Ahorrar o consumir

30 mar. 2014 - Autor:Martín Lousteau. (Sudamericana). Nicolás Litvinoff propone b explorar el mundo de las finan- zas personales sin necesidad de recurrir a ...
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enfoques

| Domingo 30 De marzo De 2014

Fenómeno editorial Economía para no especialistas

En los últimos tiempos, sobre todo a partir del cepo cambiario y las dificultades para ahorrar en dólares, las preocupaciones económicas de los argentinos no pasaron inadvertidas para la industria editorial, que respondió con títulos que buscan “traducir” la ciencia económica y reducir sus complejidades, y ofrecen consejos financieros para principiantes en el mundo de las inversiones

Título: ¡Es tu dinero! Autor: Nicolás Litvinoff (Granica)

Título: ¿Qué hacemos con los pesos? Autor: Mariano Otálora (Planeta)

b Nicolás Litvinoff propone explorar el mundo de las finanzas personales sin necesidad de recurrir a la figura de un asesor. El autor derriba algunos mitos que giran en torno de lo financiero y aporta consejos para inversiones seguras.

El autor describe opciones para plantearle batalla a la inflación e, incluso, para invertir en pesos y obtener dólares con alternativas que se salen de las recetas clásicas. Incluye una “guía para obtener dólares de manera legal”.

Título: Todo lo que necesitás saber sobre economía argentina Autor: Matías Tombolini (Paidós)

Una guía con intención didáctica sobre lo que no se puede desconocer acerca de economía general, para abordar luego las economías individuales, planificar y administrar las ganancias personales.

Título: Cómo invierten los que ganan Autor: Mariano Pantanetti (Debate)

El autor explora las claves del éxito de reconocidas figuras como Eduardo Costantini, Cristiano Rattazzi, Jéssica Trosman, Marcos Galperín, Daniel Vila, Nora Trotta, Facundo Garretón, Nicolás Tejerina y Federico Weil.

Título: Economía 3 D Autor: Martín Lousteau (Sudamericana)

El ex ministro de Economía invita a redescubrir las enseñanzas más valiosas de la economía sin solemnidad. Una guía que explora el rol de los bancos, la relación del dinero con la felicidad, y la economía del sexo y el deporte.

sociedad

Ahorrar o consumir

La nueva disyuntiva de la clase media Viene de tapa

Desde el inicio mismo de la clase media argentina, ser ahorrativo fue considerado una cualidad, la antítesis del despilfarro, una condición necesaria para el progreso o el desarrollo futuro. Por eso, a pesar de que la dupla “inflación–restricciones para la compra de divisa extranjera” dificulte la carrera por detener la depreciación del peso, o aunque el mismísimo jefe de Gabinete lo considere promotor de la avaricia, el ahorro continúa desvelando al argentino medio. Pero ¿qué hacer cuando las principales formas de ahorro de los argentinos –léase, compra de dólares y con ellos, si es posible, adquisición de bienes inmuebles– se encuentran obstaculizadas? Ahorrar o consumir. Ése parece ser el corazón del dilema que hoy desvela a buena parte de la clase media, en otro capítulo de la ambivalente relación que la une con el kirchnerismo. En una vereda, la premisa es ahorrar a como dé lugar, ya sea comprando el tope de dólares permitido por el Banco Central o adquiriendo algún extra en sitios poco confiables o mediante alternativas legales, como el dólar Bolsa, y hasta incursionando en el mercado del arte o de los metales preciosos. Pero, a pasitos nomás, se abre la opción del consumo, frecuentada por muy diversas razones: ya sea porque las diferentes vías de ahorro se han vuelto esquivas y engorrosas, o porque cobra cada vez más relevancia la posibilidad del disfrute del dinero (en viajes y experiencias de lo más variadas), o quizá, simplemente, porque consumir es el mandato y mantener el nivel de consumo al que uno venía acostumbrado, el desafío de cada día. En cualquier caso, la sensación de que el valor de la moneda nacional

En sociedades como la nuestra, con alto nivel de incertidumbre, el ahorro significa tranquilidad está en caída libre se sostiene en todos los segmentos. Así que, ya sea para el futuro, para viajar, para el “por si acaso” o, tal vez, simplemente para no entregar las conquistas de los últimos años en materia de consumo, cualquier razón es motivo suficiente para perseguir con frenesí los altibajos del dólar, para comenzar a consultar sitios de Internet sobre microfinanzas o emprender el iniciático camino de la literatura económica, prolífica en títulos que van al meollo del asunto, como ¡Es tu dinero! o ¿Qué hacer con los pesos? Un desafío al ingenio “La clase media siempre ahorra. De diferentes maneras: aprovechando las promociones con las tarjetas, las ofertas o las liquidaciones, todas ellas formas de ahorro inteligente aunque volcadas al consumo. Cuando la gente tiene un excedente monetario y busca resguardar su valor, la compra de dólares sigue siendo la opción más elegida. Se compra hasta el límite permitido o se trata de adquirirlo mediante otros mecanismos que se van abriendo paso, como el dólar Bolsa”, explica Nicolás Litvinoff, director del sitio estudinero.net y autor del libro ¡Es tu dinero! (Granica), quien menciona otras formas de ahorrar mediante el consumo: adelantando la compra de alimentos no perecederos y de elementos de higiene personal y de la casa, como una

