con fuego sagrado - Gador

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Claudio Federovsky

Argentinos

con fuego sagrado De París 1924 a Río de Janeiro 2016

Claudio Federovsky

Federovsky, Claudio Argentinos con fuego sagrado : de París 1924 a Río de Janeiro 2016 / Claudio Federovsky. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Laboratorio Gador, 2016. 216 p. ; 31 x 22 cm. ISBN 978-987-9255-61-2 1. Deportes Olímpicos. I. Título. CDD 796.4809388 Diseño y armado: Blue Design SRL Impreso en Argentina

A mis padres, Jorge y Beatriz. A mis maestros en el periodismo. A los olímpicos argentinos: los que lo fueron, los que lo serán en Río 2016 y los que sueñan con serlo.

ÍNDICE

04

Gador nos cuenta

7

CORREA, Javier

56

Introducción

8

CRISMANICH, Sebastián

58

ALEXANDRE, Marcelo

12

CURUCHET – PÉREZ

60

AMATO, Serena

14

CHACÓN, Pablo

62

AVENDAÑO, Víctor

16

DELÍA, Carlos

64

ATENAS 1896

17

HELSINSKI 1952

65

AYMAR, Luciana

18

DEL POTRO, Juan Martín

66

BALESTRINI, Carlos

20

DEMIDDI, Alberto

68

PARÍS 1900

21

DÍAZ S. VALIENTE, Carlos

70

BARDACH, Georgina

22

MELBOURNE 1956

71

BARRIONUEVO, Luis

24

DUARTE, Enriqueta

72

BASSEDAS, Christian

26

DYRZKA, Juan

74

ST LUIS 1904

27

ESPÍNOLA, Carlos

76

BILARDO, Carlos

28

FERNÁNDEZ, Santiago

78

LONDRES 1908

29

FERNÁNDEZ BAZAN, Víctor

80

BONNHOFF, Gerardo

30

ROMA 1960

81

BORGINI, Silvia

32

FRANA-MINIUSSI

82

ESTOCOLMO 1912

33

GALIMI, Félix y Fulvio

84

BREPPE, Roberto

34

GARRAFFO, Marcelo

86

AMBERES 1920

35

GINÓBILI, Emanuel

88

BRUNETTO, Luis

36

GONZÁLEZ, Ricardo

90

PARÍS 1924

37

GORNO, Reinaldo

92

CABRERA, Delfo

38

GUILLOTI, Mario

94

CAMPBELL, Jeannette

40

HARDEKOPF, Christina

96

CAPOZZO-GUERRERO

42

IBARRA, Ricardo

98

CASTELLANI, Daniel

44

IRIGOYEN, Elsa

100

ÁMSTERDAM 1928

45

KISTENMACHER, Enrique

102

CATTARUZZA, Héctor

46

KOGOVSEK, Andrés

104

LOS ÁNGELES 1932

47

KRUKOWER, Daniela

106

CODARO, Osvaldo

48

LANGE, Santiago

108

BERLÍN 1936

49

TOKIO 1964

109

CONTE, Hugo

50

LARRAZ, Roberto

110

LONDRES 1948

51

MÉXICO 1968

111

CONTE, Javier

52

LAUDONIO, Abel

112

CONTRERAS, Ernesto

54

LOMBI, Jorge

114

MUNICH 1972

115

LOS PIONEROS

163

LOVELL, Alberto

116

ROGNONI, Cecilia

164

MONTREAL 1976

117

JOSE ZUBIAUR

165

LÚPIZ, Fernando

118

ROMPANI, Oscar

166

MARTINEL, Laura

120

BUENOS AIRES OLÍMPICA

167

MARTÍNEZ, Esteban

122

RUSTICUCCI, Ricardo

168

MASCHERANO, Javier

124

SABATINI, Gabriela

170

MOSCÚ 1980

125

SALAS y SALAS

172

MATHIEU, Mario

126

LOS ABANDERADOS

173

LOS ÁNGELES 1984

127

SÁNCHEZ, Juan Ignacio

174

MEOLANS, José

128

LAS AUTORIDADES

175

MESSI, Lionel

130

SELVETTI, Humberto

176

SEÚL 1988

131

La familia SIEBURGER

178

MILANESIO, Marcelo

132

SIMONETTO, Noemí

180

BARCELONA 1992

133

SOMLAY, Jorge

182

MILINKOVIC, Marcos

134

SONG LIU

184

MOLINARI, Federico

136

PERÓN, Juan Domingo

185

ATLANTA 1996

137

STEINER, Tito

186

MORATORIO, Carlos

138

STRÁTICO, Oscar

188

NELSON, Juan

140

STRICKER, Carlos

190

NICOLAO, Luis

142

SUÁREZ, Osvaldo

192

PARETO, Paula

144

SUÁREZ -TARABINI

194

PÉREZ, Pascual

146

MEDALLAS QUE NO CUENTAN

195

SÍDNEY 2000

147

TEVEZ, Carlos

196

PERFUMO, Roberto

148

BOICOT A MOSCÚ

197

ATENAS 2004

149

THOMPSON, Enrique

198

PLATAROTI, Romina

150

COMASCHI, Ana María

199

POCOVÍ, Antonio

152

TORRENTE, Manuel

200

BEIJING 2008

153

SÍMBOLOS OLÍMPICOS

201

QUARTUCCI, Pedro

154

VALENZUELA, Rodolfo

202

LONDRES 2012

155

EL PAPÁ NO LA DEJÓ

203

RETEGUI, Carlos

156

YANTORNO, Alfredo

204

RIBOT, Verónica

158

ZABALA, Juan Carlos

206

ROBERTI, Firmo

160

ZORRILLA, Alberto

208

RODRÍGUEZ JURADO, Arturo

162 05

Fuegos y Juegos Los fuegos de la naturaleza, como pueden verse en la erupción de un volcán o en la caída de un rayo, fueron desde el inicio motivo de asombro, misterio, miedo, curiosidad, respeto y tantos otros adjetivos propios del ser humano. Aun cuando el hombre ya manipulaba el fuego, había un respeto hacia esa llama que fue también motivo de sacralización en templos y sitios consagrados a la divinidad. Con el fuego no se jugaba, era sagrado. En la cuna de lo que llamamos nuestros orígenes culturales, muy cerca de los dioses del Olimpo, surge en la Humanidad algo no menos sagrado: los juegos olímpicos. Algo que, como sabemos, fue aunando voluntades en distintas culturas y a lo largo de los siglos. Cientos de personas encuentran sentido a sus vidas dedicándose a ser mejores en algún deporte, a superarse cada día, cada año, cada momento en que se inicia esa ceremonia en la que se enciende una antorcha, un fuego sagrado que simboliza la más alta elevación de destrezas, habilidades y voluntades deportivas de hombres y mujeres provenientes de diferentes países, para llevar a cabo lo más serio del juego: el deporte olímpico. Argentina ha aportado mucha energía a esta rica historia del deporte y es eso de lo que trata este libro. De los muchos deportistas que han consagrado sus vidas a las olimpíadas y a quienes podríamos calificar con orgullo de «Argentinos con fuego sagrado». Pero no seríamos justos si no mencionáramos que, aparte de los deportistas olímpicos, existen muchos argentinos más alrededor de ellos haciendo esfuerzos y coordinando acciones para que cada atleta pueda estar ese día allí, donde se enciende el fuego sagrado. De todos esos argentinos que bregan por que nuestro país tenga presencia en los juegos olímpicos, Gador quiere poner el foco en quienes difunden este evento, los periodistas especializados; y muy particularmente a Claudio Federovsky, autor de este libro, quien tuvo la gentileza de aceptar este otro gran desafío: acercarnos las voces de los deportistas o las de sus descendientes, en una maravillosa prosa que excede al periodismo para poder ser calificada de literatura. Sabemos que este libro será motivo de gratificación para el lector y es eso también lo valioso que consigue el autor, para quien el deporte le hace un merecido lugar junto a todos aquellos «Argentinos con fuego sagrado».

07

INTRODUCCIÓN

Año bisiesto, año olímpico La fiesta deportiva más grande del mundo, la que se prepara cada cuatro años, está a punto de comenzar. Por primera vez en la historia, la anfitriona es una ciudad sudamericana, Río de Janeiro. La lista de invitados ya está confeccionada y sólo incluye a los mejores exponentes de cada disciplina. Se escucharán las voces de los privilegiados protagonistas que hablarán de sueños, de metas, de expectativas; aparecerán sorprendentes historias de vida que relatarán sacrificios y conquistas, y tendremos ante nuestra vista actuaciones que nos harán esforzarnos al máximo para tratar de encontrar nuevos adjetivos calificativos. Se trata, apenas, de diecisiete días de competencia durante los que conviven diez mil deportistas, representantes de doscientos países, en un encuentro deportivo, social y cultural como no hay otro en nuestro tiempo. Religiones, idiomas, creencias, costumbres e ideologías quedan en un segundo plano frente al espíritu dominante de intentar plasmar, a través de la velocidad, la fuerza o la destreza, los resultados de años de entrenamiento. El más alto rendimiento volverá a exaltar virtudes y capacidades en una actividad que, en el otro extremo, resguarda los valores primitivos del acto lúdico con el que se iniciaron todos sus cultores. El autor de la idea original fue un francés, el barón Pierre de Coubertin, allá por 1894. Más de un siglo después, los Juegos Olímpicos se muestran fortalecidos, cada vez más inclusivos y desafiantes ante los inevitables y lógicos problemas coyunturales que encuentran en su camino. Sólo la Primera y la Segunda Guerra Mundial obligaron a suspender este acontecimiento cuatrienal que supone la clausura de ese período intermedio al que llamamos «olimpíada».

08

Motivo de inspiración Para un periodista que se aboca a los avatares del deporte, no hay examen por delante más atrapante, exigente y enriquecedor que la cobertura de los Juegos Olímpicos. Se trata de un auténtico «posgrado» en el que uno se expone a interpretar lo sustancial de tanto nombre, tanto número, tanto récord que la competición va arrojando. La gran ventaja es que el fuego sagrado que lleva consigo cada deportista es una gran fuente de inspiración y obliga a ser preciso en cada narración, en las que, muchas veces, se mezclan las matemáticas, la poesía y la pasión. En este recorrido, que inicié en 1988, he tenido la posibilidad y el gran disfrute de haber estado presente en las últimas siete citas olímpicas. Como enviado especial de diferentes medios gráficos y audiovisuales, visité siete ciudades maravillosas (Seúl, Barcelona, Atlanta, Sídney, Atenas, Beijing y Londres), cada una con su historia, su perfil propio y una particular simbiosis con el montaje olímpico. Conocí gente y sitios inolvidables, perdí valijas, vi reír y llorar, y hasta estuve cerca de ir preso. Todo en un alocado frenesí donde, muchas veces y por el cambio horario, el día y la noche se confunden, el descanso es escaso y alimentarse es algo que sucede cuando hay tiempo libre. Y, normalmente, no hay mucho. Fui testigo de la carrera entre Ben Johnson y Carl Lewis, y de los notables récords de Usain Bolt. Compartí la tensión de gimnastas rusas y rumanas, y me encandiló Michael Jordan con su Dream Team. Además, vibré, sufrí y gocé con momentos únicos que nos regalaron campeones como Steffi Graf, Michael Phelps, Yelena Isinbayeva y Naim Suleimanoglu, por citar a unos pocos. Pero todas esas asombrosas manifestaciones (muchas de ellas, artísticas; otras, casi rozaron la perfección en lo que a ejecución se refiere) se observan con una distancia que es difícil mantener cuando se trata de argentinos con fuego sagrado. El foco es diferente si en el centro de la escena está la mirada de Sabatini, el grito de Ginóbili, la garra de Pareto, el festejo de multimedallistas como Espínola y Aymar, las lágrimas de Del Potro o el emocionado ramillete de los muchachos del vóleibol de Seúl 88. Son imágenes muy potentes que, quiérase o no, contagian y nos obligan a quienes tenemos un micrófono o un teclado a acertar en la descripción de hechos que, desde el mismo momento en el que se producen, quedan incorporados a nuestra rica historia deportiva.

09

Relatos, vivencias e historias Este libro fue pensado muchas veces, pero se convierte en realidad ahora gracias a la predisposición, el entusiasmo y el empuje de la gente de Gador, para la que tengo un agradecimiento eterno. En las siguientes páginas se vuelcan relatos, vivencias e historias de un centenar de destacados deportistas olímpicos que han representado a la Argentina en distintos momentos. Por supuesto que la selección fue caprichosa, como sucede cada vez que se trata de elegir, y no fue fácil, ya que hubo que optar entre casi dos mil olímpicos, todos ellos con argumentos más que válidos para merecer su espacio. Tras la decantación, quedaron en esta edición muchos medallistas, pero no necesariamente todos, y se ha incluido a célebres figuras, incluso algunas que tuvieron actuaciones fallidas. También aparecen nombres que pueden no resultar muy familiares pero que, por distintas circunstancias, han sido protagonistas de un devenir con un marcado paso por el deporte, aunque no siempre el cuento haya acabado allí. Los recuerdos nos hablan de alegrías y sinsabores, de momentos gloriosos y prohibiciones absurdas, de «avivadas criollas» y de dolores difíciles de olvidar. Se narran detalles de las competencias, anécdotas de viajes y de convivencia y, en muchos casos, el día después de campeones convertidos en políticos, juristas, actores o profesionales con fuerte impronta en la vida argentina. Un compatriota formó parte del selecto grupo que en 1896 firmó el acta fundacional del Comité Olímpico Internacional y hubo otros, dispersos por el mundo, que lograron competir bajo la bandera argentina en los albores de esta historia. No obstante, la primera delegación formal fue aquella que viajó a París en 1924, luego de un decreto de necesidad y urgencia del Presidente de la Nación. Desde entonces, en cada edición olímpica hubo una representación nacional, con la excepción de los Juegos de Moscú 80, a los que no se acudió por una decisión gubernamental. A lo largo de mis treinta años de tarea periodística dedicada al seguimiento de la actualidad y a la investigación de hechos pasados, he tomado contacto con cientos de olímpicos argentinos. Muchos de ellos, desafortunadamente, ya fallecieron. Algunas de las historias vividas junto a ellos o que me fueron contadas en distintas entrevistas, más la memoria de sus familiares cercanos, forman parte del material que leerán a continuación. También se encontrarán con recuerdos propios de las siete experiencias que me tocó vivir y otros que, con gran generosidad y concediéndome su preciado tiempo, me detallaron especialmente para esta obra muchos deportistas. Algunos continúan en actividad, otros dejaron de competir no hace tanto tiempo y un buen número están injustamente olvidados, vaya uno a saber por qué motivos.

10

Aquel lejano punto de partida Me reconozco como un apasionado del movimiento olímpico y de sus cultores. Lo tengo muy claro, aunque me cueste precisar desde cuándo. Sin embargo, se me ocurren dos momentos –distantes entre sí– que puedo responsabilizar por este enamoramiento. El primero ocurrió en 1972, cuando estaba a punto de terminar la escuela primaria y era un ajedrecista en ciernes. Escuchando La oral deportiva, me enteré de que terroristas habían matado a un grupo de deportistas en medio de eso que llamaban «Juegos Olímpicos». Fue impactante. Eso me llevó a preguntar y averiguar más sobre el episodio ocurrido en Munich.

El segundo tuvo lugar algo más de una década después, cuando, luego de deambular por las aulas de unas cuantas facultades de la Universidad de Buenos Aires, decidí ingresar a la Escuela del Círculo de Periodistas Deportivos. Para mi sorpresa, más allá de una redacción y de un interrogatorio sobre lógica filosófica, en el examen que debía rendir no había nada sobre fútbol. No, el cuestionario deportivo versaba sobre la «Historia de los Juegos Olímpicos». Más tarde, el ejercicio diario de la profesión me fue llevando al corazón de un mundo maravilloso que reúne ingredientes únicos con hechos y personajes que, en determinados casos, ni la mejor ficción hubiera podido imaginar. Y que, en lo personal, me han marcado a fuego. A fuego sagrado. Claudio Federovsky

11

MARCELO ALEXANDRE «Recuerdo que iba con mi papá en el auto rumbo al Comité Olímpico para entregar toda la documentación previa al viaje, cuando escuchamos en la radio que el Gobierno había decidido sumarse al boicot de los Estados Unidos y, en consecuencia, no enviar delegación a los Juegos de Moscú; imaginate mi desilusión.» Marcelo Alexandre tenía, entonces, 17 años y había logrado la marca mínima; pero aquella decisión política postergaba su sueño de ser el primer olímpico en una familia con gran tradición en el ciclismo. Siguió pedaleando fuerte y, un año después, encontraría un motivo de gran satisfacción personal al consagrarse campeón mundial juvenil en el kilómetro contrarreloj, en el certamen realizado en Leipzig. «Aquello fue simplemente extraordinario, 12

inolvidable… ¿Sabés? Hace poco tuve la posibilidad de volver al lugar de la competencia, a la pista, de reencontrarme con gente de la organización; todavía me dura la emoción.» Dominador absoluto de esa especialidad en el país y en Sudamérica, fue medalla de plata en los Panamericanos de Caracas 83. Allí dejó atrás al jamaicano David Weller, lo que le generó una pregunta que aún hoy se formula: «Weller había sido bronce en Moscú 80; ¿qué habría pasado si yo hubiera ido?». En Los Ángeles 84 tendría, finalmente, su bautismo olímpico. En unos Juegos en los que la Argentina tuvo magros resultados, se alzó con dos diplomas, por lo cual fue designado el abanderado nacional para la ceremonia de clausura. «No pude hacer podio, pero estuve

cerca. En el kilómetro entré séptimo en una prueba de altísimo nivel, donde quedé a un segundo del ganador; hice una gran carrera, hasta derramé alguna lágrima, pero así es el ciclismo. Y en la velocidad, en la que no pensaba participar pero lo hice por el empujón anímico, dejé en el camino a varios campeones antes de perder con el estadounidense Nelson Vails para terminar sexto.» De Seúl 88, su siguiente parada olímpica, tiene mejores recuerdos «sociales» que deportivos. «La Villa en la que vivimos era espectacular y los servicios, también. Fue muy lindo cruzarse con grandes campeones de otros deportes, aunque a veces los distintos horarios de entrenamiento y competición dificultaban los encuentros. En lo competitivo, fue un momento donde comenzaba muy fuertemente la especialización, por lo cual solo participé en el kilómetro y, si bien no corrí mal, quedé decimotercero, a dos segundos del vencedor.» Al regreso decidió sacar la licencia profesional y, por lo tanto, no pudo estar en Barcelona 92, ya que hasta ese momento el ciclismo olímpico sólo admitía a los amateurs. «Volví en el 96, cuando fui a Atlanta como entrenador, con una sensación distinta, sin dudas; pero con el mismo orgullo de representar al país.» A lo largo de su trayectoria, Alexandre ganó trescientas carreras, incluyendo la Doble Bragado y los famosos Seis días de Buenos Aires. Obtuvo trece títulos argentinos, doce panamericanos y aquel mundial juvenil.

• Participó en ciclismo en los Juegos de Los Ángeles 1984

y Seúl 1988.

• En Los Ángeles se clasificó 7º en el kilómetro contrarreloj y terminó

6º en la velocidad, luego de

eliminar a Tsutomu Sakamoto

(Japón), Max Rainsford (Australia), Lee Fu-Hsiang (Taipei)

y Vincenzo Ceci (Italia).

• En Seúl quedó 13º

en el kilómetro contrarreloj. 13

SERENA AMATO Cuando terminó la última regata y le confirmaron que había obtenido la medalla de bronce, no lo podía creer. Se dio permiso para exteriorizar su alegría y, emocionada, se abrazó con su entrenador Alejandro Cloos mientras cámaras, micrófonos y periodistas nos amontonábamos a su alrededor. Cuatro años después de obtener el octavo lugar en Atlanta 96, Serena Amato se convertía en la primera regatista argentina en subirse a un podio olímpico. «Me sentí plena. Cuando llegamos a Sídney y vi que el viento era escaso, favorable para mí, pensé que era 14

factible luchar en el pelotón de arriba, pero ver concretado el sueño supera cualquier expectativa que una pudiera tener.» Hoy, años después y alejada totalmente de la náutica, ejerciendo su profesión de veterinaria y su rol de mamá con las pequeñas Camila y Lucía, Serena recuerda el camino recorrido para llegar a ese logro, con sacrificios incluidos: «No fue fácil, estuve cuatro meses afuera de casa para entrenar duro y llegar en las mejores condiciones a la competencia. Mi papá fue un gran apoyo... Mamá ya no estaba, había fallecido poco tiempo

antes, y a ella le dediqué esa actuación por el enorme sostén que siempre fue para nosotros.» Con el transcurrir de la competencia, el clima fue mutando en Rushcutters Bay, sede del yachting, y el día de la final la cancha estaba brava, con mucho viento: «Yo había llegado a estar primera en la general después de la octava carrera pero, luego, tuve dos regatas complicadas. Sabía que iba a ser muy difícil pelear por el oro, así que apelé a un plan conservador y, por suerte, pude defender el tercer lugar y quedarme con la medalla». Se llama Serena y, verdaderamente, responde a su nombre. Es tranquila y disfruta de su intimidad. No necesita del ruido ni de grandes encuentros sociales para poder sentirse bien. En Sídney 2000, concentrada en su propósito y buscando los momentos de relajación, apenas entabló una relación con las chicas de hockey, vecinas de habitación, y a las que fue a ver jugar en un par de oportunidades. «¿Sabés cuál era mi cable a tierra dentro de la Villa Olímpica en los pocos momentos de descanso, cuando llegaba, por ejemplo, después de competir o de un entrenamiento? Acercarme hasta la sala de computación y revisar los mails que tenía, especialmente una cuenta que me había abierto la gente de Dufour —que me auspiciaba entonces— donde me saludaban y me alentaban personas que no conocía... Era muy lindo, todo mi

contacto con el mundo era ese y el Messenger», cuenta con un dejo de nostalgia. De familia de navegantes, con el oro conseguido en los Panamericanos de Winnipeg 99 como el más preciado de tantos logros obtenidos en distintas categorías, Serena ríe con ganas cuando se le recuerda una frase suya de aquellos días, en los que dejaba en claro que también cuidaba su costado estético: «Ojo que no soy gordita, mido 1.66 metros y ustedes me ven con 66 kilos pero yo peso doce kilos menos; sólo que debí aumentar para tener más consistencia y no dar ventaja ante rivales más fuertes».

• Participó en la clase Europa del yachting en los Juegos de Atlanta 1996, Sidney 2000 y Atenas 2004. • En Atlanta finalizó octava, en Sidney obtuvo la medalla de bronce y en Atenas quedó sexta.

15

VÍCTOR AVENDAÑO Durante años, los habitué del Luna Park lo vieron sobre el ring como el tercer hombre. Árbitro de mil batallas, fue muy destacado en la actividad. Pero antes, en su juventud, había sido protagonista de un hecho que quedó marcado a fuego para siempre al consagrarse como el primer campeón olímpico del boxeo argentino. Transcurría 1928 cuando Víctor Avendaño, un potente mediopesado que se había iniciado en el pugilismo seis años atrás, recibía la noticia de que había sido seleccionado para ir a los Juegos Olímpicos de Ámsterdam. Sin embargo, antes de que pudiera embarcarse en el vapor Andes, pasó algunas jornadas de zozobra ya que el Ejército le negaba el viaje por ser un conscripto. Para su suerte, el ministro de Guerra, -Agustín P. Justo-, revirtió la decisión con un mensaje que Avendaño, entonces en el Regimiento de Infantería II, nunca olvidó según contó años después: “«Vaya, pero represente con dignidad este uniforme”.» Y vaya si lo hizo. Sin dificultades en su pelea inicial ante el chileno Ojeda, tuvo en cuartos de final el choque que, quizás, fue el más duro en su camino al oro: “«Me enfrenté con el canadiense Carrick, a quien los periodistas daban como el gran candidato»”, contó a El Gráfico, y agregó: “«le gané por puntos y recuerdo que después de la pelea, en las duchas, me dijo que estaba seguro de que yo sería el campeón”.» 16

Carrick no estaba errado: Avendaño derrotó en semifinales al sudafricano McCorkindale y en la reñida final, ante el bravucón Pistulla, impuso su condición de estilista desgastando al alemán para obtener la corona. Al volver, fue a visitar a Justo para agradecerle el permiso que le había otorgado y se retiró feliz, con la promesa de una pensión vitalicia. Promesa que nunca se cumplió.

• Participó en boxeo en los

Juegos de Ámsterdam 1928.

• Ganó la medalla de oro entre los mediopesados tras vencer

en cuatro combates consecutivos,

todos por decisión de los jueces. En primera ronda superó

a Sergio Ojeda (Chile), en cuartos a Donald Carrick (Canadá), en

semifinales a Don McCorkindale

(Sudáfrica) y en la pelea final a Ernst Pistulla (Alemania).

1º JUEGOS OLÍMPICOS ATENAS—1896 (6 al 15 de abril)

Países participantes: 14 Deportistas: 241 Deportes: 9

Medallero Posición 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10

País

Oros

Platas

Bronces

Total

11 10 6 5 2 2 2 2 1 1

7 17 5 4 3 1 1 2 2

2 19 2 2 2 3 2 3 -

20 46 13 11 7 6 5 2 6 3

EE. UU. Grecia Alemania Francia G. Bretaña Hungría Austria Australia Dinamarca Suiza

Argentina no participó.

17

LUCIANA AYMAR Sus números jugando para el seleccionado argentino de hockey son concluyentes: 376 partidos con 162 goles, y 22 medallas en certámenes internacionales, incluyendo dos títulos mundiales, tres oros Panamericanos, seis conquistas del Champions Trophy y cuatro medallas olímpicas. En el plano individual, la Federación Internacional de Hockey la distinguió hace ocho años como «la mejor del mundo», otorgándole, además, el título de «leyenda». «Me acuerdo que en 2008, cuando me dieron ese premio, mi papá me bromeaba con que era 18

buenísimo que me declararan leyenda y que estuviera viva”. No obstante, en lo personal, Luciana Aymar estima que “el mejor premio de mi carrera fue haber tenido la satisfacción de ser la abanderada argentina en la inauguración de los Juegos Olímpicos de Londres». «Lucha» es, también, la abanderada de la revolución que en los últimos quince años generaron Las Leonas, mediante la cual convirtieron al hockey en el principal deporte femenino de nuestro país: «Ese es un logro increíble que conseguimos con

los diferentes cuerpos técnicos y compañeras: que cada día se sumen más chiquitas al hockey». Inserta en este deporte desde los siete años, cuando era retraída y tímida («No como ahora que me hablo todo»), destaca, sin dudar, que el segundo puesto conseguido en Sidney 2000 fue una verdadera bisagra: «Esa medalla de plata para nosotros fue como si se tratara de una de oro; fue la medida de que podíamos, de que estábamos haciendo las cosas bien… Pensar que antes de esos Juegos habíamos salido cuartas en el Champions Trophy y a mí me agarró un bajón que tuve ganas de dejar todo». Por suerte, el trabajo con la psicóloga Nelly Giscafré dio sus frutos, y «Lucha» siguió adelante. La chica que había crecido en Rosario admirando a Karina Masotta («Tenía un póster de ella en el armario de mi habitación y años más tarde pudimos jugar juntas») y estudiando videos de Maradona «para copiarle algo de la pasión y el liderazgo», empezaba a afirmarse como el eje de un grupo que, más allá de los lógicos recambios, se acostumbró a las grandes conquistas. En los distintos Juegos Olímpicos generó situaciones, hizo maniobras excepcionales, goles que dejaron huella, sonrió, festejó… y también derramó alguna lágrima. Las derrotas en semifinales en Atenas y Beijing calaron hondo y más dolor, todavía, provocó la caída ante Holanda en la definición de Londres 2012: «Soñé con ese día desde que se conoció el fixture de los Juegos; la final caía justo el día de mi cumpleaños 35… y lejos estuve de festejar. No se pudo dar, y tuve una pena muy grande». En estos tiempos, ya alejada de la competencia, entre spots publicitarios, charlas motivacionales, firmas de contratos y agasajos varios —más allá del descanso—, a veces brinda reportajes y deja frases como esta: «Me equivoqué un montón de veces para llegar a ser la mejor».

• Participó en hockey sobre césped en los Juegos de Sidney 2000, Atenas 2004, Beijing 2008 y Londres 2012. • Fue integrante del seleccionado argentino (Las Leonas), que obtuvo la medalla de plata en Sidney y Londres y la medalla de bronce en Atenas y Beijing.

19

CARLOS BALESTRINI Vivió 92 años, entre 1880 y 1972, y prácticamente hasta el final de sus días estuvo dando vueltas por “su lugar en el mundo”: un polígono de tiro. Hijo de un inmigrante italiano radicado en Córdoba, que se daba maña en la construcción y arreglo de carruajes, de muy pequeño Carlos Balestrini se contagió de la afición de su progenitor por el uso de armas. Así, en su etapa de formación y mientras mutaba por otros puntos de la provincia como Etruria y Villa María, comenzó a asombrar a los habitués de los distintos Tiros Federales que pronto notaron que esa criatura de 12 o13 años, tenía un gran pulso y una visión privilegiada, condiciones muy apreciadas cada vez que empuñaba el arma con su mano derecha. Crónicas de la época narran una particular historia que lo tuvo como protagonista. Finalizado un concurso disputado en la Ciudad de Buenos Aires, Marcelo T. de Alvear, amargado y con bronca por la derrota que acababa de sufrir ante un jovencito de cachetes colorados, se dirigió al general Lucio Mansilla comentándole “«Vea usted, qué gringo nos ha ganado”». Balestrini, con sus flamantes 14 años, escuchó la frase mientras guardaba su arma y decidió responderle, ofendido y en voz alta, al futuro presidente de la Nación: “«Señor, yo no soy gringo…soy cordobés”». Dotado en el uso de la pistola, Balestrini se consagró 14 veces campeón argentino, acompañado, en la mayoría de los casos, por “Luna Monte Maíz”, nombre que le había puesto a su inseparable compañera fabricada por Alois Vogel, un suizo que a comienzos de los años ’20 se instaló en 20

Monte Maíz (Córdoba) y patentó la marca “Luna”. Con esa pistola haría su debut olímpico en Paris ’24, donde no tuvo una destacada performance en la prueba individual de pistola rápida, encontrando un relativo desquite en la competencia por equipos (junto a Héctor Bigand Ricardone, Matías Osinalde y Lorenzo Amaya) en la que se obtuvo el triunfo pero en una prueba que carecía de reconocimiento oficial. A la vuelta del periplo por París (donde una y otra vez frecuentó el famoso “Chantecler”), alternó su virtuosismo como tirador con una activa participación política dentro de la Unión Cívica Radical. En 1936, con 56 años, volvió a ser convocado por el equipo nacional para representar a la Argentina en los Juegos de Berlín, siendo el mayor deportista de la delegación. Cumplió su objetivo de pasar la primera ronda eliminatoria y se ubicó entre los 20 mejores de la especialidad.

• Participó en los Juegos de París 1924 y Berlín 1936. • En ambos casos compitió en la prueba de pistola rápida, de 25 metros. • En París no pasó la primera ronda, terminó 36° en la clasificación general. • En Berlín llegó hasta la segunda ronda, donde finalizó 19°.

2º JUEGOS OLÍMPICOS PARÍS—1900 (14 de mayo al 28 de octubre)

Países participantes: 24 Deportistas: 997 Deportes: 19

Medallero Posición 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10

País

Oros

Platas

Bronces

Total

26 19 15 6 6 5 4 2 2 1

41 14 6 3 2 5 2 2 3

34 14 9 3 1 5 2 3 2

101 47 30 12 9 15 8 4 5 6

Francia EE. UU. G. Bretaña Equipo Mixto Suiza Bélgica Alemania Italia Australia Dinamarca

Argentina no participó.

21

GEORGINA BARDACH Como los buenos vinos, la medalla de bronce que la cordobesa Georgina Bardach consiguió en la piscina olímpica de Atenas 2004 adquiere cada vez más valor, según va pasando el tiempo. Fue apenas la tercera que la natación argentina sumó en su historial (antes lo habían conseguido Alfredo Zorrilla, en 1928, y Jeannette Campbell, en 1936) y lo hizo una chiquilina de apenas 20 años en quien muy pocos confiaban por entonces: «En cierto punto, y viéndolo a la distancia, el haber sido tan chica pudo haberme jugado a favor. Yo era una inconsciente que creía que me las sabía todas y por esa actitud 22

pude soportar los nervios previos a la final y remontar una carrera que no estaba fácil». La final de los 400 metros medley (o combinados) fue verdaderamente electrizante, con una definición mano a mano entre la ucraniana Yana Klochkova (defensora del título) y la ascendente estadounidense Kaitlin Sandeno, que se definió a favor de la primera por apenas 12 centésimas. Pero, claro, para los ojos argentinos la mirada se posaba en otro lado. Bardach había pasado los 100 metros mariposa en cuarto lugar y retrocedió al quinto puesto cuando nadaron espalda («No podía, veía que me retrasaba pero me decía a mí

misma que no podía aflojar»). Ya en la segunda mitad de la carrera, en pleno estilo pecho, aceleró, metió presión y se colocó tercera, posición que mantendría en el estilo libre para así treparse al podio: «La alegría que tenía era increíble; interiormente yo sabía que podía hacerlo, pero había que demostrarlo. Me acuerdo que apenas levanté la vista para mirar el tablero y confirmé que había ganado el bronce pensé en mi papá, a ver si le agarraba un ataque al corazón…». El reloj se había clavado en 4’37”51, nuevo récord sudamericano, uno de los 36 que totalizó en su carrera, en la que también registra un podio mundialista conseguido en Moscú 2002, en pileta corta, y la medalla de oro que obtuvo en los Juegos Panamericanos de Winnipeg 99. Después del bronce olímpico su carrera siguió, pero ya nada sería igual: «Yo considero que Atenas fue como un techo en mi vida deportiva. Había arrancado de muy chica, con dos y hasta

tres sesiones de entrenamiento por día… Está claro que después de la medalla me relajé, la motivación ya no era la misma ni sentía esa adrenalina que antes se apoderaba de mí ante un gran desafío». Hubo finales en campeonatos del mundo, un bronce panamericano en Río 2007, más participaciones olímpicas; simples apuntes para completar un currículum que, sin lugar a dudas, la deposita en el sitial de las grandes mujeres de nuestro deporte. «De tanto en tanto se me cruza por la cabeza la carrera de Atenas y pienso en la suerte que tuve de poder cumplir un sueño, algo que no a todo el mundo se le da.»

• Participó en natación en los Juegos de Sídney 2000, Atenas 2004, Beijing 2008 y Londres 2012. • En Atenas obtuvo la medalla de bronce en 400 metros medley; también compitió en 200 metros medley (13º) y en 200 metros mariposa (21º). • En Sídney quedó 21º en 400 metros medley; en Beijing terminó 36º en 400 metros medley y 37º en 200 metros medley; y en Londres finalizó 34º en 400 metros medley. 23

LUIS BARRIONUEVO El punto de encuentro fue un café frente al Club Ciudad de Buenos Aires. Y el ver pasar a un chiquilín, stick en mano, sirvió para que Luis Barrionuevo, hoy un exitoso y muy reconocido preparador físico, se largara a hablar de cómo fue que empezó este camino: «Fue bastante azaroso. Un día, cuando yo era “profe” en la colonia de vacaciones de GEBA, se me acercó un señor a decirme que le habían dado referencias mías y me ofrecía sumarme a Banco Nación… Era José Gavito, el entrenador de la primera, del equipo que tenía a Hugo Porta. Me acuerdo que le dije que yo nunca había jugado al rugby, y su lógica respuesta fue que no quería que jugara, sino que entrenara al grupo. Dije que sí, y ahí arrancó todo». Fueron diez años en Banco Nación, con dos títulos y un histórico triunfo ante Inglaterra; en el medio llegó una propuesta para incursionar en el hockey y así se sumó al equipo masculino 24

de «Ciudad» que integraban Marcelo Garraffo, Sergio Vigil, Maxi Caldas y Carlos Geneyro. «Trabajé simultáneamente con ambos planteles, y en el 86 di la vuelta olímpica por duplicado. Eso llevó a que, a fines de ese año, me invitaran a ser el entrenador físico del seleccionado masculino que dirigía un grande, Luisito Ciancia.» Siguió un trabajo intenso en el hockey, con seis Juegos Olímpicos, tres con los varones y tres con Las Leonas. «Soy un agradecido a todos los jugadores y jugadoras. ¿Sabés lo que significa ver a esos chicos en un podio, a «Lucha» hacer una apilada o descubrir el crecimiento del pibe que empezó con vos años atrás? Ahí es donde yo me siento a pleno, porque el atleta es un poco mi obra.» En su «foja» destaca también haber preparado a David Nalbandian en 2005 y 2006, quizás su mejor momento: «Me tocó la varita. Cuando terminaban los Juegos de Atenas se me acercó su coach (Eduardo Infantino) y me dijo que me querían en el equipo. Fue una etapa magnífica, lo acompañé en los Grand Slam, en el Masters de Shangai que ganó… inolvidable». Lo gana la pasión cuando habla de la preparación física. Pero antes, claro, hubo un muchacho que tuvo asma de pequeño, que fue a GEBA a hacer deporte, que conoció el salto en alto y que se elevó a grandes alturas: «No me puedo quejar, hice varias veces el récord nacional (llegué a 2.17 metros) y fui campeón sudamericano en Lima 71. Lamentablemente, en los Olímpicos no pude saltar bien; estaba duro, pasado de un exigente entrenamiento que había hecho en la previa, en Berlín, becado por la Federación Alemana». Días antes de saltar, en Munich le tocó ser

testigo privilegiado del atentado terrorista llevado a cabo por la organización Septiembre Negro: «Fue increíble. Me enteré de lo ocurrido al levantarme por la mañana y lo primero que hice fue agarrar una cámara Súper 8 que había comprado en Berlín y subir hasta la terraza de nuestro edificio, que estaba enfrente del que ocupaba Israel. Apenas llegué vi gente reptando con ropa deportiva, eran policías… y más allá estaban los otros con medias en la cabeza. Igualito que en la película Munich, y yo lo tengo filmado en mi camarita. Nunca viví otro momento así, y todavía sigo sin entender por qué no se suspendieron los Juegos».

• Participó en atletismo en los Juegos de Munich 1972. • En salto en alto no pudo clasificar a la final. Su mejor registro fue 1.90 metros. • Además, participó en seis Juegos Olímpicos como preparador físico: en 1988, 1992 y 1996 con el seleccionado masculino de hockey, y en 2000 (medalla de plata), 2004 (medalla de bronce) y 2012 (medalla de plata) con el seleccionado femenino de hockey. 25

CHRISTIAN BASSEDAS Hoy, visto en perspectiva, y a partir de los oros obtenidos en los Juegos Olímpicos de Atenas ’04 y Beijing ’08, la frustración vivida por el fútbol nacional en Atlanta ’96 no parece tan importante como lo fue entonces. Aquella vez se estuvo a minutos de escuchar el Himno Nacional…pero el talento de los nigerianos y algún polémico fallo arbitral, hicieron añicos los sueños del equipo liderado por el capitán Christian Bassedas. “«Tengo un recuerdo muy triste de esos Juegos, de esa final…Estábamos muy ilusionados, estuvimos muy cerquita y cuesta entender cómo se dio todo”». En Atlanta, los primeros Juegos en los cuales se permitió la participación de tres jugadores mayores de 23 años en cada plantel, Argentina presentó la misma base con la que había afrontado los Panamericanos de Mar del Plata ’95 y el Torneo Preolímpico. Le tocó el grupo “A”, donde le ganó a Estados Unidos pero apenas pudo empatar con Portugal y Túnez. “«En esos partidos no dejamos una imagen de solidez, tuvimos algunos altibajos, pero en los cruces nos afirmamos y ganamos con autoridad”», sostiene el ex jugador de Vélez que también pasó por Inglaterra y España. Dos buenas producciones ante España y Portugal, en cuartos y en semi, pusieron a la Argentina en la final frente a la sorprendente Nigeria, que venía de eliminar a Brasil, el campeón mundial vigente que tenía figuras como Bebeto, Roberto Carlos y Rivaldo. El partido fue oscilante, tanto en el desarrollo como en el marcador, con los muchachos de Passarella adelante dos veces (1-0 y 2-1) pero dejando muchas dudas en una 26

defensa que sería clave, a pocos minutos del final y con el partido empatado 2-2: “«Cuando nos cobraron ese tiro libre en contra, miramos al banco y la indicación fue que saliéramos, que tiráramos el offside, pero bueno…quedó uno enganchado y todo se desmoronó”.» Ese gol evitó el alargue, le dio el título a Nigeria y provocó un gran disgusto que, solo con el paso del tiempo y los triunfos posteriores, se pudo disimular.

• Participó como integrante del seleccionado de fútbol en los Juegos de Atlanta 1996 donde la Argentina obtuvo la medalla de plata. • En la primera fase, por el Grupo “A”, le ganó a Estados Unidos 3-1 (Crespo, Claudio López y Simeone) y empató 1-1 con Portugal y Túnez con sendos goles de Ortega. En cuartos de final goleó a España 4-0 (Crespo -2-, Claudio López y un gol en contra), en semifinales a Portugal 2-0 (Crespo -2-) y en la final 3-2 ante Nigeria (Claudio López y Crespo). • La formación del equipo en la final fue: Cavallero; Zanetti, Ayala, Sensini y Chamot; Bassedas, Almeyda y Hugo Morales; Ortega, Crespo y Claudio López. Completaron el plantel dirigido por Daniel Passarella: Bossio, Pablo Paz, Pineda, Simeone, Gallardo, Gustavo López y Marcelo Delgado.

3º JUEGOS OLÍMPICOS ST. LOUIS—1904 (1 de julio al 23 de noviembre)

Países participantes: 12 Deportistas: 651 Deportes: 16

Medallero Posición 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10

País

Oros

Platas

Bronces

Total

79 4 4 4 2 1 1 1 1 -

83 4 2 1 1 1 1 -

80 5 3 1 1 1 1 1

242 13 9 6 4 2 2 2 2 1

EE. UU. Alemania Cuba Canadá Hungría G. Bretaña Equipo Mixto Grecia Suiza Austria

Argentina no participó.

27

CARLOS BILARDO Todavía no recuperado del cimbronazo que significó el llamado “Desastre de Suecia”, el fútbol argentino volvió a tener otro traspié en los Juegos de Roma ’60. Apenas dos años después del Mundial, con jóvenes “no profesionales” como lo exigía la regla, pero que luego harían ruido en nuestras canchas (Oleniak, Rendo, Zarich, Desiderio, el “canario” Pérez), la Selección viajó con la ilusión de una medalla y el enorme desconocimiento de cómo estaba el fútbol en otras latitudes. En el plantel que dirigía el “Maestro” Ernesto Duchini sobresalía Carlos Bilardo, puntero derecho de San Lorenzo, estudiante de medicina, que por una lesión se había perdido los Panamericanos de Chicago ’59 donde Argentina consiguió la medalla de oro. “A mí no me correspondía tenerla porque no había jugado; pero Duchini, que era un fenómeno, me dio la suya”, me contó en una entrevista para la señal Cablesport. El fútbol argentino volvió al marco olímpico tras 32 años. Obtuvo un clasificatorio que incluyó partidos de ida y vuelta ante Chile (6-0 y 5-1) y un pentagonal jugado en Lima donde derrotó a todos: 6-1 a Surinam, 3-1 a Brasil, 2-1 a Perú y 3-1 a México. Pero en Italia, la historia fue diferente: “«La verdad es que no sabíamos con qué nos íbamos a encontrar. Éramos pibes y en Dinamarca jugaban tipos grandes que actuaban en primera aunque 28

decían que no eran profesionales…Estuvimos cerca, pero nos ganaron”», reflexionó Bilardo. Las posteriores victorias ante Túnez y Polonia no iban a alcanzar, ya que sólo se clasificaba uno, y Dinamarca les ganó a todos. Al regreso, el “Narigón” se alejó de San Lorenzo, recaló en Deportivo Español y le dedicó mucho tiempo a completar sus estudios de medicina. Después vendrían los días de gloria.

• Participó, como integrante del seleccionado argentino de fútbol, en los Juegos de Roma 1960. Argentina finalizó segunda en su grupo, detrás de Dinamarca, y quedó eliminada. • En su debut perdió 3-2 con los daneses (medalla de plata) para luego ganarle a Túnez (2-1) y Polonia (2-0).

4º JUEGOS OLÍMPICOS LONDRES—1908 (27 de abril al 31 de octubre)

Países participantes: 22 Deportistas: 2008 Deportes: 22

Medallero Posición 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10

País

Oros

Platas

Bronces

Total

56 23 8 5 3 3 3 2 2 1

51 12 6 5 5 4 3 3 2 5

39 12 11 9 5 2 10 3 2

146 47 25 19 13 9 16 8 4 8

G. Bretaña EE. UU. Suecia Francia Alemania Hungría Canadá Noruega Italia Bélgica

Argentina no participó.

29

GERARDO BONNHOFF “«Digamos que soy un porteño de Berlín”», me dijo allá por los años 80, una tarde en la que lo visité en su librería de la calle Esmeralda. Lo primero que surgía, naturalmente, al hablar con Gerardo Bonnhoff, era su presencia en nuestro país. ¿Cómo llegó? ¿Cuándo? Y entonces contaba que unos diez años después de su nacimiento (24 de junio de 1926) había arribado con sus padres desde Alemania aficándose en nuestra patria y que en 1947 consiguió la nacionalidad. Fue bien entrado en la adolescencia cuando comenzó a incursionar en el mundo de la velocidad, en viejas pistas de cenizas, entusiasmado por unas notables condiciones naturales (11 segundos en los 100 30

metros a los 16 años). Aquél jovencito sólo entrenaba dos veces por semana en un gimnasio de Monroe y Avenida del Tejar donde hacía ejercicios con sogas, trepadas en caballetes y colgadas en las anillas. Los domingos, o corría una carrerita o bien se entrenaba en un espacio que le habían acondicionado en la Sociedad Alemana de Gimnasia de Vicente López. No obstante, se iba a hacer camino y poco tiempo después, el sábado 1 de diciembre de 1945, con apenas 19 años, corría el héctometro en increíbles 10 segundos y 3 décimas, a una décima de la plusmarca mundial de Jesse Owens. Con ese valioso antecedente concretaría su sueño de ser olímpico en Londres ´48; pero el

interminable viaje, y la incomodidad de un viejo vagón oficiando de “villa olímpica” complicaron el entrenamiento de Bonnhoff que no pudo pasar de cuartos de final. Pero el hombre nunca bajó los brazos y, sin desanimarse, encaró un nuevo ciclo olímpico que tuvo como “parada intermedia” los primeros Juegos Panamericanos, llevados a cabo en Buenos Aires 1951, donde se colgaría el bronce en la posta de 4 x 100 metros. También fue un extraordinario corredor de 200 metros como lo iba a corroborar en los Juegos Olímpicos de Helsinki ’52. Allí, entre 71 velocistas, y tras imponerse en su serie (21s6) y en cuartos de final (21s4) se metió en la semifinal donde llegó

tercero (21s5) ganando un lugar entre los seis finalistas que tenía por entonces la prueba. Sabía que estaba rodeado de “monstruos”, y se planteó como objetivo lograr su mejor marca sin importarle lo que hicieran los demás. Y lo consiguió: fantásticos 21s3 todavía se conservan como una marca gloriosa en nuestro atletismo. En su “ficha personal” debe constar que, en la categoría superior, obtuvo 4 títulos, sudamericanos y 27 argentinos, y que cuando dejó de correr, siguió vinculado al atletismo como dirigente, periodista y docente de cada aquél que requiriera de su palabra, de su consejo. Creó el Club Argentino de Atletismo y fundó la revista “A sus marcas”. Falleció el 28 de diciembre de 2013, a los 87 años.

