANB la figura política del comandante en jefe de la fuerza armada se convirtió en grado operativo de la institución castrense (el de mayor jerarquía, obviamente) con claras funciones de este tipo (operativas, se entiende) especificadas en los artículos correspondientes, las cuales se acompañaron con la parafernalia militar acostumbrada; léase, insignias, estandarte y uniforme exclusivos del grado en cuestión. En breve sentencia, la LOFANB equiparó potestades institucionales generales y facultades operativas particulares en la persona del comandante en jefe al convertirlo en un militar más, el más antiguo por definición. Así las cosas, al subsumir en el cargo presidencial las responsabilidades y atribuciones operativas máximas de la fuerza armada con grado militar real se le atribuyó de manera taxativa el carácter y papel de actor político al ocupante de la suprema instancia jerárquica de la fuerza armada y se transformó de facto y de iure el otrora cargo de comandante en jefe en un grado militar efectivo y activo, con lo cual se validó legalmente todo proceder político que en tal condición este desarrolle a lo interno de la institución armada. Para expresarlo de otra manera: 28 Decreto con Rango, Valor y Fuerza de Ley Orgánica de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela, Nº 5.891, 31 de julio de 2008.

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con la entrada en vigencia de la LOFANB se politizó el mando de la fuerza armada y se militarizó la presidencia de la república, en una evidente acción de inspiración pretoriana dirigida, a todas luces, a proporcionar al sector militar explícita preeminencia en la conducción de los asuntos de Estado y de gobierno, dado el caso que: “El punto de convergencia es el Presidente de la República. En el primer caso, como Jefe de Estado, asesorado por el Consejo de Defensa de la Nación. En el segundo, en su condición de Jefe de Gobierno, en el marco del Consejo de Ministros”29. En aras de eliminar cualesquiera resquicios de duda sobre la condición, autoridad y posición militar del cargo-grado de comandante en jefe, basta leer ciertos artículos de la LOFANB; verbigracia, el artículo 5° que a la letra reza lo siguiente: “La Fuerza Armada Nacional Bolivariana está organizada de la siguiente manera: la Comandancia en Jefe, el Comando Estratégico Operacional, los Componentes Militares; la Milicia Bolivariana destinada a complementar a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana en la Defensa Integral de la Nación y las Regiones Militares, como organización operacional”30. Artículo que dio pie a la redacción de otros del mismo tenor, como el 6° y el 7° copiados a continuación: Artículo 6. El Presidente o Presidenta de la República tiene el grado militar de Comandante en Jefe y es la máxima autoridad jerárquica de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Ejerce el mando supremo de ésta, de acuerdo con lo previsto en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela y demás leyes. Dirige el desarrollo general de las operaciones, define y activa el área de conflicto, los teatros de operaciones y regiones estratégicas de defensa integral, así como los espacios para maniobras y demostraciones, designando 29 Héctor Herrera Jiménez. La Doctrina Militar Bolivariana, Caracas: edición del Autor, 2006, p. 243. 30 Decreto con Rango, Valor y Fuerza de Ley Orgánica de Reforma de la Ley Orgánica de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela, Nº 8.096, 9 de marzo de 2011.

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sus respectivos Comandantes y fijándoles la jurisdicción territorial correspondiente, según la naturaleza del caso. Tiene bajo su mando y dirección la Comandancia en Jefe, integrada por un Estado Mayor y las unidades que designe. Su organización y funcionamiento se rige por lo establecido en el reglamento respectivo. Las insignias de grado y el estandarte del Comandante en Jefe serán establecidos en el Reglamento respectivo. (...) Artículo 7. El Presidente o Presidenta de la República y Comandante en Jefe de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, ejerce la línea de mando operacional en forma directa o a través de un o una militar en servicio activo, expresamente designado o designada para todas las actividades relacionadas con la conducción de operaciones o empleo de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana31.

Artículos que se complementaron con el décimo octavo y el vigésimo noveno, redactados en el marco de estas coordenadas: Artículo 18. El Comando Estratégico Operacional es el máximo órgano de planificación, programación, dirección, ejecución y control estratégico operacional específico, conjunto y combinado de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, con ámbito de actuación en el espacio geográfico y aeroespacial de la Nación conforme a los acuerdos o tratados suscritos y ratificados por la República. El Comando Estratégico Operacional depende directamente del Presidente o Presidenta de la República y Comandante en Jefe de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana en todo lo relativo a los aspectos operacionales y para los asuntos administrativos dependerá del Ministro o Ministra del Poder Popular para la Defensa y estará conformado por un o una comandante, un Estado Mayor y Conjunto, los elementos de apoyo necesarios para el cumplimiento efectivo de su misión. (...) 31 Ibíd.

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Artículo 29. La Fuerza Armada Nacional Bolivariana, está integrada por cuatro Componentes Militares: El Ejército Bolivariano, la Armada Bolivariana, la Aviación Militar Bolivariana y la Guardia Nacional Bolivariana. Los Componentes Militares dependen del Presidente o Presidenta de la República y Comandante en Jefe de la Fuerza Armada Nacional, mando que ejerce directamente o por intermedio del o la Comandante Estratégico Operacional. Administrativamente dependen del Ministerio del Poder Popular para la Defensa. Cada Componente Militar cuenta con su organización operacional, administrativa y funcional adecuada a la misión y funciones respectivas; y tienen su respectiva Comandancia General32.

La LOFANB trocó a la fuerza armada nacional de instrumento disuasivo del Estado venezolano a elemento de respaldo fundamental de la Revolución Bolivariana, dispuesto, según sus áreas de competencia y especificidad operativas, para anular cualesquiera obstáculos a presentarse en el mantenimiento en el poder de dicho proceso político; léase, oposición externa y, principalmente, oposición interna. La veracidad de lo expresado puede confirmarse al practicar el correspondiente ejercicio heurístico sobre el texto legal en cuestión. Al efecto, en el primer artículo de esta ley se definió a la fuerza armada como “la institución que en forma permanente garantiza la defensa militar del Estado”33 y, en el artículo 4º, numerales 6 y 7, se le atribuyeron, entre otras funciones, las de “Apoyar a los distintos niveles y ramas del Poder Público en la ejecución de tareas vinculadas a los ámbitos social, político, cultural, geográfico, ambiental, económico y en operaciones de protección civil en situaciones de desastres en el marco de los planes correspondientes”34 y “Contribuir en preservar o restituir el orden interno, frente a graves perturbaciones sociales, previa decisión del Presidente o 32 Ibíd. 33 Ibíd. 34 Ibíd.

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Presidenta de la República y Comandante en Jefe de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana”35. En otras palabras, por un lado, la fuerza armada quedó instituida formalmente como soporte militar del Estado venezolano edificado bajo los patrones establecidos de manera progresiva a partir de la configuración de la llamada Quinta República, así denominada por inspiración ahistórica de los proponentes de tal desaguisado temporal e institucional. De tal forma, la presencia de cualesquiera grupos opuestos y/o la ejecución de alguna acción deliberada (o simplemente considerada así por el poder constituido) que pongan en peligro la permanencia de dicho Estado, habrán de toparse entonces con la capacidad represiva de la institución armada. Por el otro, la fuerza armada pasó a ser elemento directamente partícipe en la construcción del modelo de acumulación y desarrollo y del proyecto político representados, lo primero, en el llamado Socialismo del Siglo XXI y, lo segundo, en la Revolución Bolivariana. Es decir, los uniformados venezolanos transmutaron de receptores y/o ejecutores de las decisiones tomadas por los hacedores de políticas públicas en hacedores de políticas públicas ellos mismos, con todo lo que esto implica en términos del desarrollo de la controversia política, en la cual, desde ese momento, quedaron directamente inmersos. Igualmente, quedó a disposición del presidente de la república (léase: máximo exponente de la facción política gobernante) la utilización del potencial de fuego de la fuerza armada para desbaratar cualesquiera expresiones oposicionistas a su sostenimiento a la cabeza del poder político nacional; o sea, la fuerza armada como brazo armado al servicio del régimen imperante. En múltiples oportunidades, durante los 15 años transcurridos entre 1999 y el momento en que se transcriben estas líneas, los sectores de la población venezolana que manifestaron en movilizaciones de calle su desacuerdo con las políticas y acciones del gobierno “bolivariano” experimentaron 35 Ibíd.

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en carne propia el alcance de esta disposición. El ejemplo más reciente en el tiempo lo constituye la forma como en febrero y marzo de 2014 se reprimieron duramente las protestas inicialmente adelantas por el movimiento estudiantil y luego incrementadas por la suma de amplios factores de la sociedad civil en general, con el lamentable saldo de muertos (más de una treintena), heridos y detenidos sometidos a tratos inhumanos y torturas físicas y psicológicas de diversa laya. Esta función de carácter altamente represivo se le asignó en primacía a la Milicia Bolivariana, tal como se dejó en claro desde la exposición de motivos de la LOFANB anteriormente referida, donde se lee al calco: no sólo es la Fuerza Armada Nacional Bolivariana la misionada para la defensa y la integridad del territorio, sino la sociedad en su conjunto; es precisamente de allí, de donde surge la Milicia Nacional, cuerpo especial que estará en todo tiempo adiestrado e integrado en las áreas donde ante la materialización de alguna de las hipótesis de conflicto les corresponderá actuar36.

Básicamente por esta razón la Milicia Bolivariana se estructuró como órgano armado paralelo a los cuatro componentes clásicos de la institución castrense venezolana (Ejército, Armada, Aviación y Guardia Nacional) y quedó al mando operativo directo y discrecional de la comandancia general de la fuerza armada (entiéndase: presidente de la república) para ser utilizado como sostén del gobierno constituido más allá e independientemente de que los cuatro componentes restantes pudiesen mostrar vacilación para actuar en determinadas situaciones en que el primer mandatario así se los requiriera, lo cual, por ejemplo, ocurrió en abril de 2002, cuando a través de la red de comunicación militar conocida como “Tiburón”, el presidente Chávez (“Tiburón 1”) ordenó la activación del plan de movilización de la fuerza armada nacional diseñado para enfrentar desor36 Decreto con Rango, Valor y Fuerza de Ley Orgánica de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela, Nº 5.891, 31 de julio de 2008.

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denes callejeros en la ciudad de Caracas (Plan Ávila) y buena parte de los receptores de la orden (los “tiburones” restantes) la desobedecieron o simplemente no atendieron a los llamados de radio emitidos desde el palacio de Miraflores. La expuesta función de la Milicia Bolivariana se desprende de la lectura de los artículos 43 y 44 de la LOFANB, copiados a la letra: Artículo 43. La Milicia Bolivariana es un cuerpo especial organizado por el Estado Venezolano, integrado por la Milicia Territorial y Cuerpos Combatientes, destinada a complementar a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana en la Defensa Integral de la Nación, para contribuir en garantizar su independencia y soberanía. Los aspectos inherentes a la organización, funcionamiento y demás aspectos administrativos y operacionales serán determinados por el reglamento respectivo. La Milicia Bolivariana depende directamente del Presidente o Presidenta de la República y Comandante en Jefe de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana en todo lo relativo a los aspectos operacionales a través del Comando Estratégico Operacional y para los asuntos administrativos dependerá del Ministro o Ministra del Poder Popular para la Defensa. (...) Artículo 44. La Milicia Bolivariana tiene como misión entrenar, preparar y organizar al pueblo para la Defensa Integral con el fin de complementar el nivel de apresto operacional de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, contribuir al mantenimiento del orden interno, seguridad, defensa y desarrollo integral de la nación, con el propósito de coadyuvar a la independencia, soberanía e integridad del espacio geográfico de la Nación37.

La Milicia Bolivariana fue ideada como cuerpo armado conformado con personal sumado a filas de manera voluntaria, mediante registro al efecto organizado por su comandancia general (traducción: despacho de la presidencia de la república), una vez 37 Decreto con Rango, Valor y Fuerza de Ley Orgánica de Reforma de la Ley Orgánica de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela, Nº 8.096, 9 de marzo de 2011.

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dichos contingentes hayan asumido como deber inexcusable participar en las operaciones conducentes a garantizar la defensa integral de la nación, visión esta de la seguridad y la defensa nacional acunada por los ideólogos de los fracasados golpes de Estado de 1992 y detentadores del poder político en Venezuela a partir de 1999. En consecuencia, luce por demás lógico deducir que, en definitivas cuentas, el requisito fundamental para alistarse en la Milicia Bolivariana resultó y resulta ser la identificación ideológica con el proyecto político liderado inicialmente por el teniente coronel (Ej.) Hugo Chávez y por el presidente Nicolás Maduro, luego del fallecimiento de aquel. El análisis de los artículos de la LOFANB explicativos del proceso de afiliación de los integrantes de los Cuerpos Combatientes y de la Milicia Territorial (órganos constitutivos de la Milicia Bolivariana) permitió arribar a la anterior afirmación: Artículo 50. Los Cuerpos Combatientes son unidades conformadas por ciudadanos y ciudadanas que laboran en instituciones públicas o privadas, que de manera voluntaria son registrados o registradas, organizados u organizadas y adiestrados y adiestradas por el Comando General de la Milicia Bolivariana, con el fin de coadyuvar con la Fuerza Armada Nacional Bolivariana en la defensa integral de la Nación, asegurando la integridad y operatividad de las instituciones a las que pertenece. (...) Artículo 51. La Milicia Territorial está constituida por los ciudadanos y ciudadanas que voluntariamente se organicen para cumplir funciones de Defensa Integral de la Nación, en concordancia con el principio de corresponsabilidad entre el Estado y la sociedad civil; y deberán estar registrados por la Comandancia General de la Milicia Bolivariana, quedando bajo su mando y conducción38.

Por otro lado, dos hechos significativos demuestran de manera indubitable que la Milicia Bolivariana fue concebida como ejér38 Ibíd.

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cito paralelo a los restantes cuatro componentes de la fuerza armada nacional, razón por la cual, con la implantación de aquella, se alteraron radicalmente las relaciones civiles y militares en el país. El primero: la propia estructura con la cual a escala general se organizó la fuerza armada, según lo dispuesto en el artículo 5º de la LOFANB, se repitió y amplió para montar la armazón burocrática, operativa y administrativa de la Milicia, tal como quedó establecido en el artículo 45 de la ley en cuestión: La Milicia Bolivariana está organizada por un Comando General, Segundo Comando y Jefatura de Estado Mayor, Agrupamientos, Unidades de Milicia Territorial, Cuerpos Combatientes y los órganos operativos y administrativos funcionales necesarios para coadyuvar en la ejecución de acciones de seguridad, defensa y desarrollo integral de la Nación39.

El segundo: la Milicia Bolivariana fue diseñada para tener cobertura en todo el territorio nacional, incluso con proyección mayor a la efectivamente alcanzada en tal sentido por los otros componentes de la fuerza armada, de una u otra manera constreñidos en su capacidad de operar al radio de acción de las diferentes guarniciones distribuidas en la geografía venezolana. Al respecto, téngase en mente que el artículo 46 de la LOFANB, en sus parágrafos 6°, 7°, 8° y 9°, atribuyó, entre otras, las siguientes funciones a la Milicia Bolivariana: 6. Orientar, coordinar y apoyar en las áreas de su competencia a los Consejos Comunales, a fin de coadyuvar en el cumplimiento de las políticas públicas; 7. Contribuir y asesorar en la conformación y consolidación de los Comités de Defensa Integral de los Consejos Comunales, a fin de fortalecer la unidad cívico-militar; 8. Recabar, procesar y difundir la información de los Consejos Comunales, instituciones del sector público y privado, necesaria para la elaboración de los planes, programas, proyectos de Desarrollo Integral de la Nación y Movilización Nacional; 39 Ibíd.

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9. Coordinar con los órganos, entes y dependencias del sector público y privado, la conformación y organización de los Cuerpos Combatientes, los cuales dependerán administrativamente de los mismos, con la finalidad de contribuir a la Defensa Integral de la Nación; supervisar y adiestrar a los Cuerpos Combatientes, los cuales dependerán operacionalmente del Comando General Nacional de la Milicia Bolivariana40.

Vale decir, la Milicia Bolivariana fue organizada para operar con base en la organización y disposición de los Consejos Comunales, de forma tal que el cuerpo armado en cuestión funcione, según la jerigonza oficial utilizada al respecto, de la siguiente manera: en primer lugar, en escalón-magnitud agrupamiento (al momento de teclear estas líneas, hay ocho plenamente operativos) cubre los 23 estados en que administrativamente se divide la nación. En segunda instancia, en escalón-magnitud batallón (42 contabilizados a la fecha) abarca los 335 municipios existentes en el país. Tercero, en escalón-magnitud compañía está presente en las 1.134 parroquias en las que se subdividen los municipios. Y, por último, en escalónmagnitud pelotón se distribuye a lo largo de las 31.124 localidades o centros poblados (barrios, urbanizaciones, asentamientos, aldeas, caseríos, comunidades indígenas y otros) contabilizados en las estadísticas oficiales. Paralelamente, a través de los Cuerpos Combatientes, la Milicia Bolivariana se pensó para estar presente en todos “los órganos, entes y dependencias del sector público y privado”41. En otras palabras, a través de la Milicia Bolivariana, el presidente-legislador no dejó espacio vacío en el cual la presencia militar se dejase de sentir. La red tejida por la Milicia lo cubre todo. La Milicia actúa en todo. Como es fácil observar, el despliegue de la Milicia Bolivariana es total y se precia de no dejar desatendido resquicio alguno en las diversas agrupaciones en las que se distribuye la población venezolana a lo largo y ancho del territorio nacional. Ante la necesidad de desarrollar a plenitud este despliegue se explica la enorme cantidad (entendido esto en relación con el total de 40 Ibíd. 41 Ibíd.

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población del país y en comparación con realidades militares de otros países del subcontinente hispanoamericano) de numerarios previstos como base ideal para el cabal funcionamiento de la mencionada milicia de acuerdo a los planes operativos formulados por su máximo ente directivo. Efectivamente, para diciembre de 2008, el comandante general de la Milicia Bolivariana, a la sazón el mayor general (Ej.) Carlos Freites Reyes, dio a conocer que entre la Reserva Militar y la Milicia Territorial (así se llamaron inicialmente las dos grandes agrupaciones integrantes del cuerpo en cuestión), la Milicia Bolivariana sumaba en sus filas 150.000 y 700.000 alistados, respectivamente42. En el primer caso (cifras más, cifras menos), una y media veces el pie de fuerza completo de la fuerza armada nacional, estimado para ese entonces en poco más de 90.000 almas, incluyendo oficiales, oficiales técnicos (anteriormente denominados suboficiales profesionales de carrera), tropa profesional y tropa alistada 43. En el segundo caso, casi ocho veces esa proporción. De acuerdo a lo anunciado por el referido oficial en esa oportunidad, la meta planteada para 2009 era incrementar el total de afiliados en la Milicia hasta alcanzar la cantidad de 1.500.000 personas44; guarismo que según el cálculo más modesto equivalía a la totalidad de los empleados estatales para la época. Désele la vuelta que se quiera: no otra cosa sino un Estado armado paralelo. Amén de lo anterior, la relación directa de la Milicia Bolivariana con el proyecto político dominante en Venezuela se evidenció más que obvia en el hecho de que sus integrantes fueron comi42 Sala de Prensa de Minuto 59, Milicia Nacional Bolivariana necesita un millón y medio de voluntarios. Disponible en: http://www.minuto59.com/ primera-pagina/milicia-nacional-bolivariana-necesita-un-millon-y-medio-de-voluntarios, 30 de diciembre de 2008. (Consultado el 2 de mayo de 2009). 43 Red de Seguridad y Defensa de América Latina, Atlas Comparativo de la Defensa en América Latina. Disponible en: http://atlas.resdal.org.ar, 2009. (Consultado el 5 de mayo de 2009). 44 Sala de Prensa de Minuto 59, op. cit.

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sionados a sumergirse de lleno en el control y funcionamiento de los Consejos Comunales, a sabiendas de que dichos Consejos constituyen uno de los programas bandera en la implantación del modelo socioeconómico formulado y defendido por la facción de origen, formación y comportamiento militar que en 1999 se hizo con el control de las maquinarias estatal y gubernamental. Precisamente, a la Milicia Bolivariana se le asignó la misión primordial de apoyar con el poder de fuego concentrado la permanencia en el tiempo de dicho proyecto y su correspondiente expresión política, tal como quedó establecido en los parágrafos 2°, 3° y 4° del artículo 46 de la LOFANB transcritos a continuación, vinculados con la referencia al mantenimiento del orden interno y la conquista del desarrollo integral de la Nación plasmados en el artículo 44: 2. Establecer vínculos permanentes entre la Fuerza Armada Nacional Bolivariana y el pueblo venezolano, para contribuir en garantizar la defensa integral de la Nación; 3. Organizar y entrenar a la Milicia Territorial y a los Cuerpos Combatientes, para ejecutar las operaciones de defensa integral destinadas a garantizar la soberanía e independencia nacional; 4. Contribuir con el Comando Estratégico Operacional, en la elaboración y ejecución de los Planes de defensa integral de la Nación y movilización nacional45.

La lectura de los escenarios de actuación previstos en tiempos de paz y en tiempos de conflicto para la Milicia Bolivariana, publicitados desde 2005 por el desaparecido Comando General de la Reserva (antecesor del órgano equivalente de la mencionada Milicia), sirvió de claro indicador de la identificación política que se le atribuyó a esta especie de fuerza armada paralela desde el momento en que se dieron los pinitos conducentes a su creación. En esos escenarios se definieron los siguientes marcos de acción. En período de paz, la Milicia 45 Decreto con Rango, Valor y Fuerza de Ley Orgánica de Reforma de la Ley Orgánica de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela, Nº 8.096, 9 de marzo de 2011.

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Bolivariana participará en los programas sociales, políticos y económicos formulados e implementados por el gobierno nacional, cumpliendo tareas tales como: Conformarse en cooperativas que impulsen la pequeña y mediana industria y con ello el desarrollo endógeno nacional. Cumplir funciones de respaldo en la operatividad de las industrias básicas del Estado. Prestar seguridad institucional (...) Apoyo en las misiones sociales presidenciales. Contribuir en la organización de la población. Estar preparados para actuar en cualquier región del país46.

En período de conflicto, la Milicia Bolivariana operará desde sus unidades previamente organizadas en las diversas localidades distribuidas por todo el país para reprimir alteraciones del orden público y enfrentar agresiones internas y/o externas47, ambos supuestos definidos por su comando supremo, condición esta que resalta la condición de la Milicia como órgano armado dispuesto para funcionar en la práctica como guardia pretoriana al servicio del proyecto político bajo la cual fue concebida. A decir verdad, ninguna conclusión distinta a la anterior puede inferirse al caer en cuenta de que, por una parte, a lo largo del tiempo acumulado en su haber por la autodenominada Revolución Bolivariana, su liderazgo, cada vez que lo consideró conveniente, calificó de desestabilizadoras las manifestaciones y acciones políticas realizadas por sectores de oposición y sin prurito democrático alguno ordenó su violenta e ilegal represión48 y, 46 Héctor Herrera Jiménez, op. cit., p. 259. 47 Ibíd. 48 En su artículo 68 la Constitución venezolana establece tajantemente: “Se prohíbe el uso de armas de fuego y sustancias tóxicas en el control de manifestaciones pacíficas. La ley regulará la actuación de los cuerpos policiales y de seguridad en el control del orden público”. Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, Gaceta Oficial de la República

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por la otra, en especial a partir de 2005, no vaciló en recordarle, a la opinión pública nacional, que disponía de la organización y capacidad de fuego suficientes para desbaratar cualesquiera situaciones anómalas, similares a las experimentadas en abril de 2002. Aún más, durante la campaña electoral que desembocó en los comicios presidenciales efectuados en octubre de 2012, el presidente Chávez y demás líderes de la Revolución Bolivariana reiteraron en múltiples alocuciones públicas que el triunfo de la oposición en dichas elecciones conllevaría el estallido de una guerra civil. Por consiguiente, dada la responsabilidad imBolivariana de Venezuela, Nº 5.453 (Extraordinario), 24 de marzo de 2000. Esto contrasta abiertamente con el hecho de que en la república que se supone organizada y regida por dicha Constitución, los cuerpos militares y policiales reprimen a diestra y siniestra manifestaciones populares utilizando armas de fuego (cuando mínimo escopetas cargadas con perdigones) y gas lacrimógeno con el terrible saldo de víctimas ocasionadas, como lo acontecido durante las protestas callejeras escenificadas el primer trimestre de 2014, para citar solo un ejemplo dramático. Contrasta igualmente con la orden emitida en 2009 por la máxima autoridad del país en su momento cuando, arrojando al traste de la letra muerta lo plasmado en la Constitución, conminó a sus subalternos: “Doy la orden de una vez. A partir de este momento el que salga a quemar un cerro, a incendiar un árbol o a trancar una calle me le echan gas del bueno y me lo meten preso. Si no lo hicieran me raspo a los jefes responsables, me los raspo a toditos. Yo lo dije y lo vuelvo a repetir, el Chávez pendejo se quedó en 2002, no voy a permitir, por debilidad de ningún tipo, que cuatro escuálidos embochinchen el país que tanto nos ha costado echar adelante. Sépanlo pues, los que ya empezaron a trancar calles y a amenazarnos, no van a poder con nosotros, con este pueblo, con este Gobierno, con esta Revolución (...) No se puede permitir a nadie que tranque una avenida, o una calle o una autopista, así que doy la orden de una vez: no hace falta que me pidan permiso, cada quien asuma su responsabilidad y si no, hay que quitarlos y poner a alguien que asuma con autoridad la jefatura (...) Ese es un problema que no es mío nada más. Los jefes de los cuerpos policiales, de la GNB, los poderes deben responsabilizarse y acusar a los culpables”. Ver Gladys Seara, Chávez sobre guarimberos: Me le echan gas del bueno y me los meten presos. Disponible en: www.radiomundial. com.ve/article/ch%C3%A1vez-sobre-guarimberos-%E2%80%9Cmele-echan-gas-del-bueno-y-me-los-meten-presos%E2%80%9D-video, 7 de marzo de 2014. (Consultado el 20 de marzo de 2014).

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plícita en afirmaciones de ese tenor, cabe preguntarse acerca de los escenarios previstos por dicho liderazgo en términos de los bandos enfrentados en tal hipotético conflicto y acerca del instrumental dispuesto a ser utilizado al respecto desde el sector oficial y oficioso; tradúzcase esto último como los llamados colectivos armados que sin estar formalmente adscritos a la arquitectura institucional del gobierno, de manera reiterada, expedita y violenta apoyan a aquel cuando la oposición realiza acciones de calle de significativa envergadura y cuyo criminal papel, copiado del libreto de los Tonton Macoute haitianos o de las Brigadas de Acción Rápida cubanas, alcanzó su clímax en abril de 2002 y en el primer trimestre de 2014, de manera vergonzosa y aberrante en términos de un Estado que responde invariablemente con lenidad frente a la comisión de dichos delitos. En síntesis, por sabida la respuesta, resulta ocioso preguntarse en cuál contexto se afirmó y afirma aquello de que “la revolución bolivariana es pacífica pero no desarmada”.

3. Conclusiones A partir de 1999, el pretorianismo se revistió con bases legales en Venezuela. En otras palabras, desde esa fecha, se legalizó la expresión suprema de la a todas luces, y por cualesquiera razones, indeseable intervención militar en política. Así las cosas, no hay impedimento formal alguno para que pueda manifestarse y, en consecuencia, lo ha hecho sin mayores limitaciones al respecto en tanto y cuanto los textos legales referidos eliminaron los impedimentos sustanciales establecidos sobre la materia en épocas anteriores. La combinación de lo dispuesto en las normas jurídicas traídas a colación en este ensayo trocó a los integrantes del estamento castrense en actores políticos lícitamente reconocidos. Dicho de otra forma, la legalización del pretorianismo abrió las compuertas para la autonomía de acción en materia política de los numerarios de la fuerza armada nacional resquebrajando con ello el requerido control civil democrático, elemento imprescindible para el sostenimiento de la democracia liberal representativa. En este contexto, aspectos cruciales de dicho control pasaron a ser competencia directa 47

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y exclusiva de la organización castrense; verbigracia, amén de los tratados en este ensayo, el proceso relativo al ascenso de los hombres y mujeres de uniforme, la formulación de la doctrina militar estratégica y la compra y uso de armamento. La autodenominada Revolución Bolivariana propició el diseño e implementación del marco legal validador de la condición política de los militares venezolanos. Con ello, por un lado, blindó el derecho de estos a escenificar las conductas asociadas y, por el otro, facultó a la organización armada, y más concretamente a sus órganos directivos, a devenir en factor crítico en última instancia determinante a los fines de garantizar la supervivencia en el tiempo del modelo de acumulación y desarrollo y del proyecto político históricamente justificado y asumido como pertinente por la élite dominante en Venezuela a partir de 1999. Independientemente del prisma desde el cual se mire este proceso, sus alcances se tradujeron en la configuración práctica de una incontrovertible realidad pretoriana pues si algo caracteriza a esta es el hecho de que la fuerza armada (o cuando menos los personeros con mando efectivo sobre las grandes unidades de combate) se erige en árbitro supremo de los conflictos generados por el acceso al poder político. De allí a la entronización en el país de los militares y de las políticas formuladas, dirigidas e impuestas por ellos y/o de la cosmovisión militar en general y al hecho de proveer carácter u organización militar a las colectividades existentes, los pasos a dar son cortos, cuantitativa y cualitativamente hablando. Este fenómeno tiene nombre propio: militarismo. Su implantación es el significado del verbo militarizar. Con base en lo expuesto es dable afirmar que, desde 1999, a toda prisa y sin pausa alguna, la élite dominante en Venezuela ha trabajado y trabaja (dicho esto dada la contemporaneidad del proceso con el tiempo en que se extraen del tintero las presentes reflexiones) para edificar en la praxis la aberración institucional denominada Estado Cuartel o Estado Guarnición. A decir verdad: no se distingue otro rasgo definitorio en la Venezuela de nuestros días que no sea el de un Estado Cuartel o Estado Guarnición. En Venezuela se está en procura de constituir

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un nuevo sector castrense, la semilla está ya sembrada en las reservas-milicias, que llegue a ser el ente rector de la sociedad y ésta subordinada a éstos (sic), en procura del desarrollo endógeno sustentable. De la influencia política abusiva ejercida por el grupo militar que lo apoya se está avanzando en el norte franco de una realidad que guarda relación con una especie de militarismo a la criolla. En términos políticos nos desplazamos de una realidad que pretende la democracia social a una que se muestra como paternalista con tonos ya potencialmente totalitarios. Todo bajo la entendida como suprema dirección del carismático Comandante en Jefe del proceso y quienes militarmente lo apoyan49.

En concreto, lo construido en Venezuela es una versión “bananera”, tropical y/o tercermundista del Estado Cuartel, en tanto y cuanto Harold Lasswell trazó las coordenadas del constructo teórico en cuestión teniendo en mente la realidad intrínseca de formaciones socioeconómicas con elevados grados de desarrollo relativo (a modern technical society), al punto de sugerir que las iniciales manifestaciones de este podrían encontrar caldo de cultivo idóneo en regímenes diferenciados según la siguiente taxonomía: democracias nacionales (tipo los Estados Unidos de Norteamérica o el Reino Unido); sistemas nacionales anti-proletariado o anti-plutocráticos (la Alemania nacionalsocialista, la Italia fascista o el Japón imperial partícipe en la Segunda Guerra Mundial); el mundo proletario (la hoy extinta URSS). Todo ello a sabiendas de que los autoritarismos militares operantes en naciones subdesarrolladas orbitan en condición marginal alrededor de los centros de poder de la civilización occidental, pues en términos reales no son entes creadores de tecnología de punta (la clásica dependencia tecnológica más que evidenciada en la adquisición de sistemas de armas llevada a cabo desde el “Sur”), y de que la oficialidad dirigente de dichos gobiernos dista mucho de haber desarrollado “a large degree of expertness

49 Carolina Alcalde, “Venezuela se militariza grotescamente [entrevista a Domingo Irwin]”, en El Nuevo País, Caracas, 8 de septiembre de 2008, p. 5.

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in many of the skills that we have traditionally accepted as part of modern civilian management”50. Así las cosas, en el modelo de dominación política progresivamente implementado en Venezuela desde 1999, se evidencia la consolidación de muchos de los indicadores claves de un Estado Cuartel, de los cuales, como es lógico suponer, los que primero encienden las alarmas son la avasallante presencia y/o supremacía de cuadros militares en el entramado de la arquitectura institucional del país y el hecho capcioso de que elementos pertenecientes al estamento castrense asciendan al vértice de la pirámide de ingresos de la sociedad51. Al respecto, huelga referir aquí la más que constatada colonización militar de la administración pública centralizada y descentralizada llevada a cabo en los tres últimos lustros en predios nacionales52. 50 Harold D. Lasswell, op. cit., pp. 457-458. Traducción libre: “un alto grado de pericia en muchas de las habilidades que tradicionalmente hemos aceptado como parte de la gestión civil moderna”. 51 La reconfiguración de la clase económicamente dominante durante la vigencia de la Revolución Bolivariana puede ilustrarse en cierta medida con datos aportados por el estudio socioeconómico intitulado Encuesta Radiografía Social de Venezuela (fecha de campo septiembre de 2005), elaborado por la firma CECA-Cifras Online Group, según el cual “Hay 55.834 nuevos venezolanos que han ingresado a este segmento poblacional A y B, cuyas características principales indican que son oficiales de alto rango militar, burócratas al servicio de la revolución y testaferros que colaboran con el Gobierno actual”. Ver Katiuska Hernández, “69,6% de los estratos D y E ganan menos de 294 mil mensuales”, en El Nacional, Caracas, 30 de octubre de 2005, p. A-20. Sobre este tema también consúltese ampliamente Casto Ocando, Chavistas en el Imperio. Secretos, Tácticas y Escándalos de la Revolución Bolivariana en Estados Unidos, USA: Editorial Factual, 2014. 52 Para profundizar en este punto en específico, véase Luis Alberto Buttó, “Marcos Pérez Jiménez-Hugo Chávez: la élite militar al asalto del poder”, en Alejandro Cardozo Uzcátegui (editor), Chavismo: entre la utopía y la pesadilla, País Vasco (España): Editorial Nuevos Aires, 2012, pp. 224-263. También Luis Alberto Buttó, “Gobiernos Militares y Democracia: el maridaje imposible”, en Domingo Irwin, Hernán Castillo y Frédérique Langue (coordinadores), Pretorianismo venezolano del siglo XXI, Caracas: Universidad Católica Andrés Bello, 2007, pp. 173-257.

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Pero, amén de los anteriores, otros elementos constitutivos del Estado Cuartel campean por sus fueros en la Venezuela de nuestros días. En primer lugar, es perentorio traer a colación la permanente utilización de la violencia abierta o subrepticia en contra de las manifestaciones opositoras a la parcialidad partidista en ejercicio del gobierno (ya abordada anteriormente) con la finalidad práctica, que no necesariamente la prohibición formal de operar, de abolir o minimizar al extremo la acción de agrupaciones dispuestas a competir por la conquista del poder político para dirigir el país según el patrón programático asumido. Esto incluye, por supuesto, el establecimiento de trabas insalvables para que los partidos oposicionistas (e incluso Organizaciones No Gubernamentales) se vean imposibilitados de “capturar” fondos que logísticamente permitan su eficaz funcionamiento, así como la criminalización de las protestas y el uso del sistema judicial a los fines punitivos correspondientes. En segunda instancia, se constata la desmedida generación de propaganda oficial u oficiosa centrada, fundamentalmente, en el manejo instrumental de símbolos patrios o referentes históricos, destinada a equiparar la permanencia en el tiempo del gobierno en el cual se encarna el Estado Cuartel con la salvaguarda de los más caros ideales patrióticos53. Ello aunado al control mayoritario (hegemonía comunicacional) de los medios de difusión de información y creación de opinión pública, lo cual en el día a día implica la supresión de la comunicación libre y de la posibilidad de interpretación autónoma de los acontecimientos políticos y económicos acaecidos (por nombrar los más relevantes) por parte de la población. En tercer lugar, se profundiza la centralización inusitada de todas las grandes deAdicionalmente Luis Alberto Buttó, “Venezuela 1999-2008: Relaciones Civiles y Militares en la V República”, en Claudio Fermín, Luis Alberto Buttó y Héctor Hurtado Grooscors, Una lectura sociológica de la Venezuela actual V, Caracas: Universidad Católica Andrés Bello, 2009, pp. 55-104. 53 Domingo Irwin y Luis Alberto Buttó, “Reflexiones sobre la literatura venezolana relacionada con los Bolivarianismos”, en Military Review, volumen mayo-junio, Kansas: 2005, pp. 13-21.

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cisiones en materia de políticas públicas en manos de la rama ejecutiva del Estado, al punto que cualesquiera órganos de representación popular que puedan llegar a existir (caso de los Consejos Comunales) dependen en última instancia de la aprobación de los personeros gobernantes para su cabal funcionamiento, con la excusa de hacer más eficientes y expeditos los procesos y contrarrestar soterradas tendencias que empujen a su burocratización. Cuarto, es innegable la declinación de potestades esenciales del poder legislativo en beneficio del poder ejecutivo (supresión del principio de autonomía y separación de poderes), de forma tal que el primero se limita a procurar la formulación de las leyes ordenadas por el segundo o cede sus funciones legisladoras mediante procesos habilitantes para que el presidente de la república se erija en omnisciente legislador. De hecho, en largos 15 años de predominio gubernamental de la llamada Revolución Bolivariana (para el momento de poner en blanco y negro estas reflexiones), apalancándose en el carácter de legislatura habilitada y obviando recurrir a cualesquiera herramientas de consulta a la base ciudadana, la presidencia nacional dictó 218 leyes. Comparaciones en modo alguno baladíes: entre 2007 y 2012 la Asamblea Nacional formuló 83 leyes mientras el ejecutivo hizo lo propio 129 veces. El cuadro descrito habla mucho y habla mal de la vigencia de la democracia en Venezuela pues se explicita un proceso en el que las decisiones inherentes a la administración de la res pública cada día adquieren crecientes rasgos autoritarios y la conducta gubernamental asociada se aparta de los cánones democráticos establecidos con el arribo de la modernidad, patrones que en el fondo configuran su esencia (de la modernidad, se entiende) en términos de organización de la controversia política. Así las cosas, la democracia deviene mística, imaginaria, no real. En síntesis: instrumental democracy will be in abeyance, although the symbols of mystic “democracy” will doubtless continue (...) Mystic “democracy” is not, strictly speaking, democracy at all, because it may be found where authority and control are

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highly concentrated yet where part of the established practice is to speak in the name of the people as a whole. Thus, any dictatorship may celebrate its “democracy” and speak with contempt of such “mechanical” device as majority rule at elections or in legislatures54.

Última ratio: paralelamente a la evacuación de los elementos conceptuales relacionados con el advenimiento del Estado Cuartel en Venezuela en los albores del siglo XXI, es insoslayable abordar los aspectos axiológicos asociados, en especial desde la óptica de los valores vinculados al ejercicio democrático. Las condiciones intrínsecas de la institución armada, derivadas del potencial de fuego acumulado y monopolizado, sempiternamente le otorgan indiscutidas capacidades de alterar el equilibrio de fuerzas requerido en la competencia por el control de las maquinarias estatal y gubernamental en caso de que sus integrantes actúen con base en motivaciones farisaicas y no profesionales. Por esta razón, es imperativo dejar en claro que la legalización del pretorianismo desarrollada en predios nacionales desde 1999 no proporcionó legitimidad alguna a la politización de la fuerza armada, entendida dicha legitimidad no en sus implicaciones jurídicas (acto ceñido a la ley) sino en sus connotaciones sociológicas; es decir, la comprensión de aquello que una comunidad dada puede o debe aceptar o respaldar en función de garantizarse la convivencia política más armoniosa posible y/o menos problemática posible. Las leyes que sirven al mal, con independencia de su formal preeminencia, irremediablemente resumen despotismo y arbitrariedad. En este sentido, por más que el Estado Cuartel en 54 “la democracia instrumental estará en suspenso, aunque los símbolos de la ‘democracia’ mística sin duda seguirán (...) la ‘democracia’ mística no es democracia, estrictamente hablando, porque se puede encontrar allí donde la autoridad y el control están altamente concentrados y allí donde aún es parte de la práctica establecida hablar en nombre del pueblo en su conjunto. Por lo tanto, cualquier dictadura puede celebrar su ‘democracia’ y hablar con desprecio de dispositivos ‘mecánicos’ tales como la regla de la mayoría en las elecciones o en las legislaturas” (Harold D. Lasswell, op. cit., p. 462. Traducción libre).

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Venezuela pretenda edificarse sustentado en cierta arquitectura legal ad hoc, tal proceder jamás podrá considerarse legítimo y demanda ser denunciado y rechazado sin reservas si se comparten los ideales que hicieron posible y necesario el establecimiento del sistema democrático liberal y representativo. Para decirlo con palabras textuales del padre de la categoría de análisis Estado Guarnición: “It is clear that the friend of democracy views the emergence of the garrison state with repugnance and apprehension”55. Y tal animadversión está por demás justificada si el convencido de la justeza de la democracia es un científico social, ya que “Within the general structure of the science of society there is place for many special sciences devoted to the study of all factors that condition the survival of selected values”56. Argumentar en favor de la construcción de una sociedad donde los civiles están obligados a colocarse en el agrio trance de competir políticamente con los militares solo se puede pretender desde inconfesables posturas ideológicas brutalmente alejadas de la modernidad.

55 Ibíd., p. 467. Traducción libre: “Está claro que el amigo de la democracia ve la emergencia del Estado Cuartel con repugnancia y aprehensión”. 56 Ibíd., p. 468. Traducción libre: “Dentro de la estructura general de la ciencia de la sociedad hay lugar para muchas ciencias especiales dedicadas al estudio de todos los factores que condicionan la supervivencia de los valores seleccionados”.

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MUNDO NUEVO. Caracas, Venezuela Año VI. N° 15. 2014, pp. 55-84

Jo-ann Peña Angulo Universidad de Los Andes  [email protected]

EL ESTADO CUARTEL, EL ENEMIGO INTERNO Y EL ASEDIO CIUDADANO EN VENEZUELA (1999-2006)

Resumen: Partiendo del cambio de régimen de la democracia representativa a la democracia participativa, tras la llegada al poder de Hugo Chávez, el aparato estatal comienza a ser referenciado y ocupado por una élite militar que progresivamente, con el aval complaciente del Estado y del gobierno venezolano, transita a un proceso de militarización en el cual los códigos, el lenguaje y la organización militar se sobreponen a lo civil. Es allí en donde el Estado Cuartel aparece como una posibilidad cierta y su componente material, simbólico y moral, supedita al Estado civil democrático y asedia a la sociedad civil en Venezuela. Palabras clave: Venezuela, Estado Cuartel, militarismo, asedio ciudadano. The Garrison State, the internal enemy and the citizen siege in Venezuela (1999-2006) Abstract: Starting from regime change of representative democracy to participatory democracy, after the rise to power of Hugo Chavez, the former civilian state system begins to be blemished and occupied by a military elite that increasingly with complete support of the Venezuelan state and the Venezuelan government moves towards to a militarization process in whose codes, language and military organization overcomes the civilian. It is where the Garrison State shows into our eyes as a certain possibility and whose material, symbolic and moral component submit the democratic civil state and civil society in Venezuela. Key Words: Venezuela, Garrison State, Militarism, Citizen Siege.

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1. Introducción A partir de 1999, el progresivo y preciso avance de la esfera militar sobre la civil en Venezuela exige al estudio de la historia de nuestro país la inserción de elementos teóricos que, siendo sistematizados rigurosamente en otros contextos, permitan la comprensión de la superposición del militaris en lo que Harold Lasswell ha denominado el Estado Cuartel. Al transgredir el elemento militar la frontera civilis-militaris, la democracia moderna y el régimen democrático en Venezuela pierde su naturaleza inequívoca, dando paso al establecimiento de nuevos códigos políticos y sociales que, desde el propio Estado venezolano, son dictados y difundidos como propios del régimen democrático, y a los que los ciudadanos deben adaptarse, deseen o no. Dicha transformación se inserta en la dualidad democracia representativa-democracia participativa, que supuso a su vez un cambio de régimen en Venezuela que, cada vez más alejado de los cánones de la democracia liberal, concreta el asedio a sus ciudadanos en términos materiales, políticos, morales, simbólicos y culturales. El Estado venezolano, embestido por el proyecto ideológico de Chávez, pasará entonces a convertirse, poco a poco, en un Estado Cuartel, cumpliendo con las prerrogativas básicas y las triangulaciones más profundas del poder militar que avasallará a los ciudadanos, pues transformando sus espacios de relaciones, convivencia y de ejercicio político, los “especialistas sobre la violencia”1 intentarán que los “nuevos” ciudadanos se adapten a una concepción del Estado militar que si bien, según Lasswell, es una de las formas más importantes de las sociedades organizadas, en nuestro caso representa la instauración de valores que desde la fundación del Estado democrático en Venezuela, posterior a 1958, se consideraban ya superados. En este sentido, el discurso “democrático” del Estado Cuartel en Venezuela, fundamentado en la exaltación continua del héroe, del militarismo y del deber a la patria, que no es otra que el 1

Categoría usada por Harold Lasswell.

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Estado y el propio gobierno, manifiesta la peligrosa ambigüedad entre lo civil y lo militar, lo que no solo alienta la emergencia de las ideas opositoras, sino que permite a su vez hacer uso de mecanismos simbólicos y no simbólicos de coacción, como una forma de asedio efectivo a la sociedad civil que asegura la consecución de alianzas, la obediencia y la socialización del peligro, a pesar de la pérdida progresiva de los derechos ciudadanos en un entorno cada vez menos democrático. En la presente investigación intentaremos estudiar lo que ha sido el asedio material, simbólico y moral del Estado Cuartel a la sociedad civil en Venezuela durante el período 1999-2006, el cual, instituido bajo los parámetros del proyecto ideológico de Chávez, supo insertarse progresivamente en las estructuras político-sociales del Estado en Venezuela y convertir al ciudadano en una especie de enemigo interno. Los tres niveles de asedio que analizaremos, el material, simbólico y moral, se justifican racional y razonablemente –por lo civilis y lo militaris– en el proceso mismo de institución y consolidación del Estado Cuartel en nuestro país. En consecuencia, se convierten en mecanismos efectivos por los que el Estado Cuartel, en el caso de Venezuela, logra su objetivo primordial: la aceptación y comprensión de los valores y concepciones de naturaleza militar, dentro y como parte misma de la vida civil en Venezuela.

2. Breviario antiguo: la moral en las historias militares narradas y en los primeros tratados sobre la guerra El presente apartado intentará expresar cómo está vinculada la moral al comportamiento militar del hombre, partiendo de lo que se entendía por militar en el mundo antiguo, a saber, aquella acción o sujeto que acepta el uso de las armas ante la inminencia de la guerra o el adoctrinamiento de las ideas para la guerra y la violencia. La pertinencia de este contenido se corresponde con la función que cumple la moral, según Harold Lasswell, tanto en el inicio como en la consolidación del Estado Cuartel.

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Empezaremos nuestra investigación haciendo un recorrido por algunas fuentes escritas, que en el devenir del hombre dejan testimonio de cómo la explicación y la justificación moral se convierten en el germen de las decisiones militares de cualquier sociedad humana. Desde las antiguas civilizaciones de Oriente y Occidente, tenemos un sinfín de obras literarias e históricas que plasman el papel de la moral –civil, religiosa y militar– como elemento catalizador de los momentos de paz en tiempos de guerra, violencia y conquista de territorios. Según Martin Van Creveld, fuentes como el poema de Gilgamesh y los poemas homéricos dejan a la posteridad historias narradas y descriptivas de las proezas y la heroicidad del hombre, pero ningún estudio o tratado teórico sobre la guerra. No obstante, podemos indagar en estas fuentes la motivación moral por la que los habitantes de Uruk, por ejemplo, ante las vejaciones de Gilgamesh, piden a los dioses algún mecanismo que los salve de aquel rey. Los dioses responden enviando a Enkidu, y luego de brutales encuentros entre él y Gilgamesh, en los que ninguno resulta vencedor definitivo, ambos llegan a convertirse en grandes amigos de batallas. No profundizaremos aquí en el vehículo moral que transformó la enemistad entre ambos en una especie de mutualismo eficiente para la guerra, pues en todo caso es evidente que, ante la aclamación de los habitantes de Uruk, la justificación moral de destronar al rey está implícita en las consecuencias del “regalo” de los dioses con Enkidu. Para Occidente, los textos históricos griegos de Herodoto, Tucídides y Polibio recrean el devenir militar del mundo antiguo. En las Historias de Herodoto, las guerras médicas se narran amén de la observación y el testimonio. Sin embargo, en su afán de indagar en el sentido estricto del vocablo griego historia, Herodoto no se detiene a explicar ningún asunto teórico sobre la guerra. No obstante, en su obra, específicamente en el pasaje relacionado con Zópiro y el parto de mulas –que según Plinio era común en África y Capadocia–, puede verse cómo la relación hecha por Zópiro, entre el hecho y el discurso escuchado a algún babilónico desco-

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nocido: “cuando parieran las mulas se tomaría a Babilonia”2, justificó moralmente a Zópiro para la más audaz aventura militar en la Babilonia ya asediada. Es en todo caso Tucídides, con Guerra del Peloponeso, quien no solo deja como legado las hazañas, sino también las posibles causas del enfrentamiento entre Atenas y Esparta, por lo que su obra es considerada un manual de ciencias políticas y del arte de la guerra. En la antigüedad latina, Julio Cesar, con su obra La guerra de las Galias o De Bello Gálico, a la par de la crónica militar de la conquista de la Galia, se introduce en algunos elementos militares, debido a su testimonio de primera mano. De este legado memorialista para la posteridad pueden extraerse innumerables pasajes en los cuales la moral es la génesis misma de la conquista. A diferencia de esto, los escritos de Aeneas, por ejemplo, contienen una gran riqueza en cuanto aporte a la teoría militar y a la valoración moral. Al respecto: Aeneas, fue el autor de un número de tratados sobre el arte de la guerra todos menos uno sobrevivió. El que queda trata un solo asunto altamente técnico, ¿cómo defender una ciudad ante un asedio? En su capítulo 2 explica ¿cómo la moral debe ser mantenida en los intentos de traición y revoluciones fracasadas3.

