adoracion/pdf/Franz Joseph Haydn


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FRANZ JOSEPH HAYDN (1737–1806) Por: Timoteo Anderson La verdadera adoración significa ocuparnos totalmente de Dios, siendo sus hijos agradecidos, desear honrarle con lo mejor de lo que seamos capaces: la excelencia que Dios merece. A través de la historia hombres y mujeres han expresado reverencia y amor hacia su creador con sublime letra y música. Uno de los muchos que han comunicado ese asombro santo a través de sus talentos musicales fue Franz Joseph Haydn (1732-1809). Alguna vez él escribió, “Cuando pienso en mi gran salvador, mi corazón reboza con tanto gozo que siento como si las notas salieran disparadas como las chispas de un rosetón de pólvora. No puedo sino servirle con mucha alegría porque disfruto de su gran perdón”. Al comienzo de cada obra de Haydn aparecen las palabras “In Nomine Domini” (en el Nombre de Dios) y, al final, “Soli Deo Gloria” (sólo para la gloria de Dios). Su música, que incluye más de 100 sinfonías, 22 óperas y 4 oratorios, demuestra un corazón entregado al Señor. Cumbre del prodigioso legado musical que él dejó es “La creación”, obra ejecutada en público por primera vez en 1799. Por las exigencias de la magistral composición, sólo nueve años después se pudo contar con suficientes músicos preparados para una segunda presentación. En ese tiempo Franz Joseph estaba muy enfermo y los médicos temían lo peor. Toda Viena estuvo pendiente del gran concierto y las boletas se agotaron mucho antes de la fecha. Llegó la hora de comenzar y los músicos tomaron sus asientos. La gran coral se alistaba, cuando cuatro hombres entraron cargando una camilla con el compositor en estado muy grave. Con cuidado lo acomodaron en un sitio de honor. En un ambiente “eléctrico” los instrumentos y cantantes iban desarrollando musicalmente la descripción del Génesis: “La tierra estaba desordenada y vacía, las tinieblas estaban sobre la faz del abismo…” Luego relatan el glorioso instante cuando Dios dice: “¡Sea la luz!” En ese espeluznante momento, el inmenso auditorio responde con aplauso ensordecedor. Haydn, quien en la debilidad de su enfermedad no se ha sentado hace días, se incorpora y señala hacia el cielo diciendo que toda la gloria debe ser para Dios, el creador. Después del impactante concierto ese último domingo de marzo hace 199 años, Franz Joseph recobró fuerzas y vivió 14 meses más. Y el bello tema musical de “Sea la luz”, se sigue cantando no sólo en los grandes eventos musicales, sino de domingo a domingo en muchas iglesias del mundo con una letra basada en el Salmo 19, “El firmamento de esplendor”. 1.) El firmamento de esplendor, do estrellas lucen su fulgor, El sol y luna con placer, de Dios proclaman el poder. El alba con su claridad de él anuncia majestad; Sus himnos toda la creación eleva a Dios con profusión. 2.) El sol cual novio celestial, que deja el tálamo nupcial, Prosigue su celeste andar, loando a Dios con su brillar. Y en la quietud reverencial de la familia sideral El universo en devoción a Dios tributa bendición. Ver CSG - #35, “Himnario Internacional” #5 y “Sólo a Dios la Gloria” - # 663

Usado con permiso.

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