• Participó en los Juegos Olímpicos de Londres 1948 y de Helsinki 1952. • En Londres quedó cuarto en los cuartos de final de 200 metros llanos, y quinto en los cuartos de final de los 100 metros llanos. • En Helsinki accedió a la final de los 200 metros donde quedó en sexto lugar con un notable tiempo de 21s3 manuales, que equivalen a 21.59 seg en el cronometraje electrónico. La prueba fue ganada por quien era el recórdman mundial, el norteamericano Andy Stanfield, quien fue escoltado por sus compatriotas Thane Baker y Jimmy Gathers.

31

SILVIA BORGINI “«Mire, don Tito, esa piba tiene el corazón muy grande, así que no la vamos a llevar porque será un riesgo»”. Así, sin anestesia, el viejo dirigente de la natación argentina le comunicaba a Tito Pescio (un gran entrenador que, anteriormente, había sido basquetbolista en River) que su pupila se quedaba afuera de los Juegos Olímpicos de Munich ’72 pese a que, en el selectivo realizado en Rosario, había alcanzado las marcas para representar al país en 200 metros libre, 800 metros libre y 400 metros medley. Estudios médicos mediante, y demostrada la “«habitualidad»” de la mayor dilatación del corazón en deportistas, Silvia Borgini pudo viajar con sus apenas 14 años, la mujer más precoz en nuestra historia olímpica. “«Fue una experiencia inolvidable para la que me preparé durante tres años con gran esfuerzo: a la mañana iba a la escuela y a la tarde, a entrenar…unos 1600 metros por jornada, acompañada por mamá»”. La pileta era la del Club Náutico “«El Timón»”, de Luján, su ciudad, a la que hasta hace poco representó como concejala. “«Y los días en los que el profe me liberaba de nadar, hacía pesas con unas piezas improvisadas que había fabricado especialmente mi papá, que era herrero»”, recuerda con emoción. De Munich tiene muy presente que más de una 32

vez se entrenó al lado de Mark Spitz (“«aunque al principio yo no sabía quién era»”) y que fue un verdadero impacto cuando se enteró de la matanza de los once atletas israelíes: “«Con mi perspectiva de una niña de 14 años no entendía muy bien qué es lo que estaba pasando. Fue tremendo por las víctimas y, además, se opacaron unos Juegos que habían sido magníficamente bien organizados»”.

• Participó en natación en los Juegos de Munich 1972.

• En 200 metros libre terminó 27º, tras ser 6º en su serie con 2’23”11.

• En 800 metros libre quedó 30º,

y terminó 7º en la eliminatoria con 10’06”39.

• En 400 metros medley se ubicó 38º,

con un registro de 5’44”22.

5º JUEGOS OLÍMPICOS ESTOCOLMO—1912 (5 de mayo al 27 de julio)

Países participantes: 28 Deportistas: 2407 Deportes: 14

Medallero Posición 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10

País

Oros

Platas

Bronces

Total

25 24 10 9 7 5 4 4 3 3

19 24 15 8 4 13 2 1 2 2

19 17 16 9 3 7 4 3 3

63 65 41 26 14 25 6 9 8 8

EE. UU. Suecia G. Bretaña Finlandia Francia Alemania Sudáfrica Noruega Canadá Hungría

Argentina no participó.

33

ROBERTO BREPPE

Roberto Breppe

No se olvida nunca de recordar que es entrerriano de Paraná -—donde fue declarado ciudadano ilustre—-, aunque hace muchos años está radicado en Córdoba, allí donde en la previa de su debut olímpico, en 1964, se concentró el equipo de ruta, que hizo historia, y que integró junto acon Rubén Placánica, Delmo Delmastro y Héctor Acosta. Por entonces, Roberto Breppe tenía 23 años y llevaba mucho tiempo arriba de una bicicleta, aunque no siempre fuera la propia: “«Yo vengo de muy abajo, diría del sótano; y los primeros tiempos anduve en una bicicleta prestada. Pero, bueno, lo importante es que tomé esto como un oficio y tuve grandes satisfacciones en lo deportivo y por los amigos que coseché a lo largo del camino»”. La cuarteta que corrió los 100 kilómetros contrarreloj en los Juegos de Tokio consiguió la mejor ubicación olímpica para el ciclismo argentino hasta el oro obtenido por Curuchet y Pérez en Beijing ’08. “«Terminamos cuartos, entre 33 países, a escasos 47 segundos del podio. Fue un día de mucha lluvia y por momentos costaba ver; no alcanzamos la medalla pero igual, por nuestra lejanía, y las diferencias que había con los europeos en cuanto a condiciones de entrenamiento, aquello fue considerado como una hazaña”.» En esos mismos Juegos, Breppe finalizó noveno en la carrera individual 34

de ruta, modalidad en la que fue sexto en el Mundial de San Sebastián ‘65. Posteriormente volvió a ser olímpico en México ’68 y Munich ’72 y, hace pocos años, con 70 cumplidos, terminó otra carrera, la de la escuela secundaria. “«Quise tener mi título y lo logré, aunque me costaba mucho matemática; si se quiere, se puede y no importa la edad”.»

• Participó en ciclismo en los Juegos de Tokio 64, México 1968 y Munich 1972.

• En Tokio, donde finalizó 9º en la carrera individual de ruta, integró la cuarteta

(junto a Rubén Placánica, Delmo Delmastro

y Héctor Acosta) que llegó en cuarto lugar

en los 100 kilómetros contrarreloj.

• En México ocupó el puesto 40º en ruta

individual y terminó 7º en la contrarreloj por equipos (con Juan Merlos, Carlos Álvarez y Ernesto Contreras).

• En Munich abandonó en la prueba individual de ruta.

7º JUEGOS OLÍMPICOS AMBERES—1920 (20 de agosto al 12 de septiembre)

Países participantes: 29 Deportistas: 2626 Deportes: 22

Medallero Posición 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10

País

Oros

Platas

Bronces

Total

41 19 15 15 14 13 13 9 4 3

27 20 15 10 11 9 5 19 2 9

25 25 13 9 11 9 5 13 5 1

95 64 43 34 36 31 23 41 11 13

EE. UU. Suecia G. Bretaña Finlandia Bélgica Noruega Italia Francia Holanda Dinamarca

Argentina no participó.

35

LUIS BRUNETTO Los archivos de diarios franceses aseguran que la tarde del 12 de julio de 1924 hacía mucho calor en París, por lo que muchos colaboradores tuvieron como principal tarea mantener hidratados a los atletas que competían en el Estadio Colombes. Entre ellos estaba Luis Brunetto, un rosarino, hijo de piamonteses, que ese día entraría en la historia como el primer argentino en obtener una medalla olímpica en atletismo. Hombre de alta talla (1.88 metros), iniciado en el mundo del deporte en el Club Atlético Provincial al cual concurrió de pequeño junto a su hermano Orestes (un buen jugador de tenis y básquetbol), Luis pasó por diferentes pruebas hasta que su profesor Victorio Demarchi le aconsejó que se abocara de lleno al salto en largo y al salto triple. En esta última modalidad fue perfeccionando la técnica con notables resultados: fue cinco veces campeón sudamericano, estableció el récord para la región y lo superó en varias ocasiones hasta alcanzar los 15.15 metros en una competencia realizada en Rosario, en 1923. Ya en los Juegos Olímpicos, Brunetto actuó como suele suceder con los campeones que, en los grandes desafíos, tienen sus mejores performances: de 36

entrada nomás, en la sesión clasificatoria, saltó 15.425 metros, una marca que en el momento se constituyó en récord olímpico, que fue plusmarca sudamericana hasta 1949 y que en el orden nacional se mantuvo imbatible nada menos que hasta 1975. Lamentablemente, el rosarino debió conformarse con el segundo puesto, ya que en su último intento el australiano Nick Winter (un ex combatiente de la Primera Guerra Mundial) alcanzó los 15,525 metros y se quedó con el oro.

• Participó en atletismo en los Juegos de París 1924. • En la prueba de salto triple, entre 20 participantes, obtuvo la medalla de plata con un registro de 15.425 metros detrás del australiano Nick Winter.

8º JUEGOS OLÍMPICOS PARÍS—1924 (4 de mayo al 27 de julio)

Países participantes: 44 Deportistas: 3089 Deportes: 17 Medallero Posición 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 16

País EE. UU. Finlandia Francia G. Bretaña Italia Suiza Noruega Suecia Holanda Bélgica Argentina

Oros

Platas

Bronces

Total

45 14 13 9 8 7 5 4 4 3 1

27 13 15 13 3 8 2 13 1 7 3

17 10 10 12 5 10 3 12 5 3 2

99 37 38 34 16 25 10 29 10 13 6

Medallas argentinas

ORO Equipo de polo: Juan Nelson, Juan Miles, Enrique Padilla, Arturo Kenny y Guillermo Brooke Naylor. PLATA Atletismo, triple salto: Luis Brunetto. Boxeo, peso liviano: Alfredo Copello. Boxeo, peso welter: Héctor Méndez. BRONCE Boxeo, peso pluma: Pedro Quartucci. Boxeo, peso pesado: Alfredo Porzio.

37

DELFO CABRERA “«Wembley estaba colmado. De golpe, 70 000 mil almas se pusieron de pie y empezaron a aplaudir y a gritar porque el puntero del maratón, el belga Étienne Gailly, ingresaba al estadio. Su estado no era bueno, se bamboleaba, su paso no era firme, su mirada estaba como perdida. Y apenas unos segundos después, unos quince metros detrás, con un andar firme y sostenido, apareció Delfo para pasarlo, dar la vuelta final y alzar los brazos. Fue algo increíble”.» Palabra más, palabra menos, muchos años después y en un café lindero a la Asociación Argentina de Fútbol, el colega Washington Rivera -—privilegiado testigo—- recreaba las imágenes de aquella gesta de Delfo Cabrera en Londres '48 que había narrado con gran e m o ci ó n e n u n a tra n smi si ó n ra di a l que 38

quedó para la historia. Santafesino de Armstrong que, con 29 años, corría por primera vez los míticos 42 kilómetros y 195 metros, el argentino no era favorito entre los 43 fondistas que iniciaron la prueba. La prensa inglesa hablaba del local Jack Holden, de los fineses Mikko Hietanen y Viljo Heino y del propio Gailly, pero no de “«Delfio Cabrora»”, como figuraba en los programas oficiales quien se iba a colgar la medalla de oro después de 2 horas, 34 minutos y 51 segundos. Cabrera, de origen humilde y con un breve pasado de futbolista en Gimnasia y Esgrima de Armstrong, empezó a correr en su adolescencia -—al regresar del trabajo a casa, junto con su hermano—- y se entusiasmó con hacerlo de manera sostenida cuando se enteró del triunfo de

Juan Carlos Zabala en el maratón olímpico de Los Ángeles ’32. Tenía 18 años cuando, en una carrera cercana a su pueblo, fue descubierto por el maestro de atletas, Francisco Mura, quien lo convenció de viajar a Buenos Aires y entrenar en San Lorenzo de Almagro. Poco tiempo después ingresaría al Cuerpo de Bomberos de la Policía Federal al tiempo que perfeccionaba su estilo y lograba valiosos resultados en el orden nacional y sudamericano en distancias que iban desde los 3.000 metros hasta los 10.000 metros. Pero, en la previa de los Juegos Olímpicos, y considerando que Cabrera andaba al filo de los 30 años, Mura entendió que ya estaba para abordar el maratón y por eso lo preparó especialmente con un plan de carrera que implicaba correr en forma gradual, hasta la mitad de la competencial, para intentar acelerar sobre el

final. Delfo, obediente, respetó a rajatabla la consigna. Fue a partir del kilómetro 20 que comenzó a acercarse al grupo de punta que lideraba Gailly, y en el cual se encontraba otro argentino, el mendocino Eusebio Guiñez, quien, en el kilómetro 35, le dijo a Cabrera “«dale con todo que esta carrera es tuya»”. Una vez coronado, dejando en el olvido que había viajado en tercera categoría, sin poder entrenarse y con una pésima alimentación, el “«bombero campeón»” (como titularon algunos diarios) contó que él había tomado la delantera de la carrera en el kilómetro 37 y que sólo por un “sprint” Gailly ingresó antes a Wembley, aunque ya lo veía desfalleciendo. Cabrera lo hizo; emuló al “«Ñandú»” Zabala un mismo día, el 7 de agosto, 16 años después.

• Participó en atletismo en los Juegos de Londres 1948 y Helsinki 1952. • En Londres conquistó la medalla de oro en maratón al vencer con un tiempo de 2h34’51”, mientras que en Helsinki (donde fue abanderado) finalizó 6º con un registro de 2h26’42”.

39

JEANNETTE CAMPBELL Fue la primera gran dama del deporte argentino, debió superar los prejuicios y barreras de la época. No le importó. Lo hizo a brazo partido, igual que en la pileta. Siempre con la palabra medida y un toque de distinción, la historia le ha reservado un lugar de privilegio desde su participación en los Juegos de Berlín 36, donde no sólo se convirtió en la primera mujer de nuestro país en ser olímpica, sino que, además, fue la primera en subirse a un podio. Y como si todo esto fuera poco, fue distinguida como la deportista "más bella". Jeannette Campbell nació en 1916, circunstancialmente, en Saint Jean de Luz, en el sur de Francia. Dos años antes, sus padres habían ido a pasear a Escocia y, a raíz de la Primera Guerra 40

Mundial, debieron permanecer en Europa. Eso postergó el regreso de la familia a la Argentina. A Jeannette le gustaba contar ésta y otras historias de su vida... Como la de su abuela materna, Mary Gorman, una de las maestras norteamericanas que Domingo Faustino Sarmiento trajo al país para que formaran, con su experiencia, a las educadoras locales. También la recuerdo en el living de su departamento de la Avenida Forest, emocionada, contándome cómo fueron sus comienzos en la natación: muy cerquita de su casa, a metros apenas, en el Belgrano Athletic, su club de siempre: «Primero empecé a jugar al hockey, pero más tarde me uní a mi hermana mayor, Dorothy, empecé a nadar... y verdaderamente me apasioné».

En 1928, conquistó sus primeros triunfos. En 1931, con 16 años, ganó su primer título nacional y, en 1935, tuvo una descollante actuación en el Sudamericano de Río de Janeiro, donde mejoró formidablemente sus registros. Esto propició que se la incluyera en la delegación que concurriría a los Juegos Olímpicos. Viajó a Berlín con un mes de anticipación, en una travesía que duró 21 días a bordo del Cap. Ancona y que sólo le permitió entrenarse en una pileta de escasos 10 metros de largo. Allí, intentaba mantenerse en ritmo sostenida por una soga elástica que la mantenía "fija" a uno de los extremos. «Ya en Berlín, el entrenamiento fue muy bueno, intenso, con algunas horas de ocio en las que yo escuchaba música en los parques de la hermosa Villa Olímpica.» Sobre Hitler y su omnipresencia en aquellos Juegos, siempre fue muy medida al hacer declaraciones: «No tuve un contacto directo con él. Sí recuerdo un breve diálogo con Hermann Goering, el Comandante de la Fuerza Aérea, que un día se acercó a la pileta donde yo estaba practicando y me preguntó en inglés de qué país era. Cuando le respondí que venía de Argentina, me dijo; "Huy, que lejos de casa estás". Eso fue todo». Entró en competencia el 8 de agosto, cuando ganó su serie de los 100 metros libre y batió el récord sudamericano con 1’06”8, tiempo que mejoraría al día siguiente en semifinales (1’06”6). Así se metió en la final y, además, superó a la plusmarquista mundial, la holandesa Willy den Ouden. La final no tuvo el mejor arranque para Campbell. Su reacción al disparo fue algo más lenta de lo esperado, por lo que tuvo que recu-

perar camino, viniendo de atrás. En la mitad de la carrera pudo superar a quienes le llevaban ventaja (la alemana Arendt y la norteamericana Rawls) y tomar la delantera, pero la impresionante arremetida final de la holandesa Hendrika Mastrenbroek la dejó en el segundo lugar. De todos modos, logró un notable tiempo (1’06”4) que en la Argentina estaría vigente por casi 30 años. «Es cierto que pude ganar el oro, pero fui muy feliz con lo que obtuve», decía. En 1964, tuvo otra gran satisfacción al ser la abanderada de la delegación argentina en los Juegos Olímpicos de Tokio. Encabezó la fila que incluía a su hija Susana Peper, fruto de su amor con Roberto Peper, otro gran nadador de la época.

• Participó en natación en los Juegos de Berlín 1936. • Ganó la medalla de plata en los 100 metros libres. Marcó 1’06”8 en la primera ronda, 1’06”6 en la semifinal y 1’06”4 en la final.

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CAPOZZO GUERRERO El 28 de agosto de 2004, cuando en Atenas llegaron los títulos de los seleccionados de fútbol y de básquetbol, sus nombres volvieron a sonar tan fuerte como sucedía desde hacía 52 años cada vez que se referenciaba al deporte argentino y a la conquista de una medalla de oro. Tranquilo Capozzo y Eduardo Guerrero, el “«Tano»” y el “«Burro»”, los últimos compatriotas que habían logrado que el Himno Nacional se escuchara en un Juego Olímpico, fueron desde entonces una dupla inseparable en el recuerdo de nuestra historia deportiva…pese a que solamente en seis carreras estuvieron juntos, sobre un mismo bote. Capozzo había nacido en los Estados Unidos, pasó buenos años de su infancia en Italia y fue en la adolescencia que arribó a nuestro país. Su 42

primera vinculación con el deporte fue a través del ciclismo y recién cuando tuvo 27 años llegó al Club Canottieri Italiano, donde comenzó su periplo en el remo. Guerrero, oriundo de Salto, provincia de Buenos Aires, fue pelotari, jugó al rugby y comenzó a remar en el Rowing Club, luego pasó por Regatas La Marina para recalar, finalmente, en el Canottieri. Fue allí, en el club tigrense, donde se conocieron, pero, lejos de forjar una amistad, se miraban de soslayo, y competían con fiereza por ver cuál de los dos era mejor singlista. La historia grande empezó a escribirse cuando dirigentes del club y de la Asociación de Remo los citaron y les propusieron la idea de juntarse para representar al país en los Juegos de Helsinki. Capozzo10 años mayor que Guerrero, no quería saber nada, hasta amagó con dejar de remar

(ya había competido en Londres ’48), pero finalmente cedió. El primera paso estaba dado; faltaba ver cómo podían dejar de lado sus egos para aunar esfuerzos. Corrieron dos carreras contra La Marina, fueron al Sudamericano de Chile, donde ganaron por casi 90 metros de ventaja…y directo a Finlandia, donde los esperaba el bello fiordo de Meilahti. Muchos años después, en un homenaje que se les hizo en el Senado de la Nación (foto), Capozzo me contó la historia del bote con el que lograron llegar al oro: “«Nos lo prestó la gente de San Nicolás; no era nuevo, tenía unos cuantos parches, pero nos sentíamos a gusto… Eso sí, era pesado, le dimos como 10 kilos de ventaja a los botecitos nuevos que tenían los europeos»”. El recuerdo lo completó Guerrero: “«Encima, con el movimiento del viaje, cuando lo recibimos en Helsinki, lo vimos medio destartalado; por suerte nos ayudaron a arreglarlo los técnicos de los rusos…a los que finalmente les ganamos»”. La serie y la semifinal las pasaron sin sobresaltos. En la final largaron a la expectativa, con los checos en punta seguidos de cerca por la embarcación soviética, pero pasados los primeros 500 metros comenzaron a apurar, acelerando al llegar a la mitad de la carrera

para tomar la delantera a la altura de los 1200 metros… A partir de ahí, con una impecable sincronización para dos “«singlistas»” que tan poco tiempo de remar juntos tenían, se fueron distanciando, cada vez más, para llegar al final con tres botes de ventaja sobre los soviéticos. Capozzo nunca más remó. Pasó unos años en Bolivia y se radicó en Córdoba. Guerrero siempre siguió vinculado a la actividad, con un perfil de docente e historiador. Fueron muy distintos, fueron dos grandes que hoy son leyenda.

• Participaron en remo en los Juegos de Helsinki 1952.

• Ganaron la medalla de oro en el doble par.

• En la primera serie superaron a los botes de Checoslovaquia, Australia

y Suecia, y en la semifinal hicieron

lo propio con los representantes de Italia, Alemania y Uruguay.

• En la final se impusieron con un tiempo de 7’32”2/10 por

sobre la Unión Soviética (plata), Uruguay (bronce), Francia

y Checoslovaquia.

• Capozzo había participado en Londres 1948,

en single scull, donde quedó 2º en su serie.

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DANIEL CASTELLANI Muchos lo conocieron por la publicidad del desodorante “«que no te abandona»”. Corría 1982 y el Luna Park era el escenario central de un Mundial de Vóleibol que tenía, en la selección anfitriona, a un montón de jovencitos elegidos por un coreano, Young Wan Sohn, llegado de tierras lejanas para conducir y hacer docencia. Uno de esos veinteañeros, criado en la Boca y formado en Gimnasia y Esgrima, era Daniel Castellani. “«El comercial que salía en la tele y en los diarios nos acercó a la gente y permitió masificar nuestro deporte. Encima tuvimos un inesperado gran resultado que ayudó a que, desde entonces, fuéramos mirados con atención”.» Ese equipo, con mínimos retoques, se ubicó sexto en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles ’84 y encontró su punto justo en la siguiente cita olímpica:. “«Teníamos un fuerte afán de superación que, en parte, se lo debemos a Sohn. Por caso, en una concentración, meses antes de viajar y después de algunas buenas actuaciones pero que no nos llevaron al podio, nos juramentamos ir por la medalla; y entonces, cada abdominal, cada ejercicio extra, era tomado como un pasito que nos acercaba a Seúl»”. Castellani, que como anécdota cuenta que una vez perdió sus lentes de contacto en medio de un partido de una Copa del Mundo, mira a la distancia aquel bronce conseguido en tierra coreana como “«el premio justo para un equipo que, al margen de los grandes jugadores que tenía, 44

encontró en la continuidad un sustento que no es fácil de conseguir; estuvimos casi diez años juntos»”. Argentina le ganó a Brasil el crucial partido por el bronce y compartió el estrado con Estados Unidos y la Unión Soviética. “«Me acuerdo que se izaban las banderas y yo pensaba en lo increíble de estar ahí con las dos grandes superpotencias. El orgullo fue total”.»

• Participó en vóleibol en los Juegos de Los Ángeles 1984 y Seúl 1988. • Fue integrante del seleccionado argentino dirigido por Luis Muchaga que obtuvo la medalla de bronce en Seúl. Los demás jugadores fueron Hugo Conte, Waldo Kantor, Raúl Quiroga, Jon Uriarte, Esteban Martínez, Javier Weber, Juan Carlos Cuminetti, Esteban De Palma, Alejandro Diz, Claudio Zulianello y Daniel Colla. • En Los Ángeles, la Argentina finalizó en 6º lugar.

9º JUEGOS OLÍMPICOS ÁMSTERDAM—1928 (17 de mayo al 12 de agosto)

Países participantes: 46 Deportistas: 2883 Deportes: 14 Medallero Posición 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 16

País EE. UU. Alemania Suecia Finlandia Francia G. Bretaña Holanda Italia Suiza Conf. Canadiense Argentina

Oros

Platas

Bronces

Total

22 10 8 8 6 3 6 7 7 4 3

18 7 6 8 10 10 9 5 4 4 3

16 13 12 9 5 8 4 6 4 7 1

56 30 26 25 21 321 19 18 15 15 7

Medallas argentinas

ORO Boxeo, mediopesado: Víctor Avendaño. Boxeo, peso pesado: Arturo Rodríguez Jurado. Natación, 400 mts. estilo libre: Alfredo Zorrilla. Boxeo, peso pluma: Víctor Peralta. Boxeo, peso wélter: Raúl Landini. PLATA Fútbol masculino: Ángel Bossio, Fernando Paternoster, Juan Evaristo, Segundo Médici, Ludovico Bidoglio, Luis Monti, Roberto Cherro, Manuel Ferreira, Raimundo Orsi, Domingo Tarasconi, Alfredo Carricaberry, Octavio Díaz, Rodolfo Orlandini, Saúl Calandra, Feliciano Perduca, Enrique Gainzarain, Alberto Helman, Segundo Luna, Pedro Ochoa, Natalio Perinetti, Luis Weihmuller y Adolfo Zumelzú. DT: José Lago Millán. BRONCE Esgrima, equipo de florete: Roberto Larraz, Luis Lucchetti, Héctor Lucchetti, Raúl Anganuzzi y Carmelo Camet. 45

HÉCTOR CATTARUZZA “«Templadas noches, amigos…»” Ese latiguillo que durante mucho tiempo, en los albores de la televisión argentina, significaba el comienzo de la información del clima y sus avatares, era propiedad de Héctor Cattaruzza, o simplemente “«Catta»”, el locutor que cada noche –—trajeado y con una flor en el ojal—alternaba entre Fito Salinas, Pinky, Brizuela Méndez y Cacho Fontana en el pionero Canal 7. Pero ese Cattaruzza almidonado y tan formal en la pantalla, tenía un pasado de eximio deportista que generaba un respeto extra entre sus compañeros. En su juventud probó diferentes disciplinas y, en la mayoría, supo cosechar importantes logros: fue un buen jugador de béisbol, ganó torneos de esgrima, sobresalió como uno de los integrantes del notable equipo de waterpolo que Gimnasia y Esgrima tuvo en la década del 20, pero, sin dudas, su marca más estentórea la dejó en el tenis, donde fue campeón nacional y jugó varias series de la Copa Davis. Nacido en 1904, comenzó a incursionar en el mundo de la raqueta a los 14 años, y cinco años más tarde ya estaba representando al país en los Juegos Olímpicos de París 1924, los últimos en que el tenis estuvo presente hasta su reincorporación en Seúl 1988. En aquel torneo en el que el estadounidense 46

Vinnie Richards sorprendió al quedarse con el oro delante de “Los mosqueteros” franceses (Henri Cochet –—plata—-, Jean Borotra y René Lacoste), Cattaruzza llegó hasta segunda ronda tanto en singles como en dobles (con Jorge Williams) en una actuación que, —según le confesó a su amigo Adolfo Bioy Casares, años después—, “«fue regular, pero no era fácil jugar con tanta mujer bonita alrededor»”.

• Participó en tenis en los Juegosde París 1924.

• En singles venció a Pantelis

Papadopoulos (Grecia) y luego cayó

ante Christiaan Van Lennep (Holanda).

• En dobles, con Jorge Williams,

tuvieron bye en la ronda inicial y

perdieron en segunda contra los

suecos Henning Muüller y Charles

Wennergren, después de cinco sets.

10º JUEGOS OLÍMPICOS LOS ÁNGELES—1932 (17 de mayo al 12 de agosto)

Países participantes: 37 Deportistas: 1332 Deportes: 14 Medallero Posición 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11

País EE. UU. Italia Francia Suecia Japón Hungría Finlandia G. Bretaña Alemania Austria Argentina

Oros

Platas

Bronces

Total

41 12 10 9 7 6 5 4 3 3 3

32 12 5 5 7 4 8 7 12 1 1

30 12 4 9 4 5 12 5 5 1 -

103 36 19 23 18 15 25 16 20 5 4

Medallas argentinas ORO Atletismo, maratón: Juan Carlos Zabala. Boxeo, peso pluma: Carmelo Robledo. Boxeo, peso pesado: Santiago Lovell. PLATA Boxeo, peso mediano: Amado Azar.

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OSVALDO CODARO El tano dueño de la panadería de Avellaneda para la que hacía repartos, pretendía que acelerara las entregas: “«Movete, pachorra»”, le decía. De tanto repetirlo, impuso el bocadillo, aunque por esas cosas de las deformaciones en el boca a boca, el apodo que quedó fue “«Pacha»”. Así se lo conoció, y se lo conoce, a Osvaldo Codaro, el mejor jugador de waterpolo en la historia argentina. Por la temprana pérdida de sus progenitores, Codaro encontró su lugar en el club, en Independiente, y tuvo en Santiago Gentile un guía para la vida y un maestro en la pileta que le proveyó valiosos conocimientos de natación, primero, y de waterpolo, después. Su voracidad por mejorar hizo que pronto comenzara a destacarse y fuera convocado, con 17 años, al seleccionado nacional que compitió en los Juegos Olímpicos de Londres ’48: “«Lo que más me sorprendió fue ver a Inglaterra destruida después de la guerra. En lo deportivo, recuerdo que João Havelange (que jugaba para Brasil) me felicitó por ser el jugador más joven del torneo y dijo que yo sería su heredero»”. Gran estratega, y de buen porte físico, Codaro fue fundamental para la obtención del oro panamericano en Buenos Aires ’51 y México ’55. “«A Helsinki ’52 viajamos con buenas expectativas, 48

pero no nos fue bien; y a Melbourne no nos permitieron ir, cosas de dirigentes”.» “«Pacha»”, que también representó a Comunicaciones y a Boca Juniors, no duda a la hora de elegir su mejor momento: “«Donde estuve a pleno, muy firme y con gran experiencia, fue en Roma ’60. Los organizadores me designaron el sudamericano más destacado y me hicieron jugar el partido de gala por ser considerado uno de los mejores del mundo»”.

• Participó en waterpolo en los Juegos de Londres 1948, Helsinki 1952 y Roma 1960. • Integró el seleccionado nacional que finalizó 9º en Londres y Roma y 13º en Helsinki.

11º JUEGOS OLÍMPICOS BERLÍN—1936 (1 al 16 de agosto)

Países participantes: 49 Deportistas: 3963 Deportes: 19 Medallero Posición 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 13

País Alemania EE. UU. Hungría Italia Finlandia Francia Suecia Japón Holanda G. Bretaña Argentina

Oros

Platas

Bronces

Total

33 24 10 8 7 7 6 6 6 4 2

26 20 1 9 6 6 5 4 4 7 2

30 12 5 5 6 6 9 8 7 3 3

89 56 16 22 19 19 20 18 17 14 7

Medallas argentinas ORO Boxeo, peso pluma: Oscar Casanovas. Polo: Manuel Andrada, Roberto Cavanagh, Luis Duggan, Andrés Gazzotti y Juan Nelson. PLATA Boxeo, peso pesado: Guillermo Lovell. Natación, 100 mts. estilo libre: Jeanette Campbell. BRONCE Boxeo, peso mediano: Raúl Villarreal. Boxeo, mediopesado: Francisco Resiglione. Remo, doble par sin timonel: Julio Curatella y Horacio Podestá. 49

HUGO CONTE Cuenta Julio Velasco que una tarde, cuando dirigía a Ferrocarril Oeste, llegó como visita al entrenamiento su par de básquetbol, León Najnudel, con la intención de “«robarse»” al muchachito del que ya todos hablaban. Nadie sabe qué habría ocurrido si Hugo Conte hubiera aceptado el traspaso. Pero, no; decidió quedarse en el vóleibol (deporte al que, cuando niño, lo había acercado su madre Celia) y hacer historia: jugó 25 años en el más alto nivel, fue medallista olímpico y mundial, su nombre fue ingresado al Salón de la Fama de Massachusetts y la Federación Internacional de Vóleibol lo consideró uno de los mejores ocho jugadores del siglo XX. “«Soy un agradecido al vóleibol; me dio la posibilidad de divertirme, de desarrollarme en lo personal y en lo profesional y de cosechar grandes amigos de la vida”.» Algunos de ellos, como Waldo Kantor (“«es un hermano»”), fueron parte de ese ramillete de jóvenes que el técnico coreano Young Wan Sohn supo moldear tan bien y que aportó notables resultados como el tercer puesto del Mundial ’82, en Buenos Aires, y la trascendente medalla olímpica de bronce en Seúl ’88: “«Gran parte de ese ciclo exitoso tuvo que ver con que, siendo chicos, entendimos que debíamos aprender a aceptarnos, con nuestros defectos y nuestras virtudes, porque íbamos a compartir mucho tiempo juntos. En lo deportivo, aquel triunfo final ante Brasil es inolvidable; era 50

tanta la felicidad que por momentos reíamos y llorábamos, todo a la vez»”. Su retiro de la Selección, luego de un “«casi»” bronce en Sídney 2000, fue en el Mundial 2002, en el Luna Park, el mismo escenario en el que veinte años atrás una multitud festejaba sus furibundos remates. “«Ojo que esa vez también los celebraron, aunque yo tenía menos potencia (risas)”.»

• Participó en vóleibol en los Juegos de Los Ángeles 1984, Seúl 1988 y Sídney 2000. • Integró el seleccionado nacional que en Seúl obtuvo la medalla de bronce. Argentina, por el grupo “B” derrotó a Túnez (3-0), Japón (3-1), Francia (3-0) y Holanda (3-0) y cayó ante Estados Unidos (3-2). En semifinales fue superada por Unión Soviética (3-0) y en el partido por el tercer puesto venció a Brasil (3-2). • En Los Ángeles, el conjunto argentino terminó 6º y en Sídney fue 4º.

14º JUEGOS OLÍMPICOS LONDRES—1948 (29 de julio al 14 de agosto)

Países participantes: 59 Deportistas: 4104 Deportes: 17 Medallero Posición 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 13

País

Oros

EE. UU. Suecia Francia Hungría Italia Finlandia Turquía Checoslovaquia Suiza Dinamarca Argentina

38 16 10 10 8 8 6 6 5 5 3

Platas

Bronces

Total

27 11 6 5 11 7 4 2 10 7 3

19 17 13 12 8 5 2 3 5 8 1

84 44 29 27 27 20 12 11 20 20 7

Medallas argentinas ORO Atletismo, maratón: Delfo Cabrera. Boxeo, peso mosca: Pascual Pérez. Boxeo, peso pesado. Rafael Iglesias. PLATA Atletismo, salto en largo: Noemí Simonetto. Tiro, 25 m. con pistola rápida: Carlos Enrique Díaz Sáenz Valiente. Yachting, clase 6 m: Julio Sieburger, Enrique Conrado Sieburger, Emilo Homps, Rufino Rodríguez de la Torre, Enrique Adolfo Sieburger y Rodolfo Rivademar (con yate Djinn). BRONCE Boxeo, mediopesado: Mauro Cía. 51

JAVIER CONTE Estaba en el podio, esperando la premiación, cuando entre el gentío divisó a su padre, Jorge, un antiguo nadador de aguas abiertas que en ese momento presidía el club Gimnasia y Esgrima. Lo vio vendado, con cierta mueca de dolor. Javier Conte no entendía qué pasaba. Con el hermoso fondo de la Bahía de Sídney, celebraba el bronce que acababa de conseguir junto a Juan de la Fuente en la clase 470 del yachting. Al rato, comprendió: «Cuando vi a mis padres, me acordé que hacía varios días que no sabía nada de ellos. Al principio de los Juegos, se acercaban a la Marina y charlábamos. Pero, claro, metido en la competición, no reparé en que no habían venido más. Cuando me acerqué me contaron que, por festejar una buena 52

regata que habíamos hecho, papá cayó unos veinte metros desde un acantilado. Por suerte, quedó enganchado de un árbol y sólo sufrió la fractura de un par de costillas». De chico, a Javier le gustaba el agua, pero no para nadar, como era tradición familiar. Empezó a navegar, primero en Optimist, luego en Cadet, categoría en la que fue campeón mundial en Hungría 92. Un año después, el título quedaría en manos de Juan de la Fuente. Competían juntos, tenían buena onda y, de repente, un barco los unió: «Después de Cadet, empecé a navegar en Clase Europa, hasta que un día Nicolás Fraccia me invitó a compartir un 470 con él, incluso fuimos a un mundial juvenil. Al tiempo, Nico se fue al exterior y le propuse a

Juan que me acompañara; así arrancó todo». Lo que siguió fue el acostumbramiento, la complementación y los resultados positivos. Fueron campeones argentinos en 1997, 98 y 99, y emprendieron una gira por Europa, donde, en la mayoría de las pruebas, finalizaron en los primeros puestos. «Eso nos dio confianza para abordar los Olímpicos. El arranque en Sídney no fue bueno, pero, a partir de la tercera regata, ya oscilábamos entre el segundo y el cuarto lugar. Lamentablemente, un día largamos pasados, unos segundos antes, y eso nos quitó chances de luchar por el oro. Quedamos relegados, pero accedimos a un bronce que, para mí, es inolvidable». Después de otros dos ciclos olímpicos, Conte se alejó de la alta competencia, aunque tuvo un fugaz regreso en los Panamericanos de Toronto 2015, donde sí pudo llegar al oro, en la Clase Lightning, junto a su amigo Fraccia y María Salerno. Actualmente, colabora con algunas de las embarcaciones que competirán en Río 2016: «Me gusta dar una mano, aunque hoy los chicos tienen un respaldo mucho mayor al que teníamos nosotros. Recuerdo que, antes de Sídney, estábamos con Juan en Italia; nos movíamos como “gitanos”, con el barco arriba de un auto alquilado. Íbamos por una autopista cuando nos paró la policía y nos indicó que debíamos tomar una ruta alter-

nativa, porque el mástil sobresalía mucho del auto y podría producir un accidente. Lo hicimos, pero era un camino de cornisa, peligroso, así que decidimos volver a la autopista con la mala suerte de que, a los pocos metros, nos cruzamos con el mismo policía, dispuesto a multarnos. Nos salvó que, en medio de la ríspida charla, dijimos: “Maradona”, que resultó ser la palabra mágica: no sólo nos liberó, sino que nos escoltó hasta nuestro destino».

• Participó en yachting en los

Juegos de Sídney 2000, Atenas

2004 y Beijing 2008.

• Siempre en compañía de Juan de

la Fuente, compitió en la Clase 470.

Obtuvo la medalla de bronce en

Sídney y finalizó 13º y 10º en Atenas

y Beijing, respectvamente.

• De la Fuente, por su parte, participó también en Londres 2012, donde

consiguió otra medalla de bronce,

esta vez, junto a Lucas Calabrese.

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ERNESTO CONTRERAS Cuentan que hace algunos años, en una gran encuesta popular que encargó un importante medio local con el propósito de saber cuál era el mayor ídolo deportivo mendocino de la historia, su nombre apareció muy pegado a los de Nicolino Locche y Víctor Legrotaglie en el trío que, claramente, encabezó la preferencia de la mayoría de los consultados. Muchos ni siquiera lo mencionaban; «El Negro», decían, o «El Cóndor… El Cóndor de América». Así fue y sigue siendo para todos Ernesto Contreras, un extraordinario ciclista que se destacó tanto en la pista como en las rutas, y ni hablar de ese gran escenario natural que es la Cordillera, donde, entre 1967 y 1974, se mostró como el gran animador de El cruce de los Andes, con dos triunfos y siempre peleando arriba en esa competencia tan especial donde no solo hay 54

que ganarle al de al lado, sino que también hay que vencer a la montaña. «El Cóndor» fue el apodo que, justamente, tras un par de ediciones de esa maravillosa travesía, le puso un periodista a este oriundo de Medrano, en el departamento de Junín, que se hizo «amigo» de la bicicleta pasada su adolescencia y casi de casualidad. A él le tiraba el fútbol: de hecho, era el arquero del equipo del barrio. Pero un día, su hermano mayor, Rodolfo, convocado por el servicio militar, dejó su «bici» en casa y el joven Ernesto se aquerenció de ella. Juntos, comenzaron a ir de acá para allá, en un peregrinaje sin fin… Ese negrito de piernas fibrosas pronto mostraría su fortaleza al ganar una primera carrera poco tiempo después de empezar en la actividad, en lo que sería el inicio de una exitosa trayectoria que destaca sus ocho triunfos consecutivos en el campeonato nacional de los 4000 metros de la persecución individual y un campeonato americano de pista, en la misma modalidad, en Brasil 58. Afincado desde hace añares en Godoy Cruz, donde a diario concurre a su notable bicicletería —en la que se entremezclan cuadros, manubrios y frenos con trofeos, plaquetas y viejas tapas de El Gráfico—, a Contreras le gusta remarcar que nunca corrió para ganar dinero y, además, explicitar su satisfacción por un «fan» muy particular que supo tener: «A mí los gobiernos nunca me ayudaron; solo una vez me dieron un trabajo que me dejaba tiempo para entrenarme, pero me echaron a los tres meses… Al que conocí fue a Perón; él sabía todo sobre mi carrera, me dijo que disfrutaba de mis triunfos y que cuando estaba en el exilio seguía mis resultados por los diarios».

Presente en cuatro campeonatos mundiales, incluyendo el de Montevideo 69 donde terminó segundo con la cuarteta de persecución, «El Cóndor» se muestra muy a gusto por lo que vivió en sus tres participaciones olímpicas (Roma 60, Tokio 64 y México 68), en las que dio grandes batallas junto con sus compañeros y estuvieron cerca de subirse al podio. «Participar en los Juegos Olímpicos es algo impresionante; tenés la posibilidad de representar a tu país ante tantos competidores del mundo… es difícil de explicar lo que se siente, diría que es un regalo de la vida.» No le gusta mucho ponerse a hablar de sus propias condiciones. De eso se encargó la prensa, como un diario italiano que, al día siguiente de haber participado en los Juegos de Roma 60, donde se impusieron los locales, publicó: «Si Argentina hubiera presentado cuatro Contreras, Italia no ganaba la prueba».

• Participó en ciclismo en los Juegos de Roma 1960, Tokio 1964 y México 1968. • En Roma fue quinto en persecución por equipos junto a Alberto Trillo, Héctor Acosta y Juan Brotto, mientras que en Tokio, en la misma especialidad, fue octavo en compañía de Alberto Trillo, Juan Merlos y Carlos Álvarez. • En México, con Roberto Breppe, Juan Merlos y Carlos Álvarez participaron en dos pruebas: finalizaron séptimos en ruta por equipos, y novenos en persecución.

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JAVIER CORREA Su deporte es el canoaje, aunque algunos hablen de «canotaje» (¿será que creen que corren en «canotas»?). Más allá de esta disquisición, no cabe duda de que, entre los tantos canoistas, canoeros o piragüistas que ha tenido la Argentina, su exponente más sobresaliente es Javier Correa. Hombre de pocas palabras, pero de firmes convicciones, en base a una férrea dedicación logró mantenerse entre los mejores kayakistas del mundo a lo largo de una década. «Siempre me entendí como un defensor de nuestro país y sentí el privilegio de poder escribir el nombre de Argentina entre todos los demás países. Me pasó en sudamericanos, en mundiales y, por 56

supuesto, en los Juegos Olímpicos. Desde el momento en que me ponía la camiseta, ya no obraba sólo por mí». Tiene seis medallas de oro en Juegos Panamericanos y otras tantas en certámenes sudamericanos. Su incursión en el mundo del olimpismo ocurrió en Atlanta 96, luego de ganarse su lugar en un certamen clasificatorio: «Con mi compañero Abelardo Sztrum conseguimos cuatro plazas y, así, pude convertirme en olímpico con apenas 20 años. Como primera experiencia, fue magnífica. Llegamos a Estados Unidos con bastante anticipación y nos alojamos en una casa alquilada en Gainesville, el sitio donde se desarrollaron nuestras pruebas, a cien kilómetros de Atlanta.

En lo deportivo, competimos dignamente y me sentí satisfecho, porque quienes nos superaron debieron esforzarse al límite para poder hacerlo». Desde entonces, sus progresos fueron notorios: en 1998, obtuvo el bronce en K-1 1000 metros durante el Mundial de Szeged y, al año siguiente, terminó quinto en K-1 500 metros en el Mundial de Milán. En esa prueba y en el K-2 1000 metros (junto a Sztrum), logró un nuevo pasaporte olímpico: «A Sídney 2000 no fui sólo a participar; con la experiencia anterior y los antecedentes cercanos, sabía que podía dar batalla y, aunque suene vanidoso, era parte de lo necesario para salir a la pista con la decisión de estar entre los mejores. Y así fue, en el K-1 1000 metros (la prueba más estratégica) terminé quinto y acaricié la medalla». Ese resultado actuó como una inyección anímica para Javier y, en el camino que lo depositaría en Atenas 2004, estuvo prácticamente en todas las finales de los grandes torneos, incluyendo podios en los mundiales de Poznan y Sevilla, y varios oros en etapas de la Copa del Mundo. Posicionado como uno de los mejores del mundo, competía con las mismas posibilidades en 1000 metros y en 500 metros, algo poco usual entre sus rivales. «A los Juegos de Atenas llegué con 28 años y la decisión de ir dando un cierre a esa etapa de mi vida como deportista. Volví a mezclarme entre los mejores y, esta vez, pude meterme en la final del K-1 500 metros, algo que ya no sorprendía, porque partía en el lote de los favoritos». Alejado de la competencia, aunque vinculado a

la actividad (ahora como dirigente), Correa muestra el orgullo de un barilochense criado en Viedma que supo estar en la cúspide de su deporte: «Me queda el convencimiento de que es posible realizar cosas grandes desde nuestros pueblos, sin que resulte una condición excluyente el vivir en un país supuestamente “desarrollado” ».

• Participó en canoaje en los Juegos de Atlanta 1996, Sídney 2000 y Atenas 2004. Obtuvo el 5º puesto en K-1 1000 metros en Sídney y el 8º en K-1 500 metros en Atenas. • Además, fue semifinalista en las siguientes pruebas: K-1 500 metros y K-2 1000 metros (con Abelardo Sztrum) en Atlanta, K-1 500 metros en Sídney, y K-1 1000 metros en Atenas.