Ahora bien, contrario a las historias militares narradas, los escritos chinos del 200 a.c y 400 a.c posteriores a The fall of the Chou, se caracterizan, además de por exigir una estricta disciplina, por el estudio riguroso y sistemático de la guerra. Según afirma Van Creveld, la posterior división en numerosos principados guerreros permitió que los generales correspondientes a cada uno de ellos dejaran escritos para la posteridad sus métodos teóricos de la guerra, siendo el más conocido de todos el de Sun Tzu, quien expresaba con respecto a esta, la evaluación en 5 factores fundamentales: 2

Herodoto, Los nueves libros de la historia, vol. 3, España: Editorial Iberia, 1947, p. 176.

3

Martin Van Cleveld, The Art of War. War and Military Thought, London: Casell & Co, 2000, p. 42 [Trad. a].

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El primero de esos factores es la influencia moral (…) por influencia moral yo quiero decir, aquello que causa que la gente esté en armonía con sus líderes, de tal forma que ellos lo acompañarán en vida hasta su muerte sin temer un peligro mortal4.

De esta ajustadísima retrospectiva, se observa cómo la moral como categoría militar es la raíz axiológica de todo encuentro con la guerra. Tanto para el interior de las filas militares como para los civiles, la moral es el germen motivador, que permite la organización y planificación para la guerra o la defensa; así, ante el asedio, la amenaza o la guerra, todo hombre apto para el combate debía acudir al llamado de las armas. Queda entonces en evidencia que, tanto en Oriente como en Occidente, las historias militares narradas y los tratados teóricos de la guerra no hacían otra cosa sino fortalecer la moral militar, a través del relato de las grandes hazañas, el deber y la heroicidad.

3. Breviario sobre el asedio y la moral Desde la antigüedad hasta el siglo XVIII, la estrategia militar del asedio5 sirvió al hombre para atacar, debilitar y desmoralizar al enemigo que habitaba en las antiguas ciudadelas y ciudades fortificadas. Según lo explica el historiador y militar español Francisco Escribano Bernal, en la guerra del siglo XVIII era menester resultar victorioso lo más rápido posible y, por tanto, en búsqueda de la efectividad, el asedio estaba conformado por tres fases. En la segunda de ellas: se producía un verdadero bloqueo de la ciudad con un número de tropas mucho mayor, que impedía que nadie saliera ni entrara de la fortaleza. Esto supondría el aislamiento logístico, que por sí solo podía conducir a la rendición por hambruna o enfermedad. Normalmente se acompañaba con 4

Martin Van Cleveld, op. cit., p. 24.

5

Según lo señala Herodoto, en el tomo II de Los nueve libros de la historia, Azoto, gran ciudad de Siria, es la ciudad que más ha resistido al asedio, a pesar de permanecer bloqueada durante 29 años por el rey Psamético de Egipto.

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el bombardero artillero, a fin de ir derribando defensas y minando la moral de los sitiados6.

Al debilitar a los sitiados, dicha operación aseguraba el escenario para la arremetida final, última fase en la que el despliegue efectivo del sitiador sobre los sitiados busca consolidar la anhelada capitulación. De esta forma, asedio y capitulación van al unísono, por ser la segunda la razón primigenia del asedio. A numerosos ejemplos nos remite la literatura, así como la historia civil y militar, a lo largo de la historia del hombre, siendo el asedio a la ciudadela de Troya el caso más reseñado. En nuestro caso, la historia y la historiografía de Venezuela dan testimonio de los numerosos asedios a la ciudadela de Puerto Cabello, que luego de ser tomada por los realistas, después de múltiples asedios patriotas, el 30 de junio de 1812, finalmente fue sitiada y tomada por José Antonio Páez en 1823, lo que devolvió a la causa independentista su conquista definitiva, luego de la capitulación a favor de la causa republicana del realista Manuel Carrera y Colina7. Al respecto vale recordar las palabras de Bolívar quien, siendo Comandante político y militar de Puerto Cabello, el 29 de junio de 1812 convoca a un cabildo abierto, alertando sobre la escasez de alimentos y los problemas de logística ante la amenaza continua de los realistas a la ciudadela de Puerto Cabello: el objeto de esta convocatoria era para que en consideración a la escasez de víveres que se padece en el pueblo, tener cortada los enemigos la comunicación anterior y ser pocas las provisiones marítimas, ha tomado la prudente providencia de retirar las mujeres, ancianos, niños e inválidos como inútiles para la guerra, con el fin de que sea menos el consumo de mantenimientos en la presente crisis8. 6

Francisco Escribano Bernal, “Los sitios en la península ibérica (18081814): Mucho más que mitos”, en Revista de Historia Militar, núm. Extraordinario, España: 2009, p. 203.

7

En sustitución de Sebastián de la Calzada, gobernador militar de Puerto Cabello, quien se hallaba detenido.

8

Miguel Elías Dao, El último bastión de Castilla, Caracas: Artes, 1972, p. 2.

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La ciudad fuerte de Puerto Cabello, no solo sufrió los sinsabores propios de estar sitiada por el enemigo, sino que los múltiples asedios de los que fue objeto para recuperar su posesión y control originario revelan la eficacia de esta estrategia militar para el debilitamiento sistemático y progresivo de la plaza asediada o sitiada. Sea de una u otra forma, el asedio militar implica, a la par del bloqueo, posterior conquista y capitulación, el desgaste y agotamiento material, moral y espiritual de los asediados, sitiados y sitiadores, lo que supone para los dos primeros la intervención simbólica y cultural de su sentido de pertenencia a la ciudad. Ahora bien, a pesar de que, cuando se habla de asedio militar, se hace referencia a las ciudades fortificadas, dicha palabra varía su significado a medida que estas dejan de construirse o entran en desuso, especialmente ante los avances técnicos de las armas de fuego. Esto es lo que hace que el asedio militar comience también a involucrar el cerco o asalto tanto a una ciudad no necesariamente amurallada como a una sociedad determinada, dándose en ambos casos un asedio en sentido material, moral y simbólico. Es por eso que la referencia al asedio militar se asocia hoy en día a las acciones mismas de sus fases primigenias, a saber: acoso, acecho, bloqueo, pero también a otros procesos de naturaleza política, étnica o racial, e inclusive añadiríamos también el asedio al ciudadano por parte de un determinado régimen militar o militarista. Al respecto: el proceder militarista se expresa como orientación que potencialmente puede lograr un avanzar hacia la militarización de toda la sociedad; para que se desarrollen ambas inicialmente se manifiesta una condición también reconocida en nuestro idioma: pretorianismo, tal como lo define el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, «influencia política abusiva ejercida por algún grupo militar»9.

9

Fernando Falcón, El cadete de los Valles de Aragua. Pensamiento político y militar de la Ilustración y los conceptos de guerra y política en Simón Bolívar (1797-1814), Caracas: UCV, 2006, p. 74.

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Puede, en este caso, asediarse militar pero también militaristamente. Uno u otro influyen en el ánimo del asediado resquebrajando su moral de ciudadano pues, entre la resistencia y el debilitamiento, queda este sujeto a la eficiencia misma del asedio. Es precisamente dicho fenómeno el que ocupará nuestra atención, y será analizado a partir de lo expuesto por Harold Lasswell en su apartado teórico sobre el Estado Cuartel o The Garrison State.

4. Breviario histórico: entre lo civil y lo militar en Venezuela y algunas notas de la ilustración europea en el pensamiento militar de Simón Bolívar. Surgen muchas interrogantes cuando se intenta rastrear la tradición civil-militar en la historia de Venezuela del siglo XIX, especialmente si acudimos al referente de muchos civiles que tomaron las armas, de los cuerpos militares supeditados a lo civil, de lo civil que controlaba al militar, del factor militar controlador de lo civil y de lo civil-militar en nuestra historia. La emergencia misma de la institucionalidad republicana en Venezuela, en el siglo XIX, fue testigo fiel de los vaivenes de las relaciones entre civiles y militares; ambos, tras el poder político, buscaron alternativas y supuestos, racionales y razonables, para controlarse el uno al otro y alzarse de manera exitosa en el juego político que dirigió y configuró el destino de la naciente república. Al respecto, es de resaltar la influencia de las ideas civiles y militares que, desde la misma Europa, permearon en las particularidades históricas de la época. Es la Ilustración, en este caso, compendio de doctrinas ideadas e imitadas en un campo y en el otro. Así, en el aspecto militar, son las guerras napoleónicas el gran modelo que se procura seguir; inclusive el mismo Simón Bolívar lo sostiene, cuya estadía en Francia entre 1803 y 1806 le permite tener contacto directo con los debates teóricos del momento sobre el arte militar, desde las cuestiones administrativas del ejército hasta el proceso intelectual vinculado al arte de la guerra, según lo señala Fernando Falcón en su obra 63

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El cadete de los Valles de Aragua. Esto permite comprobar que no escapaba Bolívar de las historias narradas sobre campañas militares exitosas, como las de la antigüedad, ni tampoco de algunos postulados teóricos sobre la guerra y el arte de la guerra, que pululaban en el contexto ilustrado europeo, en los que, cabe agregar, la figura del héroe, la audacia y la moral no quedaban de lado: En efecto los pensadores militares de la Ilustración sustentaron la hipótesis de que el arte de la guerra era también susceptible de una formulación sistemática, basada en reglas y principios de validez universal, evidenciados en las campañas de los grandes líderes militares de la historia. Al mismo tiempo el arte de la guerra escapaba un tanto de la formulación, por tanto las reglas y principios siempre requerirían de una adaptación circunstancial por parte del genio creativo del General10.

En consecuencia, y para los fines de nuestra investigación, tomando en cuenta que el proceso que se fundó en las postrimerías del siglo XX en Venezuela, como movimiento militar bolivariano, es responsable de la posterior creación del Estado Cuartel en nuestro país, nos detendremos en algunos aspectos11 –según Fernando Falcón– planteados por la Ilustración en relación con el pensamiento militar y la guerra. A saber: el primero, referido por el Estado, su forma de gobierno y la necesidad de la defensa; y el segundo, por las relaciones entre los distintos ejércitos y las sociedades en las que estos se desenvuelven, es decir, sobre las relaciones civiles-militares. Igualmente, esbozaremos el hilo conductor que permitió la construcción del pensamiento militar en Bolívar. Esto, partiendo del hecho de que ese movimiento militar bolivariano del siglo XX presume seguir la doctrina de Bolívar inclusive en el arte de la guerra. Cabe tener en cuenta, en este punto, que el conocimiento de Bolívar sobre las obras de pensamiento militar de Jacques Guilbert, “el 10 Ambos aspectos vistos como problemas por Fernando Falcón son originariamente planteamientos de Montesquieu. 11 Fernando Falcón, op. cit., p. 96.

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primero en plantear una profunda modificación política para hacer frente a las necesidades de defensa de la nación”12, y Lloyd, “quien establecería las conexiones entre forma de gobierno y arte de la guerra, estableciendo nexos con el pensamiento republicano clásico desde una perspectiva netamente militar”13, le permitió compaginar su propia experiencia militar con la experiencia inédita de leer a los más grandes teóricos de la guerra y de relacionarse con la novedad del arte militar. Así, no solo de su admiración a Napoleón Bonaparte, producto de la heroicidad y de las victorias resonantes del francés en el campo de batalla, supo bien Bolívar conceptualizar la política desde el punto de vista del conflicto; relación esta muy acorde con el contexto belicista de la época. En tal sentido, el conflicto se convierte en el fundamento teórico que inspira la creación y ejecución de su doctrina militar. Ahora bien, el conflicto mismo y la guerra sufren serias transformaciones en cuanto a sus mecanismos de guerra y defensa durante el siglo ilustrado, ya no solo relacionadas con las estrategias y tácticas militares –como explicáramos anteriormente, hasta el siglo XVIII el asedio, por ejemplo, se usó en las ciudades fortificadas–, sino también con las funciones y la conformación del propio cuerpo militar. Esto último con la finalidad de abaratar la pesada carga monetaria que representaba para el Estado el mantenimiento de su componente militar de guerra. Es así como surgen en Inglaterra, a finales del siglo XVII y principios del XVIII, las llamadas Home Guard, definidas como: conjunto de agrupaciones locales de ciudadanos armados que serían los primeros en tomar las armas frente a la amenaza exterior; solución que abarataba los costos del mantenimiento de un ejército permanente, en especial a las colonias de Norteamérica y a la vez eran una garantía o contrapeso contra la posibilidad de que el ejército permanente y sus mandos pudiesen constituirse en tiranía14.

12 Fernando Falcón, op. cit., p. 96. 13 Fernando Falcón, op. cit., p. 96. 14 Fernando Falcón, op. cit., p. 72.

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A similitud de estas, en el siglo XIX no solo España y Francia adoptaron el sistema de milicias pues, según se recoge en algunos testimonios, como los del General Soublette, en Venezuela se conocía dicha organización. Ahora bien, al comprometerse las milicias con la defensa del territorio, era lógico en algunos casos su proceder con respecto a las pretensiones dentro del cuerpo militar. No obstante, como afirmaba Soublette, estos hombres civiles, dados eventual u ocasionalmente a las armas, “al menor peligro de la patria abandonan familia y hogar, y sueltan el arado para empuñar la espada sin más interés que salvarla”15. De lo anterior se desprenden tres ideas básicas que pueden servirnos, tal como mencionáramos, para el estudio del Estado Cuartel en Venezuela, específicamente en su fase de formulación, durante el período 1999-2006, tomando en cuenta que los aspectos explicados permitieron dar forma y contenido al pensamiento militar universal de los siglos posteriores. Así, la relación Estado-gobierno, su deber de defensa institucional y la acción lógica de las relaciones civiles-militares durante la Ilustración, nos permiten indagar sobre las bases teóricas del arte de la guerra, especialmente en Bolívar, cuyas ideas se dice conducen a ese movimiento militar bolivariano que ha tenido lugar desde fines del siglo XX en Venezuela hasta la actualidad, y que ha transformado la naturaleza civil del Estado venezolano, posterior a 1958, en una estrictamente militar, militarista, amparado en una relación civil-militar muy peculiar. Sirvan los párrafos anteriores para introducirnos en el estudio del Estado Cuartel en Venezuela y su característica más locuaz relacionada con el asedio ciudadano durante 1999-2006. Antes de comenzar a abordar la temática en cuestión, quisimos hacer un estudio previo sobre la moral en las historias militares narradas, la teoría y el arte militar en las sociedades antiguas, lo cual 15 Domingo Irwin e Ingrid Micett, Caudillos, militares y poder. Una historia del pretorianismo en Venezuela, Caracas: UCAB, 2008, p. 70, citando a Las Fuerzas Armadas de Venezuela en el siglo XIX. (Textos para su estudio), vol. 6, Caracas: Presidencia de la República, 1963, p. 13.

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busca, como comentáramos al principio, el sustento histórico e intelectual de esta relación, tomando en cuenta la idea de Harold Lasswell sobre el papel de la moral en la formulación del Estado Cuartel. Con respecto al segundo apartado preliminar, definido por la relación asedio y moral, se indaga en el asedio como mecanismo militar de ataque sobre las ciudadelas de la antigüedad y sobre su significación quizás más importante, relacionada con el proceso de desmoralización de los asediados o sitiados, no solo dentro de las fortificaciones, sino que además se asoma la posibilidad del asedio, a partir del siglo XVIII, en términos no necesariamente materiales. Dicho apartado permite la síntesis histórica del asedio como mecanismo militar con fines de proyectarlo como esencia de las estrategias y tácticas del arte militar, del que no queda fuera el Estado Cuartel El tercer estudio presentado persigue la introducción a las principales doctrinas y tratados militares europeos en un contexto histórico convulso y con los que Bolívar tuvo contacto al menos bibliográficamente, dada su estadía en Francia y su gran admiración hacia Napoleón Bonaparte. El objetivo aquí es acercarnos a algunas teorías que, debido a su efectividad, tuvieron gran repercusión, especialmente en y posterior al siglo XIX. La posibilidad de análisis que nos permite este apartado se basa en la esencia “bolivariana” del militarismo y del proceso de militarización, instituido en Venezuela y que sirve como preámbulo a la formulación y consolidación del Estado Cuartel en nuestro país.

5. La progresiva transición al Estado Cuartel en Venezuela Hecho este estudio preliminar procederemos ahora al análisis del Estado Cuartel y del asedio ciudadano en Venezuela durante el período 1999-2006, partiendo de tres niveles: el asedio material, el asedio simbólico y el asedio moral, desarrollados por el Estado Cuartel como mecanismo de defensa y control de la sociedad civil en Venezuela, no sin antes intentar proyectar

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temporal y espacialmente las condiciones iniciales del establecimiento del Estado Cuartel a partir de 1999. El Estado Cuartel surge como una teoría de política exterior, en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, y como resultado del totalitarismo de los llamados Estados militares del eje. Es definido como aquel Estado en el que prevalece el dominio de los “especialistas en la violencia”, según lo señala Lasswell. Es decir, los militares como especialistas en el ejercicio y aplicación de la misma. No obstante, posterior al conflicto mundial, dicha posibilidad interpretativa, al ser aplicada partiendo de la amenaza o peligro interno, como es el caso de Venezuela, configura escenarios políticos, sociales y propiamente militares caracterizados por el necesario “aprendizaje” de las habilidades civiles por parte de estos “especialistas de la violencia”, como estrategia a implementar en consecución del control civil. Es este aspecto fundamental en la transición de regímenes democráticos al Estado Cuartel, algunos con basamento constitucional de democracia van asimilando para sí todos y cada uno de los espacios civiles de la sociedad. Cuando esto ocurre, comienza entonces el ciudadano a sentirse asediado por el Estado, que hábilmente aprovechará tanto las destrezas militares como las de los civiles para la construcción del Estado Cuartel. De tal forma que preguntas como: ¿en qué momento el ciudadano comienza a sentirse asediado por el Estado o en qué momento el Estado comienza a asediar al ciudadano?, parecen ser la clave para comprender la consolidación del Estado Cuartel en Venezuela. Así, al plantearnos la relación entre este Estado y el asedio ciudadano, partimos de la premisa básica del asedio como mecanismo militar de ataque, y en algunos casos, de defensa militar. El asedio, liderado por el sitiador, que en este caso es el mismo Estado Cuartel, convierte en sitiados o asediados a los propios ciudadanos hasta someterlos como “subordinados”. Es lógico, entonces, que el debilitamiento por el control y la escasez de recursos y la desmoralización de los ciudadanos o asediados,

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sea el resultado planificado y esperado por la élite gobernante del Estado Cuartel. El asedio material es definido por el control del Estado Cuartel de los bienes materiales, de producción y de consumo. Cuando Lasswell afirma que los “ingresos serán igualados en el interés de mantener la moral dentro de las condiciones modernas del peligro socializado”16, se refiere a que el peligro de la guerra, socializado entre civiles y militares, requiere a su vez el ajuste igualitario de ingresos como una forma de mantener la voluntad de los ciudadanos. El asedio simbólico hace referencia a todo el proceso de manipulación simbólica que desde el Estado Cuartel se construye y difunde, no solo a través de ceremonias, propagandas y protocolos, sino a través de la propia re-estructuración del Estado en sí. A pesar de que Lasswell expresa que estos elementos no son suficientes para el predominio del Estado Cuartel, sí podemos agregar que constituyen un mecanismo fundamental en el proceso de recepción, identificación, sumisión y adoctrinamiento de los ciudadanos, así como para los intereses morales del propio Estado Cuartel. Lasswell expresa que “adicional a la regularización de los símbolos, bienes y violencia, la élite política del Estado Cuartel encontrará esto necesario para hacer ciertas adaptaciones en la práctica fundamental del Estado”17. Por su parte, el asedio moral parte del hecho de que la moral como elemento axiológico, psicológico y filosófico del ser humano es la primigenia no solo en la elaboración de políticas, acciones y decisiones del Estado Cuartel, sino en la mentalidad ciudadana. Valga aquí una pregunta: ¿no era el miedo y la desmoralización de los sitiados en las ciudadelas antiguas, elementos iniciales para la rendición y capitulación? De la misma forma, el asedio moral del ciudadano, por parte del Estado 16 Harold D. Lasswell, “The Garrison State”, en The American Journal of Sociology, number 4, Chicago: 1941, p. 461 [Trad. a]. 17 Harold D. Lasswell, op. cit., p. 461 [Trad. a].

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Cuartel en Venezuela, se convierte en mecanismo capital de este. Así, no solo “la importancia del factor moral es enfatizada por el miedo universal, el cual es posible mantener en grandes poblaciones a través –entre otros– de modernos instrumentos de guerra”18, sino que se convierte en el pilar fundamental en la consolidación del Estado Cuartel, desde su formulación moral inicial, como lo afirma Lasswell, pasando por todos los mecanismos simbólicos y materiales de manipulación y control, hasta la pérdida de la naturaleza democrática del Estado. Estos argumentos nos permitirán estudiar los tres niveles de asedio ciudadano del Estado Cuartel en Venezuela, dentro de la que denominaremos historia militar moral19 de Venezuela, cuyo primer período, 1999-2006, será estudiado en la presente investigación. Es la misma una aproximación teórica, en la que la moral como tal se asocia, ya sea a una concepción militar, política, o ya sea a una idea de lo que debe ser la realidad. Se atribuye de esta forma a la primera la posibilidad de convertirse en elemento fundamental para la función y el rol de los militares quienes, gracias a la democracia representativa, habían acompañado hasta entonces la naturaleza civil del Estado venezolano, y que a partir de diciembre de 1998 se “mimetizan” con la civilidad, de manera tal que la moral se asociará al proceso de militarismo y militarización para luego transitar al Estado Cuartel.

6. 1999: el Estado venezolano entre lo civil y lo militar El ascenso al poder político de Hugo Chávez en 1998 sentará las bases para que la llamada unión civil-militar en Venezuela se inserte dentro de la tesis del caudillo, ejército, pueblo que,

18 Harold D. Lasswell, op. cit., p. 459 [Trad. a]. 19 La historia militar moral se deriva de la clasificación que hicimos en nuestra tesis de postgrado “El problema del régimen político y la moral en las relaciones Venezuela-Estados Unidos (2001-2010)”. En la misma se plantea el estudio de las morales de lo que llamáramos chavismo-bolivarianismo en Venezuela con una óptica distinta a la presentada aquí.

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más allá de la obra de Ceresole20, apuntalará y consolidará progresivamente el fenómeno del militarismo, militarización y del Estado Cuartel en Venezuela. El escenario quedó explícitamente expresado por Hugo Chávez luego del intento de golpe de Estado en febrero del año 1992: “y vendrán nuevas situaciones y el país tiene que enrumbarse definitivamente hacia un destino mejor (…) yo ante el país y ante ustedes asumo la responsabilidad del movimiento militar bolivariano”21. Pero antes de continuar es necesario precisar un aspecto relacionado con la unión cívico-militar, para lo cual se partirá de lo que explica Domingo Irwin cuando intenta denotar la diferencia entre los términos cívico-militar y civil-militar. Ambos suelen usarse como sinónimos, pero la diferencia estriba en que tanto los militares como los civiles son ciudadanos mientras lo civil no es militar ni viceversa. Por tanto, la mejor manera de denominar dicha relación es a partir del término civil-militar. Aclarado el punto, es posible entonces afirmar que, a partir de 1998 –para algunos es realmente a partir de 1992–, lo civil y lo militar en Venezuela, así como lo civil-militar, ya no será lo mismo, pues serán objetos tanto de las transformaciones propias del cambio de régimen en Venezuela como de las configuraciones de los nuevos fenómenos políticos-militares, dibujados desde el inicio del proyecto ideológico de Hugo Chávez. La transformación de la democracia representativa del año 1958 en la llamada democracia participativa –más allá del socialismo del siglo XXI de Dieterich– como parte de este proyecto ideológico, presentará nuevos escenarios característicos de los regímenes no democráticos, debido a las pretensiones de control, por parte del Estado y del gobierno, no solo de los medios y de las relaciones de producción sino también de los espacios públicos y privados de la sociedad civil. Y qué mejor forma de 20 Norberto Ceresole con su tesis de caudillo-ejército-pueblo justifica la importancia de mantener al ejército como elemento mediador entre Chávez y el pueblo. 21 Palabras de Hugo Chávez luego del fracaso del intento del golpe de Estado en 1992.

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hacerlo sino a través del progresivo militarismo y militarización de todas las esferas que, dependientes del Estado, necesita el civil para la mediación de sus necesidades como ciudadano. De tal forma, observamos que, a pesar de que en la declaración, después del fracaso del golpe de Estado en 1992, Chávez habla de un movimiento de naturaleza militar, luego de su triunfo en 1998 divulga la idea de la democracia en Venezuela. Atención especial merece lo dicho el 2 de febrero de 1999 en su toma de posesión presidencial: ya que tiene un objetivo fundamental: la transformación de las bases del Estado, la refundación de la república, la relegitimación de la democracia y la creación de una nueva República. Ese es el objetivo fundamental de la Asamblea Constituyente. Es político, es macropolítico, pero no es económico ni social de inmediato22.

Cabría preguntarnos si cuando un militar habla de la refundación de la república en términos democráticos, necesariamente lo hace en los mismos términos en que lo entiende el civil. Esto viene a colación especialmente cuando recordamos lo que explica Lasswell con respecto a la convivencia del Estado Cuartel y la democracia, cuando se pregunta ¿qué valores democráticos pueden ser preservados y cómo?23. En este sentido, la refundación de la república en Venezuela se convierte en un punto neurálgico al plantearse posteriormente el cambio de régimen en nuestro país. Por ser Hugo Chávez un militar, él plantea tempranamente su estrategia a partir, podríamos afirmar, de sus pretensiones militaristas y de militarización, siempre bajo lo militar, civil, unión civil-militar y con basamento constitucional democrático. Al principio de sus gobiernos consecutivos, lo militar y lo democrático parecieron convivir sin problemas, sin embargo, fue 22 “Discurso del Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez, el 2 de febrero de 1999”, en ANALÍTICA.COM. Disponible en: http://www.analitica.com/Bitblio/hchavez/toma.asp, 2 de febrero de 1999. (Consultado el 22 de septiembre de 2014). 23 Harold D. Lasswell, op. cit., p. 467 [Trad. a].

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tácita la toma de espacios civiles por los militares, así como la constante tautología de la relación entre ambos sectores para el progreso del país. Esto es evidente en el año 1999 cuando, en el marco del llamado Plan Bolívar, liderado por el Ministro de Defensa Raúl Salazar, se inserta el Proyecto Bolívar 2000. Entonces, Chávez afirmaba orgulloso: En este proyecto están incorporados en cuerpo y alma la mayor parte de los militares en Venezuela: 90%. Hay que dejar en los cuarteles un 10% también. No podemos dejar los cuarteles solos, hay que cuidar las cosas allí. Yo ayer estuve con mis hermanos de armas, yo soy un soldado, ustedes lo saben. Ayer nació una brigada en Barinas, pero esa brigada no va a ser solamente con un fusil recorriendo las calles con esa actitud represiva. No, no, está cambiando el concepto militar24.

Ideas centrales asociadas a dicho proyecto, a la revolución bolivariana y a la unión civil-militar diagraman aquellas como batallones de asuntos civiles y teatros de operaciones sociales, como inicio del proceso de organización civil pensado en términos del lenguaje y pensamiento militar: tenemos que informarle a todos los venezolanos dónde funcionan los teatros de operaciones sociales, no son teatros de operaciones de guerra, no, son abiertos a la sociedad. En los comandos militares, vayan ustedes a los comandos militares, ahí hay órdenes25.

En el mismo año, expresiones como “Porque el pueblo es al soldado como el agua al pez. Andamos como peces en el agua”26 se repiten una y otra vez, no solo para exaltar la unión civilmilitar, sino al Plan Bolívar 2000 con afirmaciones como “Los 24 “Programa Nº 1, Aló presidente”, en ALOPRESIDENTE.GOB.VE. Disponible en: http://www.alopresidente.gob.ve/transcripciones, 23 de mayo de 1999. (Consultado el 26 de septiembre de 2014). 25 “Programa Nº 1, Aló presidente”, en ALOPRESIDENTE.GOB.VE. Disponible en: http://www.alopresidente.gob.ve/transcripciones, 23 de mayo de 1999. (Consultado el 26 de septiembre de 2014). 26 “Programa Nº 2, Aló presidente”, en ALOPRESIDENTE.GOB.VE. Disponible en: http://www.alopresidente.gob.ve/transcripciones, 6 de junio de 1999. (Consultado el 25 de septiembre de 2014).

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soldados no descansamos y nadie debe descansar, solo lo necesario, lo mínimo necesario”27. Ahora bien, el lenguaje militar en esta etapa es sinónimo tempranero del proceso del militarismo y militarización en Venezuela; paralelo a este, la creación de organizaciones civiles-militares, como expresión de la fusión, siguiendo a Lasswell, de las habilidades civiles y militares, marcarán el rumbo de la llamada refundación de la república a partir de 1999, según lo señalará el presidente de entonces.

7. La moral del militarismo y el militarismo moralizante (1999-2006): ¿formulación inicial del Estado Cuartel y del asedio ciudadano en Venezuela? Nos corresponderá hablar del asedio ciudadano del Estado Cuartel, basándonos en la idea del asedio como mecanismo militar dentro del contexto de la historia militar moral de Venezuela. A diferencia del asedio militar de otrora, en esta oportunidad el asedio parte desde el Estado venezolano, a sabiendas de que el enemigo, es decir, el futuro asediado o sitiado, no es externo sino interno. En otras palabras, parece ser el civil el rival a vencer del Estado Cuartel. Aquel civil que no forma parte de la élite política del Estado y que tampoco conjuga con la proposición civil-militar de este, pero que no deja de ser igualmente un civil habilidoso y meritorio. Partiendo entonces, desde la visión del Estado venezolano, de la idea de la moral del militarismo y del militarismo moralizante (1999-2006), heredada del movimiento militar de 1992 y de la naturaleza militar y militarista del propio jefe de Estado –“aquí estamos un grupo de militares porque yo soy militar”28–, estudiaremos la formulación básica del Estado Cuartel, así como el asedio ciudadano que, como vimos en el apartado anterior, es manifiesto tanto en 27 “Programa Nº 2, Aló presidente”, en ALOPRESIDENTE.GOB.VE. Disponible en: http://www.alopresidente.gob.ve/transcripciones, 6 de junio de 1999. (Consultado el 25 de septiembre de 2014). 28 “Programa Nº 153, Aló presidente”, en ALOPRESIDENTE.GOB.VE. Disponible en: http://www.alopresidente.gob.ve/transcripciones, 15 de junio de 2003. (Consultado el 25 de septiembre de 2014).

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la institución de valores propios del lenguaje militar como en la organización militar de lo civil. Tomando en cuenta que la élite política del Estado Cuartel debe hacer adaptaciones a la práctica y estructura del Estado, como nos lo comenta Lasswell, sin olvidar que “al menos en sus fases introductorias, los problemas de la moral están destinados a tener un gran peso en la mente de la organización o gestión”29, observaremos que lo militar, el militarismo y la militarización empiezan a ocupar, de manera tenue pero firme, los espacios civiles, a la par que se convierten en ideas rectoras fundamentales del Estado, camufladas –para usar un término militar– en la llamada democracia participativa. Así, elementos de la política interna como la reforma de nuestra Carta Magna en 1999, el Plan Bolívar 2000, los sucesos de abril de 2002, el paro petrolero del mismo año, la implementación de las misiones sociales desde abril de 2003, la reforma de la Ley Orgánica de las Fuerzas Armadas en septiembre de 2005 (LOFAN 2005), acelerarán las bases políticas, jurídicas e ideológicas para la re-estructuración y transformación del Estado democrático y civil en Venezuela. Bajo el contexto histórico 1999-2006, la iniciación del Estado Cuartel avanza rápidamente en la idea de la refundación del Estado que, a partir de la Constitución de 1999, plantea un cambio de régimen, expresado como democracia participativa, pero con una clara esencia militar, militarista, con proyecciones serías de militarización, en donde la idea del conflicto y de la república en términos militares, similar a la de Lloyd en el siglo XIX, se hace presente bajo la llamada doctrina militar bolivariana. No obstante, ¿hay indicios sobre el asedio ciudadano durante este período? Sobre este tema hablaremos a continuación. La apropiación de los bienes materiales, de consumo y de producción por parte del Estado es un paso decisivo para la institución del Estado Cuartel en Venezuela, especialmente cuando se pone en duda la naturaleza civil del Estado. En tal sentido, según el sociólogo Eduardo Guzmán Pérez, desde 1999 “cerca 29 Harold D. Lasswell, op. cit., p. 457 [Trad. a].

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de 1.614 militares de distintos rangos, entre activos y retirados, han desempeñado y ejercen cargos en la administración pública. Aseguró que 1.246 fueron designados por Chávez y 368 por Maduro”30. A pesar de que lo sucedido luego del 2006 no se corresponde con el período en estudio, podemos no obstante tener una clara óptica de las pretensiones de militarización, manifiesta y expresa, del Estado venezolano, en el proyecto ideológico de Chávez, desde sus mismos inicios. Necesita en todo caso, la élite militar, “bañarse” en las habilidades del civil, especialmente si su objetivo –nada lejano– será ser electo mediante el voto democrático. De allí que el ejercicio progresivo de la política civil estatal, por parte de los militares, sea elemento común a partir de 1999 en Venezuela. Cuando ese mismo Estado se hace con el control de la principal fuente de ingresos del país, PDVSA, luego del llamado paro petrolero de 2002, el asedio material por parte del incipiente Estado Cuartel se hace presente. Con este proceder, el Estado se asegura dos objetivos esenciales: el tangible, encaminado a la centralización del poder político y económico, y en lo intangible, la progresiva consolidación moral del Estado militarista. En tal sentido, el asedio ciudadano comienza a hacerse efectivo cuando desde ese Estado se crean prerrogativas de carácter ideológico o de simpatías hacia su proyecto, perjudicando a quienes, incluso poseyendo el conocimiento y las habilidades necesarias, distan de tales ideas. Así, la primerísima PDVSA comienza un proceso de depuración política que afectó y sigue afectando a muchos civiles, y en la cual el proceso de socialización del peligro, ahora ante la amenaza interna dentro de la misma empresa, crea relaciones de solidaridad pero también de manipulación entre los civiles y el Estado y entre los civiles y los militares, en un Estado que se diferencia mucho de la tradición civil de la democracia representativa. 30 “1.614 militares han ocupado cargos del gobierno”, en El Nacional.com. Disponible en: http://www.el-nacional.com/politica/militares-ocupado-cargos-gobierno_0_325167554.html, 26 de diciembre de 2013. (Consultado el 12 de octubre de 2014).

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En este contexto, el asedio simbólico en contra del civil se va a caracterizar, amén de por la repetitiva y copiosa publicidad y propaganda del gobierno –difundida tanto en los medios como en los discursos y ceremonias oficiales–, por aquello que Lasswell llama las virtudes cardinales del Estado Cuartel: “el deber de obedecer, para servir al Estado, para trabajar”31. Bajo estas premisas se inaugura entonces el proceso de manipulación de símbolos por parte del Estado, al cual se asocia la moral de un militarismo que, apoyado en un proyecto ideológico, no teme en difundir la imagen del militar heroico y del deber de la patria, en función de la conjugación civil-militar en Venezuela, tal como vimos en el Plan Bolívar 2000. Es la propaganda instrumento moral del militarismo, al cual se invoca en las continuas ceremonias, actos públicos, desfiles conmemorativos, actos militares y civiles-militares. Incluso los gestos, la entonación y las posturas corporales de la élite militar gobernante buscan que el mensaje llegue al civil claramente; y así muchos de estos civiles, sin darse cuenta, se van adaptando a la presencia militar en cada uno de sus espacios. El deber de obedecer al Estado Cuartel y su asedio al ciudadano es manifiesto antes de abril de 2002, cuando Chávez enunciaba ya la posterior radicalización en contra de la libertad de expresión y disenso en Venezuela. Así lo hace saber, el 13 de enero del 2002, en su programa Aló presidente: “¿Quién dijo que la libertad de expresión corre peligro? Lo único que usted tiene que hacer para pensar libremente es pensar como yo”32. Bien explica Lasswell esta característica del Estado Cuartel: “El grupo gobernante ejercitará un monopolio de opinión en público, aboliendo la comunicación libre de hecho e interpretación”33. En este mismo contexto, la élite del Estado Cuartel hábilmente se enrumbó hacia un enfrentamiento simbólico y moral en contra de los llamados partidos políticos tradicionales 31 Harold D. Lasswell, op. cit., p. 460 [Trad. a]. 32 Sergio Jablon, “Los medios soy yo”, en Revista Primicia, núm. 28, Caracas: 2002, p. 51. 33 Harold D. Lasswell, op. cit., p. 461 [Trad. a].

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en Venezuela, situación que vino a consolidar el desprestigio y la deslegitimación que ya pesaba sobre ellos, y que permitió paradójicamente el ascenso de Chávez al poder. Las continuas críticas y adjetivación negativa en contra de tales partidos, en discursos y alocuciones, sentaron las condiciones para que solo los aliados al proyecto ideológico emergieran sin valoraciones peyorativas. Se produce así el asedio moral a los partidos políticos y a los pocos o muchos de sus miembros o simpatizantes. Hay un elemento esencial dentro de la regularización simbólica del incipiente Estado Cuartel, representado por el papel que cumple el Plan Patria –parte del Plan Bolívar 2000– y las llamadas misiones sociales como atenuantes en la “disminución del desempleo”. Se cumple allí lo afirmado por Lasswell: “Sin duda el Estado Cuartel será reconocido por la abolición psicológica del desempleo, psicológica porque es un asunto de la redefinición de símbolos”34. En este caso, la finalidad del Estado Cuartel no es otra que simpatizar con el siempre desfavorecido sector de desempleados, quienes seguramente no tendrán un empleo como tal, sino que a cambio obtendrán una especie de ayuda monetaria del gobierno, por el solo hecho de estar inscritos en alguna lista y asegurarle cierta fidelidad o subordinación: Este Proyecto Patria está siendo dirigido en todo el país por los comandos de guarnición. Los comandos militares de las guarniciones están organizando desempleados (…) Eso sí, vayan con calma, los militares tienen la orden, están trabajando por el país, de registrarlos y de, poco a poco, ir organizándolos a través del Proyecto Patria35.

En este sentido, el Estado Cuartel venezolano –sea en su fase inicial como militarismo o ya con la propia militarización– es un hábil creador y manipulador de símbolos. Era lógico que, luego de los sucesos de abril de 2002, el Estado venezolano emprendiera una compleja campaña de lucha simbólica-moral 34 Harold D. Lasswell, op. cit., p. 459 [Trad. a]. 35 “Programa Nº 2, Aló presidente”, en ALOPRESIDENTE.GOB.VE., Disponible en: http://www.alopresidente.gob.ve/transcripciones, 6 de junio de 1999. (Consultado el 25 de septiembre de 2014).

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con programas y decretos como la llamada ley mordaza en el 2004, “que acentúa el control sobre los medios radioeléctricos y procura activar el mecanismo de la autocensura”36, el salto adelante del año 2005, y el mecanismo de asedio del que más ha hecho gala: la infame lista Tascón. Es precisamente dicho listado –ciudadanos que expresan mediante la firma su desacuerdo con el gobierno– el principal mecanismo de asedio moral del Estado Cuartel en contra de sus ciudadanos. Se resume en el uso que el Estado venezolano hizo y hace de ella: la más firme intención, hasta ese momento, de coacción y control ciudadano. Ahora bien, no le faltará al proyecto ideológico, encarnado en el Estado venezolano, la manifestación misma de su naturaleza militar y militarista. La compra compulsiva de armamento militar aunado a la re-estructuración de las Fuerzas Armadas Venezolanas con la Ley Orgánica de las Fuerzas Armadas (LOFAN 2005) y la concepción de la llamada guerra asimétrica37, como parte del plan de seguridad nacional del Estado, enmarcado en lo que posteriormente se llamará doctrina militar bolivariana, solo confirman la materialización del Estado Cuartel en Venezuela. Con respecto a la LOFAN 2005, sus reformas posteriores expresan la necesidad del Estado Cuartel de adaptar, a los fines 36 Manuel Felipe Sierra, “Al compás de los días. Los perseguidos”, en El Nacional, Caracas, 5 de junio de 2009, p. 11. 37 La guerra asimétrica está íntimamente relacionada con la Guerra de Cuarta Generación. Representa la evolución del pensamiento militar desde 1989 (Cuarta Generación) hasta 1995 (asimetría). La utilización de las asimetrías en los conflictos bélicos es tan vieja como el hombre, pero a partir de 1995 el concepto fue desarrollado en una serie de documentos: Visión Militar de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos (1995), Estrategia Militar (1995), Informe de la Revisión Cuadrienal de Defensa (1997), Informe del Panel de Defensa Nacional (1997), Revisión estratégica conjunta, aproximaciones asimétricas de la guerra (1999), Informe Anual del Secretario de Defensa al Congreso (1998-99-00), Informe Anual (2000), Visión Conjunta 2020 (2000). Ver Steven Metz, “Asimetría Estratégica”, en Military Review; y también “Chávez y la Guerra Asimétrica”, en El Universal.com. Disponible en: http://www.eluniversal.com/2005/04/04/pol_art_03187A. shtml, Caracas, 4 de abril 2005. (Consultado el 15 de abril de 2010).

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establecidos por la élite militar, el conjunto formal de las Fuerzas Armadas. Al respecto, Domingo Irwin expresa: Es decir, legalmente el Presidente de la República cuenta con unidades de reserva y guardia territorial que están directamente bajo su mando (artículos 11° “ante cualquier agresión interna o invasión de fuerzas extranjeras”. 30° “la preparación y mantenimiento del pueblo organizado para operaciones de resistencia local, ante cualquier agresión interna o externa”. 32° “El Comando General de la Reserva Nacional y Movilización Nacional (…) Depende directamente del Presidente de la República”38.

Nótese lo delicado del asunto cuando se habla de enemigo interno. Nos preguntamos, ¿cuáles son los parámetros para calificar a alguien o a algo de enemigo interno? ¿Serán los parámetros políticos e ideológicos del militarismo, de la militarización y del Estado Cuartel los que advierten sobre la presencia y la amenaza del enemigo interno? Siendo esto así, la socialización del peligro en esta fase introductoria del Estado Cuartel en Venezuela se manifiesta dentro de los círculos civiles, disidentes y opositores. Son estos los que, siendo asediados o sitiados por el Estado y el gobierno, deben dejar de expresarse y pensar libremente so pena de ser señalados o de perder su empleo. Se convierte el enemigo interno en objetivo militar y civil-militar del Estado Cuartel. “Son caballos de Troya en nuestras propias narices”39, exclamaría Chávez en junio de 2006, refiriéndose a los propietarios de las concesiones televisivas en Venezuela. De allí que sea necesario la permanente vigilancia y en pro de esta, la confrontación material, moral y simbólica que desde el Estado se estructura, una y otra vez, como parte de la argumentación moral propia de la fase de formulación del Estado Cuartel. Así, según la LOFAN 2005, ante la “agresión interna”, la sociedad 38 Domingo Irwin e Ingrid Micett, Caudillos, militares y poder. Una historia del pretorianismo en Venezuela, Caracas: UCAB, 2008, p. 274, citando el articulado de la Ley Orgánica de las Fuerzas Armadas luego de la reforma de septiembre de 2005. 39 ABN, “Chávez ordenó revisar concesiones de televisoras”, en el Diario Frontera, Mérida, 15 de junio de 2006, p. 5A.

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civil en resistencia local y las llamadas milicias bolivarianas, como cuerpo civil armado del jefe de Estado, materializan la tan ansiada –por Chávez y por la élite militar– unión civil-militar en Venezuela en el siglo XXI. Dicho proceder tendrá una influencia decisiva en el asedio material, simbólico y propiamente moral del ciudadano, pues qué mejor forma de llevar a cabo la socialización del peligro que difundir la idea del necesario conflicto ¿militar o civil? y la inminente victoria que, desde el Estado venezolano, promete dar seguridad y defensa a los ciudadanos. Resulta fundamental en este punto hacer notar cómo, en el asedio material del Estado Cuartel, se manifiesta la esencia del proceso de militarización, pues en el predominio de la compra de material militar no solo se refleja el control de los medios de producción y de los bienes de consumo por parte de la élite militar, sino el desdén hacia lo no militar. Aunque los gobernantes del Estado Cuartel serán libres de regularizar la tasa de producción, ellos seguramente evitarán la completa utilización de la capacidad productiva para asuntos con propósitos no militares40.

Valga recordar la ceremonia en ocasión de la entrega de 30 mil fusiles automáticos Kalashnikov AK-103 a los distintos componentes de la Fuerza Armada Nacional, en el 2006, en la cual Chávez afirmaba: que nunca Venezuela fue capaz de producir un fusil automático liviano FAL, ahora dentro de poco estaremos colocando la piedra en Maracay con una planta para la fabricación de fusiles Kalashnikov41.

La élite del Estado Cuartel, en su forma civil-militar, pasa a convertirse sencillamente en una relación simbólica y en un mito42, 40 Harold D. Lasswell, op. cit., p. 465 [Trad. a]. 41 ABN, “Chávez ordenó revisar concesiones de televisoras”, en el Diario Frontera, Mérida, 15 de junio de 2006, p. 5A. 42 Un mito que cumple a cabalidad su función social, que en este caso se asocia con la necesidad de dar identidad y confianza a los integrantes de esa unión civil-militar.

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creado desde el propio Estado Cuartel, cuando la preeminencia del factor militar sobre el civil se materializa incluso en los mismos bienes materiales que del Estado puedan producirse o exportarse. Esto debido a que la “clase gobernante se sentirá amenazada por el crecimiento frívolo de la comunidad”43. Observamos entonces cómo, en el período 1999-2006, la moral del militarismo y el militarismo moralizante fungen como catalizadores en aquello que se llamó la refundación del Estado en el proyecto ideológico de Chávez. La primera, como vehículo transmisor del militar heroico, argumento suficiente para copar los espacios civiles; y la segunda, bajo la idea del militar que, por heroico, tiene la atribución de servir y ser el ejemplo moral a seguir para militares y civiles. Es en esta fase en la que se hace evidente la proyección material, simbólica y moral del Estado Cuartel y el progresivo pero seguro deterioro de la democracia en Venezuela. Sirva entonces la moral como instrumento fundamental en la formulación inicial del Estado Cuartel y, en nuestro caso, en el estudio del asedio ciudadano que desde el propio Estado comienza a formularse desde 1999.

8. Conclusiones La formulación inicial del Estado Cuartel en Venezuela coincide con el proceso de militarismo-militarización planteado por el proyecto ideológico de Chávez desde 1999. Dichos fenómenos, el militarismo y la militarización, supo hábilmente el Estado insertarlos con el ejercicio mismo del poder político en manos militares. No de cualquier militar, sino de aquella élite militar que formaba parte del movimiento militar bolivariano de 1992. Ante la presencia del pretorianismo, recordando a Domingo Irwin, el civil, consciente e inconscientemente, fue cediendo sus espacios. El Estado venezolano comienza entonces a experimentar una transición hacia lo que el proyecto ideológico denominó democracia participativa, que en el fondo, y ajustándonos al devenir histórico, no resultó otra cosa que la fase fundacional 43 Harold D. Lasswell, op. cit., p. 465 [Trad. a].