manera de anticiparse a los futuros aumentos de precios. La directora del Centro de Economía Regional y Experimental, Victoria Giarrizzo, también reconoce que las restricciones al ahorro de los últimos años alentaron novedosos métodos a la hora de ahorrar. “Si clasificáramos la relación de los argentinos con el dinero por tipologías, tendríamos que el que habitualmente ahorra, hoy sigue comprando dólares, o adelanta cuotas o compra de antemano; el que normalmente viaja, realiza reservas con mayor anticipación, y el que vive al día, se ve en la necesidad de agudizar el ingenio para que no se deteriore su canasta de consumo: busca precios, camina más, divide la compra o busca terceras marcas”, ejemplifica. La especialista, también investigadora de la UBA, revela que, en el pasado, el argentino medio llegaba a ahorrar hasta el 20 por ciento de sus ingresos, pero que hoy las cosas han cambiado. “Empezó a haber sobreconsumo, disparado no sólo por la coyuntura argentina, sino también por un rasgo característico de las sociedades modernas, que es el fomento del bienestar y el auge de las tendencias que promueven el disfrute. Según esta lógica, hoy vale más viajar que estar pensando en dejarles algo a los hijos.” Por supuesto que estas cuestiones más de tipo sociológico o psicológico se combinan con otras más terrenales. “Cuando vemos que los bancos, sobre todo después de la crisis de 2001, generan mucha desconfianza, que los intereses de los plazos fijos no logran compensar la inflación y que, por otra parte, pese al déficit habitacional enorme que existe en la Argentina, la compra de una vivienda se ha vuelto una posibilidad inaccesible para muchos, la gente opta por disfrutar de su dinero. ¿No se puede invertir en un inmueble? Bueno, se cambia el auto”, ejemplifica Giarrizzo. Tales afirmaciones coinciden con un relevamiento efectuado por la Universidad Católica Argentina, junto con la consultora TNS Gallup y difundido hacia fines del año último, cuando todavía regía el cepo para la compra de moneda extranjera. De acuerdo con esa investigación, el 27 por ciento de los argentinos prefiere, en caso de ahorrar, guardar el dinero en su casa, en tanto que apenas el 13 por ciento del total lo depositaría en un banco. Otro 27 por ciento aseguró que se lo gastaría y sólo el 8 por ciento del total aseguró que compraría dólares. Pero en sociedades con alto nivel de incertidumbre como la nuestra, el ahorro es sinónimo de tranquilidad. “En todas las sociedades, el ahorro ocupa un lugar central porque remite a la idea de proyectarse hacia el futuro. En el caso argentino, siempre hubo prácticas de ahorro, en muchos casos a través de grandes dispositivos específicos, como fue la Caja de Ahorro Postal. Pero en los setenta, estos métodos de ahorro popular entraron en desuso, en parte debido al inicio de un fuerte proceso de financialización de la vida cotidiana que fue instalando al dólar como moneda de reserva”, explica Alexandre Roig, investigador del Conicet cuyos temas de investigación tienen que ver con la sociología de la moneda, del ahorro y el crédito. Ese verdoso objeto de deseo Las sucesivas crisis económicas que atravesó el país desde entonces no hicieron otra cosa que sellar el encuentro del dólar con la cultura del ahorro en la Argentina. Ya sea mediante el acopio de billetes, o bien

“lA clAsE mEdiA tiEnE un sExto sEntido pArA lEEr sEñAlEs y cAmbiAr dE rumbo” 1 ¿En qué medida nuestro

GUillErmo olivETo ASESOR ESTRATÉGICO, ESPECIALISTA EN TENDENCIAS SOCIALES Y DE CONSUMO

historial de crisis modeló las costumbres del argentino de clase media? La clase media suele tener un sexto sentido: aún cuando no sabe muy bien lo que pasa, sabe leer señales que le indican cuándo tiene que cambiar de rumbo. En parte porque los argentinos tenemos un pasado muy presente en materia económica. Algunos indicadores son capaces de despertar esa memoria económica y, a su vez, activar ciertos alertas. 2 ¿Cuáles serían esos indicadores? El comportamiento del dólar, la evolución de la inflación y los indicadores de empleo, pero traducidos en lo que yo llamo la “economía de la calle”. Por un lado, en 2011 tuvimos un movimiento brusco con respecto al dólar que fue el cepo cambiario. En 2012, hasta que tuvieron lugar las paritarias, teníamos precios que aumentaban frente a sueldos desactualizados. Entonces, la inflación, si bien fue similar a la del año anterior, se sintió de manera diferente por la restricción del poder adquisitivo. Dos de esos tres elementos se activaron en los últimos dos años. Esto generó que la gente comenzara a estar más alerta. 3 ¿Y qué ocurre cuando está alerta? ¿modifica sus hábitos tradicionales?