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SEBASTIÁN CRISMANICH Fue un sábado por la tarde cuando lo visité en el Cenard, un par de meses antes de los Juegos Olímpicos. Tenía lugar un festival de taekwondo en el cual se hablaba de la reciente normalización de la Federación y de las dificultades para conseguir las pecheras de entrenamiento. Alejado de todo, él, en un costado, me contaba de su confianza. Que de los 16 competidores de su categoría había siete que, según el día, podían ganarse unos a otros. Y que él era uno de ellos. Sebastián Crismanich estaba en lo cierto. El cuadro masculino de Londres, hasta los 80 kilos, tuvo varias sorpresas al quedar eliminados, en rondas tempranas, los favoritos de los especialistas: el multicampeón Steven López 58

(Estados Unidos), Yusef Karami (Irán) y Ramin Azizov (Azerbaijan). El correntino, como aislado del contexto, hacía su recorrido. “Yo hice mi torneo”, cuenta Sebastián y detalla sus sensaciones: “Me concentré en cada lucha trazando estrategias de acuerdo al rival. Sabía que podía pero la ficha me cayó cuando ya todo había terminado e iba rumbo al podio; no entendía que todo pudiera ser tan perfecto, que encajara tan bien en el libro de mi vida. Estaba formado, viendo nuestra bandera, escuchando nuestro himno y me preguntaba si era verdad lo que estaba pasando… Fue como poner una bandera en la Luna y poder decir acá está la Argentina, acá está el taekwondo argentino,

acá está Sebastián Crismanich”. En el debut, con nervios, se enfrentó al neozelandés Vaughn Scott al que, de manera inteligente, sólo atacó en momentos oportunos, y así ganó 9 a 5. Un rato más tarde, en cuartos, ante el afgano Nesar Bahawi y tras unos minutos de estudio, encontró por dónde penetrar y sacó amplias ventajas para imponerse 9 a 1. Crismanich estaba en semifinales. Cerca del sueño. El rival era el armenio Arman Yeremyan y la contienda fue muy dura. Salió “a esperar”, a plantear la lucha de contra, y fue eficaz al sumar en una acción de choque. Ganó, apretado, pero ganó: 2-1 y a la conquista del oro. “De los Juegos me acuerdo de todo, no sólo de las peleas… cada rincón de la Villa, los colores, los aromas, el sentir la energía de todos los deportistas tan destacados que, como yo, estaban persiguiendo sus sueños… ¿Sabés qué pasa? Son sensaciones únicas, incomparables, y uno no sabe si volverá a ser olímpico.” La final ante el español Nicolás García fue tensa, dramática, definida agónicamente 1-0 a favor de un Crismanich que ni imaginaba, entonces, que estaba escribiendo una página histórica en el deporte olímpico argentino: desde 1948, ningún

compatriota había obtenido la medalla de oro en una disciplina individual. “Cuando volví a la Villa pasó algo increíble: estaba esperándome Ginóbili para sacarse una foto conmigo. No lo podía creer… pensar que días antes yo, tímidamente, le había pedido una foto a él.”

• Participó en taekwondo en los Juegos de Londres 2012.

• Conquistó la medalla de oro en la categoría de hasta 80 kilos. El

camino al éxito incluyó sucesivas

victorias frente a Vaughn Scott (N.

Zelanda), Nesar Bahawi (Afganistán),

Arman Yeremyan (Armenia) y

Nicolás García (España). 59

CURUCHET PÉREZ «Fue increíble el momento que viví, casi de película. Imaginate, a los 43 años, y en mi último intento —porque yo ya tenía definido mi retiro— logré conseguir lo que perseguí toda la vida.» Hay cierta emoción en las palabras de Juan Curuchet, pero predomina el tono reflexivo. Pasaron ya varios años desde aquel primer título olímpico para el ciclismo argentino en el Velódromo Lahosan, bastante alejado del centro de Beijing. Fue tan cerrada la definición, y tan apasionante, que me recuerdo trepado a los pupitres de prensa y casi ingresando a la pista para entrevistar, en vivo, por Radio del Plata, a la otra mitad del éxito, a Walter Pérez, quien acababa de pasar la línea de llegada. «Costó, costó bastante; arrancamos muy tranquilos y pudimos sacar una vuelta de ventaja al principio, pero al final se complicó y tuvimos que hacer un gran 60

esfuerzo para ganar.» La dupla se armó en 2003, luego del alejamiento de la actividad de Gabriel, el mayor de los hermanos Curuchet. Entonces, y tras algunas pruebas, Juan decidió que Walter fuera su partner para la etapa final de su carrera: «Lo elegí porque es un extraordinario ciclista; desde lo táctico y en lo estratégico, de lo mejor del mundo. El pibe sabe perfectamente en qué momento atacar y cuándo conviene quedarse». Con apenas un año de trabajo pudieron consagrarse campeones mundiales en Melbourne, lo que determinó que se los rotulara de «favoritos» para los Juegos de Atenas 2004. La presión, el clima y un malestar estomacal de Pérez conspiraron contra sus chances: terminaron novenos. Pero, lejos de amilanarse, el tándem y su equipo de trabajo decidieron

encarar una nueva campaña olímpica. «Fuimos terceros en el Mundial de Burdeos 2006, ganamos el oro panamericano en Río 2007 y trabajamos muy bien el final de la preparación, primero con una concentración en España, y luego con la puesta a punto definitiva en Chaco», dice Juan. Con los principales rivales (los británicos Cavendish y Wiggins, los españoles Llaneras y Tauler y los belgas Keisse y De Ketele) se conocían muy bien. «Habitualmente —dice Pérez— nosotros tratábamos de sacar una vuelta de ventaja en la segunda mitad de la carrera. Pero esta vez, bastante temprano, por cierto, después de la vuelta 20, encontré el momento y ataqué». Y, desde entonces, tuvieron la carrera dominada, aventajando por lo justo en puntos a españoles y rusos (quienes también pudieron sacar vuelta de ventaja) y manteniendo «a raya» a los belgas, que ganaron varios sprint y apuraron sobre el final, sin éxito. Si una enseñanza dejó este heroico triunfo, es que la perseverancia bien puede generar una linda recompensa: Curuchet logró el oro en su sexta participación olímpica, y Pérez, en la cuarta. Y pese a las diferencias de personalidad que puedan tener, en la pista fueron un verdadero equipo. «Lo nuestro fue estrategia y corazón», coinciden en la síntesis.

• Participaron en ciclismo en los Juegos de Atenas 2004 y Beijing 2008. • En Beijing ganaron la medalla de oro en la prueba Madison (o Americana), mientras que cuatro años antes, en la misma modalidad, finalizaron novenos. • Curuchet, además, tuvo los siguientes resultados en otras citas olímpicas: en la prueba por puntos fue 5º en Los Ángeles 84 y Seúl 88, 23º en Atlanta 96, 14º en Sidney 2000, 13º en Atenas 2004 y 18º en Beijing 2008. En Los Ángeles 84 fue 9º en persecución por equipos (junto a Gabriel Curuchet, Pedro Caino y Eduardo Trillini) y en Sidney 2000 terminó 7º en la Madison con Gabriel Curuchet. • Pérez, en tanto, fue 8º en persecución individual en Atlanta 96 y Sidney 2000, y terminó 14º en persecución por equipos (con Edgardo Simón, Gonzalo García y Gabriel Curuchet) en Atlanta y 9º en Sidney (con Edgardo Simón, Gonzalo García y Guillermo Brunetta). En Londres 2012 finalizó 14º en Omnium. 61

PABLO CHACÓN «Te cuento una linda anécdota que ocurrió en Atlanta; ahora que pasaron como 20 años ya puedo… jaja. Resulta que mi equipo me tenía muy controlado con las comidas por el tema del peso, pero yo me las arreglaba para escaparme algunas veces y llegar hasta el comedor.En una de esas ocasiones ingreso y veo un tumulto; voy hasta el lugar, miro y no lo podía creer: rodeado de cuatro guardaespaldas estaba mí ídolo, Arnold Schwarzenegger. Me acerqué como pude y el pibe me saludó, lamento no tener una foto.» Pablo Chacón está en Mendoza, en el gimnasio que lleva su nombre y en el cual, orgullosa62

mente, prepara a jóvenes boxeadores que tienen sueños similares a los que él tenía de chico, en Las Heras, mientras hacía trabajos de plomería, de albañilería o ayudaba con el carro y los caballos a su padre. Desde 1993 en la Selección, con varias giras internacionales, un oro en los Odesur de Valencia 94 y una fallida actuación en los Panamericanos de Mar del Plata, su arribo a los Juegos Olímpicos del 96 tenía un único propósito: «Yo quería quebrar la racha de 28 años en los que ningún boxeador argentino había podido subirse al podio. Me había presionado con eso, pero era una presión a favor».

Quizás por esa carga lució algo nervioso en el comienzo de su recorrido dentro de los plumas (hasta 57 kilos), con un ajustado triunfo por puntos (6-5) ante Tyson Gray (Jamaica) para luego, sí, con soltura, superar por 17-4 a Josian Lebron (Isla Mauricio). Clasificado para el crucial choque de cuartos, lo esperaba el húngaro János Nagy, un rival difícil, que llegaba con el rótulo de favorito. El mendocino ganó por 18-7. «Sin dudas que ese fue uno de los días más lindos que tuve en mi paso por el boxeo, junto con el que me consagré campeón mundial. Para mí fue espectacular saber que estaba logrando una medalla para argentina, algo muy valioso, aunque sea de bronce… por eso no podía, ni puedo, comprender a los chicos del fútbol de Argentina que después de recibir la

medalla de plata se la sacaban y se la guardaban en el bolsillo.» En la instancia de semifinales se enfrentó con el tailandés Somluck Kamsing («me ganó muy bien, no tengo nada para decir»), por lo cual la suerte estaba echada: Chacón quedaría como uno de los dos terceros de la competición junto a un tal Floyd Mayweather. «Pero que quede claro que yo fui mejor tercero que él, porque el que me ganó a mí finalmente fue el campeón», dice con una sonrisa. Pablo Chacón, uno de los 24 púgiles argentinos que se subieron a un podio olímpico, el único en los últimos 47 años. El que tuvo el honor de ser, al igual que Pascual Pérez, medallista olímpico y, posteriormente, campeón mundial.

• Participó en boxeo en los Juegos de Atlanta 1996. • Obtuvo la medalla de bronce entre los plumas luego de ganarle, consecutivamente, a Tyson Gray (Jamaica), Josian Lebron (Isla Mauricio) y Jànos Nagy (Hungría). Cayó en semifinales frente a Somluck Kamsing (Tailandia).

63

CARLOS DELÍA Destacado jinete, primero, y abnegado dirigente de la equitación, más tarde, Carlos Delía, entrerriano de Concordia con veinte años en la alta competición internacional fue, ante todo, un apasionado de los caballos. Varias veces campeón nacional de salto con obstáculos, doble medallista de plata (de manera individual y por equipos) en los Juegos Panamericanos Buenos Aires 51 y San Pablo 63, tuvo dos extraordinarias performances en los campeonatos del mundo: quedó cuarto en Aachen 56 y se coronó subcampeón en Venecia 60, montando a Huipil. Siempre amó el espíritu olímpico y llegó a confesar, en ronda de dirigentes deportivos, que con gusto hubiera cambiado muchos de sus logros por una medalla olímpica, su asignatura pendiente pese a que participó de cinco ediciones consecutivas, desde 1956 y hasta 1972. Su gran apuesta fue en Roma 60, pero una indisposición del caballo lo dejó afuera de la disputa por puestos de privilegio. Además de Huipil, otros caballos con los que formó grandes binomios fueron Discutido y el tordo Popin. Más allá del deporte, Delía tuvo una larga trayectoria en el campo militar, donde llegó a ser general. En 1975, siendo comandante del III Cuerpo de Ejército, le hubiera correspondido por antigüedad ser designado jefe del Ejército, 64

pero la presidenta María Estela Martínez de Perón optó por nombrar al general Jorge Rafael Videla. En 2012, dos años antes de su fallecimiento, la Cámara Federal de Apelaciones de Córdoba dispuso su procesamiento por la supuesta comisión de distintos delitos de lesa humanidad.

• Participó en equitación en los Juegos de Melbourne 1956, Roma 1960, Tokio 1964, México 1968 y Munich 1972. • En todos los casos compitió en la prueba de salto individual y por equipos, excepto en Munich, donde solo lo hizo en el concurso individual. Sus resultados fueron: Melbourne (las competencias de equitación se realizaron en Estocolmo), 8º y 4º con Pedro Mayorga y Naldo Dasso; Roma, 13º y descalificados junto con Dasso y Ernesto Hartkopf; Tokio, 22º y 5º con Hugo Arrambide y Jorge Cánaves; México, 13º y 13º con Roberto Tagle y Argentino Molinuevo; Munich, 29º, sin clasificar a la final.

15º JUEGOS OLÍMPICOS HELSINKI—1952 (19 de julio al 3 de agosto)

Países participantes: 69 Deportistas: 4955 Deportes: 17 Medallero Posición 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 19

País

Oros

EE. UU. URSS Hungría Suecia Italia Checoslovaquia Francia Finlandia Australia Noruega Argentina

40 22 16 12 8 7 6 6 6 3 1

Platas

Bronces

Total

19 30 10 13 9 3 6 3 2 2 2

17 19 16 10 4 3 6 13 3 2

76 71 42 35 21 18 22 11 5 5 5

Medallas argentinas ORO Remo, doble par sin timonel: Tranquilo Capozzo y Eduardo Guerrero. PLATA Atletismo, maratón: Reinaldo Gorno. Boxeo, mediopesado: Antonio Pacenza. BRONCE Boxeo, peso superwélter: Eladio Herrera. Levantamiento de pesas, peso pesado: Humberto Selvetti.

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JUAN MARTIN DEL POTRO Parece difícil, y hasta injusto, resumir toda una actuación olímpica en apenas un partido, aunque ese partido haya sido por demás vibrante, sumamente emotivo y se haya convertido, con sus 4 horas y 26 minutos de duración, en el más largo de la historia moderna de los choques al mejor de tres sets. Fue el 3 de agosto de 2012, en los Juegos de Londres; en Wimbledon, 15 días del “«habitual»” Wimbledon… el día en el que vi llorar a Juan Martín del Potro luego de un espectáculo único que brindara junto a Roger Federer en busca de un lugar en la final. Fue el suizo, justamente, el primero que se nos acercó a los periodistas para contarnos de su alegría, de la emoción que sentía por darle una medalla a su país, pero también para dejarnos un concepto sobre el tandilense, difícil de olvidar: “«Juan Martín jugó de manera excepcional en césped; por suerte me tocó ganar a mí, pero entiendo que 66

para él esto debe ser desgarrador. Ojalá pueda recuperarse en estas horas y ganar una medalla”». Así fue nomás: “«Delpo»”, con las fuerzas que dan el amor propio y el querer aportar lo suyo para la delegación argentina, entregó esfuerzo y talento para ganarle a Djokovic y, así, treparse al podio enfundado en la bandera nacional. Juan Martín tiene vivos en su memoria el encuentro ante Federer, jugado, en buena parte, bajo un extraño sol londinense, y con algo de viento, y la presencia de destacados deportistas –—entre ellos Kobe Bryant—- en un estadio que lució a pleno de principio a fin: “«Después de irme del club, los chicos argentinos intentaban consolarme, pero no había manera; lloré hasta las tres de la mañana.… Fue triste y doloroso caer de esa manera.… Estaba en mi habitación, miraba el techo, recordaba cada punto… pensaba que podía haber hecho historia, pero no pudo ser»”.

El tandilense, que llegaba como octavo cabeza de serie para enfrentar al máximo favorito, jugó con gran destreza el set inicial que ganó por 6-3, luego de quebrarle el servicio al suizo en el octavo game. El segundo parcial, sumamente equilibrado, sin quiebres, se definió en tie-break, donde Federer estuvo algo más fino para llevárselo por 7-5. Y ahí empezó el capítulo que fue tensionando a cada uno de los privilegiados testigos que estábamos en el court central del All England en un devenir de sensaciones, con acciones y situaciones cambiantes que traían a la memoria la fantástica obra cinematográfica de Woody Allen, “Match point”, para preguntarnos de qué lado de la red caería la última pelota. La definición fue con Federer sacando 18-17, luego de quedarse con el saque de Delpo en el juego anterior. Estuvo 0-15 y 15-30, pero se rehizo y ganó la batalla. Cuando Juan Martín llegó hasta la posición en la que lo esperábamos entre cámaras, grabadores y teléfonos celulares, con un nudo en la garganta, y los ojos llorosos, solo atinó a decir unas palabras: “«Estoy destruido, tengo la mente en blanco y un dolor muy grande…»”. Apenas si esbozó una mueca de sonrisa al decir: “«En momentos como este pienso que para partidos así tendría que existir el empate en el tenis»”. Atrás habían quedado sus triunfos, sin dejar sets en el camino, ante Dodig, Seppi, Simon y Nishikori; por delante tendría otro desafío de alto vuelo: Djokovic, por entonces número 2 del mundo. “«La verdad es que no sé cómo pude recuperar energías.

Por momentos sentía que las piernas no me respondían; quizás haya sido el aliento de los argentinos que gritaban, que agitaban nuestra bandera… lo cierto es que jugué bastante bien»”, cuenta Del Potro, que agrega un último recuerdo del momento después de su victoria ante el serbio. “«Apenas terminé el partido con Djokovic, los organizadores no me dieron tiempo para nada y me llevaron directamente para la premiación, de la cancha 1 al court central donde todavía jugaban Federer y Murray… Me acuerdo que todos me miraban sorprendidos, nadie imaginaba que en el estado en que había terminado la semifinal pudiera reponerme para ganarle a Djokovic; lo esperaban a él”.»

•Participó en los Juegos de Londres 2012. •Logró la medalla de bronce en el single masculino tras seis encuentros. •En las primeras tres rondas venció sucesivamente a Ivan Dodig (Croacia) 6-4 y 6-1, a Andreas Seppi (Italia) 6-3 y 7-6 y a Gilles Simon (Francia) 6-4 y 6-3. En cuartos dejó en el camino a Kei Nishikori (Japón) 6-4 y 7-6, y luego cayó en semifinales ante Roger Federer (Suiza) por 3-6, 7-5 y 19-17. En el partido por el tercer puesto superó a Novak Djokovic (Serbia) 7-5 y 6-4. •También tomó parte de la prueba de doble mixto junto acon Gisela Dulko. Vencieron en su debut a Yelena Vesnina-Mikhail Youzhny (Rusia) 6-3 y 7-5, y luego perdieron en cuartos de final ante Lisa Raymond-Mike Bryan (USA) 6-2 y 7-5.

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ALBERTO DEMIDDI Fue campeón argentino, rioplatense, sudamericano, europeo y mundial. Recibió todo tipo de reconocimientos, incluidos dos Olimpia de Oro (1969 y 1971) por ser considerado el mejor deportista argentino del año. Se subió dos veces al podio olímpico, pero no pudo trepar al primer escalón; algo que para muchos otros sería un detalle y que, para él, fue motivo de una profunda depresión. En su actividad, Alberto Demiddi fue indiscutiblemente el mejor de la historia argentina y por eso, en su honor, cada 11 de abril (el día de su nacimiento) se celebra el día del remero. Porteño de nacimiento pero rosarino de corazón, a partir de una radicación que tuvo que 68

ver con el trabajo de su padre, Demiddi mostró desde pequeño un carácter muy fuerte, algo hosco, y lució muy compenetrado y ensimismado en los desafíos que se ponía por delante. Primero logró cierto destaque en natación —impulsado por su padre, claro—, donde llegó a ser campeón provincial de los 400 metros, pero también lo entusiasmaba el waterpolo. Era un «gringo» fuerte; tanto, que Napoleón Sivieri, presidente del Club de Regatas Rosario, y más adelante su suegro, fue el que lo convenció de que debía incursionar en el remo. No pasó mucho tiempo para que el joven empezara a cosechar títulos fruto de su contracción al trabajo diario, su fortaleza física y un innato

talento: en 1962, con 18 años, conseguiría su primer campeonato nacional, peldaño inicial hacia la cima del mundo. Algunos de sus grandes logros fueron los Panamericanos de Winnipeg 1967 y Cali 1971, los Europeos de Klagenfurt 1969 y Copenhague 1971 y el Mundial de Saint Catharines 1971. Ferviente defensor del amateurismo, apodado «La Máquina», Demiddi entrenaba a la par de su trabajo diario como supervisor de ventas de una empresa internacional de gaseosas. Pero lo suyo no sólo era meterse en su bote y surcar el Paraná con los consejos de su entrenador Mario Robert, sino que también aportó su sapiencia en la cuestión técnica. Por caso, se hizo hacer unas palas más anchas que las habituales, dado que por su potencia podía desplazar más agua en cada movimiento. Su gran día (¿o su peor día?) lo tenía bien marcado en la agenda: 2 de septiembre de 1972. Tras el cuarto puesto en Tokio 64 y el bronce conseguido en México 68, arribaba a los Juegos de Munich con el cartel de favorito a partir de sus vigentes títulos europeo y mundial. La expectativa en la Argentina era tal que aquella mañana, y por primera vez, en nuestro país se televisó remo en vivo… El oro fue para un ruso que nunca antes le había podido ganar y que generó que Demiddi, luego de retirar la medalla de plata, escribiera: «Hoy quiero averiguar dónde está el cementerio más cercano para llegarme y patear lápidas y tumbas durante algunas horas…

Y si me caigo, por ventura, en alguna fosa abierta, mejor que mejor… Hoy hubo un tipo que anduvo mejor que yo, que me encontró con un estado físico superior al de otros años y que, no obstante, me ganó sin atenuantes. Esto es lo que me quema por dentro y me destroza el corazón… Maldito Malishev». Ya no habría tiempo de revancha: dejaría su carrera un año después para volcarse a ser entrenador, un reconocido entrenador. Lamentablemente, el recorrido no fue mucho más allá porque un cáncer de hígado acabó con su vida cuando tenía apenas 56 años, el 25 de octubre de 2000.

• Participó en remo en los Juegos de Tokio 1964, Roma 1968 y Munich 1972, siempre en single scull. • En Tokio quedó cuarto; en Roma, tercero (medalla de bronce) y en Munich, segundo (medalla de plata). 69

CARLOS DÍAZ SÁENZ VALIENTE Vivió poco, pero hizo mucho. Extraordinario deportista multidisciplinario, amante de las emociones fuertes, falleció cuando tenía apenas 39 años mientras piloteaba un avión, una de sus pasiones. Había sido un notable automovilista y supo conseguir su gloria máxima en el tiro deportivo, disciplina en la que obtuvo una medalla de plata en los Juegos de Londres 48, en la prueba de 25 metros con pistola rápida. Se llamó Carlos Enrique Díaz Sáenz Valiente. Para muchos, simplemente, “«Patoruzú»”. El seudónimo se lo puso él mismo en la previa de una carrera de autos (compitió en la categoría Sport, donde fue campeón nacional, y también incursionó en el TC) para evitar que una vieja tía que lo había criado se enterara por los medios de sus andanzas. Tímido, bastante introvertido pero de fuerte carácter, se destacó en cuanto se propuso por su férrea disciplina y gran concentración. A la cita olímpica de Londres arribó como gran favorito dado el título mundial (con récord mundial incluido) que había logrado el año anterior en Estocolmo. Sin embargo, y pese a su muy buena actuación, debió conformarse con la medalla de plata, pues se topó con el sorprendente húngaro Károly Takács, un soldado del Ejército que había perdido su mano derecha (la hábil) por la explosión de una granada, en 1938, y que tras estar hospi70

talizado un mes decidió volver a tirar y comenzó a hacerlo con la mano izquierda. Enterado de la historia y antes de la competición, Sáenz Valiente le preguntó qué hacía en Londres. “«Vine a aprender»”, contestó Takács. Días después, ya en el podio, el argentino se le acercó y le dijo al oído: “«Ya sabes lo suficiente»”.

• Participó en tiro en los

Juegos de Londres 1948 y Helsinki 1952.

• En Londres obtuvo

la medalla de plata en la prueba de 25 metros

con pistola rápida.

• En Helsinki, en la

misma competencia,

ocupó el 4º lugar.

16º JUEGOS OLÍMPICOS MELBOURNE—1956 (22 de noviembre al 08 de diciembre, excepto las pruebas de equitación que se realizaron en junio en Estocolmo, Suecia).

Países participantes: 67 Deportistas: 3155 Deportes: 17 Medallero Posición 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 29

País URSS EE. UU. Australia Hungría Italia Suecia Eq. alemán unificado G. Bretaña Rumania Japón Argentina

Oros

Platas

Bronces

Total

37 32 13 9 8 8 6

29 25 8 10 8 5 13

32 17 14 7 9 6 7

98 74 35 26 25 19 26

6 5 4 -

7 3 10 1

11 5 5 1

24 13 19 2

Medallas argentinas PLATA: Levantamiento de pesas, peso pesado: Humberto Selvetti. BRONCE: Boxeo, peso mediano: Víctor Zalazar. 71

ENRIQUETA DUARTE Hoy , a los 87 años, frecuenta la misma pileta que supo ser del Club Obras Sanitarias, en la calle Paraguay, y en la cual aprendió a andar cuando apenas tenía doce . Sus padres la inscribieron, ya que por prescripción médica, al ser muy menudita, debía realizar ejercicios físicos. Corría el año 1941 y estaba naciendo el amor a primera vista entre Enriqueta Duarte y el agua. Verborrágica, tremendamente memoriosa, luchadora de la vida; “«Coca»”, como la llama su familia, disfruta tanto de contar lo que hizo, como de seguir haciendo. Maestra, jubilada como supervisora de Educación Física, trotamundos por gusto y también por necesidad, expresa con orgullo su sentimiento olímpico, aunque no tiene reparo en afirmar que “«los Juegos de Londres ´48 fue la peor experiencia deportiva que me tocó vivir, aunque me dejó compañeros y amigos, con muchos de los cuales aún nos frecuentamos»”. 72

Tenía 19 años cuando, con otras diez mujeres, integró la nutrida delegación nacional que concurrió a los Primeros Juegos de la Postguerra: “«El viaje fue largo, malo, con complicaciones para entrenarnos y una increíble discriminación entre los miembros de la delegación; nosotras íbamos en primera con los dirigentes y los militares pero los pobres muchachos que viajaban en segunda y en tercera ni se nos podían acercar»”. Fue en ese viaje que, cuando a bordo de un ferry, luego de que el barco los dejara en Cannes, Enriqueta se dijo a sí misma una frase que, con el tiempo, quedó como premonitoria: “«¡Pensar que hay gente que nada aquí, en este Canal de la Mancha, qué aburrida! Dos años después, tentada con la posibilidad, hizo mil gestiones administrativas, y consiguió que el Daily Mail, organizador de la competencia, le adjudicara una plaza entre más de 1.500 pedidos de todo el mundo. “«Pero faltaba el dinero y, por

esas cosas de la vida, se cruzó en mi camino Eva Perón, a quien conocí porque nos había convocado a Irma de Antequeda, a Elsa Irigoyen y a mí para que trabajáramos en la creación del ‘Ateneo Deportivo Femenino “Evita”’. En una de las audiencias le conté el tema y, de inmediato, hizo una gestión y consiguió que Antonio Albertondo y yo pudiéramos viajar. Eso sí, nos hizo llevar dos trofeos para que la Argentina les diera a los dos mejores ingleses clasificados. Era política, Evita; muy viva, una gran amiga”.» Acompañada por su madre, y luego de una intensa preparación en la pileta del Racing Club (institución a la que representó en aquella oportunidad), el 16 de agosto de 1951 Enriqueta logró su cometido de llegar a la meta, luego de un gran esfuerzo y con un notable registro de 13 horas y 26 minutos que se convirtió en récord latinoamericano absoluto, superando a su propio compañero de travesía y al notable nadador peruano Daniel Carpio. “«Cuando llegué, le grité a mamá que estaba en un bote que nos acompañaba: “‘lLo logré, hay

que avisarle a Evita”’. Fue, sin dudas, un momento único en mi vida deportiva”.» Pero esa no sería su última proeza. Varios años más tarde, en 1963, entre sus amistades se ganaría el mote de “«marciana»” por atreverse a otro cruce que parecía imposible: el del Lago Nahuel Huapi con sus heladas aguas. Sin traje de neoprene (que no existía) y con antiparras prestadas que se rompieron en medio del derrotero, el objetivo otra vez se cumplió después de casi tres horas y en condiciones climáticas muy adversas. “«Bariloche, el Lago y yo tenemos desde entonces una comunión muy especial. Por eso, desde hace diez años organizo el cruce para que otros nadadores también vivan el desafío. Y tengo nuevos proyectos para más adelante…»”

• Participó en natación en los Juegos de Londres 1948.

• Fue 7º en las eliminatorias de 100 metros libre (1’14”9) y de 400

metros libres (6’14”4), e integró la posta de 4x100 metros libre que

terminó 5º junto con Liliana Gonzalias, Adriana Camelli y Eileén Holt.

73

JUAN CARLOS DYRZKA Cuando lo presentaron como docente de Atletismo en aquella lejana cátedra en la Escuela del Círculo de Periodistas Deportivos, apenas sabía de él que había sido muy bueno en las pistas, lo que justificaba que en 1963 hubiera sido galardonado con el Olimpia de Oro, según había leído en una de las paredes de la institución. Parado frente al alumnado, Juan Carlos Dyrzka mostró prontamente su perfil cuando, lejos de empezar a vanagloriarse de títulos y récords, arrancó hablando de su familia, una notable familia de atletas. Su padre fue Juan Adolfo Dyrzka, campeón nacional de 110 metros con vallas y, posteriormente, un gran entrenador; su madre, Tita Dreyer, descolló en distintas disciplinas y logró 74

el récord sudamericano de 80 metros con vallas. También su hermana Emilia fue una destacada atleta (campeona sudamericana de 100 metros con vallas en 1967) que no pudo ser olímpica a causa de una inoportuna lesión. La notable campaña de “«Juansón»”, tuvo su punto de partida cuando recién era “«Juancito»”. Tenía 11 años en el momento en el que un cura deportista de la parroquia San Gabriel de Vicente López, el padre Santiago - —aficionado a los deportes—-, lo hizo correr un cross country alrededor de un terreno pegado a la parroquia. Dyrzka ganó esa carrera y recibió como premio el libro "Colmillo Blanco", de Jack London, en el cual escribió: "«Hoy es el día más maravilloso de mi vida pues gané la carrera de obstáculos a todos los chicos del barrio. Cuando largamos salí a todo

lo que daban mis piernas y pasé al primero y sacando ventaja llegué a la meta con 50 metros"». Era julio de 1952, y por delante tendría 20 inolvidables años en la alta competencia. Era veloz, aunque no tanto,; y tenía un gran estilo para pasar las vallas. Su versatilidad lo hizo sobresalir en varias pruebas (por ejemplo, fue récordman plusmarquista argentino de los 400 metros llanos) pero, sin dudas, donde mejor se sintió fue en los 400 metros con vallas, en los cuales estableció un registro de 49s82/100 que, en 1968, fue récord sudamericano y que, aún hoy, sigue siendo récord argentino. El entusiasmo fuerte por el atletismo le llegó en plena adolescencia mientras cursaba en el Liceo Militar, adonde se había anotado para poder, más tarde, esquivar la conscripción. Paso a paso fue puliendo su técnica y fortaleciendo su mente, hasta llegar a los comienzos de los ’60, cuando prácticamente se mostraba imbatible en los 400 metros con vallas e hilvanaba triunfos en competiciones como el Iberoamericano de Madrid ’62, los Panamericanos de San Pablo ’63 y el Preolímpico de Tokio ’63. Estas actuaciones, sin dudas, hicieron que arribara a los Juegos de Tokio ’64 con enormes expectativas que ratificaría luego de una

buena producción en la serie. Sin embargo, una fallida labor en semifinales lo dejó fuera de competencia en lo que, años más tarde, calificaría como su mayor frustración en una pista: “«Pagué muy caro el error de no haber competido internacionalmente ese año. Y cuando llegué a los Juegos, me faltaba roce, ritmo de competencia, sensaciones…”». De México ’68, en cambio, no tenía reproches para hacerse. Se entrenó de en gran forma, compitió superándose a sí mismo y se convirtió en el primer atleta sudamericano en bajar los 50 segundos en su prueba favorita. Estableció registros para los años siguientes y si no estuvo en la final fue, apenas, por cuatro centésimas que le hirieron el sueño, pero no la autoestima. “«Juansón»” supo ese día que no se había equivocado cuando, con 12 o 13 años, le dijo a su padre: “«Sí, papá, estoy convencido; esto es lo que quiero para mi vida»”. Juan Carlos Dyrzka falleció el 26 de junio de 2012 a los 71 años. Dejó sus marcas y un gran legado.

• Participó en los Juegos Olímpicos de Tokio 1964 y México 1968. • En Tokio, fue semifinalista en 400 metros con vallas, y no pudo pasar de primera ronda en 400 metros llanos y 110 metros con vallas. • En México, estuvo a punto de ser finalista en los 400 metros con vallas (fue quinto en semifinales), llegó a cuartos de final en 400 metros llanos y quedó en la primera ronda de 110 metros con vallas.

75

CARLOS ESPÍNOLA Tenía apenas 20 años en los Juegos de Barcelona, pero ya lucía muy serio y con aspecto de competidor nato. Estaba en el bellísimo Puerto Olímpico, en el cual se desarrollaban todas las clases del yachting y donde se tuteaba, por ejemplo, con el actual rey de España, el entonces príncipe Felipe, que representaba a su país en Soling. Ahí estaba Carlos Espínola debutando y aprendiendo; mirando todo como quien sabe que habrá un mañana venturoso. Aun así, ni siquiera él llegó a imaginar que, tiempo después, se alzaría con cuatro medallas olímpicas, marca que, en nuestro deporte, sólo pudo igualar «Lucha» Aymar años más tarde. «Siempre me gustó competir, y siempre que lo hice intenté lo mejor, pero no, jamás soñé con tanto”, 76

confiesa «Camau». Había alimentado sus sueños en su Corrientes natal, allí donde en la adolescencia —y convencido de que su futuro estaba en el deporte— terminó sus estudios en una escuela nocturna mientras, de día, sembraba algodón para ganarse unos pesos. La tabla y la vela eran su obsesión, así como conocer los vientos y las aguas de cada lugar en el que competía. Hernán Vilá, que fue uno de sus entrenadores, me dijo cierta vez que nunca conoció a un deportista como Espínola, «con tanta capacidad de entrenamiento». En windsurf, como se decía en aquellos tiempos (luego derivado en mistral y más tarde en RSX), obtuvo la medalla de plata en Atlanta 96 y en

Sidney 2000: «En Atlanta, el último día salí a definir; estando segundo, aunque acechado por los que venían atrás. No era fácil, el líder se mantuvo y yo pude manejar bien la presión… En Sidney, donde tuve el gran orgullo de ser abanderado por primera vez (repetiría en Atenas), me quedé con las ganas del oro, estuve muy cerca, tuve chances pero efectué una maniobra muy arriesgada en la penúltima carrera y, bueno, la plata no estuvo nada mal…». Para la experiencia en tierra australiana, con el fin de ganar en concentración y estar cerca de la Marina, en Double Bay, Espínola decidió resignar la estancia en la Villa Olímpica y se alojó en una casa que compartió con todo su equipo técnico y con un compañero de yachting con el que empezaría a tejer una alianza de cara al futuro: Santiago Lange. «Sentí la necesidad de hacer un cambio, de tomar nuevos desafíos, y lo hice con un ser excepcional y gran profesional como es Santi. Y no me equivoqué», declaró después de otras dos nuevas medallas, en este caso de bronce y en la clase Tornado. Fueron dos resultados idénticos, con algunas diferencias en el camino y una estratégica sociedad en el desarrollo tecnológico de la embarcación con los austríacos Hagara y Steinacher, ganadores del oro en Atenas. Vivieron vicisitudes, debieron recurrir al

«muleto» en Beijing, pudieron trepar más alto en el podio, pero también quedarse con las manos vacías. «Ahora estoy en otra etapa de mi vida —dice Espínola, bien metido en las entrañas políticas— pero muy feliz de mi pasado deportivo porque luché, me esforcé y pude cumplir mis objetivos».

• Participó en yachting en los Juegos de Barcelona 1992, Atlanta 1996, Sidney 2000, Atenas 2004 y Beijing 2008. • En las primeras tres ocasiones lo hizo en la modalidad de windsurf (mistral o RSX): finalizó 24º en Barcelona, y consiguió sendas medallas de plata en Atlanta y Sidney. En sus últimas participaciones olímpicas compitió junto a Santiago Lange en la clase Tornado, y obtuvo la medalla de bronce en cada ocasión. 77

SANTIAGO FERNÁNDEZ Alejado desde hace un par de temporadas de la alta competencia, le pasa lo que a tantos otros colegas después de años y años de hacer lo mismo: cada día busca su propia superación y hoy no quiere saber nada con aquello que en su momento le colmaba la vida. Así como Gaby Sabatini no toca una raqueta desde hace tiempo, a Santiago Fernández ni se le pasa por la cabeza subirse a un bote. Ahora, sólo los fabrica. «Fueron muchos años, muchas situaciones. Alegrías, tensiones, frustraciones... Los vaivenes de la competencia. El primer gran sacudón, diría una de las mayores frustraciones de mi vida, ocurrió justamente en un Juego Olímpico. En Atlanta, el 78

primero al que fui. Con los chicos del cuádruple veníamos de hacer podio en el Mundial y, si bien es cierto que hubo un cambio, porque se bajó Sergio Fernández que pasó al single, yo pensaba en algo grande... no pasamos de la segunda ronda», recuerda con una sonrisa amarga. Y, a continuación, agrega: «Otro momento horrible lo pasé en Beijing, en 2008. Por mis antecedentes inmediatos, muchos decían que era favorito, entonces me la pasaba dando notas, viendo a sponsors, además del duro entrenamiento, claro. En fin, llegué "quemado", me puse mucha presión y fui un desastre. Para peor, me habían dicho que iba a ser el abanderado en la clausura (finalmente no

lo fui, por lógica fue Curuchet luego de que ganara el oro) por lo que me quedé diez días más en la Villa. Me quería morir, los primeros cuatro días sólo salía de la habitación para ir al comedor». Pero no todas fueron espinas, al contrario. Permanente animador de Copas del Mundo, múltiple medallista panamericano, el Pollo también tiene un lugar privilegiado en su memoria para la cita de 2004, donde fue finalista olímpico y quedó a tiro de medalla: «Llegué muy bien preparado y adaptado a la temperatura de Atenas (promedio, 30º C), porque en un rapto de locura me había ido sólo 20 días a Sevilla, con jornadas de 38° o 40° grados que, al final, me favorecieron. Había andado bien en etapas de la Copa del Mundo, pero durante los Juegos, yo mismo me sorprendía, ronda a ronda, del nivel que iba alcanzando. Fui finalista, entregué el máximo, los tres de arriba me eran inaccesibles, quedé cuarto pero muy conforme». Allí sí, entonces, se permitió algo de

recreación: pasear por Grecia, ver atletismo, algún partido de vóleibol y hasta sacarse una foto con un joven Roger Federer (algo extraño en Santiago que, habitualmente, ni siquiera llevaba cámara a los viajes). A este cuasi ingeniero agrónomo (le falta la tesis) la última experiencia olímpica lo encontró con la posibilidad de relajarse y disfrutar el momento: «Después de lo que había pasado en Beijing, no remé por dos años, salvo algún aislado torneo sudamericano. Necesitaba oxigenar mi mente, estar al margen... Volví para los Panamericanos de Guadalajara 2011, participé de una Copa del Mundo en Lucerna, pero no estaba para exigirme. Entonces, súbitamente, me volví a Buenos Aires, hice un click y llegué a Londres animado. Hice una gran carrera inicial, pasé bien los cuartos y con lo que tenía, tras la semi, llegué a la final B para terminar en el top ten. Nada mal para un "viejito" de 35 años», ironiza poniendo el punto final.

• Participó en remo en los Juegos de Atlanta 1996, Atenas 2004,

Beijing 2008 y Londres 2012.

• En Atlanta integró el cuádruple par

junto a Guillermo Pfaab, Rubén Knulst y Sebastián Pagés.

Terminaron 13º, luego de haber quedado cuartos en la serie

correspondiente a la segunda ronda.

• Luego lo hizo siempre en el single

scull: en Atenas fue 4º, en Beijing no pasó de la segunda ronda y

en Londres se clasificó a la final B y finalizó en el 10º puesto.

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VÍCTOR FERNÁNDEZ BAZÁN La equitación tuvo su bautismo en el programa olímpico durante la segunda edición llevada a cabo en París 1900; pero, para la primera participación argentina, habría que aguardar unos cuantos años. En nuestro país, en unos terrenos fiscales que había en lo que es el barrio de Belgrano, se fundó en 1904 la Escuela de Caballería, sitio en el cual comenzaron a desarrollarse las distintas disciplinas hípicas y que fue forjando a los distintos jinetes que tendrían que esperar hasta la década del ’20 para comenzar a tener competencias formales, primero en el orden local, y luego en el plano internacional. En ese marco, en 1922, y con motivo del centenario de la independencia del Brasil, es que se realizó en Río de Janeiro un concurso ecuestre latinoamericano que contaría con una delegación argentina integrada por los tenientes Juan José Arribau y Agustín de la Vega y por el aficionado Víctor Fernández Bazán, un joven integrante del cuerpo policial. Los argentinos ganaron ese concurso y, posteriormente, ratificaron sus cualidades en una visita a Europa que incluyó competencias en España y Alemania. Poco tiempo después, en 1926, se funda la Federación Hípica Argentina que designa para los Juegos Olímpicos de Ámsterdam 1928 a los primeros representantes nacionales que tomarían parte de las pruebas de salto: Raúl Antoli (montando a “Turbión”), Amabrio del Villar (“Talán-Talán) y el citado Víctor Fernández Bazán (“Silencio”). Juntos, finalizaron en el puesto 12° (entre 15) en el concurso de salto por equipos, mientras que en el orden individual el mejor posicionado fue Del Villar (34°) seguido por 80

Antoli (40° y Fernández Bazán (42°). Este último, no obstante, sería el que más repercusión iba a alcanzar en nuestra sociedad, aunque por fuera del ámbito deportivo del cual nunca se alejó del todo siendo, incluso, presidente del Club Hípico Argentino por un breve período. Pero Fernández Bazán, que a la vuelta de los años llegaría a ser Ministro consejero de la Embajada Argentina en España, tuvo una dilatada aunque cuestionada trayectoria en la Policía donde pasó por distintos cargos hasta su retiro como Inspector General. Pese a lo que pudo haber sido en algún momento un sueño suyo, el quedar en la historia por determinada proeza deportiva, fue su “mano dura” en el accionar policial (algunos llegaron a definirlo como un torturador) lo que motivó que dentro de la fuerza, durante muchos años, su apellido ganara en fuerza; era cuando a partir de un dicho suyo, que repetía con frecuencia, se hablaba de “La Ley Bazán”: primero disparo, después pregunto.

• Participó en los Juegos de Ámsterdam 1928. • Se ubicó 42° en el concurso de salto individual de la equitación, mientras que con sus compañeros Antoli y Del Villar finalizó 12° en la competición por equipos.

17º JUEGOS OLÍMPICOS ROMA—1960 (25 de agosto al 11 de septiembre)

Países participantes: 83 Deportistas: 5338 Deportes: 17

Medallero Posición 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 30

País URSS EE. UU. Italia Eq. Alemán unificado Australia Turquía Hungría Japón Polonia Checoslovaquia Argentina

Oros

Platas

Bronces

Total

43 34 13 12

29 21 10 19

31 16 13 11

103 71 36 42

8 7 6 4 4 3 -

8 2 8 7 6 2 1

6 7 7 11 3 1

22 9 21 18 21 8 2

Medallas argentinas PLATA: Yachting, clase Dragón con yate Tango: Jorge Salas Chávez, Héctor Calegaris y Jorge Alberto del Río Salas BRONCE: Boxeo, peso liviano: Abel Laudonio. 81

FRANA - MINIUSSI Montjuic, las escaleras mecánicas al pie de Plaza España, las aguas danzantes… Y la Rambla, la Sagrada Familia y el puerto, hecho a nuevo. Barcelona 92, la gran cita que no pudo contar con Freddie Mercury en la ceremonia inaugural, pero que sí tuvo en competencia oficial al Dream Team estadounidense, con Michael Jordan a la cabeza, ha quedado en la historia, además, por el colorido y el entusiasmo que los catalanes le aportaron a la movida olímpica. Una verdadera fiesta a la que el deporte argentino no pudo aunarse con una gran actuación. Basta recorrer el medallero para darse cuenta de que la delegación argentina estuvo a punto de volverse con las manos vacías, de no ser por la dupla de Javier Frana y Christian Miniussi, quienes, en una actuación superlativa, consiguieron el bronce en el dobles del tenis masculino. 82

Curiosa historia: dos muy buenos jugadores, dos muy buenas personas, que congeniaban muy bien dentro de la cancha y que prácticamente no tenían diálogo fuera de ella. «Éramos la pareja de la Copa Davis, no recuerdo por qué fue que nuestra relación dejó de ser fluida, pero sí tengo en claro que nuestra responsabilidad estaba por encima de todo», afirma Frana y prácticamente encuentra eco en las palabras de Miniussi: «Afuera de la cancha no teníamos compatibilidad, pero una vez que entrábamos, hacíamos un click y se acababan las diferencias». Frana, que ya arrastraba la experiencia de Seúl 88, suele referirse a los Juegos Olímpicos como «un regalo para mi carrera». Pero no olvida, claro, algún trago amargo que debió pasar la delegación por el trato de quien estaba al mando, el general Ernesto Alais, que no lograba comprender que estos deportistas de alto rendimiento no eran como sus solda-

dos del Ejército. «Por momentos había una rigidez, órdenes y terminología que no eran acordes al momento y al lugar. Recuerdo que antes de la ceremonia inaugural nos hicieron formar dos horas bajo el sol….» Miniussi tiene en su retina imborrables imágenes que le hacen decir que «un Juego Olímpico es como estar en el Disney del deporte, no te alcanzan los ojos». Y agrega: «Compartir la Villa con tantos y tan diferentes deportistas es algo único, es como un enorme hotel donde todos los huéspedes son unos monstruos». En lo deportivo, vivieron una semana casi perfecta. Tras ganarle en el debut a la pareja inglesa formada por Andrew Castle y Chris Wilkinson, vencieron luego a los franceses Guy Forget y Henri Leconte (que el año anterior habían ganado la Copa Davis) y trascartón a los suizos Jakob Hlasek y Marc Rosset, que acababan de consagrarse en Roland Garros y eran claros favoritos. «La verdad es que cuando vimos el cuadro pensamos que teníamos pocas chances —dice Frana—, era muy complicado; pero de pronto nos encontramos en zona de medallas y queríamos ir por más».

