Austen Ivereigh: Nuestro hombre en La Habana

la Plaza de San Pedro, en la. Ciudad del Vaticano, cuando ... concepto de Iglesia y para saber cómo llegó a ... libro Iglesia y dictadura, y al explicar el regreso ...
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Octubre de 2015 9

Austen Ivereigh: Nuestro hombre en La Habana Jorge I. Domínguez-López

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l escritor, vaticanista e historiador británico Austen Ivereigh, publicó en 2014 una espléndida biografía del papa Francisco titulada The Great Reformer. La biografía ya está a la venta en español con el título El gran reformador. Ivereigh fue portavoz del cardenal Cormac MurphyO’Connor, entonces arzobispo de Westminster, después de varios años como vicedirector del periódico católico The Tablet, del Reino Unido, y actualmente es el fundador y coordinador de Catholic Voices (catholicvoices.org.uk). Es uno de los comentaristas más lúcidos y agudos del mundo católico. Para Nuestra Voz ha sido un lujo contar con Austen Ivereigh como nuestro corresponsal en la visita del papa Francisco a Cuba y Estados Unidos. Nuestros lectores pueden leer todos los reportajes de Austen Ivereigh para Nuestra Voz en nuestro sitio de internet (http://elpapa2015.nuestravoz.org/). En esta edición aparecen algunos de ellos. Por dos semanas, él fue nuestro hombre en La Habana… y en Santiago de Cuba, Filadelfia y Nueva York. Y es un privilegio que agradecemos y que estamos seguros que también agradecen nuestros lectores. Sirva este artículo para presentar a Austen Ivereigh a nuestros lectores y para animarlos a leer su biografía del Santo Padre, un libro clave para entender la figura y el pensamiento del papa Francisco. El 13 de marzo de 2013, Austen Ivereigh estaba en la Plaza de San Pedro, en la Ciudad del Vaticano, cuando se anunció al mundo la elección del cardenal Jorge Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, como Sumo Pontífice de la Iglesia Católica. ¿Una feliz coincidencia? Quizás. Pero lo cierto es que su vida entera parece llena de detalles que sirvieron de preparación para escribir la biografía del papa Francisco. Austen fue novicio jesuita a fines de los noventa, habla un español castizo con dejos porteños en el que es difícil descubrir cualquier acento anglosajón. ¿El título de su tesis doctoral

en la Universidad de Oxford? Catolicismo y política en Argentina 1810-1960. ¿Su ocupación? Vaticanista dicen unos, periodista, otros. Son definiciones ciertas, aunque insuficientes, pero excelentes para un biógrafo del Papa. La biografía del papa Francisco escrita por Ivereigh nos lo muestra más bien como un historiador con la garra de un periodista y la prosa de un narrador innato. Su libro tiene el mérito de responder preguntas esenciales sobre el Papa. Las respuestas son imprescindibles para entender a Francisco, para entender su concepto de Iglesia y para saber cómo llegó a concebirlo. En medio del tsunami mediático que ha provocado el Papa es fácil olvidar que

por el Papa no perturba—, los momentos más críticos de la vida de Francisco. ¿Qué hay de cierto en las sorprendentes y contradictorias acusaciones que se lanzan contra el Papa? ¿Cómo puede alguien ser tenido al mismo tiempo por partidario de la teología de la liberación y cómplice de la dictadura argentina? Ivereigh presenta su defensa armado con datos, no con metáforas apologéticas. Hay en su obra un ejemplar respeto por la inteligencia del lector: Ivereigh lo trata como un

Su libro tiene el mérito de responder preguntas esenciales sobre el Papa. Las respuestas son imprescindibles para entender a Francisco.

Con Francisco, Latinoamérica pasa de receptora a emisora de las grandes líneas que dibujan el camino de la Iglesia en la historia. cuando fue elegido ya tenía reservada su habitación para sacerdotes retirados en Buenos Aires. Es fácil también olvidar que cuando fue nombrado obispo auxiliar de Buenos Aires en 1992 era un jesuita que había perdido el favor de sus superiores.  La biografía de Ivereigh nos presenta una convincente explicación de esa curva ascendente que pocos pudieron predecir. Ivereigh regala también — con una fidelidad por la verdad histórica que su admiración

adulto al que se le presenta una tesis, nunca como a un niño al que se le administra una hagiografía. Sólo hay dos momentos del libro donde el lector querría ver más claridad en las conclusiones o más abundancia en los datos: al rebatir las acusaciones hechas por Emilio Mignone en su libro Iglesia y dictadura, y al explicar el regreso del entonces padre Bergoglio a Argentina desde Alemania, adonde había ido a hacer un doctorado en 1986. El autor ofrece plenitud

