Algunos gatos traen suerte

4 feb. 2012 - El día que apagaron la luz, de. Charly García, y otros temas de. Roxette y Elton John. Para terminar, fuegos artificiales. Con lluvia y todo.
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I

TALISMAN POP

Sábado 4 de febrero de 2012

CON NOMBRE Y APELLIDO

Algunos gatos traen suerte

C Parte de la colección privada del japonés Yasushi Oki, japonés residente en Buenos Aires HERNAN ZENTENO

Dorado para la riqueza material, blanco para la pureza, el negro para protección... conviene adoptar al menos un gato de la fortuna, tradición japonesa que hoy es un ícono internacional

Cada vez son más los que se encariñan con el gato de la fortuna (nombre científico: maneki neko) . Presente en restaurantes y comercios chinos, muchos ignoran que en realidad es “claramente japonés en su forma y origen”, tal como lo señala el especialista en arte asiático Alan Pate en un libro editado recientemente, Japan’s Beckoning Cats: from Talisman to Pop Icon” (El gato japonés de la suerte: de talismán a ícono pop). Sin embargo, en los últimos tiempos, el felino empezó a aparecer en otros hábitats, desde libros y mu-

seos hasta la televisión y la Web. En el Museo Internacional Mingei de California, Estados Unidos, en enero finalizó una exhibición que duró un año con ejemplares de un coleccionista privado. En la serie animada Pokémon, uno de los personajes centrales llamado Meowth fue inspirado por la figura del maneki neko. En Internet, una aplicación de Facebook lo presenta como un oráculo contemporáneo, consultado a diario por miles de seguidores. Evidentemente, el gato ha adquirido estatus de celebridad, al igual que Hello Kitty, Garfield, Félix o Doraemon. Hoy, el maneki neko está de centinela en negocios alrededor del mundo, pero también en domicilios particulares. Su tarea consiste en permanecer sentado educada y obedientemente adonde quieran sus dueños, siempre alzando la patita (a veces quieta, otras en movimiento gracias a una pila) como si estuviera saludando. En realidad, el gesto es de invocación. La creencia más generalizada es que la pata izquierda invita clientes o visitas (¿una suerte de RR.PP. silencioso?), mientras que la derecha atrae dinero y suerte. Y que cuanto más elevada, mayor es el poder de atracción.

Cuestión de color Todos lucen un collar rojo con campana tal como se estilaba en el período Edo (1603-1868), cuando Japón estaba gobernado por los samuráis. Algunos sostienen una moneda de oro y a veces llevan un pequeño babero, otra tendencia del momento. Otra variable es el color. Los más difundidos son el tricolor (blanconegro-marrón, que imita la raza bobtail japonés), el blanco (que simboliza pureza), el negro (para muchos representa seguridad y protección contra malas energías) y el dorado (color casi universalmente asociado al dinero). En su libro, Pate describe al gato de la fortuna como “parte ícono, parte objeto kitsch, parte talismán” y asegura que “es su misma simplicidad lo que permite su adopción por parte de culturas fuera del Japón y da cuenta de su longevidad dentro de la sociedad japonesa”. Una posibilidad En su casa porteña, el japonés Yasushi Oki alberga una gran colección de gatos de la fortuna. “Mis gatos son mis queridos. Yo siempre los dejo bajo la luz para que se vean brillantes. Me dan energía y se la dan a mi casa”,

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cuenta Oki san, que vino desde Tokio a Buenos Aires hace 5 años, actualmente es traductor y habla semanalmente por la radio nacional japonesa como periodista. Confirma que en su país “todos conocen a maneki neko. Es algo antiguo y tradicional”. Pero señala que “aunque acá es muy común el gato dorado a pila, no es algo que se vea en Japón, a pesar de que la última vez que fui a Tokio vi que ahora hay muchas variedades: algunos con las dos patas levantadas, otros que sonríen...” Frente a la pregunta de si funciona, responde que esta palabra no es la adecuada. “Los japoneses pensamos que el gato podría traer suerte, fortuna, clientes y dinero”. Podría. Las leyendas que se citan como origen del maneki neko, al igual que sus accesorios, datan de la era Edo. Hay siete, pero son tres las más aceptadas. En todas, el gato rescata al dueño del templo-casacomercio de la pobreza o salva heroicamente su vida. Sin embargo, el maneki neko como ícono surgió posteriormente: comienza a verse en dibujos y documentos a partir de 1870. Y hoy está en su esplendor.

ómo me comería un choripán!”, decía la diseñadora Elsa Serrano, seducida por el paisaje bucólico y de quintas del oeste bonaerense. “Pensamos todos lo mismo”, acotó el periodista Jorge Jacobson, que junto a otros invitados se dirigían el jueves por la tarde en combi hasta la quinta Rancho Luigi, en Moreno, del productor artístico Lino Patalano. Es que Patalano ofreció un cóctel para presentar Master Class, la obra teatral de Terrence McNally, protagonizada por Norma Aleandro, que vuelve al teatro Maipo el 21 de marzo. Buen anfitrión, el productor recibía a los que llegaban en la puerta de su casa. Y en el enorme parque de siete hectáreas –que no fue muy aprovechado debido a la lluvia–, los protagonistas eran los cantantes líricos del elenco de Master Class, que ofrecieron arias de ópera junto a un piano instalado en medio del jardín. Bajo un gazebo que hacía las veces de paraguas, eso sí. Los valientes que se atrevieron a salir de la galería de la casa, que servía de platea, aprovecharon unas bolsas de residuos negras que había a mano para convertirlas en capas y, así guarecidos, acercarse a Norma Aleandro, con impermeable, y para apreciar más de cerca partes de La sonámbula, Tosca, Macbeth y El brindis,

de La Traviata, interpretados por el pianista Santiago Rosso, los tenores Marcelo Gómez y Felipe Forastieri, las sopranos Lucila Gandolfo, Carolina Gómez y Lucía Silva. “Esta lluvia ha dado un toque hermoso. La vida es todo: lo bueno, lo malo”, dijo Patalano a los invitados, que pese al clima disfrutaron de este show sólo para pocos. Y un clima tan distendido daba lugar también para la charla y los recuerdos. Como los del periodista Rómulo Berruti, que rememoraba ante un asistente curioso cuando besó en su programa Función privada a la actriz Jane Fonda. “Había venido por la película Gringo viejo, de Luis Puenzo. Le pregunté si podía darle un beso de cine y me contestó que sí. Le di un gran beso y me dijo: ¡No se vio, lo tapó la cámara! Así que no tuve más remedio que darle otro”, juraba. En el living, entre el bullicio de las conversaciones empezaron a sonar en el piano el tema de la película Rocky; She, de Charles Aznavour; Flaca, de Calamaro; El día que apagaron la luz, de Charly García, y otros temas de Roxette y Elton John. Para terminar, fuegos artificiales. Con lluvia y todo.

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