Era el turno de semifinales, y enfrente estaban Boris Becker y Michael Stich. Los alemanes ganaron los dos primeros sets y entonces, quizás ganados por algo de resignación, Frana-Miniussi empezaron a soltarse, a pegar, remontando y llevando el partido al quinto set. El estadio era una caldera, entre otras cosas porque, a esa altura, Becker —disgustado por un festejo del público argentino recordando a Maradona tras un buen punto de Frana— hizo un gesto de no buen gusto que generó un final en un clima bastante hostil. «En ese momento —recuerda Miniussi— yo lo sentía a Stich muy presionado y pensé que crecían nuestras chances, pero apareció Becker en toda su plenitud y nos ganó él solito». La suerte estaba echada, la despedida era inexorable. El bronce, igualmente, ya estaba asegurado.

• Participaron en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992. • Les ganaron a Castel-Wilkinson (G. Bretaña) 6-3, 6-4 y 7-6; a Forget-Leconte (Francia) 4-6, 6-7, 6-4, 6-4 y 6-3; a Hlasek-Rosset (Suiza) 2-6, 7-6, 3-6, 6-2 y 6-2. Perdieron en semifinales ante Becker-Stich (Alemania) 7-6, 6-2, 6-7, 2-6 y 6-4 y alcanzaron la medalla de bronce. • Frana, en singles, le ganó a Pablo Arraya (Perú) y perdió en segunda ronda ante Fabrice Santoro (Francia), quien, en su debut, había superado a Miniussi. • Javier Frana también compitió en Seúl 88 y Atlanta 96. En Seúl, en singles, derrotó a Perkiss (Israel) y perdió con Martín Jaite, mientras que en dobles (con Jaite) dieron w.o. ante Nueva Zelanda. En Atlanta, en la prueba individual, cayó en la ronda inicial ante Rusedski (G. Bretaña) y en dobles (con Luis Lobo) frente a los españoles Carbonell y Bruguera. 83

FÉLIX Y FULVIO GALIMI “«Hijos de tigre, con semejante padre cómo no iban a salir buenos los muchachos»”. Así respondió cierta vez el general Juan Domingo Perón, en una reunión de gente de la esgrima (su deporte favorito), cuando le preguntaron por Félix y Fulvio Galimi. Y es que, verdaderamente, estos dos grandes deportistas–que no solo hicieron época por sus conquistas, sino, también por su dedicación y entrega para intentar popularizar un deporte que parecía estar reservado a la élite de la sociedad–tuvieron en casa las enseñanzas de Don Felice Galimi, un italiano que había llegado desde Nápoles, donde se desempeñaba como maestro titular de la Real Academia Nacional de Esgrima. “«Aprendimos a espadear prácticamente de bebés, con las agujas de tejer de mamá»”, dice 84

Fulvio mientras observa los viejos recortes que acerca Susana, su esposa. Fulvio habla siempre en plural; como si en el mundo del deporte él y su hermano Félix (seis años mayor, fallecido en 2005) hubieran sido uno solo. Con 13 y 14 años, cada uno de ellos empezó a mostrar sus garras. Félix, un genio de la defensa, se destacó por su versatilidad en el manejo de las tres armas (florete, espada y sable), mientras que Fulvio tenía un estilo más frontal. Acumularon títulos argentinos y sudamericanos, se quedaron con el oro en los Panamericanos de Buenos Aires 51 y juntos compartieron los Juegos Olímpicos de Londres 48 y Helsinki 52, en los que terminaron quintos en florete por equipos. “«Londres era una ciudad destruida, recuerdo

que nos alojamos en barracones que en la Guerra estaban destinados a los heridos»”, rememora Fulvio como si estuviera viendo nuevamente esas imágenes. Y sigue: “«La pobreza era total, las medallas no fueron de metal sino de hojalata pintada… Ni hablar de los alimentos; por suerte nuestra delegación había llevado carne y vino…Un día los italianos descubrieron que teníamos vino y entonces nos pidieron unas botellitas; se las dimos, pero a modo de canje por unos repuestos para nuestras armas, que en Argentina no se conseguían»”. Deportivamente no les fue mal (quintos), pero Fulvio cree que estaban para subirse al podio: “«Aunque cueste creerlo, en una instancia clave nos perjudicó un jurado…argentino; se llamaba Adolfo Guido Lavalle»”. En Helsinki, les ganaron a la Unión Soviética, Alemania y Estados Unidos (“uno de los norteamericanos vino a felicitarme y me regaló dos camisas, que él mismo fabricaba”, cuenta Fulvio) antes de caer ante Francia

en semifinales. Los Galimi se tutearon con Errol Flynn, compartieron amistad con Nelly Omar, filmaron con Hugo del Carril, detalles que no pueden faltar en su biografía. También cabe destacar que, caído el peronismo, fueron víctimas del autoritarismo de la «Revolución Libertadora», como tantos otros ilustres deportistas: “«Nos suspendieron de por vida (luego se cortó cuando asumió Frondizi) y nos privaron de nuestros mejores años de competencia. Igualmente, levantada la sanción decidimos volver porque la esgrima siempre fue nuestra vida»”.

• Juntos terminaron quintos en florete por equipos en Londres 1948 (con Manuel Torrente) y Helsinki 52 (con José Rodríguez). • Además, Félix quedó fue 13º en florete individual (Londres 48), 33º en florete individual y 9º en sable por equipos (Helsinki 52) y 13º en florete por equipos y 11º en espada por equipos (Tokio 64). • Fulvio, en tanto, terminó 25º en florete individual (Londres 48) y 24º en florete individual y 9º en sable por equipos (Helsinki 52).

85

MARCELO GARRAFFO Durante más de 15 años fue un símbolo del hockey sobre césped de nuestro país. Cada vez que debía formarse un seleccionado, su apellido figuraba en primer lugar, ya sea para jugar como wing izquierdo (en el arranque), armando juego en la mitad de la cancha, o barriendo como último hombre, ya en sus últimos años. Marcelo Garraffo, múltiple campeón del torneo local con su club de siempre, Ciudad de Buenos Aires, y tricampeón panamericano con el seleccionado argentino (México ’75, San Juan de Puerto Rico ’79 y La Habana ’91), tiene un sinfín de anécdotas y vivencias vinculadas a los Juegos Olímpicos… que van desde el dolor hasta la profunda emoción: “«La mayor frustración deportiva de mi vida, sin dudas, fue no haber podido ir a 86

los Juegos de Moscú ’80 por decisión de los militares.… Me enteré por los diarios y me quería morir. Por el contrario, el momento de mayor orgullo y satisfacción fue cuando, en la previa de los Juegos de Barcelona ‘92, nuestro jefe de Equipo, Carlos Cocina, me comunicó que iba a ser el abanderado de la delegación… Recuerdo que vino la familia a casa, nos abrazamos todos y lloramos de satisfacción y orgullo”». En Montreal ’76 era un chiquilín de apenas 18 años, el menor junto con “«Manolo»” Ruiz, del plantel conformado por Jorge Querejeta. El equipo no hizo un buen papel, perdió todos los partidos que jugó, excepto uno, con Australia,… que saldría subcampeón. “«Por cuestiones de fixture nos tocaba jugar con Australia, que, para nosotros, era un rival casi inaccesible. Y de ese partido salía la suerte de ellos y de India. Aunque cueste creerlo, los indios vinieron y nos ofrecieron 100 palos de hockey si ganábamos… nosotros nos reímos. La cuestión es que, no sé bien cómo fue, pero les ganamos 3-2, yo hice dos goles y el capitán indio vino, me felicitó y me regaló su palo.… De los otros 99, ni noticias… jaja”.» En la previa de Seúl ’88, la realidad era distinta. Con la batuta de un gran entrenador llamado Luis Ciancia, el seleccionado dio un salto de calidad y empezó a tener mejores actuaciones y, por ende, mejores resultados, como el quinto puesto del Mundial de Londres ‘86. “«Llegamos en buena forma, con un plantel equilibrado donde

estábamos algunos experimentados (Mascheroni, Ayala, Verga y yo) con pibes como Minadeo, Geneyro y Ferrara. En el grupo nos fue de acuerdo a lo esperado, pero en el partido crucial, para pelear por el quinto puesto, perdimos por penales con la India… En lo personal, me quedó la bronca de no poder ejecutar porque se me había roto mi palo, jugué con uno prestado …y no me daba confianza en un momento así”.» En Barcelona, tendría una despedida más pronto de lo imaginado y de la forma en que ningún deportista quiere que le ocurra: “«Me lesioné en la gira previa por Alemania; fui a pegar un córner y me quedé duro de la cintura. Así llevé la bandera en la ceremonia inaugural.… Traté de recuperarme, hasta fui a un curandero… No hubo caso; en el primer tiempo del debut, con Australia, sentí un pinchazo y se acabó el torneo para mí… Un momento muy triste”». Poco tiempo después dejó de jugar, pero no abandonó el hockey: desarrolló una exitosa carrera de entrenador en forma paralela a la docencia y a ciertas actividades en la gestión pública, como cuando fue secretario de Deporte de la Nación. “«Todo muy lindo, pero nada comparable a estar dentro de una cancha”.»

• Participó como integrante del

seleccionado argentino de hockey

sobre césped en los Juegos de Montreal 1976, Seúl 1988

y Barcelona 1992.

• La mejor actuación argentina tuvo

lugar en Seúl, donde ocupó el

octavo puesto. Tanto en Montreal

como en Barcelona, el seleccionado

finalizó en 11º lugar.

87

EMANUEL GINÓBILI Cuando en el Mundial de Indianápolis ‘2002 la Argentina derrotó por primera vez al Dream Team estadounidense, en el mundo del básquetbol se encendió una luz amarilla. Se empezó a observar con atención a ese grupo de jugadores que, días después, jugaría la final con Yugoslavia en lo que, sin duda, fue la gestación de “la generación dorada”. Una buena idea, jugadores comprometidos, mucho talento individual, y un crack: Emanuel Ginóbili. “«A Atenas llegamos pensando en dar batalla, como siempre; pero sin soñar con una posición determinada. Lo principal de ese grupo fue la conducta y el altruismo. Marcamos una pauta muy grande: cada uno de nosotros era importante en su equipo pero sabíamos que en la 88

Selección, nada de brillos y a ponerse el overol”.» En un juego cambiante como el básquetbol, y en medio de un torneo largo, no es fácil justificar que un instante, una pelota, en el partido de presentación, haya sido tan importante para el resto de la competencia. Pero está claro que así resultó en el ánimo de los jugadores argentinos el haberle ganado al campeón del mundo (ahora con el nombre de Serbia y Montenegro) y sobre la hora con un increíble doble de “«Manu»”, prácticamente cayéndose al piso. “«Un momento inolvidable, claro. Faltaban tres segundos y estábamos un punto abajo. No recuerdo la indicación de Magnano; solo que, de golpe, recibí la pelota y tiré. Por suerte entró y ganamos”.»

El siguiente partido fue una derrota ante España (que ganó el grupo pero quedó eliminada en el cruce con Estados Unidos), y luego vinieron dos triunfos en fila que aseguraron la clasificación: ante China, con Yao Ming -—en un gran trabajo defensivo de Wolkowyski y Oberto—-, y frente a Nueva Zelanda en un reñido duelo. Se cerró la fase perdiendo con Italia, pero sin que se alterara nada. “«Mis recuerdos, a la distancia, tienen que ver con sensaciones. Personalmente, disfrutaba mucho de ir a cada batalla con ese grupo. Yo los miraba a los rivales a los ojos y notaba el respeto que nos tenían, y hasta temor”.» En cuartos llegó Grecia, el local. Un choque duro, tenso, con una hinchada que se hacía escuchar. Y un equipo argentino con dudas. Hasta que Magnano se iluminó e hizo ingresar a Herrmann -—que había jugado muy poco en el torneo—- y cambió el rumbo del partido con una actuación notable. Triunfo y a semi contra Estados Unidos.

De lo que se consideró una final adelantada, el jefe de equipo, Alejandro Cassettai, relató un momento único: “«Salían los dos equipos juntos, por un pasillo. Pasa Tim Duncan, concentrado, con auriculares puestos, y de golpe veo a nuestros muchachos, muy motivados, agitando camisetas al grito de ‘”hijos nuestros, hijos nuestros”’. No sé si Duncan habrá entendido qué estaba pasando”». La actitud argentina fue determinante, casi desde el primer minuto. Bien Scola en la lucha con los “«grandotes»”, buena labor colectiva y descollante “«Manu»” con 29 puntos para redondear otra noche épica. “«Para muchos, la final estaba ganada antes de jugarla -—dice Manu—-, pero no era así. Nos faltó Oberto, lesionado, y ellos pusieron mucho coraje, tirando de tres todo lo que pudieron. Pero no nos mareamos, seguimos con nuestro juego y llegamos a un éxito que hoy celebro porque creo que fue un paso adelante para todo nuestro básquetbol»”.

• Participó en básquetbol en los Juegos de Atenas 2004, Beijing 2008 y Londres 2012. • Fue integrante del seleccionado nacional que conquistó la medalla de oro en Atenas, el bronce en Beijing y terminó cuarto en Londres. • En Atenas, en la fase de grupos, venció a Serbia y Montenegro 83-82, cayó ante España 87-76, superó a China 82-27 y a Nueva Zelanda 98-94, y perdió con Italia 76-75. En cuartos de final derrotó a Grecia 69-64 y en semifinales dio cuenta de Estados Unidos 89-81. En la final le ganó a Italia 84-69. 89

RICARDO GONZÁLEZ El “Negro” se sonroja ante la pregunta. Esboza una sonrisa, levanta las cejas, se acomoda los lentes y repite la frase “Generación dorada” mientras medita la respuesta. Una pequeña pausa, y dice: “No quisiera ser petulante como para decir que nosotros fuimos la primera ‘Generación dorada’, pero algún mérito hicimos”. Se llama Ricardo Primitivo González y según las amarillentas planillas de un básquetbol de otro tiempo, el que lo encontró saltando del Club Añasco a Gimnasia y Esgrima de Vélez Sársfield para pasar por Defensores de Santos Lugares y recalar, finalmente en el Club Palermo, mide 1,80 metros “aunque hoy debo tener algún centímetro 90

menos”, agrega con picardía. El presente lo encuentra con 90 años, saludable, hablando a borbotones y emocionándose al recordar a aquél seleccionado argentino que en 1950 escribió una gloriosa página de nuestro deporte al ganar el Mundial jugado en el Luna Park venciendo en la final a Estados Unidos 64 a 50. Dirigido por el profesor Jorge Hugo Canavesi, y con figuras como Oscar Furlong, el equipo tenía en el “Negro” a un capitán con voz de mando, pero también a un jugador simple, gran defensor y con un goleo interesante. “Jugamos un gran partido contra ‘los gringos’ y ganamos muy bien. La gente salía del estadio feliz y caminaba por

Corrientes con sus diarios encendidos, por eso se habló de ‘La noche de las antorchas’”. Al abordar el capítulo olímpico, González recuerda la participación en Londres ‘48: “No llegamos bien preparados, viajamos en un barco donde apenas teníamos un aro para practicar. Cuando llegamos nos encontramos con una ciudad destruída a causa de la Guerra; íbamos a entrenar a una canchita de polvo de ladrillo que estaba en Richmond, a veinte kilómetros de nuestro alojamiento. Igualmente, no jugamos mal; pero nos tocó Estados Unidos en la fase de grupos y nosotros no teníamos altura. Perdimos por dos puntos y hasta pudimos ganarles”. Menea la cabeza y prefiere hacer foco en otras cuestiones: “Lo inolvidable de aquel viaje fue haber visto en Wembley al gran Delfo Cabrera, y asistir cada noche con los muchachos a las peleas de Pascualito (Pérez)”. El equipo no se desarmó; prácticamente con la misma base logró el subcampeonato panamericano de Buenos Aires ’51 y

afrontó los Juegos Olímpicos de Helsinki ’52, a los cuales arribó como uno de los favoritos: “Uf, Helsinki…todavía me dura la bronca”, arranca diciendo. Y sigue: “Terminamos cuartos, pero fue inconcebible como perdimos el bronce con los uruguayos. De ese partido no me olvido más, les sacamos una diferencia de siete puntos y jugamos un buen rato con uno más, cinco contra cuatro, pero no supimos aguantar. Canavesi, desde el banco, gritaba para que se cuide la pelota -porque en ese tiempo no había límite de tiempo- pero, bueno, perdimos. Hubiera sido lindo tener la medalla olímpica”. Reconocido por la Legislatura Porteña como “ciudadano ilustre”, el “Negro” goza del respeto y cariño de una sociedad deportiva que lo tiene como un gran referente de aquella inolvidable generación, más allá de las medallas.

• Participó con el seleccionado argentino de básquetbol en los Juegos Olímpicos de Londres 1948 y Helsinki 1952. • En Londres, Argentina fue parte del grupo “C” venciendo a Perú (42-34), a Egipto (57-38) y a Suiza (49-23) y perdiendo con Checoslovaquia (45-41) y Estados Unidos (59-57). En la clasificación final terminó 15º. • En Helsinki, en la primera ronda integró el grupo “C” ganando sus tres partidos frente a Filipinas (85-59), Canadá (82-81) y Brasil (72-56). En la segunda ronda superó a Bulgaria (100-56) y Francia (61-52) cayendo ante Uruguay (66-65). En semifinales perdió con Estados Unidos (85-76) y por la medalla de bronce con Uruguay (68-59). 91

REINALDO GORNO El maratón de los Juegos Olímpicos de Helsinki tuvo lugar el 27 de julio de 1952, el día después de la muerte de Eva Perón. La noticia impactó fuerte en el campamento argentino, hubo muchas lágrimas derramadas y hasta dudas sobre qué se debía hacer. Reinaldo Gorno, el correntino de Yapeyú que estaba a punto de cumplir su gran sueño deportivo, fue claro al hablar: «Voy a correr y lo haré de la mejor manera que pueda, en homenaje a la señora». Junto a Gorno estaba quien había llegado hasta Finlandia para defender el título conseguido cuatro años atrás en la misma prueba: Delfo Cabrera. Lesionado, y con algún problema hepático a cuestas, también se juramentó com92

pletar la prueba, a sabiendas de que sería muy difícil repetir el oro. La «cátedra» tenía como favorito al inglés Jim Peters, que acababa de batir la plusmarca mundial, y se preguntaba si sería capaz de producir algo histórico Emil Zatopek, «la locomotora humana», el checo que en pocos días se había quedado con los 5000 y 10 000 metros y que debutaba en los míticos 42 kilómetros y 195 metros. La respuesta tardó algo más de horas en llegar: sí, Zatopek se iba a quedar con «la triple corona» del fondo, algo que ningún atleta, ni antes ni después, pudo emular. De Gorno nadie hablaba. Muchacho de origen humilde que hacía changas para ayudar a sus padres a sostener el hogar donde vivía con sus

diez hermanos, había encontrado en correr largas distancias un leitmotiv para su vida. Y se fue forjando un camino en medio de grandes nombres como el del propio Delfo, Raúl Ibarra, Eusebio Guiñez y Armando Sensini. Su despegue se dio en los Panamericanos de Buenos Aires ’51, donde, en un trazado realizado sobre la avenida General Paz, consiguió ser segundo de Cabrera en su primer maratón. Ya en 1952 volvería a subirse al podio en el Campeonato Sudamericano de Medio Maratón, otra vez detrás de Cabrera, por lo que su arribo a Helsinki fue en un momento de plena confianza.

Cuando la competencia largó, se vio de entrada que Zatopek, Peters y el sueco Jansson no estaban dispuestos a especular, puesto que corrían con gran intensidad. Zatopek, incluso, allá por el kilómetro 15, le preguntó a Peters: «¿No estamos yendo demasiado rápido?». Gorno, que se mantuvo hasta la mitad de la carrera en el segundo pelotón, comenzó a acelerar y llegó a ponerse a los talones de Peters, quien abandonó en el kilómetro 38. El correntino, entonces, quedó tercero, pero quería más. Y en un postrero esfuerzo, con pocos metros por delante, lo pasó a Jansson y clavó los relojes en 2h25’35” para obtener una invalorable medalla de plata. Recibió un cálido abrazo de Zatopek (ver foto), miró al cielo como tributándole ese trabajo a Evita y solo atinó a decir: «Tarea cumplida». Una vez retirado del atletismo fue empleado en la Municipalidad de Quilmes, donde pasó por distintas dependencias hasta recalar en el Polideportivo. Fue ahí, en 1994, donde encontró la muerte luego de ser asaltado y recibir un impacto de bala que se incrustó en su cuerpo tras rebotar en una puerta. Hoy, el Polideportivo lleva su nombre.

• Participó en atletismo en los Juegos de Helsinki 1952. Obtuvo la medalla de plata en maratón, con un tiempo de 2h25’35” escoltando al checo Emil Zatopek.

93

MARIO GUILLOTI Fue Juan Carlos Pradeiro quien lo convenció. Ya era su entrenador, lo conocía de Junín, y confió en su palabra cuando le dijo que le darían ropa para viajar a los Juegos Panamericanos de 1967. «Recuerdo que le gané a un muchacho Figueroa la final del Torneo Selectivo para ir a Winnipeg, pero no quería viajar porque no tenía ropa ni zapatos, apenas unas zapatillas rotas… Pero, bueno, como nos vistieron, entonces decidí ir.» Mario Guilloti, el de Chacabuco, ahora anda por Junín, aunque pronto volverá a Zárate, uno de los lugares en los que dejó viejos y buenos amigos. Es que cuando comenzó a boxear, allá por sus diecisiete años, siguiendo los consejos de Piro Fernández y Chato Gómez, recorrió 94

buena parte de la provincia de Buenos Aires. «Peleaba todos los viernes, en Chacabuco, Junín, Viamonte, Rojas, Pergamino… Me llamaban porque yo daba espectáculo y a mí me gustaba ganar, sentirme el más fuerte, el mejor de todos. Siempre fui aguerrido, con una pegada justa.» En Winnipeg fue medalla de plata, igual que en el Latinoamericano de Chile, y al año siguiente encaró la aventura olímpica con otros colegas que terminaron siendo amigos, como Miguel García y Víctor Galíndez… «Je, ¡qué cosa, Galíndez! Era guapo, pero se enojaba mucho, se salía del eje y hacía las cosas mal… Por suerte se enderezó en el profesionalismo.» Guilloti hizo las cosas bien en México, pese a que

su debut, más allá de un cómodo triunfo, le generó un problema importante: «Me tocó un rival de Uganda al que le pegué mucho, lo tiré con la izquierda y después con la derecha. Pero terminé con las dos manos rotas porque los guantes mexicanos eran pequeños, la gasa interior era poca, y entonces los nudillos me quedaron destruidos. En esas condiciones tuve que enfrentar las dos peleas siguientes que, por suerte, pude ganar». En la semifinal lo esperaba Joseph Bessala, de Camerún. Guilloti estuvo a punto de no presentarse: «Me dolía hasta el alma; yo quería infiltrarme pero no teníamos médico… se había ido a ver otro deporte. Si hasta Bruno Alcalá, nuestro mánager, me dijo que no peleara, pero yo quise subir igual. La verdad es que no tenía fuerza, no podía pegar, y perdí… me dio pena porque era un rival que no tenía categoría para ganarme». A la vuelta, Guilloti se hizo profesional y tuvo una larga y valiosa carrera entre los welter, con recordados duelos ante Ramón La Cruz, Miguel Ángel Campanino y Horacio Saldaño, y un título argentino que conquistó con un fulminante nocaut ante Tito Yanni. No obstante, el capítulo

de la era amateur tiene un lugar muy especial en su corazón: «La medalla olímpica se la doné al Comité Olímpico Argentino, pero el honor de haberla conseguido es lo más importante que me pasó en mi vida deportiva».

• Participó en boxeo en los Juegos de México 1968.

• Ganó la medalla de bronce en la categoría welter tras vencer, sucesivamente,

a Andrew Kajjo (Uganda),

Donato Paduano (Canadá) y

Armando Muñiz (Estados Unidos), y cayó en semifinales ante

Joseph Bessala (Camerún).

95

CHRISTINA HARDEKOPF A pesar del primer gran paso que la Argentina había dado en cuanto a la incorporación de la mujer en el mundo del olimpismo con la presencia de Jeannette Campbell en la delegación que fue a Berlín en 1936, no todas fueron rosas de ahí en adelante. El camino hasta estos días, donde prácticamente no hay distinciones a la hora de los juzgamientos y preselecciones, siguió teniendo unas cuantas espinas. Una de nuestras grandes referentes que puede dar fe de ello es Christina Hardekopf, una eximia clavadista que pasó de ser excluida del grupo que viajó a los Panamericanos de Chicago, en 1959, a ser la 96

abanderada de nuestro país en la inauguración de los Juegos Olímpicos de Roma 60. «Fue algo muy curioso —me cuenta vía telefónica desde Munich, donde vive desde hace más de 40 años —, porque el mismo señor Oriani que presidía el Comité Olímpico me dijo dos días antes de viajar a Chicago que me bajaban por ser mujer, y al año siguiente fue quien me comunicó que, además de dejarme participar, me honrarían con el hecho de llevar la bandera por ser la única mujer de nuestra delegación». Hardekopf tenía una impronta deportiva muy fuerte en el hogar: su madre, Anita Barwirth,

representó a Alemania en los Juegos de Berlín 36, donde resultó campeona olímpica de gimnasia artística. Christina, en cambio, se inclinó desde pequeña por los saltos ornamentales en la pileta de la Sociedad Alemana de Los Polvorines, donde fue perfeccionando la técnica bajo la supervisión de Juan, su padre y entrenador. Ya adolescente, comenzó a destacarse por su estilo pulcro y depurado, con un crecimiento que la llevaría a ser tricampeona sudamericana de trampolín de tres metros (Montevideo 58, Cali 60 y Buenos Aires 62), más otro título en plataforma de cinco metros en el certamen realizado en nuestro país. «Lamentablemente, en Roma no pude disfrutar como lo había imaginado. Apenas arribamos tuve gripe, con 39º C de fiebre, por lo que en la ceremonia de apertura me costaba mantenerme en pie. Me recuerdo concentrada en no perder las fuerzas, en no caerme, pero muy emocionada.» Christina estaba inscripta para participar en plataforma de cinco metros y trampolín de tres metros, pero en la primera de las pruebas no pudo participar a causa de la fiebre, que seguía

siendo muy elevada. Como pudo, durante los días siguientes, se entrenó con el austríaco Eugenio Oberdorfer (su padre no había viajado) para la prueba de trampolín, donde sí pudo competir, pero con una performance muy lejana a la de sus jornadas consagratorias. «Intenté hacer lo mejor posible, pero me sentía muy débil. La idea era pasar la fase clasificatoria para entrar en el grupo que disputaría la final, pero no pudo ser.» Los saltos ornamentales no permiten tener extensas trayectorias en sus protagonistas. Hardekopf no fue la excepción: se retiró a fines de 1962. Luego, ejerció como traductora y ese manejo de la lengua le permitiría ganar un concurso organizado por una revista femenina que buscaba "azafatas" para los Juegos de Munich 72. Hasta allí viajó, enseguida se diplomó en la Escuela Superior de Colonia y, más adelante, ingresaría como docente de deportes en la Universidad de Munich, donde trabajó hasta el año 2000. «Roma 60, pese a todo, dejó en mí una huella imborrable; el ser olímpica, como mi madre, fue un hecho absolutamente único.»

• Participó en saltos ornamentales en los Juegos de Roma 1960. • En la prueba de trampolín de tres metros, con un puntaje de 41.87, se ubicó en el puesto 18º entre 19 participantes.

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RICARDO IBARRA «Una noche, en la entrega de los Premios Olimpia, hablábamos con Guillermo Vilas de los logros obtenidos, de la cantidad y la calidad. Y él me dijo que prioriza los grandes campeonatos por sobre tanta copa de torneo menor... Pienso de la misma manera; pese a que aquí mucho no se valora, yo gané Henley, viejo, que es como el Wimbledon del remo.» Entrañable deportista, Ricardo Ibarra. Tenaz, muy competitivo, vivió al borde de la obsesión en la búsqueda de la superación personal. Fue un campeón orgulloso, por cierto, de aquella conquista en aguas inglesas —en la regata más 98

antigua del mundo—, pero también remarcaba como una de sus principales virtudes el duro entrenamiento diario. «No soy como (Alberto) Demiddi, no me comparen; él fue un superatleta, yo un simple remero que conoce sus limitaciones y lucha cada jornada para poder dejarlas atrás.» Uno de esos trabajos para mejorar lo hizo en la previa de 1980, año que lo vio ganador en Henley y que suponía una importante actuación suya en los Juegos Olímpicos de Moscú: «Me había preparado a conciencia. Con la experiencia de haber sido finalista en Montreal 76 y el trabajo especial que hice para tener mayor capacidad de

oxigenación, me sentía espléndido. Lamentablemente, por disposición de los militares y el acatamiento de los dirigentes deportivos, se me arruinó un sueño importante». En esos años, Ibarra parecía invencible. Luego de representar a varias instituciones argentinas (Hispano Argentino, Regatas La Marina, San Fernando) emigró a Brasil, donde estuvo en Flamengo sin conocer la derrota prácticamente durante siete años. Por eso, los medios locales lo comparaban con Edwin Moses, el notable atleta estadounidense que en aquellos días estuvo más de once temporadas sin que nadie pudiera ganarle. Ese dominio absoluto en el single scull, ganar la medalla de oro en tres Juegos Panamericanos consecutivos (México 75, San Juan de Puerto Rico 79 y Caracas 83) y ser un permanente animador de las grandes competiciones internacionales, como el cuarto puesto del Mundial de Yugoslavia 79, lo erigieron en uno de los más destacados deportistas del país, premiándolo con el hecho de ser abanderado en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 84. Allí, en Lake Casitas, tuvo una buena actuación que le permitió sortear sin dificultad la serie inicial y la semifinal, para terminar quinto en la carrera definitiva, fuera del podio. «Fui para traerme algo y creí que podía hacerlo. Pero, llegando a la mitad del

recorrido, no me sentí a gusto y empecé a alejarme de la punta. De todas maneras, en la Argentina se exageró un poco, quizás porque nadie consiguió ninguna medalla. Pero tengamos en claro que esto es simplemente deporte, que no están en juego los valores de la Patria». Ibarra, que más adelante fue entrenador del seleccionado argentino de remo, y referente de la Federación Internacional en cuanto a la docencia, murió súbitamente de un ataque cardíaco a los 61 años.

• Participó en remo en los Juegos de Munich 1972, Montreal 76 y Los Ángeles 84. • En Munich compitió en el doble par junto con Jorge Imaz, y obtuvo el puesto 14. Tanto en Montreal como en Los Ángeles participó del single scull, y arribó 6º y 5º, respectivamente. 99

ELSA IRIGOYEN La recuerdo, en mis días de estudiante, visitándola en la vieja casona del Comité Olímpico Argentino, en la calle Juncal. Por entonces, ella era la bibliotecaria de la institución y, mientras, a media luz, hurgaba en viejos textos, solía contarme historias de su pasado deportivo. Un pasado deportivo tan rico y tan extenso que abarcó varias charlas, muchas de ellas, con un rico té de por medio. Elsa Irigoyen era una mujer afable, y muy apasionada por todo lo que tuviera que ver con el deporte amateur. Si bien de chica practicó natación, tenis de mesa y patín carrera, ya entrada en la adolescencia, con 100

el gen competitivo muy desarrollado, descolló en la esgrima aunque, también, tuvo grandes éxitos en el atletismo. Y en forma simultánea. El correr surgió casi de manera natural, por su necesidad de moverse, de expresarse corporalmente. Fue una astuta velocista, campeona nacional de los 200 metros llanos (“en esa distancia les costaba un perú ganarme”) y hasta se dio el gusto de integrar memorables postas como la que en 1939 logró el título sudamericano en Lima (con Julia Druscus, Olga Tassi y Lelia Sphur) y la que batió el récord continental en 1943 (con Noemí Simonetto, Ilse Hammer y María Malvicini). En esgrima, más allá de las primeras estocadas

aprendidas de su padre, tuvo dos grandes maestros en el italiano Cándido Sassone y en el campeón olímpico Roberto Larraz. Pronto se mostró permeable a las tres armas y con 16 años obtuvo el campeonato argentino de florete, iniciando un recorrido de 20 conquistas a nivel nacional, más allá de logros rioplatenses y sudamericanos. Si alguna copa se le quedó en el camino fue porque apareció en escena Irma de Antequeda, otra eximia esgrimista, gran rival, pero buena amiga, con quien compartió la experiencia olímpica de Londres (ambas llegaron a cuartos de final) y a quien le ganó el oro en florete en los Panamericanos de Buenos Aires ’51. De aquellos Panamericanos guardaba sus mejores recuerdos. Y le gustaba compartirlos: el desfile inaugural en la cancha de Racing Club, colmada; ella acompañando a Delfo Cabrera en el ingreso de la delegación

argentina, y alguna íntima conversación con Eva Perón. Ese triunfo lo dedicó a la memoria de su padre, fallecido un par de años antes; circunstancia que la obligó a salir a trabajar ocho horas diarias para ayudar en la economía del hogar, por lo que resignó el atletismo quedándose con la esgrima, una especie de cable a tierra después de cada jornada laboral. Al año siguiente llegarían los Juegos de Helsinki, con magro resultado, y luego una lenta despedida de las pedanas, no exenta de algunas victorias. Más aquí en el tiempo, escribió crónicas en distintas publicaciones y ejerció el cargo de bibliotecaria en el COA con gran predisposición para las relaciones públicas. Siempre en el ámbito del deporte, su ámbito.

• Participó en esgrima en los Juegos de Londres 1948 y Helsinki 1952. • En Londres llegó a los cuartos de final en la prueba de florete individual mientras que en Helsinki no pasó de la primera ronda.

101

ENRIQUE KISTENMACHER

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Nació en Concepción, Tucumán, pero desde sus 7

en la vida de Enrique Kistenmacher. Pero cuando,

años vivió en Chaco, donde su padre —un inmi-

en 1942, arribó con 19 años a Buenos Aires para

grante alemán, de Hamburgo, que había llegado

estudiar el profesorado de Educación Física tras

al país antes de la Primera Guerra Mundial—

haber ganado una beca, conoció la entretela del

había decidido afincarse. Vivía en unos campos

atletismo, con el que tuvo un amor a primera

en los que la familia cultivaba frutas y verduras,

vista. Ese fue el punto de partida de su notable

fabricaba su propia miel y, además, había galli-

carrera como decatlonista. Un atleta completo

nas y conejos. Su madre, ajena a estas tareas, fue

que era tan bueno en los 400 metros llanos como

una muy buena jugadora de tenis que cosechó

en el lanzamiento de jabalina o el salto en largo y

unos cuantos títulos regionales y que le transmitió

que, sin embargo, en tiempos de absoluto ama-

el entusiasmo sobre el que sería el primer deporte

teurismo, también se dio el tiempo —y el gusto—

para remar, jugar al básquetbol en Gimnasia y

tan propicio. Una situación climática complicada,

Esgrima de Villa del Parque, e incluso ser integrante

que lo sacó de foco, y dos flojas actuaciones en

de un seleccionado nacional de vóleibol.

los 110 metros con vallas y en el salto con

Doble campeón sudamericano de la especialidad,

garrocha lo relegaron a un cuarto lugar en la

en 1947 y 1948, Kistenmacher arribó a Londres con

grilla final, con un muy buen puntaje (6929) y a

un gran entrenamiento, confiando en sus posibili-

escasos 21 puntos del norteamericano Floyd

dades, pero con un gran desconocimiento de

Simmons, quien se quedó con la medalla de

quiénes serían sus competidores. De hecho, fue

bronce.

en la propia pista donde conoció al fenómeno

Una vez retirado de la alta competencia, supo

norteamericano Bob Mathias, que con 17 años

destacarse como docente, instructor y autor de

obtendría el título olímpico para repetir cuatro

varios escritos que engrandecieron su prestigio.

años más tarde y retirarse invicto. El comienzo de

También su hermano Jorge —de joven buen

la prueba fue inmejorable para el argentino,

atleta, con títulos nacionales— dejó su impronta

pese a que arrastraba una molestia en su tobillo

en el deporte nacional: fue un gran preparador

derecho fruto de un mal movimiento en la final

físico en los tiempos de Osvaldo Zubeldía en

de salto en largo que había tenido lugar unos

Estudiantes de la Plata y, posteriormente, en el

días antes. De arranque marcó el mejor tiempo

seleccionado nacional, donde, por un hecho

en los 100 metros llanos y también quedó

circunstancial, en una oportunidad llegó a ser el

primero en los parciales de salto en largo y

director técnico.

400 metros, lo que lo dejaría como líder de la clasificación general al término de la primera jornada. El segundo día, en cambio, no fue

• Participó en atletismo en los Juegos de Londres 1948. En decatlón, se ubicó en cuarto lugar con los siguientes parciales: 10.9" en 100 metros; 7.08 metros en salto en largo; 12.67 metros en lanzamiento de bala; 1.70 metros en salto en alto; 50.5" en 400 metros; 16.3" en 110 metros con vallas; 41.11 metros en lanzamiento de disco; 3.20 metros en salto con garrocha; 45.06 metros en lanzamiento de jabalina y 4'49"6 en 1500 metros. También compitió en salto en largo, donde finalizó 10° con 6.80 metros, luego de haber marcado 7.18 metros en la clasificación. 103

ANDRÉS KOGOVSEK Su presencia aquí obedece, simplemente, a que con 38 años fue el emblema y capitán del seleccionado nacional de handball que, por primera vez en la historia, participó en 2012 de unos Juegos Olímpicos tras la histórica clasificación lograda ante Brasil en los Panamericanos de Guadalajara 2011. Se llama Andrés Kogovsek, todos le dicen «Cogote», y una vez terminada la experiencia en Londres, con 354 partidos como internacional, y siendo su máximo goleador, dejó para siempre la camiseta de la selección. «De Londres me acuerdo de aquel instante final, claro, con abrazos, algunas lágrimas y emociones varias, pero también del primer partido, y de cada almuerzo… no dejé detalle sin mirar. El ingreso en 104

la Villa, nomás, fue increíble; caminaba con la valija observando los edificios, las banderas, los canteros… todo en silencio y con los ojos vidriosos. No tengo duda de que el sólo hecho de llegar, de saber que estábamos en los Juegos Olímpicos, fue de lo más fuerte que me pasó en mi vida.» Para Los Gladiadores, estar ahí ya constituía un paso gigante en el proceso de crecimiento que se inició varios años atrás de la mano del entrenador Dady Gallardo. Llegaron al último partido de la zona con resultados previsibles: derrotas ante Islandia, Francia y Suecia y triunfo ante Gran Bretaña. En el duelo con Túnez se jugaban el pase a cuartos de final. No pudo ser, perdieron 25-23. «Fue un partido duro, áspero, donde

cometimos algunos errores que los pagamos caro. Pero es parte del aprendizaje. Este grupo tiene chicos muy jóvenes y con grandes condiciones que seguirán empujando hacia arriba a nuestro handball». Hoy, alejado de las canchas aunque vinculado al deporte como representante de los atletas en el Comité Olímpico Argentino, además de trabajar en la faz comercial de una empresa del sector, «Cogote» rememora vivencias de lo ocurrido en Londres casi con la misma emoción de entonces: «De entre tantos, tengo guardado en mi retina dos momentos muy especiales… Uno fue cuando, un día, me cruzo en la Villa con Luis Scola y me pide que lo acompañe al comedor a cenar… Yo ya había cenado pero fui igual; no lo podía creer y se lo dije… Estuvimos charlando de la vida más de

una hora, fue inolvidable… Cada vez que lo veo se lo recuerdo y le agradezco». ¿Y el otro? «El otro ocurrió el día de la ceremonia inaugural… Todo tan asombroso, el estadio lleno, estar tras “Lucha” Aymar con nuestra bandera… desfilar con todas las delegaciones… y, de pronto, al mezclarnos, quedo a dos metros de (Novak) Djokovic. Como mis padres son eslovenos y yo manejo el idioma, me animé a hablarle; él es serbio pero me entendió perfectamente. Charlamos un par de minutos y le pedí una foto, a la que accedió muy amablemente. Fue otro momento inolvidable». «El gran capitán» ya no juega. Lo hizo en cinco mundiales, Panamericanos, Sudamericanos… y en los Olímpicos tuvo su broche de oro.

• Participó en handball en los Juegos de Londres 2012.

• Integrante del seleccionado nacional

que finalizó en décimo lugar luego de jugar cinco partidos en el grupo «A». Perdió ante Islandia 31-25 y con

Francia 32-20 antes de vencer a Gran

Bretaña 32-21. En los dos últimos encuentros cayó frente a

Suecia 29-13 y Túnez 25-23.

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DANIELA KRUKOWER Aunque la mañana se lucía a pleno sol en Atenas, ella no estaba para observar el cielo ni detenerse en esos detalles. Regresaba de desayunar en el comedor, luego de intercambiar algunas palabras con Rafa Nadal y, en su mente, una y otra vez, se cruzaban imágenes, se amontonaban nombres, aparecían tomas y posiciones. Faltaba apenas un día para la competencia y los nervios le estaban ganando la batalla a la tranquilidad que la situación requería. Al llegar a la zona de los departamentos en los que se alojaba la delegación argentina, se encontró con la atleta Solange Witteveen y, casi sin pensarlo, la tomó del brazo y juntas partieron hacia el centro de la ciudad. Pronto estuvieron en la Acropólis contemplando el Partenón. Luego, cual turistas, saltaron de tienda en tienda haciendo algunas compras. La 106

cuestión era distenderse. El 17 de agosto de ese 2004, ya estaba presta para saltar al tatami. Daniela Krukower sabía que todos la miraban, que sólo debía concentrarse en lo suyo y olvidarse del favoritismo que muchos le adjudicaban por haber ganado el año anterior el campeonato mundial. «Eso fue increíble —rememora hoy—, fue tocar el cielo, nada más y nada menos que en la tierra de los inventores del judo, y ganando cinco combates francamente inolvidables». Como para no dejar duda de su memoria y de lo que significó aquella conquista mundialista, Daniela recita de corrido el nombre de sus rivales y cómo se fueron desarrollando sus luchas. Habla de la eslovena y de una francesa, nombra a una checa y a una italiana. Ahí hace una pausa y se emociona:

«La final fue contra la cubana Driulis González, mi archirrival, una supercampeona que ya por entonces tenía un oro olímpico y defendía el título mundial. Fue un combate intenso, ella había acumulado algunas ventajas, pero, casi en el final, la busqué, la encontré y, con un ippón, llegué a la conquista. No lo podía creer». No era la única, muchos se sorprendieron por el triunfo de esta argentina, llegada de tierras tan lejanas y sin compañía. Es que Daniela viajó sola, porque en nuestro país nadie apostó por ella. «La guerrera solitaria», titularon diarios japoneses el día después. Y ella recuerda: «Es verdad, cuando gané el combate final miré para todos lados, pero celebré para mis adentros: no tenía con quien abrazarme». Volviendo a Atenas 2004, el resultado final no fue el que había ido a buscar. Venció en sus dos primeros combates por golden score a la coreana Lee y a la francesa Lucie Decosse, más tarde campeona mundial y olímpica. Ya en semifinales, se le cruzaría la japonesa Ayumi Tanimoto, luego ganadora del oro. La lucha promediaba en un marco de paridad, con apenas la ventaja de un yuko para la nipona, cuando Daniela sintió que se le partía el corazón, aunque en realidad la lesión se producía en el rebelde codo derecho que ya le había generado problemas en la gira previa por España. Una luxación que trajo mucho dolor, más bronca aún y un diploma como premio consuelo al podio soñado.

Atrás había quedado el debut olímpico en Sídney 2000, donde compitió en una categoría que no era la suya: «Hacía poco tiempo que había regresado al país desde Israel, donde viví muchos años por decisión familiar, y solo había chances de luchar por una plaza en 70 kilos. Así que aumenté lo que pude (de 63 llegué a 66, dando ventajas) y fui. No fue una gran experiencia porque además tenía roto el ligamento cruzado de mi rodilla izquierda y competí con un trozo de cámara de bicicleta atado a la rodilla para sujetarla. Hoy me río, pero fue una locura». Y por delante quedaría Beijing 2008, una experiencia que no pudo disfrutar: «Llegué quemada de la cabeza por interminables discusiones con autoridades que me habían rebajado mi beca y que no querían que viajara con mi entrenadora». Era el punto final para la primera judoca argentina que dejaría grabado para siempre su nombre en la élite de este deporte. Una última frase, a manera de síntesis, la define: «Fui campeona mundial, que no es poco; pero siempre pondero, por sobre los logros, mi fuerte sentimiento olímpico».

• Participó en los Juegos Olímpicos de Sidney 2000, Atenas 2004 y Beijing 2008. • En Sidney, en 70 kilos, fue novena tras derrotar a Bah (Guinea) y perder con Howey (G. Bretaña) y Bosch (Holanda). • En Atenas, en 63 kilos, terminó quinta después de ganarle a Lee (Corea del Sur) y Decosse (Francia). Debió abandonar por lesión frente a Tanimoto (Japón). • En Beijing, en 63 kilos, terminó novena, con un triunfo sobre Arlove (Australia) y derrotas con Won (Corea del Norte) y Willeboordse (Holanda). 107

SANTIAGO LANGE Cuando en agosto próximo, en el marco de los Juegos de Río, comiencen a desarrollarse las competencias del yachting en la Bahía de Guanabara, Santiago Lange vivirá horas muy especiales: con su participación en la clase Nacra en compañía de Cecilia Carranza estará en su sexta cita olímpica, igualando el máximo de presencias que, en nuestro país, ostenta hasta aquí el ciclista Juan Curuchet. «Sin dudas que será un honor igualar esa marca, pero no me fijo mucho en eso. La navegación para mí es una pasión permanente que se agiganta, aún más, cuando me toca representar al país ya sea en un Mundial o en los Juegos». A sus cincuenta y cuatro años, y habiendo superado hace muy poco tiempo un cáncer de pulmón («No podía creerlo cuando me lo dijeron los médicos, ya que nunca fumé y soy deportista… pero, bueno, me tocó, me operaron y ahora estoy muy bien»), Santiago experimentará la no tan habitual sensación de compartir la vivencia olímpica con dos de sus hijos, Yago y Klaus, que lograron clasificarse en la clase 49er. «Te imaginás el orgullo que tengo; a ellos no les gustaba navegar de chicos… casi de casualidad empezaron en Europa y un día me dijeron que encararían la campaña rumbo a Río… Espero que todos lo disfrutemos». 108

Ingeniero naval recibido en la Universidad de Southampton, hijo de Enrique Lange —capitán de fragata que fue integrante del velero Fortuna— y ganador de dos medallas olímpicas junto con «Camau» Espínola, Santiago estará en Río 2016 con la única premisa que tiene: «Seguir disfrutando de la vida».