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del Estado Cuartel en Venezuela, coincidiendo precisamente con la llamada refundación del Estado, expresada por Chávez. De tal modo que al interrogarnos, ¿en qué momento el ciudadano comienza a sentirse asediado por el Estado o en qué momento el Estado comienza a asediar al ciudadano?, no estamos hablando del Estado venezolano de la perfectible democracia representativa. El Estado se convierte ahora en el teatro de operaciones de la élite militar, en el cual la relación simbólica civil-militar se inserta en la sociedad con códigos y lenguajes que, siendo propios del ámbito militar, se difunden y se alientan desde el mismo Estado, con el único objetivo de lograr el control civil y el asedio ciudadano. Así, tenemos una especie de necesaria adaptación de lo civil a los nuevos cánones del Estado que, alejado cada vez más de lo civil y de lo democrático, busca instituir la organización militar dentro de la sociedad civil. Es entonces durante el proceso del militarismo-militarización, como fase previa, que el Estado Cuartel se hace presente; un proceso largo y complejo de construcción, cuya argumentación moral, como vimos en el caso de Venezuela, no solo se convierte en instrumento de la propaganda estatal sino en génesis y soporte fundacional de todo el proyecto político-militar del Estado Cuartel, expresado en el proyecto ideológico de Chávez. Así, los “especialistas de la violencia”, como llama Lasswell a la élite militar gobernante, requieren de la conveniente fusión moral con las habilidades civiles, como una forma de asegurar el control material, simbólico y por ende moral, de los bienes materiales del Estado, de los bienes de producción, de los medios de comunicación, de las aspiraciones no resueltas, de la libertad de expresión y de las libertades civiles, bajo el ardid de la democracia participativa y la unión civil-militar. Debido entonces al papel de la moral en las fases primigenias, intermedias y consolidadas del Estado Cuartel, planteamos la posibilidad de estudiarlo dentro del marco que denominamos historia militar moral de Venezuela, siendo el período 19992006 el denominado como formulación del Estado Cuartel y del asedio ciudadano en Venezuela. Así, a través del asedio ma83

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terial, simbólico y propiamente moral, el Estado venezolano o el incipiente Estado Cuartel en Venezuela emprenden toda una campaña de control civil; pero del civil que no compagina con el proyecto ideológico, ese civil que pasa a ser el enemigo interno. Conscientes entonces de las habilidades civiles del enemigo interno, no descansará la élite del Estado Cuartel en su esfuerzo de desdibujarlas a través del socavamiento moral de sus prerrogativas básicas. Ante este enemigo interno, el Estado Cuartel asediará y sitiará a la sociedad civil, de tal forma que deba esta adaptarse a las pautas de estricto control por parte del que asedia, es decir, el Estado. En este punto nos preguntamos: ¿busca el Estado Cuartel en Venezuela, con el asedio ciudadano, la rendición o posible capitulación de los derechos civiles de la sociedad en Venezuela? Dejamos la interrogante abierta, especialmente cuando, dentro del marco de lo que posteriormente se llamará doctrina militar bolivariana, la élite militar pareciera reproducir la idea del conflicto permanente y la socialización del peligro, como proemio al actuar del Estado Cuartel durante el período 19992006. Dicho período sirve entonces de preámbulo a la posterior construcción y consolidación del Estado Cuartel y del asedio ciudadano en nuestro país.

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José Raimundo Porras Pérez Teniente Coronel (Ej.) en situación de retiro  [email protected]

EL GIRO IDEOLÓGICO DE LA FUERZA ARMADA NACIONAL BOLIVARIANA: LA CONCEPCIÓN MARXISTA-LENINISTA DE GUERRA REVOLUCIONARIA Y EL NUEVO PENSAMIENTO MILITAR VENEZOLANO

Resumen: La orientación del texto que se verá a continuación pretende una aproximación diferente al giro ideológico de las fuerzas militares venezolanas, desde la perspectiva de la concepción de guerra revolucionaria enmarcada en el marxismo-leninismo y sus variantes teórico-militares, como lo son el maoísmo y el “foquismo”, así como su influencia en la construcción del nuevo pensamiento militar venezolano, cuyo planteamiento central es la adopción de una doctrina militar basada en la unión ejércitopueblo para la defensa integral de la nación. Palabras clave: historia militar, historia del pensamiento militar, relaciones civiles y militares, historia de Venezuela. The ideological shift of the Bolivarian National Armed Forces: the Marxist-Leninist conception of revolutionary war and the new Venezuelan military thinking Abstract: The orientation of the text will then seeks a different approach to the ideological change of Venezuelan military forces, from the perspective of conception of revolutionary war framed in the Marxism and the Leninism and its theoretical-military variants, and its influence on the construction of the new Venezuelan military thinking, whose central con-

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sideration is the adoption of a military doctrine based on the army-people union for the overall defense of the nation. Keywords: Military History, History of Military Thought, Civil-Military Relations, Venezuelan History.

1. Introducción Todo Estado-nación requiere de la organización de fuerzas armadas para su defensa, ello sin distinción de su naturaleza teocrática, autoritaria, totalitaria, monárquica o democrática. Desde el siglo XIX el desarrollo de teorías de interpretación del rol de los ejércitos en la estructura social de las naciones, sumado a su peso específico en los sistemas políticos, llevó a que se le considere una ciencia social con su aparato crítico y epistemológico propio. En este sentido, la línea de investigación histórica de relaciones civiles-militares se define usualmente en términos del señalado “control civil” y es empleada como concepto marco para debatir el rol político de las instituciones militares, en abordajes que centran la discusión en la subordinación de las fuerzas armadas a las autoridades políticas1. El profesor Samuel Huntington identificó dos niveles en las relaciones civiles-militares: un nivel del poder y otro nivel de carácter ideológico. En esta última distinción reconoce como aspecto clave la compatibilidad entre la ética militar y las ideologías políticas prevalecientes en el resto de la sociedad. En el caso venezolano, considerar la interacción de las instituciones militares en el contexto estatal exclusivamente en términos de control civil, puede resultar insuficiente para analizar la inserción de las fuerzas armadas en el marco institucional del Estado. En el artículo titulado El aparato ideológico del 1

El enfoque clásico al respecto fue propuesto hace ya más de cinco décadas por S. P. Huntington. Léase Samuel P. Huntington, El Soldado y el Estado, Buenos Aires: Biblioteca del Oficial, Círculo Militar, 1964, pp. 118-123.

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golpismo chavista, el Doctor Luis Alberto Buttó identificó tres ejes transversales cuya confluencia dialéctica devino en los soportes filosóficos y programáticos a partir de los cuales se formuló la base doctrinal inspirativa de la acción de gobierno y transformación de la institucionalidad venezolana emprendida en febrero de 1999 y que continúa hasta nuestro presente. Dichos ejes ideológicos pueden renombrarse como sigue: fuerza armada-seguridad interna-desarrollo nacional; fuerza armadaélite gobernante; y, fuerza armada-pueblo-historia2. El pensamiento militar3 responde a una fusión del conocimiento acumulado por siglos de la teoría de la guerra y las actividades conexas con la conducta concreta en el espacio y el tiempo para realizar las tareas de defensa en el entorno nacional e internacional. El desarrollo ideológico del eje fuerza armada-seguridad interna-desarrollo nacional se sustenta en paradigmas teóricos que han dado forma al nuevo pensamiento militar venezolano. El propósito del presente trabajo académico consiste en analizar las tendencias teórico-militares seguidas por el estamento castrense venezolano en la etapa comprendida entre los años 1998 y 2013, y apreciar el proceso de evolución e impacto del pensamiento militar marxista-leninista en la aparición del

2

Para profundizar el tema véase Luis Alberto Buttó, “El aparato ideológico del golpismo chavista”, en El Incesto Republicano. Relaciones civiles y militares en Venezuela 1812-2012, Caracas: Editorial Nuevos Aires, 2013, pp. 183-218.

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La doctrina militar británica ofrece una taxonomía útil que nos ayuda a entender los rasgos generales de la noción de pensamiento militar. Divide el poder de combate en tres componentes: el físico, que es el medio para consumar la lucha y conlleva el equipo, los soldados y la logística necesaria para apoyar el esfuerzo bélico; el componente moral, que es la voluntad de vencer y se trata de la motivación, el liderazgo y la cultura militar; y por último, el componente conceptual, que supone el cómo luchar bajo el dominio del pensamiento referido a los métodos, enfoques y los usos más amplios de pensamiento dentro y fuera del campo de batalla. El término “usos más amplios de pensamiento” incluye cualquier otro aspecto del proceso mental. Véase Jim Storr, The Human Face of War, London: Briminghan War Studies, 2009, p. 8.

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nuevo combatiente de orientación revolucionaria4 en el seno de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.

2. El pensamiento militar marxista-leninista y la guerra revolucionaria Para entender el pensamiento militar marxista-leninista y la noción de guerra revolucionaria es necesario remontarnos a las ideas de Federico Engels, quien se erigió, en cooperación intelectual con Karl Marx, como uno de los más influyentes pensadores del socialismo científico, el comunismo, la teoría de la lucha de clases, la concepción materialista de la historia, y como un conspicuo teórico militar de su tiempo; en este último aspecto, el filósofo prusiano apreció que todas las grandes revoluciones no eran el resultado de grandes maestros de la guerra, sino de invenciones en mejores armas y cambios en el material; por ende, el poder militar se basaba en las armas y en el equipamiento militar cuya calidad dependía de la condición del desarrollo de lo que él y otros marxistas llamaron “fuerzas de producción”5. Karl Marx sentó las bases sobre las cuales descansan los ejes de la acción política de los movimientos revolucionarios. Pero Vladimir Lenin desarrolló las premisas marxistas construyen4

Según Amos Perlmutter, el soldado revolucionario se considera a sí mismo como un instrumento de la sociedad en correspondencia con su condición de defensor del orden revolucionario. Perlmutter aclara que la intervención del soldado revolucionario es para apoyar a la revolución; él se ve a sí mismo como constructor e innovador de estructuras, se dedica a la movilización militar de las masas. Entre sus primeros actos se destacan los intentos para destruir las viejas estructuras militares del régimen anterior. Véase Amos Perlmutter, Lo militar y lo político en el mundo moderno, Madrid: Ediciones Ejército, 1982, pp. 280-287.

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La concepción tradicional de la historia situaba en primer plano las hazañas de los personajes ilustres, sin embargo, el marxismo hace hincapié en la vida material de las sociedades y las fuerzas productivas que están necesariamente en conexión con un tipo determinado de relaciones entre los hombres en la producción de bienes necesarios para su subsistencia. Ver Friedrich Engels, La Guerra Campesina en Alemania, La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1974.

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do una metodología de la insurrección. En la teoría leninista se interrelacionan estrechamente la insurrección y la guerra; como parte de sus preceptos, una revolución popular verdaderamente profunda es un proceso increíblemente complicado y doloroso, de muerte del viejo orden social y nacimiento del nuevo orden social, del estilo de vida de decenas de millones de hombres. La revolución es la lucha de clases y la guerra civil más aguda, más furiosa, más encarnizada. No ha tenido lugar en la historia ni una sola gran revolución sin guerra civil6.

En su obra de crítica militar, El rol de la violencia en la historia, Federico Engels llegó a establecer las máximas que constituyeron las bases de la revolución cuyo accionar condujo al derrocamiento del régimen zarista en Rusia. Para el filósofo prusiano “el ejército, verdadero vencedor, se coloca a la cabeza, apoyado sobre la clase de donde proviene en su mayor parte, los pequeños campesinos”; y el otro paradigma es que “en política, sólo hay dos potencias decisivas: la fuerza organizada del Estado, el Ejército, y la fuerza no organizada, la fuerza elemental de las masas populares”7. Una vez logrado el triunfo de la Revolución Rusa en 1917, sus principales líderes: Vladímir Ilich Lenin y Lev Davídovich Bronstein –mejor conocido como León Trotsky– mantuvieron como soporte defensivo del nuevo régimen a la Guardia Roja, estructura constituida por soldados y obreros, liderados por sargentos que actuaban como brazo armado del bolchevismo8. La Guardia Roja no se organizaba como un ejército regular, su formación era de una milicia voluntaria; además, sus integrantes 6

Ver el artículo de Vladimir Ilich Lenin, “¿Podrán los Bolcheviques retener el poder?”, en Obras Completas. Setiembre a noviembre de 1917, Madrid: AKAL Editor, Tomo 27, 1976, pp. 212-216.

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Friedrich Engels, The role of force in history: a study of Bismarck’s policy of blood and iron, New York: International Publishers, 1969, p. 62.

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La Guardia Roja tenía por misión “proteger la revolución” y “mostrar resistencia a las fuerzas reaccionarias”. Ver Richard Pipes, La Révolution russe, Paris: Presses Universitaires de France, 1993, p. 383.

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no poseían jerarquías ni reglamentos orgánicos para su funcionamiento, disciplina e instrucción9. Los teóricos militares marxistas-leninistas entendían que la guerra se basaba esencialmente en principios científicos10. La predilección de Vladimir Lenin por los fundamentos de la dialéctica materialista del objetivismo, las regularidades en la naturaleza de la sociedad y las posibilidades del conocimiento, influyeron fuertemente en el desarrollo de la teoría militar soviética posterior a 1917. Los puntos de vista filosóficos de Lenin eran compatibles con las inclinaciones objetivas de los estados mayores zaristas antes de la Guerra Civil Rusa, y sus métodos científicos en materia castrense apuntaban hacia el desarrollo de la previsión militar. De hecho, oficiales ex zaristas como Vladimir Triandafillov y Mikhail Tujachevski surgieron como defensores de la teoría leninista, que trató de unificar la relación de principios marxistas con la ciencia militar soviética en plena formación en las décadas de 1920 y 193011. Con la consumación de la Guerra Civil Rusa en 1918, los mandos bolcheviques apreciaron la necesidad de sustituir a la Guardia Roja por una fuerza militar permanente. El Consejo de Comisa9

La “Guardia Roja” estaba basada en soldados de filiación comunista que se habían negado a obedecer a sus oficiales, por lo que dicho cuerpo rechazaba cualquier señal de disciplina castrense.

10 “La conducción de la guerra es en gran medida una ciencia y no un arte”. Tal apreciación no se limitó a los intérpretes marxistas de las teorías de Clausewitz y Jomini. El general británico J.F.C. Fuller también fue un firme creyente en que la conducción de la guerra es en gran medida una ciencia. En su libro Fundamentos de la Ciencia de la Guerra, Fuller asentó que se puede establecer un método científico para el estudio de la guerra, entonces con frecuencia seremos capaces de predecir eventos futuros basados en sucesos pasados, y así extraer la naturaleza y los requerimientos de la próxima guerra, posiblemente años antes de que esta se produzca. Ver Colonel J.F.C. Fuller, The Foundations of the Science of War, Fort Leavenworth: The Command and General Staff College, 1993, p. 38. 11 Jacob W. Kipp, From Foresight to Forecasting: The Russian and Soviet Military Experience, College Station Tx, Texas A&M University, Center for Strategic Technology, 1987, p. 82.

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rios del Pueblo creó el Ejército Rojo mediante un Decreto el 28 de enero de 1918; Lev Trotsky, quien fue nombrado Comisario de Guerra12 por el Comité Central del Partido Bolchevique, presentó ante el Comité Central Ejecutivo pan-ruso de los soviets los fundamentos para la construcción de un ejército regular. En su discurso publicado bajo el título El Ejército Rojo, Trotsky sintetizó los principales lineamientos que debía seguir el ejército para cumplir con el objetivo de la defensa de Rusia: instrucción general obligatoria, creación de cuadros militares de entre las filas de los combatientes, y la utilización de especialistas militares con oficiales y suboficiales del ejército zarista. Para Trotsky “El proletariado está obligado a tomar a su servicio a aquellos que han servido a las otras clases. Esto vale también, y por entero, en cuanto a los especialistas militares”13. El Ejército Rojo fue adoctrinado ideológicamente desde el primer día de su creación, pues se consideró esencial que la nueva fuerza militar estuviese identificada políticamente con el régimen bolchevique para poder sustentarlo en la realidad. A fin de garantizar la lealtad de los ex militares zaristas y de obligar a los distintos elementos del nuevo Ejército Rojo a unirse, fueron introducidos los comisionados militares –después llamados “comisarios políticos”–14. Todas las ramas de la 12 El antiguo ministerio de Guerra y Marina fue rebautizado formalmente con el nombre de Comisariato del Pueblo para la Guerra. 13 Véase el capítulo “El Ejército Rojo. Discurso en la sesión del Comité Central Ejecutivo, 22 de abril de 1918”, en León Trotsky, Escritos Militares. Disponible en: https://www.marxists.org/espanol/trotsky/em/05.htm (Consultado el 14 de agosto de 2014). 14 Véase el capítulo “The Red Army 1918-1939”, en David M. Glantz; Jonathan Mallory House, When Titans clashed: how the Red Army stopped Hitler, Kansas: University Press of Kansas, 1995. La contradicción de un ejército revolucionario comandado, en su mayor parte, por ex oficiales zaristas llevó a la creación de una nueva institución: los Comisarios Militares. La figura del Comisario Militar fue tomada de la Revolución Francesa. En Rusia, la organización de esta institución fue el Buró de Comisarios Militares de toda Rusia, luego Sección Política del Consejo Militar Revolucionario, en abril de 1919, que recibió el nombre de Administración Política del Ejército Rojo.

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esfera militar se estructuraron alrededor del mando compuesto generalmente de dos miembros: un especialista con conocimientos y capacidad adecuados a sus funciones y un comisario político fiel a la revolución y al socialismo. La responsabilidad por las cuestiones puramente militares, operacionales y del combate era absolutamente del especialista militar, quien tenía la última palabra. El comisario político era un militante fogueado del Partido Comunista, tenía la función de vigilar las decisiones y los actos del especialista para evitar que fueran en contra de la revolución. Para Lenin, una vez tomado el poder, los militares del nuevo Estado debían responder al partido y subordinarse a sus proyectos. En este sentido la subordinación es total y no hay posibilidad de autonomía o de proyectos propios de las élites militares. Esta obediencia se lograba mediante el control que ejercían los “comisarios políticos”. En el seno de los ejércitos, para crear “células comunistas”; en cada unidad militar, para establecer una cohesión ideológica y una disciplina consciente en la oficialidad y los soldados15. Tras la derrota decisiva sobre las fuerzas del general Piotr Nikoláievich Wrangel y la finalización de la guerra civil a fines de 1920, el gobierno comunista de Lenin tomó la decisión de proceder a la desmovilización de las tropas basado no solo en la perspectiva de que se entraba en un período de construcción pacífica, sino también en la imperiosa necesidad de recuperación económica. La política combinaba una reducción del tamaño del ejército regular con la elevación de su nivel de instrucción y técnico, así como la instauración, en algunas localidades, de milicias territoriales que pudieran ser llamadas al combate si la situación lo exigía. Por lo tanto, el período iniciado en 1921 fue uno de desmovilización y reorganización militar. Bajo el telón de fondo anterior se discutieron importantes cuestiones militares, en el X Congreso partidario 15 Ver el decreto “En la esfera militar”, en las resoluciones del VIII Congreso del Partido Bolchevique, en Vladimir I. Lenin, Obras Militares Escogidas, México: Ed. El Caballito, 1973, pp. 733-734.

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de marzo de 1921, alrededor de las milicias, el mando único y la doctrina militar16. Surgieron tres posiciones que podemos esquematizar de la siguiente manera: Nikolái Ilich Podvoiski bregaba por un traspaso total y completo hacia un sistema de milicias territoriales, aferrándose al programa histórico socialista; Ivar Tenisovich Smilga se manifestaba por el mantenimiento del ejército regular argumentando que el traspaso al sistema de milicias minaría la base proletaria del ejército, y también, como lo había hecho en otras ocasiones, se declaró en contra de mantener a los comisarios políticos; la posición de Mikhail Frunze se centró en una “doctrina militar unificada” que manifestase el carácter proletario en todos los aspectos militares17, visión que se impondría a la postre como definitoria del pensamiento militar soviético. Es necesario resaltar que la aparición de la doctrina soviética se inscribe en la corriente intelectual que intentó sistematizar la experiencia de la Primera Guerra Mundial con objeto de identificar unos criterios básicos que hicieran posible alcanzar la victoria en cualquier circunstancia. A lo largo de los años veinte y treinta se desarrolló en toda Europa un intenso debate sobre la necesidad o no de disponer de un instrumento de esas características. Frente a los doctrinarios entusiastas, otros teóricos militares abogaban por la permanente adaptación a las circunstancias (terreno, enemigo, medios) y aventuraban que la imposición de criterios rígidos derivaría en que los mandos militares aplicaran mecánicamente unos procedimientos preestablecidos que, quizá, no fueran los más adecuados a las condiciones reales del momento y lugar18.

16 Michael J. Deane, Political control of the Soviet armed forces, London: Macdonald and Jane’s, 1977, p. 26. 17 Mark Von Hagen, School of the revolution: Bolsheviks and peasants in the Red Army, 1918-1928, vol. I, California: Stanford University, 1984, pp. 135-136. 18 Véase Charles de Gaulle, Le fil de l’épée, París: Berger-Levrault, 1973, pp. 95-123.

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En la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas se enfrentaron dos escuelas de pensamiento basadas en principios similares a los expuestos en el párrafo anterior, y el debate entre ellas alcanzó su punto culminante durante la conferencia de delegados militares en el XI Congreso del Partido Comunista Ruso, en abril de 1922, poco después de terminar la guerra civil. El entonces Comisario del Pueblo para Asuntos Militares y Navales, Lev Trotski, se opuso a la elaboración de una doctrina y se mostró partidario de que los militares se concentraran en la resolución de problemas prácticos. En contraposición, Mikhail Frunze constataba que: La doctrina militar única consiste en las enseñanzas adoptadas en un Estado concreto que establecen el tipo de organización de las fuerzas armadas del país, los métodos de instrucción de las tropas y su mando, sobre la base de la visión dominante en el Estado acerca del carácter de los problemas militares que debe afrontar y de las formas de resolverlos, las cuales se derivan de la esencia clasista del Estado y están condicionadas por el nivel de desarrollo de las fuerzas productivas del país19.

De acuerdo a los lineamientos de resolución de “problemas militares” expuestos por el general Frunze, el régimen bolchevique creó un sistema militar que reflejase el espíritu revolucionario, pero con la combinación de métodos de combate de la insurrección en masa y los destacamentos guerrilleros con nuevos procedimientos acordes con los adelantos técnicos de la época. La reforma militar en el Ejército Rojo se basó en las enormes reservas de mano de obra del país; así, el programa soviético para desarrollar la industria pesada, que se inició en 1929, también elevó los estándares técnicos de las industrias de armas soviéticas al nivel de otras naciones europeas. Una vez

19 Véase Andrei Afanasievich Kokoshin, “Edinaja Vojennaja Doktrina”, en Nezavisimoje Vojennoje Obozrenije, (14-11-1997), pp. 1-5, citado por José Miguel Palacios; Paloma Arana, Doctrina militar rusa: herencia soviética, realidades postsoviéticas, perspectiva europea, en Revista CIDOB D’AFERS INTERNACIONALS, núm. 59, 2002, pp. 81-103.

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que esto se logró, los comunistas volvieron su atención a resolver el problema de la movilidad operativa militar20. El debate de la movilidad operativa de la maquinaria bélica soviética quedó resuelto en el desarrollo de la teoría de la batalla profunda elaborada por los generales Alexander Svechin, Mikhail Frunze y Mikhail Tujachevski, quienes propusieron que la batalla en profundidad debía abarcar la maniobra de múltiples formaciones de magnitud cuerpo de ejército de manera simultánea sobre un mismo frente. Aquel dispositivo estaba destinado a la victoria en un cúmulo de operaciones múltiples, que podrían llevarse a cabo de forma paralela o sucesiva. Cada operación serviría para desviar la atención del enemigo y mantener al defensor tratando de predecir la ubicación del esfuerzo principal y el objetivo de las fuerzas soviéticas. La incertidumbre que creaba este dispositivo evitaba que el enemigo pudiese mover poderosas reservas a cualquier área. El Ejército Rojo podía entonces invadir vastas regiones antes de que el defensor pudiese recuperarse21. La praxis de esta concepción de combate estaba acorde con la formulación del empleo de grandes masas de combatientes –según el enfoque marxista– y una abrumadora disponibilidad de ingentes cantidades de equipos y material bélico –visión engeliana de la guerra. La probabilidad de guerra en Europa aumentó a finales de la década de 1930 y el plan quinquenal de Iósif Stalin triplicó los gastos militares y dobló el tamaño de las fuerzas armadas para estar a la altura de sus potenciales enemigos. Las purgas estalinistas de 1937-38 pusieron de manifiesto la pérdida masiva de valiosos profesionales militares, hecho que afectó severamente la capacidad operativa del Ejército Rojo en la guerra contra Finlandia, y a principios de la Segunda Guerra Mundial. 20 Richard W. Harrison, The Russian Way of War: Operational Art 19041940, Kansas: University Press of Kansas, 2001. pp. 4-5. 21 Robert Watt, Feeling the Full Force of a Four Point Offensive: Re-Interpreting The Red Army’s 1944 Belorussian and L’vov-Przemyl Operations, London: The Journal of Slavic Military Studies, Routledge Taylor & Francis Group, 2008, pp. 673-674.

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En 1942, los debilitados ejércitos de las potencias del eje (Alemania, Imperio de Japón y el Reino de Italia) apuntaron su esfuerzo principal en dirección al Cáucaso y al río Volga. Aquella ofensiva perdió el ímpetu del combate y permitió a las fuerzas soviéticas recuperar la iniciativa siguiendo la teoría de la batalla profunda de Frunze-Tujachevski con una contraofensiva sobre las extendidas líneas enemigas. Con la destrucción de las Wehrmacht en Stalingrado y en Kursk, el Ejército Rojo recuperó la iniciativa estratégica y la mantuvo durante el resto de la guerra. En mayo de 1945 el Ejército Rojo lanzó el asalto final en Berlín que supuso el fin de la Segunda Guerra Mundial en Europa22.

3. Maoísmo y foquismo: variantes de la aplicación de la teoría de la guerra revolucionaria La Primera Guerra Mundial tuvo importantes repercusiones ideológicas en la formación del nacionalismo en vastas regiones de Asia. En la tradición de la lucha contra el imperialismo de la Revolución Rusa de 1917, Mao Tse-Tung se erigió como el exponente más representativo de las ideas marxistas en la China. En su artículo titulado “Sobre la dictadura de la democracia popular”, Mao Tse-Tung afirmó que: Las salvas de la Revolución de Octubre nos trajeron el Marxismo-Leninismo. La Revolución de Octubre ayudó a las fuerzas progresistas de la China, así como a las de la tierra entera, a adoptar la concepción proletaria del mundo como el instrumento para estudiar el destino de su país y para reconsiderar sus propios problemas. Seguir el camino de los rusos: tal fue la conclusión23. 22 La última apreciación sobre la “Gran Guerra Patria” de los soviéticos corresponde al profesor Chris Bellamy, en su obra Guerra absoluta, libro necesario para conocer el desarrollo del combate terrestre más grande y costoso en términos materiales y humanos de la historia de la humanidad. Ver Chris Bellamy, Guerra absoluta, Barcelona: Ediciones B, 2011. 23 Mao Tse-Tung, Obras Escogidas, Pekín: Ediciones en Lenguas Extranjeras, vol. IV, 1961, p. 413.

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Aunque la revolución Rusa constituyó su pilar teórico fundamental, Mao Tse-Tung adaptó los preceptos del marxismo-leninismo a la práctica concreta de la Revolución China. Según el revolucionario asiático: “La teoría de Marx, Engels, Lenin y Stalin es una teoría universalmente aplicable”24. Así, Mao desarrolló la teoría militar marxista-leninista adaptándola a las condiciones de lucha en China, a partir de una doctrina militar integral que conecta la ideología política con la estrategia militar25. Para el maoísmo, el poder nace del fusil y el campesinado puede ser movilizado para participar en la guerra popular de la lucha armada a través de una guerra de guerrillas en tres fases. La etapa de la estrategia defensiva guerrillera, que corresponde a la movilización del campesinado y al establecimiento de la organización. La segunda es la etapa del equilibrio estratégico, con el establecimiento de bases rurales y el incremento de la coordinación entre las guerrillas. A esto le sigue una última fase de transición a una guerra convencional. En el plano logístico, el maoísmo se centra en la movilización masiva revolucionaria con industrias independientes creadas a lo largo del país. La organización militar de las masas y el poder económico son necesarios para defender las áreas en poder de la revolución de los ataques exteriores26. Para Mao “La guerra revolucionaria es una empresa del pueblo”27. Así se explica que quien compromete sus esfuerzos es el pueblo que participa activamente en la lucha, siendo de suma importancia la movilización de las masas, armar al pueblo y or24 Ibíd., London: Lawrence y Wishart, vol. II, 1954, p. 259. 25 La concepción de la Guerra Revolucionaria de Mao Tse-Tung tiene sus fundamentos prácticos en las diferentes experiencias bélicas entre 1927 y 1945, primeramente por la disputa por el poder contra el Kuomintang (Partido Nacionalista Chino), con un período (entre 1937 y 1945) en que, aliado a sus anteriores y posteriores enemigos, enfrentó una guerra de liberación nacional contra Japón. 26 Postulados desarrollados ampliamente en los “Problemas estratégicos de la guerra de guerrillas contra el Japón”, en Obras Escogidas, Pekín: Ediciones en Lenguas Extranjeras, 1976. 27 Mao Tse-Tung, Seis escritos militares del Presidente, Pekín: Ediciones en Lenguas Extranjeras, 1972, p. 20.

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ganizarlo en cuerpos de autodefensa y guerrillas28; además, se puede inferir que el pueblo puede actuar también como apoyo logístico propio y denegárselo al enemigo, así como en labores de espionaje a las fuerzas enemigas. Pero ello debe estar en concordancia con las instrucciones emanadas por la dirección del Partido Comunista; para ello, asigna al ejército, no solo la misión de combatir a las fuerzas enemigas, sino también de hacer propaganda entre las masas populares, armarlas y organizarlas para guerrillas locales. En la Guerra Revolucionaria Agraria, que se prolongaba desde 1927, Mao Tse-Tung establecía que: En esta Guerra, el enemigo no es sólo el imperialismo, sino también la alianza de la gran burguesía y los grandes terratenientes. La burguesía nacional se ha convertido en un apéndice de la gran burguesía. Esta Guerra Revolucionaria la dirige sólo el Partido Comunista, que ya tiene establecida su hegemonía absoluta en ella. Esta hegemonía absoluta del Partido Comunista es la condición más importante para conducir firmemente y hasta el fin la guerra revolucionaria. Sin esta hegemonía absoluta del Partido Comunista, sería inconcebible que la guerra revolucionaria pudiera hacerse con tal perseverancia. El Partido Comunista de China ha dirigido valiente y resueltamente la guerra revolucionaria de China. Durante quince largos años ha demostrado a todo el pueblo chino que es su amigo y que lucha siempre en la primera línea de la guerra revolucionaria, en defensa de los intereses del pueblo y por su libertad y su emancipación29.

De esta manera la dirección de la guerra tenía al Partido Comunista Chino como organismo superior. La dirección del partido era la que establecía los objetivos de la campaña a las fuerzas militares30. En consecuencia, la concepción maoísta de la guerra revolucionaria exige de los dirigentes del Partido Comunista un 28 Mao Tse-Tung, Obras Escogidas, Tomo II, p. 98. 29 Ibíd., Tomo I, pp. 208, 209. 30 Lo anterior exigió que los dirigentes del partido debían tener preparación en el arte militar; la conducción de la guerra no correspondía solo a las acciones militares, sino a la política del partido de la que la componente militar era solo un órgano más de maniobra.

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amplio conocimiento de la estrategia militar, así como una perfecta compenetración con las masas populares, para dirigir de mejor forma la guerra revolucionaria hasta alcanzar el poder31. John Shy y Thomas Collier consideran que la doctrina de guerra revolucionaria más desarrollada fue la elaborada por Mao Tse-Tung, en China, y seguida con éxito por Ho Chi Minh y Vo Nguyen Giap en Vietnam32. Las grandes victorias militares obtenidas en ambos casos parecen avalar la estrategia revolucionaria de Mao. Ante todo, la guerra revolucionaria se basa en la construcción de bases político-militares en el campesinado33, a partir de las cuales se apoya el esfuerzo de guerra. Para el 31 Una constante en el desarrollo y aplicación de la teoría de la guerra revolucionaria es que los partidos comunistas han direccionado a sus fuerzas castrenses en el marxismo-leninismo, para garantizar el carácter proletario y popular de sus fuerzas armadas. Ello podría explicar por qué en países gobernados por partidos comunistas no hubo ni hay posibilidad de “golpe de Estado”. Ni en la Unión Soviética en todo su periodo de vida como Estado (1917-1990), ni en los países de Europa del Este en el periodo de vigencia de los regímenes comunistas (1945 a 1990), ni en China, o en los países del llamado tercer mundo gobernados por regímenes comunistas o estatistas el golpe de Estado es un mecanismo de cambio político. En América Latina el régimen político más cercano al marxismo-leninismo se da en Cuba. Nunca ha habido una amenaza de golpe de Estado contra Fidel Castro, entre otras razones porque el jefe de las fuerzas armadas es su hermano, pero tampoco hubo alguna amenaza de oficiales que cuestionaran seriamente la conducción del ejército por Raúl Castro, o del país por parte del Partido Comunista de Cuba. Véase Raúl Benítez Manaut, Las relaciones civiles-militares en una democracia: releyendo a los clásicos, Revista Fuerzas Armadas y Sociedad, Año 19, Nº 1, 2005, pp. 153-168. 32 John Shy; Thomas W. Collier, “Revolutionary War”, en Makers of modern strategy from Machiavelli to the nuclear age, Princeton, NJ: Princeton University Press, 1986, p. 822. 33 Mao apreció que el modelo marxista de la revolución del proletariado no era aplicable a China, porque esta era una sociedad agraria con un sector industrial débil, por lo que se volvió hacia los campesinos, en lugar de a las ciudades y los trabajadores, en busca del principal apoyo para la revolución. Así delegó el papel revolucionario a los campesinos, en desmedro del proletariado urbano, que en China representaba un porcentaje menor de la población.

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triunfo revolucionario debían ser decisivas variables como la solidaridad familiar y la cooperación comunitaria, así como la presencia de enemigos extranjeros en el territorio, pues la capacidad de la nación para soportar los rigores de una prolongada guerra revolucionaria depende del grado de cohesión social y de la identidad nacional. Mientras el pensamiento occidental buscaba victorias rápidas que se materializaban mediante la ocupación del territorio adversario, para Mao tiempo y terreno eran armas y no fines en sí. A través de un conflicto prolongado se podía asediar al enemigo tanto física como políticamente. En mayo de 1928, los teóricos maoístas ya habían elaborado los principios básicos de la guerra de guerrillas, principios rudimentarios pero adecuados a las condiciones de aquel tiempo. Se expresaban en esta fórmula: cuando el enemigo avanza, retrocedemos; cuando acampa, lo hostigamos; cuando se fatiga, lo atacamos; cuando se retira, lo perseguimos34. El maoísmo logró su máxima expresión en Indochina, bajo la dirección política de Ho Chi Minh y militar de Vo Nguyen Giap; el camarada Ho tuvo mucho cuidado de aplicar la máxima maoísta de primero consolidar una base política mediante la concientización de sus seguidores, antes de iniciar la fase militar. Los norteamericanos, en su afán de impedir el establecimiento comunista en Vietnam, desafiaron a Ho y Giap, quienes aplicaron la misma estrategia aplicada por Mao en China, un conflicto prolongado, una guerra revolucionaria contra un enemigo impulsivo e impaciente, que al final tuvo que retirarse derrotado, porque no realizó el primer acto que según Clausewitz debe hacer un gobernante al enfrentar un conflicto: entender la guerra en que está involucrándose. 34 Estos principios militares fueron aprobados por el Comité Central antes de la línea de Li Li-san. Durante la lucha en la primera campaña de “cerco y aniquilamiento” en la base de apoyo de Chiangsí, se planteó el principio de “atraer al enemigo para que penetre profundamente”, y se puso en práctica con éxito. Ver Mao Tse-Tung, Obras Escogidas, Tomo I, 1961, pp. 230-231.

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Las fuerzas comunistas de Vietnam se componían de dos tipos de unidades: el ejército convencional y las unidades guerrilleras. A las primeras se les asignaba la misión de aniquilar las fuerzas del enemigo (Estados Unidos, República de Vietnam y demás aliados) privándolo de su capacidad de resistencia; y si era posible, debían también atraer a los soldados de las Fuerzas Armadas de la República de Vietnam hacia las fuerzas propias a través del adoctrinamiento. La acción del ejército regular requería de un mando centralizado que ejecutaría la guerra de movimientos, según las instrucciones del Partido Comunista. Las unidades de guerrilla se organizaban por fuerzas campesinas, de carácter regional, territorial o local, fuerzas regulares destacadas a tal efecto y fuerzas con entrenamiento propiamente guerrillero35. El accionar de aquellas unidades estaría destinado a la retaguardia enemiga, a través de acciones de hostigamiento al ejército adversario. De esta manera, si la campaña se encontrase en una etapa de franca defensiva estratégica inicial, o en la ofensiva estratégica final, el mayor peso de las operaciones lo llevarán las fuerzas regulares; y si se encontrase en una etapa de equilibrio o inestabilidad, el peso principal será absorbido por las guerrillas. Ello sin desmerecer que el peso principal, en términos generales, lo tendrán las fuerzas regulares. Así se estructuró la base de elaboración estratégica de utilizar el campesinado para rodear las ciudades y finalmente tomarlas; camino estratégico a través de una guerra prolongada, diseño que significó un aporte de particular importancia para la guerra revolucionaria. La estrategia política de la guerrilla vietnamita consistía en socavar la cohesión del aparato estatal impidiendo la consolidación de instituciones estables que emanasen del poder al que combatían. Sus blancos preferidos eran los mejores y los peores funcionarios públicos; atacaban a los primeros para impedir un servicio nacional eficaz y dañar la legitimidad del gobierno, y a los segundos para ganarse la simpatía popular. Son de interés las palabras que 35 Para profundizar el tema véase el capítulo “Hombres, armas y tácticas”, en James R. Arnold, Ofensiva del Tet 1968. Momento decisivo en Vietnam, Madrid: Ediciones del Prado, 1994, pp. 15-35.

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Kissinger dedicaba a la labor de los insurgentes en la guerra de Vietnam porque son aplicables a cualquier modelo de fuerzas armadas de carácter revolucionario: “En la pugna entre la creación de una nación y el caos, entre la democracia y la represión, los guerrilleros disfrutaban de una ventaja enorme”36. Otra variante de la guerra revolucionaria ha sido expuesta por Ernesto Guevara de La Serna en su texto La guerra de guerrillas. Guevara postuló tres aportes fundamentales de la revolución cubana a la mecánica de los movimientos revolucionarios en América, a saber: primeramente, las faenas populares pueden ganar una guerra contra el ejército; de seguidas, no siempre hay que esperar a que se den todas las condiciones para la revolución ya que el foco insurreccional puede crearlas, y por último, en la América subdesarrollada el terreno de la lucha armada debe ser fundamentalmente el campo –concepción maoísta de la guerra revolucionaria–. Para Guevara un pequeño foco que iniciara acciones típicas de la guerra de guerrillas podría lograr con relativa rapidez que la revolución se expandiera, obteniendo así el levantamiento de las masas y el derrocamiento del régimen. En la concepción guevarista se le asigna importancia al pueblo para el desempeño en la lucha, pero más como un ente filosófico que como un actor real. El pueblo es el grupo que se pretende liberar, pero dada la condición casi conspirativa de la guerrilla, esta solo debe entrar en contacto con este, en su condición de guerrilla, una vez que ha logrado victorias que le permitan abandonar su carácter conspirativo y la hagan atractiva a los campesinos. Al igual que Mao Tse-Tung, plantea la necesidad de que la guerrilla se transforme en un ejército convencional, pero al desarrollar la idea, el ejército “convencional” que plantea es un conjunto de organizaciones guerrilleras de mayor tamaño y con mando central, sin perder jamás la característica de guerrilla37. 36 Henry Kissinger, Diplomacia, Barcelona: Ediciones B, 1996, p. 684. 37 Ernesto “Che” Guevara, Obras 1957-1967, La Habana: Colección Nuestra América, Casa de las Américas, 1970, pp. 129, 130.

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A diferencia de los postulados marxistas-leninistas y maoístas, la concepción guevarista de la guerra no reconoce en sus escritos la dirección política de algún partido o movimiento sobre la guerrilla. La teoría del foco guerrillero se puso en práctica, en manos del propio Ernesto Guevara, por primera vez en el Congo: la particular ubicación de la ex colonia Belga en el continente africano (en el centro y poseyendo amplias fronteras) le resultaba a Ernesto Guevara más que ideal, dadas las condiciones que ofrecía, para transformar al convulsionado país africano en el eje desde donde un movimiento revolucionario panafricano se difundiría por todo el Continente. Ganada África para el socialismo, el efecto centrífugo de la revolución la difundiría paulatinamente por todo el mundo38. Un segundo ensayo lo efectuó en Bolivia entre 1966 y 1967. Ninguno de los intentos tuvo éxito; el segundo de ellos finalizó con la captura y muerte de Ernesto Guevara en la pequeña localidad de La Higuera en territorio boliviano. En la actualidad la revolución cubana pone en práctica la “guerra de todo el pueblo” como un sistema integral que contempla poner a disposición de la defensa todos los recursos nacionales en tiempo de guerra. En él están integrados el Partido Comunista, el gobierno y las organizaciones de masas a través de los Consejos de Defensa en todos los niveles, desde el nacional hasta el municipio y la zona de defensa, que es su célula de base. El sistema no solo tiene en cuenta las actividades propiamente militares, sino el paso de la economía y la vida de tiempo de paz a tiempo de guerra. Agrupa por igual a las tropas regulares, a las formaciones especiales y a las unidades de las Milicias de Tropas Territoria-

38 El 16 de febrero de 1965 arribó a Dar El Salaam, donde se reunió con varios líderes africanos, quienes habían solicitado el apoyo de Cuba. Algunos de esos dirigentes, entre ellos Laurent Kabila, pretendieron la formación de grupos guerrilleros africanos en Cuba, a lo que Guevara se negó de plano, insistiendo en que el entrenamiento de esos grupos de insurgentes debía realizarse en el mismo territorio africano. Ver Fernando Pallestrina, Che Guevara, El gran revolucionario, Buenos Aires: Ediciones Lea, 2012, p. 13.

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les, cuyo mando es centralizado, pero posee una gran flexibilidad operativa y táctica39. Como estrategia militar preponderante, prevalece la guerra popular prolongada según el modelo teórico-militar sino-vietnamita o la guerra de todo el pueblo, conforme a la doctrina cubana, en la cual tropas especiales, unidades irregulares y la “topografía” de las ciudades juegan un papel central, junto con una alta movilidad y el vector tiempo que refleja el patrón de una guerra de desgaste prolongada, tal como se observa actualmente en las guerras urbanas en el triángulo sunnita en Irak40.

4. El nuevo pensamiento militar venezolano y el giro ideológico de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana Con el arribo del presidente Hugo Rafael Chávez al poder político y la aprobación de una diversidad de marcos legales en materia castrense, se produjo un cambio sustancial en cuanto a la situación y rol de las fuerzas armadas con respecto al pensamiento militar. El ataque terrorista del 11 de septiembre de 2001 a las torres gemelas en Nueva York y al pentágono ha sustentado la idea rectora de la guerra preventiva en el estamento castrense estadounidense como premisa básica en la lucha contra el terrorismo global. Según el general Alberto Müller Rojas dichos ataques sirvieron de: excusa para una metamorfosis de la política exterior estadounidense que busca el establecimiento de un imperio global orientado por el pensamiento neoliberal; transformación que genera una tensión extrema en las relaciones entre Washington y Caracas, que entre otras consecuencias produce una profundización en la conflictividad colombo-venezolana y la 39 Ángel Guerra Cabrera, Cuba: la guerra de todo el pueblo, 16 de diciembre de 2004. Disponible en: http://www.jornada.unam.mx/2004/12/16/028a1mun. php (Consultado el 22 de agosto de 2014). 40 Véase el artículo “La doctrina militar cubana y las lecciones de Irak y Sarajevo”, en Heinz Dieterich, La Integración Militar del Bloque Regional de Poder Latinoamericano, Caracas: Instituto Municipal de Publicaciones Alcaldía de Caracas, p. 120.

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conformación de una quinta columna doméstica que incorpora los sectores desplazados del poder por el nuevo sistema político41.

En la tradición de lucha contra un enemigo imperial pregonado por casi todas las revoluciones de origen marxista en el siglo XX, el proceso revolucionario bolivariano enmarcó a los Estados Unidos de América, la República de Colombia y una quinta columna doméstica como las “amenazas de seguridad contra Venezuela”. Según Müller, Washington “propugna la unipolaridad dentro de un esquema imperial, contra un movimiento integrador de grandes espacios, tendente a conformar un orden internacional multipo1ar”42. De manera que el actual gobierno venezolano se visualiza como enfrentado a los Estados Unidos por dos razones centrales: “por su fomento de un orden internacional multipolar y por el interés estadounidense de controlar el petróleo venezolano. En ese contexto argumental, el gobierno venezolano suele denunciar los planes estadounidenses para invadir a Venezuela en analogía con lo sucedido en Irak en 2003”43. Bajo la premisa anterior, la evolución de las condiciones políticas en el ámbito internacional y doméstico ha sido la fuente de orientación de una novel tendencia de conducción de la guerra y es lo que imprime cambios en el ejercicio de la profesionalidad castrense en Venezuela. En este sentido, el general Müller –quien se desempeñó como miembro del Estado Mayor presidencial–, afirmó que “frente a nuevos desafíos las operaciones militares 41 Alberto Müller Rojas, “Nuevo pensamiento militar venezolano”, en Revista Venezolana de Economía y Ciencias Sociales, núm. 2, vol. 12, 2006, pp. 133-136. 42 Las opiniones de Alberto Müller Rojas pueden apreciarse en Alejandro Rebolledo, “Tenemos el escenario para la guerra asimétrica”, El Mundo, Caracas, 09 de febrero de 2005; y en Elizabeth Núñez, “Nuevo pensamiento militar trae consigo una ofensiva ideológica radical”, El Nacional. Caracas, 21 de agosto de 2005. 43 BBC Mundo: Hugo Chávez habla con la BBC. 23 de octubre de 2005. Disponible en: http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/latin_america/newsid_4369000/4369306.stm (Consultado el 18 de septiembre de 2014).

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clásicas resultan insuficientes. De allí la necesidad de incorporar nuevos conceptos y nociones que posibiliten enfrentar con éxito, desde el punto de vista militar, las nuevas realidades”44. Para entender los “nuevos conceptos y nociones” expresados por el general Müller debemos buscar sus raíces en torno al fortalecimiento del binomio fuerza armada nacional-pueblo mediante un proceso de amalgamado enmarcado en la noción de defensa integral, elemento básico en la construcción de la potencia decisiva de la fuerza organizada del Estado, representada en el ejército; y la no organizada, representada en las masas populares45. Así, la nueva concepción en materia militar se materializó inicialmente en la Ley Orgánica de Seguridad de la Nación46, de manera que la “defensa integral” se definió como las acciones que coordina y ejecuta el Estado con participación de instituciones públicas y privadas, y personas naturales y jurídicas, nacionales o extranjeras, “con el objeto de salvaguardar la independencia, la libertad, la democracia, la soberanía, la integridad territorial y el desarrollo integral de la Nación”47. La cobertura de la defensa integral incluiría el territorio y demás espacios geográficos de la República, así como los ciudadanos y ciudadanas, y los extranjeros que se encuentren en él; y también los venezolanos y venezolanas, y los bienes fuera del ámbito nacional pertenecientes a la República. Se establece en el artículo 4° de dicho instrumento jurídico que la seguridad de la Nación está fundamentada en el desarrollo integral, definido este como: la ejecución de planes, programas, proyectos y procesos continuos de actividades y labores que, acordes con la política general del Estado y en concordancia con el ordenamiento jurídico vigente, se realicen con la finalidad de satisfacer las 44 Ídem. 45 Vid supra, p. 3. 46 Ley Orgánica de Seguridad de la Nación publicada en Gaceta Oficial N° 37.594 del 18 de diciembre de 2002. 47 Ídem.

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necesidades individuales y colectivas de la población, en los ámbitos económico, social, político, cultural, geográfico, ambiental y militar48.

En el año 2003, la Secretaría General del Consejo de Defensa Nacional49 redactó un proyecto de Concepto Estratégico de la Nación, documento base para la planificación estratégica nacional en materia de seguridad, desarrollo y defensa integral, que parte del fundamento doctrinario, jurídico y político contenido en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela; en el cual se establece la dirección estratégica de la Nación para la formulación de lineamientos generales, políticas y estrategias, a objeto de promover el desarrollo integral y reducir, neutralizar o eliminar sus amenazas, con el fin de salvaguardar y garantizar los intereses y objetivos nacionales. En lo militar, el escrito propugna el fortalecimiento cuantitativo y cualitativo del sector castrense; y en lo internacional, favorece un entendido como modelo cooperativo de defensa resultado de una nueva situación de seguridad regional y hemisférica 50. En el transcurso del año 2004 fue elaborado el Concepto Estratégico de Defensa Integral de la Nación. En dicho documento se esbozaron las amenazas y riesgos que pueden afectar al Estado venezolano como las presiones sistemáticas de algunas superpotencias, la pobreza, la desnacionalización, el terrorismo, la corrupción, la problemática limítrofe-fronteriza, el problema de las drogas ilícitas, la inmigración ilegal, la minería ilegal, los ilícitos informáticos, la pesca ilegal, la legitimación de capitales, la incursión de grupos subversivos, el secuestro, la extorsión, el 48 Ídem. 49 Según el artículo 323 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, el Consejo de Defensa de la Nación es el máximo organismo de consulta para el asesoramiento y planificación de todos los asuntos relacionados con la defensa integral del país y le corresponde establecer el concepto estratégico de la Nación. 50 Domingo Irwin e Ingrid Micett, Caudillos, militares y poder: una historia del pretorianismo en Venezuela, Caracas: Universidad Católica Andrés Bello, 2008, p. 271.