de datos en el primer caso y una explicación plausible en el segundo, pero la información disponible quizás no baste para convencer a todos los lectores. Son meros detalles en una sólida investigación que ha sido desgranada con agilidad de periodista y tersura de narrador. Aquí el lector podrá descubrir la pasión adolescente —pero nunca extinta— del Papa por el peronismo, su improbable relación con Jorge Luis Borges, su compromiso de larga data con los más pobres, su talento para los pequeños gestos elocuentes, la sinceridad de su sencillez que a algunos escandaliza… Pero hay más. Ivereigh ha dicho —¿en broma?— que lo difícil no era entender al papa Francisco sino entender a Argentina. La frase implica que para descifrar al Santo Padre hay que entender primero

a su patria y a su Iglesia. Ivereigh nos da una explicación convincente del entramado que une la vida personal de Jorge Bergoglio con la historia argentina y el derrotero de la Iglesia en América Latina desde el Concilio. Para Ivereigh, el papado de Francisco es “la llegada” de la Iglesia latinoamericana al gran escenario mundial. Con Francisco, Latinoamérica pasa de receptora a emisora de las grandes líneas que dibujan el camino de la Iglesia en la historia. Para Ivereigh, Jorge Bergoglio es una expresión de esa madurez y, al mismo tiempo, el elegido para ponerla en evidencia y en práctica. Nadie que quiera entender este papado sorprendente debería perderse la agradable sorpresa que es leer el retrato de cuerpo entero que ha hecho Austen Ivereigh del papa Francisco.

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Diciembre de 2015

@NuestraVozDOB Foto por Mariusz Kubik, https://commons.wikimedia.org/

Sumisión, la nueva novela de Michel Houellebecq Jorge I. Domínguez-López

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l tren de alta velocidad TGV llega de París a Lille en 56 minutos. A 150 millas por hora, los pueblitos desfilan por el cristal de la ventana, interrumpiendo fugazmente el amarillo pálido de los campos de trigo. Cada pueblo tiene al centro una iglesia, a veces gótica, a veces románica. ¿Quedará fe en esos rincones de Francia?, se pregunta el viajero. Fue en ese trayecto que terminé de leer Sumisión, la nueva novela de Michel Houellebecq, el escritor más famoso de Francia en la actualidad. De algún modo, su novela plantea la misma pregunta. La narración se desarrolla alrededor del año 2022. El protagonista de Sumisión es François, un profesor de literatura de 44 años. No tiene amigos ni familia. Bebe en exceso y hace mucho que no escribe nada de valor. Es un sortero empedernido que cada año se busca una amante diferente entre sus estudiantes universitarias. En las elecciones de ese año, Mohammed Ben Abbes, el carismático líder de un partido musulmán de reciente creación, pasa a la segunda vuelta y está a punto de convertirse en presidente de Francia. La familia de la amante de François —una chica de 22 años llamada Myriam— decide emigrar a Israel. Son judíos y temen la victoria de Ben Abbes. François recibe una carta de la Universidad, que ahora está financiada del Arabia Saudita, en la que le anuncian su retiro forzoso. Los profesores interesados en conservar sus trabajos se están convirtiendo al Islam. François cree que en Francia se desatará pronto una guerra civil pero, como le dice a Myriam, para él “no hay ningún Israel”. Sin amante ni

Viniendo de un autor cristiano, parecería un juicio sesgado. Viniendo de Houellebecq es una conclusión desoladoramente honesta y, honestamente, desoladora.

amigos ni trabajo, decide irse de París. La realidad, con cruel coincidencia, hizo esos temores de la novela más urgentes. La obra fue publicada en Francia el 7 de enero de este año, el mismo día en que dos terroristas musulmanes asesinaron a 11 personas en la sede del semanario humorístico Charlie Hebdo. En junio apareció la novela en español y en septiembre en inglés. El 13 de noviembre un grupo terrorista asesinó a 130 personas en París. Francia había sido otra vez visitada por el horror, como dijo el presidente François Hollande. Pero volvamos a la novela. Tras salir de París, François se detiene en el pueblo de Martel. Allí un conocido le recomienda visitar el cercano pueblo de Rocamadour. “En Rocamadour podrá hacerse una idea de hasta qué punto la cristiandad medieval fue una gran civilización”, le dice. Y luego añade: “La Revolución Francesa, la República, la patria..., sí, eso pudo dar lugar a algo; algo que ha durado un poco más de un siglo. La cristiandad medieval, en cambio, duró más de un milenio […] la verdadera divinidad de la Edad Media, el corazón vivo de su devoción […] es la Virgen María. Y eso también lo sentirá en Rocamadour...” François se va a Rocamadour, donde pasa dos semanas. En un momento de incertidumbre personal y nacional, va en busca de la fe. “Desde el inicio de mi estancia me había acostumbrado a ir a diario a la capilla de Notre-Dame y sentarme unos minutos frente a la Virgen negra […] Era una estatua extraña, testimonio de un universo enteramente desaparecido.” Al final de su viaje, François se convence de que es incapaz de regresar a la fe de sus ancestros: “A la mañana siguiente, después de cargar el coche y pagar el hotel, volví a la capilla de Notre-Dame, ahora desierta. La Virgen aguardaba en la oscuridad, tranquila e inmarcesible. Poseía la grandeza, poseía la fuerza, pero poco a poco sentí que perdía el contacto con ella, que se alejaba en el espacio y los siglos mientras yo me hundía en el banco, encogido, limitado. Al cabo de media hora, me levanté, definitivamente abandonado por el Espíritu, reducido a mi cuerpo deteriorado, perecedero, y descendí tristemente los peldaños en dirección al aparcamiento.” François, como por inercia, regresa a casa. Esa fe que construyó catedrales góticas a la Virgen en París y en Reims, en Ruan y en Estrasburgo, ¿estará muerta? Para el protagonista de Sumisión lo está: añora la fe,