• Participó en yachting en los Juegos de Seúl 1988, Atlanta 1996, Sidney 2000,

Atenas 2004 y Beijing 2008.

• En Seúl fue 9º en la clase Soling y en

Atlanta ocupó la misma posición en clase Laser. Sus siguientes tres experiencias fueron en la clase

Tornado: en Sidney fue 10º con Mariano Parada, mientras que en Atenas y

Beijing alcanzó sendas medallas de

bronce junto a Carlos Espínola.

18º JUEGOS OLÍMPICOS TOKIO 1964 (10 al 24 de octubre)

Países participantes: 93 Deportistas: 5151 Deportes: 19 Medallero Posición 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 30

País EE. UU. URSS Japón Eq. alemán unificado Italia Hungría Polonia Australia Checoslovaquia G. Bretaña Argentina

Oros

Platas

Bronces

Total

36 30 16 10 10 10 7 6 5 4 -

26 31 5 22 10 7 6 2 6 12 1

28 35 8 18 7 5 10 10 3 2 -

90 96 29 50 27 22 23 18 14 18 1

Medallas argentinas PLATA Equitación, prueba completa (montando a Chalán): Carlos Alberto Moratorio.

109

ROBERTO LARRAZ En los días posteriores a la decisión presidencial de Marcelo T. de Alvear en la que decretó que la Argentina presentara una delegación formal en los Juegos Olímpicos de París 1924, se procedió a la elección de los deportes en los cuales se iba a competir, y entre los seleccionados estuvo la esgrima. La noticia no sorprendió, ya que por entonces, y a partir de la inmigración de consagrados maestros en la materia provenientes de Italia —que tuvo lugar a comienzos del siglo XX—, la actividad registró un gran desarrollo en nuestro país. Por un lado, y a partir del empuje de instituciones como el Jockey Club y el Club de Gimnasia y Esgrima, en 1921 se creó la Federación Argentina de Esgrima; y, por el otro, hubo un significativo aporte del Ejército Argentino, que fue formando docentes de alta escuela. De la cantidad surgió la calidad y, entre los más destacados valores de la época, se encontró Roberto Larraz, para muchos el mejor tirador que haya tenido nuestra esgrima. Floretista de excepción, once veces campeón argentino entre 1923 y 1934, fue olímpico en cuatro oportunidades y alcanzó el quinto lugar en la prueba individual en aquel debut parisino en el cual integró un recordado equipo que, en 1928,

110

conquistó la medalla de bronce. En Ámsterdam, donde fue compañero de los hermanos Héctor y Luis Lucchetti, Raúl Anganuzzi y Carmelo Camet (suplente), resultó determinante en el decisivo match ante Bélgica, donde ganó sus cuatro asaltos. Terminada la competencia, Larraz recibió elogios de dos grandes campeones como Giulio Gaudini (Italia) y Roger Ducret (Francia) por su «depurado e impecable estilo clásico».

• Participó en esgrima en los Juegos de París 1924, Ámsterdam 1928, Los Ángeles 1932 y Berlín 1936. • Integró el equipo de florete que logró la medalla de bronce en Ámsterdam. • En la misma prueba, quedó 5º en Los Ángeles y 7º en Berlín. En el plano individual, alcanzó el 5º lugar en París y el 7º, en Los Ángeles.

19º JUEGOS OLÍMPICOS MÉXICO—1968 (12 al 27 de octubre).

Países participantes: 112 Deportistas: 5516 Deportes: 20 Medallero Posición 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 41

País EE. UU. URSS Japón Hungría Alem. Oriental Francia Checoslovaquia Alem. Occidental Australia G. Bretaña Argentina

Oros

Platas

Bronces

Total

45 29 11 10 9 7 7 5 5 5 -

28 32 7 10 9 3 2 11 7 5 -

34 30 7 12 7 5 4 10 5 3 2

107 91 25 32 21 15 13 26 17 13 2

Medallas argentinas

BRONCE: Boxeo, peso wélter: Mario Guilloti. Remo, single scull: Alberto Demiddi.

111

ABEL LAUDONIO Su destino fue pelear arriba y abajo del ring. En el cuadrilátero fue un gran campeón que subió peldaño a peldaño desde los primeros consejos que le dio el maestro Cucusa Bruno, y en la vida supo sobreponerse a duros obstáculos, siempre con hidalguía y caballerosidad. El pequeño Pocho que trabajó en la frutería Municipal de Villa Urquiza, ahí mismo donde su papá Ángel era barrendero, se transformó con el paso de los años en el gran Abel Laudonio: el fino boxeador que como amateur le ganó a Horacio Accavallo, el que se consagró campeón argentino venciendo en el Luna Park a Nicolino Locche, el que en su gimnasio de la Avenida Beiró era visitado por Carlos Monzón, quien, a manera de tributo, bautizó como Abel a uno de sus hijos. 112

Laudonio, como muchos chicos porteños de la época, tuvo una crianza en la que compartía el hogar junto a sus padres y ocho hermanos, con el mundo de la calle. El arte de los puños —luego de alguna riña entre adoquines — lo cultivó en el Club Parque Chas y lo perfeccionó en el Almagro Boxing, donde pronto mostró buena técnica e inteligencia guiado por don Prudencio Melero. Con apenas 15 años, tendría su debut y, poco tiempo después, ya lograba imponerse en el Campeonato de los Barrios derrotando a Santos Simili. El camino ascendente, mientras pulía su estilo, lo encontró de golpe, representando al país en los Juegos Olímpicos de Melbourne 56 en la categoría mosca. «Papá siempre contaba —me dice su hija

Vanesa— que le costaba mucho dar el peso, que no lo dejaban comer y que, entonces, apenas terminó de competir, aumentó tres kilos en 24 horas». Aquella experiencia con un triunfo y una derrota le sirvió para foguearse y seguir mirando con confianza el futuro. En 1959 se consagró campeón en los Juegos Panamericanos de Chicago y un año más tarde volvería a tener una chance olímpica en Roma, en los Juegos que vieron consagrarse a Nino Benvenutti y a Cassius Clay. «Desde que lo vio, quedó impresionado con Clay, con su juego de piernas», dice Vanesa y agrega: «Lo definía como un exquisito». Abel no pudo llegar al primer escalón del podio pero consiguió una meritoria medalla de bronce. Con clase y eficacia, superó sus tres compromisos iniciales (Jozef Tore, de Checoslovaquia, Dagfinn Ness de Noruega y Vilikton Barannikov, de la Unión Soviética). Perdió recién en semifinales, y en fallo dividido (2-2-1), ante

quien luego sería campeón mundial, el italiano Sandro Lopopolo. En su paso al profesionalismo ratificó las cualidades expuestas en el campo amateur: ganó sus primeras 19 peleas por nocaut para redondear una campaña con 48 victorias, seis derrotas y dos empates. En 1965, anunció su retiro como hacen los grandes: con el título de campeón argentino de los livianos en su poder. Luego vendrían los tiempos del gimnasio propio y el refugio en la familia con su esposa Nora, sus hijos y sus nietas. Lamentablemente, en 2014, terminaría perdiendo su batalla contra el Alzheimer, un rival implacable.

• Participó en boxeo en los Juegos de Melbourne 1956 y Roma 1960. • En Melbourne, en la categoría mosca, venció en su presentación a Albert Ludick (Sudáfrica), pero cayó en la segunda ronda frente a Terence Spinks (Gran Bretaña). • En Roma, obtuvo la medalla de bronce entre los livianos. Comenzó con un triunfo por puntos ante Jozef Tore (Checoslovaquia) y luego venció por nocaut técnico a Dagfinn Ness (Noruega). En cuartos superó, por decisión de los jurados, a Vilikton Barannikov (Unión Soviética), aunque perdió en semifinales, en fallo dividido, con Sandro Lopopolo (Italia).

113

JORGE LOMBI «El gol es una sensación de descarga; por eso hay que gritarlo con el alma.» Jorge Lombi, el autor de la sentencia, tiene demasiada autoridad en la materia como para escucharlo con atención: en su carrera como jugador de hockey, representando al club de turno o al seleccionado nacional, anotó 1077 veces en 777 partidos. Fue el goleador del Mundial de Kuala Lumpur 2002 y de los Juegos Olímpicos de Sídney 2000, donde marcó 13 tantos, nueve de ellos de córner corto, su especialidad: «Ante todo hay que decir que en el corto son fundamentales el servidor y el parador, recién después viene el ejecutor. Yo, como obsesivo y metódico por mejorar día a día, me pasaba largas horas en el club (Ciudad de Buenos Aires) practicando solo. En el 94 vi a un holandés pegar con “push flickeado” así que imité su técnica y creo que la mejoré un poquito». El «rey de la arrastrada» considera que la herramienta de trabajo es «esencial» para lograr su máximo rendimiento, por eso siempre se ocupó personalmente del tema: «En la previa de los Juegos Olímpicos de 2000 descubrí que el pakistaní Sohail Abbas, un notable ejecutor de cortos, jugaba con un palo doblado así que me conseguí una prensa (de la fábrica de artículos de 114

aluminio de mi papá) y empecé a doblar los míos. Es más, a Sídney viajé con la prensa, pero no la precisé porque una fábrica italiana me llevó unos palos hechos a mi medida con los que me entendí muy bien». Con un pasado «futbolero» en las inferiores de Platense, Lombi destaca los Juegos de Sídney, entre los que le tocó estar, aunque se quedó con un sabor agridulce en cuanto a la actuación del equipo: «No encontramos regularidad, fuimos desparejos y nos faltó un poquito de concentración en momentos claves. Salimos octavos pero creo que estábamos para terminar un poquito más arriba».

Participó en hockey sobre césped en los Juegos de Atlanta 1996, Sidney 2000 y Atenas 2004. Integró el seleccionado nacional que salió 8º en Sídney y fue el goleador del campeonato. En Atlanta, Argentina terminó 9º y en Atenas, 11º.

20º JUEGOS OLÍMPICOS MUNICH—1972 (26 de agosto al 11 de septiembre)

Países participantes: 121 Deportistas: 7134 Deportes: 23 Medallero Posición 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 41

País URSS EE. UU. Alem. Oriental Alem. Occidental Japón Australia Polonia Hungría Bulgaria Italia Argentina

Oros

Platas

Bronces

Total

50 33 20 13 13 8 7 6 6 5 -

27 31 23 11 8 7 5 13 10 3 1

22 30 23 16 8 2 9 16 5 10 -

99 94 66 40 29 17 21 35 21 18 1

Medallas argentinas

PLATA: Remo, single scull: Alberto Demiddi. 115

ALBERTO LOVELL Fue el precursor de unos cuantos miembros de su familia que intentaron abrirse camino a trompada limpia. Descendiente de esclavos que tuvieron sus raíces en África, nació en el partido de Avellaneda donde, como tantos otros chicos, empezó jugando a la pelota con tan buen pié que llegó a ser centrodelantero de Sportivo Dock Sud. Sin embargo, pasada la adolescencia, y en tanto se ganaba el peso voceando diarios o cargando bolsas en el puerto, mostraba su fuerte temperamento en riñas callejeras lo que llevó a uno de sus patrones a sugerirle que probara suerte en el boxeo… disciplina que ya había conocido a sus 12 años, pero sin demasiada suerte. No obstante, Alberto Lovell, escuchó el consejo y se acercó al Club Germano donde comenzó a depurar un estilo de juego de esquives que, sumado a su poderoso físico lo hacía verdaderamente temible. A comienzos de 1932 José Oriani –dirigente del boxeo y del Comité Olímpico- le informó que estaba seleccionado para concurrir a los Juegos de Los Ángeles. Y el grandote de 1,90 metros y 90 kilos, se preparó a conciencia sabiendo que esa era una posibilidad que iba más allá de un posible buen resultado. La escasez de inscriptos en la categoría de los pesados, contribuyó a que Lovell se quedara con la medalla de oro tras solo tres triunfos en otras tantas presentaciones. 116

Primero fue el finés Barlund, luego el canadiense Maughan (al que puso nocaut) y, finalmente, el italiano Rovati a quien le ganó por puntos en una pelea bastante deslucida en la que fue acumulando ventajas merced a su buena técnica defensiva. Alberto Lovell sería continuado en el mundo del olimpismo por su hermano Guillermo (medalla de plata en Berlín 36) y su hijo Santiago Alberto (llegó a cuartos de final en Tokio ’64), ambos también exponentes de los peso pesados.

• Participó en boxeo en los Juegos de Los Ángeles 1932. • Ganó la medalla de oro entre los pesados. En su debut, superó por decisión a Gunnar Barlund (Finlandia), en semifinales noqueó en el tercer round a George Maughan (Canadá) y en el combate final, también por decisión de los jueces, derrotó a Luigi Rovati (Italia).

21º JUEGOS OLÍMPICOS MONTREAL—1976 (17 de julio al 1 de agosto)

Países participantes: 92 Deportistas: 6084 Deportes: 21

Medallero Posición 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 42

País EE. UU.

Oros

Platas

49 Suecia 40 G. Bretaña 34 Finlandia 10 Francia 9 Alemania 7 Sudáfrica 6 Noruega 6 Canadá 4 Hungría 4 Argentina sin medallas

41 25 35 12 6 6 9 4 9 5

Bronces

Total

35 25 25 17 10 13 7 3 14 13

125 90 94 39 25 26 22 13 27 22

117

FERNANDO LÚPIZ Una pedana y un estudio de televisión. Un florete y una cámara. La concentración para el combate y la concentración para la escena siguiente. Dos mundos no muy cercanos, quizás paralelos, que transitó —y transita— con las mismas ganas, el mismo respeto y los mismos resultados que, a la hora de sopesar, inclinan la balanza para el lado de la satisfacción. Fernando Lúpiz, el actor, «El Zorro», el amigo y heredero de Guy Williams, supo actuar muy bien el rol de esgrimista porque fue un muy buen esgrimista. «Bueno, bueno, sigo siéndolo —dice con una sonrisa—. El año pasado, en el Mundial de mayores de sesenta, que se hizo en Francia, terminé 17º 118

entre cuarenta campeones de todos los países, y este año voy por más». Tenía catorce años cuando su papá, Enrique Lúpiz, un maestro en la materia, le enseñó los primeros secretos del sable y el florete. Su entusiasmo fue tal que dos años después ya estaba batallando en el orden sudamericano y, con flamantes diecinueve años, se impuso en el torneo selectivo que clasificaba para los Juegos Olímpicos: «Uf, me emociono de recordarlo, nomás. Qué alegría sentí al saber que iría a Munich. Tengo en mi retina cada momento, desde que me dieron el buzo y un bolso que me hicieron sentir como un embajador… y hasta el desfile, con

toda la gente aplaudiendo y alentando sin importar si eras Mark Spitz o Lúpiz ni de qué país venías». Al igual que otros miembros de la delegación, vio de cerca los pormenores del ataque terrorista a los atletas israelíes («Lo seguimos con las mira telescópica de los muchachos de tiro, fue algo conmocionante») y, con respecto a lo deportivo, rescata la experiencia adquirida: «Hay que tener en cuenta que en esa época no viajábamos mucho, no teníamos roce internacional, por eso era valioso estar ahí y aprender». La siguiente parada olímpica lo encontró más fogueado, con una buena experiencia panamericana en México 75, donde quedó cuarto en florete y superó a quien era el uno de Argentina, Guillermo Saucedo. «Los Juegos de Montreal fueron muy lindos, bien organizados y con mucha seguridad. En cuanto a resultados me fue mucho mejor, pero la realidad es que, en líneas generales, no fue una buena producción de Argentina; algo lógico si se tiene en cuenta el apoyo casi nulo que hubo de parte de la dirigencia.» Lúpiz, que por esos días ya era oficialmente «El hijo de El Zorro», no descuidaba la esgrima y se preparaba para Moscú 80. «Estaba en gran forma: en el 77 fui a una gira por Europa y en un torneo en Alemania llegué a semifinales, ganándole a muchos de los mejores del momento; en el 78 logré el Sudamericano; y en el 79 fui medalla de plata en los Panamericanos de San Juan de Puerto Rico. Fue una pena que no nos dejaran ir a Moscú,

una tristeza muy grande; después ya no tuve motivación para seguir.» No obstante, y pese a su labor actoral, nunca dejó del todo y hoy disfruta con los veteranos. «Siempre a pulmón, viejo, como cuando era pibe… ¿Sabés lo que hacía para poder pagarme la ropa de competición? Antes de un viaje a Europa iba a alguna “cueva” y compraba piedras semipreciosas, sobre todo rodocrosita. Allá visitaba joyerías de alto nivel que me las sacaban de las manos y así hacía unos pesitos de diferencia.»

• Participó en esgrima en

los Juegos de Munich 1972 y Montreal 1976.

• En Munich compitió en florete y

sable individual y en espada por

equipos, pero no pasó la primera

ronda. En Montreal integró el

equipo de sable que terminó 9º, el de espada, que fue 11º, y

ocupó el puesto 44º en la prueba

de florete individual. 119

LAURA MARTINEL Como entrenadora, tiene un currículum envidiable, único en su especialidad: fue quien guió los pasos de Daniela Krukower y hoy hace lo propio con Paula Pareto, las dos campeonas mundiales que registra el judo argentino en su historia. Claro que, de su etapa de deportista, Laura Martinel («Con una ele, no con dos ni con zeta», me aclaró la primera vez que la entrevisté, a comienzos de los años 90) también puede exponer unos cuantos pergaminos. En sambo, una modalidad que combina el judo con la lucha, ganó el oro en los Panamericanos de Caracas 83 y en el Mundial de Puerto La Cruz 84; en lucha, salió tercera en el Mundial de Suecia 90; y en judo, obtuvo la medalla de plata en los Panamericanos de La Habana 91 y finalizó séptima en los Juegos de Barcelona 92. «Tengo un hermoso recuerdo de mi experiencia olímpica, aunque, en esos tiempos, la preparación era muy precaria: no había giras por Europa ni prácticas en Japón, ni siquiera en Brasil; apenas tuvimos dos semanas de entrenamientos en el CeNARD, y tam120

poco todos los días. Es más, viajamos con un entrenador con el que casi no nos conocíamos». La cita en tierra catalana fue la primera que incluyó al judo femenino en el programa olímpico. Laura compitió en la categoría de hasta 70 kilos y fue la única sudamericana, además de la representante brasileña: «Me acuerdo que, en octavos de final, tenía que luchar con Sandra Greaves, una canadiense a quien no conocía (lo cual me inquietaba un poco) y que, en teoría, era mejor que su compatriota, a la que yo le había ganado en los Panamericanos. Estaba en el túnel, lista para salir, cuando me cruzo con Odalis Revé (la cubana que finalmente ganaría el oro) y me pregunta contra quién iba. Le conté y me dijo: “Oye, chica, a esa le vas a ganar sin ningún problema, tú eres mejor”. Fue una inyección extra de confianza. No sé bien cómo fue, pero entré a luchar y la tiré. Con esas palabras inesperadas de Odalis pasé a cuartos de final». Oriunda de Vespucio, Salta, y traductora de

francés, Martinel tiene muy presentes aquellos días en la Villa Olímpica, en unos Juegos que, repitiendo la experiencia de Seúl 88, reunieron a todas las potencias deportivas del mundo lejos de los dos boicots sucesivos de Moscú 80 y Los Ángeles 84: «Con Carolina Mariani, la otra judoca, compartíamos un departamento bastante grande junto a las tenistas Patricia Tarabini, Mercedes Paz y Florencia Labat. La simpatía de Patricia es inolvidable, nos hacía matar de risa todo el tiempo. En esa época, la diferencia entre los deportistas profesionales y los amateurs era enorme.  Recuerdo que al equipo olímpico argentino nos vestía Adidas, pero, como los tenistas eran profesionales y tenían sus contratos con otras empresas, les habían entregado la misma ropa, pero sin marca. Y, como no la iban a usar más, algunos, como Patricia, decidieron regalarla. Así que ahí nomás estábamos los

pobres amateurs haciendo fila para recibir la ropa. A mí me tocaron algunas medias y un par de remeras».

• Participó en judo en los Juegos de

Barcelona 1992.

•Finalizó séptima en la categoría de hasta

70 kilogramos. 121

ESTEBAN MARTÍNEZ Son contados con los dedos de una mano los deportistas argentinos que representaron olímpicamente al país en dos disciplinas diferentes. Pero solo uno lo hizo, con el agregado de haber obtenido una medalla: Esteban Martínez. El «Mono» fue uno de los jóvenes que el entrenador coreano Young Wan Sohn reclutó para el Mundial de Vóleibol de Argentina 82, y fue parte de una camada inolvidable que marcó época a partir de obtener grandes resultados. Luego, con la experiencia del indoor , se probó en el beach volley , donde también dejó su huella. 122

«Son dos deportes diferentes. Cuando me pasé al beach tuve que aprender a jugar con sol, con viento, en una superficie diferente, con solo dos jugadores en la misma cancha, con otra técnica… Ni hablar.» Para entonces, ya tenía asegurada su «gloria» deportiva. Con aquellos pibes que habían hecho delirar a la gente en el Luna Park (Hugo Conte, Waldo Kantor, Jon Uriarte, Daniel Castellani, Raúl Quiroga), años después —experiencia y madurez mediante—, se treparon al podio en los Juegos Olímpicos de Seúl 88: «Aquello fue único, fantástico. Veníamos de pagar derecho de piso en Los Ángeles 84, donde no nos fue

muy bien y terminamos angustiados. Pero a Corea viajamos con otra mentalidad. Con decirte que, como me resultaban incómodas las zapatillas Active que nos habían dado, me fui a un local de Cabildo, compré unas New Balance y le dije al vendedor: “acordate bien porque estas suben al podio”…». Argentina arribó a Seúl en gran forma tras conquistar el Preolímpico jugado en Brasil y dejar en el camino al local y a Cuba. En su zona, el equipo dirigido por Luis Muchaga no dejó dudas al vencer a Túnez, Japón y Holanda y hasta estuvo a punto de dar la nota contra Estados Unidos: «Les ganamos los dos primeros sets y estuvimos cerquita, una pena porque hubiéramos evitado a la Unión Soviética en semifinales; pero no nos caímos y por eso pudimos quedarnos con el bronce ante Brasil. Todavía recuerdo el cosquilleo que tenía en ese quinto set cuando ya saboreábamos el triunfo… era mezcla de orgullo, de satisfacción por el esfuerzo hecho y las ganas de salir corriendo a festejar». El tiempo de hacer pie en la arena vino bastante después. Fue en el 94, mientras vivía en Europa, que decidió cambiar el «chip» y juntarse con Martín Conde para un nuevo desafío: «Al principio no fue fácil; me quedaba horas mirando otros partidos para aprender, para encontrar el concepto del juego. Lo sorprendente fue que, después del primer año, de probar y probarnos, en el 96 aparecimos primeros en el ranking mundial. Lamentablemente, no llegamos bien a los Juegos de Atlanta por una lesión mía en el hombro, y en Sídney resultó algo mejor, aunque creo que nos desconcertaron los canguros… jaja».

• Participó en vóleibol en los Juegos de Los Ángeles 1984, Seúl 1988, Atlanta 1996 y Sídney 2000. • En las dos primeras ocasiones formó parte del seleccionado nacional indoor que terminó sexto en Los Ángeles y obtuvo la medalla de bronce en Seúl. • En Atlanta y Sídney integró una dupla de beach volley junto con Martín Conde que finalizó 13º y 9º, respectivamente. 123

JAVIER MASCHERANO Muestra satisfacción y orgullo pero con moderación, fiel a su estilo. Cuando se le recuerda que es el único deportista argentino que consiguió dos medallas de oro en los Juegos Olímpicos, sonríe con una mueca de agradable nostalgia, agradeciendo el cumplido, pero corriéndose del foco del tema: «Me tocó estar en dos grupos excelentes, con grandes jugadores y la posibilidad de ganar, que no se da con tanta frecuencia. Yo, simplemente, acepté la convocatoria a la Selección, como siempre, y aporté mi granito de arena». Javier Mascherano fue el símbolo de un momento especial del fútbol argentino en el que se comprendió la importancia de estar en la máxima competencia deportiva mundial y pugnar por el título negado en Ámsterdam 28 y Atlanta 96, cuando se consiguieron sendas medallas de plata. «En Atenas 2004 —dice Mascherano— yo era uno de los chicos con Tevez, D’ Alessandro, Saviola. Tengo en la memoria el debut con Australia, difícil, en un partido luchado, y la semifinal con Italia en la que Bielsa me pidió que lo siguiera a Pirlo por toda la cancha, cargándome de responsabilidad; me dijo que si yo lo anulaba iríamos por el oro y, si no, deberíamos conformarnos con la lucha por el bronce. Por suerte salió todo bien». Ese día, «El jefecito» cumplió con lo que le pidieron, Argentina ganó 3 a 0 y quedó a tiro del título 124

que días más tarde obtendría ante Paraguay. Para Beijing 2008, Mascherano fue uno de los tres futbolistas mayores de 23 años que convocó Sergio Batista, junto a Demichelis y Riquelme, su compañero de habitación: «Ese equipo, con Román, Leo (Messi), el «Kun» (Agüero) y Di María, era realmente un lujo, aunque tuvimos que sufrir como en el choque contra Holanda. Después vinieron dos buenas victorias ante Brasil y Nigeria y otra medalla de oro que, sinceramente, colma todo».

• Participó en fútbol en los Juegos de Atenas 2004 y Beijing 2008. Como integrante del seleccionado argentino de fútbol conquistó la medalla de oro en ambas ocasiones. Los resultados fueron los siguientes: • Atenas. Fase de grupos: 1-0 a Australia, 2-0 a Túnez y 6-0 a Serbia y Montenegro. Cuartos de final: 4-0 a Costa Rica. Semifinal: 3-0 a Italia. Final: 1-0 a Paraguay. • Beijing. Fase de grupos: 2-0 a Serbia, 1-0 a Australia y 2-1 a Costa de Marfil. Cuartos de final: 2-1 a Holanda (en alargue). Semifinal: 3-0 a Brasil. Final: 1-0 a Nigeria.

22º JUEGOS OLÍMPICOS MOSCÚ—1980 (19 de julio al 3 de agosto)

Países participantes: 80 Deportistas: 5179 Deportes: 21

Medallero Posición 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10

País URSS Alem. Oriental Bulgaria Cuba Italia Hungría Rumania Francia G. Bretaña Polonia

Oros

Platas

Bronces

Total

80 47 8 8 8 7 6 6 5 3

69 37 16 7 3 10 6 5 7 14

46 42 17 5 4 15 13 3 9 15

195 126 41 20 15 32 25 14 21 32

Argentina no participó.

125

MARIO MATHIEU Jugó al fútbol, fue dirigente de básquetbol, pero la mayor parte de su vida la pasó arriba de dos ruedas, de una bicicleta, su gran pasión. Alguna vez contó que todo comenzó un día cuando, yendo para la escuela en su Paraná natal, pasó por la plaza Sáenz Peña y descubrió a un grupo de ciclistas que se juntaban a pedalear. Tenía once años y Mario Mathieu había descubierto su vocación. Un año más tarde comenzó a competir en su ciudad y, al poco tiempo, les ganaba a muchachos más grandes, lo que ya mostraba sus condiciones. En 1935, con apenas dieciocho años, se consagró campeón argentino de ruta por primera vez, logro que repetiría en otras tres ocasiones. Dominador absoluto de las grandes pruebas ruteras del país (Doble Bragado, Mar y Sierras, Rosario-Santa Fé), se lanzó a la aventura internacional y conquistó —entre otros— un recordado triunfo en 1948 en la célebre competencia París-Troyes, donde dejó atrás a Louis Aubrun y al subcampeón mundial Robert Varnajo. Ese mismo año acudió a los Juegos Olímpicos de Londres. Si bien no pudo terminar la competencia de ruta individual, cumplió un muy buen papel en la prueba por equipos al arribar en séptimo lugar junto a Ceferino Peroné, 126

Dante Benvenuti y Miguel Sevillano. A la edición siguiente, Helsinki 52, viajaría como uno de los entrenadores de la delegación nacional. Después de veinte años de rodar en la alta competencia, Mathieu decidió retirarse, aunque nunca abandonó la bicicleta. Ejerció la función pública en distintos cargos, inclusive el de intendente de Paraná.

• Participó en ciclismo en los Juegos de Londres 1948. • En ruta, finalizó séptimo en la prueba por equipos (junto a Ceferino Peroné, Dante Benvenuti y Miguel Sevillano), mientras que debió abandonar en la competencia individual.

23º JUEGOS OLÍMPICOS LOS ÁNGELES 1984 (28 de julio al 12 de agosto)

Países participantes: 140 Deportistas: 6829 Deportes: 23

Medallero Posición

País

Oros

1 2 3 4 5 6 7 8 9 10

EE. UU. Rumania Alemania Occidental China Italia Canadá Japón Nueva Zelanda Yugoslavia Corea del Sur

48

Argentina sin medallas.

83 20 17 15 14 10 10 8 7 6

Platas 61 16 19 8 6 18 8 1 4 6

Bronces 30 17 23 9 12 16 14 2 7 7

Total 174 53 59 32 32 44 32 11 18 19

127

JOSÉ MEOLANS El relato familiar dice que los padres lo enviaron a que aprendiera a nadar por miedo a que el pequeño pudiera caerse en la pileta que tenían sus abuelos, o en el río cercano a la casa de veraneo. Cuando el profesor Jorge Tossolini lo recibió en el Club Tiro Federal de Morteros, el niño tenía cinco años, y solo uno más cuando participó en su primera carrera. Ahí mostró que, además de ganas, tenía condiciones: ganó y recibió como premio un beso de la madre, quien, cubriéndolo con una toalla, le dijo apenas emergió del agua: «Josito, hasta los Juegos Olímpicos no paramos». Y José Meolans no paró. Con la guía de Daniel Garimaldi, primero, y Orlando «Tato» Moccagatta, después, se sometió a duras sesiones de entrenamiento que devinieron en importantes progresos con mejores resultados cada día. En 128

1995, con 17 años, batió el récord nacional de 100 metros libre, y fue el primer argentino en bajar los 50 segundos en esa prueba (49s86). Al año siguiente, cumplió con aquellas proféticas palabras maternas. «Mi primer Juego Olímpico, en Atlanta, es inolvidable; igual que los demás. Haber llegado hasta ahí, luego de tanto esfuerzo, representar al país y estar en la Villa compartiendo la pileta, el gimnasio, el comedor, con los mejores deportistas del mundo es, simplemente, algo único.» A la próxima cita olímpica, Sídney 2000, llegó más fogueado y con un fuerte impulso anímico fruto de tres medallas panamericanas en Winnipeg 99 y el subcampeonato mundial de 50 metros libre que había logrado en Hong Kong. La mañana de la eliminatoria de los 100 metros libre fue histórica por una actuación risueña,

casi bizarra, de Eric Moussambani, un muchacho de Guinea Ecuatorial que nunca antes había nadado en una pileta larga. Meolans, un par de series más adelante, hizo su tarea y se metió entre los dieciséis mejores: «En esa semifinal viví, sin dudas, uno de los momentos de máxima adrenalina de toda mi carrera. Estaban el local Michael Klim y el fantástico Aleksandr Popov; la tribuna se venía abajo, no cabía un alfiler; la gente no paraba de gritar, de aplaudir. Si bien no tuve una gran largada, hice un muy buen tiempo y me quedé afuera de la final por apenas once centésimas». En los siguientes años, el cordobés alcanzaría su pico de rendimiento: por un lado, al consagrarse en Moscú 2002 como campeón mundial de 50 metros libre —en piscina corta— con un registro de 21s36 que, entonces, significó un récord en torneos mundiales; y por otro, al lograr la medalla de oro panamericana en los Juegos celebrados en Santo Domingo 2003.

«Cada una de esas experiencias fue maravillosa. Tengo muchos momentos imborrables a lo largo de tantos años de competencia, pero me quedo con uno especial para el que tuve que esperar bastante porque, en mi afán de privilegiar la competencia y tener el descanso suficiente, debí resignarlo en mis primeros tres Juegos Olímpicos: el estar en la ceremonia inaugural con todos los deportistas, acompañando a la bandera argentina. Tardó pero lo pude hacer en Beijing y lo disfruté muchísimo.»

• Participó en natación en los Juegos de Atlanta 96, Sídney 2000, Atenas 2004 y

Beijing 2008.

• En 50 metros libre finalizó 23º en Atlanta, 21º en Sídney, 27º en Atenas y 35º en

Beijing. En 100 metros libre quedó 45º

en Atlanta, 10º en Sídney, 27º en Atenas

y 35º en Beijing.

• En Atlanta también compitió en 100

metros mariposa, donde terminó 38º, y en

Sídney formó parte de la posta combi-

nada de 4x100 metros, donde quedó en el

puesto 18º junto con Pablo Abal, Sergio Ferreyra y Eduardo Otero.

129

LIONEL MESSI No fue tarea sencilla conseguir que el Barcelona lo cediera. Con la prepotencia de la chequera, y a partir de un reglamento de la FIFA que daba lugar a la interpretación, el conjunto catalán puso todo tipo de trabas para evitar que Lionel Messi pudiera ser parte del equipo argentino en Beijing 2008. Sólo dos factores permitieron revertir la situación: el guiño de Joseph Blatter a Julio Grondona (por entonces, señores todopoderosos) y la propia presión de «La pulga» que ansiaba salir a la cancha y jugar con Agüero, Riquelme, Gago y Mascherano, destacados valores de lo que, en la previa, fue considerado como un Dream Team por la prensa internacional. Precisamente luego del debut con apretada victoria (2-1) ante Costa de Marfil, Leo se refirió al mentado favoritismo: «Tendremos que demostrar si somos candidatos; por lo pronto, arrancamos ganando y eso siempre es importante». Por cierto que, pese a los nombres rutilantes, el equipo no brillaba ni hacía grandes producciones, aunque avanzaba. Y a veces con susto, como ante Holanda en cuartos, donde recién pudo definirlo en el suplementario. Messi mostraba intermitencias en la cancha, y algo de mal humor cuando era abordado por la prensa argentina. Hasta que en semifinales se goleó a Brasil (3-0) con miles de chinos gritando por «Messí» (con acento en la í) mientras Agüero tenía su gran noche. La final con Nigeria fue pareja, deslucida, con pocas situaciones. Se inclinó para el lado argentino por una brillantez individual de Di María que dio cátedra de definición. Y punto. El 130

objetivo estaba conseguido y el crack rosarino, que en la Villa Olímpica tuvo su tiempo de encuentro con algunas Leonas y los muchachos del básquetbol, encontraba sosiego: «Tengo una alegría enorme; siempre es lindo ganar con la Selección pero mucho más cuando se logra con un grupo de amigos».

• Participó en fútbol en los Juegos de Beijing 2008. • Fue integrante del seleccionado argentino que obtuvo la medalla de oro. En la fase de grupos, el conjunto dirigido por Sergio Batista ganó sus tres encuentros: 2-1 a Costa de Marfil (Messi y Lautaro Acosta), 1-0 a Australia (Lavezzi) y 2-0 a Serbia (Lavezzi -p- y Buonanotte). En cuartos de final enfrentó a Holanda, donde empató 1-1 (Messi) y definió a favor con gol de Di María en el alargue. En semifinales goleó 3-0 a Brasil (Agüero -2- y Riquelme -p-) y en el choque decisivo derrotó 1-0 a Nigeria (Di María). El equipo de la final fue: Romero; Zabaleta, Garay, Pareja y Monzón; Gago, Mascherano y Riquelme; Messi, Agüero y Di María.

24º JUEGOS OLÍMPICOS SEÚL—1988 (17 de septiembre al 2 de octubre)

Países participantes: 159 Deportistas: 8391 Deportes: 23 Medallero Posición 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 35

País URSS Alem. Oriental EE. UU. Corea del Sur Alem. Occidental Hungría Bulgaria Rumania Francia Italia Argentina

Oros

Platas

Bronces

Total

55 37 36 10 11 11 10 7 6 6 -

31 35 31 11 14 6 12 11 4 4 1

46 30 27 33 15 6 13 6 6 4 1

132 102 94 94 40 23 35 24 16 14 2

Medallas argentinas PLATA: Tenis, single femenino: Gabriela Sabatini. BRONCE: Vóleibol masculino: Daniel Castellani, Hugo Conte, Waldo Kantor, Raúl Quiroga, Esteban Martínez, Jon Uriarte, Javier Weber, Juan Carlos Cuminetti, Esteban de Palma, Claudio Zulianello, Alejandro Diz y Daniel Colla. DT: Luis Muchaga.

131

MARCELO MILANESIO Los Juegos de Atlanta 96 dejaron mucho que desear en cuanto a organización y lejos estuvieron de generar el encanto que suelen entregar otras ediciones. Para peor, y en medio de la competición, una bomba colocada en el Centennial Olympic Park (transformado en una especie de Fan-Fest) ocasionó una muerte y más de un centenar de heridos. Muy cerca de ahí, y apenas dos jornadas antes del atentado, el básquetbol argentino, con un líder como Marcelo Milanesio, escribió una de sus páginas más brillantes al ganarle a Lituania –toda una potencia–, por primera vez. En su regreso al mundo olímpico tras cuarenta y cuatro años, el equipo nacional ya había sorprendido a los anfitriones (Barkley, Shaquille O’Neal, Malone, Reggie Miller, Pippen, entre otros) jugándole de igual a igual en un primer tiempo que estuvo a punto de convertirse en victoria. Y frente a los lituanos, con tremendos jugadores que ya habían alcanzado la gloria en tiempos de la Unión Soviética (Arvydas Sabonis, Rimas Kurtinaitis, Šarūnas Marčiulionis) redondeó un histórico triunfo por 65 a 61 en un encuentro en el que se lesionó de gravedad Marcelo Nicola (que había descollado hasta su salida) y en el que, luego de vaivenes en el marcador, se pudo definir en base a inteligencia y con el aporte fundamental de Espil y el propio Milanesio: “«Ese triunfo, y en general toda la experiencia olímpica, está entre los momentos de mayor disfrute que tuve en toda mi carrera”», cuenta el ex ícono de Atenas de Córdoba que, tras ese certamen, recibiría un honor muy especial: su camiseta número 9, usada en esos Juegos Olímpicos, ingresó junto con 132

las de otros nueves destacados valores mundiales, al Salón de la Fama de Springfield. “«Fue algo increíble, me parecía un sueño cuando me lo comentaron”», agrega. Argentina, luego, perdería con China y no podría cumplir con su objetivo de meterse en cuartos de final. Pero había mostrado su clase, y sembrado una semilla para lo que posteriormente iba a ser la “generación dorada”.

• Participó como integrante del seleccionado argentino de básquetbol en los Juegos de Atlanta 96. Argentina venció en la fase de grupos a Lituania (65-61) y a Angola (66-62), y cayó frente a Estados Unidos (96-68), China (87-77) y Croacia (90-75). Posteriormente superó a Corea del Sur (97-79) y a Puerto Rico (87-77) para terminar en el noveno lugar. El técnico fue Guillermo Vecchio y completaron el plantel: Juan Espil, Jorge Racca, Marcelo Nicola, Rubén Wolkowyski, Daniel Farabello, Esteban de la Fuente, Esteban Pérez, Diego Osella, Luis Villar, Ernesto Michel y Fabricio Oberto.

25º JUEGOS OLÍMPICOS BARCELONA 1992 (25 de julio al 9 de agosto)

Países participantes: 169 Deportistas: 9364 Deportes: 24

Medallero Posición 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 55

País Equipo unificado EE. UU. Alemania China Cuba España Corea del Sur Hungría Francia Australia Argentina

Oros

Platas

45 37 33 16 14 13 12 11 8 7 -

38 34 21 22 6 7 5 12 5 9 -

Bronces 29 37 28 16 11 2 12 7 16 11 1

Total 112 108 82 54 31 22 29 30 29 27 1

Medallas argentinas

BRONCE Tenis, doble masculino: Javier Frana y Christian Miniussi.

133

MARCOS MILINKOVIC Recuerdo que me lo presentó Carlos Getzelevich, en ese momento asistente técnico del coreano Young Wan Sohn en el seleccionado argentino. Era una «mole» de más de dos metros, rubio, potente, que andaba practicando remates en ese recinto donde se jugaba al vóleibol en los Panamericanos de la Habana 91. Tenía solo 19 años y esa era su primera experiencia grande, apenas dos años después de que se metiera de lleno en este deporte. «Es cierto, hasta los 16 o 17 años jugaba al básquetbol en Deportivo Ballester pero un día, en una travesura de chicos, rompimos un tablero, me suspendieron, me enojé y decidí cambiar de deporte.» A partir de entonces, Marcos Milinkovic empezó una carrera que lo tuvo en el alto nivel por más de veinte temporadas con grandes 134

actuaciones en ligas como la italiana y la brasileña, pero fundamentalmente con una fuerte identificación con el seleccionado argentino, con el que disputó tres Juegos Olímpicos y cuatro campeonatos mundiales. «Fue muy lindo lo que pasó con la Selección, tuvimos una gran relación con la gente que quedó de manifiesto, sobre todo, en los Panamericanos de Mar del Plata 95, donde fuimos campeones, y también en el Mundial de 2002, jugado en el Luna Park, pese a que al perder con Francia en los cuartos de final no pudimos darle más alegrías. Estábamos en un gran nivel, habíamos evitado a otras potencias y parecía allanado el camino a semifinales, pero perdimos. Fue una gran tristeza pese a que, en lo personal, me designaron mejor jugador del campeonato.»

Su debut olímpico fue en Atlanta 96, donde el equipo tuvo un andar irregular y cayó en cuartos de final ante Italia, para acabar en octavo lugar. Marcos recuerda un momento que ocurrió luego de la competencia: «Los Juegos terminaron un domingo y teníamos vuelo recién el miércoles. Nos quedamos en la Villa, casi solos, aburridos y sin nada que hacer. De golpe, en una recorrida, encontramos tres o cuatro cochecitos de los que se usan en el golf y empezamos a hacer carreras. Fue una tentación, todo muy divertido, hasta que nos paró la gente de seguridad». La chance más concreta para obtener una medalla la tuvo en Sídney 2000. «Nos tocó un grupo difícil, con los serbios, los rusos y los italianos, los tres seleccionados que, al final, se subieron al podio. Quedamos cuartos en la zona y cruzamos con nuestro clásico rival, Brasil, que venía de ganar todo. Jugamos un gran partido, inolvidable; fue 3-1 y nos metimos en semifinales. Lamentablemente después perdimos y nos volvimos con las manos vacías». En Atenas 2004, ya con 32 años y líder del seleccionado, volvió a estar en la instancia de cuartos de final pero, esta vez, sin éxito: fue derrota 3-1 ante Italia. «Nos quedamos con ganas de festejar, fue una pena. El único brindis, en realidad, lo

habíamos hecho unas noches atrás, cuando nos juntamos en una habitación, como solíamos hacer, con los chicos del básquetbol. Queríamos tomar algo más que mate, pero en la Villa no había nada de alcohol, ni una cerveza. Así que fuimos al supermercado, compramos un fernet y lo entramos en una botella de gaseosa. Nadie se dio cuenta y nos dimos un pequeño gustito.»

• Participó como integrante del seleccionado argentino de vóleibol en los Juegos de Atlanta 1996 (8º), Sídney 2000 (4º) y Atenas 2004 (5º). • En Atlanta, Argentina derrotó en su grupo a Brasil (3-1), Bulgaria (3-1) y Polonia (3-1), y fue vencido por Estados Unidos (3-0) y Cuba (3-0). Perdió en cuartos con Italia (3-1) y posteriormente con Brasil (3-1) y Bulgaria (3-2) en los choques por el quinto al octavo puesto. • En Sídney le ganó a Estados Unidos (3-1) y Corea del Sur (3-1), pero cayó ante Italia (3-0), Serbia y Montenegro (3-1) y Rusia (3-0). Venció en cuartos a Brasil (3-1) y perdió en semifinales con Rusia (3-1) y en el cruce por el bronce con Italia (3-0). • En Atenas venció en el grupo a Francia (3-0), Túnez (3-2) y Grecia (3-1) y cayó ante Serbia y Montenegro (3-1) y Polonia (3-2). Fue superado en cuartos por Italia (3-1). 135

FEDERICO MOLINARI La previa había sido como en esos grandes shows hollywoodenses. Las luces del estadio apagadas y el reflector destacando el ingreso al hermoso Arena O2 de esos ocho "mini-hércules" contemporáneos prestos para definir el título olímpico de las anillas. Y entre ellos, un argentino, como nunca antes había sucedido en una final olímpica de la gimnasia artística. Allí estaba Federico Molinari, el rosarino que a los 28 años iba cumpliendo un sueño, pero quería más: "«Llegué a Londres sabiendo que estaba en condiciones de pelear por algo importante. En la preliminar me tocó en la primera subdivisión y sufrí un poco porque con mi puntaje (15,333) creí que no me alcanzaba para ingresar en la final... pero por suerte se me dio, entrando en séptimo lugar"». Federico pesa 68 kilos y mide apenas 1.65 metros, pero su fuerza es tremenda. "«Forcé porque quise jugármela por una medalla, necesitaba impactar a los jueces y lo estaba logrando, pero tanto desgaste me jugó en contra cuando encaré el final y los hombros se me fueron para adelante al intentar afirmar los pies. Creo que con esa rutina, si no me hubiera caído, estaba para un puntaje que me habría permitido llegar al bronce"». No pudo ser, quedó octavo y sin medalla. Pero, a cambio, consiguió algo que, aún hoy, no se explica muy bien porqué sucedió: "«En cuanto abrí el télefono vi que mis seguidores en Twitter habían crecido de 3 mil a 20 mil, que no paraban de 136

llegar felicitaciones desde Argentina, que me esperaban periodistas para entrevistarme como nunca. Ahí me di cuenta que estaba cumplido mi otro objetivo, el de ver crecer a este hermoso deporte, el saber que había hecho algo para que sea un poco más conocido".» Hoy goza de la popularidad que le dio el ser parte de Stravaganza, o sus apariciones televisivas, pero es aboslutamente consciente de que ello es fruto de aquélla faena en Londres 2012. Tan contundente como su frase de cabecera, la que lo ayudó en momentos de complicadas lesiones; la que siempre recuerda cuando la dicha lo acompaña: "«Sólo el que aprende a no bajar los brazos está preparado para levantar una copa".»

• Participó en los Juegos de Londres 2012.

• Dentro de la gimnasia artística,

terminó octavo en la final de anillas,

mientras que ocupó el puesto 62 en

los ejercicios de suelo.