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deterioro ambiental, el abigeato, la piratería, la delincuencia común en la zona fronteriza, la delincuencia organizada, la inseguridad jurídica y la inseguridad personal, entre otras51.

El documento “Concepto Estratégico Militar de la Fuerza Armada Nacional”, elaborado por el Estado Mayor Conjunto del Ministerio de la Defensa, afirma por su parte que la Seguridad de la Nación venezolana se caracterizará por: Una fundamentación doctrinal de empleo propia y actualizada constantemente para hacer frente a las diferentes modalidades en la concepción del conflicto moderno y futuro, así como ante la presencia de situaciones asimétricas, siempre apoyada en el fortalecimiento y aplicación de la Doctrina de Acción Conjunta y Combinada 52.

El 24 de junio de 2004, el general en jefe Raúl Isaías Baduel, Comandante del Ejército para la fecha, expresó en el discurso con motivo del aniversario 183 de la Batalla de Carabobo, su visión de las amenazas que confrontaría Venezuela: Guerra de cuarta generación, desestabilizar al país con operaciones previas destinadas a destruir el Estado-nación; el golpe de Estado, es decir, la subversión; acciones de grupos separatistas promovidas por organizaciones políticas trasnacionales llamadas depredadores corporativos; el conflicto regional, como extensión de conflictos internos de países vecinos en el marco de la aplicación de planes de ayuda militar bajo el pretexto del supuesto apoyo de nuestro país a factores generadores de violencia; intervención militar al estilo de las coaliciones que han intervenido en diferentes países del mundo bajo el mandato de la Organización de Estados Americanos,

51 Venezuela-SECODENA. Concepto Estratégico de Defensa Integral de la Nación. Disponible en: http://www.armada.mil.ve/comgear/conceptos/ concepto_defensa_integral.doc (octubre 2005). 52 Venezuela-Ministerio de la Defensa. Concepto Estratégico Militar de la Fuerza Armada Nacional. Disponible en: http://www.armada.mil. ve/comgear/conceptos/concepto_estrategico_militar.doc (noviembre 2005).

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de la Organización de las Naciones Unidas o, lo que es peor, con prescindencia de este mandato53.

La nueva concepción de seguridad debía ser considerada como un elemento de la Revolución Bolivariana, en la tarea de “profundizar y acelerar la conformación de la nueva estrategia militar nacional”, definida por el presidente Hugo Chávez como uno de los diez objetivos estratégicos para lo que el mandatario denominó la “Nueva Etapa” o fase antiimperialista de la Revolución, que se inició a partir del referendo revocatorio del 15 de agosto del 2004 y de las elecciones regionales de noviembre. Los diez objetivos estratégicos tienen la función de dejar atrás una etapa, para avanzar en la creación de una “nueva institucionalidad del aparato del Estado” y seguir impulsando el “nuevo sistema multipolar internacional”54. En línea con la concepción de la fase antiimperialista de la revolución bolivariana, el general en jefe Raúl Isaías Baduel consideró en sus discursos los postulados expresados en la obra Guerra del Pueblo, Ejército del Pueblo, del general Vo Nguyen Giap, triunfante líder militar ante el imperialismo francés y estadounidense. Siguiendo los fundamentos del general Giap, al privar al agresor del “centro de gravedad” de su ataque, reducido a la destrucción física del ejército convencional, se le priva de la posibilidad de una batalla decisiva y de una victoria rápida, obligándolo así a una guerra popular prolongada, en la cual no podrá prevalecer55. Los días 12 y 13 de noviembre de 2004 se celebró, en el teatro de la Academia Militar en Caracas, un encuentro del Presidente 53 “Baduel llama al Ejército a revisar potenciales amenazas”, en Radio Nacional de Venezuela, 25 de junio de 2004. Disponible en: http://www. mv.gov. ve/movil/post.php?p=24846 (Consultado el 12 septiembre de 2014). 54 Fuerza Armada Nacional Bolivariana: Nuevo pensamiento militar venezolano (Material de Apoyo). Disponible en: http://www.edugn.mil.ve/documentaciones/materias/pensamientomilitarvenezolano.pdf (Consultado el 22 de septiembre de 2014). 55 Vo Nguyen Giap, general: Guerra del pueblo, ejército del pueblo, México: Serie Popular Era, 1971, pp. 34-35.

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de la República con la alta dirigencia política y gubernamental, civil y militar del oficialismo. De esas jornadas surgieron dos textos que expresan las orientaciones estratégicas que el régimen venezolano asumió a partir de entones: el documento El Nuevo Mapa Estratégico y el escrito preparado por la asesora Marta Harnecker sobre las exposiciones realizadas por el presidente Chávez durante las jornadas, publicado bajo el título: Taller de Alto Nivel. El Nuevo Mapa Estratégico56. El gobierno venezolano estimó que sería objeto de “agresiones” por parte de Estados Unidos, por lo cual, en El Nuevo Mapa Estratégico, reveló como respuesta militar, ante una posible invasión, la utilización de “todas las estrategias posibles, desde una estrategia de defensa móvil frente al gigante hasta el ataque”. Entre los objetivos específicos que el gobierno del presidente Chávez enunció para el área militar se encuentran: consolidar el nuevo pensamiento militar venezolano; fomentar los estudios y la investigación sobre estrategia nacional e internacional; desarrollar la reserva militar; reestructurar la organización militar, de acuerdo con la Constitución bolivariana y desarrollar la industria militar y naval.

En diciembre de 2004, el gobierno venezolano anunció la constitución de una comisión cívico militar de pensadores, historiadores y soldados encargada de articular el nuevo pensamiento militar venezolano, el cual debería quedar plasmado en un manual que entraría en vigencia en julio del 2005. Se adelantaba que tendría un enfoque ideológico antiimperialista 57. Según el líder revolucionario Mao Tse-Tung, la capacidad de una nación para soportar los rigores de una prolongada guerra revoluciona56 Venezuela. Ministerio de Comunicación e Información. Taller de Alto Nivel “El Nuevo Mapa Estratégico”, Caracas, 2004. Disponible en: www. minci.gov.ve/El_nuevo_mapa_estrategico.pdf (Consultado el 12 de septiembre de 2014). 57 El Nacional y El Universal del 28 de diciembre de 2004. Citado por Edgar C. Otálvora, en Aproximación a la Agenda de Seguridad de Venezuela con Brasil, Documento de Trabajo, Instituto Latinoamericano de Investigaciones sociales, Diciembre, 2005. Disponible en: http://library.fes.de/pdf-files/ bueros/caracas/03834.pdf (Consultado el 27 de agosto del 2014).

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ria dependía de la identidad nacional; siguiendo los postulados maoístas, el jefe de Estado venezolano expresó que las bases del nuevo pensamiento militar debían buscarse en los escritos y actos militares venezolanos del siglo XIX, en referencia a Francisco de Miranda, Simón Bolívar, José Antonio Páez, Antonio José de Sucre y Ezequiel Zamora, mencionando además el papel de los accidentes geográficos en una estrategia de defensa ante una invasión extranjera. De igual manera, se ha referido en reiteradas ocasiones a la potencial confrontación con los Estados Unidos, ante lo cual debe el sector militar preparar los planes de operaciones para una guerra asimétrica58. Para los autores del nuevo pensamiento militar venezolano son identificadas dos amenazas externas: una acción militar directa de los Estados Unidos; o una expansión de la acción de ese país sobre Venezuela desde Colombia59. Frente a la acción directa de los Estados Unidos –enfrentamiento asimétrico directo–, tiempo y terreno son variables que deben tomarse en cuenta para la destrucción moral del enemigo –concepción maoísta de la guerra–; siguiendo dicho postulado, el nuevo pensamiento militar establece el uso del esquema de la guerra prolongada, basado en la combinación de la resistencia popular y el uso de acciones convencionales. En el caso de Venezuela sería una “resistencia organizada y unificada”. La estrategia de defensa no sería enteramente una guerra de guerrillas, ya que los teóricos plantean que las “fuerzas armadas no se disolverían”60. 58 Venezuela-Ministerio de Relaciones Exteriores. Aló Presidente N° 225 del 12 de junio de 2005. Disponible en: http://www.mre.gov.ve/Noticias/Presidente-Chavez/A2005/alo-225.htm (Consultado el 27 de agosto de 2014). 59 Entrevista al general Melvin López Hidalgo, Secretario General del Consejo de Defensa Nacional. Ver El Nacional, Caracas, 29 de enero, 2005. Citado por Edgar C. Otálvora, en Aproximación a la Agenda de Seguridad de Venezuela con Brasil, Documento de Trabajo, Instituto Latinoamericano de Investigaciones sociales, Diciembre, 2005. Disponible en: http://library.fes. de/pdf-files/bueros/caracas/03834.pdf (Consultado el 27 de agosto del 2014). 60 Véase extractos de entrevistas al general Alberto Müller. Disponible en: http://segured.com/2005/venezuela-redimensiona-su-pensamientomilitar/ (Consultado el 28 de agosto de 2014).

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Con la entrada en vigencia la Ley Orgánica de la Fuerza Armada Nacional61 se establece la preservación o restitución del orden público interno a discreción del Presidente de la República, sin declaración previa de estado de excepción y sin control legislativo; elemento de orden vital para el combate de la “quinta columna”. Además de las funciones de asegurar el dominio territorial y la defensa ante cualquier potencial invasor, se incorpora en la legislación el concepto de resistencia ante fuerzas militares invasoras. La noción de resistencia adquiere relevancia estratégica, al ser concebida como una acción espontánea realizada, con medios de lucha elementales, por una población que rechaza a un invasor militar mientras se busca la protección de los escasos medios convencionales de lucha, bajo la cobertura de unidades de reserva organizadas, mediante su dispersión y ocultamiento, aprovechando las condiciones que ofrece la geografía del país, que en este caso pasa a ser un instrumento de la acción militar62. La nueva doctrina nace como respuesta a la amenaza militar estadounidense y, como tal, refleja los rasgos estructurales de toda doctrina de guerra de defensa, diseñada para disuadir o derrotar a un agresor numéricamente y tecnológicamente muy superior. La concepción de la Defensa Integral de la Nación es, por lo tanto, hija sui generis de la misma partera de la historia que engendró las teorías militares sobre la guerra popular prolongada de Mao Tse Tung y Ho Chi Minh / Vo Nguyen Giap en Asia, y la guerra de todo el pueblo en Cuba63.

61 Ley Orgánica de la Fuerza Armada Nacional, Gaceta Oficial Nº 38.280 del 26 de septiembre de 2005. Disponible en: http://www.tsj.gov.ve/gaceta/Septiembre/260905/260905-38280-02.html (Consultado el 12 de septiembre de 2014). 62 Alberto Müller Rojas, Nuevo pensamiento militar venezolano... p. 136. 63 Heinz Dieterich, “Nace la Doctrina Militar de la Revolución Venezolana”, Revista Rebelión, 17 de diciembre del 2004. Disponible en: http:// www.rebelion.org/noticia.php?id=8980 (Consultado el 16 de agosto del 2014).

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Contra la acción directa de una potencia vecina –Colombia– o ante la hipótesis de acciones de quintas columnas nacionales, serían utilizadas tácticas y estrategias convencionales64. La respuesta a esas amenazas fue la organización de una reserva popular65 de un millón de personas. Dicha reserva militar, ha tenido un carácter de defensa estratégica del país. Estaría integrada por un millón de personas y su máximo comandante será el propio Presidente de la República, y conformada para la guerra de cuarta generación o asimétrica en el uso de armamento y en lo que sea necesario para defender el país de una posible invasión de los Estados Unidos66. Siguiendo la concepción marxista-leninista de la guerra, se creó el sistema de milicias territoriales apegadas al programa histórico socialista bajo la designación de Milicia Bolivariana, como un Cuerpo Especial, organizado por el Estado venezolano para materializar el principio de corresponsabilidad67 para la ejecución de la defensa integral de la Nación. Según el artículo 44 de la Ley Orgánica de la Fuerza Armada Nacional, la Milicia Bolivariana tiene como misión: entrenar, preparar y organizar al pueblo para la defensa integral con el fin de complementar el nivel de apresto operacional de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, contribuir al mantenimiento del orden interno, seguridad, defensa y desarrollo integral de la Nación, con el propósito de coadyuvar a 64 Ver nota 52 supra. 65 El Comando General de la Reserva Nacional y Movilización Nacional fue creado en fecha 02 de abril de 2005 por Decreto Nº 3.567. 66 Entrevista hecha al general Melvin López Hidalgo, responsable de la formación de la Reserva Popular, publicada por el diario venezolano de circulación nacional Últimas Noticias, del 22 de marzo de 2005. Citado por Olafo Montalbán, en “Venezuela Bolivariana se prepara ante una posible invasión o agresión por parte de una potencia militar”. Disponible en: http: //www. aporrea.org/ideologia/a13089.html (Consultado el 15 de agosto de 2014). 67 La seguridad y defensa de la nación se fundamentan en la corresponsabilidad entre el Estado y la sociedad civil, bajo el precepto de la Defensa Integral de la Nación como un sistema conformado por el nivel nacional, el estadal y el municipal.

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la independencia, soberanía e integridad del espacio geográfico de la Nación68.

El Comandante de dicho componente “le responderá de sus actos y omisiones directamente al Presidente de la República”69. Igualmente fue creado un órgano denominado Guardia Territorial, el cual tiene como misión “la preparación y mantenimiento del pueblo organizado para operaciones de resistencia local, ante cualquier agresión interna y/o externa, así como la participación en misiones especiales de defensa y desarrollo integral de la Nación”. La cifra de reservistas y miembros de la Guardia Territorial sumarían 400.000 a finales del mes de octubre70. Los lineamientos estratégicos de la Milicia Bolivariana estipulan que la milicia territorial71 se emplea principalmente en la lucha armada; y los cuerpos combatientes se emplean principalmente en la producción y en la defensa integral de su lugar de trabajo o de residencia. Las unidades de Milicia Territorial se dividen, según sus misiones, en milicias de empleo general, como unidades móviles que actúan principalmente en acciones de desgaste en el territorio de un estado o de varios municipios; de empleo territorial, que actúan principalmente para defender ciudades y otros objetivos importantes; y de empleo local, unidades que actúan principalmente 68 Véase la Reforma Parcial de la Ley Orgánica de la Fuerza Armada Nacional, de fecha 26 de septiembre de 2005. 69 Venezuela-Presidencia de la República. Decreto Nº 3.560 del 02 de abril de 2005, Gaceta Oficial Nº 338.084 del 04 de abril de 2005. Disponible en: http://www.tsj.gov.ve/gaceta/Abril/040405/040405-38158-02.html (Consultado el 15 de agosto de 2014). 70 El Mundo, Caracas, 27 de Octubre de 2005. Citado por Edgar C. Otálvora, en Aproximación a la Agenda de Seguridad de Venezuela con Brasil, Documento de Trabajo, Instituto Latinoamericano de Investigaciones sociales, Diciembre, 2005. Disponible en: http://library.fes.de/pdf-files/ bueros/caracas/03834.pdf (Consultado el 27 de agosto del 2014). 71 La milicia es organizada esencialmente en batallones, compañías y patrullas de infantería con la composición de acuerdo a las circunstancias. La Milicia Territorial, además, puede tener formaciones especiales, que son organizaciones civiles (de ingeniería, comunicaciones, transporte, etc.) que, en su integralidad o con modificaciones menores, pueden ser empleadas para brindar apoyo de servicio de combate.

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para proteger objetivos políticos, económicos y de otra índole en una localidad, e incluso para el control del orden interno72. La estructuración legal de la Milicia Bolivariana debía dar paso a diversos ejercicios de entrenamiento para alcanzar el grado de operatividad y cumplir con su misión establecida en la ley orgánica. Se han conformado las unidades de defensa popular para la ejecución del adiestramiento. El dirigente político Rafael Cabrices afirmó que ante la insuficiencia tecnológica y militar ante Estados Unidos se debía convertir la confrontación en una guerra de guerrillas interna para resguardar el territorio, tomando como referentes por su “forma de lucha a Mao Tse-Tung. Vietnam e Irak”73. En junio del año 2005, efectivos del Ejército realizaron el ejercicio de armas combinadas “Huracán 01-2005”, en el estado Cojedes, con el propósito de evaluar “los niveles de apresto operacional” ante un posible escenario de Guerra Asimétrica. La actuación de las fuerzas consistió en acciones del país azul en la zona fronteriza para enfrentar una invasión por parte del país rojo74. Bajo el nombre de Armada Bolivariana 2005, la armada cumplió un ejercicio de defensa integral, que consistió en una simulación de desembarco de tropas enemigas, las cuales serían repelidas por reservistas y guardias territoriales junto a la Infantería de Marina75. 72 Armada Bolivariana de Venezuela, Comando Naval de Educación, Dirección de Doctrina: Programa de lecturas selectas-lectura selecta Nº 27 Tema: Concepto De Empleo. Disponible en: http://www.armada.mil.ve/ portal/biblioteca/documentos/lecturas_selectas/concepto_II.pdf (Consultado el 10 de septiembre de 2014). 73 Francisco Olivares, “Defensa Endógena”, en El Universal.com, Caracas, 13 de marzo de 2005. Disponible en: http://archivo.eluniversal. com/2005/03/13/pol_art_13161A.shtml (Consultado el 11 de agosto de 2014). 74 María Daniela Espinoza, “1.200 hombres se entrenaron para la guerra asimétrica”, en El Universal.com, Caracas, 12 de junio de 2005. Disponible en: http://www.eluniversal.com/2005/06/12/imp_pol_art_12192A (Consultado el 14 de agosto de 2014). 75 Horacio Benitez, “¿Guerra asimétrica o guerra de todo el pueblo? Parte final”, en Aporrea, 07/06/2005. Disponible en: http://www.aporrea.org/ actualidad/a14623.html (Consultado el 14 de agosto del 2014).

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Para concretar la respuesta de masas populares a los problemas de la Defensa Integral de la Nación se ha hecho necesario un proceso de reequipamiento militar. En esta materia, las compras de armas a la Federación Rusa y la República Popular China evidencian los lineamientos de carácter eminentemente político, consistente con las transformaciones doctrinarias y la ruptura del comercio de equipos bélicos con aquellos países que son evaluados como potenciales amenazas asimétricas –Estados Unidos de América e Israel, principalmente–. En junio de 2005, Venezuela adquirió 100.000 fusiles de asalto Kalashnikov AK-103 de la Federación Rusa en una transacción por valor de $54 millones. En la actualidad Venezuela es el único país de América Latina que aparece entre las 20 naciones que más adquirieron equipamiento bélico entre los años 2008-2012. Durante el año 2012 Venezuela importó armamento por una cantidad de $643 millones, 6,8% más que lo gastado un año antes, cuando pagó $602 millones por las armas adquiridas en 2011. El 63,7% de las armas compradas en 2013 fueron adquiridas a Rusia ($410 millones de dólares), 17,8% a China y un 8,5% a España. De lo gastado en 2012, 37,7% ($240 millones) fue usado para adquirir vehículos armados, 17,8% ($115 millones) en aviones y 14,6% ($94 millones) en sistemas de defensa aérea. El resto se reparte entre misiles, sensores y barcos76. El 3 de septiembre de 2010 se creó la Universidad Militar Bolivariana de Venezuela por decreto presidencial N° 7.662, inspirada en el ideal “bolivariano”, “robinsoniano” y “zamorano”, concebida como un espacio para el fortalecimiento de la investigación a través de la producción del conocimiento e innovación para la seguridad, defensa y desarrollo integral de la Nación. La Universidad Militar ha establecido “lineamientos organizacio76 Rafael Uzcátegui, “Venezuela lidera compra de armas en América Latina”, en El Mundo, Caracas, 24 de abril de 2013. Disponible en: http:// www.elmundo.com.ve/noticias/economia/politicas-publicas/venezuelalidera-compra-de-armas-en-america-latina.aspx#ixzz3DuzV86B4 (Consultado el 08 de septiembre de 2014).

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nales, culturales, estratégicos, tácticos e históricos que muestren el carácter de nuestra Fuerza Armada hoy, como pivote central del proceso bolivariano en todos los órdenes de la sociedad”. La producción del pensamiento militar en los claustros académicos debe alinearse en un pensamiento reflexivo de la política como responsabilidad ante la sociedad, los venezolanos y la seguridad integral de la Nación. Fundamentado en la Defensa Integral de la Nación se implementa una nueva doctrina militar autóctona y anti-imperialista, además de asumir los presupuestos de la guerra popular prolongada como base para el desarrollo de la misma77.

Los alféreces y cadetes de las academias militares del Ejército, Armada, Guardia Nacional, Técnica Militar y Aviación Militar Bolivariana se han preparado en ejercicios de defensa territorial integral desarrollados en conjunto con la Milicia Bolivariana, y enmarcado dentro del período de campo y maniobra conjunta PAO 2014. Estos entrenamientos obedecen al fortalecimiento cívico-militar y a la ejecución de una operación estratégica de resistencia, con la finalidad de alcanzar las competencias en materia de guerra popular prolongada y del empleo de la milicia bolivariana en un ambiente de conflicto78. La praxis de la educación militar en la revolución bolivariana ha estado acorde con la formación de un profesional de las armas, de orientación revolucionaria, que sirva como defensor del proceso de cambios para destruir las viejas estructuras militares del régimen anterior y que se dedique a la movilización militar de las masas. Los perfiles que deben poseer los oficiales en las distintas academias militares los definen como profesionales 77 Marialsira González Rivas; Víctor Córdova Cañas, “Universidad Militar Bolivariana de Venezuela y su contribución al pensamiento Militar Venezolano”, Revista Columnata, N° 3, septiembre de 2011, pp. 120-121. 78 Ptte. Claudia D. Mendoza Becerra, Cadetes de la AMAB inician ejercicio de Defensa Territorial Integral, 29 de mayo de 2014. Disponible en: http://200.109.228.11/amavb/index.php?option=com_content&view=ar ticle&id=179:cadetes-de-la-amab-inician-ejercicio-de-defensa-territorial-integral&catid=80&Itemid=475 (Consultado el 21 de septiembre de 2014).

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universitarios, con un potencial que garantice la Seguridad y Defensa de la Nación, en acción conjunta para la guerra convencional y guerra de resistencia de acuerdo al Nuevo Pensamiento Militar Venezolano. Su formación profesional es fundamentada en valores ideológicos revolucionarios, bolivarianos, socialistas y antiimperialistas que garantizan la defensa de la Patria ante cualquier intento de agresión nacional e internacional79. La formulación de la guerra revolucionaria ha establecido –salvo pocas excepciones– que los militares deben responder al Partido Comunista y subordinarse a sus proyectos, eliminando la posibilidad de autonomía de las élites militares. Subordinación que se ha realizado mediante el control de los comisarios políticos, en el seno de las instituciones castrenses, a fin de establecer una cohesión ideológica. Los partidos comunistas dirigieron la guerra revolucionaria en China y Vietnam. En el caso venezolano se presenta una situación atípica en el esquema de guerra revolucionaria a implantarse en el nuevo pensamiento militar. La Carta Magna de Venezuela establece en su artículo 328 que la “Fuerza Armada Nacional constituye una institución esencialmente profesional, sin militancia política (...) al servicio exclusivo de la Nación y en ningún caso al de persona o parcialidad política alguna”. Igualmente, en el artículo 330 se establece que los integrantes de la Fuerza Armada Nacional en situación de actividad no les está permitido participar en actos de propaganda, militancia o proselitismo político. La dirección del proyecto político del presidente Hugo Chávez y los altos mandos militares se han autodenominado como chavistas, revolucionarios, socialistas y antiimperialistas; igualmente se ha autorizado la participación política del estamento castrense en situación de actividad; para ello, la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia sentenció que: la participación de los integrantes de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana en actos con fines políticos no constituye 79 Véase el Perfil del futuro egresado de la Academia Militar de la Armada Bolivariana. Disponible en: http://www.umbv.edu.ve/amarb/index.php/eloficial-de-la-armada (Consultado el 21 de septiembre de 2014).

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un menoscabo a su profesionalidad, sino un baluarte de participación democrática y protagónica que, para los efectos de la República Bolivariana de Venezuela, sin discriminación alguna, representa el derecho que tiene todo ciudadano, en el cual un miembro militar en situación de actividad no está excluido de ello por concentrar su ciudadanía, de participar libremente en los asuntos políticos y en la formación, ejecución y control de la gestión pública80.

Con el anterior artilugio jurídico, el alto mando político militar de la revolución solucionaría la ausencia de dirección del partido sobre el aparato militar y facilitaría la implantación de los comisarios políticos en los diferentes niveles de los distintos componentes de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.

5. Conclusiones La guerra revolucionaria se empleó como forma legítima de violencia desde la perspectiva de los movimientos insurreccionales de las masas para alcanzar o mantener el poder. Según la visión marxista-leninista de la guerra revolucionaria el uso de la lucha armada posibilita a las masas populares derrotar a la clase dominante y ejercer el control político del Estado. Existen variantes teóricas de la guerra revolucionaria que se adaptaron a sus realidades históricas y geográficas. Las tendencias maoístas asignan mayor importancia al pueblo campesino que al proletariado urbano y, en consecuencia, focalizan la lucha armada en los sectores rurales. Mao Tse-Tung y Vo Nguyen Giap combinaron las acciones convencionales y no convencionales dirigidas por sus partidos comunistas que entregaban las directrices estratégicas y tácticas al ejército y al pueblo en la lucha por la liberación anticolonial. Para la concepción maoísta de la guerra el pueblo es parte integral de la estrategia militar y del sostenimiento político de la re80 Véase la ponencia del 28 de marzo de 2014 presentada por el magistrado Juan José Mendoza Jover. Disponible en: http://www.tsj.gov.ve/decisiones/scon/junio/165491-651-11614-2014-14-0313.html (Consultado el 21 de septiembre de 2014).

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volución. Es decir, el pueblo, el ejército y el partido representan factores reales y activos en la praxis de la guerra revolucionaria. En la perspectiva guevarista, el peso de la lucha lo soporta un grupo guerrillero que no obedece órdenes de un órgano político y que no interactúa con la población en forma permanente; más bien espera que la población se sume a ella. La revolución bolivariana ha definido un nuevo pensamiento militar cuya tendencia apunta claramente a las corrientes de pensamiento militar marxistas-leninistas y su variante maoísta del siglo XX, identificando como amenaza potencial imperial a los EE.UU., en virtud de la atribuida injerencia en los asuntos internos de Venezuela. También se han definido, como amenazas potenciales, coaliciones que puedan intervenir en una posible invasión con la colaboración de una quinta columna que operaría en territorio nacional. El proyecto político encabezado por el fallecido presidente Chávez Frías ha establecido las condiciones para un giro cualitativo orientado a transformar al estamento militar venezolano en una fuerza armada revolucionaria. En el contenido del discurso político del fallecido presidente Hugo Chávez Frías y de los diferentes autores del nuevo pensamiento militar venezolano se han empleado términos propios de la Guerra Revolucionaria: como Guerra del Pueblo y Guerra Popular Prolongada. Para su elaboración se ha adoptado el concepto marxista-leninista de la unión ejército-pueblo para la defensa integral y la creación de una milicia territorial con clara inspiración en los modelos leninistas de Guardia Roja y maoísta de movilización del campesinado. Con estos antecedentes se ha formalizado la educación, a partir de un programa de profesionalización e institucionalización de corte revolucionario, de un profesional necesario para la movilización de masas ante una respuesta militar en un posible conflicto armado. Este nuevo combatiente revolucionario tendría un desempeño técnico como instrumento de la Revolución Bolivariana y el monopolio del uso de la violencia y la insurrección de masas.

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MUNDO NUEVO. Caracas, Venezuela Año VI. N° 15. 2014, pp. 121-152

Rosaura Guerra Pineda Universidad Simón Bolívar  [email protected]

EL “HOMBRE NUEVO” NACE EN LA ESCUELA: EL PROGRAMA DE INSTRUCCIÓN PREMILITAR Y LA FORMACIÓN DE MILICIANOS EN LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA

Resumen: La implementación obligatoria del Programa de Instrucción Premilitar en el Sistema Educativo venezolano ha sido una política sistemática aplicada durante el período de la “Revolución Bolivariana”. El trabajo presenta una perspectiva de cómo este hecho se enmarca dentro del ethos general de los procesos revolucionarios, que por una parte aspiran a formar un hombre nuevo y, por otra, responden a una reorientación de la Doctrina de Seguridad y Defensa Nacional, la cual pretende involucrar a los ciudadanos comunes en la tarea de defensa de la nación. Adicionalmente, se presenta un recuento de la reacción adversa de la sociedad civil. Palabras clave: Venezuela, instrucción premilitar, nueva doctrina de seguridad y defensa nacional. The “new man” born in the school: the program of military education and training of militiamen in the Bolivarian Revolution Abstract: The mandatory implementation of the Program of Instruction pre-military education system in Venezuela has been a consistent policy applied during the period of the “Bolivarian revolution”. The paper presents a perspective of how this fact is part of the general ethos of the revolutionary process, which inevitably seek to form a new man and the other responds to a reorientation of the Doctrine of National Security and Defense, which aims to involve ordinary citizens in the task of defense of

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the nation. Additionally, an account of the adverse reaction of civil society is presented. Keywords: Venezuela, Military Education, New Doctrine of National Security and Defense.

1. Introducción: la “Revolución Bolivariana” En sentido general, la idea de revolución alude a la noción de cambio, un cambio cuya cualidad más notable parece ser su ruptura con las estructuras preexistentes. En sentido estrictamente político, la revolución se refiere a cambios radicales en las estructuras políticas o a la sustitución de un régimen político por otro de características distintas. Cuando en el año 1998 el Teniente Coronel (r) Hugo Chávez llega al poder, apoyado por una coalición de partidos de izquierda denominada “Polo Patriótico”, la vocación rupturista de su administración, aunque se insinuaba en hechos como el manejo discursivo de rechazo a la clase política dirigente tradicional, la autoproclamación de representar un cambio revolucionario de orden pacífico, la cercanía con hombres de larga tradición de militancia en la izquierda venezolana, tales como Luis Miquilena, José Vicente Rangel o Alí Rodríguez Araque y, finalmente, la convocatoria a una asamblea nacional constituyente, no era explícita. En la discusión del carácter inicial del movimiento político encabezado por Hugo Chávez, se tejían versiones que iban desde el reformismo –postulada por la izquierda más radical–; pasando por quienes lo identificaron con el movimiento de la tercera vía, un punto medio entre las posturas liberales y socialistas1; hasta aquellos para quienes representaba simplemente una fuerte tendencia al autoritarismo militar latinoamericano. Cuando en 1999 la nueva constitución fue aprobada, la misma hacía un gran énfasis en el tema del modelo democrático parti1

Pedro García Otero, “Chávez está siguiendo la tercera vía”, en El Universal.com. Disponible en: http://www.eluniversal.com/1999/09/27/ pol_art_27170AA, Caracas, 27 de septiembre de 1999 (Consultado en febrero 2013).

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cipativo al ofrecer notables cambios en torno a la distribución del poder político, aunque no alteraba grandemente la estructura de un Estado liberal. Sin embargo, a partir del año 2000, algunos de los cambios en materia legislativa implementados por el presidente Chávez, vía ley habilitante, cobraron un fuerte cariz nacionalista y de izquierda, y generaron por ello un movimiento de oposición reactivo que produjo grandes perturbaciones en el transcurso de los años 2002 y 2003, para finalizar este ciclo con un referendo revocatorio del mandato presidencial en agosto del año 2004, el cual resultó ser un revés para la oposición. A pesar de este cuadro, sería hasta el año 2007 cuando formalmente el proyecto político chavista asume la bandera explícita del socialismo, tanto en un intento fallido de modificar la constitución en función del proyecto socialista, como en la redacción del Primer Plan Socialista de Desarrollo Económico y Social de la Nación. 2007-2013, un proyecto que claramente pretendía subvertir las estructuras estadales, empezando con la condición sine qua non de los movimientos políticos de izquierda: la declaración de cambiar las estructuras económicas del país. A estas alturas era ya inocultable el carácter eminentemente radical del movimiento político dominante.

2. La necesidad de “El Hombre Nuevo” en los procesos revolucionarios Situándonos en torno al corpus de ideas sobre cuestiones prácticas propias de los procesos políticos de corte socialista, encontramos que, si bien desde la fuente teórica originaria, el pensamiento filosófico de Carlos Marx, el proceso de cambio de las formaciones socioeconómicas era un proceso de evolución que, por acumulación de cambios, naturalmente engendraba la formación socioeconómica siguiente –el feudalismo dio paso con su agotamiento al capitalismo de la misma manera que el capitalismo debía dar paso al socialismo–, en este esquema proyectivo, “el proletariado” constituía el agente revolucionario más importante para la construcción del socialismo; sin embargo, desde el punto de vista de las prácticas políticas 123

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reales, los agentes de cambio por excelencia de los movimientos socialistas han estado constituidos no por proletarios, sino por élites intelectuales y la vanguardia política, una especie que, conocida como “vanguardia revolucionaria”, se caracteriza por el empeño voluntarista en construir el socialismo2. En este sentido, según Marx y Engels, un factor esencial para explicar la inercia o la inmovilización revolucionaria de las clases proletarias lo constituye la conciencia de clase3; para el marxismo político la necesidad de fortalecer o forjar la conciencia revolucionaria ha constituido sin duda un itinerario común en los procesos socialistas del siglo XX, de tal modo que estando la vanguardia revolucionaria relativamente sola en el impulso de los procesos de cambio político, la sobrevivencia de estos movimientos depende de la formación de otros sujetos revolucionarios, idea esta que se ha venido a conocer como la formación del “hombre nuevo”. La alta preocupación de los marxistas políticos por el tema de la conciencia del hombre revolucionario los ha llevado a erigir –aunque no en exclusiva, pues este rasgo lo comparten con totalitarismos de derecha como el nacionalsocialismo– prácticas políticas en las cuales dominan herramientas para el control del pensamiento, por ello han buscado controlar espacios como los medios de comunicación social y el sistema educativo; y se ha hecho énfasis especial, en el intento de forjar al “hombre nuevo”, en las poblaciones infantil y juvenil. Esta es la razón por la cual en regímenes de izquierda revolucionaria han surgido organizaciones de jóvenes tales como los pioneros en la Unión Soviética a partir de 1922 y en Cuba a partir de 1977. Estas organizaciones tienen por objeto la socialización de valores en concordancia con el proyecto político dominante. En Venezuela, a partir del año 2005, el gobierno de Hugo Chávez intentó 2

Keneth Minogue, La teoría Pura de la ideología, Buenos Aires: Grupo Editor Latinoamericano, 1988. Ver la ideología como política.

3

Marx y Engels, “Manifiesto del partido comunista”, en marxistas.org. Disponible en: http://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/48-manif. htm, 1848 (Consultado el 27 de septiembre de 2014).

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promover una figura similar, denominada “Semilleros de la Patria”, una organización dirigida a niños y jóvenes que no llegó a tener trascendencia por lo menos a gran escala. Más allá de estas experiencias, una expresión más sistemática de la cuestión está constituida por el uso intensivo del aparato educativo a fin de forjar la conciencia del sujeto revolucionario. En este punto debemos decir que tanto el marxismo teórico, como el marxismo político, se han orientado por los mismos referentes para dar una solución a la cuestión. Desde los derroteros de la teoría, el filósofo francés Louis Althusser en su obra Aparatos ideológicos del Estado, reflexiona en torno a la idea de que el Estado, además de estar constituido por el aparato represivo –la faz más conocida del Estado burgués en los análisis de Marx–, también cuenta con una serie de instituciones que sirven de medio de reproducción de la ideología dominante. Estas instituciones llamadas en conjunto aparatos ideológicos del Estado, en concreto representadas por la institución religiosa, la escolar, la familia, la institución jurídica, la política y cultural, cuentan en el Estado capitalista, como mayor punta de lanza, con la institución escolar: “el aparato ideológico de Estado (...) en posición dominante en las formaciones capitalistas maduras (...), es el aparato ideológico escolar”4. En concordancia con Althusser, pero como una voz desde el marxismo político, las vías para la constitución del hombre nuevo forman parte de las reflexiones del ícono revolucionario del siglo XX Ernesto Guevara de la Serna, quien aborda el tema en su ensayo El Socialismo y el hombre en Cuba, del año 1965, el cual sería más tarde editado como parte de una compilación de trabajos del Che, bajo el título El Hombre Nuevo. Para Guevara, el “aparato educativo del Estado”, como medio formal junto con la socialización natural y una especie de presión social como medio informal5, eran las vías expeditas para la configuración 4

Louis Althusser, Aparatos ideológicos del Estado, Buenos Aires: Nueva Visión, 1988, p. 17.

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Los alcances teóricos de las reflexiones de Guevara concuerdan ampliamente con clásicos recientes de la Sociología Política como Michael

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del sujeto revolucionario. Una vez forjada la conciencia revolucionaria, el pueblo puede seguir su vanguardia y apoyar en la construcción del nuevo orden. Respecto al caso cubano comenta: El aparato educativo del Estado (...) por medio de organismos tales como el Ministerio de Educación y el aparto de divulgación del partido (...) prende en las masas y la nueva actitud preconizada tiende a convertirse en hábito, la masa la va haciendo suya y presiona a quienes no se han educado todavía. Esta es la forma indirecta de educar a las masas, tan poderosa como aquella otra6.

Así, vemos que para el marxismo en general la necesidad de forjar al sujeto revolucionario tiene una unívoca respuesta práctica, constituida por el uso instrumental del aparato educativo.

3. El Aparato Educativo. El caso venezolano durante la “Revolución Bolivariana” Al enfocarnos en el caso venezolano, encontramos que la dirigencia política del proceso “bolivariano” parece concordar por completo con la tradición del pensamiento político marxista en torno al tema del “hombre nuevo” y a la importancia del aparato educativo para su configuración; razón por la cual los más altos voceros gubernamentales han asumido una postura que atribuye al aparato educativo, a la usanza de Althusser, una función eminentemente ideológica. El otrora Ministro del Despacho de Educación Héctor Navarro, en algún momento llegó a declarar: La enseñanza cumple una función ideologizante, pero aclaro que en este caso no está vinculada con las líneas de un partido político. Toda educación ideologiza (...) en Venezuela estamos en una república con una democracia que estamos construyendo, que dejó de ser burguesa y representativa para Sodaro, para quien el concepto de Socialización política es el elemento que explica la difusión y el aprendizaje individual de los valores políticos dominantes. 6

Ernesto Guevara, “El Socialismo y el Hombre en Cuba”, en Palabras sobre el socialismo, Caracas: Ministerio del Poder Popular para la Comunicación e Información, 2009, pp. 258-259.

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convertirse en participativa y protagónica. Esos son valores de la constitución que tenemos que inculcar a nuestros niños, es un deber y educar en esos valores es ideologizar7.

Si una concepción tal del proceso educativo dejara lugar a dudas en torno a la posibilidad de que el proyecto político “bolivariano” esté intentando usar el sistema educativo con la finalidad de forjar individuos a la medida de su proyecto político, tal vez una breve declaración del fallecido Hugo Chávez sea más contundente: “A los niños sí hay que hablarles de política. Cada aula debe convertirse en un espacio para construir el hombre nuevo”8. En la práctica, el tema de la intervención educativa por el proceso político venezolano revolucionario ha estado presente desde el inicio del mismo, dando origen a diversos intentos de modificaciones en el sistema educativo. En torno al nivel de educación básica, media y diversificada, tenemos los siguientes eventos: (1999) se celebra la constituyente educativa; (2000) el presidente de la república emite el Decreto 1011 de creación de la figura de supervisores itinerantes; (2001) es aprobada en primera discusión un proyecto de Ley Orgánica de Educación de consenso entre diversas tendencias políticas en el seno de la Asamblea Nacional, el proyecto finalmente es desechado; (2003) creación de las misiones educativas Robinson, Rivas y Sucre, destinadas a cubrir primeras letras y educación básica la primera, educación media y diversificada la segunda y educación universitaria la tercera; (2005) El ministerio del ramo presenta otro proyecto de ley de educación que finalmente no prospera; (2007) se publica la primera versión del Nuevo Currículo Nacional Bolivariano, el cual sería aplicado progresivamente a partir del año escolar 2008-2009; (2009) se sanciona finalmente una nueva Ley Orgánica de Educación; (2011) primera experiencia de distribución de la Colección Bicentenario, una colección de textos 7

Liliana Cortazzo, “Navarro: en la profundización de la democracia sí hay que ideologizar”, en El Nacional, Caracas, 8 de agosto de 2009, p. D-4.

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Blanca González, “Chávez, en cada aula se formará el hombre nuevo”, en Últimas Noticias, Caracas, 13 de mayo de 2010, p. 2.

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escolares editados por el Estado inicialmente para el nivel de educación básica. En el caso de los instrumentos legales que buscan modificar aspectos medulares del sistema educativo de educación básica, media y diversificada, tales como el Decreto 1011 y los sucesivos proyectos de ley, así como la modificación oficial de la ley en 2009, estos han sido altamente polemizados por representar amenazas de control político en el proceso educativo. En el caso del Decreto 1011 del año 2001, el mismo fue ampliamente rechazado, dado que creaba una figura supervisora de las instituciones escolares, cuyas condiciones de selección profesional eran mínimas en comparación con la discrecionalidad de la decisión ministerial. En el caso concreto de las leyes orgánicas del ramo, los más grandes cuestionamientos han estado orientados por el rechazo al estatuto de corresponsabilidad en la gestión escolar que los instrumentos legales confieren a figuras organizativas del “poder popular”, tales como los Consejos Comunales. En el caso de la educación universitaria, la actividad ha sido menos intensiva pero apunta en la misma dirección que en el sistema de educación básica, media y diversificada. El punto más álgido de discusión en torno al tema universitario desde el punto de vista legal fue el intento de implementación de una reforma a la ley de educación universitaria durante el año 2010, la cual fue tajantemente rechazada por la comunidad y tuvo que ser anulada por el Presidente de la República luego de ser sancionada por la Asamblea Nacional. En todos los órdenes, lo que nos indican estos lineamientos de políticas públicas en torno al sector educativo es la intención franca del uso de este aparato para formar hombres prestos a participar en el proyecto socialista impulsado desde el gobierno. En este sentido, el rasgo más esencial que se quiere forjar en la población estudiantil es un fuerte sentido de colectivización, manifiesto en la concepción del espacio escolar como un espacio abierto a las comunidades como fuente y beneficiaria del aprendizaje estudiantil.

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4. El Programa de Instrucción Premilitar La aleación política que dio origen a la “Revolución Bolivariana” está constituida de manera notoria, por sectores de la izquierda radical, algunos ex guerrilleros que participaron activamente en la lucha armada que en Venezuela siguió a la instauración de la democracia en 1958 y al triunfo de la revolución cubana en 1959; así como por sectores de la oficialidad militar altamente politizados, y que saltan a la palestra pública por los dos intentos de golpe de Estado de la década del noventa; en conjunto, son todos hombres que privilegian el uso de la violencia en política. Una configuración tal de fuerzas, además de considerar los valores de colectivización como objetivos de la construcción del hombre nuevo, también considerará necesario la formación del revolucionario, en términos de la combatividad necesaria que le otorgue un alto sentido a la defensa de la causa revolucionaria. En este sentido, uno de los medios utilizados a fin de involucrar a la población en general en los temas de defensa nacional trastocada en defensa revolucionaria9 ha sido el sistema educativo, a través del cual se implementa, para el nivel de educación diversificada, el Programa de Instrucción Premilitar. En el año 1999, un par de resoluciones conjuntas de los despachos de Educación y Defensa activaron la implementación obligatoria a nivel nacional del Programa de Instrucción Premi9

La idea de trasposición entre las ideas de defensa nacional y defensa revolucionaria, empleada por los sectores de poder, ha sido eventualmente expresada por altos funcionarios del gobierno. Era una alusión usada frecuentemente por el fallecido presidente Hugo Chávez al referirse a la “revolución pacífica pero armada”, por él encabezada. Más expresamente, por ejemplo en 2011, en el contexto de la celebración de los nueve años del 13 de abril, momento en que Hugo Chávez retoma el control del gobierno después de los eventos de 11 de abril de 2002, el diputado a la Asamblea Nacional por el PSUV Juan Carlos Alemán declararía sin pudores sobre la organización de las milicias: “no se equivoquen gente de la oposición, porque tenemos una revolución armada para defender al presidente Chávez”. Ver “Funcionarios y milicianos conmemoraron nueve años del retorno de Chávez a Miraflores”, en El Nacional, 14 de abril de 2011, p. D-4.

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litar, el cual está dirigido a los estudiantes del primer y segundo año de educación diversificada10. La mencionada asignatura respondía a un programa educativo diseñado en la década de los ochenta, pero cuya ejecución hasta 1998, además de ser un ensayo, nunca fue enteramente operativa. El 28 de marzo de 1980, una resolución conjunta de los despachos de Educación y Defensa creó la Comisión Permanente para la Instrucción Premilitar, la primera iniciativa concreta para diseñar e implementar un programa de instrucción premilitar en Venezuela. Dicha resolución respondía a un imperativo de la normativa vigente para la época, en especial se fundamentaba en la Ley Orgánica de Seguridad y Defensa (1976) y en la Ley de Conscripción y Alistamiento Militar (1978). La primera de las mencionadas leyes establecía que todos los venezolanos eran responsables de la seguridad y defensa de la república; la segunda, por su parte, regulaba la materia relativa al servicio militar y establecía la obligatoriedad de la instrucción premilitar para los jóvenes estudiantes de los dos últimos años de educación secundaria. En enero de 1982, una resolución del Ministerio de Educación implementó el programa como un ensayo en cinco estados del país considerados estratégicos; un año más tarde se sumaría un nutrido grupo de diez estados. A pesar de este ensayo, el obligatorio cumplimiento de dicho programa no parece haberse regularizado a nivel nacional e incluso parece haber caído en desuso en algunas de las regiones. Paradójicamente, en cuanto a lo que será la reacción adversa ante la implementación obligatoria del mencionado programa a partir del año 1999, aquel ensayo parece haberse cumplido más sostenidamente en colegios privados de

10 La primera de ellas fue la Resolución conjunta Ministerio de Defensa N° 1.213 y Ministerio de Educación N° 122 del 20 de abril de 1999, que activa y organiza la Comisión Permanente para la Instrucción Premilitar; la segunda, N° 1.856 del Ministerio de Defensa y N° 134 del Ministerio de Educación del 15 de junio de 1999, en efecto ordenaba la obligatoriedad de la implementación de la asignatura.

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orientación religiosa11. Sin embargo, en general, el poco esfuerzo para su implementación, hasta el año 1999, parece indicar que los hombres al mando de la dirección del Estado no lo consideraron inconveniente, pero tampoco les pareció necesidad urgente para la formación de los jóvenes venezolanos; en cualquier caso, durante ese período la implementación del programa se ejecutaría bajo los preceptos de diferenciación entre los mundos civil y militar, así como de subordinación de lo militar a lo civil. El decreto de 1999, en cambio, desató en el acto una gran polémica pública en torno a temas como las razones de su implementación, objetivos y contenido; y más allá de ello, fue visto por sus detractores como un programa de exclusiva inclinación marcial fundamentado en la enseñanza expresa de destrezas militares a los jóvenes estudiantes a quienes iba dirigido. Esta polémica ha sido, desde entonces hasta el presente, un tema intermitente en la agenda referida a la educación nacional y ha tenido como puntos álgidos los años 1999 y 2000, en torno a su implementación; el año 2006, en torno a la ratificación de su obligatoriedad por parte de la Sala Político Administrativa del Tribunal Supremo de Justicia; el año 2008, en medio de las discusiones referentes al Diseño del Currículo Nacional Bolivariano; el año 2011, cuando una resolución oficial del Ministerio del Poder Popular para la Defensa puso sobre la mesa un “Plan Integral de Educación Militar”, que contemplaba en concreto una reforma al programa de instrucción premilitar planteando su reorientación para enfocarlo como “Educación para la defensa integral”12; y finalmente el año 2014, momento en que se discute en la Asamblea Nacional un nuevo proyecto de ley de educación militar.

11 Marta Aguirre, “Bachilleres a marcha castrense”, en El Universal.com. Disponible en: http://www.eluniversal.com/1999/11/28/TEN_ART_28401AA. shtml, Caracas, 28 de noviembre de 1999. (Consultado en febrero de 2013). 12 “Alertan que milicias pueden agravar violencia escolar”, en El Universal. com. Disponible en: www.eluniversal.com/2011/04/09imp_alertan-que -milicias-pueden-agravar-violencia-escolar.shtml 1/2, Caracas, 9 de abril de 2011. (Consultado en febrero de 2013).

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La ya larga data de la cuestión y la insistencia gubernamental, no solo en relación con la aplicación del programa de instrucción premilitar, sino con el rediseño, así como con su elevación en el tiempo de los niveles de formalización –la política se implementó primeramente a través de una resolución ministerial (1999), y para el presente, como dijimos, se encuentra en la Asamblea Nacional como proyecto de Ley de Educación militar (2014), parece indicar que la implementación del programa tiene una importancia trascendental para los sectores en el poder.