La gente comenzó a preguntarse otras cosas. En un contexto donde la plata no alcanza, ¿es necesario gastar? Entonces empezó a hacer algo diferente: a ahorrar consumiendo. Hasta 2013, la clase media fue más consumista que ahorrativa. Pero después de los saqueos de diciembre último y de la devaluación de enero, percibió una especie de temblor que la llevó a cambiar algunos hábitos: cuidar el empleo, optimizar el poder adquisitivo, recortar ciertos gastos y ahorrar ahorrando. 4 ¿Cómo se perfila 2014 para la clase media? La clase media va a estar bajando un escalón, tal vez medio, pero se va a tener que reacomodar. Pero ojo: el consumo se retrae desde una base muy alta, se encuentra con una clase media mejor parada, que viene de cambiar el auto hace poco o de comprarse el plasma durante el Mundial pasado. Así que, si tal vez no lo puede volver a cambiar este año, o no lograr comprarse el Smart TV en cuotas, no sería tan terrible. De todas maneras, esta foto no va a ser toda la película de 2014. Es probable que, cuando lleguen las paritarias, la clase media logre oxigenarse un poco. 5 ¿Y en materia de ahorro? Comienzan a buscarse formas de ahorro que te permitan tener liquidez inmediata. El plazo fijo vuelve a ser atractivo.ß

a través de la compra de inmuebles –cuyo valor comenzó a expresarse en dólares a partir de los años setenta–, la dolarización del ahorro argentino se fue acrecentando con el paso de los años y los sucesivos sacudones al bolsillo. La atadura del ahorro con el dólar, que resiste hasta nuestros días, le dice a Nicolás Litvinoff que los sucesivos gobiernos hasta la actualidad no han sabido conservar el valor de la moneda y hacer funcionar la economía. “Para que cambie el sentir con respecto al dólar, tenemos que lograr una moneda más fuerte”, afirma el especialista. En su trabajo “Pesos, dólares y ladrillos: la espacialidad del ahorro en la Argentina”, Nicholas D’Avella, antropólogo norteamericano especializado en mercados y vida económica, cita el artículo de un analista local sobre inflación y prácticas de ahorro, según el cual si una persona se hubiera ido a dormir en 1975 con el equivalente de mil dólares en moneda local debajo de su colchón, despertaría en 2009, luego de una serie de hiperinflaciones y devaluaciones, con la amarga noticia de que sus ahorros sólo valen 0,0000027 dólares. “Los problemas de ahorrar en la moneda nacional argentina tienen una larga historia. Durante muchos años y hasta el día de hoy, para los ahorristas la compra de dólares e inmuebles son entendidos como afines. Ahorrar en dólares –el colchonismo «verde»– es la alternativa para los que no pueden acceder a un inmueble. Y es un tema para el desarrollo nacional, ya que esos dólares en el colchón no circulan en inversiones productivas en el país”, sostiene D’Avella, ante una consulta de la nacion. Un enigma debajo del colchón Aunque es difícil estimar la cantidad de dinero que los argentinos ahorran por fuera del sistema, existen algunas estimaciones que no dejan de sorprender. Durante el fallido plan de blanqueo de capitales lanzado durante el año último, el ministro de Economía, Axel Kicillof, señaló que “un informe de 2006 del Banco de la Reserva de Nueva York ubicaba a la Argentina como uno de los países con mayores tenedores de dólares en el público, unos 40.000 millones”. Las cifras coinciden con un estudio realizado por la Reserva Federal norteamericana, que cita D’Avella, según el cual se sostiene que los dos destinos más grandes en el mundo para la moneda norteamericana son los países de la ex Unión Soviética y la Argentina. “Aunque el ahorro es importante para el desarrollo nacional, el ahorro en dólares no sirve para ese fin. Sólo sirve para asegurar los ahorros de particulares, no para fomentar el desarrollo del país. En un mundo ideal, los ahorros de los argentinos deberían servir para fomentar el desarrollo de industrias y negocios en el país a través de créditos. Pero debajo del colchón no sirven para eso. Fomentar ese tipo de ahorro sería un gran logro, pero para eso hay que superar 40 años de historia económica nacional. La mayoría de la gente con capacidad de ahorro teme mucho a la inflación debido a esa historia”, se lamenta D’Avella. De cualquier manera, algunos especialistas estiman que, en el presente, el ahorro como destino para cualquier excedente de efectivo atrae a la mitad de argentinos que hace diez años. “Ya no se piensa tanto en dejarles la vida resuelta a los hijos como sí en disfrutar de cualquier excedente de dinero. Este cambio de hábito explica por qué, aun en períodos de dificultad económica, la gente sigue viajando”, analiza Giarrizzo. ¿En qué medida el panorama económico presente estará incidiendo sobre esta caída del ahorro que señala la especialista? En cualquier caso, las proyecciones trazan un 2014 incierto y cargado de desafíos, especialmente para una de las variables de ajuste más afectadas por la economía en los últimos años: el bolsillo de la clase media. ß Twitter @looliva