26º JUEGOS OLÍMPICOS ATLANTA 1996 (19 de julio al 4 de agosto)

Países participantes: 197 Deportistas: 10318 Deportes: 26 Medallero Posición 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 54

País

Oros

EE. UU. Rusia Alemania China Francia Italia Australia Cuba Ucrania Corea del Sur Argentina

44 26 20 16 15 13 9 9 9 7 -

Platas

Bronces

Total

32 21 18 22 7 10 9 8 2 15 2

25 16 27 12 15 12 23 8 12 5 1

101 63 65 50 37 35 41 25 23 27 3

Medallas argentinas PLATA: Yachting, clase Mistral (windsurf ): Carlos Espínola. Fútbol masculino: Carlos Bossio, Pablo Cavallero, Javier Zanetti, Roberto Ayala, Pablo Paz, José Chamot, Roberto Sensini, Mauricio Pineda, Christian Bassedas, Matías Almeyda, Diego Simeone, Marcelo Gallardo, Hugo Morales, Ariel Ortega, Gustavo López, Claudio López, Hernán Crespo y Marcelo Delgado. DT: Daniel Passarella. BRONCE: Boxeo, peso pluma: Pablo Chacón.

137

CARLOS MORATORIO «Les solicito tengan la amabilidad de usar el plural. El éxito no es sólo mío, somos dos los que competimos, más allá del equipo de colaboradores que tenemos». Así se refería, en rueda de prensa, recién llegado al país luego de su extraordinaria actuación en Gran Bretaña, el jinete Carlos Moratorio, quizás el más notable exponente de la equitación en toda nuestra historia. El "socio", el "otro" al que pedía que no 138

se dejara de lado era Chalán, su inseparable compañero por esos años, un alazán que había ganado en un concurso hípico realizado en 1958 en el Ejército. Era 1966 y ese correntino, pura pasión y fibra a la hora de montar, venía de conseguir en Burghley nada menos que el título mundial de equitación en el concurso completo, o prueba de tres días. Un logro por demás significativo, entre 39 com-

petidores, que a fin de año le reportaría, además, ser considerado el mejor deportista de nuestro país y recibir el Olimpia de oro. Moratorio, que por entonces era Capitán de Caballería, había egresado del Colegio Militar en 1951 como subteniente y, por sus magníficas cualidades, que destacaban claramente, fue destinado a la Escuela Militar de Equitación, donde depuraría su fino estilo. Sus reiterados triunfos en el orden local lo proyectaron al plano internacional. Allí, paulatinamente, iría cosechando victorias y reconocimientos. En los Juegos Panamericanos de Chicago 59 resultó quinto y, ya en los de San Pablo 1963, se subió al tercer escalón del podio. En el plano olímpico, tuvo un opaco debut en Roma 60 («Sirvió de aprendizaje», diría tiempo después), pero mostró toda su jerarquía en Tokio 64, donde obtendría la medalla de plata, en dupla con Chalán, claro. Esa medalla, la única que consiguió la delegación argentina en su incursión a tierra japonesa, implicó que cuatro años más tarde, en México 68, Moratorio tuviera el honor de portar la bandera nacional en la que sería su despedida olímpica.

• Participó en equitación en los Juegos de Roma 1960, Tokio 1964 y México 1968. • En Tokio, en el concurso completo (o prueba de los tres días) se adjudicó la medalla de plata montando a “Chalán”. Además finalizó 6º en la competencia por equipos junto a Elvio Flores, Juan Carlos Gesualdi y Julio Henri. • En Roma, con Mesonero, debió abandonar la competencia, mientras que, en México, con Hijo Manso, se ubicó 34º en el certamen individual, aunque no pudo terminar, junto a sus compañeros, la prueba por equipos.

139

JUAN NELSON Cuando el 28 de agosto de 2004 el deporte argentino obtuvo sendas conquistas en los Juegos Olímpicos de Atenas, en fútbol y básquetbol, no solamente cortaba una sequía en cuanto a medallas de oro después de 52 años, sino que además se volvía a triunfar en un deporte de conjunto., Este hecho no ocurría desde que el polo se quedara con el título en los certámenes de París 1924 y Berlín 1936, logros que tuvieron un nombre en común:, el de Juan Nelson, “«Jack»”, para los amigos. El polo estuvo presente en el programa olímpico únicamente en cinco oportunidades, la primera de ellas en los Juegos de París 1900. 140

Ausente en St. Louis 1904 (por lo que representaba para los europeos trasladar la caballeriza hasta los Estados Unidos), volvió en Londres 1908 y, posteriormente, en Amberes 1920. Las últimas dos participaciones fueron las que generaron dos valorados oros para el deporte nacional. Todo comenzó en la previa de París 1924, cuando a partir del decreto del por entonces presidente de la Nación, Marcelo T. de Alvear, al conformarse la delegación nacional, se pensó que el polo podría disputar un lugar de preponderancia dada una exitosa gira que en 1922 se había realizado por la Gran Bretaña y

los Estados Unidos. Fue así que se designó un equipo integrado por Juan Carlos Miles, Enrique Padilla, Arturo Kenny y un estanciero por herencia de su familia británica, “«Jack»” Nelson, back y referente del equipo argentino y, quien, además, marcaría el gol definitorio en el partido clave, ante los Estados Unidos. El certamen fue un pentagonal, en el sistema de todos contra todos, entre Francia, España, Gran Bretaña, Estados Unidos (que arribaba como favorito con sus 26 goles de hándicap y su “«estrella»”, Tommy Hitchcock) y la Argentina, que reunía 25 goles y que había llevado a París una escudería de 35 caballos que fueron elogiados y admirados por las otras delegaciones. Luego de ganarle a España por 16-2 en su debut, la Argentina enfrentaría a Estados Unidos en lo que muchos especulaban, acertadamente, con definir al pleito como “«una final adelantada»”. El partido fue sumamente equilbrado: ingresaron empatados en cinco al

último chukker, paridad que se mantuvo hasta segundos antes del final, cuando la jerarquía de Nelson decretaría el 6-5 final. “«Fui esa mañana a la Catedral de Notre Dame a rogar por un triunfo, y parece que se me escuchó»”, comentaría, más tarde, emocionado y agradecido, quien entre 1926 y 1928 iba a presidir la Asociación Argentina de Polo. Nelson, que en su juventud también había logrado destacarse en disciplinas individuales como el remo, el golf y el tenis, ya con 45 años también estuvo presente en los Juegos Olímpicos de Berlín 1936. Lo hizo como Jefe de equipo y sintió nuevamente la satisfacción del triunfo en un torneo donde solo se necesitó de dos victorias (15-5 a México y 11-0 a Gran Bretaña) para llegar al oro.

•Participó en los Juegos de París 1924. •Fue integrante del equipo de polo que ganó la medalla de oro junto cona Juan Carlos Miles, Enrique Padilla y Arturo Kenny. Argentina ganó invicta el torneo pentagonal, pues derrotó, sucesivamente, a España (16-2), Estados Unidos (6-5), Gran Bretaña (9-5) y Francia (15-2).

141

LUIS ALBERTO NICOLAO A los siete años le tenía miedo al agua, a los nueve aceptó meterse en una pileta y a los once ganó su primera carrera. Después, todo en un devenir muy vertiginoso, se consagró campeón sudamericano en Cali, a los catorce, y Roma 60 lo encontró en su primer Juego Olímpico con dieciséis años recién cumplidos. A los diecisiete batió dos veces el récord mundial de los 100 metros mariposa y a los veinticuatro, decepcionado por un acto negligente de la dirigencia deportiva, abandonó todo. Luego de vivir años en Estados Unidos (donde se graduó en Ciencias Políticas en Stanford, la universidad que lo había becado cuando descubrió su talento en Tokio 64), Luis Alberto Nicolao, el mejor nadador argentino de todos los tiempos, regresó en los 80 a la Argentina. Una tarde, trabajando en Radio Continental, me acerqué 142

con mi grabador hasta su gimnasio, que estaba a pocos metros, en Rivadavia al 500. Había dos grandes cuestiones para hablar, una buena y una mala. Empecé por la buena, queriendo saber cómo había sido la historia del récord mundial: «Después de Roma fui mejorando bastante y muchos empezaron a mirarme, fundamentalmente, cuando en 1961 (año en el que gané el Olimpia de Oro) me convertí en el primer sudamericano en bajar el minuto en 100 metros mariposa y en quedar tercero en el ranking mundial. Un día, João Havelange —que era el presidente de la Confederación Brasileña del Deporte— se acercó y me propuso que fuera a Brasil a intentar batir el récord mundial. Bueno, fui y lo logré». Todo transcurrió en Río de Janeiro, en la pileta del Club Guanabara. El 24 de abril de 1962, Nico-

lao clavó los relojes en 58”4/10, logrando el récord del mundo pero quedándose con sensación de más: tres días después volvió a intentarlo y dejó la nueva plusmarca mundial en 57”. Ya era figura reconocida, por eso no asombró cuando lo tentaron de Estados Unidos para que fuera a estudiar, a mejorar su técnica, a representar al famoso Club Santa Clara y a empezar a entrenar «jóvenes promesas», entre ellas, un tal Mark Spitz. Entre 1963 y 1967 ganó los campeonatos nacionales de Estados Unidos y llamaba la atención con su doble patada de onda (o delfín), quizás la última innovación en el estilo mariposa, que es el más moderno de la natación y que recién fue incluido en el programa olímpico en Melbourne 56, aunque en la distancia de los 200 metros. Recién para México 68 se incorporaron los 100 metros. Era hora de hablar de «la mala»… «Me cuesta encarar el tema, me sigue indignando; pensar que había tomado todos los recaudos previos, llegando a México cuatro meses antes de los Juegos para adaptarme a la altura y poder pelear por una medalla. La cuestión es que después de ganar con comodidad mi serie, el día de la semifinal llegué a la pileta cuando mi carrera había empezado y me desclasificaron. ¿Qué pasó? Ese día se corría el maratón y, pese a que salí de la Villa con cuatro horas y media de anticipación —como hacía siempre—, el micro estuvo demorado en un embotellamiento infernal. El tema es que los dirigentes argentinos

estaban avisados del tema y no me dijeron nada. Desde entonces, no competí más». No pudo subirse al podio olímpico, pero su grandeza deportiva dejó bien en alto, y para siempre, el apellido Nicolao.

• Participó en natación en los Juegos de Roma 60, Tokio 64 y México 68. • En México terminó 7º en los 100 metros libre y no pudo competir en las semifinales de los 100 metros mariposa (donde era uno de los favoritos) al ser desclasificado por llegar tarde. • En Roma y en Tokio llegó a la segunda ronda en 200 metros mariposa y no pasó la ronda inicial en 100 metros libre.

143

PAULA PARETO Hoy goza de prestigio y reconocimiento. Con un título de campeona mundial en su haber, una medalla olímpica e innumerables podios en torneos argentinos, sudamericanos, panamericanos y copas del mundo, ya nadie duda de que, tras la imagen frágil de una niña de un metro y medio de altura y 48 kilos, se esconde una gigante del deporte. Pero, así como lucha arriba del tatami, Paula Pareto debió luchar abajo para poder convertirse en una gran campeona, como soñaba en sus inicios, allá por los 9 años, una vez que se decidió por el judo luego de probar con la natación y la gimnasia. «No fue fácil. Mi primera salida al exterior fue al Panamericano de Puerto Rico 2005 y pude ir —acompañada de mi mamá, Mirta— gracias al reintegro de un seguro que la familia había cobrado por un auto robado. De ese viaje recuerdo que, después de superar las eliminatorias de la mañana, salí a caminar un rato con mamá hasta que tuve que volver a prepararme para las finales. Le dije que aprovechara a tomar sol hasta la hora en que yo entrara en acción, pero resultó que, una vez en el estadio, nos cambiaron los horarios y se adelantó todo. La cuestión es que yo luché, gané y ella, que estaba leyendo un libro afuera, se enteró, porque un señor le comentó que venía de ver a una chiquita rubia de Argentina que luchaba muy bien. Entonces entró y recién ahí pudimos abrazarnos». Desde entonces, su carrera fue en ascenso: 144

obtuvo una medalla de plata en los Odesur 2006 y el 2007 la encontró dos veces en Brasil, donde logró el bronce en los Panamericanos de Río y quedó quinta en el campeonato mundial que le dio el boleto a Beijing 2008, casi un trampolín al éxito y a la fama. «Llegar a los Olímpicos significó una felicidad total. Pero, claro, cuando una está ahí, quiere más y yo no me conformaba sólo con participar. Entré bien en competencia, le gané por “ippon” a una australiana (Tiffani Day) y, después, perdí en una lucha muy cerrada con la japonesa Ryoko Tani, una leyenda del judo, por lo que tuve que ir al repechaje». Hacía mucho calor aquella tarde en el gimnasio de la Universidad de Ciencia y Técnica de Beijing. Con algún colega y un grupo de dirigentes argentinos, vimos la remontada de Paulita con dos victorias seguidas que la ubicaron, a tiro de medalla, en la final por el bronce. Su rival fue la norcoreana Ok Song Pak y la definición, increíble: «Ella me sacó ventajas al principio y, entonces, intenté atacarla por todos lados, pero estaba bien parada. Yo miraba el reloj y me decía por dentro: “Vamos, vamos, que falta”, hasta que, unos doce segundos antes del final, ella tiró un lance y, con mi contra, la hice caer en el tatami. Lo insólito fue que los jueces le dieron el puntaje a la coreana, por lo que hubo que discutir y, después de una revisión por la tele, fallaron a mi favor. Fue un momento único saber que le estaba dando una medalla a mi país».

En la vida de la «Peque» se puede encontrar otros momentos únicos, como su gesto de fair play alzando a la cubana que la derrotó en la final panamericana de Toronto, o su coronación como campeona mundial en Kazajistán, o el día en que se recibió de médica. Pareto, un modelo para imitar en el deporte argentino. • Participó en judo en los Juegos de Beijing 2008 y Londres 2012. • En Beijing, en la categoría de hasta 48 kilos, obtuvo la medalla de bronce. Comenzó con una victoria frente a Tiffani Day (Australia) y, luego, cayó ante Ryoko Tani (Japón). Así, abordó el repechaje, donde, sucesivamente, venció a Shu Wen Wu (China), Eva Csernoviczki (Hungría) y Ok Song Pak (Corea del Norte). • En Londres, finalizó en el quinto lugar. 145

PASCUAL PÉREZ A medida que pasa el tiempo, aquella pequeña figura de escasos 1.50 metros y 49 kilos se agiganta cada día más. Fue bravo, corajudo, con una gran fortaleza física que se le adjudica al duro trabajo que, desde pequeño, tuvo que realizar en la finca viñatera que su padre tenía en Mendoza. Allí, Pascual Pérez, que ni en sus mejores sueños podía imaginar que en un futuro se iba a convertir en el primer —y hasta aquí único— campeón olímpico y mundial del boxeo argentino, era un peón rural más, labrando la tierra cada día. Cuando tenía 14 años y pasaba sus ratos libres en el Club Deportivo Rodeo de la Cruz, adonde lo habían enviado para que aprendiera a tocar la guitarra (su favorito era «Puentecito de mi río», el vals de Antonio Tormo), fue tentado por un amigo para «practicar guantes». Pronto se entusiasmó y, más aún, quienes a simple vista notaron estar frente a un muchacho muy veloz y con dinamita en ambos puños. Su presentación fue en 1944 y desde ahí, pasito a pasito, hizo todo un camino ascendente: fue campeón novicio, mendocino, argentino, rioplatense y latinoamericano. Por eso no asombró que en el selectivo que tuvo lugar en el Luna Park consiguiera su plaza, en la mínima categoría, para representar al país 146

en los Juegos Olímpicos. En Londres desplegó sus dotes de buen tiempista dentro de un estilo clásico, con mucha ortodoxia, y no tuvo dificultades para ir superando a cada uno de sus oponentes hasta llegar al oro. Después, y tras un intento fallido para volver a ser olímpico en Helsinki 52, «Pascualito» ingresó al profesionalismo y se consagró campeón mundial ante el japonés Yoshio Shirai, con nueve defensas exitosas que lo erigieron en uno de nuestros máximos exponentes en el universo del pugilismo.

• Participó en boxeo en los Juegos de Londres 48. • En la categoría mosca obtuvo la medalla de oro tras ganarle, sucesivamente, a Ricardo Adolfo (Filipinas), Des Williams (Sudáfrica), Alex Bollaert (Bélgica), Frantisek Majdloch (Checoslovaquia) y Spartaco Bandinelli (Italia).

27º JUEGOS OLÍMPICOS SÍDNEY 2000 (15 de septiembre al 1º de octubre)

Países participantes: 199 Deportistas: 10651 Deportes: 28 Medallero Posición 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 57

País

Oros

EE. UU. Rusia China Australia Alemania Francia Italia Holanda Cuba G. Bretaña Argentina

36 32 28 16 13 13 13 12 11 11 -

Platas

Bronces

Total

24 28 16 25 17 14 8 9 11 10 2

31 28 15 17 26 11 13 4 7 7 2

91 88 59 58 56 38 34 25 29 28 4

Medallas argentinas PLATA: Yachting, clase Mistral (windsurf ): Carlos Espínola. Hockey femenino: Mariela Antoniska, Paola Vukojicic, María Paz Ferrari, Magdalena Aicega, Cecilia Rognoni, Inés Arrondo, Jorgelina Rimoldi, Anabel Gambero, Luciana Aymar, Soledad García, Vanina Oneto, Karina Masotta, Mercedes Margalot, Ayelén Stepnik, María de la Paz Hernández y Laura Maiztegui. DT: Sergio Vigil. BRONCE: Yachting, clase Europa: Serena Amato. Yachting, clase 470: Javier Conte y Juan de la Fuente.

147

ROBERTO PERFUMO Con apenas 21 años, había sido convocado por el maestro Ernesto Duchini para vestir la camiseta de la selección nacional en un desafío por demás interesante, la cita olímpica que se iba a realizar en el lejano Oriente, tratando de revertir la floja imagen que había dejado el fútbol argentino en Roma 1960. Claro que, para llegar a Tokio, había una “escala futbolística” que era el Preolímpico de Perú; un certamen que tuvo un triste episodio final conocido como “la masacre de Lima”. Perfumo, quien lamentablemente falleció días antes de la entrada en prensa de este libro, lo recordaba así: “Ese día fue increíble, creí que nos mataban a todos. Nosotros, que ya estábamos clasificados, le ganábamos 1-0 a Perú que, casi en el final, nos empata logrando también su objetivo, pero el árbitro anuló el gol. Ahí empezó el caos, gente que entró al campo de juego con botellas de vidrio, piedras que caían desde las tribunas, los gases que tiraba la policía…y las puertas del estadio cerradas. Nosotros quisimos escapar a los vestuarios, pero no pudimos; encontramos refugio en un baño donde veíamos sacar a los pibes muertos. En total murieron más de 300 personas”. Superado ese trance, el equipo arribó a tierra japonesa con muchos nombres que, años después, tomarían vuelo propio: Cejas, Sconfianza, Bertolotti, Mori, Tojo, Manfredi, Bulla…y Perfumo. “Nos tocó un grupo con Japón y Ghana y se clasificaban dos de tres; pensábamos que sería un trámite, pero quedamos afuera”, solía contar Perfumo que tenía bien presente aquellos dos partidos: “Primero empatamos con Ghana 1-1, ellos eran negros muy altos que presentaban la curiosidad de que gritaban en medio del juego…No sé si venían de una tribu o qué”. Dos días después llegaría el choque con los japoneses en una cancha donde había mucha gente pero que no entendía demasiado el juego 148

que recién estaba empezando a desarrollarse. Argentina estuvo dos veces en ventaja, 1-0 y 2-1, pero finalmente perdió 3-2 por el desequilibrio que, a puro desborde, generó un wing, bastante chuequito y cabezón, llamado Yamamoto a quien Perfumo le dedicó un párrafo en su libro “Jugar al fútbol”: “De los Juegos Olímpicos de Tokio me quedó una anécdota. El fútbol en Japón se jugaba sólo en las escuelas y eran horribles, pero tenían un puntero zurdo que se llamaba Yamamoto y que nos dio un baile tremendo a todos. Cuando salíamos de los vestuarios nos cruzamos con los jugadores japoneses, los miramos y no lo podíamos creer…En eso pasa uno con anteojos, los cristales eran como culo de botella. Cejas me dice: ‘Mirá lo que habremos sido nosotros que uno de ellos es ciego’. Y yo le digo ‘¿Podés creer que ese tipo de anteojos es Yamamoto?’. Increíble”. Pasado el tiempo, a la distancia, y aun teniendo en cuenta el doloroso momento que le tocó vivir cuando con el seleccionado mayor perdió la clasificación al Mundial México ’70 tras empatar con Perú en cancha de Boca, Roberto Perfumo no tenía dudas en catalogar su paso por los Juegos Olímpicos como “la peor derrota de mi historia”.

• Integró el seleccionado argentino de fútbol que participó en Tokio 64. Argentina empató 1-1 con Ghana y cayó 3-2 con Japón, quedando tercera en el Grupo “D”, siendo eliminada. Ghana, que terminó primero, perdió en cuartos de final 5-1 con República Árabe Unida y Japón cayó 4-0 con Checoslovaquia. El campeón fue Hungría.

28º JUEGOS OLÍMPICOS ATENAS 2004 (13 al 29 de agosto)

Países participantes: 201 Deportistas: 10625 Deportes: 28 Medallero Posición 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 38

País

Oros

EE. UU. China Rusia Australia Japón Alemania Francia Italia Corea del Sur G. Bretaña Argentina

36 32 27 17 16 13 11 10 9 9 2

Platas

Bronces

Total

39 17 27 16 9 16 9 11 12 9 -

26 14 38 16 12 20 13 11 9 12 4

101 63 92 49 37 49 33 32 30 30 6

Medallas argentinas ORO:

Fútbol masculino: Germán Lux, Wilfredo Caballero, Clemente Rodríguez, Roberto Ayala, Gabriel Heinze, Fabricio Coloccini, Nicolás Burdisso, Nicolás Medina, Cristian González, Javier Mascherano, Luis González, Andrés D’Alessandro, Mariano González, César Delgado, Carlos Tevez, Mauro Rosales, Luciano Figueroa y Javier Saviola. DT: Marcelo Bielsa. Básquetbol masculino: Juan Ignacio Sánchez, Emanuel Ginóbili, Luis Scola, Andrés Nocioni, Rubén Wolkowyski, Alejandro Montecchia, Gabriel Fernández, Hugo Sconochini, Fabricio Oberto, Carlos Delfino, Walter Herrmann y Leonardo Gutiérrez. DT: Rubén Magnano.

BRONCE:

Natación, 400 medley (estilos): Georgina Bardach. Tenis, doble femenino: Paola Suárez y Patricia Tarabini. Yachting, clase Tornado: Carlos Espínola y Santiago Lange. Hockey femenino: Mariela Antoniska, Paola Vukojicic, Claudia Burkart, Magdalena Aicega, Cecilia Rognoni, Inés Arrondo, Mariana González Oliva, Alejandra Gulla, Luciana Aymar, Soledad García, Vanina Oneto, Mariné Russo, Mercedes Margalot, Ayelén Stepnik, María de la Paz Hernández y Marina Di Giacomo. DT: Sergio Vigil. 149

ROMINA PLATAROTI Recordarla deambulando por la Villa en los Juegos de Barcelona 92 implica traer a la memoria imágenes de una niña tímida, pero de sonrisa generosa, que respondía al apodo de Cachete y que se mostraba ansiosa por exponer en la competencia todo el talento que poseía en un diminuto envase de 1,44 metros y 41 kilos. Romina Plataroti había logrado una histórica clasificación el año anterior en el Campeonato Mundial de gimnasia artística de Indianápolis, que ofició de torneo preolímpico: «Yo tenía apenas 14 años y recuerdo que terminada mi última rotación, en el aparato salto, se me ocurrió mirar el tablero electrónico y así me enteré que había logrado el objetivo. Fue un momento muy emotivo», recuerda quien 150

hoy se vincula al deporte desde su lugar de psicóloga. De aquel Mundial guarda una anécdota que cuenta con gracia: «Estábamos con una compañera en la inauguración, a la espera de que comience el desfile, y vemos pasar a una mujer con un vestido dorado, muy amplio. Nos miramos y dijimos: "Qué extravagante, ¿qué se puso?" Al rato descubrimos que esa mujer era ni más ni menos que Nadia Comaneci, nuestra gran referente pero a quien veíamos por primera vez y era muy diferente a las fotos que teníamos de ella de Montreal 76. A partir de ese momento, el vestido nos encantó». Antes de los Juegos, compitió en el Iberoamericano de Málaga y, luego, fue con el equipo a Madrid a terminar la preparación. De ahí, a Barcelona:

«Con apenas 15 años, todo me llamaba la atención en la Villa. Las diferentes comidas, los trajes atípicos de otras delegaciones, descubrir una peluquería allí adentro, ver cómo grandes figuras del deporte jugaban al Nintendo (¡Qué antigüedad!), igual que yo.» De su actuación, que sentó un buen precedente para las chicas que vendrían más adelante, no reniega, aunque sabe que tampoco tuvo su mejor desempeño. Quizás haya influido un accidente que sufrió el primer día de entrenamiento en tierra catalana: «Haciendo paralelas, me resbalé del barrote de arriba y aterricé en el colchón con la cara. Me raspé toda, parecía que tenía varicela. Y encima fue el día que nos tomaron la foto para la credencial. La gente que me veía no sabía si me

había agarrado un sarpullido o qué me estaba pasando.» Igualmente compitió, claro, poniendo en manifiesto en cada movimiento su delicado estilo, su capacidad gimnástica y una notable fortaleza mental que, desde bien pequeña, le había reportado grandes resultados: su medalla de bronce en el concurso general de los Juegos Panamericanos de La Habana 91, su medalla de oro en suelo y de bronce en viga en el Iberoamericano de Curitiba 91, o los dos oros que supo cosechar en la Copa Panamericana de México 89. Estaba allí, en medio de las mejores de la época (Lavinia Milosovici, Shanon Miller, Henrietta Onodi, la veterana Svetlana Boginskaya), sorprendida cuando a alguna colega le ponían un 10 después de una gran rutina: «Eso sólo lo había visto en las películas de Montreal, con Comaneci, pero verlo ahí, en vivo, me emocionaba». La pequeña que había comenzado en la actividad a los seis años y que tuvo la satisfacción de que la Federación Internacional de Gimnasia registrara un ejercicio con su nombre, por ser la creadora del mismo y la primera en realizarlo, había cumplido su sueño de ser olímpica. Aunque haya sido con ropa grande: «Ja, ja, es cierto... Me dieron todo talle XL, de un basquetbolista. Estaba disfrazada, pero orgullosa de llevar la bandera argentina».

• Participó en gimnasia artística en los Juegos de Barcelona 92.

• Sus resultados, entre 92

participantes, fueron los siguientes:

concurso general individual, 59º; salto, 47º; viga, 50º y, en suelo, 63º.

151

ANTONIO POCOVÍ El atletismo argentino estuvo representado en los Juegos de 1948 por notables exponentes, como Delfo Cabrera y Noemí Simonetto, ganadores de medalla de oro y plata respectivamente, pero también por otros importantes hombres que dejaron su huella en el orden nacional y sudamericano. Como Antonio Pocoví, un mediofondista que en Londres no tuvo su mejor producción pero que, con el tiempo, ganaría enorme prestigio dentro y fuera del mundo del deporte. Santafesino, oriundo de Laguna Paiva, Pocoví comenzó a incursionar en el atletismo en los torneos intercolegiales, acentuando su actividad en tiempos de universitario, en Córdoba, donde primero se recibió de geólogo y posteriormente, de Doctor en Ciencias Naturales. Fue un buen velocista, intentó con el fondo, pero donde mejores resultados cosechó fue en 400 y 800 metros, distancias en las cuales, durante la década del ’40, se consagró campeón argentino en más de una oportunidad. Además, obtuvo un par de subcampeonatos sudamericanos. En Londres, no pudo pasar de la ronda inicial en los 400 metros llanos: salió tercero en su serie, con 50,7 segundos. Pero su aporte más significativo en torno a la pista y el campo estuvo en la docencia, en su rol de maestro formador en lugares tan disímiles como Colombia (donde se lo reconoce como un gran impulsor del atletismo) o la ciudad de Comodoro Rivadavia, sitios en los que pasó 152

algunas temporadas por su actividad profesional. Allí, en Chubut, y como trabajador de YPF, centró su mira en temas vinculados con la soberanía nacional en los territorios del sur, sus recursos naturales, la talasopolítica y la explotación petrolera. A los Juegos Olímpicos volvería en México 68 como entrenador del equipo nacional. Fue en ese marco en el que un periodista local, conocedor de su currículum, le preguntó a Pocoví cómo era que combinaba ambas actividades: «El tema es no equivocarse, hay que correr en la pista y pensar en el escritorio», fue su respuesta.

• Participó en atletismo en los Juegos de Londres 1948. • Fue tercero en su serie de los 400 metros llanos con 50,7 segundos e integró la posta de 4 x 400 metros junto a Hermenegildo Alberti, Guillermo Evans y Guillermo Ávalos (terceros en su serie con 3’21”2).

29º JUEGOS OLÍMPICOS BEIJING 2008 (8 al 24 de agosto)

Países participantes: 204 Deportistas: 10942 Deportes: 28 Medallero Posición 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 35

País China EE. UU. Rusia G. Bretaña Alemania Australia Corea del Sur Japón Italia Francia Argentina

Oros 51 36 23 19 16 14 13 9 8 7 2

Platas 21 38 21 13 10 15 10 6 9 16 -

Bronces 28 36 29 15 15 17 8 10 10 18 4

Total 100 110 73 47 41 16 31 25 27 41 6

Medallas argentinas ORO:

Fútbol masculino: Oscar Ustari, Sergio Romero, Pablo Zabaleta, Ezequiel Garay, Nicolás Pareja, Federico Fazio, Luciano Monzón, Ever Banega, Fernando Gago, Javier Mascherano, Juan Román Riquelme, José Sosa, Lionel Messi, Ángel Di María, Sergio Agüero, Ezequiel Lavezzi, Diego Buonanotte y Lautaro Acosta. DT: Sergio Batista. Ciclismo, prueba Madison (Americana): Juan Curuchet y Walter Pérez.

BRONCE:

Judo, hasta 48 kilos: Paula Pareto. Yachting, clase Tornado: Carlos Espínola y Santiago Lange. Hockey femenino: Paola Vukojicic, Belén Succi, Claudia Burkart, Magdalena Aicega, Mariana Rossi, Noel Barrionuevo, Mariana González Oliva, Alejandra Gulla, Luciana Aymar, Soledad García, Carla Rebecchi, Mariné Russo, Mercedes Margalot, Rosario Luchetti, María de la Paz Hernández y Giselle Kañevsky. DT: Gabriel Minadeo. Básquetbol masculino: Pablo Prigioni, Antonio Porta, Emanuel Ginóbili, Carlos Delfino, Paolo Quinteros, Federico Kammerichs, Andrés Nocioni, Fabricio Oberto, Leonardo Gutiérrez, Luis Scola, Juan Gutiérrez y Román González. DT: Sergio Hernández. 153

PEDRO QUARTUCCI En la larga historia del olimpismo existen decenas de nombres de muy buenos exponentes que, una vez retirados de la actividad deportiva, se destacaron en el mundo artístico. En la Argentina, donde también tenemos algunos ejemplos (ver Humberto Selvetti y Fernando Lúpiz), el caso más notorio es el de un actor que, para más de una generación, fue, simplemente “el papá de La familia Falcón”. Su nombre: Pedro Quartucci, un porteño de ley criado en un ambiente circense —en el que trabajaban sus padres, artistas—, y que de muy pequeño se inmiscuyó en el mundo artístico y se codeó con figuras como Carlos Gardel, que era amigo de su padre. A sus 18 años y con una escasa preparación, «Pedrito» se enteró de que la Argentina iba a concurrir a los Juegos de Paris ’24 y que, en consecuencia, se desarrollaría un torneo selectivo para elegir a nuestros representantes. Lo cierto es que en ese clasificatorio, en la categoría pluma, Quartucci derrotó sin inconvenientes a sus primeros tres adversarios y sorprendió a “la cátedra” cuando, en el combate final, superó al platense Julio Mocoroa, fino estilista que en ese momento ostentaba el título de campeón latinoamericano de la categoría. De allí a Francia, sin escalas, para escribir una de las primeras páginas gloriosas de nuestro deporte olímpico al cosechar la medalla de bronce… Le ganó sucesivamente a Henri Stuckmann (Francia), Arthur Beavis (G. Bretaña) y Marcel Depont (Francia) antes de caer, en una definición polémica, ante el norteamerica154

no Jack Fields, un adolescente de 16 años que se quedaría con el Oro y que, aún hoy, figura en los registros como el más joven de los campeones olímpicos de boxeo. Esa derrota no hizo en mella en el argentino, quien, recuperado en lo anímico –pese al cansancio por los combates acumulados–, pudo superar al belga Jean Devergnies para quedarse con un lugar en el podio. Luego, inexorablemente, lo ganó la actuación, área en la que desarrolló una exitosa carrera. Con todo, su lugar en la historia deportiva ya estaba ganado.

• Participó en los Juegos Olímpicos de París 1924 en boxeo, categoría pluma.

• Obtuvo la medalla de bronce. Ganó sus primeros tres combates

(Henri Stuckmann, de Francia; Arthur Beavis, de G. Bretaña;

y Marcel Depont, de Francia), cayó en

semifinales ante Jack Fields (Estados

Unidos) y derrotó en el combate por el tercer puesto a Jean Devergnies, de Bélgica.

30º JUEGOS OLÍMPICOS LONDRES—2012 (27 de julio al 12 de agosto)

Países participantes: 204 Deportistas: 10568 Deportes: 26 Medallero Posición 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 42

País EE. UU. China G. Bretaña Rusia Corea del Sur Alemania Francia Italia Hungría Australia Argentina

Oros 46 38 29 24 13 11 11 8 8 7 1

Platas 29 27 17 26 8 19 11 9 4 16 1

Bronces 29 23 19 32 7 14 12 11 6 12 2

Total 104 88 65 82 28 44 34 28 18 35 4

Medallas argentinas

ORO: Taekwondo, hasta 80 kilos: Sebastián Crismanich. PLATA: Hockey femenino: Laura Del Colle, Florencia Mutio, Noel Barrionuevo, Silvina D’Elía, Florencia Habif, Macarena Rodríguez, Sofía Maccari, Rocío Sánchez Moccia, Mariela Scarone, Luciana Aymar, Daniela Sruoga, Josefina Sruoga, Rosario Luchetti, Carla Rebecchi, Delfina Merino y Martina Cavallero. DT: Carlos Retegui. BRONCE: Tenis, single masculino: Juan Martín del Potro. Yachting, clase 470: Lucas Calabrese y Juan de la Fuente. 155

CARLOS RETEGUI Con decir «El Chapa», alcanza. Nadie en el ambiente del hockey preguntaría a quién nos estamos refiriendo. Se lo conoce, se lo reconoce. También se lo discute. Apasionado, hombre de fuertes convicciones, ocupa un lugar destacado en la historia reciente de este deporte, de fuerte crecimiento en nuestro país. Se llama Carlos José Retegui, aunque bien pudo haber tenido otro nombre. «Mi papá me quería poner Cassius Nicolino… Su gran ídolo era Clay y también amaba a grandes como Locche y Monzón, pero mi mamá lo sacó corriendo. De tanto hablarme de Clay, yo crecí admirándolo y, por eso, lo que pasó en Atlanta fue único, increíble, inolvidable.» En Atlanta 96, «El Chapa» tuvo su primera participación olímpica. Defensor de San Fernando, que el año anterior había logrado el oro pana156

mericano con compañeros como Minadeo, Caldas, Querejeta, Pailós y Lombi, cuenta aquella experiencia luego del debut, 1 a 0 frente a India…«Volvíamos a la Villa y, antes de ir a la habitación, decidí pasar por el comedor para llevarme alguna bebida. Estaba con Rodolfo Schmidt (arquero del equipo) y llevaba mi filmadora VHS… Al entrar vi un tumulto, me acerqué y estaba Cassius Clay, que había encendido el pebetero en la inauguración, ahí sentado, con su párkinson a cuestas… A mí me temblaban las piernas. Esperé, me senté a su lado y le dije a Rodolfo que filmara. Lo abracé, le di un beso en la mejilla, puse su puño en mi pera y, mirando a cámara, dije: “Papá, mirá quién me está pegando”». El segundo partido, ante Estados Unidos, también sería victoria; pero una derrota en los minutos finales ante España y previsibles

caídas frente a Alemania y Pakistán acabaron con el sueño de un equipo que amagó con escaparse de la lógica del momento. De su puñado de anécdotas de aquel viaje, Retegui rescata esta otra: «Estábamos descansando con Gaby (Minadeo) una tarde de muchísimo calor, y decidimos ir a merendar. Ingresamos en un McDonald’s que teníamos a pocos metros de los departamentos de Argentina, nos servimos la bebida y nos sentamos. El lugar estaba casi vacío, solo veíamos una nena, de unos 15 años, chiquita, que nos asombró que estuviera ahí… ¿Será gimnasta?, nos preguntamos. La cuestión es que, a los pocos minutos, la nena se acercó y nos preguntó si podía sentarse con nosotros. Le dijimos que sí, apoyó su yogur y

Retegui (segundo de la izquierda), en su época de jugador

una galletitas, y empezamos a hablar… Quiso saber nuestros nombres, de dónde éramos… y nosotros hicimos lo mismo. “Me llamo Martina, soy de Suiza pero ahora vivo aquí, y juego al tenis”… Era Martina Hingis, la gran campeona de la que todos hablaban. ¡No lo podíamos creer!». Amante del rugby como deporte para observar, Retegui se dio el gusto de formar parte de un equipo técnico de fútbol, en Independiente, pero el hockey sigue siendo su alimento de cada día. Fue jugador, luego jugadorentrenador, y ya hace una década que lleva adelante la tarea que le dio un título mundial y una medalla de plata olímpica con Las Leonas. Ahora, el desafío es con Los Leones, pero esa es una historia que aún sigue sumando capítulos.

• Participó en hockey en los Juegos de Atlanta 1996, Sídney 2000 y Atenas 2004. Integrante del seleccionado nacional que finalizó 9º, 8º y 11º, respectivamente. • Como director técnico, consiguió la medalla de plata con Las Leonas en Londres 2012. 157

VERÓNICA RIBOT Hay momentos, en el devenir periodístico, donde uno no mide bien el lugar, las formas y, mucho menos, la cuestión protocolar. En Montjuic, durante los Juegos de Barcelona, recién terminaba la prueba femenina de saltos ornamentales en plataforma y necesitaba entrevistar a Verónica Ribot que había redondeado una gran actuación. Los organizadores se la habían llevado a una sala alejada, y entonces atiné a pedirle ayuda a la única persona que tenía a dos metros, vallado por medio: “«Alberto, ¿sería tan amable de ir a buscar a la representante argentina que la estoy esperando para una entrevista?”». Me hizo un guiño, desapareció de escena y minutos después la vi acercarse a Verónica con cara de « “¿quién me busca?”. Alberto de 158

Mónaco, miembro del COI, por entonces príncipe, hoy soberano monegasco, había cumplido con mi pedido. Verónica representó a nuestro país en tres Juegos Olímpicos que bien pudieron haber sido cuatro de no mediar el boicot argentino a Moscú ’80. Tiene detrás una historia muy particular: «“Nací en Buenos Aires y, siendo muy chiquita, y por recomendación médica, mis padres me llevaron al Tiro Federal para que aprendiera a andar. Recuerdo que no fueron días fáciles; me aterrorizaba el agua, en especial cuando nos subían a un trampolín de 3 metros y nos tiraban desde ahí… Cuando tenía 6 años mi familia se mudó a Bahamas; me crié en Freeport, Caribe, aguas cálidas, ya sin tanto miedo. Luego vino la etapa de la Universidad, en Estados

Unidos, que fue el puntapié de mi historia olímpica”.» Fue su entrenador en el college, en Boston, Massachusetts, quien la impulsó. Viendo sus condiciones, y a sabiendas de que Verónica era argentina, pensó que tenía delante a una posible futura olímpica. Fue entonces que papá Ribot entró en contacto con los dirigentes de la Confederación Argentina de Natación para contarles de su hija, la saltarina, que ahora estaba radicada en Miami terminando su último año de escuela secundaria. Era 1979, se venían los Juegos Panamericanos en San Juan de Puerto Rico, y Verónica recibía el visto bueno para sumarse a la delegación argentina. “Fue mi primera actuación internacional, terminé sexta en el trampolín de tres metros, siendo la primera sudamericana en la final. Al año siguiente participé en un Sudamericano en Buenos Aires donde gané en trampolín y salí segunda en mi debut en plataforma de 10 metros. Aunque no lo creas, todavía le tenía algo de miedo a las alturas”.» A Moscú no pudo ir, pero se dio el gusto en las posteriores tres citas olímpicas, cerrando con esa gran performance en Barcelona donde fue la única de todas las participantes que alcanzó las finales de ambas especialidades, trampolín y plataforma. “Soy pisciana, tal vez haya estado predestinada a desarrollarme en el agua; me llamo de segundo nombre Gloria y en parte, creo, que pude corresponderle. Me siento orgullosa de mi carrera deportiva, que fue muy importante en mi vida”.»

• Participó en saltos ornamentales en los Juegos de Los Ángeles 1984, Seúl 1988 y Barcelona 1992.

• Su mejor actuación fue en Barcelona donde

finalizó octava en plataforma y décima en trampolín. En Los Ángeles fue 15º y 12º mientras que en Seúl, 12º y 14º, respectivamente. 159

FIRMO ROBERTI Se ríe cuando se le pregunta por su nombre, poco habitual por cierto. Y entonces cuenta la historia del homenaje que sus padres quisieron hacerle al abuelo italiano Fermo, nombre que significa «quedarse quieto», algo que él nunca hizo en la vida. Firmo Roberti, eximio tirador, cinco veces olímpico y dos veces subcampeón mundial de carabina skeet, sigue moviéndose; ahora, en Tucumán, el lugar que hace años eligió para afincarse. «Yo nací en Córdoba oliendo los cartuchos que se usaban para cazar pero, en realidad, mi entusiasmo con la actividad comenzó después de mis veinte años, y casi de casualidad. Un concuñado mío me pidió 160

que lo acompañara al Club de Cazadores y, bueno, me dijo que probara, lo hice, me gustó, y no paré más hasta que me retiré en el 96.» Al compás de sus ganas y su compromiso llegaron los primeros logros importantes, como la Medalla a la Maestría en el Mundial de Italia 71, justo antes de su primera experiencia olímpica: «Munich 72 significó constatar lo lejos que estábamos del mundo competitivo; fue sufrir por nuestro amateurismo. No teníamos entrenadores ni apoyo dirigencial; el desgaste psíquico fue muy fuerte. En síntesis, una buena experiencia con un opaco resultado». Su crecimiento siguió firme; estuvo al borde del top ten en Montreal 76 y, por

esos años, alcanzó su máximo reconocimiento con dos subcampeonatos mundiales: Antibes 77 (con 194 platillos, a dos del danés Benny Seiffert) y Seúl 78 (193, a cuatro del italiano Luciano Brunetti). Como a tantos otros deportistas argentinos, la negativa del país a concurrir a Moscú 80 le quitó una posibilidad importante, pero cuatro años después arribó a los Juegos de Los Ángeles con la ilusión de pelear por una medalla: «Estaba para ganar… Iba primero, controlando la prueba, hasta que un fallo de los jueces me perjudicó claramente. Fue una maniobra de una veedora norteamericana, que no entendía nada, en complicidad con el delegado local, un tal Mr. Jones. Discutí lo que pude, incluso quejándome ante autoridades como Vázquez Raña (titular de la Organización Deportiva Panamericana), que me dio a entender que no se podía luchar contra los dueños de casa». Hoy, en su fábrica de cartuchos RD y Orbea, donde atiende clientes, proveedores y, de tanto en tanto, brinda algún reportaje, Roberti se muestra muy feliz por la trayectoria que tuvo. Destaca el diploma obtenido en Seúl 88 pero, fundamentalmente, valora una distin-

ción que le dieron en México en el Torneo Benito Juárez: «Fui a un desempate con el cubano Castillo y me declararon ganador porque a él lo multaron por cambiar el color del cartucho, una verdadera pavada. Me negué, y después perdí 25-24. Me dieron un premio, algo así como un fair play».

• Participó en los Juegos de Munich 1972, Montreal 1976, Los Ángeles 1984, Seúl 1988 y Barcelona 1992.

• Sus resultados fueron: 26º en Munich (con 188 platillos), 11º en Montreal (193), 13º en Los Ángeles (192), 8º en Seúl (196) y 10º en Barcelona (197). 161

ARTURO RODRÍGUEZ JURADO Muchacho inquieto por naturaleza, que jugaba al fútbol, nadaba y corría en sus ratos libres, a los doce años conoció el boxeo y así nació un amor a primera vista. Bajo, de brazos largos (de ahí su apodo, «Mono»), muy sagaz y con buena pegada, Arturo Rodríguez Jurado dejó rápidamente en evidencia que, al menos en esos tiempos de juventud, el ring era su lugar en el mundo. A los catorce debutó en un torneo interno del Club de Gimnasia y Esgrima y ganó entre los mediopesados, y al poco tiempo se sumó al Boxing Club de Béccar, donde aprendió a pegar con ambas manos casi por igual. Se coronó campeón provincial y, con 16 años, lo designaron para ir a los Juegos de París, donde tuvo su debut y despedida frente al holandés Thyge Petersen luego de un fallo que, según los diarios de la época, fue «dudoso». Encontraría la revancha cuatro años después, en Ámsterdam. Ya fogueado, con escasos 1.76 metros y 86 kilos, se hizo gigante entre los pesados y llegó a un triunfo que fue catalogado de «heroico». Si bien en su presentación no tuvo inconvenientes ante el irlandés Flanagan, a quien ganó por nocaut, pronto se encontró con un rival que, según su punto de vista, fue el que más trabajo le dio, el holandés Sam Olij: «Era grandote como Firpo, y además era local… Se me tiraba encima, era pegajoso… Me costó un triunfo ganarle». En 162

semifinales, con más cintura que golpes, dejó en el camino al danés Michaelsen, y en la final castigó duramente en el rostro al sueco Nils Ramm, obligando al árbitro a parar la pelea en el primer round. El «Mono» se sintió feliz; el sueño estaba cumplido. Después vendrían más días de gloria en el rugby, jugando en el SIC y llegando a ser capitán de Los Pumas. Pero esa es otra historia.

• Participó en boxeo en los Juegos de París 24 y Ámsterdam 28. • En París, en mediopesados, perdió en su debut con Thyge Petersen (Dinamarca). • En Ámsterdam conquistó la medalla de oro entre los pesados tras ganar cuatro combates: Mathew Flanagan (Irlanda, por nocaut), Sam Olij (Holanda, por puntos), Jakob Michaelsen (Dinamarca, por puntos) y Nils Ramm (Suecia, por abandono).