5. Bases programáticas y legales: la nueva “Doctrina Militar Bolivariana” En sentido general, el tema de la implementación del Programa de Instrucción Premilitar nos remite en el fondo al tema de la resolución de los asuntos de defensa en los estados liberales: la cuestión normalmente se plantea en términos que contraponen la modalidad del servicio militar al tema de la libertad ciudadana. El servicio militar, una de las grandes políticas en materia de seguridad y defensa nacional, puede ser voluntario u obligatorio. El servicio militar obligatorio que se hace para la defensa de la patria y para garantizar su independencia y que propone como valor referencial el amor a la patria, enfrenta la paradoja de atentar contra la libertad individual. Un ejemplo puede ser ilustrativo para comprender la relación. En España, un país que heredó del franquismo una fuerte tradición militar, el servicio militar era obligatorio hasta que una gran cantidad de individuos, acogidos a la condición de “objeción de conciencia”13, logró revertir este carácter tornándolo en voluntario. De una revisión inicial vía web, podemos concluir que la tendencia actual, en las legislaciones de varios países sobre la cuestión, es a privilegiar la figura de voluntario en el tema del servicio militar. A esta tendencia responde, aunque no totalmente, la legislación venezolana vigente en la materia, la Ley de Conscripción y Alistamiento militar (2009), que hace 13 La objeción de conciencia consiste en el desacato a las leyes o a la autoridad basado en convicciones personales.

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del servicio militar un deber, pero prohíbe el reclutamiento forzoso (Art. 6 y Art 7). En cierto sentido, la instrucción premilitar, tal como está planteada en nuestro país, como parte de las políticas de seguridad y defensa, presenta esta disyuntiva. Cabe destacar que no hemos logrado encontrar en abundancia datos de experiencias similares alrededor del mundo; además del mencionado caso de España, que incluía instrucción premilitar a nivel de estudios superiores, podemos mencionar el caso de Perú, otro país con fuerte tendencia militarista donde la formación militar fue eliminada del sistema educativo; y el caso de Bolivia donde, mientras el servicio propiamente militar es obligatorio, se presenta la alternativa voluntaria del “servicio premilitar” a estudiantes de los niveles medios de educación. En el caso de Venezuela, el argumento de la objeción de conciencia de un pequeño grupo de padres y representantes del estado Guárico, en relación con la materia de Instrucción Premilitar, fue utilizado por organizaciones como PROVEA, la Red de Apoyo por la Justicia y la Paz y la Vicaría Episcopal de Derechos Humanos para solicitar un recurso de nulidad acerca de la materia Instrucción Premilitar, el cual es el origen del fallo de obligatoriedad del programa dictado por el Tribunal Supremo de Justicia del año 2006. El informe anual de PROVEA del año 2005 recoge la experiencia de esta manera: El plantel exigió la firma de un acta compromiso por medio de la cual se obligaba a los alumnos a cumplir con las actividades teóricas y prácticas de la asignatura Instrucción Premilitar. Los representantes “se negaron a firmar (...) porque la parte práctica de la asignatura –más no la teórica– va contra su libertad de conciencia, por respeto a la religión que profesan”, proponiendo la sustitución por otra evaluación, a pesar de lo cual el plantel continuó negando la inscripción14.

14 PROVEA, “Informe anual”, en derechos.org.ve. Disponible en: http:// www.derechos.org.ve/pw/wp-content/uploads/05_educacion.pdf, 2005. (Consultado en febrero de 2013).

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En general, la instrucción premilitar fue diseñada como una política en materia de seguridad y defensa nacional implementada a través del sistema educativo, de allí que para su diseño e implementación se haya conformado, tanto en el pasado como hoy, una comisión mixta de los despachos de educación y defensa; y de allí que la posible implementación del “Plan Integral de Educación Militar”, que incluía el rediseño del Programa de Instrucción Premilitar, para orientarlo hacia la “Educación para la Defensa Integral”, haya sido abordado desde el despacho de defensa. La polémica política alrededor del tema ha tendido a desvirtuar, desde ambos bandos, este hecho, por estar centrada en torno a las acusaciones de militarización de la educación. La respuesta oficial, por su parte, no ha hecho énfasis en la necesidad de formación en los temas de seguridad y defensa, y más bien lo ha omitido, aun cuando sólo desde esta perspectiva se podría llegar a discutir acerca de cuál debería ser el alcance de la formación ciudadana en asuntos de seguridad y defensa nacional, y si ésta formación debería o no tener un alcance práctico en torno al desarrollo de destrezas militares o, siendo más extremistas, si no debería incluirse la formación premilitar como un contenido obligatorio en el nivel de educación media. En este punto tal vez sea necesario, para poner las cosas en blanco y negro, establecer los términos en que se podrían configurar las posturas en relación al tema. Por un lado, para la tradición de estudios sobre las relaciones civiles-militares, los gobiernos civiles –a diferencia de gobiernos pretorianos y militares en los cuales el ejercicio del poder político es ejercido por sectores castrenses– pueden presentar tres diversos tipos de “control civil” sobre el cuerpo militar. De esos tres tipos, el que caracteriza el modelo de Estado liberal se basa en la existencia de élites bien diferenciadas con responsabilidades propias [donde] los oficiales militares son ya

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de formación profesional (...) son instruidos en los principios de obediencia y respeto ante las autoridades civiles15.

Partir de estos supuestos derivaría claramente hacia la construcción de una postura que asumiera la separación necesaria entre lo civil y lo militar en asuntos de seguridad y defensa, postura que sirve para delinear la asumida por sectores opuestos a la implementación del programa de instrucción premilitar. Ahora bien, por otro lado, para el sector que ha impulsado la puesta en práctica del programa, la misma cuestión está fundamentada en un criterio contrario a este, basado en la que podríamos caracterizar como una filosofía de unión o indiferenciación de los mundos civil y militar, la cual se viene desarrollando con la llegada al poder de Hugo Chávez en el año 1999. El mismo Presidente la anunciaría tempranamente en discurso pronunciado en la sede del Instituto de Altos Estudios de Defensa Nacional, en abril de ese año, al comentar: Me cuesta hablar del mundo civil y el mundo militar, me cuesta hablar del estamento civil y del estamento militar (...) No entiendo muy bien cuál es el límite, dónde está la división de eso, porque soy un hombre civil y militar al mismo tiempo, militar, ciudadano y soldado; me cuesta en la mente no sé, yo nunca precisé, y creo que de ahora en adelante mucho menos16.

En el fondo esta cuestión plantea la insuficiencia del modelo de relaciones civiles-militares, propio del Estado liberal, para la pretensión de la constitución de un Estado socialista. La idea de unión cívico-militar se ha ido desplegando a través de diversos instrumentos legales17 y documentos doctrinales de las Fuerzas Armadas, entre los que podemos mencionar: El pensamiento 15 Domingo Irwin e Ingrid Micet, Caudillos, Militares y poder, Caracas: UCAB-UPEL, 2009, p. 16. 16 Hugo Chávez, Selección de discursos del Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Caracas: Ediciones de la Presidencia de la República, 1999, p. 109. 17 Entre los instrumentos legales que sustentan la idea de unión cívico-militar podemos mencionar: la Ley Orgánica de Seguridad Nacional (2002),

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militar venezolano (2005), autoría del General Alberto Müller Rojas junto a un nutrido grupo de generales18; La Doctrina Militar Bolivariana (2006), del Teniente Coronel Héctor Herrera Jiménez; y La militaridad en el Estado Democrático y social de derecho y justicia (2012), de los Generales Aguana y Sayegh. Así como lineamientos programáticos de orden político, como las Líneas de Acción Estratégica (2004)19 y un decálogo de metas políticas nacionales del movimiento político chavista, que consideraba algunas modificaciones del orden militar existente como fundamentales para el proyecto político del socialismo del siglo XXI . Este último documento, objeto de amplia difusión, se menciona en diversos artículos de opinión en prensa y conocemos por lo menos una versión impresa que lo recoge bajo el título El salto adelante. La nueva etapa de la Revolución Bolivariana. Es la fuente de los grandes cambios en materia militar que vivió el país desde el año 2005. En este sentido concreto, el objetivo era “profundizar y acelerar la conformación de la nueva estrategia militar nacional”20, y se encontraba fundamentado en tres líneas estratégicas, entre las cuales la referida a la unión cívico-militar podemos decir que era la de mayor importancia; además, y en torno al tema que nos interesa, se proponía como

las sucesivas Leyes orgánicas de las Fuerzas Armadas Nacionales (2005, 2009, 2011) y finalmente la Ley de Conscripción y Alistamiento (2009). 18 Domingo Irwin e Ingrid Micet, op. cit., p. 277. 19 Las Líneas de Acción Estratégica corresponden a los “diez grandes objetivos” de la llamada nueva etapa de la revolución bolivariana, delineados en las Jornadas Políticas realizadas los días 13 y 14 de noviembre de 2004 en la Academia Militar de Venezuela. Gustavo Méndez, “Rangel Silva admite que plan educativo es ambiguo. En 2004 se ordenó profundizar la educación premilitar en todos los niveles”, en El Universal.com. Disponible en: http://www.eluniversal.com/2011/04/03/rangel-silva-admite-que-plan-educativo-es-ambiguo.shtml, Caracas, 3 de abril de 2011. (Consultado en febrero de 2013). 20 Haiman El Troudy, “El Salto Adelante. La nueva etapa de la Revolución Bolivariana”, Caracas: Ediciones de la Presidencia de la República, p. 50.

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actividad concreta “Profundizar la educación premilitar en los diferentes niveles de educación y en las misiones”21. Tal como hemos venido sosteniendo y tal como lo exponen sus teóricos, la llamada “Doctrina Militar Bolivariana” tiene como pilar fundamental la unión cívico-militar en materia de seguridad y defensa nacional, de allí todo el esfuerzo desplegado por incorporar “al pueblo a la defensa del país a través de la reserva militar, unión cívico militar en la que todos deben estar prestos a colaborar (gobernadores, alcaldes, población en general)”22. La participación civil en el “Nuevo Sistema de Defensa Nacional” es aludida en diferentes documentos como nación en armas, la doctrina de la guerra de todo el pueblo, pueblo en armas, y tiene entre sus referentes históricos, según Héctor Herrera Jiménez (2006), la guerra popular prolongada de China, la guerra de resistencia de Vietnam, la guerra de todo el pueblo de Cuba23 y la resistencia iraquí a la invasión encabezada por fuerzas norteamericanas en el año 200324; experiencias inscritas en la lógica de la guerra de cuarta generación o conflicto asimétrico, noción del mundo militar caracterizada por la confrontación de dos fuerzas técnicamente desiguales, en la cual el elemento más débil hace un uso total de la “movilización de los elementos de [su] sociedad”25. La estrategia se basa en aprovechar factores como el conocimiento del entorno, la debilidad psicológica del enemigo frente a lo desconocido26, pero sobre todo el empleo de una fuerza social cohesionada, que multiplique la defensa en espacios no 21 Ídem, p. 51. 22 Ídem, p. 50. 23 Héctor Herrera Jiménez, La Doctrina Militar Bolivariana. Sistema de Seguridad y Defensa venezolano, Caracas: Edición Altholito, p. 117. 24 Ídem, p. 148. 25 Ídem, p. 146. 26 La Hipótesis de Guerra Asimétrica se establece frente al supuesto de una invasión de fuerzas de una potencia militar, normalmente representada

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tradicionales de confrontación, por lo que resulta fundamental la participación civil en medio de una confrontación bélica. La “hipótesis de guerra asimétrica”, propuesta como eje del sistema de defensa venezolana, se justifica, según diversos especialistas del área, como estrategia frente a una eventual invasión norteamericana sobre la nación, impulsada por el potencial energético de nuestro país27. Desde el punto de vista legal, la incorporación civil a los asuntos de defensa nacional se fundamenta en la corresponsabilidad entre el Estado y la sociedad civil, para lo que se establecen instrumentos como la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (1999), en su artículo 326; la Ley Orgánica de Seguridad Nacional (2002), las sucesivas leyes orgánicas de las Fuerzas Armadas Nacionales (2005, 2009, 2011) y finalmente la Ley de Conscripción y Alistamiento (2009). Desde el punto de vista operativo en el seno de las Fuerzas Armadas, esa corresponsabilidad se ha intentado concretar a través de la figura de los cuerpos de reserva, por una parte, pero también a través de la educación militar. Por una parte, la participación civil en defensa, a través de la implementación de los cuerpos de reserva, ha sufrido cambios en su concepción. Inicialmente, la Ley de la Fuerza Armada Nacional (2005) estableció como figuras de participación civil la reserva nacional –constituida por quienes habían prestado alguna vez servicio militar– y la guardia territorial –constituida por miembros voluntarios–; sin embargo, estas fueron consideradas insuficientes un tiempo después. De allí, la reforma de la Ley Orgánica del 2009 creó la figura de la Milicia Nacional Bolivariana, en un intento de hacer más consustancial lo civil y lo militar. En palabras del presidente Hugo Chávez, había que “terminar con el viejo modelo de los Batallones de Reserva. La Milicia debe ser el pueblo en armas y eso es una misión absolupor los Estados Unidos; de allí que se dé por supuesto el desconocimiento del invasor del terreno de combate. 27 Héctor Herrera Jiménez, op. cit., p. 28.

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tamente revolucionaria”28. La idea de fondo proponía que cada hombre, estudiante, indígena, campesino, obrero o habitante de zona popular, funcionase en su vida cotidiana bajo la lógica defensiva militar, convirtiéndose así en parte activa del sistema de defensa nacional29. Por otra parte, en relación a la implementación de la instrucción premilitar, debemos decir, a pesar de todas las polémicas que ha suscitado, que esta se ha mantenido sin cambios sustanciales desde el inicio de su puesta en práctica en el año 1999. Solo fue en el año 2011 cuando se intentó una reforma estructural de la materia que resultó infructuosa; dicha reforma respondía al ya mencionado Plan Integral de Educación Militar y puso sobre el tapete la necesidad por parte del sector político nacional de reformar el programa tal y como es impartido a fin de darle mayor efectividad a la participación civil en la defensa integral de la nación. Para ese momento, estas reformas eran una necesidad de vieja data, siendo una orden expresa del presidente Chávez cuando menos desde el año 200430. A ello apuntaban y sobre ello coincidían las declaraciones de importantes representantes del sector castrense, como las del jefe del Comando Estratégico Operacional, General de División Henry Rangel Silva, quien sostenía que el objetivo de la reforma era “impulsar la gestión de la modalidad educativa militar más allá de los ámbitos castrenses, a objeto de integrar a la sociedad venezolana en la defensa de la patria, es decir, 28 “La Milicia debe ser el pueblo en armas”, en Aporrea.org. Disponible en: http://www.aporrea.org/tiburon/n138567.html, 12 de julio de 2009. (Consultado en febrero de 2013). 29 Hugo Chávez, Aló Presidente N° 5. La Doctrina Militar Bolivariana, Fuerte Tiuna, 23 de julio de 2009, Caracas: Ministerio del Poder Popular para la Comunicación e Información, p. 7. 30 Gustavo Méndez, “Rangel Silva admite que plan educativo es ambiguo. En 2004 se ordenó profundizar la educación premilitar en todos los niveles”, en El Universal.com. Disponible en: http://www.eluniversal. com/2011/04/03/rangel-silva-admite-que-plan-educativo-es-ambiguo. shtml, Caracas, 3 de abril de 2011. (Consultado en febrero de 2013).

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preparar al pueblo para la defensa integral”31. Así mismo, personajes como el Ministro de Defensa Mata Figueroa y Jesús Morao Gardona, Viceministro de Educación para la Defensa, insistían en la necesidad de profundizar la formación estudiantil en aspectos inherentes a la organización militar32, el rescate de la gesta emancipadora 33, y en la necesidad de renovar algunos conceptos inherentes a la soberanía nacional34. En este sentido, un aspecto altamente destacable de la Resolución N° 017621 del Ministerio de Educación, aparecida en la Gaceta Oficial N° 39641, fechada el 24 de marzo de 2011, es el reconocimiento de la importancia estratégica del sistema educativo nacional para la efectiva incorporación civil a la defensa de la nación: Es evidente que el citado cometido sólo es posible lograrlo a través de la educación, siendo los órganos nacionales competentes en la materia: el Ministerio del Poder Popular para la Educación (...) el Ministerio del Poder Popular para la educación universitaria, y el Ministerio del poder popular para la Defensa35

El otro pilar de la “Doctrina Militar Bolivariana” que no quisiéramos dejar de mencionar en las presentes líneas, aunque no 31 Ídem. 32 “Alertan que milicias pueden agravar la violencia escolar”, en El Universal.com. Disponible en: http://www.eluniversal.com/2011/04/09/ imp_alertan-que-milicias-pueden-agravar-violencia-escolar, Caracas, 9 de abril de 2011. (Consultado en febrero de 2013). 33 Mata Figueroa, “Hay un plan macabro para acabar con la Fuerza Armada Nacional”, en Aporrea. Disponible en: http://www.aporrea.org/actualidad/n178596.html, 6 de abril de 2011. (Consultado en febrero de 2013). 34 “Comunicadores del Polo Patriótico solicitarán que Ojeda y Machado respondan ante AN por falsas informaciones. Prensa Frente de Comunicadores del Polo Patriótico”, en Aporrea. Disponible en: http://www. aporrea.org/medios/n179177.html, 16 de abril de 2011. (Consultado en febrero de 2013). 35 Resolución N° 017621 del Ministerio del Poder Popular para la Defensa, Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela Nº 39.641, 24 de marzo de 2011.

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aporta muchas luces a nuestro objetivo central sobre la implementación de la instrucción premilitar como problema y política pública, pero que es a la vez el aspecto más comentado por los analistas, es la participación de los hombres con formación militar en la vida cotidiana de la sociedad. La idea que tuvo como punta de lanza operativa, a partir de febrero del año 1999, la puesta en práctica del denominado Plan Bolívar 2000, conocido como el Primer Plan de Acción Cívico Militar que involucraba a las Fuerzas Armadas Nacionales en tareas de ayuda social en áreas como salud, educación y alimentación, se encontraba legitimada en ese entonces por el desprestigio de la élite política tradicional, así como por la idea de eficiencia militar36. En esencia, la construcción a partir de 1999 de un nuevo modelo estatal caracterizado como “Estado democrático y social de derecho y justicia”37, fundamentado en la “democracia participativa”, requiere en el orden militar trascender los espacios tradicionales de su ejercicio e influencia. El espacio tradicional de lo militar en el Estado liberal está constreñido a los asuntos inherentes al sistema de defensa nacional. En este sentido, los asuntos relativos a la seguridad, defensa y desarrollo admiten una separación como ámbitos de injerencia civil, que se corresponde con lo atinente a la seguridad y desarrollo; y como ámbito de injerencia militar, que se corresponde con lo atinente a la defensa nacional38. Desde el punto de vista conceptual, los analistas del área son incisivamente cuidadosos en distinguir la noción de defensa, únicamente referida al “conjunto de recursos –humanos y materiales–, instrumentos, mecanismos y procedimientos agrupados y organizados en las instituciones del Estado facultadas legal36 Xavier Rodríguez Franco, “La democracia uniformada. El poder militar en Venezuela”, en Polis, núm. 1, vol. 2, Año 2006, p. 253. 37 La referencia es persistente en los textos doctrinales, tanto Herrera Jiménez (2006) La Doctrina Militar Bolivariana, como en el más reciente de Aguana y Sayegh (2012), titulado La militaridad y subtitulado en el Estado Democrático y social de derecho y justicia. 38 Domingo Irwin e Ingrid Micet, op. cit, p. 265.

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mente para el ejercicio de la fuerza”39, y por tanto injerencia de un cuerpo como la FAN; de la noción de seguridad, entendida como “la sensación de tranquilidad mínima indispensable de un país específico para el ejercicio de las actividades desarrolladas al interior del conglomerado social, sean estas productivas, políticas, culturales, etc”40. De la misma manera, a pesar de que la defensa nacional garantiza o hace posible la seguridad nacional, garantiza el desarrollo nacional entendido como el progreso de las fuerzas sociales y materiales de una nación, de esto no se colige una participación activa de las fuerzas militares en materia de desarrollo nacional. Sin embargo, en concordancia con lo que venimos exponiendo, el ordenamiento legal vigente en materia de seguridad de la nación, la Ley Orgánica de Seguridad de la Nación (2002), subvierte esto al hacer consustancial a la noción de seguridad la de desarrollo nacional41: “La seguridad de la nación está fundamentada en el desarrollo integral, y es la condición, estado o situación que garantiza el goce y ejercicio de los derechos y garantías en los ámbitos económico social, político, cultural, geográfico, ambiental y militar”. De esta manera y en lo atinente a aspectos más operativos de la función de las Fuerzas Armadas Nacionales, establecidos en el Concepto Estratégico de la Nación42, los ámbitos estratégicos 39 Luis Alberto Buttó, “Seguridad y Defensa en América Latina: debate en Desarrollo”, en Domingo Irwin, Frédérique Lange y Hernán Castillo (coordinadores), Problemas militares venezolanos. FANB y Democracia en los inicios del siglo XXI. Caracas: UCAB-UPEL, 2009, p. 88. 40 Ídem. 41 En su obra Caudillos, militares y poder, los investigadores Domingo Irwin e Ingrid Micett comentan que en Latinoamérica, en las décadas del sesenta y setenta, se elaboró una doctrina de seguridad hemisférica, que involucraba al sector militar en temas de desarrollo nacional, denominada “Doctrina de Seguridad Nacional y Desarrollo”, y que servía de fundamento a los gobiernos militares que lo sustentaban. Domingo Irwin e Ingrid Micett, op. cit., p. 244. 42 El concepto estratégico de nación establece los lineamientos de acción que son de necesario desarrollo a los fines del interés nacional en materia

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considerados de injerencia castrense pasan a ser el militar y el geopolítico, al que se suman el ambiental, el cultural, el social, el económico y el político, ensanchando así notablemente el radio de acción antes asignado43. El resultado visible de la cuestión es lo que la “Doctrina Militar Bolivariana” denomina el nuevo concepto de seguridad integral, el cual: Incorpora la participación del cuerpo castrense –de modo activo– en tareas de desarrollo nacional para combatir la pobreza y otros problemas sociales. Esta acción ha insertado a la FAN en la población (...) a fin de hacer viable el proceso de cambios profundos y revolucionarios de Venezuela44.

En conclusión, la “doctrina militar bolivariana” fundamentada en la indiferenciación de lo cívico-militar en las áreas de seguridad, defensa y desarrollo integral de la nación, se ha concretado por una parte dando injerencia a los hombres de armas en la basta amplitud de cuestiones que pueden ser inherentes a lo social; así como intentando hacer al mundo civil partícipe de los asuntos de defensa nacional a través de mecanismos como la milicia bolivariana, la instrucción premilitar; y más recientemente, se ha planteado la formación premilitar en el seno de la naciente estructura de organización social denominada comunas45. Cabe destacar que de las formas ensayadas para involucrar a la sociedad civil en materia de defensa de la nación –la organización de milicias y la implementación de programas de estudios de instrucción premilitar–, la implementación de la instrucción premilitar en la educación media resulta ser la que tiene un mayor potencial de alcance en la población, puesto que se sirve del sistema educativo nacional para su implementación. En términos estadísticos, según el Instituto Nacional de Estadística, para el período escolar 2012-2013, la población matriculada en de seguridad. 43 Domingo Irwin e Ingrid Micett, op. cit., p. 271. 44 Héctor Herrera Jiménez, op. cit., p. 60. 45 R. J. Aguana y S. Sayeh, La militaridad en el Estado Democrático y social de derecho y justicia, Caracas: Editorial hormiguero, 2012, p. 59.

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el nivel de educación diversificada constaba de 835.238 estudiantes46, distribuidos en los últimos dos años de estudios y, por tanto, recibiendo formación en instrucción premilitar; ese alcance crece si consideramos la cantidad de 1.536.860 estudiantes escolarizados en el nivel de educación media –primero a tercer año–, que en el curso de los próximos tres años podrían cursar el programa47. En contraste, la cifra oficial de individuos registrados como milicianos, según declaraciones del entonces ministro Mata Figueroa, para el año 2011 apenas alcanzaba 150.000 individuos a nivel nacional48. En la práctica, el socialismo bolivariano de siglo XXI parece proponer una incorporación activa y constante de la ciudadanía en los asuntos de seguridad y defensa de la nación, que lo distanciarían de las prácticas previas a la era pre-Chávez. En este sentido y en consecuencia a su política previsible, en torno al tema formativo que nos ocupa, parecería no solo pretender formar a los jóvenes estudiantes en temas de Seguridad y Defensa, sino también, iniciarlos en las prácticas propias del caso.

46 INE, “Matrícula de educación media, según entidad federal y año de estudio 2003/04-2012/13”, en ine.gov.ve. Disponible en: http://www. ine.gov.ve/index.php?option=com_content&view=category&id=64&I temid=39# (Consultado el 01 de octubre de 2012). 47 La relación que hacemos no toma en cuenta la cantidad total de estudiantes del nivel de Educación Básica para el mismo período (2012-2013), 3.473.886, según cifras INE, y que abultaría aún más la cifra de futuros estudiantes formados por el Programa de Instrucción Premilitar; dado que, por un lado estaríamos proyectando esta cantidad de individuos a ser formados con este programa al lapso de ocho años que le llevaría a la población escolarizada más joven alcanzar el nivel de educación diversificada, un lapso de tiempo largo en procesos políticos tan frágiles como el venezolano en la actualidad; así como por otra parte la cuestión esencial de que en nuestro país, de ese grueso número de niños escolarizados en los primeros años de la educación básica, solo alrededor de un 15% alcanza a cursar el primer nivel de educación media o primer año de bachillerato. 48 Sofía Neder, “Milicia celebrará en el Balcón del pueblo unión cívicocastrense”, en El Nacional, 13 de abril de 2011, p. D-3.

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6. La sociedad civil: reacciones frente a la implementación del Programa de Instrucción Premilitar Un rasgo notable de la dinámica política generada en torno a los intentos sistemáticos de los dirigentes revolucionarios por implementar, rediseñar y fortalecer la instrucción premilitar en el sistema educativo venezolano ha sido la reacción adversa de la sociedad civil, que en curso de 15 años ha logrado niveles de movilización en unos términos razonables para paralizar o enlentecer las aspiraciones del mayor alcance de la instrucción premilitar que tiene el gobierno. En esta dinámica, a cada ocasión que el gobierno ha colocado sobre la mesa de agenda alguna reforma en el programa de instrucción premilitar ha seguido un rechazo tajante de la sociedad civil; algunos de estos momentos, que ya hemos referido en anteriores apartados, han sido: la implementación obligatoria del programa en 1999, el rediseño general del Currículo Nacional Bolivariano en el año 2008, el rediseño del Programa de Instrucción Premilitar como Educación para la Defensa Integral, con la intención de generalizarlo a todos los niveles del sistema educativo nacional en el año 2011, y finalmente la presentación por parte del Ministerio de la Defensa del proyecto de Ley de Educación Militar en el curso del año 2014. En líneas generales, el gran signo de este debate ha sido estar marcado por la alta polarización política que ha resultado inmanente al proceso revolucionario bolivariano. Esta polarización en torno al asunto que venimos tratando estaría marcada por la existencia de dos grandes posturas ante el problema que tiene como rasgo el presentar argumentaciones de carácter cerrado y opuesto. Estas dos lógicas partirían, tal como hemos antes mencionado, la primera, de una lógica de control civil sobre el mundo militar, donde al ámbito castrense tiene una función exclusivamente en el área de defensa de la nación dentro del esquema del Estado, y que, por tanto, separa lo civil de lo militar. La otra, que ha venido a llamarse “militaridad”, es la versión teórica y operativa más acabada de la doctrina de corresponsabi-

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lidad cívico-militar en materias de seguridad y defensa integral de la nación y que tiene como bandera no solo la participación militar en áreas de interés social, normalmente ajenas al ámbito de la defensa nacional, sino también la participación de los civiles en lo relativo a la defensa. En concreto, algunas de las grandes críticas que ha generado la cuestión que venimos tratando desde la línea de los adversarios al proyecto político revolucionario, se refieren a que el programa exalta lo militar y los valores militares; sin embargo, las acusaciones de militarismo que recaen sobre el programa son solamente uno de los tres grandes motivos de rechazo del mismo. En este mismo orden de ideas y muy relativos a los argumentos de militarismo, encontramos el argumento que sostiene que el programa es un instrumento de adoctrinamiento político a través del sistema educativo, y finalmente el argumento que sostiene que su implementación promueve la violencia y no la mediación como forma de resolución de conflictos. El argumento sobre el militarismo 49 ha sido el más transversal al debate desde su inicio en el año 1999, la promoción de valores castrenses se ha visto en elementos como la inclusión en el programa de información sobre los planes de acción cívico militar –Plan Bolívar 2000–, las unidades referentes al tema del militar como líder y sobre todo la inclusión de la enseñanza de algunas destrezas prácticas militares incluidas en el programa, tales como la familiarización con las voces de mando o prácticas de orden cerrado y el conocimiento aún teórico del armamento básico de los diferentes componentes de las fuerzas armadas –ambos contenidos presentes en la unidad cinco de los programas de instrucción premilitar vigente–. Este último aspecto se ha convertido en el eje fundamental del rechazo al programa por parte de diversas organizaciones, tanto de padres y representantes, como de organizaciones no gubernamentales50; la postura se puede sintetizar en frases como 49 La idea de militarismo recogida de la prensa nacional no está tratada con el rigor académico que exige la distinción de los fenómenos de participación militar en política. 50 Podemos mencionar, en este sentido, las siguientes organizaciones: Observatorio Educativo Venezolano, Consejo Consultivo de la Federación

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“Están planteando la militarización de la sociedad, tratando de meter a la milicia en las mentes y los corazones de los niños y jóvenes del país”51 o “Se quiere convertir a los estudiantes en milicianos”52. El segundo argumento identificado gira en torno a las acusaciones de usar el programa como instrumento de adoctrinamiento político de los jóvenes estudiantes de la materia. Desde esta perspectiva, el programa estaría orientado no hacia la defensa nacional, sino hacia la defensa del proyecto político impulsado por la administración revolucionaria; en este sentido, cabe destacar que la idea inherente al uso del sistema educativo como vehículo ideologizante trasciende la polémica sobre la instrucción premilitar e incluye diversas modificaciones en materia educativa adelantadas desde el año 1999; según esta idea “Desde el principio, la intención fue convertir la educación en el aparato ideológico”53. de Sociedades de Padres y Representantes, Memoria Educativa Venezolana, PROVEA, Asociación Civil Vicaría Episcopal de Derechos Humanos de la Arquidiócesis de Caracas, Asociación Civil Red de Apoyo por la Justicia y la Paz, Asociación Civil Control Ciudadano, Cámara de Educación Privada, Asociación Venezolana de Escuelas Católicas, Fundación Arturo Uslar Pietri, Fundación Luz y Vida, CECODAP, A.C. Manos por la Niñez y Adolescencia, EDINAC, Asociación Muchachos de la Calle, Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UCAB, Red de Madres, Padres y Representantes, FENASOPADRES y Asociación Nacional de padres y Representantes. 51 Pedro Pablo Peñaloza, “Milicia formará a niños para la defensa integral del país. Rocío San Miguel denuncia intento de militarizar a la sociedad”, en El Universal.com. Disponible en: http://www.eluniversal. com/2011/03/26/milicia-formara-a-nios-para-la-defensa-integral-delpais.shtml, Caracas, 26 de marzo de 2011. (Consultado en febrero de 2013). 52 “Pregúntale A. Antonio Ecarri, presidente de la Fundación Arturo Uslar Pietri”, en El Universal.com. Disponible en: www.eluniversal.

com/2011/04/06/imp_antonio-ecarri-presidente-de-la-fundacionarturo-uslar-pietri.shtml 1/3, Caracas, 6 de abril de 2011. (Consultado

en febrero de 2013). 53 Lissette Cardona, “Adoctrinamiento”, en El Nacional.com. Disponible en: http://www.el-nacional.com/sociedad/organizacion-padres-maestros-

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El último argumento, sostenido en la idea de que los contenidos del programa resultan promotores de la violencia y van en detrimento de la mediación como forma de resolución de conflicto, se manifiesta, a saber, a partir del año 2008, cuando el mundo educativo nacional se enfrentó a la polémica en torno a la modificación del sistema educativo con la presentación del nuevo Diseño Curricular Bolivariano. En esa oportunidad, especialistas en el tema educativo sostenían: Hay una tendencia militarista y no civilista en la propuesta (...) se privilegian los temas ligados a la seguridad externa e interna y a la formación premilitar. En el área de Ciencias Sociales y Ciudadanía, en vez de formar a los estudiantes en los mecanismos alternativos para la resolución de conflictos, se forman en la pasada militar, orden cerrado, movimiento pie firme, movimiento sobre la marcha 54.

La formulación sería rescatada y ampliada en el año 2011 con motivo de la publicación en Gaceta Oficial de la Resolución N° 017621, contentiva del ya aludido Plan Integral de Educación Militar, ocasión en la cual organizaciones dedicadas a temas inherentes a niños y adolescentes, entre ellos la violencia, sostuvieron que el plan, con su énfasis en contenidos marciales, vendría a acentuar la visible cuestión inherente a la violencia escolar presente en el país55. La respuesta oficial de la administración, por su parte, ha negado en todo momento estas acusaciones, sosteniendo públicamente como línea más visible que el programa realmente se remite a la formación de valores patrios adoctrinamiento-educativo_0_162583880.html, Caracas, 30 de marzo de 2013. (Consultado en septiembre de 2014). 54 Gustavo Méndez, “Currículo bolivariano impone visión militar sobre la civil. En cuarto año, de catorce objetivos de Ciudadanía, diez son castrenses”, en El Universal.com. Disponible en: http://www.eluniversal. com/2008/03/26/pol_art_curriculo-bolivaria_770360.shtml, Caracas, 26 de marzo de 2008. (Consultado en febrero de 2013). 55 “Alertan que milicias pueden agravar violencia escolar”, en El Universal.com. Disponible en: www.eluniversal.com/2011/04/09/imp_alertan-que-milicias-pueden-agravar-violencia-escolar.shtml 1/2, Caracas, 9 de abril de 2011. (Consultado en febrero de 2013).

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y de ciudadanía, haciendo mucho menos énfasis en sus declaraciones –hasta reciente data– en lo inherente a los aspectos de defensa de la nación. Por ejemplo, en 1999 el entonces ministro del despacho de educación Héctor Navarro respondía a las más duras críticas sobre la materia: Asegurando que con ella no se pretendía adoctrinar a los estudiantes ni exaltar a la institución armada. Por el contrario (...) sólo toca temas que ya se abordaban en las cátedras de Formación Moral y Cívica y Ciencias Sociales y, además, algunas destrezas militares cuyo fin es desarrollar la noción de trabajo en equipo, de grupo, liderazgo y acción compartida 56.

Los frentes de movilización que ha utilizado la sociedad civil, aglutinada en organizaciones no gubernamentales, sociedades de padres y representantes y otras organizaciones que hacen vida en el sistema educativo para hacer frente a los intentos de avance del gobierno en el área, han incluido desde presión a la opinión pública a través de los medios de comunicación hasta movilizaciones de calle en casos muy puntuales; estas en conjunto han logrado frenar, tal vez momentáneamente, las intenciones gubernamentales de intervenir el aparato educativo. Las movilizaciones de calle más notables en torno a modificaciones políticas a los programas educativos se produjeron en el año 2008, luego del anuncio de la implementación piloto en algunos Estados del país del Nuevo Currículo Bolivariano. Las manifestaciones en estados como Anzoátegui y Zulia57 obligaron a moderar la postura del Ministro de Educación y al presidente

56 Sandra Caula, “Instrucción Antimilitar”, en El Universal.com. Disponible en: http://www.eluniversal.com/2000/08/19/opi_art_OPI10.shtml, Caracas, 19 de agosto de 2000. (Consultado en febrero del año 2013). 57 Miriam Rivero y Mónica Castro, “Protestas obligan suspensión del currículo en Anzoátegui y Zulia”, en El Universal.com. Disponible en: http://www.eluniversal.com/2008/04/22/pol_art_protestas-obligansu_829247, Caracas, 22 de abril de 2008. (Consultado en febrero de 2013).

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Chávez a proponer un referéndum popular para la aprobación del nuevo currículo58. Otro momento cumbre de retroceso de las intenciones gubernamentales lo constituyó la publicación de la Resolución 017621 del despacho de defensa en la Gaceta Oficial N° 39.641, la cual contenía el diseño del Programa de Educación para la Defensa Integral, presumiblemente como sustituto y fase superior del Programa de Instrucción Premilitar; este nuevo programa recibió una avalancha de críticas en relación con el alcance de la medida –el mismo proponía la “Educación para la Defensa como eje integrador del Sistema Educativo Nacional”–, así como con el hecho de que el despacho de defensa hubiese actuado en solitario en un tema educativo, lo que nuevamente hizo retroceder al gobierno. Esta vez el retroceso fue a través de unas absurdas declaraciones en las que el ministro de defensa Carlos Mata Figueroa, aseguraba que la publicación de la Gaceta Oficial era apenas un documento interno de la institución y que se encontraba en fase de diseño: La Fuerza Armada Nacional Bolivariana ejecutará lo que diga el Ministerio de Educación (...) Eso está en la comisión. Todo este plan está Sometido a revisión y estudio, pero este documento es nuestro (...) Eso está basado en Nuestra legislación, se está revisando todavía y es un documento interno59.

Esta no sería, sin embargo, la última vez que escucharíamos un proyecto tal, pues en mayo de 2014, un proyecto de ley de educación militar fue introducido por el despacho de defensa para

58 Fidel Eduardo Orozco, “Chávez propone que currículo se someta a referendo en 2009”, en El Universal.com. Disponible en: http://www. eluniversal.com/2008/04/04/pol_art_chavez-propone-que-c_790138, Caracas, 04 de abril de 2008. (Consultado en febrero de 2013). 59 “Las milicias no tienen armas, las tenemos nosotros. ENTREVISTA// General en Jefe, Carlos Mata Figueroa, ministro de la Defensa”, en El Universal.com. Disponible en: www.eluniversal.com/2011/04/10/imp_ las-milicias-no-tienen-armas-las-tenemos-nosotros.shtml 1/4, Caracas, 10 de abril de 2011. (Consultado en febrero de 2013).

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ser discutido y aprobado en la Asamblea Nacional60, de donde se deduce que la intención de formar a los ciudadanos comunes masivamente en asuntos de defensa, usando para ello el aparato educativo, no ha cesado, sino que estaba en reposo y nuevos episodios se esperan.

7. Conclusiones La “Revolución Bolivariana” al mando del teniente coronel (r) (†) Hugo Chávez implicó un cambio en los esquemas de relaciones civiles y militares que fue considerado un peligro en inicio de orden pretoriano, dada la masiva participación de militares en los espacios civiles de la política nacional. La implementación obligatoria del programa de instrucción premilitar a partir del año de 1999 y los sucesivos intentos de rediseño del mismo, se inscriben en el marco general del desarrollo de políticas para dar concreción a la nueva Doctrina de Seguridad y Defensa Nacional; una doctrina basada en las ideas de unión y corresponsabilidad cívico-militar en los temas de seguridad y defensa nacional, así como en la idea de guerra de cuarta generación o guerra asimétrica, un concepto que implica la participación de la población civil en la defensa nacional en casos presumibles de invasión extranjera “imperialista”; y contiene la pulsión de tipo militarista de hacer a hombres civiles responsables de la defensa nacional redistribuyendo la función militar de forma ubicua. La implementación del programa a través del sistema educativo sería la política de mayor fortaleza para concretar la corresponsabilidad cívico-militar en defensa –en comparación con la conformación de cuerpos de milicias–, dado que buscaría promover entre la población civil valores propios del mundo militar, fundamentalmente centrados en la idea de la obediencia

60 A. M. Nuñez, “Proyecto de ley de educación militar. Enseñarán a escolares a combatir la Guerra Asimétrica”, en Quinto Día, Caracas, del 22 al 29 de agosto de 2014, p. 8.

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debida a las cadenas de mando61. El corolario de este fortalecimiento en valores militares redundaría inevitablemente en el debilitamiento de los valores civiles y, por consiguiente, de la sociedad civil, cuyo valor fundamental en términos de ciudadanía sería la exigencia de derechos. Dado que ambos mundos no pueden coexistir armónicamente, la amenaza más grande que se cierne sobre la sociedad venezolana con la implementación del programa de instrucción premilitar es el nacimiento de un servil “hombre nuevo”.

61 Para la revisión de la idea en relación con los valores y principios que caracterizan al mundo militar, ver Luis Alberto Buttó, “Gobiernos militares y Democracia: el maridaje imposible”, en Domingo Irwin, Hernán Castillo y Frédérique Lange (coordinadores), Pretorianismo venezolano del siglo XXI. Ensayos sobre las relaciones civiles y militares venezolanas, Caracas: UCAB, 2007, pp. 173-259.

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MUNDO NUEVO. Caracas, Venezuela Año VI. N° 15. 2014, pp. 153-182

Alejandro Gámez Morales Consejo Venezolano de Relaciones Internacionales  [email protected]

VENEZUELA SIGLO XXI: LA DEMOCRACIA ACUARTELADA

Resumen: En el presente artículo se estudian el pretorianismo y el militarismo y se comparan para determinar cuál se aplica mejor a la realidad venezolana contemporánea. También se analizan diferentes modelos de democracia y las amenazas que sobre ella se ciernen en los albores del siglo XXI. El pretorianismo se identifica como la ideología justificadora de la participación de la fuerza armada en la política nacional. Finalmente, se analiza la transición desde un gobierno militar a una democracia dirigida por civiles. Palabras clave: democracia, Venezuela, pretorianismo, militarismo, transición. Venezuela in the XXI century: the quartered democracy Abstract: Praetorianism and militarism are studied and compared in this article to determine which one describes the Venezuelan current situation. Different models of democracy, as well as threats to democracy at the dawn of the XXI century, are also analyzed. Praetorianism is identified as the ideology justifying the participation of the Armed Forces in Venezuelan politics. Lastly, the transition from a military government to a democracy handled by civilians is also analyzed in the article. Keywords: Democracy, Venezuela, Praetorianism, Militarism, Transition.

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El texto no admite pre-texto. Carlos Fuentes. L a voluntad y la fortuna

1. Introducción El título del presente artículo no alude a lo que Harold Lasswell denominó como Estado Guarnición o Estado Cuartel –expresión de militarismo–. El acuartelamiento al que alude el título trata de identificar o desarrollar la idea de que la democracia no solo puede ser amenazada por una conducta del sector militar tendiente al militarismo, sino que también el pretorianismo puede debilitar el sistema democrático de una sociedad determinada. En el ensayo se habla de democracia sana. Definimos de esa manera a la democracia que independientemente del calificativo que se le coloque (participativa, representativa, integral, etc.) respeta los elementos definitorios de este sistema de gobierno: separación de poderes, alternancia en el poder, libertad de expresión, elecciones limpias, rendición de cuentas. Identificamos algunas de las amenazas que se ciernen sobre el sistema democrático venezolano y las raíces ideológicas de este proceso. Catalogamos el pretorianismo como la ideología que mueve a la fuerza armada venezolana, y se hace una diferenciación entre los conceptos de pretorianismo y militarismo. Las señales de que un sistema político está siendo acuartelado y las justificaciones del sector armado para entrar a la arena política también son objeto de estudio. Paralelo a ello, se señalan los posibles pasos para la transición de una democracia acuartelada a una democracia real y cómo hacer que los militares venezolanos vuelvan a sus cuarteles con el menor trauma posible para la sociedad. El poeta Fernando Paz Castillo en su poema El camino escribía: “¡Ah!, si el camino se atreviera a saltar/ sobre el barranco, / en la punta de enfrente le nacería otro pueblo”. Este poema 154

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es pertinente para preguntarse si la sociedad venezolana está dispuesta a dar los pasos necesarios para ejercer un verdadero control sobre el estamento militar y colocar al pretorianismo como un recuerdo del pasado. 1.1. La democracia acuartelada: en busca de los orígenes

Con el fin de la Guerra Fría y durante los “felices noventas” –para utilizar el título de uno de los libros de Joseph Stiglitz– se proclamó el triunfo de Occidente y del liberalismo como forma de organización social, política y económica. El siglo XXI y los hechos en él acontecidos muestran que los fuegos artificiales y lo que estos discursos trajeron consigo fueron, en el mejor de los casos, los buenos deseos de unos cuantos y el discurso ideológico u optimista de otros tantos. En este contexto, Samuel Huntington nos habló de una nueva ola democratizadora. Miguel Ángel Martínez Meucci sostiene que: El fin de la guerra fría repercutió en América Latina de forma tan importante como en el resto del mundo. La ola de democratización y liberalización de los años 90 se saldó con la casi desaparición de las dictaduras militares y los movimientos subversivos1.

Si bien no se puede negar que los efectos señalados por Martínez Meucci son reales, las nuevas circunstancias políticas se encontraron con débiles instituciones que no respondieron a las expectativas generadas en la población, lo que dejó las puertas abiertas, en primer caso, a la anti-política, que trajo como efecto en la región –y particularmente en Venezuela– la llegada al poder por vías democráticas de movimientos que no creen en ella y la utilizan para crear sistemas formalmente democráticos negadores de la misma.

1

Miguel A. Martínez Meucci, “Liberalismo y democracia en la América Latina de hoy. Visiones en conflicto”, en Memoria de la I° semana Latinoamericana y caribeña en la Simón, 18 al 24 de octubre de 2010, Caracas, Instituto de Altos Estudios de América Latina, Universidad Simón Bolívar, 2010, p. 96.

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Cae el muro de Berlín y la Unión Soviética llega a su fin, nuevas naciones se unen a la nómina de países que proclaman la democracia como forma de gobierno, incluso las que formalmente nunca se consideraron dictaduras. La visión socialista de organización social y buena parte de la izquierda política que sustentaba la primera sufren un fuerte descalabro y se desprestigian; consecuencia de ello, se retiran a los centros de pensamiento para de esta manera tratar de replantearse. Con la llegada del nuevo milenio se observa una mutación en las amenazas al sistema democrático; con ello, nuevas formas de negación de la misma han nacido. Este fenómeno político proclama su apego a las fórmulas democráticas y de ellas se vale para darse el necesario baño de legitimidad producto de los procesos electorales. Al respecto, Luis Alberto Buttó escribe: Los clásicos gobiernos autoritarios de represión dura han pasado a segundo plano y se han entronizado regímenes autoritarios nacidos en y bajo la formalidad de la democracia, duchos en apelar a métodos sofisticados, sutiles, casi imperceptibles (...) los gobiernos autoritarios de factura reciente conculcan la expresión política de sus pueblos. (...) Es posible, en consecuencia, que sistemas donde se permite legalmente la participación de varios partidos, y donde estos concurren, con o sin reservas, a asiduos comicios electorales, el cáncer del autoritarismo se manifieste de manera embrionaria, y, posiblemente avance hasta causar metástasis en la democracia2.

Por su parte, Domingo Irwin nos dice: Una amenaza que me temo puede manifestarse en nuestros lares es una novedosa versión de pretorianismo sin antecedentes efectivamente conocidos, más allá de meras aproximaciones al fenómeno específico en cuestión. La ascensión al 2

Luis Alberto Buttó, “Autoritarismo y democracia: la combinación posmoderna”, en Luis Alberto Buttó, Domingo Irwin y Frédérique Langue, Control civil y pretorianismo en Venezuela, Caracas: Publicaciones UCAB, 2006, p. 60 y 78.

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poder es democrática en origen, con algún antecedente público y notorio que permite al pretendido líder captar la atención de la sociedad en su conjunto. El carácter democrático de origen debe ser incuestionable, pero no lo será en su desempeño, o mejor dicho, lo es cada vez menos en la medida en que se permanece en el ejercicio del poder político. La dirección de estas novedosas versiones potencialmente autoritarias o totalitarias de gobiernos pretorianos en el inicio del siglo XXI, se desarrollarán bajo un liderazgo mesiánico con pretendido ropaje socializante y paternalista que esconde formas potenciales de militarismo, como nunca antes se había manifestado en esta parte del hemisferio occidental3.

A partir de lo arriba escrito vale la pena preguntarse: ¿Cómo puede una sociedad enfrentar estas novedosas amenazas? ¿Cómo fortalecer las instituciones de cara a los “autoritarismos posmodernos”? ¿Qué señales pueden servir de alerta a una sociedad de cara a este nuevo autoritarismo que se configura en el horizonte? ¿Cómo realizar un proceso de transición desde estos nuevos autoritarismos a democracias efectivamente sanas? Irwin nos habla de “novedosas versiones de pretorianismo”. En Venezuela el sector militar juega un papel fundamental en la negación de la democracia desde la misma democracia. El sector castrense desde 1999 ha tomado el poder político y ha evolucionado desde un discurso que se podría calificar como de centro-izquierda a discursos que proclaman el socialismo y la “guerra” contra el capitalismo como los faros que deben guiar a la sociedad venezolana; el sector militar venezolano siempre se vió –y se ve– a sí mismo como los agentes más capacitados para llevar a Venezuela a nuevos estadios de desarrollo. Al leer o escuchar los discursos pronunciados por el alto mando militar, previo al periodo 2002-2003, el tema ideológico –me refiero a la toma de partido por determinada preferencia política– estaba 3

Domingo Irwin, “Comentarios de Domingo Irwin a la ponencia del Dr. Herbert Koeneke: sobre izquierdismos y pretorianismos”, en Memoria de la I° semana Latinoamericana y Caribeña en la Simón, 18 al 24 de octubre de 2010, Caracas: Instituto de Altos Estudios de América Latina, Universidad Simón Bolívar, 2010, p. 48-49.