La obra fue publicada en Francia el 7 de enero de este año, el mismo día en que dos terroristas musulmanes asesinaron a 11 personas en la sede del semanario humorístico Charlie Hebdo. pero reconoce que le es imposible recuperarla. Houellebecq nos sugiere que el destino de François es un anuncio del destino de su país. Una cultura nacida del cristianismo ha olvidado su fe. Por eso, parece decir el autor, ni François ni Francia podrán subsistir —

como persona el primero, como nación la segunda. Su única alternativa, según el protagonista, es la sumisión. Viniendo de un autor cristiano, parecería un juicio sesgado. Viniendo de Houellebecq es una conclusión desoladoramente honesta y, honestamente, desoladora.

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Israel Ochoa: Soñar (y diseñar) en grande Jorge I. Domínguez-López

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os viajeros que se acercan por la Octava Avenida a la Estación Pennsylvania y los chicos que van a los conciertos del Madison Square Garden no pueden dejar de verlo. El papa Francisco, al llegar a dar la misa en el famoso coliseo, habrá tenido que verlo. Es un retrato del Papa de 180 pies de alto (en total, el mural mide 225). La cruz que cuelga de su pecho es más grande que un ser humano de estatura promedio. El mural, una iniciativa de Craig Tubiolo, fue la manera en que DeSales Media, la organización de tecnología y comunicaciones de la Diócesis de Brooklyn, quiso darle la bienvenida al Papa. Israel Ochoa es un joven mexicano espigado y afable que se describe como “un hombre de Dios”. Israel es el director de arte de Nuestra

Voz y suele decir que le gusta “soñar en grande”. Ahora sabemos que también “diseña en grande”, pues fue él quien diseñó el espectacular mural del Papa que adorna la Octava Avenida con su sonrisa. Israel estudió diseño en México y un día, como tantos, decidió que Nueva York estaba escrito en su destino. Llegó a la ciudad y comenzó a trabajar de camarero, la profesión que más artistas e inmigrantes reúne en estos lares. Al principio, sin familia ni amigos, tuvo muchas veces la tentación de “tirar la toalla” y regresar a su casa y su familia, sus amigos y su Monterrey del alma. Pero Nueva York es una ciudad que no le pertenece a uno por derecho de nacimiento: uno se gana la ‘ciudadanía neoyorkina’ a fuerza de empuje. Israel no

Fotos de Israel Ochoa

se rindió. Tenía la renuencia a rendirse típica de los neoyorkinos adoptados… y tenía su fe. Alejado del cariño de los suyos y de las calles que conocía de memoria, Israel sólo tenía a Dios para contarle sus problemas. Un día leyó un anuncio de trabajo en el periódico —como sucede en las películas—, y a pesar de lo nervioso que estaba consiguió el empleo que se ofrecía. Así comenzó su carrera como diseñador en nuestra compañía, DeSales Media Group. Hoy trabaja para The Tablet y otros proyectos… y es el director artístico de Nuestra Voz. Cuando la compañía decidió poner el mural de bienvenida al papa Francisco, eligieron a Israel para diseñarlo. Con ese mural, su nombre le ha dado la vuelta al mundo. Desde el New York Times hasta el Corriere della Sera, que es como el Times de Italia, su mural y su nombre han estado en las primeras planas. Y su familia en México lo vio en estos días dando entrevistas en la televisión hispana y a la televisión en inglés y se sintieron, con razón, orgullosos de ese hijo que acaba de asombrar a los neoyorkinos con el Papa más grande del mundo.