LOS PIONEROS

Antes de que la Argentina tuviera por primera vez una representación nacional oficial en los Juegos Olímpicos de París 1924, tres deportistas individuales, que por distintas situaciones se encontraban en el viejo continente en tiempos en que intentaba asentarse el sueño del barón Pierre de Coubertin, tuvieron el honor de representar a nuestro país. En orden cronológico, el primero de ellos fue el bonaerense Francisco Carmelo Camet, un joven que, allá por 1900, mientras completaba sus estudios superiores en París, dedicaba largas horas a su pasión por la esgrima. Enterado de la realización de la segunda edición olímpica allí, en la capital francesa, intensificó sus entrenamientos y se presentó para competir en la prueba de espada. Allí, tras superar varias etapas clasificatorias, accedió a la ronda final, donde se ubicó en quinto lugar. Sin embargo, esta actuación de quien sería un destacado personaje de Miramar que ocupó importantes cargos como presidente del Banco Provincia, senador nacional e intendente de General Alvarado, durante muchos años no se registró en la «memoria» argentina, ya que por algún involuntario error al momento de la inscripción, el empleado receptor lo anotó como representante francés. Con el tiempo se hizo justicia con este pionero que, además, fue el padre de otro notable esgrimista, Carmelo «Chicho» Camet, integrante del equipo

que consiguió el bronce en Ámsterdam 1928. Ocho años después, en los Juegos de Londres 1908, se dio un caso curioso en la competencia de patinaje artístico sobre hielo (sí, no existían los Juegos de Invierno y esta prueba formaba parte del programa olímpico). Allí participó, aunque no con mucha suerte, dado que terminó séptimo y último entre los competidores que finalizaron la rutina (dos no lo hicieron), quien para los registros oficiales fue Horatio Tertuliano Torromé, a quien apodaban «Henri» y que, por razones desconocidas, en viejas publicaciones del Comité Olímpico Argentino figura como Héctor. El detalle, sin embargo es que Torromé no era argentino, sino brasileño. Nació en Río de Janeiro, hijo de una carioca y de Francisco (un conocido importador de infusiones como té y café), que sí había nacido en nuestro país, y al que quiso homenajear al inscribirse como argentino, tal cual figura en una planilla original a la que tuvo acceso el historiador rosarino Fernando Milanoli. Torromé, que por entonces tenía 47 años, hacía años que estaba viviendo en Londres, adonde había llegado por los negocios familiares. Fue un conspicuo socio del Prince’s Skating Club de Knightsbridge, desde donde emergió como campeón de la Gran Bretaña a la que había representado en el Campeonato Mundial de 1902, donde terminó en cuarto lugar. Finalmente, el tercer representante en tiempos previos a la inclusión formal de nuestro deporte en el mundo olímpico, fue el boxeador Ángel Rodríguez quien, en los Juegos de Amberes 1920, los posteriores a la Primera Guerra Mundial, compitió en peso pluma, siendo derrotado –por descalificación en el tercer round- en su primer y único combate, ante el noruego Arthur Olsen.

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CECILIA ROGNONI ser distinguida como la deportista argentina de “«Yo viví la etapa en que Australia nos hacía siete ese año. “«En la final con las australianas no pudigoles por partido, por eso disfruté tanto cuando mos, ellas fueron superiores. Pero creo fue muy valioempezamos a conseguir resultados. Hoy, cerrando so para todo lo que vino después que entendiéramos los ojos y mirando a Sidney 2000, creo que aquella que no perdimos el oro, sino que ganamos la plata”.» final olímpica fue el motor de la explosión que generó la enorme cantidad de chicas que ahora se acercan a nuestro deporte”.» Cecilia Rognoni fue una de las más extraordinarias jugadoras de “Las leonas”, esa manera tan • Participó en hockey sobre sintética y apropiada con que se conoce al seleccésped en los Juegos de Atlanta cionado femenino de hockey desde que prome1996, Sidney 2000 y Atenas 2004. diaba la cita australiana. “«Después de dos duras • Integró el seleccionado nacional que derrotas y de enterarnos de que sólo nos quedaba la chance de ganar los siguientes tres partidos para obtuvo medalla de plata en Sidney. En la poder pelear por una medalla, hicimos un click en lo fase de gupos, Argentina venció a Corea mental y pasó lo que pasó”.» Lo que pasó fue que las chicas dirigidas por Sergio del Sur (3-2) y a Gran Bretaña (1-0) y perdió con Australia (3-1) y España (1-0). En la Vigil les ganaron a Holanda (3-1), China (2-1) y Nueva Zelanda (7-1) y se metieron en la lucha por ronda siguiente superó a Holanda (3-1), el oro. “«Me acuerdo que con la clasificación a la China (2-1) y Nueva Zelanda (7-1) llegando a final asegurada, los varones del hockey nos recibiela final donde cayó ante Australia (3-1). ron en la Villa con una rosa para cada jugadora. Estábamos haciendo historia”.» El equipo base fue: Antoniska; Ferrari, Desde la defensa, Rognoni marcó el rumbo del Aicega, Rognoni y Arrondo; Stepnik, Gamequipo como lo haría posteriormente en 2002 bero y Rimoldi; Aymar, Oneto y Masotta. cuando “Las leonas” se consagraron campeonas • En Atenas el equipo logró la medalla de del mundo en Perth y ella fue elegida mejor jugadora de la temporada lo que le valdría, además, bronce yen Atlanta fue 7º. 164

LOS AVATARES DEL SEÑOR ZUBIAUR

El acta fundacional del Comité Olímpico Internacional (COI) del 23 de junio de 1894 da cuenta de 13 miembros, representantes de 12 países, encabezados por el barón Pierre de Coubertin, un pedagogo e historiador francés, indiscutido alma máter de los Juegos Olímpicos de la Era Moderna. En la nómina, además, aparecen condes, coroneles, lores…y un educador argentino, el profesor José Benjamín Zubiaur. Entrerriano, descendiente de vascos, huérfano de padre cuando tenía 6 años, tuvo que empezar a trabajar de adolescente lo cual no le impidió avanzar con sus estudios. Por una gestión de un hermano mayor llegó hasta el Colegio Nacional de Concepción del Uruguay, lugar en el que se desarrolló y en el cual volcó gran parte de la experiencia que fue aquilatando a lo largo de su vida. Se recibió de abogado en Buenos Aires y fue empleado del Ministerio de Justicia donde demostró dones y cualidades que llevaron al Ministro del área a designarlo, en 1989, como integrante de la delegación que representaría al país en la Exposición Universal de París. Además, participó de un Congreso sobre ejercicios físicos y educación, y ahí es donde conoció a Coubertin con quien coincidió en conceptos básicos sobre el crecimiento y el desarrollo de los jóvenes. Una vez retornado al país, y siendo ya director del Colegio Nacional de Concepción del Uruguay, Zubiaur recibió una carta de Coubertin en la cual lo invitaba a sumarse a su aventura de generar un movimiento olímpico universal. La respuesta fue afirmativa, su nombre quedaba para la historia; pero su gestión fue breve: por no asistir a las reuniones del COI, en 1907 fue expulsado de la institución.

OSCAR ROMPANI Uno de los datos que siempre se observa en los Juegos Olímpicos es la edad de los participantes. Está claro que no todas las disciplinas son iguales y que las normas no se han mantenido intactas en el tiempo. Hubo deportes que alguna vez exigieron un mínimo de edad para poder competir y hoy ya no lo hacen, y en otros casos sucede exactamente a la inversa. Por otra parte, es obvio que naturalmente, determinadas modalidades tienen sus propias limitaciones, aunque siempre pueden darse excepciones. En el punto de la longevidad de los deportistas, en los pasados Juegos de Londres 2012 estuvo a punto de caer un récord casi centenario. En efecto, el equipo japonés de equitación incluyó en la competencia de doma a Hiroshi Hoketsu, de 71 años. Sin embargo, este experimentado jinete, que ya había participado en Tokio 64 (con 23 años) y en Beijing 2008, no pudo con la marca del tirador sueco Oscar Swahn, quien tenía 72 años cuando compitió —y ganó medalla de plata— en Amberes 20. Entre los argentinos, el honor de haber sido el deportista más veterano en representar al 166

país en unos Juegos Olímpicos recae en Oscar Rompani, un remero que formó parte de la delegación nacional presente en los Juegos de Tokio 64. Rompani viajó a tierra japonesa junto con Natalio Rossi y Juan Pedro Lier (como había sucedido en los Juegos Panamericanos de San Pablo 63), con quienes compartió el bote en la prueba de dos largos con timonel. Contaba, entonces, con 60 años.

• Participó en remo en los Juegos de Tokio 64. • Lo hizo en la competencia de dos largos con timonel junto con Natalio Rossi y Juan Pedro Lier. El bote terminó cuarto en la serie y quedó tercero y eliminado en el repechaje .

EL POSTERGADO SUEÑO DE BUENOS AIRES

Cuando comience Río 2016, estaremos ante la primera edición olímpica en territorio sudamericano, un viejo sueño postergado, hasta aquí, para Buenos Aires. Pese a nuestra rica historia deportiva, y a haber tenido en José Zubiaur (ver aparte) a uno de los miembros fundadores del Comité Olímpico Internacional (COI), la capital argentina no ha sido recompensada con la posibilidad de ser olímpica aun cuando lo ha intentado en varias oportunidades. Oficialmente, de acuerdo con la publicación del COI de 1994, “Fabulous 100 years of the IOC”, Buenos Aires estuvo en la carrera por ser anfitriona olímpica en cuatro ocasiones, aunque en el libro “Olimpismo: historia y proyección”, presentado por el Comité Olímpico Argentino en 1997, se incorpora una quinta ocasión, -que habría sido la primera-, en vísperas de los Juegos de 1936. Para la frustrada edición de 1940 (por la Segunda Guerra Mundial), Buenos Aires se había mostrado «interesada,» al igual que Atenas, Alejandría, Barcelona, Budapest, Dublín y, en conjunto, Montreal-Toronto. La votación se la ganó Tokio a Helsinki, 36 a 27. En 1949, en Roma, se llevó a cabo la Asamblea que determinaría la sede de los Juegos de 1956. Tras ser eliminadas en sucesivas votaciones San Francisco, Chicago, Filadelfia, Minneapolis, México D.F., Detroit y Los Ángeles, quedó un mano a mano entre Buenos Aires y Melbourne, con un ajustado triunfo australiano por 21 a 20. El siguiente intento fue pensando en 1968, y tampoco pudo ser: en una única y contundente votación, México ganó la plaza al reunir 30 votos por delante de Detroit (14), Lyon (12) y Buenos Aires (2). La última presentación de la candidatura porteña ocurrió en 1997 para organizar los Juegos de 2004: Buenos Aires fue eliminada en la primera ronda, tras perder un desempate 62-44 con Ciudad del Cabo entre las dos ciudades que menos votos habían recibido. El triunfo sería de Atenas sobre Roma, por 66 a 41. 167

RICARDO RUSTICUCCI Su fallecimiento, en 2014, a los 68 años, causó gran impacto –y mucho dolor- en todo el mundo del deporte y, en especial, en la comunidad de Pilar. Ricardo Rusticucci, o Chelo, como le decían sus amigos de siempre, fue un ser muy humilde, de buen corazón y obsesivo en todo lo que hacía. Armero, casi por tradición; afilador de herramientas de corte, por necesidad; y tirador olímpico, por vocación. Esa fue su trilogía. “«Estar en un Juego Olímpico es algo increíble. Lamento no tener más capacidades para transmitir con palabras la sensación que sentí cada vez que me toco vivir una de esas experiencias. Diría, simplemente, que se trata de una selección plane168

taria de los mejores de cada deporte…y uno ahí, como miembro privilegiado de ese grupo”», sentenció a fines de los ’90. Rusticucci comenzó a tutearse con las armas por su padre, un bancario que había sido buen pelotari, un discreto futbolista, y que disfrutaba del tiro aunque no lo practicaba mucho. Por unos amigos, se había hecho socio del Club de Caza, Tiro y Pesca -adónde llevaba al joven Chelo-, club que luego daría origen, tras una escisión, al Pilar Tiro Club. “« Por haber ganado un concurso interno gozo del privilegio de ser el socio número 1 del club –contó cierta vez-. Es, sin dudas, mi segundo hogar”.» Su debut en la alta competencia fue

con una carabina prestada, a los 20 años, y apenas dos temporadas después se iba a coronar campeón nacional por primera vez. A la hora de destacar su mejor actuación, nunca tuvo dudas: “«Mi medalla de oro en carabina tres posiciones en los Panamericanos de Mar del Plata ’95 fue algo único, incomparable. No sólo por el hecho de haber sido en casa, con mucha de mi gente viéndome, sino porque gané estableciendo un nuevo récord y derrotando al norteamericano (Robert) Forth que venía de ser subcampeón olímpico en Barcelona 92. ¿Viste cuando te sale todo? Bueno, así fue aquella vez”». Muchos de sus ocasionales rivales, y de sus discípulos en el arte del tiro, lo destacan a Rusticucci como “un modelo de sacrificio y constancia”. En su casa nunca sobraron los pesos; incluso, en más de una ocasión, tras regresar de alguna competencia importante, y en general enojado por el escaso apoyo económico que se le brindaba a su deporte, supo decir que “«ahora tengo que empezar otra vez de cero”».

Hablar de Rusticucci es casi sinónimo de hablar de espíritu olímpico. Tuvo cinco participaciones, que pudieron ser más, y hasta coqueteó con prepararse para Londres 2012. Su mejor actuación la tuvo en Los Ángeles 84 (20º en rifle de aire), su asignatura pendiente fue Moscú ´80 y su gran dolor tuvo lugar en Munich 72: “«Fue increíble seguir el atentado a los israelíes desde mi habitación, ellos estaban enfrente…Para mí, que era tirador, aquello me sonaba a ficción pero, lamentablemente, no lo era”».

• Participó en los Juegos de Munich 1972, Montreal 1976, Los Ángeles 1984, Barcelona 1992 y Atlanta 1996.

• En Munich terminó 38º en carabina tendido; en Montreal, 57º en la misma especialidad. En Los Ángeles, fue 30º en carabina tendido, 34º en carabina tres posiciones y 20º en rifle de aire, 10 metros; en Barcelona, 31º en carabina tendido, 42º en carabina tres posiciones y 44º en rifle de aire, 10 metros; y en Atlanta, 44º en carabina tres posiciones y 26º en carabina tendido. 169

GABRIELA SABATINI El tenis fue uno de los deportes que conformó la grilla competitiva de los primeros Juegos Olímpicos, en Atenas 1896, y estuvo presente hasta la edición de París 1924. Desde entonces, y por las diferencias entre amateurismo y profesionalismo, quedó afuera de programa. Volvió recién en Seúl 88, más allá de que tanto en México 68 como en Los Ángeles 84 estuvo presente como deporte de exhibición. No obstante, para la cita en la capital surcoreana, unas cuantas figuras decidieron ausentarse, ya que, en ese momento, el torneo no daba puntos para el circuito oficial, fuera ATP o WTA. Tal fue el caso de Wilander, Lendl, Agassi, Becker, Edberg y, entre las damas, Martina Navratilova. Quizás por su juventud, por sus ganas de jugar todo o por su afán de meterse en un mundo desconocido, Gabriela Sabatini aceptó la convo170

catoria y emprendió el largo viaje: «Haber vivido los Juegos Olímpicos fue algo increíble, definitivamente un paso importante en mi carrera. Fue maravilloso convivir en la Villa con otros deportistas y verlos cada mañana ir a entrenar con una energía que contagiaba, que te daba enorme motivación». Gaby, con apenas 18 años, mostraba su timidez, pero su amabilidad quedó de manifiesto con las decenas de fotos que se sacó con cada uno de los chicos y chicas de nuestra delegación, y también con su permanente predisposición para con los cinco o seis periodistas argentinos que cubrimos aquellos Juegos. Su camino en el cuadro de single no tuvo demasiadas espinas hasta llegar al partido definitorio; derrotó sucesivamente a Sabrina Goles, Sylvia Hanika, Natasha Zvereva y Manuela Maleeva. Allí, en un soleado mediodía,

se iba a encontrar con su archirrival, Steffi Graf: «Steffi tuvo un año increíble y había ganado todo. Yo creí que podía vencerla y tenía muchas ganas de hacerlo, pero me superó en puntos muy precisos y decisivos del partido. Yo los choques con Steffi los recuerdo de gran manera, porque ante ella jugaba mi mejor tenis, era como que lograba sacar lo mejor de mí». El final fue 6-3 y 6-3 para la alemana que coronaría su Golden Slam. Quedaba para Gaby una medalla de plata muy importante para la Argentina, ya que no se conseguía ninguna desde los Juegos de Munich 72. «La verdad —dice en estos tiempos Sabatini— es que me amargué mucho con la derrota, no se me ve muy feliz en la foto del podio. Pero hoy en día valoro mucho ese premio. Con decirte que la medalla la tengo justo al lado del trofeo que me dieron por ganar el US Open». Queda para la estadística que Gabriela también jugó dobles en Seúl y que volvió a vestirse de olímpica ocho años después, en Atlanta 96. Y para sus vivencias, más allá del significativo logro,

haber disfrutado de días únicos, mezclada con deportistas amateurs, viendo otros deportes, haciéndose amiga de las chicas del hockey, de los varones del vóleibol. Para quien escribe esto, el recuerdo de un imborrable momento en la profesión... No eran tiempos de teléfono celular y había que ingeniárselas con los recursos disponibles. Como enviado de Radio Continental, quería tenerla a Sabatini al aire apenas terminara el partido final. Entonces, en un cambio de lado, corrí hasta la lejana sala de prensa, "convencí" con un pin al muchacho coreano que atendía el único teléfono fijo que había para que nadie lo ocupara y regresé al estadio. Apenas terminado el juego, hablé con Gaby y a ella no hubo que convencerla: aceptó sin reparos recorrer junto a mí los 200 metros y entonces poder hacer la nota telefónica. La humildad de los grandes.

• Participó en los Juegos Olímpicos de Seúl 1988 y Atlanta 1996. • En Seúl, alcanzó la medalla de plata en singles: venció a Sabrina Goles (Yugoslavia) 6-1 y 6-0, a Sylvia Hanika (Alemania) 6-4 y 6-2, a Natasha Zvereva (Rusia) 6-4 y 6-3, y a Manuela Maleeva (Bulgaria) 6-1 y 6-1, antes de perder con Steffi Graf (Alemania) 6-3 y 6-3. En dobles, con Mercedes Paz, cayeron en primera ronda contra Carlin Bassett y Jill Hetherington (Canadá). • En Atlanta, en singles se despidió en la tercera ronda al perder contra Monica Seles (USA) 6-3 y 6-3, pero no sin haberles ganado a NatalieTauziat (Francia) 7-5 y 6-2, y a Angélica Gavaldón (México) 6-4 y 6-0. En dobles, con Patricia Tarabini, fueron derrotadas en la ronda inicial por las belgas Sabine Appelmans y Laurence Courtois.

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SALAS Y SALAS Fueron primos y amigos, amantes del río y «compinches» en distintas competencias nacionales e internacionales. Con lazos familiares con “La familia Sieburger” (ver aparte), escribieron importantes páginas de la náutica argentina. Jorge Salas Chaves y Jorge del Río Salas compitieron juntos en tres Juegos Olímpicos (siempre con un tercer integrante diferente) en la clase Dragón del yachting, y lograron su mejor performance en Roma 60. Allí, junto con el ex remero Héctor «Tito» Calegaris y a bordo del Tango, consiguieron la medalla de plata. «Pudo y debió haber sido de oro —dice Sandro del Río, hijo de Del Río Salas y sobrino de Salas Chaves—, pero una picardía de los ganadores con el guiño de la organización los relegó, finalmente, al segundo lugar». En efecto, crónicas de la época dan cuenta de una circunstancia especial que se dio antes de la largada de la sexta y penúltima regata, momento en el que Tango lideraba la competencia que se desarrollaba en el Golfo de Nápoles. El yate argentino efectuó una maniobra incorrecta,ante lo cual se informó que «no pasaba nada», pero al llegar le comunicaron a Salas Chaves que serían sancionados por reclamo de la embarcación griega Nirefs, liderada por el príncipe heredero Constantino, duque de Esparta. Se trató, burdamente, de un manejo reglamentario reñido con el fair play que perjudicó a quienes habían sido coronados en los Juegos Panamericanos de 172

Chicago 63, de modo que corrieron la regata final sabiendo que ya no podrían luchar por el triunfo. Así, obtuvieron, en definitiva, la medalla de plata.

• Participaron juntos en yachting en los Juegos de Londres 48, Roma 60 y Tokio 64. • Siempre en la clase Dragón, fueron medalla de plata en Roma (en equipo con Héctor Calegaris), mientras que salieron 7º en Londres (con Roberto Sieburger) y 10º en Tokio (junto con Rodolfo Rivademar). • Salas Chaves, además, quedó 4º en Melbourne 56 (con Boris Belada y Arnoldo Pekelharing) y 23º en Munich 72 (con Pedro Ferrero y Ricardo Boneo). Del Río Salas, en tanto, terminó 4º en Helsinki 52 (junto con Roberto Sieburger y Horacio Campi).

LOS ABANDERADOS ARGENTINOS A lo largo de la historia, desde 1924 hasta nuestros días, distintos criterios se tuvieron en cuenta para elegir al abanderado de la delegación nacional en la ceremonia inaugural de cada una de las ediciones olímpicas. En las últimas décadas, la decisión ha estado en manos de los consejeros del Comité Olímpico Argentino quienes votan a partir de las postulaciones de las diferentes federaciones deportivas. Los distinguidos han sido:

Edición olímpica

Deportista

Disciplina

París 1924 Ámsterdam 1928 Los Ángeles 1932 Berlín 1936 Londres 1948 Helsinki 1952 Melbourne 1956 Roma 1960 Tokio 1964 México 1968 Munich 1972 Montreal 1976 Los Ángeles 1984 Seúl 1988 Barcelona 1992 Atlanta 1996 Sidney 2000 Atenas 2004 Beijing 2008 Londres 2012

Enrique Thompson Héctor Méndez Alberto Zorrilla Juan Carlos Zabala Alfredo Yantorno Delfo Cabrera Isabel Avellán Christina Hardekopf Jeannette Campbell Carlos Moratorio Carlos Delía Hugo Aberastegui Ricardo Ibarra Gabriela Sabatini Marcelo Garraffo Carolina Mariani Carlos Espínola Carlos Espínola Emanuel Ginóbili Luciana Aymar

Atletismo Boxeo Natación Atletismo Natación Atletismo Atletismo Saltos ornamentales Natación Equitación Equitación Remo Remo Tenis Hockey sobre césped Judo Yachting Yachting Básquetbol Hockey sobre césped 173

JUAN IGNACIO SÁNCHEZ Tiene en su haber varios campeonatos ganados, un recorrido que incluye muchas instituciones importantes, el orgullo de haber sido el primer basquetbolista argentino en jugar en la NBA. Pero, sin dudas, lo que más lo distingue del resto de sus compañeros de Selección, de aquellos otros que también formaron parte de ”«La generación dorada»”, es el apodo que le pusieron, que lo califica y lo calificó, dentro y fuera de la cancha: “«¿Pepe? Pepe es el cerebro»”. Juan Ignacio Sánchez, simplemente Pepe, profundo conocedor del manual del buen base, y con el agregado de ser “«ciento por ciento bahiense»”. Valor destacado en la Liga Nacional, fue a Estados Unidos a la universidad (se graduó en Historia en Temple University), donde fue elegido “«mejor jugador-estudiante»”, se dio el gusto de jugar en la NBA y brilló en Europa… Además, claro, durante una década formó parte del seleccionado nacional que, entre otros logros, fue subcampeón mundial en Indianápolis 2002 y ganó el oro olímpico en Atenas 2004. “«Aquello fue una verdadera hazaña, mucho más de lo que pude haber imaginado en mis mejores sueños. El solo hecho de estar en un Juego Olímpico es algo único para un deportista, ¿imaginate? ganar…»”. Puesto a tratar de encontrar los momentos decisivos del camino al éxito, Pepe no duda: “«Nuestro gran mérito deportivo, 174

evidentemente, fue haberle ganado en semifinales a Estados Unidos. Si bien en lo personal creo que mi mejor partido fue ante Grecia, ese día, contra monstruos como Le Bron James, Tim Duncan y Allen Iverson, entre otros, rayamos a gran altura. Fue un juego bisagra; ahí nos dimos cuenta de que más allá del posible oro, estábamos para hacer historia grande en el básquetbol argentino»”.

• Participó en básquetbol

en los Juegos de Atenas 2004.

• Integrante del seleccionado nacional que obtuvo la medalla de oro.

• En la primera fase, el equipo venció a

Serbia y Montenegro 83-82, a China 82-57 y a Nueva Zelanda 98-94, y cayó ante España por 87-76 y ante Italia 76-75.

En cuartos, superó a Grecia 69-64 y en semifinales, a Estados Unidos 89-81.

En la final se tomó desquite de Italia, al que venció por 84-69.

LAS AUTORIDADES; A TRAVÉS DEL TIEMPO

Presidentes del Comité Olímpico Argentino - Ricardo Aldao (1923-1927) - Juan Carlos Palacios (1927-1928) (*) - Juan Bautista Peña (1928-1929) (*) - Juan Carlos Gallegos (1929) (*) - Horacio Bustos Morón (1929-1932) (*) - Juan Carlos Palacios (1932-1933) (*) - Alberto León (1933-1934) (*) - Próspero Alemandri (1934-1938) (*) - Juan Carlos Palacios (1938-1947) (*) - Ricardo Sánchez de Bustamante (1947-1948) (*) - Rodolfo Valenzuela (1948-1955) (*) - Fernando Huergo (1955-1956) (*) - José Oriani (1957-1964) - Esteban Mallo (1964-1965) - Ricardo Levene (h) (1965-1967) (*) - Jorge Noceti Campos (1967-1971) - Fernando Madero (1971-1973) - Pablo Cagnasso (1973-1977) - Antonio Rodríguez (1977-2005) - Julio Cassanello (2005-2008) - Alicia Morea (2008-2009) - Gerardo Werthein (2009 al presente) (foto) (*): Estaban unificados el Comité Olímpico Argentino y la Confederación Argentina de Deportes.

Argentinos miembros del Comité Olímpico Internacional - José Zubiaur (1894-1907) - Manuel Quintana (1907-1910) - Marcelo T. de Alvear (1922-1923) - Ricardo Aldao (1923-1932) - Horacio Bustos Morón (1932-1952) - Enrique Alberdi (1952-1959) - Mario Negri (1960-1976) - Roberto Peper (1977-1989) - Antonio Rodríguez (1990-2006) - Gerardo Werthein (2011 al presente)

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HUMBERTO SELVETTI Cantaba Tita Merello: «Se dice que soy fiera, que camino a lo malevo, que soy chueca y que me muevo con un aire compadrón». Esa milonga («Se dice de mí») no formaba parte del repertorio tanguero que «El gordo» entonaba por las noches en boliches del conurbano bonaerense, pero adaptándole un poquito la letra, hubiera tenido una linda canción autorreferencial. De él, de Humberto Selvetti, el cantor aficionado que hizo hablar al mundo por sus proezas en el levantamiento de pesas, se decía que era desalineado al andar, que se descuidaba en 176

las comidas, que no era muy afecto a los entrenamientos, que su técnica no era la mejor… Pero arriba del tablado, Selvetti silenciaba a todos. Todo comenzó cuando, caminando con amigos, se tropezó con una pesada piedra que levantó sin problemas. Ante el asombro y la admiración que causó en sus acompañantes, le aconsejaron acercarse a un club. Era un adolescente cuando arribó a Gimnasia y Esgrima para ponerse a las órdenes de Alfredo Pianta, un ex olímpico en París 24 y Ámsterdam 28 que no solo lo educó en el

aspecto técnico, sino que también lo formó como un verdadero competidor. En 1951, con 19 años, Selvetti hizo algo muy poco habitual en nuestra historia deportiva: quebró un récord mundial. Fue en «press» (fuerza), una de las subdivisiones que en aquel tiempo tenía la disciplina, además del «arranque» y la prueba de «dos tiempos». Con 157.5 kilos estableció la nueva plusmarca mundial y dio un aviso de cara a su debut olímpico del año siguiente, en Helsinki, donde iba a ratificar sus condiciones al quedarse con la medalla de bronce. Su carrera, pese a no tener demasiada constancia a la hora de ir al gimnasio y a que nunca dejó de consumir carnes rojas con alguna copa de vino tinto, continuó en ascenso; sus marcas mejoraron y en los torneos de gran porte siempre mostró su chapa, como en México 55, donde se quedó con la medalla de oro panamericana. Vivió su gran momento en los Juegos Olímpicos de Melbourne 56. Selvetti mantuvo allí un duelo con el estadounidense Paul Anderson, quien aún hoy sigue siendo

motivo de comentario y análisis entre los halterófilos del planeta. Anderson era el favorito, pero se encontró con un impensado adversario de fuste que lo superó en «arranque» por 7.5 kilos (175 a 167.5), y marcó paridad en «dos tiempos» (145 para cada uno). A la hora de la definición, en «fuerza», Selvetti levantó 180 kilos en su segundo intento para un total de 500 kilos, y obligó a su rival a un esfuerzo extremo. Tras dos nulos, Anderson pudo con 187.5 kilos, igualó el global y consiguió la medalla de oro, ya que la reglamentación vigente, en caso de empate, premiaba al atleta de menor peso corporal: Anderson acusó en la balanza 138 kilos, cinco menos que Selvetti. Selvetti continuó en el alto nivel unos años más; se consagró subcampeón del mundo en Teherán 57 y defendió exitosamente su título panamericano en Chicago 59. Después explotaría su nombre y su figura en presentaciones televisivas, películas y giras teatrales de la mano de dos capocómicos como Pepe Biondi y José Marrone, casi siempre en el rol de un gordo forzudo y bonachón.

• Participó en halterofilia (levantamiento de pesas) en los Juegos de Helsinki 52, Melbourne 56 y Tokio 64. • Siempre en la categoría de los pesados, fue medalla de bronce en Helsinki y medalla de plata en Melbourne. En Tokio finalizó en el puesto 17º. 177

LA FAMILIA SIEBURGER Orgullo. Eso es lo que sienten los descendientes de aquellos fantásticos navegantes que, más allá de una medalla y unas cuantas grandes actuaciones, establecieron dos récords aún vigentes: la familia es la que más miembros aportó al historial olímpico argentino y, además, lo hizo en un amplio espectro de tiempo que va desde los Juegos de Berlín 36 hasta los de Roma 60. Hablamos de los Sieburger: Enrique Conrado, Julio, Enrique Adolfo, Carlos y Roberto. El punto de partida de este particular suceso puede ubicarse en las afueras de Hamburgo, Alemania, en 1865. En ese año nació Juan Christian Sieburger, quien llegaría a la Argentina en 1887 luego de una breve estadía en Brasil para instalar, junto con su hermano  (que lo acompañaba en la travesía de cruzar el mundo), una curtiembre de cueros en el arroyo Maldonado y dedicarse a navegar en 178

sus ratos de ocio, pasión que habían heredado de su madre.  Juan Christian fue el padre de Enrique Conrado y de Julio, los dos grandes referentes —como timonel y táctico, respectivamente— del Djinn (foto), el barco que en Londres 48 consiguió la medalla de plata en la clase 6 metros. «El Djinn era un velero que la Armada Argentina había comprado en Estado Unidos», me cuenta Germán Sieburger, nieto de Enrique Conrado e hijo de Enrique Adolfo, quien completaba la tripulación junto con Rodolfo Rivademar, Emilio Homps y Rufino Rodríguez de la Torre .Y continúa: «Los norteamericanos y suecos no podían creer que con ese viejo barco, que era anterior a la Segunda Guerra Mundial, hubieran hecho tan magnífica competencia. “¿Cómo lo hizo correr?”, le preguntó el timonel de Estados Unidos a mi abuelo cuando ya todo había terminado y se acercó para felicitarlo». El

segundo puesto final, tras ganar dos de las siete regatas en un andar muy regular (nunca bajó del cuarto puesto), significó la primera medalla para el yachting nacional. Una de las anécdotas que recuerda Germán que le contó su papá, Enrique Adolfo, tiene que ver con la difícil situación económica que se vivía en Londres en esos tiempos de posguerra. «El racionamiento de alimentos era muy grande y en las comidas, por ejemplo, nunca había postre, nada dulce... Una noche, en una cena con gente local, mi padre sacó un chocolate del bolsillo y le convidó una barrita a una inglesa que tenia al lado. La chica no lo podía creer y se largó a llorar.» Otra muy buena actuación de los Sieburger tuvo lugar en Roma 60. Alejados ya de la alta competencia Julio (que había arrancado en Berlin 36) y Enrique Conrado (que compitió en Helsinki 52), la posta la tomó Enrique Adolfo junto con su hermano Carlos y su primo Roberto, quien ya había estado presente en Londres 48 y Helsinki 52 y que también concurriría a Tokio 64 y México 68 para completar cinco actuaciones. En la clase Rating 5.5 metros, y a bordo del Ardilla, los dos

hermanos y el primo terminaron cuartos detrás de Estados Unidos, Dinamarca y Suiza.

• Julio Sieburger participó en Berlín 36 (cuarto en Rating 6 metros) y en Londres 48 (medalla de plata en la Clase 6 metros). • Enrique Conrado Sieburger participó en Londres 48 (plata) y en Helsinki 52 (quinto en 6 metros). • Enrique Adolfo Sieburger participó en Londres 48 (plata) y en Roma 60 (4º) • Carlos Sieburger participó en Roma 60 (4º). • Roberto Sieburger participó en distintas clases en cinco Juegos Olímpicos: Londres 48 (7º), Helsinki 52 (4º), Roma 60 (4º), Tokio 64 (12º) y México 68 (20º). 179

NOEMI SIMONETTO Para entender lo grande que fue a la hora de la competición, basta con decir que se la consideró la mejor atleta sudamericana del siglo XX. Para conocer su amor por el deporte es necesario saber que prácticamente nunca se retiró de la actividad. Compitió hasta poco tiempo antes de su muerte, a los 85 años. Mujer apasionada y absolutamente comprometida con el movimiento olímpico, Noemí Simonetto forma parte del exclusivo club de las glorias deportivas de nuestro país. Alguna vez, rodeada por viejas tapas de la revista El Gráfico que mostraba con orgullo, me contó que el comienzo de la aventura fue, casi, de casualidad: «Un día, cuando yo tenía 13 años, 180

fuimos en familia a hacer un pícnic a una placita de Bernal y, entonces, con una soga que mi papá llevaba para que yo me divirtiera, empecé a saltar. La cuestión es que justo pasó por el lugar el señor Víctor Caamaño, que era entrenador de River, y se ve que me vio condiciones, porque me invitó a que fuera al club». De la mano de su padre, un ex futbolista que en su juventud también había corrido pruebas de velocidad, iba tres veces por semana a Núñez, pero al poco tiempo "se mudó" a Independiente, porque para la familia resultaba más cómodo acompañarla desde Barracas, donde vivían. Su notable capacidad atlética para distintas pruebas y su rápida evolución fueron motivos para

que, con apenas 15 años, la sumaran a la posta argentina de 4 x 100 metros en el Sudamericano de Buenos Aires 41, donde obtuvo el primero de los 11 oros que iba a conseguir en torneos continentales. Entre otras notables actuaciones de los años siguientes, sobresale su marca de 1.60 metros en salto en alto de 1946, que se conservó como récord argentino durante 25 años; y sus 5.76 metros de 1945 en salto en largo, que fue la mejor marca del año a nivel mundial. Del capítulo Londres 48 hablaba con nostalgia, satisfacción y algo de bronca, porque estuvo muy cerca de ganar la medalla de oro: «Sé que lo que logré es muy bueno, de hecho ninguna atleta sudamericana había ganado una medalla hasta entonces. Pero la verdad es que fui la campeona durante media hora... Tocaba el cielo con las manos, hasta que el salto de la húngara tiró abajó mi ilusión». La húngara se llamaba Olga Gyarmati y, efectivamente, en su último intento saltó 5.69 metros y la superó por 9 centímetros. La recuerdo muy feliz una tarde en el Comité Olímpico, allá por 1989, cuando la juntaron para una foto con Jeannette Campbell y Gabriela Sabatini, hasta ese momento las únicas mujeres de nuestro deporte en subirse a un podio olím-

pico. «Ojalá algún día tengamos a otra atleta ganando una medalla para el país», dijo. Y nunca olvidaré que, mientras contaba las peripecias del viaje a Londres («Fueron 21 días agotadores en barco hasta llegar a Cannes, subirnos a un bote, cruzar Francia en tren y el Canal de la Mancha en un vapor»), en un momento me advirtió: «Ojo, no haga caso a las charlatanerías que andan por ahí diciendo que yo viajé embarazada. Que hagan bien los números». Yo nunca los hice, pero le creí.

• Participó en atletismo en los Juegos de Londres 48. • Obtuvo la medalla de plata en salto en largo, con 5,60 metros. • También compitió en 80 metros con vallas (fue semifinalista) y en 100 metros llanos (no pasó la primera ronda).

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JORGE SOMLAY Apenas cuatro años en el mundo del deporte competitivo le bastaron a Jorge Somlay para ganarse un lugar en la historia olímpica argentina. Difícil arrebatárselo: por su participación como timonel en Roma 60, con apenas 13 años, ostenta el privilegio de ser nuestro representante más joven. Rosarino, hijo de un vitalicio de Regatas Rosario, su infancia transcurrió en este tradicional club, donde practicó básquetbol, vóleibol y natación. Pero, un día, acompañando a sus padres en una minigira por Paraná y San Nicolás, la encaró a su mamá Carolina y le dijo: 182

«Mamá, yo voy a timonear, y voy a ir a Chicago 59 y a Roma 60». Terminaba 1956 y el chico, que había escuchado hablar del ciclo olímpico, quería ser partícipe. «Al principio, mis padres no lo tomaron muy en serio. Luego lo aceptaron, pero me recordaron que la prioridad era el colegio y me pusieron en manos del gran Mario Robert (el entrenador de Alberto Demiddi). Ahí empezó todo.» El inicio fue en un "dos largos cadete": ganó su primera carrera en San Nicolás y, al poco tiempo, pasó a Juniors. Con Osvaldo Cavagnaro y Ricardo González lograron el Sudamericano

del 57, luego vendría el Rioplatense. Los triunfos no cesaban. Ya en 1959 saldrían segundos en los Panamericanos de Chicago y estaban listos para abordar la ilusión olímpica: «Para entonces, comienzos del 60, estaba con nosotros Mario Maire, que había reemplazado a González. Recuerdo que tuvimos que ganarnos la plaza en una carrera que se hizo en Tigre con las embarcaciones del Náutico Delta y de San Fernando. Fuimos los más rápidos... y clasificamos». Aquel niño, maduro y responsable para cumplir con la rutina del entrenamiento diario y soportar tormentas y otras adversidades climáticas, estaba en Roma. En la Villa se hizo amigo de dos jóvenes nadadores (Pedro Diz y Luis Alberto Nicolao). Solía almorzar con el boxeador Abel Laudonio y hasta gozó del cariño de

Ernesto Contreras (el Cóndor), quien le prestó una bicicleta para que pudiera movilizarse de un lado a otro. «La aventura no arrancó del todo bien. Estábamos entrenando en el Lago Albano, justo debajo de Castel Gandolfo, la villa veraniega de los Papas, cuando de golpe me tropecé y se me levantó la piel de la base del pie. Me tuvieron que dar la antitetánica y estuve un par de días en cama pero, por suerte, pude competir. ¿Cómo nos fue? Y, la verdad, no muy bien, no estábamos a la altura de los mejores. Sí tengo presente que los alemanes tenían a su timonel en la proa, y no en la popa, como iba yo. Fue la primera vez que lo ví.» Al volver, sus ganas no fueron las mismas. Siguió un tiempito más hasta que le dijo a su entrenador: «Don Mario, hasta aquí llegué». Y rumbeó su vida hacia otro lado. Terminó sus estudios y se metió en el Poder Judicial, del que, hace muy poco tiempo, se jubiló como Oficial de Justicia.

• Participó en remo en los Juegos de Roma 60. En dos largos con timonel (junto a Osvaldo Cavagnaro y Mario Maire), terminó cuarto en la segunda serie de la primera ronda (8’02”36) y tercero en la primera serie del repechaje (7’59”33).

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SONG LIU Observar el torneo de tenis de mesa de Londres 2012 significó meterse en un mundo muy particular. Al recorrer las distintas mesas del sector masculino, uno se encontraba con jugadores como el "«dominicano»" Lin Ju, el "«austríaco»" Weixing Chen, el "«español»" Zhiwen He y el "«polaco»" Zengi Wan. Y entre las damas ahí estaban la "«australiana»" Jian Lay, la "«brasileña»" Lin Gui, la "«turca»" Melek Hu y la "«portuguesa»" Lei Huang. Ninguno de ellos llegó a instancias definitorias: los cuatro oros en disputa quedaron en manos de chinos “«de China»”, al igual que dos de las medallas de plata (las otras fueron para Corea del Sur y Japón). La hegemonía china en este deporte es más fuerte que la de cualquier otro país en el resto de las disciplinas. Argentina también tiene su “«chino»” de importación: Song Liu, “«Songuito»”, como lo llamaban sus compañeros de selección. Llegó a la Argentina procedente de Guangxi en 1995, cinco años después de que lo hiciera su familia en busca de un mejor porvenir. Liu comenzó la práctica del tenis de mesa a los nueve años; fue campeón nacional junior y llegó a ser el número 8 de su país de origen. En la Argentina, apenas arribó y tras efectuar los trámites de nacionalización, comenzó a mostrar su jerarquía en el Cenard, ya que desde entonces ganó todos los campeonatos argentinos que se propuso y logró un récord curioso en los Premios Olimpia, máxima distinción al deporte en nuestro país: fue galardonado como el mejor “«pimponero»” argentino durante 14 años, 184

marca que no tiene ningún otro deportista en la rica historia que comenzó en 1954. Fue campeón latinoamericano, ganó de gran manera el Oro en los Panamericanos de Guadalajara 2011 y fue olímpico en cuatro ocasiones, de las cuales Atenas 2004, fue la más destacada, dado que finalizó en el puesto 17º tras vencer al japonés Shu Arai (4-1) y al serbio Slobodan Grujić (4-1) antes de caer frente al surcoreano Joo Se Hyeok (4-0). Fanático de Boca y del asado y “«poco tomador de mate»”, el argenchino Song Liu acaba de retirarse, a los 42 años.

• Participó en tenis de mesa en los

Juegos de Sídney 2000, Atenas 2004,

Beijing 2008 y Londres 2012.

• Su performance en el torneo de single caballeros fue la siguiente:

33º en Sídney, 17º en Atenas, 49º en

Beijing y 33º en Londres.

• En su primera participación olímpica también compitió en el dobles

caballeros (junto con Pablo Tabachnik) y terminó en el puesto 25º.

A PERÓN LO BAJARON DEL BARCO En la larga historia olímpica, desde sus comienzo en 1896, se encuentran importantes y célebres personajes que, una vez alejados de la práctica del deporte, ganaron espacios preponderantes por acciones destacadas en sus vidas. En esa lista, bien podría haber estado el ex presidente argentino, Juan Domingo Perón. En 1924, luego de la creación del Comité Olímpico Argentino, se comenzó a confeccionar la lista de los posibles representantes nacionales en los Juegos de París. En esgrima, había sido seleccionado Perón, quien por entonces era teniente primero de nuestro Ejército y ostentaba el título de campeón militar desde 1918. Pero, de

golpe, llegó una contraorden por la cual se lo dejaba afuera de la delegación. Si bien nunca quedó en claro cuál fue el motivo de tal decisión, se esgrimieron dos contundentes hipótesis: por un lado, se dijo que el ministro de Guerra del presidente Marcelo T. de Alvear, el general Agustín P. Justo, adujo que ya había muchos militares en Europa, estudiando; por el otro, que Perón se habría peleado con el capitán de esgrima, Pedro Nazar Anchorena. En cualquier caso, le quitaron la posibilidad de ser olímpico, lo cual lo llevó a tomar una dura decisión explicada en una carta que envió al diario “La Razón”.

«He oído decir que el ministro de Guerra se opondrá a nuestra ida a París. En tal caso, es doloroso confesarlo, habremos perdido en el Ejército una parte del estímulo que siempre tuvieron nuestros superiores, listo para brindarlo a los que se destacaron en esta, que es materia militar. Quizá se nos pueda reemplazar con más o menos éxito, pero indudablemente es la última vez en mi vida que tomo un arma en mis manos para representar a nadie. He decidido retirarme absolutamente de la esgrima, puesto que jamás me ha dado sino trabajo e ingratitudes... Mi actuación, indudablemente modesta, es bien conocida entre los que hacen esgrima, y especialmente en el Ejército, donde fui campeón del arma espada desde 1918. Mi tercer puesto del equipo le corresponderá, según creo, a Alberto Lucchetti, a quien considero muy bueno y por ello estoy contento; es, además, hijo de mi viejo maestro y ello me hace poner más alegre aún». Firmado: Juan D. Perón, teniente primero.