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bastante diluido, si no ausente. El sector castrense se veía a sí mismo alejado de las luchas ideológicas de los diferentes partidos políticos que hacían vida en Venezuela; es más, veía estas luchas partidistas como un freno al tan anhelado desarrollo. La toma de partido, pública y notoria, por parte de los militares y el cambio de rol que los civiles militaristas o pretorianos creen que estos deben jugar es uno de los signos distintivos de la Revolución Bolivariana. Con respecto a los civiles militaristas o pretorianos, Alfredo Peña en 1978 realizaba una entrevista a José Vicente Rangel quien manifestaba al entrevistador lo siguiente acerca de las entonces denominadas fuerzas armadas nacionales: No queremos unas fuerzas armadas socialistas, ni social demócratas ni copeyanas, sino institucionales en el sentido real del término, no en abstracto. Profesionales al servicio del país, de la constitución, respetuosos del orden democrático, pero que participen en el proceso político, económico y social4.

Se intuye un cambio de visión en ambos sectores del papel de la fuerza armada, ya que el sector civil militarista-pretoriano hoy apoya que la institución armada se denomine como “socialista”. Lo llamativo del caso es que, mientras una parte del sector civil alienta y desea la participación del sector militar en ámbitos que le son privativos a los civiles, los militares ven con reservas que ocurra el caso inverso. En una serie de artículos publicados en el diario Notitarde y luego recogidos en el libro titulado “El ejército y la democracia”, Amado Cornielles sostiene: Se nota un dañoso y marcado pensamiento en la élite administrativa proclive a seguir aumentando el número de funcionarios civiles en la institución armada (...) nos inclinamos a pensar que sería provechoso para la suerte de la patria (...) seguir el ejemplo de países austeros que (...) aprovechan la juventud prometedora de sus soldados para orientarlos hacia

4

Alfredo Peña, Conversaciones con José Vicente Rangel, Caracas: Editorial Ateneo, 1978, p. 130.

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el desempeño de funciones que hoy cumple en Venezuela el personal civil en el seno de la fuerza armada 5.

En el gobierno denominado bolivariano la nueva élite militar ha desplazado progresivamente a los civiles en puestos claves de la administración del Estado. Sobre el particular, Giussepe de Corso escribe: El pensamiento político-militar detrás del actual modelo económico, parece favorecer la participación directa a través de los cuadros superiores de la fuerza armada (...) en el desarrollo económico y social nacional, por lo tanto, la fuerza armada no solo debe dedicarse, según este planteamiento, a las labores de seguridad y defensa, sino también colaborar directamente en la organización productiva nacional, y servir como cantera de recursos humanos, para ocupar los vértices de la burocracia estatal. Siguiendo esta lógica, puede entenderse, el deseo del ejecutivo nacional de ver a la fuerza armada como un actor fundamental en la realización de proyectos productivos (...) los militares se han convertido en el segmento hegemónico de la tecno-burocracia6.

Por lo tanto, al menos en Venezuela, el control civil sobre la fuerza armada no se ha alcanzado, vivimos actualmente en estas tierras un pretorianismo de tipo gobernante. Cabe destacar, por cierto, que los militares no violan la vigente Carta Magna al actuar de esta manera, pues el artículo 328 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela ordena una “participación activa en el desarrollo nacional”; dicho sea, además, que es la primera Constitución que lo hace, legalizando de esta manera el pretorianismo, bien de tipo árbitro o como señalamos arriba, de tipo gobernante. 5

Amado Cornielles, El ejército y la democracia, Caracas: sin editorial, 1999, p. 61-62.

6

Giusseppe de Corzo, “El modelo económico-militar en el siglo 20: la experiencia de la década 1948-1958, el modelo de la quinta República y la perspectiva histórica”, en Hernán Castillo, Manuel Denìs Ríos y Domingo Irwin (compiladores), Militares y civiles. Balance y perspectiva de las relaciones civiles y militares venezolanas en la segunda mitad del siglo XX, Caracas: Publicaciones UCAB, 2001, p. 153-154.

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1.2. El pretorianismo como ideología

La ideología nunca se muestra como tal, siempre se intenta enmascarar; en este sentido, podríamos seguir a Althusser cuando afirma que ella –la ideología– trae en sí la negación de ser una construcción ideológica. Se argumenta en el presente apartado que más allá del proclamado socialismo, punta de lanza de la actual élite en el poder y a la cual la fuerza armada dice apoyar, el tema de fondo está en que este apoyo es solo un mascarón de proa con el cual justificar el hecho de que es el pretorianismo la ideología de fondo. Para ello comenzaremos definiendo qué es la ideología, para luego caracterizar el pretorianismo y diferenciarlo del militarismo y por último tratar de identificar esta ideología pretoriana presente en los militares de Venezuela. Teun Van Dijk nos dice que: Las ideologías expresan u ocultan nuestra posición social o política, nuestras perspectivas o nuestros intereses (...) las ideologías se pueden definir (...) como la bases de las representaciones sociales compartidas por los miembros de un grupo. Esto significa que las ideologías les permiten a las personas, como miembros de un grupo, organizar la multitud de creencias sociales acerca de lo que sucede, bueno o malo, correcto o incorrecto, según ellos, y actuar en consecuencia7.

Ernesto Laclau por su parte se pregunta ¿cómo una medida de gobierno puede llegar a transformarse en ideológica? La posibilidad de constituir a la comunidad como un todo coherente (...) este es el efecto ideológico strictu sensu: la creencia en que hay un ordenamiento social particular que aportará el cierre y la transparencia de la comunidad8.

Con cierre Laclau se refiere a algo en donde el conjunto de sus efectos puede ser determinado sin necesidad de ir más allá del sentido originario, y es transparente cuando las dimensiones

7

Teun A. Van Dijk, Ideología, Barcelona: Gedisa, 1998, p. 14.

8

Ernesto Laclau, Misticismo, retórica y política, México: Fondo de Cultura Económica, 2006, p. 21.

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internas están entre sí en una relación de estricta solidaridad. Kenneth Minogue define ideología de esta manera: La ideología es la propensión a construir explicaciones estructurales del mundo (...) y es de este modo una especie de libre juego creativo del intelecto explorando el mundo. (...) Los politólogos usan la palabra para describir algunos de los cuerpos más evolucionados de doctrina política, en la cual la teoría está combinada con un proyecto de acción política (...) la usaré [el autor] más restringidamente, para denotar cualquier doctrina que presenta la verdad escondida y salvadora sobre los males del mundo bajo la forma de análisis social. Un rasgo característico de todas las teorías semejantes es incorporar una teoría general de los errores de todas las demás9.

Juan Carlos Pérez Toribio cree encontrar las raíces ideológicas del proceso político que vive Venezuela en la actualidad en los planteamientos de Antonio Gramsci: En Gramsci, supuesto inspirador ideológico del actual proceso político venezolano, encontramos varios tópicos que nos recuerdan en cierta forma lo que está sucediendo en alguno de nuestros países como, por ejemplo, la pareja dialéctica construcción-destrucción, como algo esencial a la revolución, la adopción en política de la guerra de posiciones; la crítica al economicismo y espontaneísmo; (...) el ataque al sindicalismo burocrático; la unión obrera-campesina; la adecuación de los medios políticos a la situación histórica; la búsqueda de la hegemonía de cierta clase en el contexto supra estructural, ideológico y cultural; la relación entre los consejos obreros y el partido de vanguardia; el enfoque antiimperialista, y hasta la propuesta de la asamblea constituyente10.

9

Kenneth Minogue, La teoría pura de la ideología, Buenos Aires: Grupo Editor Latinoamericano, 1988, p. 12-14.

10 Juan Carlos Pérez Toribio, La revolución entre líneas. Ensayos sobre ideología, verdad y lenguaje, Berlín: Editorial Académica Española, 2011, p. 12.

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Para Gonzalo Barrios Ferrer el proyecto ideológico del Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 –germen de lo que hoy día se cataloga como chavismo– es un intento por detener el tiempo y volver al “Edén” perdido, mitificando el pasado para justificar su propuesta política ante el país: No se trata de asumir ya críticamente el presente y el proceso histórico que lo ha condicionado, con el fin de proponer ideas nuevas que sirvan a diseños futuros y originales, sino más bien de regresar al pasado, a un pasado deformado por el mito, que en todo caso contiene los elementos inmutables, las verdades que inspiran la acción en todo tiempo y lugar (...) Se propone una redefinición del rol de las fuerzas armadas en el sistema político. Ello implica la realización de una misión que se considera histórica y que persigue la recuperación de una identidad perdida11.

Si se analiza el pretorianismo a la luz de las definiciones de ideología arriba señaladas, podremos ver que dicho fenómeno sustentador de la revolución bolivariana encuentra en la población venezolana un componente que comparte determinada explicación del mundo y organiza de esta forma su visión de lo que sucede en el país. Por ejemplo, la situación económica no es producto de una mala gestión de la materia, sino que es el “imperio” representado por Estados Unidos y sus aliados, tanto internos como externos, los que hacen una “guerra económica” al país (Van Dijk). Si usamos a Laclau, tenemos que se busca homogenizar al máximo a la sociedad venezolana, esto queda plasmado en el Plan de la Patria 2013-2019 que es Ley de la República al ser publicado en la Gaceta Oficial Extraordinaria 6.118 del 5 de diciembre de 2013. Dice este plan en uno de sus apartados así: Avanzar hacia el socialismo (...) pasa por pulverizar completamente la forma de Estado burgués que heredamos (...) darle

11 Gonzalo Barrios Ferrer, “Las referencias ideológicas del movimiento bolivariano revolucionario-200 y la crisis venezolana”, en Mundo Nuevo, núm. 1-2, Caracas: 1996, p. 35, 45.

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continuidad a la invención de nuevas formas de gestión pública12.

Para ellos todo se explica en que la llamada “Cuarta República” fue un periodo de ignominia y oscurantismo ante el cual un grupo de jóvenes oficiales irrumpen para devolver el honor patrio –dando así el cierre del que habla Laclau– y la fuerza armada se presenta como un bloque sólido en defensa del socialismo bolivariano, demostrando así espíritu de cuerpo –de esta manera se ve la transparencia que define este autor–. Se observa un plan de acción política (Plan de la Patria 2013-2019) que va unido a una explicación del mundo que busca salvar a la sociedad venezolana, y no solamente llevarla a nuevos niveles de desarrollo, sino que también se le quiere dar la mayor dosis de felicidad. Por medio de esto quedaría explicada la definición ideológica que nos da Minogue. Queda claro que el pretorianismo es una ideología, ¿pero es algo nuevo o ya se ha presentado en la sociedad venezolana con anterioridad? La respuesta es que se ha presentado en el pasado, persisten los discursos ideológicos de fondo, cambian los justificantes, ayer la lucha contra el comunismo y una ideología de centro derecha, hoy la lucha contra el imperialismo y su brazo ejecutor el capitalismo y una ideología socialista. Para demostrar lo anterior haremos una comparación entre el gobierno de Marcos Pérez Jiménez y el proceso cívico-militar presente desde 1999. Ocarina Catillo D’Imperio recoge un discurso del expresidente Marcos Pérez Jiménez pronunciado el 2 de diciembre de 1952: Nosotros solo entendemos por democracia un sistema que mediante realizaciones prácticas logre (...) mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad social y mayor suma de estabilidad política. (...) Las obras encaminadas a la transformación racional del medio físico y el mejoramiento

12 Plan de la Patria 2013-2019, Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela Nº 6.118 (extraordinaria), 5 de diciembre de 2013.

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integral de los habitantes del país, son nuestra expresión de este concepto de democracia13.

Si para el Nuevo Ideal Nacional la democracia se expresaba en concreto armado, para los oficiales que invaden el desenvolvimiento democrático por medio de dos intentos de golpe militar en 1992 la democracia, que debe ser “bolivariana”, se define de esta forma: Cuando enfocamos los 34 años de la llamada democracia venezolana (...) ha sido un proceso terrible de degradación nacional. Ha sido un cáncer indetenible, generalizado en todos los órganos del cuerpo de la República. Estamos muy lejos de un Estado democrático y mucho más aún de una sociedad democrática (...) el pueblo venezolano sigue, a pesar de todo, su marcha, nadie podrá detenerlo. Deberá, por lo tanto, generar en sus entrañas nuevas instituciones, nuevos hombres que la guíen hacia su destino histórico. Hombres e instituciones que sientan las mismas palpitaciones del pueblo al cual se deben, enmarcados en el sistema de interacción auténticamente democrático. En un estadio sociopolítico futuro al que nosotros llamamos democracia bolivariana, sistema de gobierno que debe producir la mayor suma de felicidad, mayor suma de seguridad social y mayor suma de estabilidad política14.

Como se ve, ambos discursos son parecidos, encarnan el deseo de desarrollo nacional por medio de la tutela del ejército y es sintomático que ambos textos recurran a la cita de Bolívar y se abroguen que son ellos quienes conocen el camino correcto para hacer realidad esta frase. Pérez Jiménez llevaba a cabo políticas de centro-derecha bajo un esquema de capitalismo de Estado; lo mismo ocurre hoy, existe el capitalismo de Estado pero ahora bajo directrices socialistas. Resumiendo, se trata de discursos que en esencia son muy parecidos, lo que hace intuir que el pretorianismo como ideología recurre al capitalismo de Estado para llevar a cabo sus planes y políticas, siendo la defi13 Ocarina Castillo D`Imperio, “Construcciones, modernización, eficacia y permanencia”, en El desafío de la historia, núm. 16, Caracas: año 3, p. 34. 14 Gonzalo Barrios Ferrer, op. cit., p. 49.

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nición ideológica, expresa o no (derecha, socialismo, etc.), solo una manera de justificación de cara a la población. Fernando Mires reflexiona de la siguiente manera acerca de los procesos revolucionarios: Muchas veces el verdadero sentido y carácter de una revolución solo se conoce después de que esta ha finalizado. La gran revolución campesina que comenzó a ocurrir bajo la égida de Mao Tse-Tung en China, para poner un ejemplo, no estaba “destinada” a construir el socialismo, como imaginaron sus planificadores, sino que –ahora lo sabemos– a preparar las condiciones para la entrada de esa gran nación en el espacio capitalista mundial. El socialismo fue, en ese sentido, la ideología de la revolución capitalista china15.

Siguiendo esta línea de pensamiento, se puede argumentar que el socialismo esgrimido por la revolución bolivariana solo preparó el terreno para que los militares entraran a participar en la política. Ayer tuvimos un pretorianismo de centro derecha, hoy uno de izquierda socialista ...¿Mañana tendremos un pretorianismo liberal? 1.3. Pretorianos y militaristas

Se tiende a confundir, con o sin intención, los términos pretorianismo y militarismo, siendo esos dos conceptos dos eslabones diferentes de la intervención militar en política. El pretorianismo se define como: “la influencia de carácter abusivo y política que ejerce el sector militar de una sociedad dada”16. A su vez, el militarismo, tomando la definición que del término hace L. Radway en el Diccionario de Ciencias Sociales citado por Irwin: es la doctrina o sistema que valora positivamente la guerra y le atribuye a las fuerzas armadas primacía en el Estado y la 15 Fernando Mires, Democracia o barbarie, Caracas: Los libros de El Nacional, 2009, p. 114. 16 Domindo Irwin e Ingrid Micett, Caudillos, militares y poder. Una historia del pretorianismo en Venezuela, Caracas: Publicaciones UCAB, 2008, p. 10.

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sociedad. Exalta una función –la aplicación de la violencia– y una estructura institucional: la organización militar. Implica a su vez, una orientación política y una relación de poder (...) en (...) una sociedad plenamente militarizada (...) las fuerzas armadas determinan unilateralmente el carácter de las instituciones básicas, la forma de gobierno, los deberes y derechos de los ciudadanos, y la parte de los recursos nacionales asignados a funciones militares17.

Como se puede observar, mientras en el pretorianismo hay una influencia cierta visible o no de lo militar en la vida política, en el militarismo, por el contrario, es este sector el que determina, sin participación o con una participación simbólica de los civiles, el rumbo que debe seguir un país en todos los aspectos. Germán Carrera Damas nos habla de dos corrientes ideológicas tradicionales presentes en Venezuela: Una corriente ideológica es el bolivarianismo. Está basado en el culto a Bolívar que es el eje del culto heroico creado por la historiografía patria (...) la otra corriente ideológica es el militarismo primitivo, patriotero y exclusivista, representado por el general Juan Vicente Gómez Chacón hasta las del “militarismo académico” representado inicialmente por el general Marcos Pérez Jiménez (...) el bolivarianismo militarismo actual es un burdo disfraz ideológico tras el cual se esconde la fusión de los retardatarios del militarismo primitivo y los sobrevivientes del socialismo autocrático18.

Sin embargo, no nos parece que sea el militarismo el concepto que defina mejor el papel que juega el ejército en Venezuela. El bolivarianismo, en todo caso, sí es uno de los ejes ideológicos conjuntamente con la prédica socialista del vigente pretorianismo venezolano. Se afirma que no se puede catalogar lo que vive Venezuela como militarismo porque:

17 Domingo Irwin, “Reflexiones sobre el control civil (teoría y acción)”, en Luis Alberto Buttó, Domingo Irwin y Frédérique Langue, Control civil y pretorianismo en Venezuela, Caracas: Publicaciones UCAB, 2006, p. 20. 18 Germán Carreras Damas, El bolivarianismo militarismo. Una ideología de reemplazo, Caracas: Ala de Cuervo, 2005, p. 122, 123 y 125.

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El aspecto fundamental del militarismo: dominio total de todos los órdenes y condiciones sociales por lo castrense; lo militar invade como por una suerte de metástasis todo el tejido social subordinándolo a sus intereses. Tal no es el caso del intervencionismo militar latinoamericano o en Venezuela durante los siglos XIX y XX (...) en términos estrictamente teóricos, el militarismo sería el nivel más elevado de la influencia política abusiva del sector militar en una sociedad dada19.

Para reforzar lo arriba señalado es necesario citar al vicealmirante en situación de retiro Rafael Huizi Clavier quien, haciendo un recuento histórico de la institución armada, escribe: Tomo, pues, el año 1911 como el punto de partida de la institucionalización de las fuerzas armadas y como la primera de las series de generaciones militares que defino como protagonistas del siglo XX militar venezolano (...) las academias militares fueron creando un conjunto de valores en los oficiales, en los cuales resaltan de manera particular el orgullo de sentirse profesionales de las armas, la convicción de que los militares tienen que jugar un papel tutelar en la sociedad, su sentido de grupo (...) los acontecimientos de 1945-1947 ampliaron la ya marcada separación existente entre el estamento militar y la sociedad civil, producto de la dictadura gomecista (...) el proceso de los años sesenta se basó en una organización militar institucionalizada, empeñada al proceso de desarrollo nacional (...) la lucha contra la subversión permitió a los militares demostrar su capacidad profesional para garantizar la estabilidad del régimen democrático (...) pertenezco a la generación de oficiales que egresaron de las aulas militares en la década de los años sesenta. Constituimos la generación históricamente conocida también como los pretorianos, entendida su misión, en la esencia del vocablo, como guardianes del desarrollo democrático e institucional de Venezuela20. 19 Domingo Irwin, op. cit., p. 21-22. 20 Rafael Huizi Clavier, “La conciencia histórica del rol político jugado por la institución armada”, en Hernán Castillo, Manuel Denìs Ríos y Domingo Irwin (compiladores), Militares y civiles. Balance y perspectiva de las relaciones civiles y militares venezolanas en la segunda mitad del siglo XX, Caracas: Publicaciones UCAB, 2001, p. 132, 135, 137 y 139.

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Con lo afirmado arriba por un oficial de alto rango ya retirado, queda en evidencia que los miembros de la fuerza armada se ven como pretorianos, ya que conciben la participación de los militares en todos los aspectos de la vida nacional –el punto está en la intensidad de dicha participación–, echando por piso así las pretendidas calificaciones de militarismo presentes a lo largo de la historia patria. Para entender esto es clave el periodo 1945-1948, momento en el cual los militares se ven obligados a compartir el poder con los civiles. La lucha armada de los años sesenta presenta ciertamente una fuerza armada institucionalizada y bajo los designios del poder civil. Ante la amenaza armada y en el contexto de la lucha contra el comunismo, se crean intereses coincidentes entre civiles y militares para mantener el entonces naciente sistema democrático, lo que luego, y a través del sistema de conciliación de élites, este sector capitalizará a la hora de exigir mejoras materiales y de equipamiento; sistema de conciliación que al llegar la crisis económica de los años ochenta no puede satisfacer las peticiones de los diferentes actores que forman parte del mismo, y el militar es uno más de ellos. Cabe señalar que el militarismo supone el desmontaje efectivo de los instrumentos democráticos y como hemos visto, los autoritarismos del siglo XXI necesitan de dichas herramientas, así que no vemos en el actual proceso político venezolano evidencia del mismo. Buscando caracterizar el pretorianismo venezolano y las justificaciones que esgrime a la hora de participar en política nos guiaremos por las cinco características que al respecto señala Luis Alberto Buttó21, a saber: 1.

El proceso clave de la fuerza armada: si el principal papel de la fuerza armada es mantener la seguridad externa e interna, ahora se le añade un rol principal en el desarrollo nacional. Aníbal Romero escribe:

21 Luis Alberto Buttó, “Pretorianismo y nuevo profesionalismo militar”, en Luis Alberto Buttó, Domingo Irwin y Frédérique Langue, Control civil y pretorianismo en Venezuela, Caracas: Publicaciones UCAB, 2006, p. 109-111.

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Es probable que Chávez [ahora Nicolás Maduro] sienta que él representa el cambio (...) la gente no desea que Chávez invente nada nuevo; la gente lo que desea es que Chávez haga funcionar de nuevo el sistema populista de manera eficaz22.

Lo señalado por Romero viene a explicar por qué el apoyo importante que hoy, luego de 14 años en el ejercicio del poder, detenta la élite gobernante. Gran parte de la población ve en las ideas esgrimidas guías de acción que complementan con lo que creen son sus aportes, lo que Laclau llamó un significante vacío, en donde todos pueden aportar de cierta manera algo en pos de alcanzar los objetivos revolucionarios. 2. El espíritu y contenido de la educación militar: se educa al militar venezolano bajo la premisa de que es él el heredero de la obra de Simón Bolívar; por ende, son ellos los llamados a interpretar en última instancia el pensamiento y la doctrina del personaje. Este apartado es importante porque es mediante la educación impartida en las diferentes academias militares que se vuelve pretoriano al entonces cadete. El no controlar la educación castrense fue uno de los errores señalados por el expresidente Carlos Andrés Pérez: Creíamos que la educación militar iba por los caminos democráticos porque supervisábamos desde afuera la academia militar y no desde adentro. Aunque ingresaron algunos profesores democráticos, la estructura de la educación militar siguió siendo la tradicional, de formar militares para su propio servicio y no para el servicio del país. La educación militar no respondió a los objetivos de la democracia a pesar de todos los esfuerzos23.

Todo deseo de construcción de un efectivo control civil sobre los militares pasa porque sean los civiles quienes controlen los aspectos medulares de la formación de los contenidos impartidos a los jóvenes cadetes. 22 Aníbal Romero, Decadencia y crisis de la democracia. ¿A dónde va la democracia venezolana?, Caracas: Editorial PANAPO, 1999, p. 155. 23 Roberto Giusti y Ramón Hernández, Carlos Andrés Pérez: memorias proscritas, Caracas: Los libros de El Nacional, 2006, p. 418.

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3.

La constante histórica: los miembros de la fuerza armada se ven como los legítimos herederos del ejército libertador, cuando no existe un hilo de continuidad entre ambos. El actual ejército se conforma bajo la presidencia de Cipriano Castro y se consolida con el gobierno de Juan Vicente Gómez.

4. Conciencia social de la oficialidad: hay una particularidad que caracteriza y diferencia a la fuerza armada venezolana con respecto a instituciones similares, especialmente las del cono sur; ella es que en su seno no solo se encuentran personas de un determinado estrato social; esta particularidad ha sido tomada por los personeros del gobierno bolivariano para aseverar que la fuerza armada es el pueblo en armas y representan el sentir más profundo de la venezolanidad. En un documento sin fecha desde la cárcel de Yare y citado por Barrios Ferrer, Hugo Chávez expresa que la academia militar era el crisol de la patria: Todo lo que somos se lo debemos a esa casa maternal donde se enseña a ser digno y útil a la patria. LA ACADEMIA MILITAR DE VENEZUELA allí aprendimos a defender a la patria, a querer a nuestro gentilicio; porque era un área para reunión de sueños andinos, zulianos, llaneros, orientales, centrales y guayaneses, bajo un solo norte, el ideario bolivariano24.

5. La equiparación del desenvolvimiento técnico con las conductas de entrada básica para dirigir el proceso de desarrollo del país: debido a la alta complejidad técnica obtenida por la fuerza armada a la hora de operar y mantener complejos sistemas de armas, sumado a las destrezas administrativas producto de los estudios realizados en universidades civiles tanto nacionales como internacionales, los militares se ven como los agentes más capacitados a la hora de dirigir el país. A estas cincos características se añadirían las siguientes: 24 Gonzalo Barrios Ferrer, op. cit., p. 42 [mayúsculas en el documento citado].

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6. Capitalismo de Estado: se ve esta doctrina como la llamada a ser la aplicada a la hora de manejar la economía; y el discurso socialista o cualquier otro sería una manera de tratar de aglutinar la mayor cantidad de apoyo en el mundo civil. 7.

Existencia de enemigo externo: que amenaza la patria y, por ende, se vive en una especie de estado de emergencia y alerta permanente.

8. Meta relatos: expresados en discursos muchas veces pomposos que idealizan un futuro en donde seremos y viviremos mejor que hoy, siempre y cuando se sacrifique lo que esta élite pida sacrificar en el presente. 9.

Unión cívico-militar: conformada por una simbiosis entre ambos sectores que pasa a ser la columna vertebral de la nueva Venezuela, buscando de esta manera eliminar la separación entre ambas esferas y por ende, permitiendo a los militares la participación en el mundo político y en esferas que antes eran privativas del ámbito civil; y otorgándole al sector que detenta las armas de la República un indudable poder de negociación.

2. El acuartelamiento de la democracia En primer lugar precisaremos qué se entiende por democracia, para ello seguiremos la definición planteada por Norberto Bobbio, luego de lo cual plantearemos varios modelos de este sistema que a lo largo del tiempo se han venido desarrollando; por último, trataremos de identificar cuáles son los síntomas que presenta una democracia cuando está siendo acuartelada. Para comenzar, Norberto Bobbio define de la siguiente forma la democracia: Se entiende por régimen democrático un conjunto de reglas procesales para la toma de decisiones colectivas en el que está prevista y propiciada la más amplia participación posible de los interesados25. 25 Norberto Bobbio, El futuro de la democracia, México: Fondo de Cultura Económica, 1986, p. 9.

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Rafael del Águila, por su parte, identifica en la democracia conceptos claves y mínimos; por ello es necesario citarlo en extenso: La democracia es una fórmula política para resolver el hecho de la pluralidad humana (...) la democracia aspira, al mismo tiempo, a respetar ese pluralismo y a ofrecer una esfera compartida por todos donde esas diferencias puedan expresarse constituyendo a la postre una comunidad de deliberación y decisión política (...) la democracia exige que la pluralidad de opciones (políticas, ideológicas, sociales, culturales, etc.), pese a todas las esenciales diferencias que las separan, mantengan, sin embargo, ciertos puntos de acuerdo mínimo. Pese a que la democracia pueda definirse como un sistema caracterizado por el disenso, debe no obstante fundamentarse en la existencia de ciertas reglas mínimas compartidas. (...) existe un conjunto de procedimientos políticos institucionales mínimos (...) que podrían servir para establecer un concepto mínimo de democracia (...) que establecería los siguientes requisitos indispensables para la existencia de la democracia: El control sobre las decisiones gubernamentales ha de estar constitucionalmente conferido a cargos públicos elegidos. 1. Los cargos públicos han de ser elegidos en elecciones frecuentes y conducidas con ecuanimidad. 2. Todos los adultos han de tener derecho a votar. 3. Todos los adultos han de tener derecho a concurrir como candidatos a los cargos. 4. Los ciudadanos han de tener derecho a expresar sus opiniones políticas sin peligro a represalias. 5. Los ciudadanos han de tener acceso a fuentes alternativas de información. 6. Los ciudadanos han de tener derecho a formar asociaciones, partidos o grupos de presión independientes26.

David Held escribe sobre el declive del modelo clásico de democracia ateniense y observa en la expansión de esta ciudad-Estado, 26 Rafael del Águila, Manual de ciencias políticas, Madrid: Trotta, 1997, p. 54, 155-156.

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la consecuencia de que su modelo deliberativo de democracia se hiciera impracticable. El eclipse de la democracia antigua, en el contexto del surgimiento de imperios, estados poderosos y potencias militares, pudo deberse tanto a factores internos como a su cambiante suerte en ultramar. El Estado ateniense descansaba en un sistema productivo que dependía en gran medida de los esclavos (...) esta estructura económica era vulnerable al desorden y conflicto internos y externos. La naturaleza radicalmente democrática del Estado parece haber incrementado esta vulnerabilidad, ya que la ausencia de un centro burocrático y la existencia, en el mejor de los casos, de meras divisiones institucionales vagamente coordinadas (...) exacerbaban las dificultades en la administración de la economía y de un extenso sistema comercial y territorial27.

Por ende, se puede deducir de la experiencia de Atenas que un sistema político debe adecuarse y reformularse conforme cambie el contexto en el cual se desarrolla, de lo contrario, tarde o temprano dicho contexto terminará haciendo dicho modelo impracticable. Salvando la distancia en el tiempo y las diferencias conceptuales, podríamos hacer un símil con la democracia venezolana; debido a la crisis económica iniciada con la devaluación de la moneda en 1983 (conocida como viernes negro) se inició la gestación de una crisis no solo económica, sino también política y social. 1989 marca el año en el que se propone un nuevo proyecto país el cual no puede materializarse debido a la fuerte oposición de la sociedad y a los hechos violentos de febrero de ese año. Ana Teresa Torres se refiere a una especie de orfandad en la que cae la sociedad venezolana a partir de la década de los ochenta: Durante más de tres décadas la democracia de consenso había logrado, gracias a la abundancia relativa, una complacencia general de los intereses sociales y creado una democracia estable, pero progresivamente se fue generando un cuadro de ineficiencia, corrupción y participación mediatizada por los 27 David Held, Modelos de democracia, Madrid: Alianza Editorial, 2006, p. 54.

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partidos políticos. A partir de los acontecimientos de 1989 y 1992 el desencuentro entre el gobierno, las fuerzas armadas, los partidos políticos y las organizaciones sociales creó una grave crisis política, sin que pudiera sustituirse el modelo colapsado de la sociedad rentista centralizada. (...) La ecuación entre democracia y prosperidad en Venezuela estaba asentada en la redistribución de la renta petrolera, de forma tal que las medidas económicas de tipo neoliberal que intentó el presidente Pérez, aunque tímidas y duramente combatidas por su propio partido, significaban no solamente una amenaza económica, sino algo mucho más profundo como era el desvanecimiento de una ilusión firmemente anclada en la sociedad venezolana: estamos destinados a ser ricos y siempre lo seremos. (...) El imaginario creado en torno a la democracia se desinfló como un globo. ¿Qué ocurre cuando un conglomerado humano pierde su imaginario, es decir, el conjunto de ideas, creencias, juicios y prejuicios, sentimientos, valoraciones, expectativas, percepciones y autopercepciones que le confiere identidad y un destino? Tiene que sustituirlo. No puede quedar en el vacío (...) pero un imaginario colectivo no se construye de un día para otro (...) ¿Dónde busca refugio un país sin norte?28

La relación del venezolano con la democracia es meramente instrumental, pues a través de ella busca la forma de obtener parte de la renta petrolera repartida por el Estado. En el contexto de una pérdida de norte por parte de la colectividad, los militares vieron el momento justo para hacerse con el poder por vías democráticas. Retomando a Bobbio, este autor plantea una fusión entre la democracia representativa y la democracia participativa o directa: 28 Ana Teresa Torres, La herencia de la tribu. Del mito de la independencia a la revolución bolivariana, Caracas: Editorial Alfa, 2009, p. 135, 136 y 138.

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Un sistema de democracia integral puede abarcar a las dos democracias (representativa y participativa) a cada una de acuerdo a las diversas situaciones y a diferentes necesidades (...) esto implica que la democracia representativa y la democracia directa no sean dos sistema alternativos, en el sentido en que allí donde uno no pueda existir el otro, sino que son dos sistemas que pueden integrarse recíprocamente29.

Para Held los principios justificativos de la democracia participativa se hallan en que: El derecho igual para todos al autodesarrollo solo puede alcanzarse en una sociedad participativa, una sociedad que fomente un sentido de la eficacia política, nutra la preocupación por los problemas colectivos y contribuya a la formación de una ciudadanía sabia, capaz de interesarse de forma continuada por el proceso de gobierno30.

Con respecto a la democracia deliberativa nos dice este autor: Se trata de mejorar la naturaleza y forma de participación política, no solo de ampliarla por propio interés. Los demócratas deliberativos suelen describir la democracia contemporánea (...) como un descenso a los choques de personalidades, la política de los famosos (...) ellos abogan por un debate informado31.

Para Juan Carlos Monedero solo se puede hablar de inclusión y autogobierno cuando: La democracia solo puede entenderse como inclusión en los cuatro principales ámbitos de lo social: el económico, el político, el normativo-jurídico y el cultural. Y podemos hablar de autogobierno cuando las decisiones tomadas en nombre del pueblo reflejan las preferencias del pueblo tomadas de manera libre e informada. Un pueblo está empoderado cuando está incluido y esa inclusión genera derechos y responsabilidades32. 29 Norberto Bobbio, op. cit., p. 40-41. 30 David Held, op. cit., p. 307. 31 David Held, op. cit., p. 332-333. 32 Juan Carlos Monedero, “La democracia y sus falsos amigos: nuevas perspectivas para nuevos avances”, en Jorge Valero (compilador), Demo-

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Fernando Mires no ve, al igual que Bobbio, antagonismos –como sí los ve Monedero– entre la democracia representativa y la participativa. Al respecto escribe: “Para que la política abandone su pura condición delegativa, debe ser participativa, pero para que sea participativa, supone que previamente sea deliberativa”33. Como se ha visto las diferentes visiones de democracia se complementan, no se excluyen, lo importante es en qué medida los ciudadanos estén dispuestos a participar de manera activa e informada y qué disposición tengan los diferentes actores políticos a hacer cada vez menos asimétrica la información que poseen sus posibles votantes. Ahora bien, estos son modelos teóricos de democracia. Pero ¿cuáles son las características que permiten afirmar que efectivamente un sistema es democrático? Podemos decir que existe una democracia cuando: encontramos alternancia en el poder, esto implica competir en igualdad de condiciones a la hora de acudir a unas elecciones; elecciones limpias, lo que significa máxima transparencia en los procesos comiciales; despersonalización de las instituciones, lo que significa que haya una clara separación entre Estado y partido de gobierno; debate libre de las ideas y propuestas de todas las organizaciones con fines políticos, sin importar su tamaño; representación proporcional, para de esta forma darle cabida en las diferentes legislaturas a todo el espectro político que hace vida en un determinado país; financiamiento de las organizaciones con fines políticos con dinero del Estado para de esta manera hacer más competitivo y más justo el proceso de las elecciones. ¿Cuáles son las señales que podemos identificar de que una democracia corre el riesgo de ser acuartelada? En primer lugar, lo que Ana Teresa Torres identificó como pérdida del norte: se presenta dicha situación cuando una nación se encuentra en la disyuntiva de tener que cambiar el modelo económico, político y social que cracias nuevas o restauradas. El caso Venezuela, Caracas: Fundación Editorial el Perro y la Rana, 2012, p. 292-293. 33 Fernando Mires, “La reformulación de lo político”, en Nueva Sociedad, núm. 134, Caracas: 1994, p. 97.

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implementó, pero no se atreve a dar el paso definitivo para hacerlo. En segundo lugar, aparición de la anti-política, manifiesta en la crítica abusiva y muchas veces sin ningún sustento del pasado: la política se ve como algo sucio y se confunde de esta forma el actuar de personajes plenamente identificados con la política, de esta manera la colectividad desecha la política y busca gobiernos tecnócratas o un personaje ajeno a la política tradicional, alguien no identificado con el pasado. Además, poco o nulo control civil sobre la fuerza armada, lo que permite que el sector castrense entre a escena y logre catapultar el ambiente de la anti-política presente en una sociedad; partidos políticos que han abandonado su condición de guía y mediadores de la sociedad, dejando de esta forma vacío un espacio que algún proyecto o grupo va a llenar con un discurso o proyecto radical en la mayoría de los casos; y negación del pasado, se diseña un discurso que pone un telón negro en el pasado, negando los logros que se pudieron obtener y maximizando los desaciertos.

7. La transición desde una democracia acuartelada Llegados a este punto se hace necesario reflexionar acerca de la posibilidad de transición hacia una democracia sana. Una pregunta que hay que plantearse, en tal sentido, es ¿cuándo se inicia el proceso de transición o cuándo hay señales indicativas de que se puede trabajar en pos de ella? Para Guillermo O’Donnell, Philippe Schmitter y Laurence Whitehead: Las transiciones están delimitadas, por un lado, por el inicio de un proceso de disolución del régimen autoritario, y del otro, por el establecimiento de alguna forma de democracia, el retorno a algún tipo de régimen autoritario o el surgimiento de alguna alternativa revolucionaria. Lo característico de las transiciones es que en su transcurso las reglas de juego político no están definidas. No solo se hallan en flujo permanente sino que, además, por lo general son objetos de una ardua contienda; los actores luchan no solo por satisfacer sus intereses inmediatos y/o los de aquellos que dicen representar, sino también por definir las reglas y procedimientos cuya

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configuración determinará probablemente quiénes serán en el futuro los perdedores y los ganadores34.

De lo arriba señalado se puede extraer la primera característica de las transiciones: su destino incierto, no hay garantías de que se llegue a un mejor gobierno y se puede observar adicionalmente que un gobierno tiene que entrar en crisis o ya no representar garantías para la élite en la cual se sustentaba; o por el contrario, conscientemente dicho gobierno facilita la transición. Terry Lynn Karl por su parte sostiene que: Una tarea central de los diseñadores de una nueva democracia consiste en limitar la incertidumbre de una transición política y la subsiguiente democratización (...) el costo de la estabilidad de la concertación de pactos ha sido el abandono de esfuerzos por una mayor democratización35.

Alain Rouquié escribe acerca de la desmilitarización: La desmilitarización, y por ende, la repercusión real que tiene la militarización del Estado ¿constituye este fenómeno un simple paréntesis sin consecuencias institucionales, tras el cual, una vez que el ejército vuelve a sus cuarteles, los países recuperan sus regímenes previos? ¿O por el contrario, lo que ocurre es que los militares no se repliegan hasta juzgar que han removido los obstáculos políticos que se oponían a un régimen civil y creado las condiciones socioeconómicas favorables para el normal funcionamiento de las instituciones democráticas?36. 34 Guillermo O’Donnell, Philippe C. Schmitter y Laurence Whitehead, Transiciones desde un gobierno autoritario. Conclusiones tentativas sobre las democracias inciertas (vol. 4), Buenos Aires: Paidós, 1989, p. 19-20. 35 Terry Lyn Karl, “El petróleo y los pactos políticos: la transición a la democracia en Venezuela”, en Guillermo O`Donnell, Philippe C. Schmitter y Laurence Whitehead (compiladores), Transiciones desde un gobierno autoritario. América Latina (vol. 2), Buenos Aires: Paidós, 1989, p. 326327. 36 Alain Rouquie, “La desmilitarización y la institucionalización de los sistemas políticos dominados por los militares en América Latina”, en Guillermo O`Donnell, Philippe C. Schmitter y Laurence Whitehead

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El que una sociedad sea gobernada por los militares tiene consecuencias más allá de la salida de estos en un momento determinado de funciones de gobierno. En Venezuela, además, por medio del pretorianismo practicado por el sector castrense (que oscila entre el tipo árbitro y el gobernante) el ejército se ha constituido (cuando no está gobernando de manera directa) en una especie de poder detrás del poder, alejado de todo control por parte de la sociedad venezolana. O’Donnell identifica por su parte cuál régimen es más proclive a un cambio revolucionario: Uno de tales tipos de regímenes es el que, a falta de un término mejor, podría llamarse tradicional. Tiene fuerte componente patrimonialista (...) este es el tipo de régimen más proclive a las transformaciones revolucionarias. La Nicaragua de Somoza perteneció a esta categoría, lo mismo que la Cuba de Baptista37.

¿Están las condiciones para que en Venezuela se dé una transformación revolucionaria? No parece ser el caso, la tendencia pareciera orientarse, cuando llegue el momento, hacia una transición de mediano a largo plazo tutelada por los militares. La realidad política hoy en Venezuela es que los militares son un factor de poder de primer orden y como sostiene Lynn Karl, en los momentos de transición se debe minimizar la incertidumbre; por ello, hay que tener en cuenta al sector castrense. Hugo Mansilla critica el modelo de transición basado en la ingeniería política: Muchas ilusiones desautorizadas por los acontecimientos de los últimos años se deben a la creencia de que la ingeniería política, los cambios institucionales y la instauración de una economía de libre mercado bastarían para generar democracias duraderas y bienestar colectivo (...) la inmensa mayoría de los cambios institucionales, los esfuerzos de la ingeniería política, las reformas electorales, la renovación de los poderes judicial (compiladores), Transiciones desde un gobierno autoritario. Perspectivas comparadas (vol. 3), Buenos Aires: Paidós, 1989, p. 174. 37 Guillermo O`Donnell, “Introducción a los casos latinoamericanos”, en Guillermo O’Donnell, Philippe C. Schmitter y Laurence Whitehead (compiladores), Transiciones desde un gobierno autoritario. América Latina (vol. 2), Buenos Aires: Paidós, 1989, p. 16.

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y legislativo y hasta la reducción del aparato administrativoburocrático han modificado el país legal, pero han dejado bastante incólume el país real de la respectiva sociedad38.

Por ende, no se propone para la situación venezolana un proceso de reingeniería política o social. Para la actual situación venezolana y su proceso de transición se debe negociar con el sector militar, buscando un esquema ganar-ganar que permita que estos vuelvan a sus cuarteles de manera pacífica; en segundo lugar, se debe crear una agenda que permita puntos de encuentro y objetivos comunes; en tercer lugar, las organizaciones partidistas tienen que elevar el nivel de debate y formar a sus cuadros para que sean intermediarios con los ciudadanos y no captadores solo de votos; en cuarto lugar, se debe dotar a la sociedad de metas que permitan crear capital social y por último se debe educar para crear ciudadanos conscientes de sus deberes y derechos. Los retos para el sistema político venezolano en el presente siglo son complejos y variados, el modelo rentista evidentemente agotado desde la década de los ochenta debe ser desechado de manera definitiva y debe construirse en su lugar un nuevo contrato social basado en la inclusión de todos los actores que hacen vida en nuestro país, sin que esto signifique dejar de ventilar y debatir las diferencias y los modelos, muchas veces antagónicos de sociedad. Al fin y al cabo, eso es la política, debatir las diferencias buscando comprobar su validez para llevar a cabo determinado esquema político, pues en esta era ningún grupo, por más poderoso que sea, puede imponer la totalidad de sus ideas; entender esto es un punto clave.

8. Conclusiones El arribo del siglo XXI con su compleja trama de interrelaciones afectó, y no podía ser de otra manera, lo que entendemos por democracia; el avance de los derechos humanos, el paso de una 38 Hugo Mansilla, “Las insuficiencias de la democracia contemporánea; una crítica de las teorías de la transición”, en Mundo Nuevo, núm. 3-4, Caracas: 1999, p. 90-91.

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economía centrada en la manufactura a una basada en los servicios y el advenimiento de la sociedad del conocimiento alentaron el optimismo basado en que la democracia, occidente y su punta de lanza, el liberalismo, habían triunfado. Consecuencia de ello, el nuevo milenio se nos presentaba como una nueva época para que la humanidad desarrollara todo su potencial, uno de los grandes referentes del mundo (el socialismo) había arreado las velas, solo quedaba liberalizar la economía y como por arte de magia los diversos problemas se solucionarían. Nada más alejado de la realidad, consecuencia de la liberalización mal gestionada muchas capas sociales se empobrecieron al no poder adaptarse a las nuevas reglas de juego, por ello vemos resurgir el nacionalismo, la xenofobia, el fundamentalismo religioso. Es una respuesta a la falta de pertenencia de gruesas capas de la humanidad que perdieron referentes que siempre tuvieron como ciertos. Vivimos los coletazos de la caída del bloque socialista. Como hemos señalado a lo largo del presente trabajo, la democracia que se creyó triunfadora en todos estos acontecimientos dio a luz a tenues autoritarismos, autoritarismos bipolares pudiéramos llamar, expertos en presentarse de cara a la comunidad internacional como defensores de la democracia y todo lo que ello implica: libertad de expresión, separación e independencia de los poderes públicos, alternancia en el poder, entre otras; cuando, por el contrario, minan estos principios a lo interno manteniendo la apariencia de respetarlos. Indicamos de igual manera que el pretorianismo presente en la fuerza armada venezolana es la ideología que mueve a este cuerpo, la arenga socialista presente hoy día en las alocuciones del alto mando militar son justificaciones para aglutinar un discurso coherente de cara a la sociedad. Existe un hilo de continuidad entre los gobiernos del general Marcos Pérez Jiménez y el proyecto encarnado por la Fuerza Armada y presidido en primera instancia por Hugo Chávez, quien hereda la primera magistratura nacional a Nicolás Maduro. El desarrollo nacional y la creencia de ser los máximos intérpretes de la doctrina de Simón Bolívar han ofrecido un corpus a la fuerza armada para

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verse a sí misma como los únicos capacitados para dirigir a Venezuela. Encontramos además que la visión del sector civil militarista con respecto al papel de la fuerza armada ha cambiado, en principio abogaban por una mayor participación de dicho sector en la vida nacional; hoy lo ven como protagonista y muestran su apoyo a que los oficiales digan públicamente que se adhieren a determinada tendencia política. 1999 marcó la llegada al poder de una nueva élite al Palacio de Miraflores, coincidiendo con el nacimiento (que se venía gestando), desde inicio de la década, de este autoritarismo posmoderno (en palabras de Luis Alberto Buttó), con ello se ha configurado en estas tierras un laboratorio para los mencionados autoritarismos. ¿Cómo entonces transitar de una democracia acuartelada a una democracia sana? Lo primero es que se debe tener en cuenta al sector castrense, no se le puede excluir, se le debe hacer concesiones a la par que se construye un efectivo control civil sobre la institución armada, y se debe elevar el nivel del debate político con miras a construir una fuerte ciudadanía. La pretensión del sector militar de dirigir el destino nacional demuestra en primer lugar que el control civil sobre este estamento ha fallado. La sociedad venezolana no debe buscar en los cuarteles los recursos humanos para salir de la crisis en la que desde hace varias décadas se encuentra sumida. Si algo se necesita en los momentos límite es debate, confrontación de ideas, múltiples visiones que permitan encontrar objetivos comunes por los cuales trabajar. Por el contrario, la vida militar se caracteriza, y no puede ser de otra manera, por su verticalidad y por el acatamiento de órdenes de manera inmediata sin que la discusión de ellas tenga cabida; por ende, creer que en la institución armada están las respuestas que requiere la República es muestra de que aún nos falta mucho por aprender de nuestra historia.

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MUNDO NUEVO. Caracas, Venezuela Año VI. N° 15. 2014, pp. 183-226

Alejandro Cardozo Uzcátegui Universidad Simón Bolívar  [email protected]

EL IMAGINARIO PRETORIANO: CULTURA POLÍTICA Y SISTEMAS DE REPRESENTACIÓN EN EL ESTADO CUARTEL (1952-1958)

Resumen: Tras casi medio siglo la proyección histórica de Marcos Pérez Jiménez ha sobrevivido en el imaginario venezolano con benévola nostalgia. De hecho, dentro de la cultura política criolla, en teoría sensiblemente democrática, el perezjimenato se reivindica continuamente, refrendando peligrosamente las bases ideológicas del Estado Cuartel. Para comprender este fenómeno hemos tratado documentación sobre un complejo sistema de proyección ideológica pensada por las mentes más brillantes de la dictadura militar. La cuestión de por qué el Estado Cuartel se interesa más que los actores políticos no militares en la cosa histórica, telúrica, filosófica de la nación, queda planteada en este artículo. Palabras clave: Marcos Pérez Jiménez, cultura política, imaginario, pretorianismo, nacionalismo. The Praetorian imaginary: political culture and systems of representation in the “Estado Cuartel” (1952-1958) Abstract: After almost half a century the historical projection of Marcos Perez Jimenez in Venezuela survived with benevolent nostalgia. In fact, within the Venezuelan political culture, the Marcos Perez Jimenez government still is feeling with benevolence and nostalgia of better times, endorsing dangerously the ideology of the “Estado Cuartel”. To understand this phenomenon we sought information about a complex system of ideological projection carefully designed by the brightest minds of the military

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dictatorship. The question of why the “Estado Cuartel” is interested in the History “philosophical sense” of the nation is presented in this article. Keywords: Marcos Pérez Jiménez, Political Culture, Preatorianism, Imagination, Nationalism.

1. Introducción Todo sistema político hegemónico tiene un cuerpo de ideas –estéticas, espirituales, sensibles, simbólicas–, doctrinas, “ideales políticos”, y un, digamos, bastidor para proyectar lo anterior de diferentes maneras. La irradiación interna, intramuros del Estado Cuartel, es una de ellas: el pueblo debe estar convencido de que todo lo que se hace y se dice dentro del cuartel es lo mejor, es un esfuerzo superior de las mentes más “brillantes” del régimen y del sistema, para la “felicidad colectiva”. Así también ese bastidor debe funcionar en los extramuros del cuartel; generar una matriz de opinión positiva acerca del sistema que gobierna, de sus amistades, alianzas, formas solidarias de hermanar lazos con la vecindad, etc. Y por último, un elemento particular de los regímenes militares, la componenda histórica: no basta un sistema de propaganda sofisticado ni una cultura política1 cargada de símbolos para 1

La cultura política de cara a lo militar en Venezuela no ha sido el tema de mayor atención en la corriente de estudios sobre las relaciones civiles y militares. Sobre América Latina, David Pion-Berlin ha profundizado estas cuestiones: “las dimensiones subjetivas de la política militar” y “el pensamiento político militar”, acerca de las cuales destacan los trabajos: “Militares y democracia en el nuevo siglo. Cuatro descubrimientos inesperados y una conclusión sorprendente”, en Nueva Sociedad, núm. 213 (2007), pp. 50-63; “Political Management of the Military in Latin America”, en Military Review, vol. 85, núm. 1 (2005), pp. 19-31; con Harold Trinkunas: “Attention Deficits: Why Politicians Ignore Defense Policy in Latin America”, en Latin American Research Review, vol. 42, núm. 3 (2007), pp. 76-100; con Sabine Kurtenbach, en Revista Europea de Estudios Latinoamericanos y del Caribe, núm. 77 (2004), p. 118; “A New Civil-Military Pragmatism

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controlar adentro y afuera las opiniones sobre el Estado Cuartel, también es necesario controlar el legado histórico y la justificación histórica del Estado Cuartel; es decir, controlar el tiempo, el pasado y el futuro históricos; el presente se controla política y militarmente2, pero para intervenir el pasado y el in Latin America”, en Security and Defense Studies Review, vol. 4, núm. 1 (2004); con Craig Arceneaux, “Decision-Makers or DecisionTakers? Military Missions and Civilian Control in Democratic South America”, en Armed Forces & Society, vol. 26, núm. 3 (2000), pp. 413-436. En Venezuela destacan, principalmente Domingo Irwin, Relaciones civiles militares en el siglo XX, Caracas: Centenario Ediciones, 2000; Luis Alberto Buttó, “El aparato ideológico del golpismo chavista”, en Alejandro Cardozo Uzcátegui y Luis Alberto Buttó (directores), El Incesto Republicano. Relaciones civiles y militares en Venezuela 1812-2012, Caracas: Editorial Nuevos Aires, 2013; Luis Alberto Buttó, “Autoritarismo y democracia: la combinación postmoderna”, en Control civil y pretorianismo. Venezuela: ilusiones y realidades históricas, en Domingo Irwin, Luis Alberto Buttó y Frédérique Langue, Caracas: UCAB, 2006; Luis Alberto Buttó, “Marcos Pérez Jiménez-Hugo Chávez: la élite militar al asalto del poder”, en Alejandro Cardozo Uzcátegui (editor), Chavismo: entre la utopía y la pesadilla, Caracas: Editorial Nuevos Aires, 2012; Ricardo Sucre Heredia, “La política militar en la Constitución de 1999 ¿cambio o continuidad?”, en Revista Venezolana de Economía y Ciencias Sociales, vol. 9, núm. 1, 2003, pp. 139-162; Ricardo Sucre Heredia, “Fuerzas Armadas y cultura política: una aproximación a partir de un estudio de opinión en Venezuela”, en Domingo Irwin y Frédérique Langue, Militares y poder en Venezuela. Ensayos históricos vinculados con las relaciones civiles y militares venezolanas, Caracas: UCAB, 2005, pp. 271-311. 2

Al respecto vale mencionar el dossier de Nueva Sociedad “¿Ciudadanos en uniforme? Fuerzas Armadas y democracia”, núm. 213, (2008) que recoge artículos sobre las relaciones civiles y militares en América Latina y cierra con el caso venezolano: Francisco Rojas Aravena, “El riesgo de la superposición entre las políticas de defensa y seguridad”; el artículo ya citado de David Pion-Berlin, “Militares y democracia en el nuevo siglo. Cuatro descubrimientos inesperados y una conclusión sorprendente”; Lilian Bobea, “Mujeres en uniforme: la feminización de las Fuerzas Armadas. Un estudio del caso dominicano”; Alejo Vargas Velásquez, “Una convivencia inesperada. Fuerzas Armadas y gobiernos de izquierda en América Latina”; Rut Diamint, “La historia sin fin: el control civil de los militares en Argentina”; Bernardo Arévalo de León, “Un problema de Estado. Límites y retos a la subordinación militar en Guatemala”; Jorge

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futuro hay una construcción histórico-filosófica que el sistema político va labrando durante su mandato. Para el texto que presentamos hoy, tenemos tres muestras de cómo el Estado Cuartel durante el perezjimenato (1952-1958) apeló a las proyecciones del bastidor ideológico, estético, cultural y propagandístico, en tres niveles: un sofisticado sistema de propaganda intramuros, una eficiente maquinaria mediática –acudimos a una muestra en la prensa aliada española durante el franquismo– y por último, a modo de colofón, una arrojada aventura literaria para asegurar un nicho en la historia, así como la preocupación de la construcción, si se quiere, filosófica, del tiempo militar. Uno de los aspectos dentro de la investigación intelectual/mental/cultural del perezjimenato que más se expone es la cuestión de la censura. Es decir, se ha perdido mucha tinta en lo que el régimen censuró durante su gobierno, obviando algo trascendental, lo que en efecto sí se dijo durante su gobierno. Pues lo que se expresó ayudó más a embragarse en el poder, comparativamente, del daño que hubiera supuesto permitir el ejercicio de la libre expresión. Por otro lado, lo que se dijo y se escribió desde las cúpulas del poder generó una cultura política y un sistema simbólico que además de permitirles gobernar más tiempo y con mayor holgura, en el caso de Pérez Jiménez, les consintió violentar el sentido común del imaginario venezolano y fortalecer –todavía más– el imaginario pretoriano de nuestra cultura política que tanto ha beneficiado a la acción política de los militares, con grave perjurio hacia la sociedad civil de un país construido desde el Estado Cuartel, con temporales intervenciones civiles.

Zaverucha, “La militarización de la seguridad pública en Brasil”; Paz Verónica Milet, “Desafíos externos e internos a la política de defensa en Chile”; Marcos Pablo Moloeznik, “Fuerzas Armadas en México: entre la atipicidad y el mito”; Deborah Norden, “¿Autoridad civil sin dominación civil? Las relaciones político-militares en la Venezuela de Chávez”.

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1.1. El imaginario pretoriano y el imaginario civil atrapados en un cuartel: los dos lados de la luna de Marcos Pérez Jiménez

Nadie que conozca la historia de las dictaduras militares latinoamericanas y caribeñas puede anhelar para su sociedad la disciplina castrense como motus societae, pues esta cosmovisión del poder está diseñada, en un plano ideal, para las situaciones extremas de la guerra, donde el carácter y la naturaleza de una orden no se pone en duda; por ende, en la construcción de un propósito nacional democrático, no caben las dos concepciones de la realidad. Además, en la visión del mundo desde lo militar hay un profundo descrédito por “lo civil”, que es percibido como débil y pusilánime3. Sin embargo existe una añoranza colectiva en Venezuela, gracias a la construcción cultural política, cargada de símbolos, acerca del perezjimenato: mitología e historia a caballo con la figura de Marcos Pérez Jiménez. Esa sensibilidad no es fortuita, el imaginario nacional encuentra en la nostalgia perezjimenista una suerte de absurdo desahogo, gracias a la construcción de una emoción no contrastada con estadísticas de población, de migración campociudad, con escaso análisis demográfico: la paz, el orden, la seguridad ciudadana y la construcción de una infraestructura visible, que tampoco fue sometida a una revisión histórica de tales planes de infraestructura, la mayoría –los más ambiciosos, como la autopista Caracas-La Guaira, fueron proyectados y comenzados por gobiernos anteriores– generaron, o terminaron de amalgamar, la sensibilidad pretoriana del venezolano. Todo ello gracias a una cavilada construcción propagandística, simbólica y mental durante la década militar. Vale detenernos en el caso de la autopista Caracas-La Guaira, el buque insignia del perezjimenato. La famosa revista Mecánica Popular, edición de noviembre de 1952, informaba: 3

Ver Alejandro Cardozo Uzcátegui, “Imaginario, símbolos y cultura política de lo cívico-militar desde la colonia hasta la fundación de la Patria (1769-1830)”, en Alejandro Cardozo Uzcátegui y Luis Alberto Buttó (directores), El incesto republicano. Relaciones civiles y militares en Venezuela 1812-2012, Caracas: Nuevos Aires, 2013, pp. 17-52.

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La República de Venezuela está construyendo, a un costo aproximado de 3.500.000 dólares por kilómetro, y mediante toda una serie de proezas de ingeniería no igualadas hasta la fecha, una supercarretera que se extenderá a través de las pintorescas montañas del norte del país. Dos gigantescos túneles, uno de ellos de más de 1600 metros de longitud, conjuntamente con los tres puentes de concreto precomprimido más grandes del mundo, trazan la ruta de esta colosal carretera de cuatro vías que unirá a la capital con el Caribe 4.

Continúa así, durante todo el artículo, la alabanza a la proeza de ingeniería y tecnología que ha supuesto la “superautopista” de sesenta millones de dólares Caracas-La Guaira. Sin embargo, más adelante aclara: La construcción de la autopista comenzó en enero de 1950, después de seis años de cuidadosos estudios por el Ministerio de Obras Públicas de Venezuela. El proyecto es uno de los ejemplos más palpables de la política venezolana de revertir su riqueza petrolera a la tierra 5.

Evidentemente el inicio de las obras de esta superestructura correspondió a Carlos Delgado Chalbaud, sin embargo, aún tomando en cuenta el papel de Pérez Jiménez durante ese gobierno de transición –que hace un giro a su favor con el magnicidio de Delgado Chalbaud–, el proyecto de la autopista, sus túneles y viaductos correspondió a los gobiernos de Isaías Medina Angarita y Rómulo Gallegos, con el breve interregno de la Junta de Gobierno presidida por Rómulo Betancourt. No cabe restar méritos a las iniciativas del gobierno de Pérez Jiménez en cuanto a la continuidad de los proyectos que le antecedieron a su gobierno, ni a las iniciativas propias –que no fueron pocas–, empero sí vale la pena remarcar el hecho de que en el imaginario venezolano la superautopista fue obra de la eficiencia militar del dictador, lo que refuerza las sensibilidades políticas –que se abonan– alrede-

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“Venezuela Construye la Carretera Más Costosa del Mundo”, en Mecánica Popular, noviembre de 1952, pp. 22-144.

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Ibíd., p. 23.

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dor de una corte pretoriana que no ha cesado de conspirar en los anales de nuestra historia republicana. La supervivencia del mito, o dicho mejor, la eficacia de la carga simbólica militarista-perezjimenista en el imaginario venezolano ha logrado que “la opinión cotidiana afirme que la democracia no ha hecho nada, pero Pérez Jiménez sí”6, lo que ha traído una cola huracanada hasta hoy, como fueron las muy columpiadas ideas de Müller Rojas sobre una supuesta “ideología militar”, batiburrillo de positivismo, nacionalismo político, desarrollismo –enmarcado en la tesis de “la transformación del medio físico”–, y un concepto de “Patria” recargado con una visión historiográfica amateur de los Libertadores y de la Guerra de Independencia. 1.2. La memoria selectiva del imaginario criollo

Marcos Pérez Jiménez tuvo una base programática de gobierno: “El Nuevo Ideal Nacional”7, curiosa mezcla de positivismo al estilo Adolfo Ernst y Vallenilla-Lanz con su gendarme necesario (1919), apuntalado en el desarrollo racional por medio de la intervención de la naturaleza –así como la intervención de la naturaleza del venezolano– en procura del desarrollo del hombre. Esta tesis suma la sociología de la modernización, apilados todos los conceptos en la arquitectura desarrollista racional y monumental de Luis Malaussena y Carlos Raúl Villanueva, 6

Ricardo Sucre Heredia, “Fuerzas Armadas y cultura política: una aproximación a partir de un estudio de opinión en Venezuela”, en Domingo Irwin y Frédérique Langue, Militares y poder en Venezuela. Ensayos históricos vinculados con las relaciones civiles y militares venezolanas, Caracas: UCAB, 2005, p. 284.

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“El ‘Nuevo Ideal Nacional’” va a ser la base programática del perezjimenato. La concepción “filosófica” o ideológica del Nuevo Ideal Nacional la propondría en sus propias palabras Vallenilla-Lanz: “La fórmula poco importa porque ella ni da ni quita capacidades. El problema es de fondo, cultura contra barbarie, llámese ésta demagogia o tiranía, y para alcanzar la victoria es necesario movilizar todos los recursos, todas las reservas, todas las energías de la nación”. Ver Egly Colina Marín. Biografía de Laureano Vallenilla-Lanz Planchart.

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quienes buscaron lúcidamente la “transformación del medio físico” para generar mayor calidad de vida. Esto vendría a complementarse con políticas tales como el plan de inmigración selectiva –pues el campesino criollo, producto de un mosaico de razas débiles, según estas tesis, jamás podría desarrollar el campo–, que sumaría la experiencia milenaria del inmigrante europeo al entorno sociocultural del venezolano. En palabras de Domingo Irwin: El Nuevo Ideal Nacional pretendía ser una alternativa programática para cubrir con su manto innovador, según sus partidarios, doctrinal y nacionalista el progreso material venezolano. La idea básica era avanzar en un proceso de modernización controlado en todos sus órdenes desde el gobierno que dependía para su existencia de las Fuerzas Armadas Nacionales. El Nuevo Ideal Nacional presentaba una contradicción insalvable: la idea de modernidad pero sin las condiciones sociopolíticas básicas de ésta8.

Así las cosas, Venezuela logró, según como se lean los números de la historia, transformarse, a partir de 1955, en una de las primeras economías del mundo en crecimiento porcentual. Pero, ¿acaso no le correspondería ese lugar por el contexto mundial? Se estaba desarrollando la industria petrolera9 desde una década atrás; en el esquema de la Guerra Fría, Venezuela empezaba a jugar roles más determinantes en la geopolítica bipolar; Estados Unidos, socio principal, demandaba tanta energía como su desarrollo industrial de la postguerra se lo exigía. Por todas estas razones la población venezolana daría, justo en la década militar, su primer gran salto demográfico10. 8

Domingo Irwin, “Marcos Pérez Jiménez”, en Fundación Venezuela Positiva, Tierra Nuestra: 1498-2009, t. II, pp. 247-248.

9

Para el año de 1949 la producción era de 1.321.372 barriles diarios, que se cotizaban en 2,25 us$; en 1955 se incrementaría a 2.157.216 barriles diarios, y su venta asciende a 2,34 us$, por tanto la renta per cápita de 322 us$, de 1949, asciende a 539 us$ en 1955. Estadísticas del Ministerio de Minas.

10 Los índices de crecimiento vegetativo de la población, debido a la reducción de la mortalidad y morbilidad infantil, mejoraron, por lo que hubo un salto de 177.609 habitantes por año, en lugar de los 76.312 de la década anterior.

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Buena parte de los logros endilgados a la eficiencia perezjimenista respondía a un progreso tecnológico que afectaría a los países que tuvieran cómo ejecutar planes de modernización, por eso llama tanto la atención a algunos historiadores ciertas estadísticas al estilo de “Venezuela fue el sexto país del mundo en desarrollar y poseer tecnología audiovisual abierta”, con la aparición de YVKA-TV-5 Televisora Nacional, o probas iniciativas como la de 1954 cuando se instaló el Instituto Venezolano de Investigaciones Neurológicas y Cerebrales (IVNIC) a cargo de Humberto Fernández Morán. Empero, sin menospreciar otros datos importantes del desarrollismo perezjimenista11 (vialidad, infraestructura...), los atropellos a la, digamos, “moral civil” del venezolano, al mismo erario público, a tantos otros órdenes de la sociedad, no fueron menores, en términos relativos, que lo acontecido durante las décadas posteriores de democracia representativa, tan denostadas por los post-perezjimenistas, y por el imaginario pretoriano venezolano. En ese orden de ideas cabe señalar que ha habido una historiografía apologética de la década militar. Anotaremos varios ejemplos de esas publicaciones con la advertencia de que este trabajo no abarca particular ni exactamente el debate historiográfico por tratarse de una discusión superior –y la mayor parte posterior– a la intención de difusión del perezjimenato; como que también es cierto que en la construcción premeditada de sensibilidades políticas, el espacio académico es el menos capaz de difundir ex profeso y premeditadamente un mensaje colectivo que genere una cultura política y unos sistemas de representación suficientemente robustos para ocupar y manejar nichos ideológicos a gran escala; en otras palabras, el debate historiográfico es una polémica infructuosa para el hombre de a pie, 11 Ver Felícitas López Portillo, El perezjimenismo: génesis de las dictaduras desarrollistas, México: UNAM, 1986; ver también José Alberto Olivar. El Desarrollo de la Vialidad Durante el Régimen Militar (19481958) y su impacto en la Consolidación del Proyecto de Modernización de la Venezuela Contemporánea, Tesis doctoral presentada en la Universidad Católica Andrés Bello, Caracas, 2011.

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que es el sujeto que nos interesa reconocer como sensiblemente “pretoriano” respecto al imaginario perezjimenista. Laureano Vallenilla Lanz Planchart, alto funcionario del perezjimenato –como veremos más adelante en la documentación, fue el Ministro de Relaciones Interiores–, escribió dos panegíricos, Escrito de Memoria y Razones de Proscrito – ambas publicadas en Francia: 1961 y 1964–. Los dos libros son una laudatoria al Estado Cuartel, a la noble acción de los militares en la conducción de los destinos de Venezuela y a nuestra naturaleza social, incapaz de avanzar fuera de la marcha militar. En 1987 se edita Hegemonía Andina y Pérez Jiménez, de Antonio Pérez Vivas, la típica obra sobre el medio geográfico en relación con el hombre, donde el argumento radica en que los tramontanos son hombres con mayor vocación al poder –por laboriosos, recios, tenaces y templados– y con ello concretan exitosamente sus planes y conspiraciones. Esta reflexión se da en muchos lugares del mundo respecto al hombre de montaña, sin ir muy lejos, en el mismo prefacio de su libro apologético, Pérez Jiménez comienza diciendo: “A temprana edad me enseñaron en mi hogar montañés la obligación de respetar a la persona”12. Las obras que empezaron a criticar a la democracia representativa justificaron su argumento en una mirada comparada con la recién superada década militar, e indirectamente aplaudieron aspectos –sobre todo de economía, industria y diplomacia– del perezjimenato: Domingo Alberto Rangel, La Revolución de las Fantasías (Caracas, 1966); de Moisés Moleiro, El Partido del Pueblo: crónica de un fraude (Valencia, 1979); las entrevistas de Agustín Blanco Muñoz: Venezuela, historia de una frustración: habla D.F. Maza Zavala (Caracas, 1986), Acción Democrática. Memorias de una contradicción. Habla Gumersindo Rodríguez (Caracas, 1989), Pedro Estrada habló (Caracas, 1983) y Habla el

12 Marcos Pérez Jiménez, Frente a la infamia, Caracas: Publicación de Cruzada Cívica Nacionalista, 1969, p. 19.

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General Marcos Pérez Jiménez (Caracas, 1983)13; por otro lado destacan los trabajos Pérez Jiménez y su tiempo 1930-1948, de Carlos Capriles Ayala (Caracas, 1987), y Los años del buldózer. Ideología y Política: 1948-1958, de Ocarina Castillo (Caracas, 1990)14.

2. El lado oscuro de la luna ¿Cómo sobrevivió efectivamente la figura –como ficción viva– de Pérez Jiménez a cuarenta años de memoria y responsos a los caídos de la dictadura? Uno de los errores que mayor costo político le acarreó al perezjimenato fue la Seguridad Nacional y la represión por medio de la tortura y el miedo; originaron exitosamente un ambiente sostenido de terror en ciertos sectores 13 La gran obra de compendios testimoniales de Agustín Blanco Muñoz consta de 17 volúmenes: Testimonios Violentos de la Cátedra Pío Tamayo. 14 Grosso modo, nadie debe dudar de que durante el perezjimenato se consiguieron recursos provenientes del encaminado ordenamiento petrolero que habían hecho Alberto Adriani, Isaías Medina Angarita y Rómulo Betancourt. Ese superávit se invirtió en infraestructura (aunque menos de lo que se dice para salud y educación). Pérez Jiménez destinó recursos, comparativamente, bastante menos en lo rural que en lo urbano: grandes obras para las capitales. Es importante tener en cuenta que un país que empezaba a modernizar su infraestructura tenía relativamente poco que mantener, todo eran obras nuevas, la población rural era mayoritaria, la proliferación de ranchos apenas comenzaba en las ciudades pues la gente aún trabajaba en el campo, por ende la inversión per capita por habitante urbano era muy alta. Al puntofijismo le correspondió mantener las obras hechas durante el perezjimenato (¿cuánto cuesta construir el edificio de una universidad y cuánto cuesta cada año formar sus profesores, mantener sus estudiantes, dotar sus bibliotecas, laboratorios, comedores…?); así como construir las obras rurales –acueductos, electrificación, escuelas, ambulatorios de salud–, pavimentar todas las carreteras del interior del país, electrificar hasta el último pueblo, construir la vialidad rural. No podemos dejar de un lado el hecho de que con Pérez Jiménez, gracias a la creciente demanda de mano de obra obrera para la construcción, entre 1953 y 1957, comenzaron las grandes oleadas migratorias del campo a las ciudades en crecimiento: la invasión de los cerros empezaba, había que mantener una nueva población que antes estaba en el campo produciendo y ahora se asentaba en la ciudad para demandar todos sus servicios.

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de la sociedad urbana. Sus desmanes medraron a posteriori, la valoración de la imagen del dictador15. En el ámbito académico se le daba la última estocada a la autonomía universitaria al aprobarse, en 1953, la nueva Ley de Universidades Nacionales, que disponía el libre nombramiento y remoción de las autoridades universitarias, y se ordenaba el reinicio de las actividades de la Universidad Central de Venezuela bajo este nuevo estatuto. Por cierto, vale mencionar que este anuncio coincidió con la creación de la Universidad Católica y la Universidad Santa María. En el área sindical hubo políticas erráticas, como la salida de Venezuela en 1955 de la Organización Internacional del Trabajo, pues durante la Quinta Reunión del Comité de Industria Petrolera de la OIT celebrada en Caracas, Adrianus Vermeulen, representante mundial de los trabajadores, denuncia el desmantelamiento de las organizaciones sindicales en Venezuela y la persecución de sus líderes, y la reacción del gobierno perezjimenista no hace otra cosa que expulsar a Vermeulen, trayendo no poca cola política y su “autoexclusión” de la organización. La corrupción de Pérez Jiménez y Fortunato Herrera –entonces un gigante nacional de los negocios– apenas deterioró la imagen del dictador en la memoria histórica de los venezolanos. En un país donde su opinión pública es tan sensible a los actos de corrupción –aunque no cesen y no se castiguen–, Pérez Jiménez y su gobierno han sido ejemplos de honestidad y eficiencia administrativa en comparación con la era de la democracia representativa. A Marcos Pérez Jiménez se le vinculó con Fortunato Herrera, alias el Platinado, en todas las operaciones económi15 Los casos más sonados para la construcción negativa del sistema de gobierno ocurrieron el 29 de enero de 1953 al capturar a Alberto Carnevali (quien muere cuatro meses más tarde de cáncer); el 14 de febrero del mismo año, asesinaron al capitán Wilfredo Omaña en la plaza Las Tres Gracias; el 11 de junio capturaron a Antonio Pinto Salinas, para liquidarlo tras una tortura brutal. Lo mataron aplicándole la ley de fuga en San Juan de los Morros. Un año después desaparecía el líder sindical Luis Hurtado Higuera en manos de la misma Seguridad Nacional. Igual suerte corrió Leonardo Ruiz Pineda un año antes.

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cas producto de la venta de los terrenos de la hacienda Chuao, así como con los bonos del Centro Simón Bolívar, el manejo de la venta de billetes de la Lotería de Oriente y la Lotería de Beneficencia del Estado Aragua. Comparativamente, en un país bastante más pequeño que la Venezuela del siglo XXI, con una entrada menor de divisas que la actual, con una población mucho más pequeña, con actividades económicas de menos envergadura que las que se cocinan actualmente, lo antedicho entre Pérez Jiménez y Herrera eran actos graves de corrupción. Las malaventuras de la seguridad política del perezjimenato tuvieron buena voz una vez caída la dictadura, y de ahí se desprendió, con justicia, una gran propaganda que beatificaba la resistencia adeca y comunista, que al mismo tiempo satanizaba al dictador, sus logros y su proyecto nacional. No obstante el dictador, ahora en el exilio, amenazó –con posibilidades reales– regresar al juego político por la vía electoral, hasta que Rafael Caldera en su primer gobierno ilegalizó su opción. Respecto al tejido de la leyenda perezjimenista de la buena administración y la “mano dura”, en el imaginario nacional se tiene al gobierno militar como “embraguetado”, “con pantalones”, “serio”; basta sumar un largo etcétera de expresiones similares. En efecto, en 1955, durante la cresta de la ola económica, aquel gobierno había instaurado la práctica de postergar los pagos a las constructoras que se atrasaran en la entrega de sus obras, como suerte de castigo tras el incumplimiento de plazos. Esta costumbre ha sido muy aplaudida durante décadas de memoria selectiva venezolana. Resulta que esa práctica tuvo más que ver con un método de deuda por medio de unos bonos gubernamentales que forzaban a la banca a pagarlos de inmediato a un precio por debajo del real. Tras dos años de “eficiencia administrativa” del perezjimenato, es decir, tras dos años de practicar esta forma de bonos canjeables por deuda, el gobierno acumuló un saldo negativo de 1400 millones de dólares. Obviamente para el general, como argumento, le valía decir que era el sector privado el que se había endeudado, y de esa manera excusaba al gobierno de cualquier compromiso 195

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económico con el cuantioso pasivo. En el fondo fue también un compromiso ético que se preocupó en desestimar, como veremos. Esto llevó al país a la fuerte recesión de 1957, durante la cual “los acreedores se tornaron más inflexibles y los contratistas se vieron más presionados para cumplir con sus obligaciones”16, pero ¿por qué?, si había suficiente dinero en el tesoro –el excedente de los activos venezolanos superaba los 700 millones de dólares– para cumplir con 150 millones de dólares: según el mismísimo Vallenilla, todo fue por terquedad del general, quien argüía: “no hay deudas sino compromisos”17. Es decir, la eficiente concepción económica de la Venezuela dorada de Pérez Jiménez no es más que una entelequia, producto de la compleja maquinaria propagandística del perezjimenato. La testarudez de Pérez Jiménez llevó una recesión económica a los términos de una crisis política de su propio modelo. La estrategia del gobierno consistió en que, mediante la apabullante obra pública, se garantizara la aventura electoral, sin embargo las mentes brillantes no dejan de sonar, aún apuesten por quien apuesten. De nuevo Vallenilla dejó muy bien escrito lo que sigue: “La obra del régimen es, con su perdón –le dice a Pérez Jiménez–, demasiado nuestra. Lleva nombre y apellido y esto constituye nuestro principal pecado. No nos perdonarán”18. ¿Cómo es posible entonces que en nuestro imaginario político nacional se reflejen imágenes totalmente opuestas al reflujo de la misma historia? Como venimos insistiendo, las proyecciones del bastidor ideológico, estético, cultural y propagandístico fructificaron a lo largo de medio siglo. Acaso de inmediato no hubo el efecto contundente que esperaban, pero a la larga la arquitectura del Estado Cuartel ha sido un éxito en su inoculación mental, cultural, política y espiritual en nuestro imaginario criollo:

16 Coronel Fernando Ímber, El Estado mágico. Naturaleza, dinero y modernidad en Venezuela, Caracas: Alfa, 2013, p. 264. 17 Ibíd. 18 Ibíd., p. 265.

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Las obras públicas eran la historia política y la plataforma presidenciales. Las palabras solo podían conducir al resbaloso terreno de la interpretación, a la separación entre hechos y opiniones, y de ahí al mundo corrupto de las mentiras fabricadas por los políticos19.

Si se suma lo anterior con la problemática de los viejos sindicatos nacionales, la crítica de la organización obrera internacional, la nueva Ley de Universidades, la crisis económica –vuelta crisis política– al final de la década, es entonces posible reconocer cuáles fueron los factores que determinaron la caída del dictador; sin embargo nada de esto se recuerda intramuros del Estado Cuartel, donde Pérez Jiménez es inmortalizado y anhelado en un imaginario popular pretoriano, cargado de símbolos que solo benefician a la opción militar: mano dura, eficiencia, rectitud, patriotismo y coraje. Así recoge la historiografía –que, acaso, todavía le queda camino para razonar este estado de la cuestión– sobre la resistencia: Venezuela bajo el signo del Terror o Libro Negro de la Dictadura (facsímil de la clandestinidad de 1952, ediciones posteriores de 1974 y 1982). Relacionada con este libro está La Resistencia en el Régimen de Pérez Jiménez, 1948-1952 (edición y notas a cargo también de José Agustín Catalá, primera edición de 1969, reeditado en 1977, Ediciones Centauro). Los Crímenes de la Dictadura (el prólogo escrito por Catalá, 1972), relación de presos y su crónica en la temible Guasina y en Ciudad Bolívar. Cuando Mataron a Ruiz Pineda (1977) y Pérez Jiménez, un Gendarme Innecesario (1990), de Guido Acuña, destapan la refriega interna de la dirección central de Acción Democrática y el trato –de protección– oficial hacia Leonardo Ruiz Pineda. De José Vicente Abreu, dos novelas necesarias, Se llamaba SN (1964) y Guasina. Donde el río perdió las siete estrellas (como buena parte de la obra antiperezjimenista, Ediciones Centauro, 1969, a cargo de José Agustín Catalá). El who is who del régimen perezjimenista de Norman Dupray, Huyen las Aves de Rapiña 19 Ibíd., pp. 265-266.

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(Buenos Aires, Talleres la Técnica Impulsora, 1959) donde, además de ubicar a los personeros y pesos pesados del gobierno, relata manejos y negocios en las concesiones –con comisiones, participaciones, monopolios, al margen de los contratos, etc.– de la creciente industria petrolera venezolana. El casi “manual político” en contra –entre otras cosas– de la política energética de la década militar, la obra más conocida de Rómulo Betancourt, Venezuela, Política y Petróleo (Monte Ávila, Caracas; 1979). Las ediciones facsimilares de los tabloides del exilio de comunistas y adecos en México, Noticias de Venezuela y Venezuela Democrática, son documentos muy sugerentes para comprender los debates en el exterior frente a la dictadura venezolana de los dos partidos más importantes de la resistencia. Para cerrar este brevísimo recuento historiográfico sobre la cuestión del perezjimenismo, hagámoslo con un broche dorado. Recomendamos la entrada –ya la hemos citado– a cargo de Domingo Irwin, “Marcos Pérez Jiménez”, en Tierra Nuestra: 1498-2009: ponderado análisis de la década militar, acucioso en aportar nuevos elementos como el desconocido Informe Perkins, el verdadero esqueleto intelectual sobre el cual se sostiene toda la musculatura del alardeado Nuevo Ideal Nacional. Nos dice Irwin: Uno de los aspectos de que se ufanaba el gobierno presidido por el General Pérez Jiménez era la planificación racional del proceso de desarrollo nacional. Esa era una de las consignas del entendido como Nuevo Ideal Nacional. Para finales de 1952 Milo Randolph Perkins entrega a las autoridades venezolanas un texto en dos idiomas (...) con el sugestivo título de Por el desarrollo y estabilidad de Venezuela: principios de acción. Ese escrito (...) reflejaba los resultados del análisis que le había sido encomendado por el presidente del Banco Central de Venezuela a Perkins. En este texto se encuentra desglosado un proyecto nacional de desarrollo económico y social 20.

20 Domingo Irwin, “Marcos Pérez Jiménez...”, op. cit., p. 248.

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3. Lo que sí se planeó decir: propaganda y construcción de sensibilidades políticas Acotábamos antes que uno de los principales objetivos cuando se intenta historiar sobre las mentalidades –e historia intelectual, cultural– durante el perezjimenato, es la censura, la historia de la censura en tiempos de dictadura21. Es decir, se estudia lo que no se dijo/escribió y por qué no se dijo/escribió, en lugar de analizar lo que realmente sí supuso una impronta en la modelación política cultural de la sociedad: lo que sí se dijo. Hubo un sistema de propaganda directa e indirecta. Si el gobierno inauguraba una gran obra se preocupaba de que esta fuera conocida por todos los venezolanos a través de los medios audiovisuales más avanzados de su momento, para ir construyendo una idea colectiva de progreso, modernidad y bienestar. Estaba tan bien pensado que hubo una oficina de publicidad que se mantenía con el pago de una cuota mensual por parte de todos y cada uno de los ministerios y dependencias del Estado. Quedaba en una de las oficinas del Banco Obrero. Su director la definía como la más eficaz porque se trataba de “publicidad indirecta”. Actúa de la siguiente forma: un día, en un diario determinado, sale una noticia sobre un posible proyecto; al día siguiente otro diario interroga al ministro respectivo. Al tercero otro periódico editorializa sobre el tema, logrando en esa forma mantener la publicidad al día, ocupando todas las páginas de los diarios22.

La propaganda proyectaba23, de forma sobredimensionada, una realidad nacional: “recibiendo aquel impulso adicional prove21 José Agustín Catalá y Eleazar Díaz Rangel, De Pérez Jiménez a Hugo Chávez. Censura y Autocensura 1948-2003, Caracas: Centauro, 2003. 22 José Agustín Catalá y Eleazar Díaz Rangel, De Pérez Jiménez…, op. cit. p. 27. 23 Trabajaremos varias colecciones de los fondos del Archivo Histórico de Miraflores que ya hemos publicado parcialmente en nuestro artículo titulado “La propaganda política durante el perezjimenato: en la búsqueda de la legitimidad de ejercicio y la diplomacia velada 1952-1957”, en Tiempo y Espacio, núm. 52, Caracas, (2009), pp. 39-66.

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niente de la explotación del petróleo, la economía venezolana se aprestó a emprender casi una década de grandes transformaciones. Se trata de un período al cual podríamos calificar como el gran salto económico de Venezuela”24. A esto se sumo una política fiscal de alto gasto público en materia de infraestructuras, con la que se logró una política tributaria impositiva racionalmente baja –que motivó a la inversión– y un presupuesto cuidadoso que cerró varios períodos anuales con saldo positivo a pesar de la gran inversión pública. A lo antedicho se une que Venezuela vivía un buen clima de inversión y desarrollo de la empresa privada, estabilidad de los precios y del cambio monetario, todo ello resultado de coincidencias históricas que dieron lugar a una época dorada, que tenía ademas un contexto regional a favor y un proyecto bien pensado para el control de las sensibilidades políticas, lo que permitió crear una legendaria época en un mítico país gracias al Estado Cuartel. Un memorando del 15 de diciembre de 1953, de Humberto Spinetti Dini, Director Nacional de información, dirigido al secretario de la presidencia de la república, Raúl Soulés Baldó, le informaba sobre un documental de la empresa estatal de cine y documentales Bolívar Films. El cortometraje se explayaba durante 41 minutos sobre la gran obra de Marcos Pérez Jiménez. Spinetti Dini propone sustituir alguna toma por el discurso del dictador en el Círculo Militar, a la vez que resumir un poco la introducción del film. Preguntaba Spinetti Dini –con un propósito propagandístico muy refinado– si estos cambios convenían a la presidencia. La idea propagandística era darle más presencia a Pérez Jiménez en el documental, aún cuando se trataba sobre las obras de la Corporación Venezolana de Fomento, de los ministerios de Sanidad y Asistencia Social, y del de Obras Públicas. Además sugirió cortar las inauguraciones filmadas en el interior del país. Esto economizaría pies de película y subrayaría la imagen del dictador en otra alocución extra: una propaganda megalómana clásica que divorciaría, 24 José Toro Hardy, Venezuela, 55 años de política económica. 1936-1991. Una utopía keynesiana, Caracas: PANAPO, 1992. p. 44.

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dentro de la misma película, la idea de la información como política de propaganda nacional, y adheriría una evidente intención proselitista25. Durante el mismo año hay una hoja de los puntos de cuenta de una reunión del gabinete, donde el ministro de relaciones interiores Laureano Vallenilla-Lanz Planchart propone una “campaña publicitaria” con motivo del primer aniversario del gobierno. Se llevaría a cabo una agenda entre el 24 de noviembre y el 2 de diciembre que constaría de “(...) a- Folleto sobre 19 grandes obras, b- Película sobre las mismas obras, c- Reportajes por televisión, d- Reportajes periodísticos”26. El merideño Humberto Spinetti Dini fue un brillante director de información; en menos de un mes de inauguradas varias obras de infraestructura, enviaba a la secretaría de la presidencia una copia del documental que reunía todas estas escenas: “Me es grato enviarle una copia del Documental para Televisión filmado por la Tiuna Films, con motivo de las Inauguraciones del mes de Diciembre de 1956, a las cuales asistió el señor Presidente de la República”27. Se hacía sistemática la información de todo lo que el gobierno, en presencia de Pérez Jiménez, inauguraba. El nuevo ideal nacional no solo era la intervención y transformación del espacio físico: la propia ocupación y modificación de los espacios tenía que parecer, semejarse, recordar y resonar al gobierno del General: el trabajo debería recordarle a la gente que había un gobierno –militar– en todos los espacios y la forma ideal de “omnipresencia” de la obra transformadora del gobierno era el cine, por ello hubo tanta insistencia en ese medio. Por supuesto que la obra impresa es fundamental en la divulgación de esta propagan25 Archivo Histórico de Miraflores (AHM). 15 serie a, caja 27. Inventario. Memorando. Humberto Spinetti Dini, Director Nacional de Información. Caracas, 15 de diciembre de 1953. 26 AHM. 16 serie a, caja 27. Inventario. Autor: presumimos el Ministro de Relaciones Interiores pues es un punto de cuenta para la sesión del Gabinete. (s/f d-m: 1953). 27 AHM. 23 serie a, caja 27. Inventario. Carta. Humberto Spinetti Dini, Director Nacional de Información. Caracas, 9 de enero de 1957.

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da en forma de información, pero el cine estaba creando héroes y fantasías –el cine de oro mexicano y el estadounidense están en su esplendor–; lo mismo se haría en Venezuela con su presidente y la nación que transformaba, día a día. En la reunión del gabinete, el 26 de abril de 1954, destaca el punto número dos de la “Dirección Política”, donde se informa a Pérez Jiménez sobre la “Solicitud de la empresa italiana Gigisanti Films S.A. acerca del documental en colores sobre Venezuela que está realizando dicha empresa y desea completar con “un día en la actividad del Presidente de los venezolanos”28. Se manejó aquí, cuidadosamente, una campaña, obviamente paga, con los italianos de Gigisanti. Se le informaba a Pérez Jiménez sobre el interés de esta cinematográfica por grabar un día en el despacho presidencial. Dos meses antes la embajada de Italia en Caracas le comunicaba al Ministerio de Relaciones Exteriores sobre la llegada a La Guaira del buque Conte Biancamano, donde viajaba una “troupe cinematográfica italiana” para hacer un documental a colores sobre Venezuela29. Igualmente, Raúl Soulés Baldó le informaba a Spinetti Dini que el cineasta brasileño León Faingeld se había dirigido a su oficina con el proyecto de una película documental sobre Venezuela para ser exhibida en Brasil en una cadena de mil doscientos cines30. En enero de 1954, otra empresa, también con miras internacionales, Publicidad Lyon, era contactada para filmar un documental en Technicolor sobre las obras realizadas por el gobierno: 1º Antes de su exhibición en los teatros será presentada ante el Primer Magistrado y demás funcionarios que sean invitados. 2º Previo anuncio en los periódicos cuyo costo es de Bs. 7.440 se proyectará simultáneamente en 14 teatros de primera y después se exhibirá en los 78 locales que funcionan en el 28 AHM. 13 serie f, caja 5. Inventario. Cuenta al Presidente. s/a, s/l, s/f. 29 AHM. 12 Serie b, caja 36. Inventario. Copia de esquela. 25 de febrero de 1954. 30 AHM. 22 serie a, caja 27. Inventario. Misiva. Raúl Soulés Baldó, Secretario del Despacho. Miraflores, 22 de noviembre de 1956.

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Distrito Federal por 8 días consecutivos. 3º Se mandarán 10 copias al interior del país. 4º Se mandarán copias a Colombia y Ecuador, una para Perú y Bolivia, una para Argentina y una para Panamá y Centroamérica. Estas serán remitidas al cuidado de las respectivas Embajadas31.

4. Los medios escritos en el Estado Cuartel: imagen, sensibilidades y gerencia de la propaganda Los medios escritos también tuvieron difusión intramuros y extramuros del Estado Cuartel. Como se ha visto a lo largo de la historia contemporánea y actual, los regímenes de características militares-populistas –con el cuidado que merece la última categoría– son celosos de la percepción política, cultural, espiritual que se puede generar hacia ellos. Insistimos, hay una valoración histórica y existencial sobre la cual hay un persistente esmero de parte del hombre duro, del general, del mesías militar, “comprometido” con su pueblo. Diría Augusto Pinochet en una entrevista a Newsweek el 26 de junio de 1986: “Estoy aquí porque mi pueblo me pide que me quede. Avance, me dicen, por favor no nos abandone”; o como reseñó la revista Hoy, en octubre de 1986: “Soy el general de los pobres”. Pinochet se consideraba, palabras suyas textuales, un “ángel patriótico”32. Nunca el jefe del Estado Cuartel se considera –ni permite que esa percepción se cuele– un tirano opresor. Siguiendo el mismo ejemplo del temible Pinochet: “La democracia es la libertad del hombre, el pensamiento del hombre. ¿Cree usted que una dictadura mantiene los tribunales de Justicia y le respeta los fallos? No es dictadura, señorita, esa es una invención”33.

31 AHM. 7 serie f, caja 5. Inventario. Cuenta al Presidente. s/a, s/l. 11 de enero de 1954. 32 Palabras de Augusto Pinochet recogidas de diferentes entrevistas por el semanario chileno The Clinic. Información de origen digital. Disponible en: http://www.theclinic.cl/2013/09/06/las-10-mejores-entrevistas-televisivas-a-pinochet/ (Consulta el 26 de septiembre de 2014). 33 Ibíd.

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Aunque uno y otro son incomparables, Marcos Pérez Jiménez también se preocupó por adelantar una percepción, casi de tipo existencial, sobre su imagen histórica –en su presente, así como un legado– que le servía para camuflar su forma política de dictador tras la idea de un invitado de la historia, de las necesidades históricas ineludibles de su patria. En una entrevista Pérez Jiménez, aun con el desenfado de los años, diría que: yo he tenido la mística del poder no por el ejercicio del poder, sino para el poder, para realizar una obra de engrandecimiento nacional. Esa fue mi orientación. De manera que cuando vi que prácticamente tenía que destruir la institución en la cual yo había fundamentado toda mi esperanza para respaldar una obra de engrandecimiento nacional, resolví irme del país. Eso demuestra que yo no estaba ahí para el ejercicio del poder, sino para poder engrandecer a Venezuela34.

De hecho Pérez Jiménez se preocupó a lo largo de su exilio, de esa percepción histórica-existencial, no solo abriendo las puertas de su mansión en La Moraleja de Madrid para dar entrevistas donde se explayaba en lisonjear su paso por la historia de Venezuela; también dejó escrito un libro acusatorio y al mismo tiempo apologético de su obra política, social y física en la Venezuela que le correspondió gobernar a la fuerza; lo tituló Frente a la infamia. Apenas en la dedicatoria podemos leer claves en torno a su argumentación histórica y a la validez misma del Estado Cuartel como alternativa de país: Desde el 23 de enero de 1958 hasta hoy, un buen número de venezolanos ha mantenido incólume su fe en una teoría de gobierno que, presta a la práctica, estuvo engrandeciendo a Venezuela. A ellos –auténticos cruzados del Nuevo Ideal Nacional–, que durante la última década han estado haciendo gala de coraje, espíritu de sacrificio, lealtad a los principios y consecuencia personal, dedico este libro. Caracas, 1º de enero de 196835.

34 Entrevista dada a José Emilio Castellanos en 1998. Recogida por el semanario Las verdades de Miguel, 19 al 25 de 2014, p. 13. 35 Marcos Pérez Jiménez, Frente…, op. cit., p. 11.

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4.1. Hacia otros imaginarios

Durante la dictadura hubo curiosas –y convenientes– iniciativas editoriales que halagaban la obra del general, que no solo llevaban a cabo la tarea de propaganda, sino también que tuvieran alguna resonancia en el exterior, como la “preparación de la 3ra edición de (...) Pérez Jiménez, Fuerza Creadora, en la cual será incluida la extraordinaria labor del actual Gobierno y que, una vez publicada, la traducirá al Inglés para su publicación en los Estados Unidos, a cuyo efecto ya está en contacto con la casa editora ‘Exposition Press’ de Nueva York”. Este tipo de ediciones también se proponían con convenientes formas de distribución editorial, pues el “señor Francisco Aniceto Lugo (...) desea que se recomiende esa 3ra. edición ante los Ministerios, Institutos Autónomos y Gobernaciones de Estado y Territorios, a fin de que contribuyan a su financiamiento con reportajes”36. El gobierno instaba a todos los entes y dependencias estatales a sufragar el costo de los mecanismos de propaganda para la fabricación personalista del líder. Revisamos un sugerente proyecto de telegrama/circular para los gobernadores donde, siguiendo las instrucciones del “Señor Presidente de la República”, se les explica a los altos funcionarios que, con motivo de las celebraciones del 2 de diciembre y las inauguraciones de obras, se ha asignado un presupuesto determinado a cada gobernación. En el documento no se asoma el monto –es un copiador del original–, no obstante llama la atención el último párrafo: Los cuales [bolívares] debe girar antes del 20 del corriente a la Dirección Nacional de Información. Los gobiernos regionales, lo mismo que las demás entidades oficiales, no deben 36 AHM. 24 serie a, caja 27. Inventario. Memorándum. Despacho de la Presidencia de la República dirigido al Director Nacional de Información Spinneti Dini. Miraflores, 17 de noviembre de 1954. El personaje nombrado en el memo puede ser Francisco Aniceto Lugo, polifacético personaje de 1894, oriundo de San José de Amacuro. Fue un entusiasta precursor de la astronomía y de la ciencia ficción en la narrativa. Como escritor abarcó curiosos límites temáticos, desde historia, política hasta, como acotamos, ciencia ficción.

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hacer publicaciones individuales en esa oportunidad ni erogar más dinero por tal concepto fuera de la cuota que se les ha fijado. Dios y Federación37.