Sin embargo, treinta años después, en un acto de 1954 que tuvo lugar durante su segunda presidencia de la Nación, Perón volvería a tomar una espada, su mejor arma, (aunque también manejaba bien el sable). Y lo hizo frente a quien lo había reemplazado en aquellos Juegos de París. Era un homenaje a la primera delegación olímpica argentina. 185

TITO STEINER Se define como “«rebelde con causa»”, y los antecedentes lo avalan. Atleta de excepción, de los más completos que registre nuestro historial, paseó su gran anatomía y su enorme talento por el mundo. De ascendencia alemana, nació en Paraguay, se formó en los Estados Unidos pero vive en la Argentina, su país, desde los tres años. Se llama Tito Steiner, aunque…”«Mi mamá, una austríaca que llegó al Paraguay tras la Primera Guerra Mundial, me bautizó como Dieter, pero el empleado que completó mi formulario cuando arribé entendió Tito, o quiso ponerme Tito… En fin, soy Tito”.» Su incursión en las pruebas de pista y campo tuvo lugar en su adolescencia, en la Sociedad Alemana de Gimnasia de Villa Ballester, donde fue forjando un futuro de decatlonista con capacidades parejas, aunque sobresalió en los 1.500 metros. “«Ahí 186

anduve siempre bien; incluso le gané más de una vez a mi amigo y rival Bruce Jenner, que ahora se llama Caitlyn, ¿no? Creo que esta transformación suya tiene que ver con una necesidad de protagonismo permanente”.» Tito dice que “«más que de las fortalezas, hay que ser consciente de las debilidades, y trabajar sobre ellas»”. En su caso, la garrocha le trajo dolores de cabeza “«como cuando quedé en blanco en Caracas ’83, donde estaba para ganar»”. Y ni hablar de lo que sintió en 1975, al regresar de los Panamericanos de México: “«Bajé del avión, retiré mi valija y cuando fui a buscar la garrocha me dieron dos mitades; dijeron que como era muy larga tuvieron que cortarla. No lo podía creer»”. En México, con 23 años, salió cuarto pero empezó a ser seguido por universidades norteamericanas, lo cual se repitió en Montreal ’76. “«Los Juegos

fueron majestuosos y mi experiencia, diría, valiosa pese a los inconvenientes sufridos por la incapacidad de los dirigentes del Comité Olímpico Argentino. Al arribar, me enteré que no estaba inscripto en el decatlón, por lo que tuve que luchar para que me dejaran hacerlo; además, no llevaron a mi entrenador y tuve que competir con una garrocha prestada. Quiérase o no, todo eso afecta en lo mental”.» De las propuestas recibidas, aceptó la de la Universidad de Brigham, donde se graduó en Ciencias Físicas del Deporte y a la cual representó con gran éxito, dado que se consagró triple campeón nacional y destrozó antiguos récords que lo fueron encumbrando en el concierto internacional. Medallista de plata en los Panamericanos de San Juan de Puerto Rico ’79, como otros grandes de nuestro deporte vio frustrada su participación en Moscú ’80 por decisión del Gobierno de facto: “«Me quitaron el objetivo de muchos años, una competencia en la que estaba para pelear entre los ocho mejores. Fue terrible enterarme por los medios, tenía una gran angustia… Un día, recuerdo, estaba en el cine viendo Apocalypse Now y de golpe recordé que los Juegos ya no estaban más… tuve que salir del cine»”. Ganó el tradicional torneo de Austin cada vez

que compitió, fue el número uno del ranking mundial en 1981 y siguió mejorando marcas hasta que, en 1983, registró 8.291 puntos que, aún hoy, sigue siendo la plusmarca nacional del decatlón. Su hartazgo para con una dirigencia, que lejos de respaldarlo le ponía piedras en el camino, lo hizo renunciar a participar en Los Ángeles ’84 y, en consecuencia, a alejarse de la actividad. “«Me ganaron esa batalla en el campo psicológico; no estaba preparado para ir. Pero, con el tiempo, creo que se valora la dignidad y la trayectoria que uno tuvo”.»

• Participó en atletismo en los Juegos de Montreal 76, donde finalizó 22º en decatlón. Sus parciales, fueron: 100 metros llanos, 11s37; salto en largo, 6,73 metros; lanzamiento de bala, 13,85 metros; salto en alto, 1,84 metros; 400 metros llanos, 50s3; 110 metros con vallas, 15s82; lanzamiento de disco, 40,26 metros; salto con garrocha, 3,80 metros; lanzamiento de jabalina, 49, 74 metros y 1.500 metros, 4m43s16. 187

OSCAR STRÁTICO «Siempre tuve una buena condición física y, en algunos deportes, me sentí muy cómodo de entrada. El caso de la lucha es un ejemplo: yo era judoca y, un día, en el club, unos muchachos me invitaron a que practicara con ellos. La cuestión es que los dirigentes me vieron y, a la semana, me llevaron al campeonato nacional juvenil a Mar del Plata. Y lo gané. Sí, tenía ciertos dones naturales». Oscar Strático es uno de esos tantos productos de club que ha dado la Argentina y que, por condición y predisposición, logró destacarse en más de una disciplina. En su caso, ese segundo hogar fue San Lorenzo. Buen nadador 188

de interclubes («No recuerdo haber perdido ninguna carrera»), tuvo un buen paso por el boxeo aficionado, donde fue medallista en el Campeonato Argentino de Novicios. Pero donde más dejó impresa su marca fue en el judo y en la lucha, disciplinas en las que fue olímpico. «En el judo me inicié a los once años, me lo inculcó mi viejo. Y, en esa época, uno obedecía lo que le decían en su casa. Si me hubiera dicho que fuera a hacer alpinismo, habría sido alpinista. La cuestión es que me gustó, me resultó natural, muy sencillo. Te diría que lo tomé con agrado y que me atrapó de entrada. Fui creciendo, gané

torneos argentinos y sudamericanos, fui medalla de bronce en el Mundial Juvenil de Brasil 74 y en los Panamericanos de mayores del 75, en México. Eso me permitió ser olímpico con sólo 20 años». De Montreal 76, Strático tiene un recuerdo «satisfactorio» en cuanto a lo deportivo, teniendo en cuenta su juventud y el escaso roce internacional. Y tiene bien presente a un boxeador que, más tarde, haría historia: «Me acuerdo que estaba descansando y unos chicos del equipo vinieron y me contaron que habían visto un boxeador que “pelea como Cassius Clay”. Entonces, a partir de ahí, lo fui a ver en todas sus peleas. La verdad es que solamente saltaba como Clay. Después, sí, fue un gran campeón. Era Ray “Sugar” Leonard». Me cuenta Oscar que, por filmaciones que vio, el día que se consagró campeón mundial Leonard usó una de las toallas marrones que les obsequiaron a los participantes de esos Juegos Olímpicos, y que él hizo lo mismo cuando debutó como boxeador amateur. La memoria le acerca otra anécdota vivida en Montreal: «Estábamos hablando con algunos compañeros y unos uruguayos, y uno dice: “Uy, mirá quién está”. Se acercó a saludarlo y lo trajo hasta nuestro grupo. Me acuerdo que me preguntó de dónde era y qué deporte hacía. Le contesté y me deseó suerte. Cuando se fue, me dijeron que era Mick Jagger. Yo no lo conocía, no sabía quié-

nes eran los Stones. En casa se escuchaba tango, folclore y música clásica». A Moscú 80, se sabe, Argentina no envió delegación. Para Los Ángeles 84, Strático fue seleccionado en lucha libre y grecorromana, luego de haber conseguido dos medallas en los Odesur de Rosario 82. «En una de las luchas, me enfrenté con un negro nigeriano (Seidu Olawale). Los dos transpiramos mucho y el fuerte olor de su cuerpo quedó impregnado en mi mano hasta el día siguiente, lo cual fue motivo de broma entre los luchadores. Y eso que me bañé, ¿eh?»

• Participó en judo en

los Juegos de Montreal 76 y en lucha en Los Ángeles 84.

• En Montreal, finalizó en el

puesto 13º en 70 kilogramos,

mientras que en Los Ángeles

quedó eliminado en la segunda ronda, en 74 kilogramos,

tanto en lucha libre como en grecorromana.

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CARLOS STRICKER Cuenta la leyenda que iba un guerrero desplazándose en su caballo por tierras desconocidas cuando fue atacado a tiros por fuerzas enemigas que le salieron al paso. El hombre, lejos de amilanarse, pudo defenderse con su espada, dejar la monta para cruzar a nado un río cercano y luego emprender la fuga en una furiosa carrera a pie. Semejantes valores, reunidos todos en una persona, convencieron al barón Pierre de Coubertin, a comienzos del siglo XX, para incluir en el programa olímpico al pentatlón moderno, con el criterio de encontrar allí al "atleta completo". Esta multidisciplina (equitación, esgrima, tiro, natación y atletismo) comenzó a tener desarrollo en nuestro país en la década del 40, a favor del impulso que le dio el Ejército Argentino, que entendía que su práctica implicaba un entrena190

miento integral para los hombres de la fuerza. Para encontrar la última representación nacional en los Juegos, debemos remontarnos hasta Roma 60, oportunidad en la que compitieron Luis Riera (que ya tenía las experiencias de Helsinki 52 y Melbourne 56), Raúl Bauza y Carlos Stricker. A Stricker un periodista de la revista Mundo Deportivo lo había bautizado Baby Face, apodo que contrastaba con el de Caballo que le habían puesto sus compañeros del Colegio Militar por la inusitada e inconsciente fuerza que adquirió, casi repentinamente. «Yo venía de mi Sunchales natal, donde me la pasaba nadando en la pileta de mi club Libertad, pero era muy chiquito, casi un alfeñique, pegué el estirón de golpe», cuenta. De chico ya solía correr algunos kilómetros por los descampados de su pueblo y había aprendido a montar

sobre un petiso, pero fue en el Colegio Militar donde se tuteó por primera vez con espadas y pistolas, completando así el conocimiento de las cinco modalidades del deporte en el que, casi sin proponérselo, lograría figuración internacional. «En 1957, gané el concurso de pentatlón militar mientras hacía el curso de subteniente en la Escuela de Comunicaciones, y al poco tiempo me seleccionaron junto a otro muchacho para entrenar de cara a futuras competiciones. Así empezó todo.» Fue al Sudamericano de Brasil 58, a los mundiales de Houston y Hershey, a los Panamericanos de Chicago 59 y a los Olímpicos de Roma. Tuvo algunas buenas actuaciones generales, pero su destaque fue en natación (se nadaba 300 metros libre), donde llegó a igualar el récord mundial para pentatletas en una competencia contra Uruguay que tuvo lugar en la pileta del Círculo Militar. «Fue al volver de Roma, en 1961, y nadé en 3’47”. Lamentablemente, no me homologaron la marca por temas administrativos de la dirigencia». Una vez alejado del mundo competitivo del deporte, se recibió de ingeniero y fue escalando en la jerarquía del Ejército hasta su retiro, en 1989, con el grado de Coronel. Luego vendría otra historia que volvería a colocar su nombre en las páginas de los diarios: en 2009 fue preso por haber sido declarado culpable como "autor mediato" de aberrantes hechos, considerados de lesa humanidad, que tuvieron lugar en 1975 y 1976 cuando se desempeñaba

como Segundo Jefe del Batallón de Comunicaciones en Bahía Blanca. Reclinado, ahora, en un sillón de su departamento de Belgrano, donde cumple arresto domiciliario por dos perpetuas, me cuenta: «Nada, pero absolutamente nada, tuve que ver... No hay siquiera una prueba que me incrimine, es todo un armado político y espero que pronto pueda revertirse». En el living no hay fotos que lo recuerden como deportista; sólo algunas con sus nietos y una con el Papa Francisco cuando era el cardenal Bergoglio.

• Participó en pentatlón moderno en los Juegos de Roma 60. • En la prueba individual finalizó en el 36º lugar con los siguientes parciales: 15º en equitación, 51º en esgrima, 39º en tiro, 7º en natación y 45º en pedestrismo. También compitió en la prueba por equipos, donde la Argentina terminó en 10º lugar. 191

OSVALDO SUÁREZ «¿Quiere hablar de los Juegos Olímpicos? ¿De cuál? ¿Del que fui o del que me bajaron?.» Palabra más, palabra menos, así me respondió el gran Osvaldo Suárez la primera vez que me lo crucé, en los años 80. Excepcional fondista de notables resultados que, con justicia, ocupa un lugar destacado en el pedestal de los más grandes atletas argentinos de todos los tiempos, pese a no haber tenido en el marco olímpico la posibilidad de ofrecer lo mejor de sí. «Mire, por la marca que yo tenía en maratón (2h23’), y con un estado físico y emocional muy bueno que me habían llevado a ganar los 5.000 y los 10 .000 metros en los Panamericanos de 192

México 55, estaba para subirme al podio en los Juegos de Melbourne 56 pero llegaron los militares y, en complicidad con los dirigentes deportivos, me bajaron de la delegación, acusándome de que yo había estado acomodado durante el peronismo.» En efecto, Suárez fue uno de campeones de la época que sufrió una dura sanción por parte de la llamada «Revolución Libertadora»; estuvo suspendido un año y siete meses. Su regreso fue con gloria: récords y títulos sudamericanos, tres triunfos consecutivos en la clásica travesía de San Silvestre (58, 59 y 60), otro oro en los Panamericanos de Chicago 59 y hasta el Olimpia de Oro, la máxima distinción deportiva de nuestro

país. Con semejantes antecedentes viajó a la cita olímpica de Roma con grandes expectativas en el maratón, un singular maratón que ni arrancó ni terminó en el estadio olímpico (como suele ocurrir) y que comenzó a las cinco y media de la tarde y finalizó de noche… «Esa fue otra desilusión, a medias pero desilusión al fin —narra Don Osvaldo—. En el kilómetro 30 yo iba segundo detrás de Abebe Bikila (que corría descalzo) y lógicamente, como todos, empecé a sentir los efectos del calor porque la temperatura era muy alta. Veía a los demás tomar agua, pero recordé que los médicos del Comité Olímpico —que evidentemente no estaban actualizados de cómo se movía el mundo por entonces— me habían prohibido que ingiriera líquido. La cuestión es que me fui deshidratando y, un par de kilómetros más adelante, desobedecí la indicación y tomé agua porque si no tenía que abandonar… Me fui recuperando lenta-

mente, aceleré la marcha, pasé como a quince rivales, pero apenas pude terminar noveno aunque con un buen tiempo (2h21’27”) que durante casi veinte años fue récord nacional». Su carrera en el atletismo había empezado a los doce años bajo la guía de Reinaldo Gorno. Y luego pudo enfrentarse a Delfo Cabrera y cultivar amistad con Emil Zatopek, otros de los fenómenos de la larga distancia como Bikila, a quien en el empedrado romano lo siguió metro a metro. Grandes cómo él, aunque se sienta frustrado «por el maratón olímpico que corrí y el que no corrí». Resulta extraño que no mencione su participación en Tokio 64, adonde había arribado después de otro título panamericano, en este caso en San Pablo. «¿Sabe qué pasa? Ahí tuve que abandonar por problemas hepáticos. Y, para mí, carreras son las que termino… esa no la cuento.»

• Participó en atletismo en los Juegos de Roma 1960

y Tokio 1964.

• En el maratón de Roma finalizó noveno con 2h 21’27”, mientras

que en Tokio debió abandonar. 193

SUÁREZ TARABINI Una tenía 28 años, estaba en su plenitud tenística, y con la española Vivi Ruano venía de ganar los Grand Slam de Australia y Roland Garros; la otra, de 36, hacía un par de años que estaba retirada. Juntas habían tenido una que otra experiencia; por caso, en 2001, ganaron el torneo de Viena y jugaron la final de Roma. Pero nadie imaginaba, un tiempo antes de Atenas 2004 que Paola Suárez y Patricia Tarabini representarían a la Argentina con el plus de ganar una medalla de bronce. Todo comenzó con un llamado. Paola lideraba el ranking mundial de dobles pero le faltaba la medalla olímpica “que desde chica siempre deseé”. Pensó en quién podría ser su mejor pareja y concluyó en que si Patricia volvía a estar en ritmo, sería un gran aporte: “«Ella en la red, y yo en el fondo, era una fórmula que, me parecía, podía resultar»”. Patricia se sorprendió “pero no podía decirle que no a la número 1 del mundo”. Y entonces, siete meses antes de los Juegos comenzó a entrenarse: “«Al principio me dolían todos los huesos, no era fácil seguir adelante…pero el objetivo era muy interesante»”. Volvió al equipo de Copa Federación, siguió con las prácticas y, de golpe, ya estaba en Atenas. En la capital griega, “Poli” y “Pato” vivieron en una montaña rusa: pasaban de tener un partido casi perdido, a ganarlo; y viceversa. Sonreían mucho, pero también hubo lágrimas tras perder con las chinas en semifinales. Es que habían transitado un duro camino, y querían el oro. No 194

pudo ser, pero quedaba la chance del bronce. “«El día que nos jugábamos la medalla con las japonesas descubro que habían abierto mi locker y me habían robado las zapatillas, me quería morir. Mandé a comprar otras, no consiguieron las mismas, pero ganamos igual»”, contó Tarabini. Lo que siguió fue subir al podio junto a Paola, y disfrutar.

• Participaron en el doble femenino de tenis en los Juegos de Atenas 2004. Resultados. 1ra ronda: vencieron a Arantxa Sánchez Vicario-Anabel Medina Garrigués (España) 6-7, 7-5 y 6-2; 2da. a Akiko Morigami-Saori Obata (Japón) 6-4 y 6-2; cuartos, a Sandrine TestudNatalie Dechy (Francia) 6-4, 1-6 y 6-4. Perdieron en semifinal con Tian Tian-Ting Li (China) 6-2, 2-6 y 9-7 y ganaron la medalla de bronce al superar a Shinobu Asagoe-Ai Sugiyama (Japón) 6-3 y 6-3. • En singles, Suárez venció a Dechy y perdió con Fabiola Zuluaga (Colombia). Anteriormente había participado en Sidney 2000 y luego lo hizo en Londres 2012. • Tarabini también formó parte de los Juegos de Barcelona 92 y Atlanta 96.

TRES OROS QUE NO CUENTAN

Desde los Juegos Olímpicos de París 1900 hasta Barcelona 1992, en muchas oportunidades existieron competencias de los llamados “«deportes de exhibición”». Si bien no otorgaron medallas oficiales, sirvieron para la difusión de determinadas disciplinas y, en algunos casos, como prueba para su futura incorporación en ediciones siguientes. En los últimos veinte años esta modalidad se dejó de utilizar, con la excepción del wushu, que hizo su demostración en Beijing 2008. En Barcelona 92, la Argentina cosechó triunfos en dos deportes en los que tiene una gran tradición internacional y en los cuales ha consagrado varios campeones mundiales: el hockey sobre patines y la pelota (llamada, vulgarmente, «pelota a paleta»). Ni uno ni otro pudieron hasta aquí ingresar al programa olímpico por no cumplir algunos de los requisitos mínimos exigidos, como contar con 75 federaciones nacionales de cuatro continentes distintos.

En tierra catalana, fue en el mismísimo “«Palau Blaugrana»” donde el equipo nacional, dirigido por Miguel Gómez, se quedó con el título al derrotar a España en el partido final por 8-6, en tiempo suplementario, luego de terminar 5-5 en el tiempo regular. Con valores de la talla de Gabriel y Pablo Cairo, Diego Allende, José Luis Páez y Roberto Roldán, Argentina llegó a ese partido definitorio con un andar zigzagueante que incluyó, en la fase previa, una derrota con Portugal y un empate con Estados Unidos. En pelota, las conquistas fueron “«paleta de goma en trinquete»” (Eduardo y Ramón Ross, Gerardo Romano y Juan Miró) y en “«paleta de cuero en trinquete»” (Fernando Elortondo, Fernando Abadía y Ricardo Bizzozero).

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CARLOS TEVEZ “Muchachos, acá va a sonar cumbia; el que quiera escuchar a Los Piojos que se ponga auriculares”. La frase, con una sonrisa a flor de labio, la decía mientras llegaba a la playa con su equipo de música agazapado bajo la gorrita color azul, estilo Piluso, que le combinaba con su short de baño. Era un momento de esparcimiento que “el loco” Bielsa había determinado para ese grupo de futbolistas que, allí en Patras, esperaba el choque de cuartos de final del torneo olímpico que se presentaba como una gran ilusión, y para muchos como una revancha por no haber conseguido la Copa América jugada casi inmediatamente antes del viaje a Grecia. Entre ellos, claro, estaba Carlos Tevez. Carlos, entonces, en ese tórrido verano griego, era más Carlitos que nunca. Tenía apenas 20 años, aunque un vasto y exitoso recorrido en el mundo del fútbol: con Boca se había coronado en el torneo local, en la Libertadores y en la Intercontinental; y también había debutado en el seleccionado mayor meses atrás, en una convocatoria para el partido con Ecuador por las eliminatorias mundialistas. Deportivamente, para el crack de Boca que ya era pretendido por importantes clubes de Europa, la actuación fue redonda: tras eliminar a la Italia de Pirlo y Gilardino en semi, y vencer en la final a Paraguay 1-0 (gol de Carlitos), la Argentina obtuvo por primera vez el titulo olímpico en fútbol y conseguía un oro que al deporte nacional se le venía negando desde la proeza de Capozzo y Guerrero en 1952. Además, en lo personal, hizo ocho goles en seis partidos, por primera vez terminó goleador de un torneo, 196

fue la gran figura del campeonato y, a fin de año, eso le iba a reportar el Olimpia de Oro, máxima distinción de nuestro deporte, compartido con otra figura de Atenas 2004, Manu Ginóbili. Después de recibir la medalla, de los festejos con ronda y bailecito de cumbia incluído –obviamente-, Tevez se sacó decenas de fotos, se acordó de agradecer a su familia (en especial a su padre) y definió a ese momento como “el más importante de mi carrera deportiva”.

• Participó como integrante del seleccionado argentino de fútbol que ganó la medalla de oro en Atenas 2004. El recorrido fue el siguiente: • Fase previa, Grupo “C”. Argentina venció sucesivamente 6-0 a Serbia y Montenegro (2 goles de Tevez), 2-0 a Túnez (1) y 1-0 a Australia. • Cuartos de final. Argentina 4 (3), Costa Rica 0. • Semifinal. Argentina 3 (1), Italia 0. • Final. Argentina 1 (1), Paraguay 0. Ese 28 de agosto de 2004, el conjunto de Bielsa formó con Lux; Coloccini, Ayala y Heinze; Lucho González, Mascherano y Kily González; D´Alessandro; Rosales, Tevez y Delgado.

EL BOICOT A MOSCÚ 1980 Desde su primera participación en París 1924, el deporte argentino estuvo presente en todas las ediciones olímpicas con una sola excepción: Moscú 1980. Por una polémica decisión del gobierno de facto a cargo de Jorge Rafael Videla, la Argentina se sumó al boicot que encabezó Estados Unidos con el argumento de que la presencia militar soviética en Afganistán –donde se desarrollaba una guerra civil– era una invasión y violaba el derecho internacional. La decisión argentina fue comunicada por Cancillería el 8 de mayo, apenas setenta días antes del inicio de la competición, e inmediatamente después de una reunión que tuvo lugar en Washington entre el ministro de Economía de nuestro país, José Alfredo Martínez de Hoz, y Lloyd Cutler, asesor del presidente Jimmy Carter y encargado de «convencer» a otros países de no concurrir a la cita olímpica. «No haber ido a Moscú 1980 representó para mí una gran frustración personal, pero para el básquetbol argentino fue la pérdida de una gran oportunidad para el despegue», cuenta con amargura Carlos Raffaelli, figura del seleccionado que había logrado una clasificación histórica (luego de 28 años) en el Preolímpico de Puerto Rico. Además de «Chocolate», del grupo formaban parte jugadores como Miguel Cortijo, Carlos Romano, Eduardo Cadillac y Adolfo Perazzo. Unos cincuenta países se sumaron al boicot, mientras que otros dejaron en libertad de acción a sus deportistas, que pudieron competir bajo la bandera olímpica. Además de los muchachos del básquetbol, vieron frustrada su participación los equipos de fútbol y hockey, atletas de la talla de Tito Steiner y Beatriz Allocco y el remero Ricardo Ibarra, quien era un firme candidato a subirse al podio 197

ENRIQUE THOMPSON Si ser olímpico es un privilegio de unos pocos deportistas de los tantos que sueñan con serlo, qué decir de aquellos que, además, han sido honrados con la posibilidad de portar la bandera nacional en la inauguración de unos Juegos Olímpicos. En la historia de nuestro deporte, la lista de elegidos incluye a enormes exponentes como Delfo Cabrera y Gabriela Sabatini, pasando por Jeanette Campbell y Manu Ginóbili, entre otros; todos ellos integrantes de un grupo que tuvo como pionero a Enrique Thompson. Entrerriano, de Hernandarias (nieto del fundador de la ciudad, Martín Schaffter), el abanderado argentino en los Juegos de París 24, tenía gran capacidad de adaptación para distintas especialidades deportivas lo que le permitió destacarse en el decatlón (la prueba del atletismo que combina carreras, saltos y lanzamientos) aunque también mostró su destreza en remo, natación, waterpolo y como futbolista en Estudiantes de Paraná. En su juventud, luego de unos años en Paraná, recaló en Buenos Aires donde decidió entrenarse en el Club Universitario. Le gustaba ufanarse de que era autodidacta (no tenía entrenador), y sólo escuchaba la palabra guía de quien fue su consejero y amigo, Adolfo Ristorini Arriola. Múltiple campeón metropolitano, argentino y sudamericano en distintas pruebas del atletismo (en 800 metros y lanzamiento de jabalina fue donde más logros cosechó), en París ‘24 “Quique” Thompson decidió competir en decatlón (finalizó 13° con 6310 puntos, entre 36 participantes) y en 400 metros con vallas donde 198

quedó tercero en su serie. A su regreso se instaló en Tucumán, se casó con Tomasa Hill Terán y muy poco tiempo después, cuando tenía apenas 31 años, falleció a causa de haber contraído tifus. En distintos lugares del país se le rindieron innumerables homenajes que, continúan aun en esto días. En su honor, en Paraná existe el “Quique Club” y el Balneario Thompson, mientras que el gimnasio del Club Universitario de Buenos Aires (CUBA) se denomina Enrique Thompson.

• Participó en los Juegos de París 1924. • En decatlón finalizó 13° entre 36 competidores con 6310 puntos. • Sus parciales fueron: 2° en 100mts (11.4 seg), 26° en salto en largo (6.10 mts), 22° en lanzamiento de bala (10,34 mts), 8° en salto en alto (1.70 mts), 3° en 400 metros (52 seg), 15° en 110 metros con vallas (17.8 seg), 16° en lanzamiento de disco (30,89 mts), 21° en salto con garrocha (2.73 mts), 12° en lanzamiento de jabalina (43.37 mts) y 1° en 1.500 metros (4m32seg). • En los 400 metros con vallas fue tercero en la quinta serie, con 57 seg.

AFUERA POR UN ERROR A lo largo de la historia olímpica argentina hubo alegrías y tristezas, momentos de festejos y de frustración. Se vivieron circunstancias dolorosas (ver Manuel Torrente), intromisiones de la política–para bien y para mal–, pero quizás el momento más bochornoso fue el que tuvo lugar en Barcelona '92 con el protagonismo de Ana María Comaschi, víctima de un insólito error administrativo. Con las plazas de atletismo ya cubiertas, a poco del inicio de los Juegos, se generó una vacante por una baja que se había producido en equitación. Se inscribió, entonces, en primera instancia, a la fondista Griselda González, pero tras el Campeonato Iberoamericano de Sevilla, la Confederación Argentina de Atletismo (CADA) le indicó al Comité Olímpico Argentino (COA) que debía cambiar de nombre y acreditar a Comaschi, que venía de obtener la medalla de plata en el heptatlón. Por olvido, descuido o desidia, el empleado del COA encargado de enviar el fax a la organización no lo hizo, y Comaschi no pudo participar.

"«Fueron momentos increíbles los que tuve que vivir... Me hicieron sentir una extraña en la Villa Olímpica, hasta me acuerdo que un día tuve que ocultarme debajo de la cama porque habían venido para un control... Derramé demasiadas lágrimas en Barcelona, me había preparado durante años para un objetivo, y me lo perdí por un error".» Comaschi nació en Necochea, pero, desde chica, vive en Mar del Plata. Atleta con grandes condiciones para distintas pruebas, fue varias veces campeona argentina y sudamericana de heptatlón–una combinación de siete disciplinas, en la que en 1992 estableció el récord nacional con 5795 puntos, marca que aún se mantiene vigente. "«Parecía una intrusa, ni a la ceremonia inaugural pude ir... Al regreso, presenté una demanda civil contra el COA "por pérdida de chance y daño moral" que gané siete años después y que me reportó 90 000 pesos, pero que no bastaron para sacarme el dolor profundo que aquella injusticia me produjo".»

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MANUEL TORRENTE El regreso de la delegación argentina que fue a competir a los Juegos Olímpicos de Londres 48 no solo trajo alegrías y la consagración de figuras como Delfo Cabrera y Pascual Pérez, sino que también tuvo su parte luctuosa por el fallecimiento de uno de los mejores esgrimistas de la época, el rosarino Manuel Torrente. Reconocido abogado con diferentes cargos públicos, entre ellos el de diputado provincial, fue un apasionado de su deporte (el cual practicó en el Jockey Club y en Gimnasia y Esgrima), destacándose especialmente en florete, arma con la cual se consagró campeón nacional tres veces y llegó a ser olímpico en dos oportunidades. Torrente, que en Berlín 36 había compartido equipo con el gran Roberto Larraz y los hermanos Lucchetti (ganadores del oro en Ámsterdam 28), volvía feliz de Londres en el vapor Brasil, luego de haber obtenido un diploma por el quinto puesto a los cuarenta años. Charlaba animadamente con sus amigos Félix y Fulvio Galimi y el atleta Alberto Triulzi cuando comenzó a sentir unos dolores. Los médicos del barco hablaron de una apendicitis fulminante que pronto se transformó en peritonitis. Le hicieron transfusiones de sangre pero, como no mejora200

ba, se decidió bajarlo en la isla Cabo Verde para ser sometido a una operación. Al día siguiente, los deportistas argentinos que continuaban el viaje de retorno fueron notificados de su fallecimiento «por septicemia». En su libro A capa y espada, Fulvio Galimi cuenta que, cuando lo sacaban en camilla del vapor, Torrente le dijo: «Fulvio, defendé el campeonato que me ganaste con uñas y dientes».

• Participó en esgrima en los Juegos de Berlín 1936 y Londres 1948. • En Berlín, integró el equipo de florete que terminó 7º junto con los hermanos Luis y Héctor Lucchetti, Roberto Larraz, Ángel Gorordo y Rodolfo Valenzuela. En Londres, llegó a cuartos de final en el florete individual y fue 5º en la prueba por equipos junto con los hermanos Félix y Fulvio Galimi y José Rodríguez.

LA SIMBOLOGÍA OLÍMPICA

El lema «citius, altius, fortius» surgió de un texto escrito en 1891 por el padre dominicano Henri Didon en la revista “Les Sports Athletiques”. Al barón Pierre de Coubertin, el restaurador de los Juegos Olímpicos, le gustó y la utilizó en la clausura del Congreso de 1894 en el que se creó el Comité Olímpico Internacional (COI). Tener una «bandera olímpica» (ver foto) fue idea del inglés Theodore Cook en 1910, pero la propuesta recién vio la luz en 1914, cuando Coubertin «diseñó» el modelo con los cinco anillos entrelazados entre sí sobre un fondo blanco. La cantidad tiene que ver con los continentes, y los colores fueron elegidos porque, al menos uno de ellos, estaba en cada una de las banderas existentes en el mundo en ese momento. El «himno olímpico» es una creación del músico Spiridon Samaras y el poeta Costis Palamas, compuesta especialmente para la inauguración de la primera edición olímpica, pero no tuvo reconocimiento oficial, por parte del COI, hasta la Sesión celebrada en Tokio en 1958. La «antorcha olímpica» fue encendida por primera vez, en la Era Moderna, el 20 de julio de 1936, ante un altar de Zeus que se levantó en el mismo lugar donde había estado en la Antigüedad. Desde Grecia se trasladó hasta Berlín, e inició una tradición que continúa. El concepto de «Villa Olímpica», obligatoria para todos los deportistas, tuvo su punto de partida en los Juegos de Los Ángeles 1932, aunque solo para varones. La propuesta integral, sumando a las mujeres, recién surgió en 1984. 201

RODOLFO VALENZUELA La sola mención de su nombre, entre aquellos que lo conocieron, genera una profunda división de aguas, con historias donde aparecen tanto el amor como el odio. Y en esto no hay diferencias cuando se abordan los dos campos en que se destacó Rodolfo Valenzuela, el deporte y el terreno jurídico. Un hombre que en los años 30 brilló en la esgrima y que, tiempo después, por decisión del general Perón, ocupó las presidencias del Comité Olímpico Argentino y de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Valenzuela nació en San Pedro, Buenos Aires, pero de joven se trasladó a La Plata, donde se recibió de abogado. Fue en esos días que conoció la esgrima, gracias a un compañero que le pidió que lo acompañara al Jockey Club. Allí, bajo la batuta del profesor Roque Piedracueva, y a partir de una depurada técnica y buena velocidad de piernas, “«Fito»” fue destacándose como floretista y logró ser designado olímpico para los Juegos de Los Ángeles 32 y Berlín 36. Una vez alejado del deporte, se abocó al derecho. Ingresó a la administración de Justicia cuando se creó el fuero laboral en la Capital Federal y fue designado juez de la Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo. Íntimo amigo de Eva Perón, en 1947 fue nombrado en la Corte Suprema, y más tarde, en 1952, fue elegido presidente del mismo tribunal, cargo que ocupó hasta el derrocamiento de Perón. Gran amigo de los hermanos Félix y Fulvio 202

Galimi, quienes lo frecuentaron en la cárcel de Caseros cuando cayó en desgracia (dicen que intentó suicidarse varias veces), en cambio fue fustigado por la nadadora Enriqueta Duarte, quien lo acusó de haberse quedado con una casa que Perón le había regalado a ella. Valenzuela murió en 1967, a los 62 años, en un accidente aéreo que tuvo lugar en Monrovia, Liberia.

• Participó en esgrima en los Juegos de Los Ángeles 1932 y Berlín 1936. • En Los Ángeles, quedó 23º en florete individual y 5º en florete por equipos, junto con Raúl Saucedo y Roberto Larraz. • En Berlín, terminó 42º (de 62) en florete individual y 7º (de 18) en florete por equipos, junto con Manuel Torrente y los hermanos Luis y Héctor Lucchetti.

EL PAPÁ NO LA DEJÓ Su nombre pudo quedar instalado para siempre en la memoria colectiva del deporte olímpico argentino. Excelente atleta, versátil, velocista por naturaleza pero muy apta a la hora de medirse en distintos tipos de saltos y lanzamientos, Olga Tassi estuvo a punto de representar a nuestro país en los Juegos de Los Ángeles 32, a fuerza de grandes resultados en el plano nacional y sudamericano. Pero quien la bajó de la delegación no fue un dirigente deportivo ni un funcionario político, como ha ocurrido en otras ocasiones, sino que fue su propio padre. Don Augusto, un inmigrante italiano que había echado raíces en la ciudad de Pergamino, consideraba que esa práctica mundana de andar corriendo por ahí no era lo apropiado para una jovencita, y le prohibió que lo hiciera. Olga, muchacha de carácter, vio pasar aquella oportunidad pero luchó para poder seguir haciendo lo que amaba. Para ello contó con la complicidad de la madre, que le sugirió correr con su apellido (De Ángelis) y así engañar al padre, a quien, a la hora de entrenarse, le decía que iba a pasear o al cine con amigas. La mentira no duró mucho y entonces, resignado aunque orgulloso, Don Augusto revirtió su postura y hasta comenzó a asesorar a su hija. Tassi, que había nacido en 1901, dejó de correr a los 45 años luego de veinte temporadas en la élite del atletismo. Su actuación más recordada tuvo lugar en 1939, en Lima: junto con Elsa Irigoyen, Julia Druscus y Lelia Sphur se consagró campeona sudamericana en la posta de 4x100 metros. 203

ALFREDO YANTORNO Fue en un verano en Mar del Plata, en las piletas de Punta Iglesia, donde comenzó su amor por la natación. Sus padres, que ya habían dejado Pergamino para apostarse en la Capital Federal, escucharon con atención las palabras de un joven profesor que, tras observarlo en un par de ocasiones, les dijo: «Incentívenlo, este chico tiene condiciones». Al volver a la rutina diaria, el joven fue inscripto en el club de Gimnasia y Esgrima, el que se transformaría en su segundo hogar. Así empezaba la carrera de quien fuera uno de los más grandes nadadores de nuestro país, Alfredo Yantorno. De buen porte, elegante, convencido de su afán por progresar brazada tras brazada, fue convirtiéndose en un eximio nadador que en la década del cuarenta se tornaría prácticamente imbatible 204

en el estilo libre, acumulando títulos y récords a nivel nacional y sudamericano. Fue el primer argentino en bajar el minuto en los 100 metros libre, pero con la misma capacidad se desenvolvía en los 200, 400 y 800 metros. En algún momento, incluso, sorprendió ganando torneos en estilo mariposa, merced a que aplicó la "patada de delfín" que había conocido en Europa y que nadie practicaba en nuestra región. Cuando, pasada la Segunda Guerra Mundial, el olimpismo retomó sus Juegos en Londres 48, la Argentina envió una nutrida delegación de casi 200 deportistas que, por votación, eligieron a Yantorno como abanderado. Ya recibido de arquitecto, de novio con quien sería su esposa, la también nadadora Martha Rosa (a quien conoció en un baile en el Club Municipalidad), Freddy compi-

tió en los 400 metros libre donde terminó en el octavo lugar de la final, y también en la posta de 4 x 200, donde alcanzarían la sexta posición. La cita de Helsinki, cuatro años después, le fue un tanto más esquiva, quizás por no llegar preparado de la mejor manera posible a causa de las múltiples actividades diarias que realizaba; entre ellas, la de ser docente de la Facultad de Arquitectura y ocupar el cargo de Director de Urbanismo de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, aportando todo su conocimiento en el diseño y cálculo de estructuras de hormigón (esto lo llevó a proyectar, por ejemplo, el puente peatonal que se erige sobre la avenida Figueroa Alcorta, allí donde se encuentra la Facultad de Derecho de la UBA). Pero, en su corta vida (falleció a los 39 años), Alfredo también se dio otros gustos. Después de los Juegos de Helsinki, viajó a la Unión Soviética para formar parte del Congreso Mundial de la Juventud Comunista, en una comitiva en la que

también estaba el cantautor Horacio Guarany. Cuentan quienes lo conocieron de cerca que Yantorno tuvo una fuerte formación católica, en los Hermanos Maristas, aunque él se declaraba ateo... Y que aquel tiempo de comunista se entiende como un acto de rebeldía para con su propio padre, un empresario masón, socio de los Martínez de Hoz. El final fue trágico. Freddy amaba un auto que él mismo había armado con chasis importados al país, de la marca Skoda, que habían llegado para hacer ambulancias. Una especie de Rural, dorada, similar a un Chevrolet modelo 57. Pero, para su actividad diaria, se movía en un Jeep que era propiedad de la Municipalidad, un vehículo fiel, aunque con algunos problemitas mecánicos que, en la lluviosa tarde del 28 de julio de 1963, le jugaría una mala pasada fatal: transitando por el barrio de Devoto, el auto se paró; Yantorno bajó a empujarlo, le dio arranque y, en un acelere del motor, el Jeep patinó y cayó sobre su cuerpo. Lo trasladaron al Hospital Alvear, donde pasó sus últimas horas de vida.

• Participó en natación en los Juegos de Londres 1948 y Helsinki 1952. • En Londres, fue finalista en los 400 metros libre y terminó en el octavo lugar. Junto a Horacio White, José Durañona y Juan Garay, fueron sextos en la posta de 4 x 200 metros libre. • En Helsinki, compitió en las mismas pruebas: en el relevo (con Federico Zwanck, Marcelo Trabucco y Pedro Galvao) terminaron octavos, mientras que en la prueba individual no pudo pasar la primera ronda y quedó cuarto en su serie. 205

JUAN CARLOS ZABALA Para hablar de la gran hazaña deportiva del Ñandú Criollo, una de las más destacadas del historial argentino, es necesario poner en escena a tres personajes: Paavo Nurmi, Agustín P. Justo y Alejandro Stirling. Nurmi fue un extraordinario mediofondista y fondista finés que, entre Amberes 1920, París 24 y Ámsterdam 28, sumó nueve medallas de oro. Era el claro favorito para ganar el maratón en Los Ángeles 32, pero 48 horas antes de la prueba le impidieron participar, acusándolo de profesional. Justo era el Presidente argentino en ese momento y, también, quien autorizó la adulteración de un documento público para que el 206

atleta pudiera competir con 19 años, cuando la edad mínima requerida era de 20. Viajó, pues, con un documento que decía que había nacido el 21 de septiembre de 1911, cuando, en realidad, su llegada al mundo fue el 21 de septiembre de 1912. Stirling fue el entrenador austríaco que formó deportivamente a aquel joven cuando lo descubrió con 15 años en la Colonia Hogar de Marcos Paz (hoy “Ricardo Gutiérrez”), donde lo habían llevado al quedar huérfano tras la desaparición de su padre en la Primera Guerra Mundial y la posterior muerte de su madre. Ñandú Criollo fue el apodo que le puso el diario Crítica y con el que Juan Carlos Zabala convivió

el resto de sus días a partir de la epopeya del 7 de agosto de 1932. Sin Nurmi entre el pelotón de 28 inscriptos, aparecían como favoritos otros dos representantes de Finlandia (Toivonen y Virtanen) y el japonés Tsuda. Sin embargo, Zabala no pensaba igual y así se lo hizo saber, el día anterior a la carrera, a un periodista de The New York Times: «Voy a demostrar que se puede largar en punta y llegar primero; o los demás llegan después, o se rompen en el camino». Y como para que no quedaran dudas, remató: «O gano la carrera o me recoge una ambulancia». La ambulancia no llegó, no hizo falta. Lo que sí llegó fue la retribución económica para Zabalita que, como tan confiado estaba, le pidió al nadador Alberto Zorrilla que apostara 500 dólares a su triunfo. Cobró 20 veces lo invertido. «Me arriesgué a tener que volver caminando», fue su pícaro comentario. El optimismo de Zabala tenía fundamento: al poco tiempo de entrenar con Stirling empezó a ganar en distintas distancias, que fueron desde los tres mil metros hasta el maratón. Torneos colegiales, nacionales y sudamericanos, hasta que, en 1931 y como parte de una gira por Europa en la que se tuteó con los mejores —incluido Nurmi—, batió en Viena el récord mundial de los 30 kilómetros (1h42’19”) y ganó, en su debut, el clásico maratón de Kosice con una nueva marca para el viejo continente (2h33’19”).

Así, el día señalado, largó con todo, sorprendiendo a propios y extraños. Y, pese a que faltando cinco kilómetros parecía que el triunfo iba a quedar en manos del inglés Ferris, Zabalita aceleró al final para ingresar al Coliseum Stadium, tras 2h31’36”, con el número 12 en su pechera y sabiendo que la misión estaba cumplida.

• Participó en atletismo en los Juegos de Los Ángeles 1932 y Berlín 1936. • En Los Ángeles ganó la medalla de oro en el maratón, con récord olímpico (2h31’36”). • En Berlin, terminó sexto en los 10 mil metros (31’22”) y abandonó el maratón en el kilómetro 35. 207

ALBERTO ZORRILLA La natación argentina tiene muchos nombres destacados, a lo largo de la historia, fruto de distintos tipos de logros. Así, extraordinarios campeones como Jeanette Campbell, Luis Alberto Nicolao, José Meolans o Georgina Bardach, van apareciendo en estas páginas con sus conquistas y sus vivencias. Pero pese a sus ricos historiales, ninguno pudo emular la hazaña que, allá por 1928, consiguiera Alberto Zorrilla, un bravo porteño que, para sorpresa de propios y extraños, se consagraría campeón olímpico en los Juegos celebrados en Amsterdam. Con su victoria en los 400 metros libre, Zorrilla (cuyo 208

primer nombre era Victoriano, pero lo ocultaba porque no era de su agrado), generó una de esas historias que, de tanto en tanto, ocurren en los grandes acontecimientos del deporte mundial aunque, por lo general, suele pasar por error o distracción y no por “ninguneo” como se vivió en aquél 9 de agosto en el “Amsterdam Swimming Stadium”: no tenían el Himno Nacional Argentino para el momento de la ceremonia de premiación, simplemente porque a los organizadores ni se les había cruzado por la cabeza que el representante de Argentina pudiera llegar a ser el vencedor de la prueba. Es que en esa compe-

tencia, por antecedentes y lo visto en las etapas clasificatorias, asomaba como gran favorito el notable estilista sueco Arne Borg, vencedor en esos Juegos en los 1.500 metros, y poseedor de un total de 32 récords del mundo. Y como, alternativas, por si acaso, estaban el fenómeno australiano Boy Charlton (que ya tenía un oro olímpico) y el norteamericano Buster Crabbe, futuro “Tarzán” de Hollywood…Pero Zorrilla, que venía con la experiencia de París 1924 donde se había medido con otro “Tarzán”, con el más famoso, Johnny Weissmuller, no se iba a amilanar y confiaba en dar una sorpresa pese a que las condiciones del agua muy fría no parecían favorecerlo. La carrera se inició con un febril duelo entre Borg y Charlton, con Zorrilla a la expectativa y a la par de Crabbe, apenas unas brazadas detrás de los líderes. El ritmo del sueco no aflojó sino hasta los 300 metros y, entonces, el argentino incrementó su ritmo, logró pasar a Borg a falta de 50 metros y casi “sobre el disco”, dirían en el turf, también dejó atrás a Charlton para obtener un triunfo memorable con récord olímpico incluido (5’01”6/10)… Quizás en aquellos minutos posteriores, mientras recibía un ramo de flores de manos del hermano del Rey de Suecia que, obviamente, estaba destinado a Borg, ese hombre que lucía fuerte y portentoso, haya pensado en aquel niño endeble, frágil, que a los siete años había enfermado de pleuresía y que había recibido como recomendación médica la práctica de la natación. Entre los primeros chapuceos en la piscina de Gimnasia y Esgrima y ese momento de gloria, en la cima mundial, se habían escalonado títulos argentinos y sudamericanos y récords como el de los 100 metros espalda (1’19”1/5) que estuvo la región…Ese fue Zorrilla, también buen juga-

dor de waterpolo y destacado bailarín (con varios trofeos internacionales en su haber) que volvería a estar en unos Juegos Olímpicos, aunque la estadística del Comité Olímpico Internacional no lo registre. El tema es que, por méritos deportivos, concurrió a Los Ángeles 1932 como abanderado de la delegación nacional, pero al comprobar que el presidente Agustín P. Justo se negaba enviarle a la delegación el dinero como para satisfacer las mínimas condiciones de estadía y entrenamiento, Zorrilla se transformó en vocero del grupo, hizo escuchar el reclamo y, renglón seguido, renunció a competir. Hombre de firmes convicciones dentro y fuera del agua.

• Participó en natación

en los Juegos de París

1924 y Ámsterdam 1928.

• En Ámsterdam obtuvo

la medalla de oro en 400

metros libre, terminó 5º

en 1.500 metros y 7º en 100

metros libre.

• En París, llegó a segunda ronda en 100 metros libre,

pero no pasó de la primera carrera ni en 400 metros

libre ni en la posta de 4x200

metros que integró junto

con Juan Behrensen, Tomás Jones y Jorge Moreau.

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FOTOGRAFÍAS E IMÁGENES Álbumes personales de los deportistas y familiares de deportistas citados en este libro. Clarín. Club de Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires. Comité Olímpico Argentino. El Gráfico. La Nación. www.villarpress.com www.lavoz.com.ar www.todosobrelacorte.com www.fivb.com www.fay.org.ar www.afa.org.ar

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