Durante el mejor momento de las relaciones de Pérez Jiménez con Estados Unidos, Hamilton Wrigth IV, presidente de la oficina de relaciones públicas Hamilton Wrigth de Venezuela, le informaba al secretario de la presidencia, Raúl Saules Baldó, que la empresa Warner Brothers Films estaba dispuesta a realizar una película sobre Venezuela. En otra carta del mismo emisario, dirigida también al secretario de la presidencia, le informan que se envían tres revistas: Newsweek, Time y Life, donde en una, la portada es la fotografía de un toro saltando una barda que simboliza las similitudes idiosincráticas y culturales de los pueblos venezolano y estadounidense, para demostrar las manifestaciones propias del hombre común de cada país. Distribuir en la prensa estadounidense fotos de venezolanos y estadounidenses en actividades solariegas parecidas, como forma de propaganda de los modelos espirituales, políticos y económicos que las dos naciones compartían entonces, era una forma de lucha contra el virus del comunismo, y un compromiso mutuo38. Esto también le funcionaba al Estado Cuartel para legitimarse en la opinión pública de su máximo aliado y arraigarse como modelo confiable en otros lugares, dentro de otros imaginarios. Así pues, desde la vecina Colombia se elaboraron estrategias similares, con las pretensiones de lograr una sensible presencia de Venezuela y del perezjimenato en la región. El diario colombiano La República dirigido por Silvio Villegas realizó una edición especial “dedicada al progreso de Venezuela”. Se le enviaba a Pérez Jiménez, tal y como lo dispuso Humberto Spinetti en el 37 AHM. 25 serie a, caja 27. Inventario. Proyecto de telegrama-circular. s/a, s/f, Despacho de la Presidencia de la República. 38 AHM. 3 1804-c, 1954 abril 1-30 [cartas]. 2 cartas con dos respuestas en telegrama. Una dirigida a Raúl Saules Baldó, Secretario de la Presidencia, la otra es para Pérez Jiménez. Hamilton Wrigth IV, Organización Hamilton Wrigth de Venezuela (oficina de información y relaciones públicas). Carta 1:10 de abril de 1954; carta 2: 31 de mayo de 1954; telegrama 1: 29 de abril de 1954; telegrama 2: 8 de junio de 1954.

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memorándum, un cuestionario confeccionado a la medida del régimen39 con el fin de intentar llegar a distintos países a través de medios impresos gracias a las alianzas –casi siempre económicas– con directores de periódicos y el gobierno dictatorial. Así lo dice una esquela al encargado de la secretaría de la presidencia Rafael Pinzón: En cumplimiento de las instrucciones de esa Secretaría, me es grato manifestarle que el señor César Durand, Jefe de Publicidad de La Nación, de Lima, ha sido enviado por la Dirección del mencionado diario para preparar una edición dedicada a Venezuela. El señor Durand aspira a publicar 24 páginas de publicidad del Gobierno, a razón de $ 1000 cada una. Me es grato anexar el plan elaborado por la Dirección de La Nación 40.

Desde el extremo sur, León Lipcovich viajó de Buenos Aires a Caracas como reportero de Noticias Gráficas para preparar el material de una edición sobre Venezuela. Destacaría, sobre todos los temas, el progreso nacional que vivía la nación gobernada por Pérez Jiménez. El corresponsal argentino estaba especialmente recomendado por Soulés Baldó, quien también remitió el proyecto al mismo presidente, indicando que “se presten a León Lipcovich las facilidades necesarias para el cabal cumplimiento de su cometido”41. Otra publicación regional que evidencia cómo el gobierno venezolano se valió del presupuesto nacional para proyectar el bastidor propagandístico –con un fondo de interés ideológico– del perezjimenato fue la revista mexicana Todo, en su edición especial dedicada completamente a Venezuela. La cobranza de la edición especial se la hacen llegar al director de la oficina nacional

39 AHM. 18 serie a, caja 27. Inventario. Memorándum. H. Spinetti D. Caracas, 7 de julio 1955. 40 AHM. 19 serie a, caja 27. Inventario. Carta. Humberto Spinetti D. Caracas, 27 de junio de 1955. 41 AHN. 25 serie a, caja 27. Inventario. Misiva. Raúl Soulés. Miraflores, 8 de julio de 1954.

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de información el 24 de abril de 1953. La revista Todo le pasó una cuenta al gobierno de diez mil bolívares por el dossier42. En ocasiones esta clase de transacciones económicas se tornaron habituales, como veremos en otro documento a continuación. Sin embargo, es más sugerente el interés del Estado Cuartel de desembolsar el dinero no solo con fines de mera propaganda, debemos leer más allá el mismo hecho. El perezjimenato busca reconstruir una legitimidad que no se obtuvo por la elección democrática del líder, por tratarse de un gobierno militar y de una dictadura todavía distante de la aventura –fraudulenta y fallida– del plebiscito; el mensaje no deseaba decir que el gobierno venezolano no era militar, no era dictatorial, el mensaje realmente pretendía demostrar –legitimar, avalar, proyectar– que el Estado Cuartel era el modelo ideal de Venezuela, de América Latina y de El Caribe; que el ejercicio militar en la política y en el proyecto nacional de estos países era el llamado sensato que estaba haciendo la historia desde los cuarteles en casi toda la región (en Cuba gobernaba Batista, en Dominicana Trujillo, en Nicaragua Somoza, en Colombia Rojas Pinilla, en Perú Odría, en Brasil Vargas, en Paraguay Stroessner y en Argentina Perón); lo que hemos venido subrayando a lo largo de este escrito: se modelaban sensibilidades al respecto, se inoculaba en el imaginario regional que estos pueblos no estaban preparados para la democracia, pues había que llevarlos por la ley del cabestro; el cesarismo democrático debería curar a este continente enfermo con las nuevas fórmulas del Estado Cuartel, con los nuevos ideales nacionales-regionales de los jefes del Estado Cuartel. Anunciábamos otro documento sobre las reiteradas transacciones –formalizadas dentro del lenguaje editorial inclusive– que desde el gobierno nacional se hacían para auspiciar, primero en lo doméstico, el insistente mecanismo de propaganda, información, difusión, publicidad y divulgación del régimen: Cúmpleme hacer de su reconocimiento que, conforme a los deseos de Usted, recibí a los señores Rafael Meléndez y 42 AHM. 27 serie a, caja 27. Inventario. Memorándum de la Presidencia de la República. Miraflores 27 de abril de 1953.

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Ohmer Bustamante quienes me expusieron que Mundo Hispánico proyecta publicar una edición especial dedicada a Venezuela en la cual se incluirán informaciones de la labor oficial. Los señores Meléndez y Bustamante aspiran a que el gobierno tome por los menos 20 páginas –unas en tipografía a Bs. 1.000 y otras en huecograbado y offset a Bs. 1.500 y 1.750, respectivamente– por un valor total de 30.000. Me manifestaron, además, que es condición abonar anticipadamente el 50% del importe del contrato43.

El documento que mostraremos a continuación demuestra el interés en el mismo aspecto editorial –difusión, publicidad, legitimación diseñada, propaganda, etc.– en el exterior, así como el hecho “habitual” del mismo: Cumpliendo sus instrucciones, me es grato manifestarle que en marzo de 1952 el New York Herald Tribune, de Nueva York, publicó un suplemento de 12 páginas dedicado al desarrollo económico y social de Venezuela. El costo de dicha publicación fue de $ 59.135.000, suma que se distribuyó para su pago entre los Ministerios e Institutos Autónomos. Más tarde, en diciembre de 1953, el señor Michael Smiley, jefe del departamento de publicidad del mencionado diario en América Latina, solicitó de nuevo publicidad para un número del New York Tribune a circular en marzo de 1954 (...) Nuevamente, en este año, el señor Smiley se dirigió al Gobierno, por mediación de la Secretaría de la Presidencia, manifestando que el suplemento de este año además de publicidad oficial incluirá avisos de la industria y del comercio venezolanos. La tarifa a pagar, por página, es de $ 5.112, y el Señor Smiley aspira por lo menos 6 páginas44.

Observamos los mismos elementos: una forma habitual de operar el sistema del bastidor de “información”, sumado a los costos inherentes del negocio publicitario; empero, lo que se está publicitando es un modelo político, cultural, espiritual, simbólico, se 43 AHM. 26 serie a, caja 27. Inventario. Memorándum al Secretario de la Presidencia. Caracas, 9 de febrero de 1954. 44 AHM. 20 serie a, caja 27. Inventario. Memorándum al Secretario de la Presidencia. Caracas, 5 de agosto de 1955.

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está vendiendo la imagen del Estado Cuartel a la opinión pública estadounidense. De hecho, si leemos lo que sigue se verá que hubo algún impacto: Robert J. Cole, editor para América Latina del The Journal of Commerce de Nueva York, le envió una carta a Spinetti Dini, acusando recibo del libro Así progresa un pueblo (diez años en la vida de Venezuela) y le dice: como un observador interesado en las condiciones económicas de Venezuela en un período de muchos años, puedo decir sin indecisión que esa excelente publicación da sólo una pequeña idea de los enormes avances económicos hechos por el pueblo venezolano en los últimos diez años45.

Asimismo, de un artículo de 1954 del New York Times donde se ensalzaba la velocidad con que el gobierno venezolano había levantado los edificios para la clase obrera en Caracas –refiriéndose al conjunto de edificaciones 2 de Diciembre, hoy 23 de Enero–; en el artículo de prensa se lee cómo el periodista afirma que espera que en Estados Unidos alguna vez se aprenda a construir a esa velocidad y con esa preocupación hacia los sectores menos favorecidos. Este apartado documental está en los fondos de la correspondencia de la Embajada de Venezuela en Washington hacia el Despacho de la Presidencia de la República durante el año 1954 –secciones de la prensa estadounidense enviados en reportes al presidente, midiendo la opinión pública local– en el Archivo Histórico de Miraflores. Se puede observar cómo se está ensamblando cierta tendencia favorable hacia el Estado Cuartel. El siguiente documento es de mayor aliento, de hecho es una propuesta totalmente pensada hacia el bastidor ideológico del régimen. Se trata también de una iniciativa venida desde Estados Unidos, del director del Diario de las Américas, S. Serfaty, quien en 1954 propone lo que sigue: Este diario anticomunista por principio y gran defensor de los intereses panamericanos, publica en la actualidad tres páginas en español y una en inglés y mantiene una buena circulación en los Estados Unidos, especialmente en Washington y 45 AHM. 28 serie a, caja 27. Inventario. Carta. Robert J. Cole. Nueva York, 9 de julio de 1956. Documento original en inglés, traducción propia.

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en el Estado de Florida. El periódico está ligado a Venezuela y a su Gobierno por muchas razones y siempre están dispuestos a defenderlo y a desenmascarar a los enemigos que en el exterior se ocupan de denigrar y desconceptuar la gran labor de Patria que usted viene desarrollando. He estudiado muy bien la situación de esta región y la considero sumamente importante políticamente y se puede organizar una magnífica campaña de demostración al exterior del fecundo trabajo que usted viene ejecutando para afianzar a Venezuela en el sitial de honor que le corresponde dentro del conglomerado americano de naciones. Esta ciudad, centro obligado del pase de las Américas del Sur y Centro, visitada continuamente por personajes importantes de la política (...) sitio escogido para campañas a los gobiernos de la cuenca del Caribe, es de gran valor para establecer en ella un servicio de propaganda bien dirigido donde se pueda demostrar la verdad de la actual situación venezolana y donde se pueda refutar y desmentir los escritos y noticias que propagan los enemigos del régimen actual. Para ejecutar este plan podríamos utilizar este diario que es cien por ciento amigo de usted y al efecto se le entregaría el material que de Venezuela enviaran los organismos designados al efecto y aquí se refutarían todos los escritos que en América se publicaran no favorables al gobierno. Este periódico necesita, naturalmente, de ayuda monetaria para esta campaña de publicidad y es por ello que me he permitido escribir a usted directamente a fin de que si lo considera conveniente se podría fijar una asignación mensual que lo ayudara en su parte económica y obtendríamos los servicios de un diario en firme para hacer resaltar en el Exterior la gran obra efectiva que se realiza en Venezuela46.

Tras leer este último documento es evidente que los hombres del negocio editorial notaron que había oportunidades interesantes con el gobierno venezolano y sus anhelos de proyección ideológica, de la construcción de toda una carga simbólica de progreso, nacionalismo y modernidad, como sinónimos del Estado Cuartel. 46 AHM. 29 serie b, caja 129. Carta con recorte de prensa. S. Serfaty al Presidente de la República. Miami, Florida, 18 de febrero de 1954.

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Al perezjimenato no solo le interesaba esta parte del Atlántico. España era otro fuerte importante por encandilar. Para Venezuela –como el resto de América Latina– España era la puerta de Europa, y había intereses mutuos que relacionaron a las dos naciones. Sin olvidar que la larga noche de Francisco Franco encontraba muchas coincidencias ideológico-políticas con la dictadura venezolana, hubo una larga y extensa corriente migratoria que formaba parte del proyecto de país del Nuevo Ideal Nacional. Recuérdese que si el trienio adeco había planteado el tema de la migración para llenar puestos de trabajo vacantes, fue bastante más restringido que la denominada política de “puertas abiertas” de la década militar. Es decir, con Pérez Jiménez se facilitó –y estimuló– la política migratoria de cuantos europeos se pudiera, bajo aquella eugenésica manda de europeizar –cultural y racialmente– a Venezuela, con un previo proceso de selección de nacionalidades y grupos locales47. Por retrógrada que suene, esta política ha sido también laureada dentro del imaginario político venezolano como uno de los grandes aciertos del perezjimenato. Empero, como ya es reiterativo, la memoria selectiva para la construcción del imaginario perezjimenista olvida, por ejemplo, los europeos vagando como indigentes por las plazas caraqueñas, sin techo, sin trabajo, con las promesas doradas rotas por la demagogia del momento48. También es cierto que la enorme inversión que comenzaba en la década militar acogería como mano de obra a una buena parte de esa inmigración. El otro lado de la moneda lleva esta efigie: “La extraordinaria migración que está recibiendo esta rica región, enmarcada en el centro norte de Venezuela, quedará, sin duda alguna, señalada en los anales históricos de la patria como la más vigorosa evolución de un pueblo joven que se procura

47 Juan Carlos Rey González, Huellas de la inmigración en Venezuela. Entre la historia general y las historias particulares, Caracas: Empresas Polar, 2011, pp. 114-115. 48 Ibíd., p. 126. El autor cita un artículo de El Nacional, del 13 de mayo de 1949: “Inmigración sí, demagogia no”, de Carmen Clemente Travieso.

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un porvenir mejor”49. No obstante, como en todo ciclo, luego de tocar la cúspide, vendría la caída. Pero eso es tema de otro estudio, volvamos ahora a la España que le interesaba al Estado Cuartel, y viceversa, la España interesada en la dictadura de Pérez Jiménez.

5. El diseño del imaginario del Estado Cuartel venezolano en España Entre la España franquista y la América Latina donde descollaba el modelo del Estado Cuartel hubo serios intentos de hermanar ambas perspectivas cisatlánticas con, por ejemplo, la creación de los Institutos de Cultura Hispánica que desde 1947 actuarían en una red de asociaciones radicadas en América, para “crear una poderosa corriente de ideas trabajadas sistemáticamente. Su motivación fue la ‘filiación hispánica’, como vehículo de unión de personas de distinta nacionalidad”50. Este campo de filiaciones político-culturales pretendía llegar una brazada más lejos en el terreno de la diplomacia y los convenios de cooperación, pues gracias a una serie de logros en el campo cultural, se mantenía en la creencia de que el hispanismo iría ganando en “amplitud y volumen”, en cuanto que las relaciones culturales fueran reforzadas por una intensa relación económica, quedando de ese modo trazado el camino de la vinculación hispano-iberoamericana 51.

Así las cosas, buena parte de América Latina y El Caribe estaba en el ámbito de la cultura política, bajo el manto del Estado Cuartel, así como la España de Franco: el catecismo anticomunista –parte esencial del credo militarista de la época–, católico, conservador, e incluso, a lo que a sistemas corporativistas 49 Marconi Villamizar en Últimas Noticias el 22 de octubre de 1957, citado por Rey González en Ibíd., p. 127. 50 Silvia Enrich, Historia diplomática entre España e Iberoamérica en el contexto de las relaciones internacionales (1955-1985), Madrid: Ediciones de Cultura Hispánica, 1989, pp. 68-69. 51 Ibíd.

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se refiere, hubo similitudes con la “democracia orgánica” del caudillo español. Era América Latina y El Caribe una plaza de sables, de partidos únicos, sistemas sociales conservadores y restrictivos, con alto control social y líderes nacionalistas que se hallaban cómodos en la acepción “hispanoamericana” como un lugar de encuentro ideológico y cultural, construido entre las capitales de la región (Caracas, Buenos Aires, La Habana, Ciudad Trujillo, Managua, San Salvador, Bogotá, Lima...) y Madrid, la antigua metrópoli: “El 12 de octubre de 1953 –Día de la Hispanidad– el ministro Martín Artajo lanzó el plan de una Comunidad Hispánica de Naciones, destinado a coordinar la acción diplomática de los países de lengua española en torno a un ideal igualitario de pertenencia a un mismo ámbito cultural”52. Las relaciones de los Estados Cuartel de la España franquista y la Venezuela de Pérez Jiménez ha sido una asignatura pendiente desde el estudio de la historia de las relaciones internaciones atlánticas. En esta parte del ensayo proponemos un acercamiento, en virtud de esta investigación, a la cultura política pretoriana criolla representada en la prensa española –nicho natural para el reforzamiento de un imaginario sobre Venezuela–; lo que para la España franquista representa solo una década de su política exterior, y para Venezuela, el proceso específico de su última dictadura. El medio más importante de la península, Radio Nacional de España, era una forma expedita de mecanizar el bastidor ideológico con doble propósito: derrumbar las expectativas de exiliados venezolanos que urdían planes o albergaban esperanzas en la caída de Pérez Jiménez y seguir en la arquitectónica de afianzamiento simbólico del Estado Cuartel. Acaso la mejor propaganda es la que no se nota, la mejor estrategia de difusión y control es la que no parece tal, así como la mejor forma de generar una sensibilidad específica hacia un sistema, hacia un modelo, consiste en la sutileza. Así se planificó lo que sigue: 52 Julio Gil, La política exterior del franquismo. Entre Hendaya y El Aaiún, Barcelona: Ediciones Flor del viento, 2008, p. 307.

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Se trata de efectuar semanalmente, por medio de un programa de media hora de duración, una emisión de difusión de la música, arte, literatura, geografía venezolana. Este programa debería ser realizado en Caracas, por medio de un programa grabado, que semanalmente se remitiría a la Radio Nacional de España. El programa semanal venezolano lo difundiría Radio Nacional de España, por sus canales generales (especialmente en sus horas españolas e hispano-americanas, al igual que hace con otros países de Hispanoamérica). Emisión “confidencial” de noticias políticas Venezolanas: Radio Nacional de España, pone a disposición de Venezuela, sus emisoras, para la difusión de noticias de tipo político, para las que no interese especialmente dar un sello de procedencia demasiado oficial y cuyo origen deberá aparecer como “extraídas” de los medios informativos españoles e internacionales. No se puede desconocer que en general las informaciones políticas pierden efectividad, cuando son difundidas oficialmente por el país interesado. Por otra parte por carecer Venezuela de medios de difusión potentes, hace que y sobre todo en Europa, las informaciones y conceptos que en la opinión prevalecen, sean confusos y en general no favorables dada la actividad que los exilados políticos venezolanos desarrollan en algunos de aquellos países y especialmente en Francia, Bélgica y Suiza. En atención a estos hechos es por lo que solicité y obtuve en Madrid de los organismos adecuados, que Radio Nacional de España, pusiera a disposición del gobierno de Venezuela, sus medios de difusión, para la propagación de noticias e informaciones que el gobierno venezolano le interese difundir en forma oficiosa, salir al paso de campañas hostiles, etc. Para ello Radio Nacional de España, por medio de sus boletines diarios de información internacional (...) difundiría por el mundo entero “y como noticia de fuente española”, las informaciones convenientes53.

Así también hubo una estrategia premeditada en los principales medios impresos españoles, donde destacaba, sobre todo, el diseño de una cultura política hacia lo militar-político, adornado de episodios de “tipo cultural” que eran sobre cualquier cosa el camuflaje de una realidad –en ambos países– cuartelaria. La conveniencia de que ambas naciones colaboraran mutuamen53 Ibíd.

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te con el ensalzamiento de sus Estados Cuartel era evidente, es decir, le interesaba tanto –o más– a España su resonancia ideológica en el prometedor continente americano, como a los dictadores regionales la órbita española: Según los grandes objetivos marcados para medio plazo, además de las colonias de residentes, el campo por excelencia sobre el que trabajar en aras del prestigio de España en la región era la opinión pública americana. Para captar a los distintos sectores sociales americanos no cabía otro remedio que ensayar la propaganda política o cultural54.

En el apartado anterior trabajamos colecciones del fondo documental del Archivo Histórico de Miraflores, a partir de ahora analizaremos los periódicos peninsulares La Vanguardia y el ABC, con la presunción de que estos medios eran el laboratorio para ensayar la legitimación –en España como puerta de Europa– del modelo del Estado Cuartel latinoamericano, felizmente representado por Marcos Pérez Jiménez. Seguimos manejando la teoría del bastidor ideológico para la generación de símbolos y sensibilidades políticas hacia una cultura política pretoriana criolla. Debemos acotar que para esta época el ABC de Madrid y Sevilla y La Vanguardia de Cataluña son los rotativos más importantes de España.

6. Casuística El sábado 10 de diciembre de 1955, en La Vanguardia española se publica en la página 7 un artículo titulado “Venezuela”: La pequeña Venecia, la Venezuela de Diego de Ojeda, es hoy una de las primeras naciones de América no sólo por su pasado histórico y por las grandes figuras que forjaron su independencia, sino por su propio esfuerzo, que le ha dado recia personalidad; por su perseverancia en el trabajo, manantial de su riqueza; por sus luchas y sacrificios, que le han forta-

54 Rosa Pardo Sanz, Con Franco hacia el imperio, Madrid: UNED, 1994, p. 123.

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lecido para agigantarse en el presente y esperar serenamente el porvenir55.

Nos sugiere varias cuestiones que el autor, de quien comentaremos algo más adelante, plantea discretamente que la Venezuela de hoy, la de Pérez Jiménez, es la que ha despertado después de un sopor, de un dormir histórico previo, de una etapa políticoeconómica estancada: Dormitaba el pueblo venezolano en el dulce sopor de su vieja lejanía, y a su brusco despertar ha seguido un impulso amplio y fuerte cuyas realizaciones recientes proclaman la verdad de su pujanza, Y todo casi sin transición, merced a la obra del Presidente de la República, general Marcos Pérez Jiménez, quien con la palanca de su Doctrina del Bien Nacional ha levantado a sus compatriotas y los ha unido en el ideal de hacer de Venezuela una nación digna, próspera y fuerte56.

En el texto puede leerse la síntesis de logros hechos y por hacer del Estado Cuartel, un sostenido elogio a la administración de Pérez: Las obras que, como las modernas autopistas, los grandes hospitales, las majestuosas edificaciones universitarias, las numerosas concentraciones escolares, el vasto conjunto de viviendas para las clases media y obrera, los grandes centros de colonización agrícola, las canalizaciones del Orinoco y de la Barra del lago de Maracaibo, los hoteles de primera categoría y tantas otras más57.

El artículo se explaya para mencionar otros alcances en la infraestructura nacional, desde las ferrovías hasta las bibliotecas municipales a lo largo y ancho del país, para luego comentar detalladamente los lazos que se tejen entre ambos países a través de las misiones diplomáticas –y militares– así como las visitas oficiales de altos funcionarios: 55 “Venezuela”, La Vanguardia Española, sábado, 10 de diciembre de 1955, p. 7. 56 Ibíd. 57 Ibíd.

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En Caracas, capital de esta admirable nación, ha pasado unos días el ministro de la gobernación, don Blas Pérez González, mensajero del amor de España a esa noble hija que con tanta rapidez prospera... España sigue con sumo interés el viaje del ministro de la gobernación a Venezuela, como siguió el del director del Instituto de Cultura Hispánica, señor Sánchez Bella; el del ministro de Educación Nacional, señor Ruiz Giménez y el de la Misión militar presidida por el teniente general señor Palacio, y espera como fruto positivo la mayor compenetración espiritual, cultural y económica entre ambos países, que desde su gestación, España, y desde su nacimiento, Venezuela, vienen ostentando el lema que llevan grabado en su corazón: amor58.

Eduardo Pérez Agudo –geógrafo y miembro consejero de la Hispanidad– es quien escribe el artículo. Catedrático de la Universidad de Barcelona y, debemos apuntar una cuestión, al momento de firmar el texto que laurea al gobierno de Marcos Pérez Jiménez, añade en su firma “de la Orden del Libertador”, es decir, que a su vez, este catedrático había sido condecorado con la máxima distinción que se otorga en Venezuela, quedando demostrado este espíritu de colaboración entre los dos Estados Cuartel. Las alianzas que se establecían entre las dos dictaduras, además de asirse de la presunta unión idiosincrática –en lo ideológico, religioso, cultural político, en el control social– llegaba como hemos acotado antes, hasta lo esencial para ambos modelos: lo militar. La prensa lo exaltaba cada vez que había ocasión de hacerlo. En este sentido, el artículo del 26 de junio de 1956 sobre la condecoración que le hace el gobierno de Venezuela al ministro del aire español; los discursos del embajador y del ministro abundan en loas mutuas. Un detalle que es necesario subrayar es el discurso del embajador venezolano Simón Becerra, felicitando al militar español teniente general González Gallarza, por su destacada carrera aérea en la desolada guerra civil española; empero, ¿qué se podía esperar? Son los códigos del Estado Cuartel: 58 Ibíd.

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Me proporciona este acto la oportunidad de hacer una recordación grata en la vida del teniente general González Gallarza. Este gran soldado se inició en el año 20 en las Fuerzas Aéreas. Con una decidida vocación a la causa de su Patria y a la Aviación, empezó a descollar con méritos sobresalientes. Es aquel arriesgado piloto que en 1923 realizó el famoso raid Madrid-Filipinas; es el mismo que, después, propuso, con dos oficiales más, el raid aéreo sobre el Atlántico. Después, como combatiente de Marruecos, sufre las heridas de que hablan sus cicatrices, y, más tarde, contribuyó con aquel famoso Regimiento “J-l-51”, a formar este Estado que hoy, tan dignamente representa el Generalísimo Franco. Tiene el teniente general González Gallarza un brillante historial. Es un magnífico soldado del Aire59.

Se trataba de la condecoración de la Cruz de las Fuerzas Aéreas en primera clase. El embajador honra la historia militar previa del aviador, así como el régimen que ha defendido. El diplomático aprovecha para dejar claro que la colaboración en la formación militar mutua será una realidad entre las dos naciones. El dato que se recoge en las palabras del embajador venezolano deja entreabierta la pregunta obvia: ¿hasta qué punto se realizó alguna fase de esa política militar conjunta? Para muestra de los continuos guiños que se venían haciendo entre el estamento militar de ambas naciones, basta acotar una nota de la prensa gráfica del ABC 60 de un año antes, donde destaca un gran lienzo hecho por la hija del general español Barrera Cabanellas a Marcos Pérez Jiménez. Pilar Barrera Cabanellas fue oficialmente invitada a Venezuela para entregar la obra al general. La fotografía de la pintura de gran formato –media página del ABC– muestra a Pérez Jiménez uniformado de gala militar en un primer plano montado en un caballo azabache, en segundo plano aparece la pujante y modernizada Caracas. 59 “El gobierno de Venezuela condecora al Ministro del Aire español”, La Vanguardia Española, martes 26 de junio de 1956, p. 4. 60 “Otras notas gráficas de actualidad”, ABC, Madrid 12 de junio de 1955, p. 43.

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Así las cosas, el ministro venezolano de relaciones exteriores, Loreto Arismendi, le impuso la Orden del Libertador al ministro del ejército español, teniente general Muñoz Grandes, el sábado 13 de octubre de 1956. Muñoz Grandes comandó durante su primer año a la División Azul en Rusia. La naturaleza del protocolo del acto oficial demuestra la enorme carga simbólica entre los dos gobiernos: la ceremonia fue en el hotel Ritz, asistieron el celebérrimo vasco franquista Esteban Bilbao Eguía, presidente de las Cortes y del Consejo del Reino; el ministro de Asuntos Exteriores Alberto Martín Artajo; de Obras Públicas, conde de Vallellano; del Ejército, teniente general Muñoz Grandes; del Aire, teniente general González Gallarza; de Gobernación, Blas Pérez González; de Hacienda, Francisco Gómez de Llano; de Educación Nacional, Jesús Rubio y de Industria, Joaquín Planell. Las palabras de Loreto Arismendi escurren en una reivindicación, supuestamente histórica, de las dos naciones, con una pesada carga de símbolos que nada más intentaban ratificar el Estado Cuartel franquista: El gobierno de la República de Venezuela ha hecho reconocimiento de vuestros esclarecidos títulos al otorgaros la condecoración. Es para mí motivo de singular satisfacción cumplir el honroso encargo que diera el primer magistrado de mi país, general Marcos Pérez Jiménez, de colocar en vuestro pecho las insignias correspondientes. Soy intérprete en este acto de una evidente expresión de la justicia, porque representáis, con extenso haber de méritos, un vivo ejemplo de virtudes ciudadanas. Habéis sabido, en efecto, desde los días que formasteis parte del Ejército español en Marruecos, robustecer, contribuyendo a darle brillo, la hermosa tradición española que es capítulo imborrable de la historia del mundo. Está seguro el Gobierno de mi país de que V.E. tendrá con la debida estima la condecoración que os entrego, ya que ella simboliza, además, una prueba de la amistad y el afecto que Venezuela siente por España61.

61 “Imposición al teniente general Muñoz Grandes del Gran Cordón de la Orden del Libertador”, ABC, Madrid 14 de octubre de 1956, p. 71.

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Una vez más, si se ha notado a lo largo de esta muestra hemerográfica, la respuesta de la parte española se desborda en elogios que tienen todos relación con las riquezas del país, y una especie de comunión de la raza castellana en virtud del credo mutuo del Estado Cuartel, pues es el “ejército” español quien siente admiración por la noble Venezuela: Mas junto a esta gratitud honda y sincera yo quiero, señor ministro, hacer llegar a vuestro ánimo la admiración que nuestro Ejército y toda España sienten por esa noble nación de Venezuela que, dotada por la Providencia de inmensos tesoros materiales, tanto en la fertilidad de sus tierras como en las entrañas del subsuelo, ha sabido no deslumbrarse ni envanecerse dedicando inteligentemente sus mayores afanes desde el primer momento a cultivar los valores espirituales de nuestra raza, mejorando la condición humana de sus hijos con el perfeccionamiento y creación constante de esas universidades y centros de cultura que tanto o más que la explotación de aquellos tesoros han de contribuir a la grandeza de vuestra patria y al bienestar de la humanidad. Que Dios os acompañe en tan formidable empeño y yo os ruego hagáis llegar a vuestro presidente, general Marcos Pérez Jiménez, y a todo el gobierno, mi reconocimiento más profundo por el honor recibido, y para mis compañeros del Ejército venezolano, al que deseo las mayores felicidades, os pido les llevéis este abrazo que yo os doy y en el que pongo todo mi corazón62.

Como apuntamos al principio de este ensayo, la cuestión existencial, de la historia, y si se quiere, el punto sensible de la cosa histórica ha sido también un plano muy sugerente para los hombres del Estado Cuartel. Vale mencionar la nota de prensa del 14 de febrero de 1957, en la prensa gráfica del ABC, donde se destaca la fotografía del acto de entrega de una reproducción de la carta de Cristóbal Colón a los Reyes Católicos, en la que el Almirante informaba la noticia más universal de la historia. El acto de entrega a Pérez Jiménez del facsímil de la carta se hizo en el Palacio de Miraflores, donde Martín Artajo, presidente del Patronato del Instituto de Cultura Hispánica, y 62 Ibíd.

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Valdés Larrañaga, embajador de España en Caracas, oficiaron un cargado protocolo63. La cuestión pretoriana, la insistencia en la cultura política hacia lo militar era parte de la esencia en las relaciones de las dos dictaduras. El jueves 1 de abril de 1954, es investido Pérez Jiménez con la Gran Cruz del Mérito Militar por Francisco Franco en virtud de la conmemoración del Día de la Victoria, la mayor fecha del calendario franquista que celebraba la amarga derrota de la República española64. Al otro lado del océano se homenajeaba también, con gran pompa, al ministro español de la Gobernación, Blas Pérez, en Caracas: “a su llegada a la capital venezolana, ha revestido caracteres de acontecimiento verdaderamente extraordinario, señalándose en los medios periodísticos que no se recuerda una acogida tan entusiástica a ninguna otra personalidad extranjera de las que han visitado Caracas65. La retórica a lo largo de más de cuarenta y cinco artículos, reseñas, semblanzas, notas y fotorreportajes en los periódicos La Vanguardia Española y el ABC, guarda en su totalidad un ritmo parejo en cuanto a lo florido –si se permite cursi–, presuntuoso, narcisista, de todo lo simbólico militar. Una retórica paradójicamente nacionalista y patriotera –¡entre la Venezuela de Bolívar y la España de los Borbones!– que debía colar poco a poco en la construcción de un imaginario sobre el Estado Cuartel venezolano que se hermanaba con el español. Abundan las loas sobrecargadas de sentimentalismos y referentes de lo panhispánico. El discurso periodístico entre 1954 y 1957 es un recuento de eventos diplomáticos y protocolares de los gestos de amistad y admiración, abonados por redactores de prensa y articulistas: “General Marcos Pérez Jiménez... la riqueza y el auge de 63 “Obsequio español al presidente venezolano”, ABC, Madrid 14 de febrero de 1957, p. 5. 64 “Condecoraciones concedidas por el Jefe del Estado con motivo del Día de la Victoria”, La Vanguardia Española, 1 de abril de 1954, p. 18. 65 “Don Blas Pérez ha sido objeto de un entusiasta recibimiento en Caracas”, La Vanguardia Española, 1 de diciembre de 1955, p. 19.

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esta gran nación alcanzan ritmo creciente bajo su Gobierno”66, “Dormitaba el pueblo venezolano en el dulce sopor de su vieja lejanía, y a su brusco despertar ha seguido un impulso amplio y fuerte cuyas realizaciones recientes proclaman la verdad de su pujanza, y todo casi sin transición, merced a la obra del Presidente de la República, general Marcos Pérez Jiménez”67.

7. Colofón “La tierra queda. La tierra queda siempre. Aunque los ríos se agolpen. Aunque los cielos lloren, durante días y días. Aunque los alzamientos ardan. Aunque los hombres mueran” La catira Pipía Sánchez, de La catira, de Camilo José Cela

Decíamos al principio de este escrito que en el Estado Cuartel había un esmero especial por controlar los tiempos del hombre, la historia. De hecho, este antojo particular de los políticosmilitares que han promovido durante dos siglos el incesto republicano venezolano, pecado original de nuestro sino histórico, va más hondo que el simple evento propagandístico, es la busca por alterar las mismas raíces del árbol social de las mentalidades, sistemas de representación e identidades del mosaico criollo de este país. Por eso nuestra nación es en esencia un Estado Cuartel, donde el imaginario político pretoriano hace las de la pescadilla que se muerde la cola: entramos en los ciclos desgraciados de la historia por los militares, para terminar clamando por ellos para que terminen el ciclo, cuando al final, estamos perpetuando el incesto republicano, cuna de los desaciertos. Así las cosas, lejos de un discurso y una retahíla de argumentos en defensa de la cosmovisión civil de país, es necesario 66 ABC, Madrid 12 de octubre de 1955, p. 9. 67 La Vanguardia Española, 10 de diciembre de 1955, p. 7.

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cerrar este ensayo con la idea de que los militares-políticos del Estado Cuartel tenían –y tienen– una debilidad especial por explorar los pozos profundos de las sociedades que intentan controlar, y la única forma de hurgar en esos fondos marinos es, primeramente, tocando la Historia (letra capital aposta), y en los términos siguientes toqueteando el variopinto mosaico de sensibilidades y símbolos de esta sociedad, en sus diferentes niveles. Acaso decir que los militares-políticos navegan la cosa filosófica de los pueblos, es muy arriesgado –y hasta cierto punto optimista–, pero sí es cierto que de hecho perciben que las naciones tienen un tablero de control sensible, más allá de la propaganda y del techo de zinc; es, como ya acotamos, manipular su raíz, su Arque ... el “comienzo”. El perezjimenato comprendió eso, y un hecho que lo evidencia es la creación de varios signos de tipo telúrico como decretar unos premeditados elementos de la naturaleza como los símbolos patrios de los venezolanos: el turpial, la orquídea y el araguaney. Pájaros, flores y árboles que están en cantidad en todo el trópico americano, y sin embargo cualquier venezolano los percibe más suyos que los mismísimos recursos minerales que mantienen la renta presupuestaria de la nación. Así, leyendo aún más el Arque venezolano, Pérez Jiménez asumió el ensayo de crear una escena –musical, gráfica, sonora, perceptible hacia todos los sentidos mentales y físicos– que reuniera una cosa venezolana, lo venezolano, la venezolanidad: el Retablo de las Maravillas, grupo artístico emblemático que vivificaba aquello del folklore nacional –aunque es mucho más que “folklore”– en las formas recreativas convencionales para el gran público. No es destacado el Retablo en sí –que gozaba de gran calidad artística– sino la idea del régimen de encontrar un paradigma estético, sensible, que consolide la cultura política del Estado Cuartel. Por ello traemos a cuento la extravagante aventura literaria de Camilo José Cela quien, durante el apogeo del perezjimenato (1953), se paseó por Venezuela para confeccionar su novela menos afortunada, La catira. Así como revisamos ese compromiso

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panhispánico de los Estados Cuartel franquista y perezjimenista en la prensa española, hubo dentro del mismo manto colaboracionista un encargo literario para medrar la respetada imagen –casi venerada– del gran autor adeco, democrático y presidente civil Rómulo Gallegos; el joven Camilo José Cela fue un activo colaborador de aquella doctrina de la Hispanidad franquista y respondió a la oferta68. Si alguien había logrado interpretar realmente esta cosa llamada Venezuela, había sido Rómulo Gallegos. Acaso es la obra narrativa de Gallegos nuestra primera compactación como nación. Intentó unir, tras una profunda comprensión del paisaje, formas, maneras, localismos, íconos, regionalismos, peculiaridades, idiosincrasias, costumbres, la cosmogonía y cosmovisión venezolanas. El imaginario venezolano puede compendiarse en la obra de Rómulo Gallegos, y esto se entendió perfectamente en el Estado Cuartel. Si no, por qué Vallenilla-Lanz invita en 1953 al joven y laureado escritor español para que pasara unos meses en los Llanos venezolanos69, captara su esencia y emprendiera la aventura narrativa de una novela que borrara de los anales la gran novela venezolana de todos los tiempos, Doña Bárbara: La verdad es que el joven escritor [Cela] no solo captó la importancia del dispositivo simbólico sino que supo servirse inteligentemente de él para rodearse de un aura autóctona y aun rabiosamente nacionalista. Imbuido de ese espíritu desembarcará en Caracas, dos años después, en marzo de 1955, y declarará entre bromas y veras que La catira recoge lo más genuino del país y que él mismo se siente y se llama ‘El Llanero’70.

Una y otra novela sobre los Llanos venezolanos son dos conceptos diferentes dentro de la cultura política venezolana. 68 Referente a todo el proceso de Camilo José Cela para la confección de su novela por encargo de Marcos Pérez Jiménez véase el extraordinario libro al respecto: Gustavo Guerrero, Historia de un encargo: “La catira” de Camilo José Cela, Barcelona: Anagrama, 2008. 69 Gustavo Guerrero, Historia de un encargo: “La catira” de Camilo José Cela, Barcelona: Anagrama, 2008, p. 132. 70 Ibíd.

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Doña Bárbara como La catira traen consigo la fuerte carga simbólica del nacionalismo, pero como deja dicho Gustavo Guerrero: existe entre ambas novelas una diferencia notable en el modo de abordar la cuestión llanera. Trasunto de las convicciones políticas de su autor, la obra de Gallegos es una ficción liberal e ilustrada sobre la posibilidad de transformar Los Llanos y de someter la violencia al imperio de la ley (...) la de Cela es más bien una novela sobre la necesidad del caudillo (o la caudilla) y sobre la fidelidad al espíritu ancestral de la región. Por eso resulta, al fin y al cabo, bastante más tradicionalista (...) En realidad, tal como era de esperar de un encargo del régimen perezjimenista, lo que exalta La catira son los valores conservadores de la tierra llanera: el culto al pasado, la lealtad al jefe, el arrojo personal, el machismo y la fuerza71.

A pesar del esfuerzo titánico de Cela, quien confeccionó una suerte de esperanto, que era el castellano-venezolano que hablaban sus personajes en La catira, la novela fue recibida en el mundo de las letras venezolanas con burla y carcajadas. Decían varios intelectuales del momento que era un terrible regreso al costumbrismo más rudo, que había que leerla con un glosario de localismos en cada página. Pero eso es parte de otro episodio. Lo que interesa es comprender aquella necesidad de reconstruir el Llano del Nuevo Ideal Nacional, que rebajara el Llano de Rómulo Gallegos, es decir, el Llano adeco; eso es profundamente sugerente. Es exactamente lo que venimos argumentando: había que urdir en la propia zona telúrica del venezolano para poder modificar –o continuar modificando– la cultura política de esta nación. Había que manipular las profundidades de este país para instalar, de una vez por todas, el Estado Cuartel en el imaginario político venezolano como la razón de ser del poder.

71 Ibíd., p. 136.

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SUMARIO PRESENTACIÓN

Luis Alberto Buttó.......................................................................................... 11

ESTUDIOS Luis Alberto Buttó La construcción del Estado Cuartel en Venezuela (1999-2014)....................... 13

Jo-ann Peña Angulo El Estado Cuartel, el enemigo interno y el asedio ciudadano en Venezuela (1999-2006)................................................................................ 55

José Raimundo Porras Pérez El giro ideológico de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana: la concepción marxista-leninista de guerra revolucionaria y el nuevo pensamiento militar venezolano..................................................... 85

Rosaura Guerra Pineda El “Hombre Nuevo” nace en la escuela: el Programa de Instrucción Premilitar y la formación de milicianos en la Revolución Bolivariana.......... 121

Alejandro Gámez Morales Venezuela siglo XXI: la democracia acuartelada........................................... 153

Alejandro Cardozo Uzcátegui El imaginario pretoriano: cultura política y sistemas de representación en el Estado Cuartel (1952-1958)....................................... 183

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Normas a que deberán ajustarse los estudios que se envíen a “MUNDO NUEVO” Revista de Estudios Latinoamericanos para su publicación: 1. Los estudios enviados a Mundo Nuevo para su publicación deberán ser inéditos. 2. La recepción de las contribuciones se realizará durante todo el año. En algunos casos, la revista podría decidir publicar un número especial referido a un tema monográfico; en este sentido, solicitará los estudios y pautará con los autores una fecha determinada. 3. Los estudios deben ajustarse a la orientación temática de la Revista y a sus normas. Tendrán una extensión de 20 a 40 páginas; excepcionalmente se admitirán de mayor extensión. Las recensiones no deberán exceder de 10 páginas y las reseñas, de 5. Deberán estar escritos a doble espacio en dos ejemplares, con márgenes razonables y con la correspondiente versión electrónica. La extensión del estudio incluye cuadros, tablas y gráficos. Si estos no pueden ser reproducidos tipográficamente, deberán enviarse en originales para la impresión directa. 4. En caso de que el artículo contenga imágenes, estas deberán enviarse en archivo aparte, en formato jpg, con una resolución de 300 dpi y debidamente identificadas. 5. Las referencias bibliográficas deberán agruparse por orden alfabético al final del estudio y contener todos los elementos habituales de identificación. Las referencias y notas según el Manual de Chicago, números consecutivos en el texto para citas y notas, con las referencias correspondientes al final del trabajo. Ejemplo de referencia a un libro: Puig, Juan Carlos. Integración Latinoamericana y régimen Internacional. Instituto de Altos Estudios de América Latina. Universidad Simón Bolívar. Caracas, 1987. Las referencias de Internet deben contener el apellido y nombre del autor y página web y la fecha de revisión o consulta.

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6. El estudio debe ser un documento que presente de manera detallada los resultados originales de proyectos terminados de investigación. Debe estar acompañado de un resumen, en español y en inglés, que no sobrepase las cien (100) palabras ni las cuatro palabras clave. El título también deberá enviarse en ambos idiomas. Asimismo, deberá incluirse una síntesis curricular de cien (100) palabras. 7. Se admitirán trabajos en inglés, francés y portugués. Estos podrán ser publicados en español, en versión realizada por el Instituto. El autor, si lo desea, podrá corregir esa versión. 8. Los estudios deberán ajustarse al requisito de ser sometidos a una primera evaluación por parte del Editor(a) y del Consejo de Redacción. Los estudios que se consideren publicables serán sometidos al método del doble ciego por parte de árbitros seleccionados para tal fin. Los trabajos presentados podrán ser aceptados sin cambios o devueltos al(los) autor(es) para las reformulaciones necesarias. En algunos casos se podrá eximir de algunos de estos requisitos las ponencias o contribuciones que formen parte de un seminario, simposio o evento académico especial, que el Consejo de Redacción decida publicar en su totalidad en un número especial de la Revista. 9. El Consejo de Redacción se reserva el derecho de efectuar los cambios de estilo o de edición que considere imprescindibles. Todos los estudios, recensiones y reseñas deben ser entregados en la siguiente dirección: Instituto de Altos Estudios de América Latina. Mundo Nuevo, Revista de Estudios Latinoamericanos, Edificio Básico II. 3º piso. Oficina CB2-235. Universidad Simón Bolívar y la versión electrónica debe ser enviada al correo: [email protected] Para cualquier información adicional puede comunicarse a los teléfonos: 0212-9064857 / 9064853.

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Mundo Nuevo Editada por el Instituto de Altos Estudios de América Latina. Impresa en los Talleres de la Unidad de Producción de Impresos de la Universidad Simón Bolívar. Caracas, Venezuela.

ÚLTIMOS NÚMEROS PUBLICADOS DE MUNDO NUEVO REVISTA DE ESTUDIOS LATINOAMERICANOS Año VI. N° 14 (Enero-Junio) 2014. CONCEPCIONES DE LO REAL Y ESTILOS DE VIDA. Javier Aoiz, ¿Epicúreos y justos?; Javier Peña Echeverría, La aspiración a la autonomía como soporte de la disposición cívica; Gustavo Sarmiento, Algunas consideraciones acerca de las condiciones de la comprensión de sí mismo como "yo"; Maximiliano Hernández Marcos, Teocentrismo, naturaleza inhóspita y autoafirmación humana. La génesis del estilo de vida moderno según H. Blumenberg; Luciano Espinosa Rubio, Realidades sociales dislocadas, estilos de vida precarios. Notas para una antropología de la crisis económica y simbólica; Sandra Pinardi, Acercamiento a una posible desarticulación del lenguaje, desde y en una posible “animalidad” de la imagen; Fernando Longás, El imperativo de la rebeldía; Vicente Sanfélix, Praxis y realidad; Reynner Franco, La apariencia de lo real y el uso de la intuición. Año V. N° 13 (Septiembre-Diciembre) 2013. PERSPECTIVA DE GÉNERO EN AMÉRICA LATINA: UNA CATEGORÍA DE ANÁLISIS. Evangelina García Prince: Políticas públicas con perspectiva de género: contribución a su despeje doctrinario, conceptual y metodológico; Sonia Sgambatti: Consideraciones acerca del Proyecto de Ley Orgánica de los Derechos de las Mujeres para la Equidad y la Igualdad de Género; Lilia Arvelo Alemán: Alcances y logros sobre el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia en el área Metropolitana de Caracas; Lydia Pujol, Ana Rivas y María Antonia Cervilla: Educación universitaria: género y campo de estudio; Luciana Bolan Frigo, Olga Yevseyeva y Eliane Pozzebon: El análisis de la diferencia de género en la educación. Estudio de caso en Araranguá-Brasil; Wendy Ramírez González e Iyubanit Rodríguez Ramírez: ¿Por qué ingresan tan pocas mujeres a la carrera de Informática Empresarial del Recinto de Tacares de la Universidad de Costa Rica? Un enfoque de género; Zaira Reverón: Participación y representación de la mujer en instancias de gobierno y cuerpos deliberantes en los actuales gobiernos de Nicaragua y Venezuela; Florina Arredondo, Verónica Maldonado de Lozada y Luz María Velázquez: Liderazgo femenino e innovación social; Inma Pastor y Paloma Pontón: Herramientas para alcanzar la igualdad entre mujeres y hombres en el trabajo; Lya Feldman: Estrés, satisfacciones y salud en mujeres trabajadoras con roles múltiples: un estudio cualitativo; Año V. N° 12 (Mayo-Agosto) 2013. LA SONRISA DE LA HIDRA. SEIS APROXIMACIONES A LA REPRESENTACIÓN CULTURAL DE LA VIOLENCIA POLÍTICA LATINOAMERICANA. Norbert Bilbeny, La sonrisa de la Hidra. Apunte sobre la violencia política; Daniuska González González, Hay una memoria de la carne; Londres 38: la casa santiaguina de tortura y desaparición; Humberto Medina, El reverso del registro. Fotografía y archivo como modo de sujeción en “Estrella distante” de Roberto Bolaño y “El material humano de Rodrigo Rey Ros”; Argenis Monroy H., La vida derrotada. Parricidio y desarraigo de la violencia urbana en dos novelas venezolanas: “Jezabel” y “Guararé”; María del Carmen Porras, Imposible diálogo: saber y violencia en: “Un lugar llamado Oreja de Perro” de Iván Thays; Andrés Pérez Sepúlveda, La caída del semblante: violencia política y social en “Abril Rojo” de Santiago Roncagliolo y “El ruido de las cosas al caer” de Juan Gabriel Vásquez; Pedro Luis Vargas Álvarez, El Caracazo: apropiaciones discursivas del acontecimiento. www.iaeal.usb.ve